Capítulo 7

Habían pasado semanas y aún no había señal alguna de Agravaine, y las patrullas de búsqueda ya se habían detenido, pues no tenía sentido seguir buscando. Aunque Arthur seguía molesto, se las había apañado para volver a la normalidad, y eso significara a ser un gran idiota.

Era tiempo de entrenamiento de nuevo, Arthur había cambiado algunas cosas y había mejorado los entrenamientos por si Morgana y Agravaine atacaban, se encontraran con algunas sorpresas. Merlin se había escabullido de su entrenamiento de defensa y escondiéndose entre los muros, acababa de dejar las cámaras de Arthur, dónde había dejado preparado un baño, y se dirigía a los aposentos de Gaius, para esconderse mejor, en caso de que Arthur fuera a buscarle, a obligarle a terminar sus siete ejercicios. Giró la esquina hacia la cámara del médico y casi corrió en dirección contraria cuando vio un atisbo de color rojo y plateado, pensó que era Arthur, pero no lo era.

"¡Merlin!" le llamó Gwaine, y se giró, suspirando con alivio, de ningún modo iba a seguir entrenando.

"¡Gwaine!" le dijo, cuando estuvo lo suficientemente cerca, Gwaine se apoyo en la pared, junto a la puerta de Gaius. "¿Qué estás haciendo?"

"Me he herido en el entrenamiento y quiero que Gaius le eche un ojo," explicó Gwaine, levantando su manga para mostrarle a Merlin el largo y profundo corte. "Pero Gaius no está ahí."

"No, está en el pueblo," le dijo Merlin, yendo a abrir la puerta, dejando a Gwaine entrar primero. "Aunque yo puedo ayudarte, puedo manejarme con heridas básicas."

"Puede que haya perdido un dedo también," Gwaine puso una mueca, mientras iba hacia la mesa, dónde empezó a mirar algo de una cesta. "¿Qué es esto?"

"Si es tu dedo, ¡no quiero verlo!" le dijo Merlin, dándole la espalda mientras se dirigía hacia el armario de suplementos. Sacó agua y unos trapos. "De acuerdo, siéntate," le dijo, pero estaba demasiado ocupado comiendo una manzana. También eran las favoritas de Gwaine, Merlin lo había descubierto de la forma dura. "¿De dónde sacaste la manzana?"

"De esta cesta," Gwaine señaló a un bol lleno de manzanas, que habían estado, claramente, colocadas en una torre, pero que había caído por culpa de Gwaine. "Creo que son para ti."

"¿Para mi?" preguntó Merlin, con cara confusa, mientras iba hacia él y dejaba las cosas en la mesa. Miró a la cesta de manzanas como si pudiera responderle de quien eran. "Deben de ser de Gaius."

"Podría ser," le dijo Gwaine, cogiendo un trozo de pergamino y abriéndolo. " 'Para mi gran idiota orejudo,' no me parece una descripción de Gaius, amigo, deben ser para ti."

Merlin sacudió la cabeza, "¿Pero quien me mandaría una cesta de manzanas?"

"El mismo idiota que intentó arrancarme el brazo izquierdo porque piensa que estoy detrás de ti," dijo Gwaine, mordiendo la manzana con cara de disfrute mientras se sentaba.

"Espera…¿qué?" preguntó Merlin, más confuso que antes, se sentó al otro lado de la mesa con un resoplido.

"¡La princesa!" soltó Gwaine, tirándole el trozo de pergamino. Cayó en la rodilla de Merlin, lo recogió y lo abrió para ver que sí, era la letra de Arthur y estaba firmada con su nombre.

"Pero, ¿por qué me mandaría manzanas?"

"Oye," sacudió la cabeza Gwaine. "No puede mandarle flores a un tío, ¿no?"

"¿Por qué enviaría flores?" demandó Merlin, tratando de entender esto. "¿Y por qué piensa que estás detrás de mi?¿Qué quiere decir eso?"

"Cree que me gustas, le dije que no, que sólo eres mi amigo," se encogió de hombros Gwaine, con una sonrisa. "Supongo que no me creyó, piensa que te llevaré lejos en volandas," rió Gwaine, acabándose la manzana. "Pero no eres realmente mi tipo."

"Creía que todo el mundo era tu tipo," remarcó Merlin, sonriendo, recordando a Gwaine decirlo no hacía mucho. "Quizás debería sentirme ofendido."

"Na, no te molestes," le dijo Gwaine, estirándose sobre la mesa para palmearle el brazo con la mano de su brazo herido. "Somos muy buenos amigos; no me gustaría estropear eso."

"A mi tampoco," le sonrió Merlin, antes de regresar a lo que estaban hablando. "¡¿Arthur cree que te gusto!?"

"Claro que si," dijo Gwaine, pareciendo orgulloso. "Incluso me amenazo con que me mantuviera lejos de ti, es un bastardo codicioso, quiere todo para él."

"¿Qué quiere exactamente?"

"A ti," respondió Gwaine, sonriendo de mala manera, mientras miraba a Merlin con una mirada sabihonda. La boca de Merlin debió abrirse, porque Gwaine empezó a reír, pero no lo notó porque estaba demasiado ocupado calentándose ante la idea.

"No," Merlin sacudió la cabeza. "Él quiere a Gwen."

"Estoy seguro de que lo hace," se encogió Gwaine. "Pero eso no significa que no te desee a ti también."

"Él no es así."

"Creo que si lo es."

Pero antes de que Merlin pudiera refutar y decir que no, que Arthur no era así, la puerta se abrió y entró Gaius. Escaneó la escena y sacudió la cabeza.

"¿Qué sucede?" preguntó, adelantándose para ocuparse de lo que obviamente Merlin no estaba haciendo. Merlin se levantó y dejó a Gaius curar la herida de Gwaine, mientras vagaba por la cocina, pensando en las palabras de Gwaine. ¿Por qué Arthur lo desearía? Eso no tenía ningún sentido.

Merlin se fue pronto tras eso, directo a la cámara del rey, para… comprobar como estaba. Para ser honesto, Merlin no tenía una verdadera razón para ir todavía, sabía que seguramente el rey estaría tomando un baño, como siempre hacía después de entrenar. Puede que Merlin sólo quisiera descubrir si era verdad, ¿le desearía Arthur? Gwaine podría estar equivocado, se equivocaba a menudo, era Gwaine. Aunque, desde que Merlin conocía a Gwaine, nunca se había equivocado… y eso era desafortunado para Merlin.

Entró, sin tocar, aunque probablemente debería. Se fijó en que el barreño aún estaba vacío, y escuchó ruido tras el biombo que Arthur a veces usaba para cambiarse. Se mordió el labio.

"¿Merlin?" preguntó Arthur, desde detrás.

"Sí, soy yo," respondió. "¿Quién si no?"

"Guinevere ha entrado algunas veces ya, así que me gusta asegurarme."

Merlin rió, pero se preguntó porque Gwen venía a husmear cuando Arthur se estaba cambiando y por qué a Arthur no le molestaba. Si estuvieran casados… ella le vería desnudo en algún momento, para eso era el matrimonio, para verse desnudos sin sentirse mal o extraño.

"¿Qué estás haciendo aquí, Merlin?" preguntó Arthur. "Creía que te estabas escondiendo de mi para no entrenar."

"¿Eso crees que estaba haciendo?" se mofó Merlin. "Yo estaba uh… ocupado ayudando a Gaius."

"Me encontré con Gaius cuando vine a mis aposentos," Arthur le pilló la mentira. "Me dijo que te estabas escondiendo."

"Gaius necesita aprender a tener la boca cerrada."

"O quizás, tú deberías tomarte tú seguridad más en serio," dijo Arthur, saliendo de atrás del biombo, con una toalla de lana alrededor de su cintura. Merlin jadeó, apartando los ojos a la pared, era una pared preciosa. "¡No quiero que vuelvan a herirte así de nuevo, Merlin!" Merlin no pudo evitar volver a mirar al rey y sonrojarse. "No quiero perderte de nuevo."

"No lo harás," le dijo Merlin, y sintió que era una conversación demasiado extraña para tener mientras Arthur estaba desnudo. Le golpeó de nuevo el hecho de que Arthur estaba DESNUDO y apartó los ojos de nuevo. Escuchó el sonido del agua y supo que Arthur se había metido al barreño, pero aún así, no quitó la mirada de un punto concreto de la pared, justo encima del biombo donde Arthur se había cambiado.

"Merlin," dijo Arthur. "¿Qué estás mirando?"

"La pared…"

"Eso puedo verlo…" dijo Arthur divertido. "Pero, ¿Por qué?"

"Yo um…" Merlin balbuceó. "Yo solo… no lo sé."

"Merlin," repitió Arthur, divertido y condescendiente. "Gírate."

"Preferiría no hacerlo…"

"Merlin…"

"Oh, mira eso, Gaius me está llamando; ¡Será mejor que vaya a ver que quiere!" dijo Merlin entonces, sin girarse ni una vez mientras iba hacia la puerta. Pudo escuchar a Arthur reír entonces.

"¿En serio estás usando esa excusa de nuevo?"

"¿Excusa?" se detuvo Merlin, sin girarse aún, pero mirando ahora la pared en la que Arthur le había aprisionado una vez. Sintió sus orejas arder. "¿Qué excusa?"

"Siempre que te hago sentir incómodo, en vez de lidiar con ello, como un hombre, usas la excusa de que alguien te está llamando," explicó Arthur. "Es bastante patético."

"No estoy incómodo," dijo Merlin y se giró para probarlo, pero deseó no haberlo hecho. Porque el pelo de Arthur estaba mojado y su pecho relucía, Merlin se sintió abrumado de pronto.

"En lo absoluto, ¿eh?" preguntó Arthur, deslizándose, en el barreño, para acercarse a dónde estaba Merlin. "Entonces, ¿no te será incómodo que te ordene quitarte la ropa y meterte aquí conmigo?"

"¿Por qué eh… por qué me molestaría eso?" preguntó Merlin, intentando permanecer cuerdo, porque sentía un poco ida su cabeza.

"Dímelo tú," sonrió Arthur.

"Bueno, ¡no lo hace!"

"Entonces, ¡hazlo!"

"Preferiría no hacerlo…"

"¿Y porqué no?"

"Me gustaría pero…" Merlin se cortó, mordiéndose el labio. "Mi-"

"¿Tu madre te está llamando?" sonrió Arthur, y renuentemente Merlin asintió. "¿Y parece enfadada?"

"Mucho…"

"Eso es lo que pensaba."