Notas del capitulo: El final (éste y el siguiente cap.) nació en plena noche, escuchando música… y como ultra fan de The Gathering, si quieren entender un poco cómo nació toda la historia, en qué me inspiré y qué me abrió las puertas al hundimiento interno XD, (además que está fue la banda sonora de toda mi masoquista adolescencia), tienen que escucharla, en especial estas dos canciones que son mencionadas más adelante.

¿Les ha pasado que escuchan una canción y se dan cuenta que resume todo lo que sienten y es exacta para un momento concreto de su vida?... eso es The Gathering para mi, (¡Y Anneke es un orgasmo auditivo!).

Así que les recomiendo que primero las escuchen y luego lean.

Advertencia: Este capitulo resultó ser muy… muy-muy cursi. ¡Gh!

In Motión #2, del disco Mandylion (1995):

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Confusion, del disco Nightime Birds (1997): Díganme si Draco no es un pájaro nocturno…

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***31***

La jaqueca lo estaba matando. Lo que había comenzado como un simple dolor de cabeza el día de ayer, ahora lo tenía postrado en cama en un estado de completa invalidez. Ni siquiera era capaz de levantarse, abrir los ojos o hacer un hechizo con plena seguridad. Ni siquiera podía arrastrarse por una poción o un analgésico muggle.

Una mierda de vida.

Se vuelve de costado sobre la cama y pestañea dificultosamente en la oscuridad casi total de la habitación. Al menos así no puede distinguir sombras sobre sus paredes o el cielo raso. Desliza los dedos entre sus cabellos, peinándolos y de paso acariciando su cabeza. Dándose cuenta de lo tenso que tiene el cuero cabelludo, lo masajea suavemente…

Se siente tan nauseoso e imposibilitado de hacer nada, que se hace evidente la necesidad de tener a sus amigos junto a él. Ya ha escuchado el crepitar de la chimenea bloqueada y supone que debe ser alguno de ellos intentando entrar o comunicarse… aunque la tonta esperanza de que sea Potter, lo hace sentir nervioso… y eso es malo para sus actuales ganas de vomitar.

Es 23 de diciembre y mañana es la cena de Navidad… y hace más de un mes que no ve a Harry.

Suspira y al momento se encoje entre las mantas, sintiendo una punzada de dolor atravesarle la cabeza.

Siente que se va a morir y no hay nadie a su lado para que cuide de él. Nadie que ponga un paño frío sobre su frente o le dé una maldita poción para el dolor. Nadie que le pregunte si se siente mejor… pero eso es algo que el propio Draco se lo ha buscado. Siente ganas de llorar, pero sabe que será peor para su cefalea. Aun así siente la conocida picazón en el borde de sus ojos, sus cejas arquearse en un gesto lastimero y el temblequear de sus labios…

***32***

La cena de Navidad.

Si debía ser sincero, había tenido muy bajas expectativas acerca del evento. Pensando que sería una odiosa pasarela para que todos sus conocidos lucieran a sus parejas y/o compañeros de velada… pasándole por delante de las narices a Draco lo enajenado y aislado que estaba. Pero en lugar de eso, lo estaba pasando realmente bien, únicamente con su pequeño grupo de amigos de Slytherin de su generación, sin parejas, ni molestos añadidos. Solo Pansy, Millicent, Blaise, Theo, Greg y Draco, en una austera y deliciosa cena casera, nacida de las prodigiosas manos de Gregory Goyle.

Habían estado conversando de todo, haciéndole el quite al tema referido a sus desapariciones y a su no-relación con Potter. Estaba realmente agradecido por eso.

Así fue como se enteró que el pequeño restaurante regentado y atendido por Goyle, "VinC" (de Vince Crabbe) estaba yendo viento en popa. De hecho ya había aumentado el número empleados a cuatro, todos Slytherins: Graham y su hermano menor Johann Pritchard servían mesas, mientras Millicent y un asombrosamente hábil Malcom Baddock le ayudaban en las cocinas.

También se había enterado que Theo ya estaba haciendo los preparativos para trasladar los rescatados negocios familiares hacia Austria, para cuando caducara su requisa de arraigo nacional. Además pensaba aplicar a la carrera de Administración en la Universidad Mágica de Viena.

Blaise, que ya iba en su cuarto año de Comercio Internacional, se había involucrado en un nuevo negocio de importación de madera desde Italia, para la confección de escobas de carrera. Pansy estaba preparando la nueva línea de túnicas de verano y prendas 'alternativas' –dígase ropa muggle- junto a las hermanitas Greengrass, haciéndoles una férrea competencia a la deslavada y retrograda Madame Malkin. Mientras Millicent y Greg pensaban inscribirse en un Instituto muggle para aprender cocina internacional.

Cuando llegó su turno, Draco solo pudo decir que había pasado todas sus asignaturas y ya cursaba su cuarto año, como Blaise. Como ellos ya sabían, de los negocios de los Malfoy en Inglaterra, ya no quedaba nada que rescatar y no tenía acceso ni a las cuentas o inversiones en el extranjero. Su trabajo de ayudantía académica a la profesora Danielle Hutchinson, era casi del tipo virtual y solo debía entregar sus informes de progreso en el área de contabilidad y realizar algunas horas de reforzamiento a los estudiantes de primero y segundo. No era un trabajo para hacerse rico, pero al menos podía pagar la mayoría de sus gastos y vivir entre muggles era mucho más económico. Cualquier cosa era preferible a la cesantía que le prometía, per sé, la Comunidad Mágica.

La entrega de regalos ha sido todo bromas y recuerdos de años mejores. Como es costumbre, el rubio ha sabido sacarles sonrisas y ojos de miradas brillantes a cada uno de sus amigos y eso era tan bueno como los obsequios materiales que le dieron. Obviamente no dirá que tiene un regalo sin-dueño-aparente guardado en la mesita de noche junto a su cama…

Entre los obsequios recibidos, Blaise y Theo le regalaron algunos libros de los mejores autores franceses sobre Comercio Mágico y Pactos de inversión con Duendes, Leprechaun y seres Feéricos. ¡Y con tapas de cuero!, eran una maravilla. Pansy le ha regalado un abrigo tres cuartos de verano, negro, recto, cuello alto, cruzado y de cierre mágico. Greg le regala una cena con su especial plato francés en "VinC". Y Millicent una pequeña canasta con una de las mejores botellas de Late Harvest francés, fino chocolate suizo y caviar iraquí de exportación. Era una pequeña fortuna en comida, pero al igual que Goyle, ella parecía tener sus contactos con famosos proveedores en el mundo muggle. ¿Quién lo diría?

Esa noche, todos se quedan a dormir en casa de Greg y Millicent. Ella comparte habitación con Pansy, mientras Greg extiende un colchón para Theo en su habitación y Draco comparte el sofá-cama de la sala, con Blaise. Como esas añoradas pijamadas en Malfoy Manor o en las mansiones de alguno de sus amigos. Cuando eran sólo unos niños sin preocupaciones y sin un perverso futuro al cual responder. En esas noches de risas inocentes y jugarretas despreocupadas, el rubio siempre acostumbraba dormir con Blaise, a veces con Theo.

-Te ves sospechosamente relajado,- dice su moreno amigo, acostado de lado junto a él, mirándolo desde arriba con la cabeza apoyada sobre su brazo flectado. -Cuántas copas de vino tomaste, Draco.-

-No sé, pero seguramente menos que tú…- responde con una sonrisa burlona.

-Tus habilidades humorísticas están cayendo en picada, así que no lo creo.-

-Eso es porque no entiendes el humor esloveno…-

-¿De qué hablas?- el moreno deja salir una risa, como una exhalación por la nariz.

-Tienes que ser de mi especie para comprender mi humor refinado e intelectual.- y le encajó un dedo en el pecho, para denotar su superioridad.

-Ya…- niega con la cabeza y toma con su mano desocupada, el dedo inquisidor del rubio. –No sé de dónde sacas esas cosas, pero me gusta verte así de animado, riendo, siendo sincero y diciendo cosas tontas, como antes.-

-¡Yo no digo cosas tontas!- vuelve a golpearle el pecho, con ambas manos juntas. –Ya te lo dije: son intelectuales. El problema es que tú no lo entiendes…- Draco aún de espaldas sobre el sofá-cama, mira hacia el techo del salón, viendo el claro-oscuro de la noble madera.

-Si, si, esloveno.- escucha y siente la mirada de su amigo directamente sobre él, por largo rato. Draco presiente que quiere hablarle sobre algo más serio. De todas formas, se lo esperaba. -¿Cómo has estado?-

-¿Sabes de qué me he estado acordando?- dice y siente a Blaise suspirar, seguramente piensa que va a ignorarlo.

-No, de qué.- el rubio lo mira unos instantes y le ve sonreír, luciendo esos dientes increíblemente blancos.

-De cuando éramos niños y nos quedábamos a dormir juntos. Cuando atormentábamos al pobre elfo de la abuela de Pansy, persiguiéndolo con una prenda o amenazándolo con esas ceras faciales de la señora Parkinson. O cuando nos fuimos a tu mansión en Italia y nos arrancamos de noche a la playa y a Vince casi se lo lleva el mar. Tú madre casi nos desuella vivos.- A esas alturas el moreno tenía una sonrisa amplia y a veces, se aguantaba alguna carcajada.

-Y el pobre Vince le tomó terror al mar de noche, incluso el ruido de las olas lo inquietaba.-

-Y la primera vez que estuvimos toda una noche sin dormir, nos sentíamos tan orgullosos de ello.- ríen suavemente, sin hacer mucho ruido y despertar a los demás en el departamento.

-Fue al regreso del primer año en Hogwarts, en casa de Theo.- Draco lo ve asentir con seguridad. –A las siete de la mañana ya no podíamos mantenernos en pie… y el desayuno fue una tortura. ¿Recuerdas que la madre de Theo nos obligaba a desayunar todos juntos con el señor Nott? Eran como las nueve y nosotros habíamos dormido como máximo una hora.-

-Dormimos todo el día y en la noche estábamos otra vez frescos como lechugas.- Blaise entrelaza sus manos aún juntas, enredando sus dedos de piel oscura, junto a los pálidos y delgados dedos del rubio.

-¿Recuerdas que el tío de Millicent se burlaba de nosotros?…- dice y levanta sus manos unidas en el aire, por sobre sus cabezas. Ambos las miran contra el fondo dorado de la madera del cielo raso. –Decía que tú eras un chocolate de leche y yo uno clásico.-

-Si, porque siempre andabas conmigo, éramos inseparables. Eras como mi hermano.- el rubio baja sus manos y apoya el dorso de la mano de Blaise sobre su pecho.

-¿Hermano?, ¿sueles cometer incesto con tus seudo-hermanos, Draco?- comenta con otra gran sonrisa.

-A eso se le llama investigación de campo, gracias.- responde burlón. –Tú sabes, se dice que se comienza con el primo y como yo no tengo, para eso estas tú, mi hermanito postizo.- esboza su mejor sonrisa ladina. –En todo caso me ayudó a darme cuenta que lo mío son las varitas.-

-Y yo, mis aptitudes multifacéticas…- escucha y Draco bufa. –Tú también eres mi hermano, Draco.- dice -… y mi varita favorita.-

-Idiota…- Lo golpea suavemente, como antes, con sus manos aún entrelazadas. Draco lo mira y se observan por largo rato, instantes que parecen eternos, pero llenos de la vieja confianza y fraternidad. –Estoy bien.- dice por fin, respondiendo a esa pregunta pretendidamente ignorada. -… o al menos lo intento, especialmente por las jaquecas. Han sido terribles.-

-Por qué no me has llamado…- frunce levemente el ceño.

-Porque a veces ni siquiera me he podido mover. Son tan fulminantes y dolorosas, que muchas veces he tenido que dejar que se pasen solas.-

-Draco…-

-Lo sé, debería dejar mi chimenea desbloqueada… pero no quiero que cualquiera entre…- dice, girándose de costado y enfrentando al moreno.

-¿Tiene algo que ver con cierto héroe de guerra?-

-Si…- responde escuetamente, al tiempo que siente cómo el pulgar de Blaise acaricia el dorso de su mano.

-¿Qué ha sucedido con eso?- inquiere.

-Que simplemente he hecho el total ridículo.- responde y antes que su amigo continúe con su interrogatorio, lo corta. –No sigamos hablando de eso, por favor.-

-Entiendo…- Draco tiene el escalofriante presentimiento que Blaise realmente entiende, que sabe a qué se refiere, que sabe lo que implica. Que sabe que el rubio está hablando de su una vez más, malogrado corazón. –Sólo quiero que sepas,- dice y mueve sus manos cálidas, acogedoras de contacto, hacia el rostro del rubio. Desliza su moreno pulgar por la aguda y suave barbilla de su amigo, acaricia la curva hacia su mandíbula, sube por su mejilla y toca apenas la comisura de sus labios. –que ante todo eres mi hermano Draco, y haría cualquier cosa porque ya no sientas dolor.- Draco sonríe suave y honestamente, mirando directo hacia esos preciosos ojos de obsidiana. Esperando que Blaise pudiese leer el sentimiento de absoluto agradecimiento, de entrega, de cuánto lo ha extrañado todo este tiempo. Cuánto lamentaba ahora, haber dejado a sus amigos fuera de su vida.

-Gracias.- dice y aprieta un poco más sus manos.

-También significa,- continúa, levantando las cejas con aire conocedor -que si hay que patearle el culo al idiota pelmazo del Héroe del Mundo Mágico… todos en esta casa están más que dispuestos a hacerlo, comenzando por mí.-

-Bien…- ríe tenuemente, encantado con los brillos traviesos en los ojos de Blaise. –Les avisaré cuando lo necesite.-

-Excelente.- se miran con la risa pintada en sus rostros, pícaros, traviesos, conspirativos como los niños de antes. Seguramente era la chispa vivaz del vino, aún corriendo por sus venas y agradece el calor reconfortante, cariñoso y embriagante, que le devuelve el afecto por sus amigos. Su única familia. Draco suelta su mano entrelazada y toma el rostro de Blaise entre ellas. Presiona un casto beso sobre sus labios.

-De verdad te lo agradezco.-

-¿Entonces, no más chimeneas bloqueadas para mí?- eleva una ceja inquisitivo, pero aún sonriendo.

-Ehmm… ¿quizás?-

-Serás… venga ya, vamos a dormir…- le espeta con negro humor, chicoteándole un dedo en la frente. Draco se queja entre risas, sobándose la zona levemente rosada. Prefería mil veces esta distendida discusión, sin duras y terribles verdades, sin potestades auto-impuestas o recriminaciones. Por eso prefería el honesto sarcasmo o el misterio de las frases solapadas.

-Sin sorpresas de noche, ¿eh?- le soltó el rubio, pletórico y morboso, cuando se hubieron acomodado de cucharita sobre el sofá-cama. Era parte de sus costumbres de infancia y no había nada oscuro o sexual en ello, sólo las ganas de molestar y evidenciar el brío rebelde de la madurez. Escuchó la risa nasal, tras su nuca.

-Te quiero pequeño demonio… joder, que te quiero.-

-Yo también.-

***33***

Saca por vigésima vez el vial del bolsillo de su abrigo y por vigésima vez lo mira. Amarillo intenso, como orina de viejo. Lo agita sin interés entre sus dedos, desencantado, deplorable, sintiéndose un poco quebrado… como si la maldita poción lo confrontara continuamente. Gaudium, le había dicho Pansy mientras le entregaba la pequeña ampolla. Algunos le llaman poción para el ánimo, otros para el buen humor, otros para la alegría… o sea, un maldito antidepresivo. ¿Su jodida vida se resumía a una poción contra la depresión?, ¿todo se arreglaría con solo tomarse un sorbo de poción con apariencia a meado?

Se muerde el labio, inquieto y como quien no quiere la cosa, deja que sus manos suelten el vial dentro del basurero de la calle. Como lo ha hecho con las seis ampollas anteriores. El sonido del vidrio romper contra el fondo del tacho, le dan la seguridad para seguir caminando. Draco no sentirá culpa, ni la tentación de rescatar la poción, ni tampoco será peligroso para algún muggle que escarbe en él.

Se acomoda la bufanda negra y continua su recorrido por Old Kent Road.

Draco sabe que sus amigos están gastando dinero por él, además de su valioso tiempo, ¡pero no quiere pociones! No quiere tener que hacerle caso a Pansy y ver a un psicomago. ¿A quién, de todas formas? Algún maldito idiota que se aprovechará de divulgar a los cuatro vientos todas sus miserias, sus vivencias bajo el yugo del Señor Tenebroso, lo asqueado que se siente de su vida, lo patético que se siente enamorado de El Elegido, ¿tal vez? No, muchas gracias.

El desgraciado simplemente le dirá que debe superarlo, que debe aceptar su pasado y tal vez, sólo tal vez, deje de soñar con el rostro muerto de su padre, con el pequeño Callahan desangrado, muerto con su pierna escindida… o el trozo sanguinolento del cráneo de Amelia Bones. Le dirá que sólo necesita tiempo y luego lo llenará de pociones: para dormir, para despertar, para no soñar, para el ánimo, para tranquilizarlo, para que se relaje, para que no tenga jaquecas, etc., etc. No. Definitivamente no.

Prefiere seguir viviendo jodido, pero consciente…

-Aunque no suena para nada alentador…-

***34***

31 de Diciembre y se siente tan… mal.

Siente que todo está tan mal. La noche anterior casi le ha explotado la cabeza, pero se ha negado a conectar su chimenea. Necesita a Blaise, a sus amigos, ¡por Merlín! que necesita a alguien… pero simplemente no puede. No puede componerse, no puede compartir todo eso que bulle en su mente, ni siquiera sabe qué hacer consigo mismo… Y siente que ha pasado una eternidad desde la última vez que ha visto a Potter.

Tiene la cabeza resentida por el dolor de la noche anterior, apenas se ha tomado una medida de poción para la migraña y lo único que ha surtido efecto como agradable calmante para su cuerpo, ha sido el aire helado del exterior. Draco siente que está un poco afiebrado, pero se niega a tomar algo más… después de todo, una tonta gripe es parte de la fragilidad humana.

Camina por lo que le parecen horas, avanza por Piccadilly y cruza Green Park y Saint James Park y simplemente sigue andando…

Ha comenzado a nevar de nuevo. Siente los copos de hielo derretirse sobre su abrigo y el rubio sabe, que sin el encantamiento adecuado terminará empapado. Pero está en medio de una calle muggle, abarrotada de gente festiva, haciendo sus últimas compras del año que se va. La champaña para el toque de media noche, el postre que se han olvidado, las serpentinas y el confeti. Aquellos que corren hacia el restaurante donde tienen reservada una cena exquisita y los que pasarán el cambio de año en algún pub exclusivo.

Sabe que probablemente nadie se daría cuenta, pero no hace el encantamiento. Aunque bajo el abrigo solo lleve una camisa…

Y por horas, siente el blanco perla, de fondo en su mente. El inquietante silencio ensimismado, a pesar de la calle abarrotada de gente. Siente el tiempo, lento como los copos que caen y se adhieren en su ropa. Siente tranquilidad en el olvido de la existencia, de las responsabilidades, de los lazos afectivos que alguna vez sintió. Siente nostalgia en esa necesidad de perder consciencia, de dejar al mundo fuera… pero al menos así, ausente de sí mismo, siente algo de calma. Un poco de tristeza y melancolía, pero calma al fin.

El sonido de una canción lo detiene frente a la vidriera ahumada de un pub. Es una canción de una banda muggle, obviamente, pero que el rubio conoce desde hace tiempo. Es un ritmo lento pero poderoso, donde los instrumentos le emprimen cierta fuerza al ritmo, una triste y desalentadora cadencia… que iba tan bien con la lastimosa letra. Algo así como Doom…

En segundos, pierde toda esa anhelante calma, esa necesitada tranquilidad. ¡Gracias azar!, ¡gracias jodido mundo y su férrea ironía!

La consciencia del mensaje lo hace temblar y le escuecen los ojos. Siente las palabras tan certeras como si le hubiesen escarbado el alma, como si lo hubiesen abierto en canal y expusieran todo su interior… el peso de su propia vida, arrastrándose lejos. Presionándolo contra el congelado asfalto bajo sus pies. Mira la superficie lisa de la vidriera y casi como un espejo, se ve reflejado en él. Un nudo se aprieta en su garganta, es tan irrisorio y deplorable. Expuesto irremediablemente por el vidrio de un pub y una canción muggle…

"Falsos ojos están mirando, sin respeto y desleales, el peso que nos esta llevando, es demasiado para mi y para ti…"

… Después de un rato se da cuenta que puede ver el brillo aguado de sus ojos, devolviéndole la mirada. El brillo de los botones de su abrigo marengo. El brillo débil, casi inexistente de los copos de nieve. El reflejo de los automóviles, de los postes de luz en la acera…

"Me estoy evaporando, un velo de humo es lo que soy…"

Oh, joder como extraña que alguien lo abrace. Alguien como su madre, como su padre, como Severus, alguien como Harry. ¡Como extraña a Harry! Y Draco se siente cada vez más diseminado, más disperso bajo ese desdichado manto blanco en su mente. Se estaba evaporando, estaba dejando la corporeidad concreta de su ser y se estaba transformando en nada. Sólo, alejado de todos, dividido entre lo que quisiera ser y el amasijo de desgracias que realmente es. Entre lo que deja ver y lo que esconde. Entre lo que siente en su interior y lo que demuestra en realidad. Entre una verdad endeble y una poderosa mentira. Entre el necesitado blanco del olvido y el desesperado negro de la culpa…

Siente frío, como una helada lengua acariciando sus entrañas, atragantándole. Y sus ojos siguen húmedos, al borde de soltar las lágrimas que queman sus ojos. Draco sabe que si parpadea caerán por sus mejillas… la cosa es, si está preparado para eso, si está tan quebrado, tan hundido como para soltarse a lloriqueos por una maldita canción…

Está mirando el brillo del segundo botón de su abrigo, cuando ve por el rabillo del ojo que alguien se detiene a su lado. Es un cuerpo grande parado de perfil al vidrio, mirándole a él. La eminencia de su magia, corrobora su identidad.

-¿Qué haces aquí?- dice y no puede evitar apretar la mandíbula. Tratando de contenerse.

-Te estaba buscando.- ¿En el medio de la nada? Ni siquiera Draco sabía dónde mierda estaba.

-¿Qué quieres?- pregunta, manteniendo un tono impasible. Sin dejar ver nada.

-Hablar contigo.- Draco lo ve a través del vidrio ahumado, avanzar un paso hacia él. –Ese día no me dejaste hablar y simplemente te desapareciste.- El rubio no dice nada. Es verdad y así como aquella vez, ahora quiere evitarse cualquier humillación. –Ese día… esas últimas veces, dijiste cosas que no había entendido. Ahora sí.- Su voz sonaba un poco insegura. –Hay cosas que me gustaría aclarar… que habláramos…- se corrige.

Draco escucha como la guitarra de "Confusion" va muriendo lentamente. Los nuevos acordes de una muy conocida canción, lo hacen temblar de pies a cabeza… ¡Oh, el-muy-jodido-de-Merlín! Como una sardónica tortura que le refriega la verdad en su rostro. Caustica. Un mal intencionado sarcasmo quemando dentro de su cabeza. ¡Una y mil veces la jodida sátira de su vida!

-¿Podríamos conversar?-

-Escucha…- respira con fuerza e indica hacia el pub. -¿Conoces esa canción?- le pregunta y por los gestos que hace, el rubio supone que no.

-Uhmm… no, es… es muggle.- Draco hace una sonrisa sin humor. Claro que es muggle.

-Si…- se muerde el labio y se sofoca un poco, bajo la presión en su pecho. ¿Tendrá la suerte y los cojones de decir todo y escapar después? –Cuando la escucho…- no quiere mirarlo, ni siquiera a través del vidrio. Desvía sus ojos hacia el reflejo del brillo mortecino de la nieve en la acera. -… me recuerda a ti.-

-¿Si?- Harry parece incierto, el rubio supone que por incitar una melodía que no es alegre, ni romántica. -¿Por qué?- pregunta, mientras ambos escuchan como la introducción va dejando paso a la primera estrofa.

-"Te veo alejar…"- dice a coro con la voz original, pero sin cantarla. Simplemente haciéndolo evidente. –"Aunque mis ojos están cerrados con vacío… y de nuevo la lluvia cae junto conmigo".- Vuelve a sonreír sin humor cuando llega al coro. Sintiendo que está haciendo el ridículo de nuevo. Cantándole una deprimente canción, llena de tormento y carencias. –"Esta sangre en mi cuerpo corre para ti… bebe- sintió su voz quebrarse -mis lagrimas mientras lloro".-

-Draco.- Lo escucha contrito y lo siente acercarse un paso. Draco casi puede palpar su incertidumbre.

-"Mi corazón y mi mente imploran por ti, bebe mis lágrimas mientras lloro… Es triste ver como la lluvia cae".-

-Merlín…- Finalmente le pasa uno de sus brazos por los hombros. Como aquella vez anterior, el rubio siente su hombro derecho apretarse contra el pecho de Harry. –Estás helado.- dice, pero él no contesta.

Se hace un silencio extenso mientras escuchan la amplia transición de cuerdas.

-Draco, mírame…-

-"Hazme llorar en vano… deja una lágrima…"- continúa.

-Tranquilo…- le dice suavemente, cerca del oído. La nieve sigue cayendo sobre ellos.

-"Toca mi cara con tu suspiro…"- Draco musita aún la canción. Voltea ligeramente el rostro, sintiendo el aliento de Harry rozar su piel. –"Déjame en contra corriente, un centenar de mundos me verán pasar…"- suspira –"Cayendo lloro y grito tú nombre… y otra vez la lluvia cae junto conmigo".-

-Te quedarás conmigo…- Le susurra apretadamente contra el oído. Siente su frente apoyada contra lo alto de su cabeza.

-"Mi dolor es tuyo como yo lo soy… bebe mis lágrimas mientras lloro…"-

-Si…- Draco se estremece cuando lo siente besarle la sien y estrecharlo contra su cuerpo. Un cálido halo de magia rodeándolos. –Vámonos de aquí.-

Draco no sabe cuánto han demorado, ni en dónde se han ocultado para desaparecer desde el mundo muggle. Sólo sabe que está lo suficientemente cansado física, mental y emocionalmente, como para dejarse arrastrar por cualquiera a dónde sea. Blaise no estaría muy orgulloso de eso. Verse aparecer en un living desconocido, lo turba aún más.

-Ven siéntate.- Harry lo conduce hacia un cómodo sofá de cuero marrón. –¿Quieres una taza de té?- el rubio niega –¿Quizás algo para cambiarte?, estás empapado…- vuelve a negar –¿algo?, ¿cualquier cosa?…- niega otra vez.

-¿Donde estamos?…- murmura, mirando a su alrededor. De alguna forma presiente donde está… pero le parece ligeramente diferente a las otras veces. La impersonalidad y la arbitrariedad, de la habitación y la cocina-comedor, no se asemeja a ese cierto tono de hospitalidad y pertenencia del living donde se encontraban.

-En la cabaña.- dice y con un pase de varita enciende la chimenea.

-¿Me has traído a tu picadero?- se hace hacia atrás en el asiento, haciendo espacio entre ellos. Mira a Potter unos segundos. Están en su picadero. Ellos van allí sólo a follar… Entonces se ríe de su propia estupidez. Exaltado. Molesto. Tiene lágrimas en sus ojos y Potter lo lleva al jodido hueco donde se va a follar a sus ligues. –Suéltame, Potter quiero irme…- espeta, Potter le ha tomado el brazo en cuanto lo ve alejarse.

-Cálmate Draco, por favor.- aún sujetándole de un brazo, hace un pase de varita y Draco escucha movimiento en algún lugar de la casa.

-Maldición… suéltame ya…- jadea, destrozado. Otras ideas y recuerdos igual de sombríos comienzan a rondar su mente, listos para saltar sobre su cordura. Se siente tan ridículo, tan avergonzado.

-¿Por qué crees que éste es mi picadero?- esta vez le toma fuertemente de ambos brazos y el rubio sabe que busca su mirada, pero no quiere enfrentarlo.

-Potter…- escucha su voz de advertencia, destilando mortalmente su molestia.

-Vamos, dime, ¿por qué crees que es mi picadero?- Aprieta los ojos, no quiere mirarlo. –Draco…- Siente sus manos fuertes, mantenerlo sujeto, sin escapatoria, acorralado. –Dime, ¿por qué crees…?- Argh.

-¡Ya!- Jala sus brazos con fuerza, por qué todo el mundo lo presionaba, maldita sea. -Por qué me traerías a mí entonces, ¿ah? Es obvio, después de todo. Pasamos del cuartucho de hotel que de seguro está perpetuamente a tu nombre, Potter… al maldito hueco donde te vienes a follar a todos tus ligues… tus cualquieras, como yo. ¿De qué otra forma se puede mantener un sucio secreto de este tipo?… uno tan sucio como yo…-

-¡¿Qué?- escucha como en un atragantamiento y ve como las cejas de Potter se pierden bajo el flequillo de su cabello. -¿Cómo puedes pensar…? Oh Dios, es verdad. Cuando yo voy tú ya vienes de regreso…- Draco frunce fuertemente las cejas. ¿Qué mierda significaba eso?

-Sabes qué, no importa.- escupe, jalando sus brazos más fuerte aún. ¿Por qué mierda no le soltaba de una jodida vez? Prefiere la nieve y escuchar una puta canción depresiva afuera de un pub. -Lo entiendo. Dónde me habrías llevado, si no, ¿a tú perfecto departamento de Héroe… a tú?-

-¡Draco!- Lo remece de una sacudida, antes de deslizar sus manos y tomar su rostro. –Escúchame: no es mi picadero.-

-¿Es de alguien más, entonces?- lo corta y no puede evitar suspirar, como si se hubiese estado ahogando hasta ahora.

Harry suspira también, pero de manera profunda y lenta. Sus brillantes y vivos ojos verdes lo miran, como si inspeccionaran su rostro, desde su frente y su cabello, hasta el borde de su barbilla. Su mirada frondosa y salvaje, sus ojos bastos y profundos, su brillo como bramido ardiente y anhelante. Draco no sabe qué sentir sobre eso. Es una mirada tan conocida y nueva a la vez.

Tan pronto como llega ese acceso de ira, se ha ido y de pronto se siente agotado, como si se hubiese desinflado de nuevo… Drenada toda su energía, bajo ese recelo desesperado de que Harry le mintiera, le despreciara y lo dejara…

El no quiere ser un cualquiera y le desespera la idea de que, haberse dejado llevar por el moreno, fuese una mala decisión. Está conscientemente cansado, los parpados le pesan y sabe que si no ha pescado un resfrío ya, éste es el momento.

-Dame tu abrigo…- escucha y simplemente se deja hacer. Pronto se encuentra con una manta sobre sus hombros, vestido sólo con su delgada camisa color perla, tratando de reconfortarle del frío que le cala los huesos. El fuego de la chimenea comienza a calentar el ambiente. –Ésta realmente no es una cabaña, de hecho es mi casa fuera del mundo mágico, no mi picadero… ni siquiera he traído a mucha gente a este lugar.- Harry le fricciona la espalda para darle calor y Draco se estremece, los vellos de todo su cuerpo se erizan. –Sólo Ron y Hermione, que me ayudaron a reconstruir esta casa, la casa de mis padres en el Valle de Godric… y ahora estas tú.- Draco no dice nada y Harry tampoco.

Mantienen un silencio extenso, solo interrumpido por el crepitar del fuego. El rubio mantiene los ojos cerrados, sólo cerrados, pensando en una única idea. ¿Por qué yo?

-Toma, bebe esto…- escucha susurrar un tiempo después y no puede evitar sentirse aletargado. Quizás confundido. –Es una infusión con poción para el resfriado.- Ni siquiera corrobora que sea verdad y simplemente se lo bebe.

-¿Por qué…?- logra preguntar luego de un rato, aún sosteniendo la taza medio vacía. Que sospecha ha sido el resultado del sonoro trajín mágico, fuera de la estancia.

-¿Por qué que?- murmura con algo que el rubio puede identificar como nerviosismo. Draco sólo lo mira, ambos saben a qué se refiere. Harry vuelve a suspirar. Luego inhala y simplemente murmura: –Porque me gustas… mucho realmente.-

-¿Qué?- Draco lo mira asombrado, sabe que sus ojos están increíblemente abiertos, pero no lo puede creer. -¿Pero tú dijiste…?-

-Sí, si. Sé lo que dije esa vez y lo siento por eso. Soy bastante literal y a veces no me doy cuenta que una palabra puede ser malinterpretada… o tener otro sentido, no sé. Yo… no me di cuenta de lo que dije aquella vez. Estaba nervioso y solo quería convencerte, dije muchas cosas y… no todo estuvo muy bien. Ahora lo sé, lo entiendo y sé que fui un real idiota…- se pasó una de sus enormes manos por la cabeza, despeinándose aún más el cabello. –pero se suponía que estabas en 'algo' con Boot… y tú no te relacionabas con tus ligues o los idiotas que tenías para el sexo casual.-

-¿Se suponía…?-

-Era lo que todo el mundo estaba diciendo…- respondió y Draco casi lo escuchaba un poco a la defensiva. -Y tú realmente me gustabas mucho… desde que te vi durante la fiesta de recepción de primer año, en la Universidad. Tan compuesto y tan despreocupado… cómo si nada te hubiese pasado, sin temer a nadie y a nada, a pesar de todo… Llevaba pensando en ti un montón de tiempo… ¡más de dos años! Todos me decían que era algo así como un capricho y pensé que follando contigo sólo una vez estaría bien… pero…- se jala el cabello y le mira de esa forma ansiosa, boscosa y salvaje. –Después de ese fin de semana, no pude dejar de pensar en ti, a cada momento, ¡a cada jodido momento!… en tu voz, en tu olor, en tu piel, en tu cabello… simplemente no podía. Es asquerosamente patético, pero me iba a la habitación y aspiraba la funda de la almohada y lo único que quería era estar contigo de nuevo… con tus palabras incomprensibles, con tus sarcasmos, tus órdenes… porque no me veías como El Héroe, sino como Harry y me mirabas como a cualquier otra persona.- Draco sentía el estómago apretado y realmente no sabía qué decir. -Me encantabas y cada vez quería más de ti… pero estaba el idiota de Boot y sabía que follabas con él, que… tenían una relación… y- aprieta la mandíbula. –y por Merlín que estaba jodido, celoso hasta el cuello…-

-¿Celoso…?-

-Esa vez que me puse como un animal…- casi lo sintió escupir -teniéndome que aguantar las marcas y chupones de ese maldito idiota.- Al mirarlo, el rubio piensa que el recuerdo de esa noche verdaderamente le molestaba. –Si utilizabas ese maldito hechizo, ¡por qué llegaste así! Cuando te vi…- hizo un gesto con las manos, como si fuese a estrangular un pollo… o algún pobre incauto.

-Pensé que yo no te interesaba…-

-Claro que si, desde el principio… En algún momento pensé que era obvio para ti y que te desaparecías porque no me querías cerca, porque eras tú quien no quería nada conmigo.- Suspiró y dejándose caer contra el respaldo del sofá, lo miró de esa forma que Draco aún no podía leer con claridad. Pero que lo hacía vibrar completamente. –Esa vez me di cuenta de lo lejos que estabas de mi. Sólo te veía una noche a la semana… después, cuando comenzaste a desaparecer, fue una noche al mes… y tenías a ese jodido zoquete. Y yo, realmente no sabía casi nada de ti… lo único que podía hacer era buscarte por la Universidad.- Draco se sintió jadear.

-¿Me buscabas por la Universidad?- Repetía palabras como un idiota, pero todas aquellas veces que lo vio, Harry lo había buscado a él. ¡A él!

-Hermione me ayudaba algunas veces.- el rubio trago un nudo e inexplicablemente, sus ojos comenzaron a escocer. Harry lo había buscado a él, cuando el propio Draco había creído que no le interesaba. Que no le interesaba a nadie. –Algunos de mis amigos se dieron cuenta… supongo que era obvio, era cosa de verme a la cara.- rió y se rascó la nuca. –No voy a darte la lista de mis penosos síntomas. Ron simplemente me dijo que le encontrara solución al asunto antes de que me escindiera en la próxima misión y Hermione me ayudó en la Universidad, mostrándome cuales eran los pabellones de Administración, los Institutos de tus profesores, la biblioteca, la cafetería… incluso dónde estabas haciendo tus ayudantías.- Sintió como el nudo le impedía tragar. Mordió su labio inferior, anteponiéndose al posible temblor. ¡Harry…! Pero aún así, el seguía siendo un Malfoy.

-Pero yo… el Callejón Diagon…- se hundió un poco en sí mismo, reconociendo y haciendo evidente su pasado culposo, la merecida persecución que vivía frecuentemente. El lastre de sus malas decisiones durante la guerra.

-Qué pasa con eso…-

-Todo el mundo mágico me aborrece…- siente vergüenza y prefiere enfocar su mirada en el fuego crepitante de la chimenea. -… y tú eres un auror, eres…-

-Eso no debe importar…-

-¿No?- exhaló una risa irónica por la nariz. Escuchó a Harry llamarle, pero no le dejo continuar. -¿Debo recibir las maldiciones y los insultos con calma, o solo debo pretender ignorarlos?…-

-No… no… es sólo que…-

-… que tengo la marca oscura, Harry, que soy un mortifago, que soy un Malfoy, que soy el sobrino de Bellatrix… que deje entrar a la horda de Voldemort a Hogwarts… que por mi culpa murió mucha, mucha gente…- dice, reconociendo cada uno de sus pecados. No son excusas, son verdades que Potter debía ver. ¿Alguien debía gustar de él, cuando tenía todo ese peso sobre sus hombros?, ¿seguiría gustándole tanto cuando fuese insultado la próxima vez, en cualquier lugar público, por sus amigos y fanáticos?

-Draco…-

-¡Lo odio!…- exhala y odia cómo se escucha su voz lastimera. No quiere sonar como una niñita miedosa. -y me mata, me corroe, pero es verdad…-

-Claro que no. Solo eras un chico asustado, tú sabes que estuve ahí esa noche en la Torre de Astronomía… lo sabes, yo testifiqué por ti ante el Wizengamot. Tú no hiciste nada malo, Draco… sólo querías proteger a tú familia. Estabas siendo presionado y trataste de hacer lo mejor.-

-No lo entiendes, Harry…- Ya no sentía el frío de la nieve, ahora sentía otro tipo de hielo. Y la piedra que parecía atorada en su garganta, era una constante. –No importa lo que haya dicho el Wizangamot o que yo esté libre…- musitó, con la voz floja, un poco ahogada. -porque esa es la verdad y está aquí…- indicó sobre su pecho. Culpable. -Y lo peor de todo, es que a pesar de todo lo que tuve que hacer…- su voz se estranguló y su respiración se hizo desacompasada. –de toda la gente que murió por mi culpa… no valió la pena. Luché y me jodí en el infierno por ese enfermo demente y aún así… mis padres… mi papá y… mi mamá…-

-Dios, Draco…-

-… ellos están… muertos…- Se sintió encoger como un gusano, miserable y asqueroso, con la cabeza hundida entre las manos y sobre sus piernas. Tratando de desaparecer. –No puedo olvidarlo… no puedo…- gime y sin saber cómo se soltó en un llanto inaguantable. Un llanto profundo y por tanto tiempo guardado. Hace cinco años había cambiado su vida por la de sus padres, pero no había podido retener ninguna de las tres. –Cinco años extrañándolos… y sin poder…- jadea y hay una visión aterradora, horrenda detrás de sus parpados cerrados. –olvidar el rostro de mi padre. Grabada en mi cabeza.- respira con fuerza. Siente los brazos de Harry rodearlo y apretarlo contra él. -¡No puedo evitarlo!-

-Lo siento…- escucha suavemente, sus labios moviéndose contra su cabello mientras le susurra. Sus brazos como una protección de sus espeluznantes pensamientos. Las manos, esas grandes y masculinas manos, acarician su espalda acogedoramente. –Yo, la verdad… no tengo palabras para decirte cuánto lo lamento. Sólo sé que, de alguna forma, lo entiendo.- Con su pecho apretado, empuñó el sweter de Harry en sus manos. –Perdí a Sirius y a Remus, que eran los más cercanos a mi padre…- Draco niega, su frente apoyada en el cuello, bajo la mandíbula del moreno. Mientras lo escucha hablar de toda esa familia maravillosa que había caído con los más altos honores, en batalla. –No debes evitar pensar en ellos, debes recordarlos con cariño.-

-No, Harry… el último recuerdo de mi padre son sus ojos vacíos y su boca llena de tierra…- murmura, recreando la imagen en su mente. Tan nítido. –Su cuerpo azulado, debajo de un montón de cadáveres amoratados, hinchados… caras con ojos vaciados. Gente que yo conocía, amontonada…- Sintió cómo Harry pasaba saliva. –Tuve que ir a recogerlo a la fosa común de Azkaban. Cada vez que trato de recordar los veranos en la campiña, cuando él era un buen padre y no un títere sin corazón… siempre, siempre término recordándolo debajo del cuerpo de un carroñero, que una vez vi en mi casa…- Ya no solloza con la desesperación inicial, ahora sólo deja que sus lagrimas se deslicen sin cesar, por sus mejillas. Debía verse como un completo desastre, pero por alguna extraña razón ahora comenzaba a sentirse calmado. -Casi no puedo recordar a Lucius vistiendo sus lujosas túnicas o caminando airadamente con la funda de su varita en las manos. Sólo veo un cuerpo inerte, laxo, pesado y frío, con el rostro congelado, inexpresivo… muerto. Una cosa, un cascarón sin vida. Muerto para siempre… su alma perdida, sin descanso en ese agujero pestilente.-

Draco siente que una de las manos de Harry deja su espalda. Sin saber qué sucede con el moreno, se aleja un poco de él y levanta el rostro. Harry tiene la mano sobre su boca, su rostro contraído en un verdadero, honesto, gesto de angustia. Le comprendía y estaba sufriendo con él y por él. El rubio siente algo apretarse en su pecho, pero ésta vez es algo ligero y tibio.

-Harry…- deja salir en un suspiro y ambos se abrazan estrechamente. Por extraño que parezca, el rubio siente que debe consolar, antes que ser consolado.

-Dios mío, Dios mío.- escucha. Siente como todo el cuerpo del moreno tira de él, más y más cerca. –Dios, lo siento, lo siento tanto…- su voz suena acongojada.

-Tranquilo.- hunde sus dedos en el cabello negro y acaricia la nuca, esperando que sea reconfortante.

-¿Se lo has dicho a tus amigos?-

-Sólo algunas cosas…- reconoce, –a Blaise y a Theo. Ellos me esperaban en el Ministerio, cuando por fin pude traer a mi padre.- Suspira. –Pero no fui capaz de contarles cómo fue, a quiénes vi y en qué condiciones… todas esas caras conocidas. Hombres y mujeres que habían pisado la mansión, chicos con los que jugué cuando era pequeño. El padre de Vince estaba ahí, el señor Crabbe… él me regaló mi primera escoba de juguete. El tío Walden McNair me enseño a hacer el Lumos cuando tenía siete. El señor Monaghan y su hijo Eliah… éramos amigos cuando niños, pero él fue a Durmstrag.- Ambos estaban simplemente apoyados contra el otro, hablando, escuchando. –También vi Rodolphus Lastrange y a tía Bellatrix, vi a Fenrir Greyback y muchos de esos carroñeros. Vi a la señora Renan y a una prima de Millicent Bulstrode, Areliana.- apenas niega, con un pequeño gesto de cabeza. -No podía decirles…-

-Lo entiendo.-

-Ellos tienen suerte de poder ir a visitar a sus padres en Azkaban.- Ya era lo suficientemente difícil para sus amigos, estando solos los seis apoyándose los unos a los otros, pasando ese descomunal bache de la vida. –Yo… sólo tengo un pañuelo de encaje y una pluma rota…-

-¿Has estado con esto guardado todo este tiempo?…-

-Es solo un poco más de lo que ya había vivido en Malfoy Manor.- abre los ojos y mira la pared detrás de Harry, no quiere recordar la imagen que seguro se desatará al momento de recordarla a ella. –Amelia Bones…-

-Tú… tú-viste…- lo siente tragar duro y Draco sólo asiente. La voz vacilante de Harry lo hace acongojarse nuevamente.

-Los… restos… eran trozos de hueso… carne ensangrentada y… cabello enmarañado…- titubea. –Lleno de gusanos-

-No, Draco, por favor ya no sigas… no sigas.- Harry lo detiene y le besa toda la frente, como si con eso pudiese impedirle seguir pensando y recordando. Lo arropa estrechamente en la manta y vuelve a abrazarlo con fuerza, cubriéndolo con su cuerpo y calentando cada rincón posible. Tocándolo, acariciándolo, haciéndose presente para él. –Ya no pienses en eso, por favor. Dios… No sé cómo has podido estar todo este tiempo sólo, viviendo con esos pensamientos…- Su voz es contenida. –Pero ahora yo estoy contigo, Draco, yo estoy contigo y no dejare que tengas esos recuerdos nunca más…-

-¿Me… me quieres, a pesar de todo?…- No puede evitar alejarse y mirar al moreno a los ojos, con una sensación de incertidumbre y desconfianza.

-¿Por qué crees que no lo haría?- Se miran. Sin el calor del moreno, Draco vuelve a sentir frío y se arrebuja contra la manta.

-Porque soy un cobarde. Porque siento miedo de cerrar los ojos en las noches…-

-Yo también tengo pesadillas sobre la guerra, pesadillas donde veo a través de los ojos de Voldemort…- con una de sus morenas manos, toma una de las esquinas de la manta y juega con el dobladillo. –Mi mente…- suspira, exhalando el aire con fuerza. –Mi mente estaba conectada con la de Voldemort, muchas veces veía lo que hacía, lo que sentía o lo que pensaba.- dice con voz decidida. –Una vez incluso, vi a través de los ojos de su serpiente…-

-Esa es una de las grandes diferencias que hay entre los dos.-

-¿Cuál?-

-Tú te enfrentas a la realidad con valentía, eres valiente Harry, siempre lo has sido. En cambio yo me escondo y trato de evadirme.- Draco lo mira y por el gesto en su rostro, por lo brillante de esa mirada, está casi seguro de que Harry sabe a qué se refiere: sexo. Con Harry, con Terry, con chicos de disco.

-Yo estaré ahí para ti…- espeta seguro, con decisión, tomando el rostro del rubio para remarcar sus palabras.

-¿Estarás?- su cuerpo tiembla. Se ha sentido increíblemente vulnerable toda la noche y manifestarse explícitamente sobre ese tema, lo desequilibra.

-Si, siempre…-

-Esa noche que te propuse quedarme aquí, se cumplían cinco años de la muerte de mis padres…- comienza.

-Si… lo sabía…- murmura inesperadamente y toda idea en la mente del rubio, se corta.

-¡¿Lo sabías?- suelta, se aleja un poco más del moreno. –Sabías que yo estaba destrozado y aún así…- jadea.

-Traté de darte lo que necesitabas…- responde.

-Follar conmigo. Así de paso te sacabas las ganas… joder. ¡Joder!- Tiembla y se encoge en su lugar en el sofá, endeble, gastado y aturdido.

-Draco…-

-No sabes cuánto necesité de ti esa noche…- esquiva la mano que trata de tocarlo. Va a decirlo, va a desahogarse de todo ese mal trago. –No quería regresar a mi departamento, tenía miedo y estaba destrozado, ¡esa noche no podía regresar y enfrentarme sólo a todos esos fantasmas! Quería quedarme aquí, contigo… ¡Yo te necesitaba!-

-¡No lo sabía!… sabía que estabas mal por lo de tus padres, pero cuando me propusiste quedarte aquí…- El moreno se deslizó en el sofá, un poco más cerca de él. –No parecía lo correcto. Supuse que querías dejar de pensar en tus padres… y en todo lo que te estaba pasando y tomé tus palabras literalmente, por eso… tener sexo, sólo por que sí, no me parecía bien.-

-¿Y cuando me desperté en tú cama?,- exclama -no habían pasado ni quince minutos y ya te habías levantado… ¡me habías dejado sólo!, con mis pesadillas, con Lucius…-

-No lo sabía, Draco… ¡no lo sabía!… en serio…- contesta. –¡Me gustabas, estaba enamorado de ti y no sabía como ayudarte en un momento así! Tuve que llamar a Hermione y decirle qué estaba sucediendo, que estabas conmigo y yo no sabía qué hacer…- Harry finalmente toma una de sus manos y la acaricia suave, cariñosa, apreciativamente. –Mi cabeza era un caos y sólo me levanté a eso, de verdad… y no sabía qué pasaba por tu cabeza, no sabía casi nada de ti. Si lo hubiese sabido…-

Se quedan en silencio. Después de un rato, el rubio asiente y Harry lo abraza de nuevo. Lo presiona contra su cuerpo, acomodándose ambos bajo la manta, calentándose y reconfortándose. Draco siente una de las manos del moreno enredada en sus cabellos, acariciándole la piel de la nuca. Dulce, languideciente. La otra mano sube y baja por su espalda. El rubio vuelve a aferrarse a él, empuñando su sweter en sus manos, apoyando su frente en el poderoso cuello del moreno. Respira su olor varonil, su olor a calma, a valentía, a justicia, a auror, a Héroe.

-El valor no se falsifica, Harry, es una virtud que escapa a toda hipocresía.- murmura para él. Y a pesar de que no sabe por qué lo ha dicho, espera que el moreno sepa ver a qué se refiere.

-Yo también tengo algo para ti…- escucha. Draco se separa un poco y lo mira a los ojos. –Espera, deja que me acuerde bien… sino haré el ridículo.- sonríe y pone cara de concentración. -Nunca dejes de sonreír,- comienza y su voz se escucha con solemnidad. -ni siquiera cuando estés triste… porque nunca sabes quien se pueda enamorar de tu sonrisa.- Toma su pálido rostro con ambas manos, acaricia sus mejillas con los pulgares y entonces, presiona un casto beso sobre sus labios. –Yo me enamore de tu sonrisa antes, ahora lo estoy mucho más… mucho, mucho más.-

-Yo también te quiero…- murmura. Incitando otro beso, suave, tierno, tranquilo, sin ese fuego desesperado de antes. Era un beso que tiene todo el tiempo del mundo, para extenderse, para profundizarse, para que haya de todo, para que se conjuguen sus sentimientos y sensaciones.

Se mantienen allí, abrazados, estrecha y cálidamente, por tiempo indefinido.

-¿Quieres ir a dormir?, tienes cara de cansado…- siente un susurro junto a su oído, el rubio sólo asiente. Eso se escuchaba bien. –Si quieres podemos dormir en mi habitación, aunque actualmente paso más en la nuestra…- 'La nuestra', piensa con una sonrisa en los labios.

-La nuestra me gusta…- responde.

-Bien, vamos…-

-Lo siento…- dice en la oscuridad, su voz un poco adormilada ya. Ambos acostados, abrazados, en la cama que lo inició todo.

-¿Por qué?- escucha.

-Por todas estas escenas… colmadas de ridículo y vergüenza…- musita y entonces siente una mano acariciar su mejilla. El rubio no puede evitarlo y se presiona contra esa palma tibia.

-Tranquilo. No hay por qué sentirse ridículo o avergonzado…- comenta con un tono que a Draco lo reconforta enormemente. –Y me fascina que hagas eso…- ronronea y el rubio termina abriendo los ojos, a pesar de la oscuridad puede ver dos pupilas brillantes mirarlo directamente. Como los dilatados ojos de un gato en la noche. Draco sonríe ampliamente y besa su palma.

-Buenas noches.-

***35***

Cuando despierta y por fin abre los ojos, siente el suave y entristecido sol de invierno entrar por la ventana, las cortinas completamente descorridas. Apenas tibio y un poco melancólico, pero no incorrecto o desagradable. Pero… espera, donde se supone debe estar el cuerpo de Harry, a su lado, sobre la cama, hay sólo un espacio vacío, frío… Recuerda rápidamente todo lo sucedido la noche anterior…

-El dijo que me quería…- se dice a sí mismo, intentando contener la avalancha de desesperanza. Suspira largamente y trata de tranquilizarse, calmarse. Hace a un lado sus recelos y finalmente se levanta. Vacilante. Incierto.

Avanza por el conocido pasillo de madera dorada y luminosa, reconoce la puerta del baño principal y mira detenidamente un par de puertas más, unas que nunca había querido investigar. Imagina que una de esas habitaciones debe ser el cuarto de Harry. Se aleja de ahí y baja por las escaleras de siempre, sabe dónde está la cocina-comedor y que hay otras entradas, nunca las ha revisado, pero sabe que son las otras habitaciones de una casa. Quizás un estudio, una despensa, una bodega o un armario… entonces ve una puerta abierta y la voz de Harry se escucha por ella. Suspira con algo parecido al alivio. Es el living donde estuvieron la noche anterior. Con la luz del día entrando por los amplios ventanales, puede apreciar la decoración y los detalles, antes ignorados. Una enorme fotografía mágica sobre la chimenea abarca toda su mirada, por algunos segundos. Draco sabe que son Lily y James Potter, abrazados, sonrientes, moviéndose entre hojas de otoño, junto a la fuente de cemento, en el patio central de Hogwarts.

-… si es mucho problema, conéctate con el idiota de Boot. Que él le avise a Zabini.- El moreno estaba de espaldas, inclinado de rodillas sobre la chimenea.

-Lo haré. ¿Pero está todo bien?- Y esa, era la voz de Granger.

-Si, todo bien…- Draco detenido junto al marco de la puerta, podía escuchar su sonrisa.

-Todos nos preocupamos cuando no apareciste para la fiesta de año nuevo.- escuchó un airado suspiro, desde el otro lado de la conexión Flu. –Ya sabes como son los Weasley, la mayoría se alarmó un poco. Pero supuse que andabas tras Malfoy… después de lo que hablaste con Zabini, hasta yo estaba un poco inquieta.-

-Si, lo sé… pero ahora todo está bien. De verdad.-

-Supongo que no vendrás hoy…-

-No… quizás mañana. Me gustaría pasar un tiempo con Draco.-

-Claro, claro, no hay problema. Yo le diré a Ron y a los chicos.-

-Gracias Hermione.-

-Por fin te escuchas contento, Harry… ese es el mejor pago.- el moreno ríe.

-Ya debo cortar, quisiera…- Entonces se gira un poco, mirando hacia atrás, el rubio supone que sólo quería indicar que debía marcharse. Pero sus miradas chocan y Harry le sonríe abiertamente. –Debo irme, Draco ya está despierto…- voltea hacia las brazas verduscas.

-Dale mis saludos.- escuchan ambos. Draco quisiera responder, pero sólo se queda ahí, parado y en silencio.

-En tu nombre, Hermione. Adiós.-

-Adiós, Harry.-

Cuando las brazas regresan a su cálido color rojo, propio de una chimenea encendida, Harry se levanta y Draco por fin se acerca. Esos ojos verdes lo devoran de arriba abajo, apreciativamente, recorriendo cada detalle de su cuerpo. El rubio no puede evitar hacer un registro mental sobre lo entusiasta que se pone Harry, cuando lo ve utilizar sólo ropa interior y una de las camisetas negras del moreno.

-Lo siento,- dice, abrazándolo por la cintura. –tenía que comunicarme con Hermione.- Draco sólo asiente. Sintiéndose contento y ligero, porque el moreno aún lo quiera. Que lo de ayer, realmente no era sólo un sueño. –Zabini habló conmigo un par de veces, él quería saber si te había visto estos días. Supongo que tú no te has comunicado con tus amigos.-

-No mucho, la verdad.- comenta. –Nos reunimos para navidad… pero…- se levanta de hombros.

-Espero que no te moleste, le dije a Hermione que le avisara.- Draco niega, hundido en esos ojos verdes, en esas pupilas brillantes y tan vivas. Y esta seguro de que nunca se cansará de mirarlas. Sonríe tranquilo. Por fin en calma y satisfecho. Siente que está comenzando a encaminar todos esos sentimientos horribles e inquietantes que lo han estado atizando esos días. Siente que Harry le comprende, que sabe y entiende sobre la culpa que lo embarga, las penas que lo acongojan… y es como si le ayudara a llevar el peso. Porque él no le juzga, ni le dice que simplemente lo olvide… porque Harry es mejor que cualquier anti-depresivo, eso lo puede jurar.

-¿No irás con tus amigos?-

-No… quiero pasar tiempo contigo. Aún hay cosas que quiero saber de ti, cosas que debemos conversar…- dice e inclinándose sobre Draco, apoya la cabeza sobre su hombro y rodea su cintura con ambos brazos. –Nuestro problema es que nunca nos hemos sabido comunicar… quiero arreglar eso.- Apretándolo fuerte entre sus potentes brazos, esos fuertes bíceps y fibrosos antebrazos, Harry se yergue y el rubio es cargado en vilos. Rápidamente acomoda sus piernas en torno a la cintura del auror y se deja mantener ahí, con el rostro de Harry hundido en su cuello. –Quiero saber todo de ti…- Draco suelta una risa por la nariz. En otras circunstancias ese comentario lo habría molestado, por impertinente e intruso; a estas alturas y siendo Harry quien lo dice, esas palabras le calientan el corazón.

-Es primero de enero…- dice. Harry levanta el rostro y le mira. –Feliz año nuevo.-

-Feliz año.- sonríen ambos. –Unm… ¿novio?…-

-¿Novio?- le mira con las cejas levantadas. -¿Esa es alguna clase de proposición?- ríe. –Qué falta de formalidad.- pero antes que el moreno diga algo más, Draco le besa tiernamente. Toma su labio inferior y lo muerde apenas. Incitador. –Pero está bien… novio.- dice sobre sus labios, antes de fundirse en un beso más intenso y entregado.

Unas inesperadas pisadas en la entrada del living, los hace girar, rompiendo por un momento todo ese meloso ambiente lleno de sonrisas y miradas tiernas.

-Ah, él es-

-¡Oh! ¡Señorito amo Malfoy!- se exaltó la pequeña criatura –¡Nieto de la queridísima ama Walburga e hijo de la honorable ama Narcisa!, ¡de la respetable casa de los Black y!-

-¡Kreacher!- Draco se sobresalta… y no puede evitar la sonrisa.

-El desayuno está servido… amo Potter.- responde a regañadientes.

-Bien, gracias…- el elfo inclina la cabeza hasta el suelo, solemnemente, antes de desaparecer con un crack.

-Interesante elfo domestico…- el rubio se ríe y niega un par de veces con la cabeza. Se ha roto el dulce y romántico ambiente, pero a diferencia de las veces anteriores no se siente vulnerable o humillado, ni debe regresar a su departamento y esperar a que Harry lo rapte otra vez. Se deshace del abrazo del moreno y se encamina hacia el pasillo. –Necesito una ducha…- lo suelta al aire, como quien no quiere la cosa. Elevando una de sus cejas, en un gesto que Draco había creído perdido en la absorbente nebulosa de su desgracia y la infelicidad.

Antes de llegar a la escalera, Harry ya estaba atrás de él, buscando su contacto.

***36***

Con el tiempo Draco deja su pequeño departamento en el mundo muggle. Regresar a él era como tocar la superficie de la decadente desgracia, de una literal indigencia espiritual y emocional… sí, de la depresión. No puede estar en su habitación sin dedicarle un pequeño segundo al recuerdo de su padre, de su madre, a la larga lista de seres humanos enganchados a la esquiva realidad, al mundo de los mártires y a los recuerdos que se desvanecen con el tiempo. Sólo cuando Harry ocupa un lado de su cama, un lado de su mente y su corazón, logra un quiebre en esa terrible dirección obligada… pero Harry no siempre estaba con él. Y la necesidad de ambos, compartiendo el escaso tiempo entre la Universidad y la Academia de Aurores, los lleva a visitarse continuamente en Grimmauld Place, el Valle de Godric o el departamento de Draco… Hasta que el moreno le propone vivir en la antigua Mansión de los Black, indefinidamente. El viejo Kreacher y el cuadro Walbuga Black fueron los más felices.

Con el paso de los meses Draco se da cuenta que Harry Potter es un hombre de continuo contacto, de caricias a todas horas y en todos lugares, de cálidos gestos de manos, de nariz acariciando el borde de su oreja o labios deslizándose por sus sienes, en un toque despreocupado pero increíblemente íntimo. Draco se da cuenta que Harry es un hombre que necesita dar y recibir cariño, un poco como él mismo. Es extraño, dado su opuesto comportamiento pasado. Pero sin darse cuenta, el rubio se adapta enseguida.

Inicialmente sólo se encuentran los dos, públicamente en el mundo muggle o privadamente en el mágico. No se aíslan de sus amigos, pero prefieren fortalecer esta incipiente relación antes de involucrar dos grupos, antes enemistados. Cuando en abril, Harry se gradúa de auror, junto a Ronald Weasley y varios de sus amigos de Griffindor y ese grupo del ED, Draco sabe que ver a sus antiguos compañeros de Hogwarts es imprescindible. Y nunca lo dijo, pero estaba asustado y nervioso. Ir al auditórium de la Academia de Aurores, rodeado de magos y brujas que lo miraban y apuntaban con sus dedos acusadores… sintiéndose como una alimaña, era un negro y terrible paréntesis en medio del cálido color que había estado viviendo hasta entonces. Para su sorpresa y enorme consuelo, fue Hermione Granger parada a su lado, quien lo ayudó a aguantar esas dos horas de ceremonia. Incluso cuando ese pequeño cabroncillo de Creevey, se le lanzó a Harry como gato hambriento por un filete de carne.

¿Pertenencia? ¡Oh, sí!, estaba volviendo a sentir lo que era pertenecerle a alguien y que alguien te pertenezca… y obviamente, los celos que van en medio.

-Gracias por venir…- escucha y siente la nariz de piel suave de Harry, acariciar los contornos de su oreja. Ambos protegidos por las personas de su grupo más cercano. –Te amo…- susurra y le da un beso fugaz en el borde de su frente. Entonces Harry sigue hablando de no sé qué con el resto de sus amigos, uno de sus brazos enfundado en la túnica de gala de los aurores, sobre los hombros del rubio.

Simplemente con eso, Draco se olvida de cualquier mal rato, de las miradas de incredulidad que les lanzan los pocos magos que los ven juntos, de Creevey y Goldstein que andan pululando por ahí. Se olvida que está la familia Weasley al completo y un Ronald con el cual nunca se ha llevado especialmente bien… Se olvida de todo y simplemente sonríe, satisfecho y orgulloso de su novio.

A pesar de su recelo inicial, es bueno eso de sentirse enamorado, aunque signifique entregar el corazón y dejar que alguien más haga lo que desee con él. Aunque signifique una dependencia y una entrega inconmensurable, atención y una confianza ciega. Necesidad, protección, pertenencia, celos. A pesar de todas esas emociones incontrolables, ¡ama estar enamorado!

A pesar de la insidiosa portada de El Profeta, al día siguiente de la graduación… ¡ama al jodido Niño-que-vivió y nadie podrá convencerlo de lo contrario!


¡Hola!

Antes de despedirme un agradecimiento ENORME a todas las personas que han comentado y un abrazo especial a quienes me dieron su consejo en estos momentos de… 'desquiciamiento', no se preocupen, la úlcera está bajo control… XD

NesSLY, Proserpinah, Profesora McGonagall, Tabora, Ahgness Black, Nemesis Crow, Murtilla, xJacquieX, Darysnape, Siosek Mayfair, Vivaelanime, Randa1, Karla y Mia Oshea. ¡Así que de regalo para ustedes: este capitulo!, ¡que ha sido el más largo hasta ahora! =D

Y nos queda el último, que es la colita de éste, (de hecho era uno solo pero preferí partirlo) y terminamos (¡Yeh!) con toda esta cursilería… todos sabemos que el período de 'Luna de Miel' es, rosa y babosa a morir XD…

Así que nada, ¡nos leemos la próxima semana!