Capitulo VII: Monstruo

"Debes estar atento a lo que te rodea, la gente tiene muchas facetas…
y a veces puede ocurrir que la persona más cercana a ti
resulta ser un verdadero monstruo…"

Perfección…

Que palabra más complicada, Lenore nunca había pensado en ella antes, o quizás sí, pero sus recuerdos y memorias estaban tan llenos de polvo que solo se limitaba a vivir el momento, pensar en el ahora y tratar de no enredarse en la oscuridad que tenía detrás en lo profundo de su mente; si bien su pasado le intrigaba no tenía intenciones de devolverse en un viaje nostálgico sin regreso.

Pero… ¿Perfección? ¿Qué tipo de perfección cabe en su descripción propia? Una niña con apenas experiencia en la vida y que ni siquiera siente un latir dentro de ella que lo demostrara… no, ella no era perfecta, ella era un espejo roto sin poder arreglarse, una imagen olvidada del destino que con odio y resentimiento la había guiado a las garras de un animal sin corazón y sin alma. Una bestia… un monstruo.

Eso es, debía serlo… su final estaba casi rozando su delicada piel con una fría y amenazante hoja metálica salpicada con las almas perdidas de sus desafortunadas víctimas, como dejando en evidencia las marcas que había dejado y dándole la bienvenida a su nueva mártir en un mundo encerrado y rodeado de cuerpos bellos y sin alma de mujeres que alguna vez soñaron con tener una vida normal y feliz.

Principio… Final… Muerte… ¿Será esa la perfección al cual este hombre se refiere?

De pronto su corazón dio un salto, remembranzas de su vida golpearon su psique como si fuera agua helada…. Primero llegaron las sensaciones, la suavidad de una sábana en sus piernas, el frio de la aparente noche entrando por una ventana y acariciando su piel y los cuervos revoloteando en las afueras con sus graznidos burlones viajando en el aire…. De repente una hoja pequeña y áspera se atrevió a entrar por la ventana de la habitación y rozó su brazo, haciendo que los minúsculos vellos de su hombro se levantaran, la textura quebradiza le hizo revivir un escalofrío que lentamente subió por su espalda y reposó en sus finos labios. Sus labios…. Como una miel cubriendo los suyos, la imagen de Ragamuffin frente a ella rodeándola con sus fuertes pero cuidadosos brazos, y su rostro tan cercano, piel dura y blanca como la nieve, tan suave como las sabanas que los acariciaban y dos ojos rojos como las llamas de una vela encendida brillando bajo la tenue luz de los candelabros y sus labios que tierna pero apasionadamente se unían a los de ella.

El calor que inundaba su corazón le hizo surgir un sentimiento que nunca pensó que ella podría sentir jamás… Esperanza.

Su alma se rehusó a aceptar que ese era su final, que aquel lunático con tanta facilidad le arrebataría su vida, todo lo que ella era, todo lo que le quedaba. Sus músculos comenzaron a tensarse y solo un pensamiento paso por su mente como una estela de luz: "Debo sobrevivir".

Saliendo del trance de terror que la tenía atada al suelo y viendo que el monstruo frente a ella estaba a punto de atraparla comenzó a moverse lentamente hacia atrás sin perder de vista el cuchillo que con mucho anhelo quería ser incrustado en ella.

- ¿Qué haces? ¿Huyes de mí? ¿Acaso te desagrado? – dijo su captor, percibiendo que Lenore pretendía salir corriendo rápidamente la agarró de su brazo violentamente. - ¡Tú no irás a ningún lado! Eres mía, y no podrás nunca escapar de mí.

Al sentirse atrapada, la angustia y la adrenalina se apoderaron de Lenore y sin pensarlo tomo uno de los cuchillos que se extendían desordenadamente en el mesón con el que se había anteriormente tropezado y clavó sin remordimientos la filosa hoja del arma en la cabeza de su captor.

Gritos de ira llenaron la habitación, como si estuviera poseído por algún tipo de demonio Emerick comenzó a chillar y lanzar estocadas al aire mientras intentaba sacarse el cuchillo. Lenore se quedó un momento inmóvil observando aquella grotesca escena hasta que su conciencia le recordó que era su oportunidad de huir, de salir de esa horrible pesadilla infernal. Con todas las fuerzas que pudo acumular se abalanzó desesperadamente a la puerta saliendo de la habitación y con su corazón casi saliendo de su pecho salió corriendo por el largo pasillo; gritos se escuchaban por todo el lugar, haciendo eco en los viejos tablones de madera del techo y resonando en las empolvadas y tétricas pinturas. Lenore sentía que la misma muerte la estaba persiguiendo, ante tales alaridos y rechinantes gritos su corazón latía y saltaba como nunca lo había hecho, como si ella fuera un canario enjaulado exasperado por huir de las fauces de un felino hambriento.

De repente la escalera y el vestíbulo salieron a su encuentro en la distancia "Oh que alivio más grande" se dijo Lenore, al ver la enorme puerta de madera de ocre en la entrada de la mansión y sintiendo ya la libertad casi abrazándola con sus caricias conciliadoras.

Llena de esperanza se dirigió a las escaleras para poder salir por fin de ese tormento y refugiarse en el paternal y reconfortante abrazo de Taxidermio, ignorando los muchos regaños que recibiría de su parte por no hacerle caso y dirigirse sin pensarlo al hogar de un desconocido arriesgando su vida. Pero toda esa fantasía rápidamente se vio desintegrada en un vacío de perdición cuando de la nada dos brazos la acorralaron de sorpresa por su espalda, aprisionada entre cadenas casi imaginarias, Lenore llena de pavor levantó sus ojos para encontrarse con el rostro psicótico y ensangrentado de Emerick.

- ¿Creíste que huirías de mí tan fácil, mi amada Lenore? – La voz baja y entrecortada por la ira y las emociones a flor de piel se sentían en el aire, lleno de éxtasis y psicosis Emerick contuvo a Lenore violentamente con su agarre de hierro.

- Por favor… déjame ir – dijo Lenore susurrando como una plegaria esperando ser oída a merced de su depredador como un ciervo herido y asustado.

Pero parecía como si aquella persona delante de ella estuviera en un trance, como una bestia decidida a despedazar a su presa, su mano se alzó al cielo con el arma de su intoxicante y grotesca pasión asesina resplandeciendo a la luz de los ojos brillantes y curiosos de las velas del pasillo oscuro. Ya en esos momentos Lenore ni siquiera se molestó en tratar de desprenderse del fuerte agarre de Emerick, solo se limitó a mirar con ojos vacíos y llenos de lágrimas esperando resignada a que esa hoja fría y agresiva se hundiera en su piel inocente y virgen.

Eso es lo que esperaba ella…

Todo pasó muy rápido, primero estaba entre la prisión obsesiva de Emerick y su cuchillo brillando con expectación y de un segundo a otro estaba en el suelo con un fuerte dolor en su cabeza debido a la aparente caída; el tiempo parecía ir lento… sangre en el suelo se extendía grotescamente por la oscura alfombra del pasillo y gritos hacían eco una y otra vez como si estuvieran descuartizando a alguien, Emerick forcejeaba con alguien pero Lenore no podía lograr reconocer a esa persona. Los sonidos de repente parecieron lejanos y opacados hasta sentir solo el latir de su corazón en su cien dándole a entender cuan asustada estaba y que la situación la tenía como un roedor acorralado.

El tiempo parecía no existir… Lenore no lograba entender nada… hasta que su mundo por fin dejo de dar vueltas, se levantó del suelo aún con un poco de dificultad debido al fuerte golpe que se había dado al caer y rápidamente trató de alejarse de la pelea que se había formado. Una voz lejana comenzó a llamarla y Lenore miró hacia dónde provenía el sonido para ver que esa persona fuertemente pero a la vez delicadamente la estaba sosteniendo entre sus brazos; con ojos llorosos Lenore trató de descifrar la voz apagada que llegaba a sus oídos sin ningún resultado.

De repente, de la neblina oscura que tenía frente a sus ojos celestes, dos ojos rojos se acercaron a ella y Lenore por fin saliendo de su prisión mental pudo comprender que Ragamuffin la había salvado.

- ¡Lenore! ¿Estás bien? Tenemos que salir de aquí, pude detenerlo por ahora pero no por mucho así que hay que irnos ahora antes de que logre seguirnos… - la voz de Ragamuffin parecía un arrullo, como un elixir sanador para su débil cuerpo.

Quería salir de ese espantoso lugar, cuantas ganas tenía de hacerlo pero sus piernas aún estaban paralizadas e inmóviles por el miedo, Ragamuffin percatándose de esto y viendo la expresión de frustración de Lenore la tomó en brazos y corrió hacia las escaleras. Lenore en ese momento se dio cuenta que los gritos desgarradores habían cesado y que Emerick yacía muerto en el suelo con un hacha fuertemente incrustada en su espalda, la sangre salía gorgoteando de la herida reclamando el ataque tan brutal que su dueño había recibido, la escena era tan grotesca que Lenore tuvo que desviar la mirada y se concentró en la sensación de estar por fin protegida en los brazos de su amado y los fuertes y firmes latidos de su corazón.

- ¡Maldito cerdo! – un grito lleno de ira salió de detrás de ellos y con la misma hacha que Ragamuffin había usado, Emerick los atacó cortándole la mano a Ragamuffin y luego enterrando la hoja del arma en su estómago.

Debido a la sorpresa del momento y el dolor, Ragamuffin soltó a Lenore provocando que ésta cayera por las escaleras. Lenore quedo a los pies de los duros escalones adolorida y asustada, su cuerpo petrificado por el miedo aún no se podía mover y su corazón ahora sufría al oír los desgarradores gritos de dolor y angustia de aquel a quien amaba.

¡Que desdicha es la mía! Se decía una y otra vez, parecía ser que todo lo que amaba terminaba marchitándose en un abismo de dolor y sufrimiento. Ella nunca pensó que las cosas llegarían a esto, lágrimas de celeste plateado cayeron por sus mejillas de porcelana mientras inmóvil observaba en la suave y polvorienta alfombra del vestíbulo como aquellos hombres se destrozaban entre ellos. De su pecho se reprimía un grito, un grito de auxilio para que de alguna forma esta pesadilla se terminara y alguien la sacara de esta horrible ilusión, pero parecía como si la estuvieran ahogando, solo gemidos patéticos salían de su boca… todo se perdía en un abismo sin fondo.

Durante el violeto forcejeo, Ragamuffin por fin se pudo zafar del potente y paralizante agarre del hacha incrustada en su abdomen lanzándola lejos y cayendo ésta al lado de la joven asustada y shockeada. El sonido del metal chocando en el suelo sacó a Lenore de su preocupante atención a la lucha, quedó un momento inmóvil observando con ojos expectantes la sangrienta herramienta y una idea llena de coraje se cruzó por su ya cansada y atormentada mente.

Sabía perfectamente que Ragamuffin no estaba ganando la batalla y que debía hacer algo antes que fuera demasiado tarde, mientras corría escaleras arriba una gota gorda de sudor se asomó por su frente… sus manos temblaban de ansiedad, tenía que intentarlo, incluso si eso significaba fracasar y morir en el intento… no le importaba, tenía que salvarlo.

Con todas las fuerzas que sus brazos pudieron acumular, Lenore levantó el hacha y cerrando los ojos la dejó caer sobre la cabeza de Emerick quien casi como un animal atacaba con toda la determinación que tenía al joven vampiro quien con ya pocas fuerzas apenas se mantenía consciente, Lenore esperaba escuchar el desagradable y grotesco sonido de la cabeza de aquel joven quebrándose bajo la fuerte presión de la hoja del arma en sus manos… Pero las cosas saldrían distintas, la mano del asesino frente a ella sostuvo con fuerza la delgada muñeca de Lenore evitando que el hacha se atreviera a tocarlo de nuevo.

- ¿Creíste que me engañarías tan fácil? Eres tan débil e ilusa y además una maldita mentirosa… creí que me amabas, pero ya veo que elegiste a este engendro… bueno, ya no eres pura para mí, te voy a desollar como a esas otras inservibles y te haré mía… – Emerick recito estas palabras como haciendo un contrato sobre su cerebro y tirando lejos el hacha agarró bruscamente con sus duras manos el delicado cuello de Lenore cortándole el aire por completo.

El aire de a poco se va de los pequeños pulmones de la chica, su cuello sufre una presión forzosa y violenta algo que nunca había experimentado antes y que ahora amenazaba con dejarla sin vida; su visión empezó a nublarse, sus ojos cansados se detuvieron en la mirada desorientada y desquiciada de su captor.

Con los últimos esfuerzos que pudo acumular y ya sintiendo que sus pulmones le apretaban el pecho exigiéndole aire, estiró la mano al rostro de Emerick en un intento desesperado de hacer que la soltara, pero la determinación llena de locura nublaban la razón de aquel monstruo al ver que Lenore de a poco se apagaba dejando ver una mirada tierna de resignación mezclada con terror, él anhelaba ver ese rostro plasmado en la cara inerte de una muñeca sin vida de porcelana brillante. "Oh Dios déjame ir, que este sufrimiento no se prolongue más…" Pensaba Lenore mientras su cuerpo de a poco se desconectaba de la realidad; lo único que le apenaba era no poder volver a ver el rostro de su amado querubín de ojos rojos llenos de pasión prohibida y decirle cuanto lo amaba.

Sintió su cuerpo convulsionar debido a la falta de aire y la poca sangre que su cerebro recibía… de repente su mente se llenó de imágenes… una casa, un río, dos personas forcejeando y peleando por su amor casi desvanecido en el viento del olvido, frente a sus celestes ojos Lenore veía estas escenas como miles de fotografías manchadas por el tiempo y el polvo, memorias que no podía comprender, memorias y recuerdos de una vida que si bien parecía ser suya no la reconocía.

"¡Anton…!" Entre medio de sus recuerdos se sintió a si misma gritar el nombre de alguien que no recordaba pero que al escucharlo su corazón de a poco comenzó a derretirse de dolor y anhelo. "¡ANTON!" otra vez ese nombre retumbando en su cabeza, mientras millones de imágenes pasaban en un milisegundo frente a ella en una espiral de colores y formas. Y cuando ya su cuerpo no daba más, sus piernas y brazos comenzaron a perder su fuerza y su consciencia a desvanecerse en un oscuro vacío, de la nada escuchó el sonido metálico de un pequeño gatillo desengancharse de su seguro seguido de una pausa silenciosa y luego la estridente y violenta explosión del disparo de una escopeta.

Lenore se sintió flotar por un segundo en el aire para luego caer bruscamente en el suelo de madera, mientras de forma desesperada trataba de recuperar su aliento sus ojos traumatizados trataron de buscar a Ragamuffin quien yacía a unos metros de ella rodeado de un charco de sangre, su mirada perdida debido al shock y sus ojos desorbitados le hicieron recordar a Lenore de lo grave que estaba y que la vida de ambos pendía de un hilo.

Su mirada vagó hasta que sintió la dulce y paternal caricia de Taxidermio sobre su cabeza quien con ojos preocupados le hablaba a la distancia, su voz estaba apagada y Lenore no podía lograr descifrarla bien, era como si un zumbido estuviera ahogando su capacidad de percibir cualquier sonido, el rostro de Taxidermio era lo único que podía leer y hacer comprender a su mente lo que ocurría, solo podía ver preocupación e ira… una ira incontrolable. Esa voz lejana de a poco se sintió más y más vívida hasta que finalmente Lenore se dio cuenta que Taxidermio le gritaba de forma exasperada para que reaccionara y se fuera de allí; de forma casi mecánica Lenore salió de su estado de angustia, amenazando con entrar en un ataque de pánico Taxidermio la sujetó firmemente de los brazos.

- ¡Señorita Lenore! Por favor, tiene que irse de aquí, no piense y no de vuelta atrás. Vuelva a la mansión ahora. - Taxidermio tratando de no asustar más a Lenore no apartó sus ojos de ella y trató de sonar lo más tranquilo posible pero sin mucho éxito, Lenore lo miro con ojos grandes y llenos de preocupación era como si toda la situación la estuviera golpeando en una montaña de ansiedad, no podía irse así como así sin ayudar a Ragamuffin.

- Pero… Ragamuffin… - Lenore casi al borde de las lágrimas indicó con la mirada hacia el cuerpo apenas consciente del joven quien aturdido yacía en el suelo empapado en su propia sangre y con un gesto de puro dolor y desesperación.

- Sé que esta es una proposición muy indecorosa para una dama como usted pero si quiere que su… amigo sobreviva tendrá que cargarlo a la mansión.

Con un poco de duda y en efecto un poco acomplejada por llevar al muchacho aturdido en sus minúsculos hombros, aceptó sin decir ninguna queja pero sin antes mirar con preocupación a Taxidermio, y como si le leyera los pensamiento Taxidermio la miró con ojos tiernos y una sonrisa reconfortante.

- No se preocupe señorita Lenore yo estaré bien, tengo que asegurarme de que este "hombre" no se atreva a atacarla de nuevo. – sus tranquilas palabras parecieron relajar a Lenore quien la miró con ojos seguros pero Taxidermio aun así le estaba siendo muy difícil controlar su ira y no despedazar a Emerick en ese mismo lugar.

El arma en las manos de Taxidermio parecía una extensión más de su brazo, Lenore recién en ese momento se dio la molestia de observar el cuerpo maltrecho de Emerick quien de forma grotesca estaba de cara en el suelo de madera con un agujero en el pecho producto del disparo a quema ropa que Taxidermio aparentemente le había dado, pero aún en ese deplorable estado se podían escuchar leves silbidos provenientes de los destruidos pulmones del joven; Lenore lo miraba y se repetía una y otra vez en su mente "está muerto… debería estar muerto"… De repente Lenore fue sacada de su pequeño trance al escuchar la voz de Taxidermio repitiéndole que debía irse, la joven aún confusa y preguntándose porqué Emerick seguía vivo se dirigió dónde estaba Ragamuffin y con mucho esfuerzo apoyó su pesado cuerpo contra el suyo levantándolo del suelo y comenzó a caminar lo más rápido que pudo hacia la entrada.

La muchacha no alcanzó a dar más de dos pasos cuando de la nada una risa rasposa y apagada inundó el tétrico vestíbulo haciendo que ella y Taxidermio miraran hacia dónde provenía tal sonido.

- No puedes… escapar de mí mi querida Lenore… yo siempre estaré aquí… esperando… observando… he sido muy paciente… te he visto florecer desde el comienzo… desde que dejaste de vivir…

Al oír estas palabras fluir de la sangrienta boca llena de bilis de aquel psicópata Lenore se detuvo de inmediato ¿Qué quería decir con eso? ¿Sería posible que este animal haya formado parte del pasado que tanto anhelaba conocer? Sus ojos brillaron con ansía y determinación por respuestas pero pronto ese brillo se ahogó en la oscuridad al ver la expresión de satisfacción de Emerick quien sabía perfectamente de la confusión por la que Lenore estaba pasando.

- No fue fácil… fue doloroso ver como ese maldito te asesinaba… la sangre… los gritos… pero dejé que lo hiciera… "ella" me dijo que él te reviviría y me prometió que serías mía para siemp…–

¡BOOM!...

Las palabras llenas de veneno de Emerick violentamente fueron cortadas por el estridente disparo de la escopeta de Taxidermio explotando grotescamente contra su cabeza, la sangre corría a chorros por el suelo y pedazos de lo que había sido su frente se esparcían por la alfombra aterciopelada de la entrada. Lenore permaneció inmóvil, horrorizada por tal escena desvió su mirada al rostro de Taxidermio quien no mostraba ninguna especie de remordimiento ni piedad, era una expresión vacía, la pobre muchacha no sabía que pensar de lo que hace unos momentos había escuchado ¿Qué rayos ocurría? ¿Quién era ELLA? ¿Cómo fue su supuesta muerte y quien la había asesinado?

- Lenore… - su hilo de pensamientos fue interrumpido por la grave e inusual voz de Taxidermio quien aún con el arma en su mano ahora la miraba a ella con ojos serios y llenos de una emoción que no podía descifrar pero que le dejaba una sensación de un miedo que no entendía. – Vámonos a casa… ahora.

Lenore quedo pálida por la imponencia y autoridad en que Taxidermio le estaba hablando, la cortesía y palabras dulces no estaban presentes, solo frialdad y una dura capa de… ¿Culpa?... la muchacha confundida y aún asustada por la escena frente a ella trató de responderle pero el rostro violento e impávido de Taxidermio la detuvo, al ver que Lenore no podía moverse mucho y que el cuerpo semiinconsciente de Ragamuffin cada vez le pasaba más Taxidermio arrancó de los brazos de Lenore al pobre joven y lo apoyó con fuerza en sus hombros y con una de sus manos jaló de forma violenta el brazo de Lenore.

Por primera vez en su vida Lenore le tenía miedo a Taxidermio, nunca lo había visto de esa forma, tan agresivo y frío con ella, siempre le había brindado de su particular cariño y seguridad casi como un padre hacía su amad hija pero ahora era como si fuera otra persona sin ningún tipo de importancia, una persona desconocida para él.

Ya ella no sabía en quien confiar, su mundo se estaba viniendo abajo y todo lo que ella creía ser cierto estaba mostrando su verdadera cara como un monstruo oculto en las sombras y en sus recuerdos. Se sentía una inútil llena de dudas rodeada de desconocidos… debía saberlo, debía saber la verdad detrás de toda esta ridícula fachada antes de que su conciencia cayera en un abismo de locura, si es que aún no había caído ya.

Mientras caminaban calladamente por el largo sendero de tierra, Lenore giró su cabeza para ver la casa de Emerick por última vez, él sabía todo, entendía lo que ocurría pero no alcanzo a decirlo… ¿Acaso Taxidermio le escondía algo? ¿No quería que supiera la verdad detrás de todo esto? Sentía como miles de secretos se estaban escondiendo de ella y que todos ellos de alguna forma estaban detrás de la máscara parental y tranquila de Taxidermio.

Tal parecía que Emerick no era el único monstruo que se escondía en su vida…