La casa en la calle Tottenham estaba en silencio y poblada por la oscuridad, los susurros existentes provenían del suave movimiento de los árboles, que estrellaban sus ramas en otras ramas, en su defecto, en alguna ventana aledaña, no había absolutamente nadie paseando por ahí, parecía que el tiempo dejo de correr en esos segundos, algunas sombras corrían de un lado escondiéndose en un lugar distinto.

Una figura deforme se presento a las afueras de una residencia, abrió la puerta con agilidad y entró arrastrando algo hacia las tinieblas que se extendían por la entrada sin hacer ruido alguno, las luces permanecieron apagadas aunque ahora hubiera alguien dentro, siguió la constante normalidad junto con los siseos de plantas siendo sacudidas por la tenue brisa.

Los muebles de la casa Granger estaban en el mismo lugar, los cadáveres de los dueños seguían ahí, nadie había tenido la bondad de pasar a ver si era cierto que la familia muggle mas importante de Inglaterra estuviera a salvo, absolutamente nadie, pues según informes, ellos se encontraban fuera del país.

Pero no esa noche, por los oscuros planes de un ser malvado, esa noche alguien debía visitar la casa y corroborar datos, pues ahí se encontraba el umbral que marcaba el bien con el mal actual.

Una tos invadió el silencio dominante, otro aparecido había llegado, no estaba solo, dos personas encapuchadas, examinaron la calle buscando a algún fisgón que les hubiera visto materializarse por arte de magia.

Al notar la ausencia total de compañía decidieron sacar las varitas.

- ¿Estás seguro?- pregunto una mujer de cabello rosado.

- Te lo he repetido un sin fin de veces, Nymphodora- farfullo enojado el Sr. Weasley- me han dejado una nota.

- Uno, no me llames Nymphadora- los ojos de la mujer llamearon- dos, podría ser una trampa.

- Y si no lo es, ¿Qué tal que Hermione no se fuera realmente? ¿Qué tal si está m…?- calló abruptamente mientras emprendía camino a la casa- Harry nos confió su seguridad, esta nota no puede ser una broma.

- Técnicamente no es una nota- protesto Tonks- es un pañuelo con sangre.

- Calla- ordeno Weasley en el intento de abrir la puerta pero algo la obstruía- repelio- La puerta siguió atorada a pesar de la gran fuerza del embrujo, sin embargo, hubo algo que les hizo darse cuenta que la chica jamás se fue.

- ¿Qué diablos…?

- Tonks revisa la casa- ordeno Arthur con los ojos fuera de órbita por la sorpresa, mientras su acompañante corría escaleras arriba en busca de la prioridad, él se inclino para ver a los desafortunados padres de la chica.

La planta superior estaba sumida en silencio, Tonks llevaba la varita en riste por si acaso esto fuera lo que ella presintió antes de encontrarse con los cuerpos de los Granger, estaba convencida de que Harry jamás perdonaría que descuidaran así lo que él amaba, reprocharía que no los escoltaran al aeropuerto.

Seguramente lo que se encontraría en una de las recamaras sería lo suficiente para que el chico no volviera a querer esforzarse por la causa que perseguía desde meses atrás, un nudo se atoro en la garganta de la joven auror, no se sentía capaz de ver a Hermione en el mismo estado que a sus padres.

Peor, imaginaba como tendrían que darle la noticia a Harry, seguramente Remus querría acompañarlo, y ella tendría que mostrar apoyo a los dos.

¿Con qué posibilidad se perdía todo en una noche? Se preguntaba Tonks dando pasos cortos y febriles, si Hermione tenía la suerte de seguir viva, cómo tomaría el hecho de haberlo perdido todo…

Algo hizo que saliera de su triste divagación, creyó escuchar unos gemidos provenientes del final del pasillo y una voz intimidante musitar, alguien se agitaba de dolor, se escuchaba como si se arrastraran…se puso alerta a cualquier ataque mientras buscaba el origen del los sonidos.

- Lumos- susurro a la varita y la punta de ésta se encendió, camino lentamente elevandola para iluminar la puerta, con su mano la aventó ligeramente haciendo que esta chirriara dejando ver a la chica que generaba los gemidos ahogados de dolor- ¡Gárgolas galopantes! ¿Hermione?

Voltio velozmente al percibir una tercera respiración. La luz se estrello con el rostro de un hombre de tez blanca y cabello rubio, sin embargo, éste desapareció tan rápido como Tonks pronunciaba un conjuro de ataque, observo con detenimiento la recamara, buscando alguna otra presencia al momento que se inclinaba sobre Hermione.

La joven se retorció en el suelo, mientras contorsionaba su rostro, Tonks se acerco para verificar si era ella y no una trampa, después de todo sus especulaciones no eran ciertas, ahora sentía menos peso dentro de sí, sin embargo, no estaba libre aún de remordimiento.

- ¿Hermione?- le palmeo la cara para despertarla pero no servía de nada- ¡Arthur, ven acá!- Los pasos del mago hacían retumbar el piso de madera.

- ¡Merlin! ¿Qué le ha pasado?- inquirió asustado al llegar a la habitación.

- No lo sé, creo que es grave- aventuro Tonks.

- Debo sacarla de aquí, es necesario que te quedes- le ordeno lleno de autoridad- he llamado Scrimgeour para que se hagan cargo de los padres de Hermione.

- Bien.

- Debes pedirle que no hagan público el asunto, si Harry se entera…

- Entendí, vete ya.

Arthur Weasley la encanto para que estuviera sobre una camilla invisible y así poderla llevar a la seguridad de su casa, temía mirarle la cara, metió su mano libre en un bolsillo rebuscando algo sin lograr dar con ello.

Sabía que su mujer tendría una solución, él no era muy diestro en curar heridas y no tenía idea de que tan lesionada podría estar, así que sí era necesario pasaría la noche en San Mungo, pero, ¿Cómo confiar? Si el ministerio ya estaba plagado con seguidores del Que-no-debe-ser-nombrado, si la llevaba ahí corría el riesgo de que los mortifagos completaran la misión que se frustró esa noche.

Se aparecieron fuera de las protecciones de la Madriguera, todavía inseguro de que fue lo que había pasado. Paso la varita por la barrera mágica y la llevo lo antes posible dentro.

Sentía alguna clase de culpa por haber dejado a los Granger partir desprotegidos de la estación, sin notar que llevaban algo de infinito valor para la causa contra el peor mago tenebroso de la historia. ¿Cómo pudo ser tan ingenuo?

El cerrojo de la casa se abrió casi al instante, su mujer lo estaba esperando como cada noche, al borde de la histeria al ver la manecilla de su singular reloj en "Peligro de muerte", salto del sofá y lo abrazo, sin percatarse de la chica que flotaba en el aire por lo que la tiro al piso sin pretenderlo.

- Molly, ten más cuidado- la regaño su esposo- podría no ser yo- reprocho por el poco cuidado de su esposa, ella, en cambio vio con rareza el cuerpo inerte que colgaba en el aire.

- ¿Quién es Arthur? Sabes que no debes recoger extraños en la calle, es peligroso…- se quedo muda al ver el rostro de la joven, Hermione al contacto con la luz se veía en un estado deplorable, parecía como si hubiese estado huyendo durante mucho tiempo, también tenía unos feos rasguños en varias partes de su piel y se denotaba que no había llevado una buena alimentación- ¿Qué le sucedió Arthur? ¡Mírala!- extendió una mano de la castaña y examino su rostro- ¿Cuánto tiempo ha estado así?

Arthur la miro con desaprobación y la llevo a la cocina, entre susurros le compartió la poca información que tenía.

- Es lo que quisiera saber, sus padres estaban muertos cuando llegamos… daban la impresión de llevar semanas así- saco un trozo de tela y se lo mostró- nos han enviado un pañuelo de sangre con la dirección de los Granger, Tonks la ha encontrado así, es una suerte que siga con vida, lleva semanas sola- su voz tenía un dejo de tristeza, pues estimaba a los padres de Hermione.

- Debemos decirle a Harry, ella no se ve nada bien- sugirió Molly llena de compasión, sin evitar desviar la mirada a la pobre chica.

- No, cielo, eso no es posible, no podemos interponernos con su misión- repuso, mirando a la castaña con una mueca de lastima- esperemos a que el chico venga y decida, ella no está lista para tomar decisiones- palmo el hombro de su mujer y salió de la cocina, mirando con sorna a su invitada.

La Sra. Weasley asintió y rápidamente fue a buscar lo necesario para poder tratar las heridas de Hermione, cogió lo indispensable junto con uno de los libros que aún conservaba de Lockhart y fue a su lado, en un poco de algodón vertió un poco de la pócima, unas burbujas púrpuras brotaron sobre la contusión, provocando ardor antes de hacer desaparecer los rasguños y la sangre seca, justo en el momento en el que le aplico bálsamo para desinfectar Hermione se levanto bruscamente, sus ojos irradiaban miedo, un terror profundo, son sus manos se protegió de la Sra Weasley, desapareciendo frente a sus narices y se arrinconándose en la esquina de la sala.

- Tranquila Hermione, estás bien- dijo nerviosa Molly acercándose pero Hermione se veía desubicada y confundida.

- ¿En dónde estoy?- inquirió con voz ajena.

- Hermione, cariño, estás en la madriguera, estás a salvo- le señalo tendiéndole la mano- Hemos estado muy preocupados por ti cielo.

La chica la miro indecisa no lograba ubicarse, ni tenía sentido su presencia ahí. Hermione miraba su mano con total desconfianza, podría ser un sueño, podría seguir en la oscuridad, ¿Por qué sus padres no estaban ahí? ¿Dónde estaba Harry? ¿Por qué demonios no recordaba nada?

- ¿Mamá, qué sucede?- pregunto una voz somnolienta desde la escalera- ¿Hermione? ¿Qué diablos te paso?

Ginny corrió hacia ellas y abrazo a su amiga con fuerza, ya que en las esas semanas había creído que la despedida en King Cross había sido la última vez que la vería, incluso llego a suponer que estaba muerta o que la capturaron los partidarios de Voldemort.

- ¿Dónde habías estado, eh?- le gruño con lagrimas brotando de sus ojos- No sabes lo difícil que fue creer que estabas mu…desaparecida, Harry casi se muere cuando le mande la lechuza diciéndole que no aparecías.

- ¿Le mandaste una carta a Harry? Ginevra, eso estaba prohibido, has puesto en riesgo todo lo que han hecho.

- Él merecía saberlo madre, su novia no aparecía, además él me pidió que lo mantuviera informado- exclamó.

Hermione era ajena a esa conversación, no sabía porque, sentía lo mismo que Ginny, como si en esas semanas lo que la hubiera mantenido viva era saber que no volvería a ver a nadie.

- ¿Estás bien?- cuestiono la pelirroja al observar bien a su amiga.

- Creo que si- respondió con una voz ronca, una voz que no era la suya del todo, intento sonreír pero solo consiguió un amago.

- No lo creo, tan sólo mírate.

- Sólo me falta un baño y dormir, estaré como nueva- su voz volvió a sonar rara como si sollozara y siseara al mismo tiempo.

- Nada de eso, primero comes- índico la Sra. Weasley dirigiéndose a la cocina para servirle a la castaña un plato caliente de estofado, sin quitarle los ojos de encima.

No lograba recordar nada, se sentía febril en esa casa, como si nadie le pudiera brindar el apoyo necesitado, no encontraba- por primera vez en su vida- una respuesta a tantas interrogantes, y sabía que, no sólo ella lo preguntaría, ¿Dónde estuvo todo ese tiempo?

- Disculpe- dijo Hermione aun con los estragos en su voz- mis padres, ellos… ¿Están bien?

Fue una pregunta que nadie estaba listo para responder, ¿Cómo decirle que no los vería jamás?

- Supongo que deben estar en el extranjero- se limito a responder Molly, sus ojos denotaban un dolor que no era suyo.

- ¿Podría contactar con ellos?- insistió Hermione.

- No deberías pensar en eso- la regaño Ginny descifrando la penosa mirada de su madre- come, cuando regrese Harry intentaremos buscarlos.

- Bien- accedió la joven comiendo con urgencia, sin pasar por alto las pausas de las presentes.

- Listo- señalo Draco- la he dejado en su casa, como se había planeado, han llegado el traidor Weasley y la mutante, Tonks.

- Muy bien, Draco, muy bien- dijo Lord Voldemort con su voz fría y cruel- ¿Le administraste la pócima que Snape te proporciono?

- Si, mi señor, hasta la última gota.

- Perfecto- suspiro colocando sus largos dedos en su cabeza, un tanto exasperado- Esto es tan exquisito y tan hostigante, puedo saber lo que piensa, entrar en ella pero me atormenta tener que hacerlo cuando no sirve para nada.

- Un poco de Oclumancia servirá, señor- propuso Malfoy.

- Si, claro pero sólo me liberara de su mente más no de sus sentimientos.

- Deben ser los efectos secundarios, mi señor, le ruego que me dé tiempo para saber cómo evitar el contacto permanente- se ofreció Snape.

Lord Voldemort lo ignoró mientras con los dedos se masajeaba las sienes y visualizaba lo que la chica veía.

Hermione le agradeció a la Sra. Weasley la hospitalidad y le rogó a Ginny que se fueran a su dormitorio, argumentando que no se sentía bien, su amiga accedió pero seguía creyendo al igual que su madre que algo no andaba bien con ella…

Aquella noche no cerró los ojos, no importaba el dolor que sentía en el torso, ni el ardor de los restos de pócima sobre su piel, la situación era sumamente inquietante, su mente se había quedada varada en el día en que partirían fuera del país y no podía recordar más.

Aun la rondaban las caras de la Sra. Weasley y Ginny, sentía una inmensa preocupación por sus papás, probablemente había logrado ocultarlos de los magos y con ello, decidió borrar parte de los recuerdos para asegurarse de que jamás les harían daño por su causa…sin embargo y, aunque fuera la hipótesis más acercada a ella, no la creía correcta.

A la mañana siguiente, hubo gran revuelo en el comedor de la madriguera por un articulo nada sutil sobre la muerte de los padres de Hermione, la reseña no revelaba nada de la chica, tan solo dejaban ver las sospechas de un ataque efectuado en la casa de la novia de Potter, según fuentes del ministerio, la habitación de la bruja, había sido protegida antes contra apariciones.

Los señores Weasley estaban indignados con la poca intimidad que dieron al caso, Arthur se pasó gran parte de la mañana hablado vía polvos flu, con Tonks para regañarla, Remus tuvo que interceder para calmar la disputa por el artículo.

En cambio, la mamá de Ronald, escondió el periódico para que ninguno de sus vástagos pudiera encontrarlo y por error mostrárselo a Hermione.

Como siempre Molly Weasley preparo porciones militares para el desayuno de su familia, sumando a la invitada de cada año, estaba tan nerviosa por el amarillismo ante la nota de los Granger, las imágenes, comprendía muy bien el enojo de su marido ante la ineptitud de Tonks por dejar que sucediera.

No quería ni imaginar la cara que pondría Hermione si leyera lo que decía o el simple hecho de mirar la primera plana, también esperaba que Harry no hubiese recibido ningún ejemplar para que no se alarmara con la noticia peor, interrumpiera la misión a falta de nombramiento de su novia.

- Buenos días- saludaron las chicas bajando la escalera, era temprano por lo que Ron aún no notaba la compañía de su mejor amiga.

- ¿Qué tal chicas? ¿Estás mejor Hermione?- inquirió intentando lucir indiferente untando las últimas tostadas.

- Si, muchas gracias- respondió la castaña con la misma voz, como si siseara, en verdad, sus palabras no dejaban pasar por alto que estuviera lastimada, tenía rasguños por todo el cuerpo, que habían sido en su momento heridas profundas que Molly curó, también tenía la pierna lastimada pero el semblante más saludable, salvo por las marcadas ojeras que portaba bajos sus ojos.

- Me alegro- señalo la mujer siguiendo con lo suyo.

Hermione y Ginny se sentaron esperando los aperitivos que cocinaba la mamá de la pelirroja, aunque no quisiera admitirlo, se moría de hambre y seguía confundida.

Cuando su amiga producía ligeros ronquidos, todavía seguía interpretando las pistas que tenía en el cuerpo, pues se sentía diferente, no creía que siguiera siendo la misma, en esencia si pero algo muy dentro de ella difería, era como sentirse fuera de lugar, como si estuviese en el lugar equivocado o su vida en sí debió culminar justo cuando perdió el hilo de su existencia.

- ¡Hermione!- grito Ron al verla y aproximarse a su lado- ¿Por qué no has respondido mis cartas?

- ¿Cartas?

- Te he enviado una cada día desde que partiste, me…nos tenías preocupados- alego.

- Ron- lo llamo su hermana jalándolo del codo- No recuerda nada desde ese día, no la fuerces- advirtió en un susurro.

- ¿Cómo que no recuerda? ¿En dónde te has metido?

- Yo…yo…no lo sé- gimoteó Hermione volviendo a sus intentos vanos por recordar, colocando sus manos en su pecho, la impotencia la inundaba y la pregunta persistía, los Weasley, la miraban desconcertados, sin poder explicar su situación sólo especulaban que cualquier cosas que le haya pasado en esas semanas, debió marcarla tanto como para olvidarlo todo.

- Ronald Weasley- lo regaño Molly- Deberías ser más cortes.

- Si mamá- dijo a regañadientes notando un papel salido en el sofá de la sala- ¿Es el profeta de hoy? Oh, Merlin, quiero saber cómo quedaron los Chudley Cannoooo…

- ¿Qué pasa?- pregunto Ginny dejando de comer mirando de reojo el ejemplar, y tragando con fuerza por la impresión.

- Si, ¿Qué novedades hay?- comento Hermione incorporándose de su vergonzoso trance arrebatándole al pelirrojo el diario tirando el tenedor que se llevaría a la boca segundos antes debido a la rápida intervención de Molly.

- Oh, se me ha olvidado deshacerme de este viejo diario- se justifico, metiendo el periódico bajo su brazo- al parecer la lechuza se ha retrasado.

- Es probable- añadió Ginny, actuando como si nada hubiera pasado.

Ron puso una mueca de enfado al sentarse en la mesa, había leído perfectamente la fecha y el diario era actual, así que algo se traían entre manos su madre y su hermana, miro con soslayo a Hermione, todavía sorprendido por su sana presencia, ya que, como Ginny, él también la había dado por muerta.