Y otro capitulo mas a la lista! n,n me pregunto que pensaría Axl si supiera el revuelo que ha causado en el Santuario sin siquiera poner un pie ahí XDD.
Me gustó mucho como quedó la parte de Juliana y la de Lümi. La de Axl… no sé. Quería poner su opinión sobre Lümi porque ya era hora de saberla, pero no estoy del todo segura con esa parte. Ademas me encanta fastidiarlo con lo de los lentes XD.
Por cierto, un poquito sobre los personajes por si no han leído a Misao (cosa que DEBEN HACER ò_ó) : Beatriz es esposa de Telémaco de Géminis, antecesor de Saga ::y su padre adoptivo según los fics de Misao y de Eklectica::, mientras que Erich de Escorpión es el antecesor y maestro de Milo (con triste pasado y futuro TAT)
Por cierto… busquen el fic "Futuro" de Eklectica, es hermoso y expande mas el mundo de Misao n,n
Ah! Y busquen piedra amatista en bruto en google… verán que Axl no habla a la ligera con su comparación, son hermosas hasta sin pulir ^O^
Sin mas, me despido y espero lo disfruten n,n
Luz Amatista
"Pensando en ti"
Juliana salió de su casa casi sin poder reprimir las ganas de correr por los escalones que llevaban hasta Aries.
¡Ingrata Lümi! Llevaba horas sin saber nada de ella. Apenas la había sentido volver el día de ayer de su paseo con aquel chico misterioso que tan entusiasmada la tenía, Juliana había descendido como loca las escaleras, llegando a Aries en tiempo récord sólo para oír la puerta de su amiga cerrarse con fuerza tras ella. Lo único que había hecho aquel gesto era avivar la curiosidad de Juliana. ¿Le había regalado el pan? ¿La había hecho enojar? ¿Lümi lo había desintegrado con una Revolución de Polvo Estelar? Juliana había buscado hablar con ella ¡Para colmo Lümi no se había dignado abrirle la puerta! La pobre amazona de Cáncer había tenido que quedarse con la duda; sobra decir que no durmió en toda la noche.
Se acabó. Juliana había tenido suficiente y si tenía que derribar la puerta para saber que había pasado, lo haría. ¡No se dejaba a los amigos con semejante incertidumbre!
"Oye, Juliana…" la llamó una voz discreta justo a la entrada de la estancia de Géminis. Cuando Juliana volteó, se encontró con Beatriz, la esposa de Telémaco, corriendo casi de puntitas hasta donde estaba la amazona. "¿Qué pasó con Lümi? ¿Cómo salió todo ayer?" preguntó en un susurro. Bien, al menos Juliana no era la única que se moría de curiosidad.
"Eso es justo lo que voy a averiguar" sentenció la amazona, con el porte de quien está por irse a la guerra, y siguió su camino sin despedirse… no hacía falta. No tardó en sentir que Beatriz le seguía los pasos de cerca.
No habían llegado ni a medio camino cuando otro Santo Dorado se hizo presente. Erich de Escorpión venía corriendo por las escaleras, en dirección opuesta a ellas y con una prisa que no auguraba nada bueno. Apenas las vio, al Santo se le iluminó el rostro y redujo la distancia a la velocidad de un parpadeo.
"¡Juliana!" gritó Erich, como si dicha amazona fuese su salvadora. Juliana enarcó una ceja y lo miró con toda la solemnidad que pudo.
"¿Ahora que te pasa? ¿Se te acabó el licor?" le preguntó ella, mordaz. Todo mundo sabía lo fanático que era Erich con la bebida. Sin embargo, el Santo frunció el ceño, fingiéndose ofendido.
"¡Este no es momento para bromas!" se quejó, histérico. Oír a Erich pedir seriedad era a la vez ridículo y perturbador, tanto que Juliana lo miró fijo con toda la atención que pudo. Erich le sostuvo la mirada, como esperando que ella tomara cartas en el asunto, cualquiera que fuera.
"Estas ebrio, ¿cierto?" sentenció la amazona, a lo que Erich hizo una mueca.
"¡Claro que no!" protestó de inmediato, pero no tardó mucho en mirar a ambas mujeres con un aire francamente preocupado, cosa rara en él. "¿Alguna de ustedes sabe que le pasa a Lümi?" preguntó.
"¿Lümi?" repitieron ambas, Juliana y Beatriz, con un dejo de sorpresa que no pudieron evitar. De todos los posibles motivos de preocupación de Erich, la amazona de Aries era el menos posible. Sin embargo, el Santo de Escorpión asintió.
"Si… ha estado muy extraña. Hoy le llevé mi armadura para que le diera mantenimiento, y apenas y me dijo donde debía dejarla, ¡Ni siquiera me gritó!" explicó Erich, como si eso fuera lo más inusual del mundo… y lo era. Tanto que Juliana miró a su acompañante con asombro y ambas, la amazona y la esposa de Géminis, echaron a correr el resto del camino que las llevaba hasta Aries sin siquiera despedirse de Erich.
Apenas llegaron se quedaron de pie en la puerta, mirando dentro del pequeño taller que Lümi destinaba para la reparación de las armaduras del Santuario. Justamente ahí estaba la armadura de Escorpión, como si nadie la hubiese movido desde que Erich la dejara ahí, junto con otras más que requerían de las atenciones de la amazona. Lümi nunca dejaba que se le acumulara el trabajo, pero ahí estaba: ajena al mundo y a todo excepto lo que fuera que tuviera en la mente. ¿Tan mal había ido el asunto del pan?
"Debimos traer al Patriarca" comentó Beatriz, mirando a la lemuriana con un gesto preocupado. Juliana asintió con aire ausente.
"Si quieres, puedes ir a buscarlo" comentó, sin apartar la vista de su mejor amiga. Beatriz se quedó a su lado.
Ahora si que quería saber el chisme.
Lümi suspiró y miró por la ventana, con la cabeza apoyada en la mano mientras sostenía con desgana una de sus herramientas. Ese día su mente estaba en todo menos en el trabajo, y por mas que luchaba no podía hacer otra cosa que mirar y recordar.
La amazona aún sentía el calor cada que recordaba a Axl. ¿Cómo era posible que un simple abrazo pudiera afectarla tanto? No era más que un contacto sencillo, un acto de aprisionar a una persona con los brazos y soltarla tras un determinado tiempo. ¿Cuál era la ciencia? ¿Qué había hecho Axl para dejarla muda, mareada y eufórica a la vez? No lo comprendía.
Lümi era una guerrera. Sabía qué puntos golpear para romper un hueso, sabía hacer estallar su cosmo a voluntad, sabía controlar el miedo y la ira en la batalla… pero no sabía como lidiar con el torrente de emociones que provenían tan solo de recordar aquel abrazo. No sabía que era ese estremecimiento que le recorría el cuerpo cada que recordaba a Axl, ni mucho menos entendía como había podido hacerle sentir tanto con un gesto tan simple hasta dejarla vulnerable, ¡A ella, que se enfrentaba a la muerte sin temor! Incluso ahora, lejos de él, seguía sintiendo su cercanía como un vínculo, como si de pronto algo la jalara irremediablemente hasta él y su sencilla joyería. No había más.
La amazona se encontró mirando por la ventana a la lejanía. Se preguntó si la plaza se veía desde ahí, algo que nunca le había importado antes… ¡Por favor! ¡Ni que hubiera sido para tanto! Debía reaccionar, volver a su rutina ¡Solo era un abrazo! ¡¿Por qué tenía que haberla abrazado?! Ahora no podía sacárselo de la cabeza. ¡¿Por qué rayos no podía sacárselo de la cabeza?!
"¿Lümi?" preguntó de pronto Juliana, salida de quien sabe donde para aparecer junto con Beatriz a la entrada de su taller. La amazona, aún turbada, simplemente las miró un instante.
"¿Mm?" preguntó, ausente, con el calor de Axl aún en la piel. Ni siquiera le importó ver que sus visitantes parecieran asustadas con su reacción; simplemente las ignoró y volvió a dirigir su atención a la ventana, preguntándose si Axl estaría recordando… ¡NO de nuevo!
"¿Estas bien? ¿Te sientes mal?" preguntó la amazona de Cáncer, acercándose a velocidad luz para sentarse frente a ella usando el primer banquito que encontró. Beatriz, que no contaba con las ventajas de ser amazona, se acercó con paso vacilante.
"¿Tan mal te fue ayer? Te veías tan entusiasmada…" se lamentó la mujer, tomando un sitio junto a Juliana. Lümi, de pronto sintiéndose rodeada, no tuvo más remedio que prestarles atención.
"¿Dijiste algo, Juliana?" preguntó la amazona de Aries, tratando de deshacerse del extraño sopor que la acompañaba desde la tarde de ayer. Aunque creyó haber usado un tono normal, vio de pronto que Juliana sonreía como nunca.
"¡Si que te dejó perdida! ¿Tan bien besa?" bromeó. Lümi sabía que bromeaba, pero el solo oír la frase le hizo sentir el instintivo impulso de defenderse, aunque en esos momentos se sintiera todo menos hostil.
"¡Claro que no! ¡No lo he besado!" aclaró, aunque por desgracia no logró imprimir a su voz el tono de indignación que hubiera querido. Para su mala suerte, eso pareció interesar más a sus interrogadoras.
"¿Entonces que pasó? ¡No te quedes callada, mujer! Cuéntanos" insistió Juliana.
"¿Le diste el pan?" preguntó Beatriz. Lümi de pronto se sintió abrumada, ¡quería pensar, no responder preguntas! Incapaz de encontrar ánimos para ser agresiva, acabó asintiendo por toda respuesta.
"¿Y? ¿Qué pasó?" insistió Beatriz. La esposa de Telémaco parecía desear entrar en la mente de Lümi y obtener respuestas. ¿Qué paso con qué? Ah, si… el pan casero.
"Axl dijo que te agradeciera de su parte, y que estaba muy bueno" dijo Lümi. Eso no era exactamente lo que había dicho Axl, pero ¿Qué importaba? Juliana soltó un gruñido casi animal de protesta y maldijo en italiano.
"¿Eso a quien le importa? ¡Mírate! Estas hecha un desastre. ¿Qué hizo? ¿Qué te dijo? ¡Di algo!" preguntó la amazona de Cáncer, desesperada. Lümi suspiró; al parecer no había modo de evadir la conversación.
"No hicimos nada muy inusual. Caminamos, es todo" afirmó. De nuevo, una verdad a medias, puesto que para ella el asunto no era tan simple. Sintió que se estremecía de nuevo al recordar lo que sucediera después de la caminata. "Le mostré la entrada al Santuario… le hablé de cómo llegué aquí"
El silencio en el taller se hizo de pronto pesado. Juliana estiró la mano y tomó la de Lümi, consciente de lo que aquello significaba. La amazona era de las pocas personas con las que había compartido aquella parte de su infancia, y sin duda creía que el recuerdo era el motivo de aquel comportamiento. Pero no… ahora cuando Lümi veía la entrada al Santuario no miraba a sus padres sino a Axl: el tono de su cabello al mirarlo de cerca, su voz calmada junto a su oído, el suave roce de sus brazos en torno a ella. Lümi sonrió sin darse cuenta.
"Te he dicho muchas veces que no pienses en eso. No es culpa tuya" afirmó Juliana.
"Él dijo lo mismo" contestó Lümi.
"¿En serio? Fue muy amable" alabó Beatriz. Sin embargo, Juliana parecía inquieta.
"Si fue tan amable, ¿Por qué te encerraste apenas volviste? ¿Te dijo algo? ¿Te ofendió?" preguntó ella. La sola idea de que Axl pudiera ofenderla fue tan ridícula que Lümi acabó soltando una suave risa que más pareció un suspiro.
"Claro que no. Axl es muy amable. Intentó animarme y…" explicó, notando muy tarde que estaba dando detalles que no quería compartir aún.
"¿Y?" insistieron ambas; cualquiera diría que no tenían cosas mejores en que ocupar sus dotes de detectives. Lümi respiró profundo; tendría que contárselo tarde o temprano.
"…Me abrazó"
De nuevo, otro silencio. Lümi sentía de pronto la tensión y el asombro en sus compañeras, pero por primera vez en su vida no se sintió incómoda con ello. Pronunciar el abrazo de algún modo lo hacía más real, más tangible, algo mucho más real que un sueño fugaz. De pronto podía sentir nuevamente el aroma de Axl, o sentir su cabello. Era como si de pronto el hueco en su pecho se hubiera ido, reemplazado por algo más que no identificaba, pero que la hacía sentir bien.
"¡¿Y no lo mataste?!" soltaron al mismo tiempo Juliana y Beatriz. De pronto, Lümi sintió que ya había vivido esto antes: esa predisposición de la gente a pensar que su carácter era temible y peligroso. Pero no…
"Nadie nunca me había abrazado así. Era como si… me comprendiera, como si yo de verdad le importara. Como si el mundo y los recuerdos de repente ya no fueran tan importantes. Yo…" continuó, sin importarle ya lo que dijeran o no ambas mujeres. Quería decirlo, sacarlo de su pecho, compartir la euforia repentina mezclada con temor.
"¡Por la Sagrada Athena! ¡Estas enamorada!" gritó Juliana de pronto, como si acabara de recibir iluminación divina. Beatriz soltó un gritito de sorpresa y sonrió con ganas, pero Lümi de pronto sintió la frase como un golpe en el pecho. ¿Enamorada? ¿ELLA?
"¡Claro que no!"
"¡Pero claro que si! Escúchate, ese tono soñador no lo había oído nunca, ¡Estas enamorada del tal Axl, ya admítelo! ¡Argh! ¡Y yo ni siquiera lo conozco! Me siento muy ofendida…"
"¡Ya basta, Juliana!" se quejó Lümi, volviendo por un momento a su carácter habitual. Beatriz le puso una mano comprensiva en el hombro.
"No es algo para avergonzarse, Lümi" le aseguró, pero la amazona de pronto ya no estaba tan convencida. Axl era tan pacífico y gentil, no podía haber NADA entre ellos. Ciertamente Lümi no era el tipo de mujer que buscaba un romance. Ni siquiera era romántica.
"¡Claro que no! Porque no hay nada entre él y yo. ¡Yo no me enamoro!" protestó, casi rogando porque fuese cierto. Amar significaba abrirse a alguien más, arriesgarse al abandono y al dolor. No, lo mejor es que no hubiera nada y punto. Juliana entonces pareció sonreír.
"Pues debe haber un motivo por el que no lo has matado aún, pese a todo" comentó. Lümi tragó saliva.
No podía pensar en un buen motivo que no fuese emocional.
Axl caminaba sin mucha prisa de vuelta a su joyería, tarareando de vez en cuando una suave tonada.
Desde ayer, tenía un humor estupendo. No recordaba haberse sentido tan a gusto en un lugar como se sentía en Atenas. La gente era amable, el café era excelente, su negocio crecía… y estaba Lümi de Aries, por supuesto.
El joven lemuriano no entendía lo que pasaba con ella. Cuando había llegado recién, la figura de la amazona de Aries era algo así como un mito temible entre la gente de los alrededores. La joven tenía fama de agresiva y hostil… y sin embargo, para Axl había llegado a ser totalmente distinta. Lümi era agresiva, cierto, pero era también sincera y amena. Tenía el conocimiento suficiente para hablar casi de cualquier cosa, y uno nunca se aburría con ella. Era detallista además, capaz de notar detalles que escapaban a los ojos de muchos, y aunque no parecía muy acostumbrada a los gestos amables, sabía corresponder con amabilidad. Axl aún tenía parte de aquel delicioso pan casero en su casa. La amazona siempre le había parecido fascinante, y conocerla no había hecho más que acentuar esa idea.
Miró a lo lejos, hacia el Santuario, y se preguntó si el abrazo de ayer la habría molestado. No había podido evitarlo. De pronto Lümi parecía tan solitaria, tan vulnerable, que Axl no había podido contenerse; lucía tan segura de que nadie podía quererla tal como era… ¿es que no veía sus propias cualidades? ¿Acaso no notaba lo fácil que era para Axl charlar con ella? Aquel abrazo había sido lo único que se le había ocurrido no solo para consolarla, sino para demostrarle lo importante que era para él y lo mucho que la… bueno… no sabía bien como continuar con la frase, pero de algo estaba seguro: Lümi se había convertido en una persona muy querida, y no se merecía pensar lo contrario.
Aunque, quizás, no volviera a hablarle. Axl no conocía mucho de las costumbres de los santos de Athena pero, si mostrar el rostro en público era inapropiado, no quería imaginarse lo que pensarían de un abrazo, por inocente que fuera. O pretendiera ser. De pronto, al abrazarla Axl había tenido conciencia plena de que Lümi era una mujer; una guerrera, una amazona dorada, pero al mismo tiempo una mujer. Fuerte y frágil. Imponente y vulnerable. Jamás había conocido a nadie como ella… y pensar que aquel desliz pudiera ofenderla le preocupaba mucho. De algún modo, Lümi se había convertido en una parte importante en su vida en Atenas; la idea de perderla dejaba ya un vacío en el pecho de Axl. ¿Qué haría él sin sus charlas y sus amenos paseos? Sin su voz fuerte y sincera, sin su elegancia natural…
"… ¡No seas ridículo! ¿Lümi de Aries? Sería mas fácil besar un león"
Axl se detuvo en seco al oír aquella frase. Últimamente había notado que le molestaba la imagen que la gente tenía de Lümi. Puede que fuera un poco impulsiva, pero tampoco era una bruja hostil esperando para devorar a alguien. Tenía derecho a tener su carácter ¿no? Lo peor fue oír las risas de los acompañantes de quien había hablado, risas que sin duda le daban la razón.
¿Cómo podía alguien ser tan ciego? Lümi no era un ogro. Era una mujer distinguida, sincera y agradable, solo había que demostrarle la misma amabilidad para verlo. Era como un fragmento de amatista en bruto, que no necesitaba de nada ni nadie para ser hermoso; brillaba con luz propia, sin necesidad de moldearlo o cambiarlo. Era bello tal como era, y Lümi también. Axl tragó saliva y sintió el calor del sonrojo en sus mejillas. ¿De verdad había pensado aquello?
"Mas fácil y mas placentero, te lo aseguro. El león al menos sería mas femenino" comentó otro miembro del grupo, lo que originó una nueva oleada de carcajadas.
Axl era una persona paciente, pero hasta él tenía su límite. De por si odiaba las faltas de respeto, y el oír a ese grupo de jóvenes hablar de ese modo de Lümi le hizo perder la paciencia. En un segundo miró con severidad hasta el grupo, y le lanzó a todos un fuerte golpe de telequinesis, el único medio de defensa que tenía a su favor. Pese a la distancia, el golpe fue lo bastante fuerte para levantarlos y lanzarlos unos cuantos metros lejos. Los oyó maldecir en voz alta, y tuvo la satisfacción de verlos luchar por encontrar a su invisible agresor. No les había hecho daño, por supuesto (podía golpear mas fuerte si lo deseaba), pero esperaba que lo pensaran dos veces antes de ofender a Lümi de nuevo; podía seguir caminando en paz…
…hasta que sintió que sus rodillas chocaban contra algo, y Axl de pronto se encontró cayendo de cabeza en las frías aguas de la única fuente del camino. El joven jadeó, y tragó más agua de la que le gustaría antes de lograr enderezarse entre un remolino de agua. Axl tosió varias veces, levemente avergonzado: había estado tan entretenido pensando en Lümi y en el castigo a sus ofensores que ni siquiera había notado la fuente.
"¡Tenga mas cuidado! ¿Esta bien?" preguntó un peatón, lo bastante amable para acercarse. Axl asintió, apartándose un mechón de cabello empapado.
"Si, si… fue un accidente nada mas. No se preocupe" explicó, saliendo como pudo de la fuente. El agua estaba helada, de modo que sentía los brazos y las piernas algo tiesos.
"Debería revisarse la vista, amigo. Seguro necesita lentes" comentó el turista. Axl sintió un escalofrío, y se tragó una protesta más enérgica.
"No necesito lentes, pero gracias por su preocupación" insistió Axl. Después de todo, si no había visto la fuente era por otros motivos. ¡No necesitaba lentes! El turista se encogió de hombros y, tras un gesto, siguió su camino.
Axl se estremeció nuevamente, pero trató de ignorar el frío para mirar al grupo de irrespetuosos. Al menos, se marchaban con el rabo entre las piernas. Había valido la pena.
El joven se apartó de nuevo el cabello, se cruzó de brazos para controlar el frío –y los temblores- y siguió su camino. Iba a ser uno bastante largo.
