La siguiente historia es una adaptación del libro Mystery Man por Kristen Ashley, les recomiendo leerlo, es muy entretenido. Los personajes están basados en los de Masashi Kishimoto. La historia comenzará siendo básicamente la misma del libro, conforme se vaya desarrollando estaré buscando que la misma se adapte a los personajes y no los personajes a la historia, sin embargo es inevitable que haya OC.


Había llegado a mi zona y fui capaz de enfocarme incluso con un montón de comandos dando golpes en mi casa cuando de repente sentí que apartaron mi cabello de uno de mis hombros, avanzaron por mi cuello y lo pusieron en mi otro hombro.

Entonces sentí unos labios en la piel detrás de mí oreja.

Un delicioso estremecimiento se expandió de mi oreja a todos lados y mis ojos en la pantalla de la computadora se desenfocaron mientras me estrellaba de cabeza fuera de mi zona y viraba brusca y felizmente hacia una zona completamente diferente. Los labios abandonaron mi oreja y, deslumbrada, vi una bolsa de papel café acompañada por una bolsa de plástico blanca golpear el escritorio cerca de mi teclado. Miré la esquina inferior derecha de la pantalla de la computadora para ver que eran las doce y cuarenta y siete minutos.

Hora del almuerzo.

Giré en mi silla y alcé la vista para ver a Taka ahí parado, rasgando el envoltorio doblado y engrapado de la parte de arriba de la bolsa.

No dije nada porque estaba demasiado ocupada perdiendo el control porque este era el tema de una fantasía. Cuando dije eso me refería a que en realidad había fantaseado con esto y ahora lo estaba viviendo.

Está bien, no la comida Thai, pero, a menudo, había ido a la deriva y soñado con cómo sería si mi Hombre Misterioso se apareciera a plena luz del día, se acercara a mí silenciosamente mientras lavaba los platos en la cocina y deslizara sus brazos a mi alrededor. O mientras estaba en la ducha y se metiera conmigo.

O mientras estaba trabajando, se acercara sigilosamente y me besara el cuello.

Justo como me gustaba en el lugar que me gustaba.

Exactamente como él acababa de acercarse sigilosamente y besado mi cuello.

Justo como me gustaba en el lugar que me gustaba.

Y era mejor que una fantasía y no sólo porque los fideos J's eran una bienvenida incorporación sino porque era real.

Maldición.

Comenzó a sacar la comida de la bolsa mientras yo luchaba por recobrar la compostura. Lo vi poner al descubierto una taza de cartón con tapa que contenía sopa y otro envase de fideos, ambos de los cuales sabía, por experiencia con la comida para llevar de J's, eran para mí. A continuación, vinieron los palillos chinos en papel y después sacó otro envase para él. Después recogió la bolsa, la puso en el piso y revolvió en la otra bolsa que tenía un familiar logo rojo, naranja y verde en ella. Sacó una botella de agua que sabía era para él cuando depositó una lata de refresco de uva de dieta cerca de mi comida.

Miré fijamente el refresco. Luego volví a mirarlo a él.

―¿Qué? ¿Me sigues? ―Pregunté.

―A veces ―respondió y sentí que mis ojos se entrecerraban con suspicacia―. Otras lo hacen mis chicos.

Me dio la espalda y se fue a mi sofá, se sentó, puso su agua en una mesita lateral y abrió la tapa de su envase de comida.

―¿Así que tienes un enorme y gordo archivo sobre mí en tu base?―Pregunté, rasgando el papel de mis palillos chinos luego tomé mi sopa y le quité la tapa.

―No ―respondió―, reportes verbales. 'Ella fue a J's, pidió sopa y fideos, después fue al 7-Eleven por un refresco de dieta de uva.' Cosas como esa.

Irreal.

―¿Por qué? ―Quise saber.

―¿Por qué? ―Repitió.

―¿Por qué me siguen tus chicos y tú?

―Molestia ―respondió después atacó sus fideos con sus palillos chinos como si esto fuera nada, sus chicos y él siguiéndome, compartiendo reportes sobre mis preferencias de comida y bebida, invadiendo mi vida sin mí conocimiento. Entonces mis ojos cayeron en su comida y sus fideos se veían como nada más que fideos y vegetales. Sin salsa. Sin anacardos. Sin trocitos de cacahuate. Sin suculento camarón. Nada de las cosas buenas. Nada. Sólo fideos y vegetales.

Eso me recordó la primera vez que lo vi cuando estuvimos en un restaurante. Tenía un filete, papas horneadas y vegetales al vapor. Recordé nada entonces, un poco ebria, que no le había puesto nada a su papa. Sin crema agria. Sin trozos de tocino. Sin queso. Ni siquiera mantequilla.

―¿Qué estás comiendo? ―Pregunté.

―Fideos y vegetales ―señaló lo obvio entonces empujó algo en su boca con sus palillos chinos.

―¿Sólo eso?

Masticó, tragó y dijo.

―Sí ―entonces metió más fideos en su boca.

―¿Sin salsa? ―Insistí.

Más masticado y tragado después:

―Si comiera como tú, tendría barriga. En mi trabajo, no puedes tener barriga.

Sentí que mi presión sanguínea se elevaba.

―¿Estás diciendo que estoy gorda?

La amenaza de su sonrisa apareció y, con los palillos chinos cargados con fideos y vegetales a medio camino de su boca, respondió:

―El modo en que comes quiere decir que consigues tetas y trasero. Eso es bueno porque me gusta. Es malo porque a Colmillo y a Uzumaki les gusta tanto como a mí ―entonces empujó sus fideos y vegetales en su boca y dijo con la boca llena―. A Kakashi quizás más.

Mierda.

―Necesito concentrarme en el trabajo ―declaré.

Estiró sus largas piernas frente a él, cruzó sus pies por sus tobillos, claramente planeando quedarse un rato, y replicó:

―Entonces concéntrate.

Lo fulminé con la mirada. Esto era malo dado que se veía bien estirado así en mi oficina. Hinata y yo habíamos pintado las paredes de blanco, pero había pedido al hombre de la ferretería que le pusiera un chorrito de naranja en la pintura así que le había dado calidez al blanco. Mi escritorio era largo, blanco, elegante, angosto y femenino, al igual que mis estantes y las mesas cuadradas a cada lado del sofá. Mi sofá era mullido y de color salmón. Había decorado mucho con mimbre ligero y tenía lámparas de cerámica blanca, redondas y sombreadas con encaje esparcidas por el área. No era exageradamente femenino, todo rosa y con volantes, pero definitivamente era un espacio femenino.

Sentado de ese modo en mi sofá, Taka se veía como un invasor conquistador disfrutando una comida, ganando músculo antes de emplear el esfuerzo de violar y saquear. Excepto que él no tendría que violar, todas las mujeres del pueblo harían fila para su turno.

Mierda.

Giré la silla de cara a mi escritorio y sorbí mi sopa. Limoncillo. ¡Mmm! Lo revolví con mis palillos chinos entonces tomé un sorbo.

Después le pregunté a Taka, los ojos en la computadora:

―¿Cuál es tu verdadero nombre?

―Sasuke Uchiha.

Respondió sin dudar y mi cabeza giro hacia él sorprendida.

―¿Sasuke Uchiha?

Se metió más fideos a la boca y no respondió.

―¿Qué clase de nombre es Sasuke? ―Inquirí, tratando de sonar más curiosa que burlándome, su nombre... me gustaba.

Tragó y atrapó más fideos, mascullando:

―¿Quién demonios sabe? Proviene de un cuento, es lo único que sé. Mi madre estaba loca.

Su madre estaba loca.

―¿Naciste en Konohagakure?

―Sí.

Yo, por otro lado, no era una nativa. Papá había llevado a mi madre a Estados Unidos cuando estaban esperándome, pues mi madre es proveniente de allá y mi abuela vivía allá pero no compartí este trozo de información porque probablemente Sasuke ya lo sabía.

―¿Es esto concentrarse?

Supongo que alguien terminó de compartir.

Me volví hacia la computadora, pesqué en mi sopa con mis palillos chinos, sujeté un gran langostino, lo saqué y me lo comí.

Fresco, especiado, magnífico.

Baje el langostino con otro sorbo de sopa. Entonces traté de concentrarme en el trabajo con Sasuke 'Taka' Uchiha estirado en mi sofá. Como era de esperar, fui completamente incapaz de hacerlo, pero esperaba tener éxito en pretender que pude.

Había terminado mi sopa, dejando los misteriosos bocados sin comer en el fondo (me encantaba esa sopa, pero esos misteriosos bocados me asustaban y nunca los comía), tomado un sorbo de mi refresco de uva como preparación para la siguiente delicia culinaria y abierto mis fideos cuando Sasuke se aproximó a mi escritorio, se inclinó cuando se movió para recoger la bolsa tirada.

Metió su envase en la bolsa mientras yo fingía ignorarlo y se estaba estirando por mi envase de sopa cuando escuché:

―Taka.

Me giré para ver quién sospechaba era el Número Dos de Sasuke, el delgado pero tallado hombre peliblanco con el que Sasuke estaba hablando afuera más temprano.

Parecía tener la complexión Sasuke e, incluso más bajito y más delgado, dado que había contado que su nombre era 'Demonio', supuse que probablemente no era alguien con el que te metías.

―Compañía ―le dijo a Sasuke, sus ojos violetas no me miraron ni siquiera un instante después, al igual que su nombre, ¡poof! Desapareció.

Sasuke se movió, tirando mi envase de sopa en la bolsa y la bolsa en mi cesto de basura mientras se iba. También me moví. Poniendo mis fideos en mi escritorio, lo seguí.

Cuando llegué al pasillo, Sasuke se detuvo de repente y se dio la vuelta así que choqué contra su parte delantera.

Di un paso atrás, alcé la vista y antes de que pudiera decir algo, preguntó:

―¿Alguna oportunidad de que te diga que te quedes aquí arriba y no me sermonees?

―Ninguna en absoluto ―contesté.

Me miró fijamente un segundo luego sacudió la cabeza como si yo me entrometiera en su bienvenida a las visitas en su casa en lugar de ser yo quien bajaba las escaleras en mi propia casa para saludar a mis visitas. Entonces se dio la vuelta y siguió caminando a las escaleras.

Lo seguí y lo escuché antes de verlo.

Entonces recordé que era miércoles y las tardes de los miércoles eran Días Lee. Teníamos una cita para las tardes de miércoles en pie para tomar café o cerveza o lo que fuera dado que él tenía libres las tardes de los miércoles porque trabajaba los sábados por la mañana.

Mierda.

―¿Quiénes son ustedes? ―Preguntó Lee mientras yo bajaba las escaleras―. ¿Y dónde está Saku?

Entró en mi línea de visión, pero para cuando lo hizo, Sasuke había aparecido en su línea de visión y Lee lo estaba mirando fijamente al igual que supondría que cualquiera tendría la tendencia de mirar a Sasuke, Sasuke siendo todo lo que era Sasuke. Entonces él se sacudió como si estuviera tirando de sí mismo fuera de un trance y sus ojos me miraron.

―Saku, cariño, ¿qué está pasando? No me dijiste que estabas haciendo trabajo.

―Hola, Lee ―saludé cuando fui a pararme a varios metros al lado de dónde Sasuke estaba parado que a su vez estaba a varios metros lejos de Lee.

A Sasuke, sin embargo, no le gustó la distancia y lo supe cuando la cerró y no lo hizo al moverse hacia mí. Lo hizo inclinándose hacia mí, agarrando mi antebrazo y dándome un tirón de modo que no tuviera otra opción que balancearme a los costados. Choqué contra él, su mano izquierda en mi brazo y me atrapó al sujetarme con su brazo alrededor de mis hombros.

―Miércoles ―murmuró Sasuke cuando hubo cumplido su hazaña, sus ojos en Lee―. Mierda, lo olvidé.

Lee miró a Sasuke, después a mí, luego a Sasuke y a mi e hizo todo esto con sus ojos abiertos como platos y su boca abierta al igual que, sospechaba, me vi en más de una ocasión recientemente.

Sin embargo, no luché contra el agarre de Sasuke porque fui lanzada de regreso a ayer cuando Sasuke me dijo que Lee quería meterse en mis pantalones y por eso estaba parada ahí, mirando fijamente a Lee con su cabello oscuro y sus ojos grandes, usando su traje del gym, y comparando. Era un entrenador en un gimnasio. No era alto, pero tampoco bajo, era, sin embargo, más alto que yo. No tenía un mal aspecto y estaba marcado. Pero, estaba tan lejos de ser un comando que no era gracioso.

Al fin Lee fijo su mirada en Sasuke y preguntó:

―¿Quién eres tú?

―Él es... ―comencé, pero Sasuke hablo por mí.

―Taka, el hombre de Sakura.

¡Mierda! ¡Desearía que dejara de decir eso!

―¿El hombre de Sakura? ―Susurró Lee, ahora su rostro había palidecido.

¡Otra vez mierda!

―Lee, no es... ―empecé.

La pálida cara de Lee se movió hacia mí.

―¿Tienes un hombre?

―Bueno... emm...

―¡Sakura! ―Todos oímos que gritaron y Hinata entró volando por la puerta principal.

Lee se giró hacia la puerta y todos los comandos se detuvieron. Eso sucedía un montón cuando Hinata Hyuga entraba en una habitación y no me sorprendía que incluso los comandos no fueran inmunes a los encantos de Hinata.

Eso era porque se veía como una modelo, no es broma. Era alta, más alta que yo por cinco centímetros. Tenía el cabello azul muy oscuro y era largo, brillante y lacio como una sábana. Tenía traviesos ojos perlas. Una perfecta estructura ósea. Un rostro simétrico. Era delgada con largas, largas piernas y largos y gráciles brazos delgados. Tenía muchas tetas y trasero. Era un maniquí humano del tipo hermoso.

Diseñadores de moda de todo el mundo estarían en los estertores del éxtasis, si la veían. Era por eso que cada tienda en Konohagakure la contrataba a pesar de que era inconstante y tendía a aburrirse fácilmente así que la duración promedio de su empleo era alrededor de once meses. Si te decía que algo se veía bien en ti, imaginarías que eras ella porque querías serlo con cada fibra de tu ser, lo creerías y luego lo comprarías.

―Ino llamó y dijo que Sai dijo que habían entrado... ―Hinata derrapó abruptamente al lado de Lee cuando sus ojos vieron a Sasuke. Esos ojos se abrieron como platos, su mandíbula cayó y se le quedó viendo fijamente. Entonces, antes de que pudiera hacer algo al respecto, tuvo la muy equivocada idea, su rostro se iluminó con puro placer y chillo:

―¡Oh, por Kami!

Luego saltó de arriba abajo y aplaudió mientras los comandos asimilaban el espectáculo, apartó la vista de Sasuke y tomó mi mano todavía saltando de arriba abajo.

―¡Sakura! ¡Hurra! ―gritó.

¡Mierda!

Agarré su mano y la apreté con firmeza:

―Hina, no es lo que tú...

Antes de que pudiera terminar, dejó caer mi mano y miró a Sasuke.

―¡Te conozco! ¡Y lo sabía! ¡Ino me llamó y me dijo que habías venido ayer y que habían entrado en la casa de Sakura anoche y aquí estás! ¡Al rescate!

¡Mierda, mierda, mierda!

―Hinata...

Me miró.

―¡Te lo dije! ¿No te lo dije? ―Miró a Sasuke y le informó―. ¡Se lo dije, como, un billón de veces!

―¿Entraron en tu casa? ―Ese era Lee interrumpiendo el júbilo de Hinata y dejé de mirar a Hinata y comencé a verlo a él.

―Este... sí pero no fue grave ―mentí.

―¿Entraron en tu casa? ―Repitió Lee.

―¿Es por eso que todos estos hombres están aquí? ―Preguntó Hinata, su cabeza dando vueltas alrededor de su cuello para asimilar a los comandos luego me miró―. ¿Qué están haciendo? ¿Están construyendo una fortaleza?

―Están instalando un sistema de seguridad ―respondió Sasuke, la cara de Hinata cayó al instante con las noticias y sus ojos fueron hacia mí.

―Oh, cariño, ¿eso quiere decir que no serás capaz de comprar esos Jimmy Choos que has estado queriendo por siempre? Sabes, no puedo retenerlos por mucho tiempo más. Alguien se dará cuenta.

―No está pagando por ello ―replicó Sasuke, el rostro de Hinata se iluminó al instante y sus ojos volaron de nuevo a Sasuke mientras los de Lee lo miraban entrecerrados.

―¡Hurra! ―Exclamó Hinata.

―Hinata, deja de decir 'hurra', esto no es lo que parece ―finalmente lo dije y el brazo de Sasuke apretó mis hombros.

―¿Qué es entonces? ―me preguntó Lee pero no espero por mi respuesta―. ¿Y quién es este tipo? ¿Quién entró a tu casa? ¿Estás bien? ¿Estás lastimada? ¿Lo sabe la policía? ¿Lo atraparon?

Abrí mi boca para contestar, pero Sasuke respondió antes que yo y lo hizo por mí.

―Como dije, soy Taka, el hombre de Sakura. No sabemos quién entró. Sakura está bien, mis chicos y yo la estamos cuidando y la policía ha sido informada.

―Taka ―exhaló Hinata, alzó la vista hacia Sasuke con estrellas en sus ojos―. Un nombre genial. Bastante genial.

Por Kami.

―Cariño, necesitas un resumen, pero no tengo tiempo, tengo trabajo ―le dije a ella y miré a Lee―. Y lo siento, Lee, puedo ver que estás preocupado, pero las cosas están un poco descontroladas y tengo fechas límite. No puedo tener mi Día Lee hoy. Pero estoy bien, completamente bien. Te llamaré y te lo explicaré todo mañana ―luego miré a Sasuke y espeté―. Y tú. ¿Dejarás de hablar por mí?

―Eso es genial ―dijo Hinata inmediatamente antes de que Sasuke pudiera responder y continuó―. Y por cierto, tu cabello es la bomba.

Lee no estaba bien. Estaba mirándome fijamente. Entonces preguntó:

―¿Esto tiene que ver con Moegi?

Cuando preguntó eso, los ojos de Hinata se cerraron en mí y estaban abiertos como platos.

―Oh, por Kami ―exhaló―. No pensé en eso.

Lee no espero por mi respuesta; fue directo a la conclusión correcta. Me había conocido por mucho tiempo, pero mis aventuras, incluso en las peores, no conducirían a un equipo de comandos instalando un sistema de seguridad.

―¿Qué es lo que hizo? ―preguntó Lee.

―No lo sé y no me importa. La he desconocido ―respondí.

―Al fin ―masculló Hinata.

―Yo quiero saber y a mí me importa si significa, que, en un día, has encontrado y empezado a salir con Rambo ―cortó Lee, sacudiendo la cabeza hacia Sasuke.

Sasuke soltó esa risita profunda, masculina y divertida.

Hinata se perdió la risita porque estaba anunciando:

―No fue un día. Se han estado viendo por un año y medio.

Oh-oh.

Hinata vio la mirada en el rostro de Lee, se dio cuenta de lo que había hecho y dijo lo que yo pensaba en voz alta.

―Oh-oh.

―Un año y medio ―susurró Lee y mi estómago dio tumbos. Se veía como si lo hubiera pateado y no en un buen lugar.

Mierda, Sasuke estaba en lo cierto. Lee definitivamente quería meterse en mis pantalones.

―Lee... ―susurré y Sasuke habló.

―Un consejo amistoso. La próxima vez, despabila y asegura tu reclamo.

Mi cuerpo se puso rígido, pero aun así se convirtió en cartón hacia Sasuke y le espeté en voz alta:

―¡Sasuke!

Sasuke bajó la vista hacia mí.

―De hombre a hombre, amor, él es un hombre, puede con ello y debe saber que la cagó.

Por primera vez en mi vida estaba deseando que el asesinato no fuera ilegal.

―Puedo ver que no estás de humor para una intervención ― le dijo Hinata suavemente a Lee―, pero, bueno... como que él tiene razón, cariño.

Esta vez, mi boca se abrió mientras miraba fijamente a mi dulce, no-haría-o-diría-algo-que-lastimara-a-un-alma Hinata diciendo algo que lastimó a un alma.

Y Lee la miró al igual que me imaginaba que alguien vería cuya alma acababa de ser lastimada.

Entonces se dio la vuelta bruscamente y comenzó a irse.

Me aparté de Sasuke, me apresuré hacia delante y tomé su mano, diciendo:

―Lee...

Se detuvo y liberó su mano de una sacudida, sus ojos mirándome entrecerrados.

―No ―susurró.

―Lee... ―comencé, de nuevo.

―Si necesitas un cambio de lavadora o se te está congelando el trasero porque tu caldera no funciona, Sakura, no marques mi número. Llama al Rambo de ahí ―sacudió la cabeza hacia Sasuke―, y espero que él sepa cómo usar una maldita llave inglesa.

Entonces salió por mi puerta principal.

Cuando lo hizo me giré para encarar a Sasuke y Hinata.

―¿Qué demonios? ―Grité.

―Sakura ―replicó Sasuke.

―Lo sé ―dijo Hinata suavemente―. Fue duro, cariño, pero Ino no está aquí y alguien tenía que decírselo. Ella y yo hemos estado hablando sobre eso por siglos. Debería haber hecho su jugada o seguido adelante. No hizo ninguna de las dos. Ahora que tienes a Taka, quizás se olvidará de ti y seguirá adelante.

¿Ino y ella habían estado hablando de esto por siglos? ¿Por qué no habían hablado conmigo?

No pregunté eso. En su lugar grité:

―¡Ya ha seguido adelante! Tiene una novia.

Hinata movió su mano frente a su cara.

―Difícilmente. Cada chica que escoge lo hace de modo que sea alguien que pueda botar como una roca si tú le dieras una oportunidad. No me gusta ella. A Ino no le agrada. A ti no te agrada. Ni siquiera a Lee. Por eso, fácil de botar como una roca.

Miré a Hinata. Después a Sasuke. Luego a mi audiencia de comandos.

Entonces pasé a la negación.

―Eso no está pasando ―declaré―. No puedo hacer esto ahora mismo. Mi Pad Thai ya está frío. Debo calentarla en el microondas, comerla y hacer mi trabajo. Nadie existe. Vivo en un mundo yo sola.

Luego pasé pisando fuerte entre Hinata y Sasuke, subí mis escaleras y a mi comida.

Cuando había agarrado mis fideos y dado la vuelta, Sasuke estaba en la puerta.

―Cerecita ―dijo.

―No te veo. No existes ―le informé.

―Sakura, alguien tenía que decirle.

―No, no tenían que, y si lo hacían, no tenías que ser tú ―le espeté.

―Le hice un favor.

―¿En serio? ¿Lo hiciste? ¿Debería llamar a Lee y preguntarle si pensó que le hiciste un favor, diciéndole esa mierda frente a Hinata, tu grupo de chicos malos y yo?

―La próxima vez, pondrá más atención.

En definitiva explorando los límites de que me explote la cabeza.

―Vete. No quiero verte por, no lo sé... quizás un millón de años. Un millón de años debería servir. Si tengo un millón de años, creo que dejaré de estar ―me incliné hacia delante―, locamente enojada contigo.

Sonrió.

―Molestia.

―Gracias por la comida ―le solté sonando tan agradecida como me sentía, lo que era, para nada agradecida. Caminé hacia él y concluí―. Te veo en un millón de años.

Cuando traté de moverme alrededor de él, me atrapó con un brazo alrededor de mi vientre y decidí no luchar porque, en primer lugar, podría tirar mi Pad Thai y en segundo, perdería.

―¿Qué? ―le solté cuando había girado mi cuello para verlo.

―Tenemos una cena esta noche ―me informó.

―No, no la tenemos ―le informé―. Soportaré una cena con papá y mamá en la que tendré que explicarles sobre Moegi y sobre ti. Después estaré trabajando hasta que me quede dormida en el teclado.

Sus cejas se juntaron.

―¿Estás así de atrasada?

―¡Sí! ―grité―. Estaba así de atrasada ayer cuando Mirai vino de visita y estúpida, estúpida de mí, estúpidamente decidí ir a Ride. Ahora estoy incluso más atrasada y toda esta mierda, Sasuke, no me está ayudando.

―Debería dejar que termines tus cosas ―murmuró.

―¿Tú crees? ―Espeté.

Su brazo se curvó, moviéndome al frente de él y curvándose alrededor de mí de modo que tenía que llevar a cabo maniobras evasivas para no perder mi Pad Thai.

―Sasuke... ―le advertí cuando bajó su cabeza, torcí mi cuello para intentar evitarlo, su brazo se apretó, su otro brazo se enredó a mí alrededor, y fallé en evitar que sus labios tocaran mi cuello.

―Necesitas ponerte al día, forzar algo de tiempo para mí ―murmuró contra mi cuello y estaba a punto de decir algo arrogante pero no fui capaz de hacerlo cuando su lengua tocó la piel detrás de mí oreja, al instante me olvidé de que estaba locamente enojada con él y entonces dijo―. Hemos quedado.

―¿Quedado? ―Exhalé porque aún podía sentir su lengua detrás de mí oreja.

Su cabeza se elevó, me miró y repitió:

―Quedado.

―¿Para qué?

Sus ojos negros se calentaron, su sonrisa apareció y sus brazos se apretaron aún más, pegándome con yeso a su largo y duro cuerpo.

Oh.

Quedado.

Mm.

Por un momento olvidé que habíamos terminado mientras miraba fijamente sus cálidos ojos negros a la luz del día, sentía su largo y duro cuerpo contra el mío y mentalmente recordaba cómo se sentía ese cuerpo desnudo.

Mm.

―Cerecita ―me llamó y parpadeé.

―¿Eh?

Sonrió, esta vez con sus dientes blancos a la vista, bajó la cabeza y me besó ligeramente.

―Ve a trabajar ―ordenó mientras me golpeaba suavemente mi frente, por segunda vez en el día.

Después, súbitamente, se había ido.

Me quedé ahí parada con mi Pad Thai mirando a mi pasillo vacío pensando, mierda.