- Aah… Aaaah!... AATCHÍS! – Arien estornudó con fuerza una vez más.
- ¡Por Dios, Arien! – exclamó Bulma, mientras le alcanzaba los pañuelos de papel. – ¡Vaya resfriado que has cogido, hija!
Arien tomó uno de los pañuelos mientras se sentaba en una silla y se sonó. Cada vez que lo hacía sentía como si su cabeza fuera a estallar. Dejó caer el pañuelo en la mesa y se sostuvo la frente con las dos manos, tapándose la cara. Aquel resfriado era como la peor resaca del mundo.
- ¿Cómo te encuentras? – le preguntó Bulma, sentándose frente a ella con un montón de apuntes en las manos
- Como si un camión me hubiera pisado la cabeza – respondió ella, sin quitar las manos de su cara.
- El otro día estuviste muchísimo rato bajo la lluvia, cuando llegaste temblabas sin parar. Yo ya sabía que te resfriarías, te lo dije – le reprendió Bulma. Arien gruñó y dejó caer la cabeza en la mesa, sobre sus brazos. Bulma suspiró mientras se levantaba y se dirigía al botiquín. Lo abrió y tras buscar un momento, sacó un bote de pastillas – Toma – dijo, caminando hacia Arien, y ofreciéndole el bote – Esto te irá bien para el dolor de cabeza y la congestión.
Arien levantó la cabeza y miró el bote. Bulma la observaba mientras ella tomaba una pastilla del bote y se levantaba a buscar un poco de agua, no sin dificultad. Decía que aún tenía agujetas en los brazos y en las piernas, Bulma no entendía de donde sacó las fuerzas para arrastrar aquella vieja y oxidada moto bajo la lluvia durante tantos kilómetros. La chica tenía una pinta horrible, había pasado una mala noche, y tenía unas ojeras oscurísimas. Llevaba el cabello despeinado y la nariz roja de limpiarse los mocos. Arien se metió la pastilla en la boca y tragó con un poco de agua. Dejó el vaso y se dirigió nuevamente a la mesa.
- ¿Seguro que estás en condiciones, Arien? Puedo continuar yo sola – le dijo Bulma, preocupada. - ¿Qué tal si te acuestas un rato y descansas?
- Estoy bien, Bulma, solo necesito que la pastilla haga su efecto, y necesito estar ocupada con algo, si no, me subiré por las paredes. – Bulma rió ante este comentario
- ¡De acuerdo! Mira – ofreció algunos papeles a la chica –repasemos la idea principal: la máquina, extraerá los componentes de celulosa de las plantas que tú recoges, los separará por tipos y con la ayuda de este catalizador generará hilo, que luego, en la segunda parte del proyecto, se utilizará para hacer las tramas que formarán los tejidos finales. Luego, en la tercera y última sección, se introducirán estos tejidos y los patrones que la máquina utilizará para cortar y coser las prendas, y, aquí es donde entras tú. – Arien escuchaba atentamente – Siempre has sido mi alumna más destacada en programación, bueno, la mejor de los dos – Bulma la miraba y sonreía – Trunks era el mejor en matemáticas pero el uso de la lógica, parece que es para las mujeres. Necesito que programes el código para que el telar interprete los patrones.
- Pero para ello debo establecer una serie de normas o constantes para la generación de los patrones. – dijo Arien, pensativa, observando los papeles.
- Exacto. Los patrones seguirán las mismas constantes de tamaño, grosor de líneas y escala. Cuando tengas el código, pásamelo, lo utilizaré para que sean esas constantes las que se generen a partir de las instrucciones que introduciré en el ordenador al diseñar los modelos.
- Hay que automatizar el proceso al máximo ¿no? – Dijo Arien
- Sí. De ese modo es más fácil – Le explicó Bulma.
- De acuerdo. ¡Manos a la obra entonces!... Aah… ¡ATCHÚS! – estornudó de nuevo la chica.
- Estás fatal – susurró Bulma, arqueando las cejas - ¡Suénate con un poco de cuidado! ¡Te arrancarás la piel de la nariz! ¿Acaso quieres que Trunks te vea despellejada y con esos ojos de sapo? – Preguntó Bulma, riendo entre dientes
- Claro que no, pero ¡es que se me caen los mocos! – se quejó Arien.
- Se fue hace 10 días, no debe faltar mucho para que vuelva, supongo. Cuando te vea de nuevo, debe verte diferente. Ha de impactarle tu aspecto, y tiene que darse cuenta de lo guapa que estás. – Arien se sonrojó. – Espero que lo que estamos haciendo funcione, porque Trunks es tan despistado con estas cosas… ¡Tanto como vergonzoso! –Resopló Bulma- Y no ayudará mucho si el cambio que ve es a peor – Añadió, mirando a Arien, quien había dejado de sonarse y tenía la nariz colorada. – Bueno, la máquina nos beneficiará a las dos ¡No sabes las ganas que tengo que probarla y fabricarme un vestido nuevo!
Arien se levantó para ir a buscar un lápiz y más papel, debía escribir rápido las ideas que se le iban ocurriendo para el orden de las instrucciones del programa.
- Me muero de ganas de ver la cara que pondrá Trunks cuando te vea – dijo Bulma con una sonrisa pícara. Arien sonrió mientras escribía – Aunque es posible que no sea suficiente. Es tan inocente que es capaz de no ver la indirecta que le estarás lanzando. Así que mejor que tengas un plan B, porque es posible que seas tú la que deba dar el primer y el segundo paso. – Bulma se pasó la mano por la frente - ¿Cómo piensas afrontar ese momento? – preguntó mirando a la chica, que había dejado de escribir.
- Pues, la verdad. Bulma yo no sé cómo afrontar esas situaciones, no sabré que decir ni qué hacer. No sé cómo decirle lo que siento, me parece una situación tan irreal. – Arien se recogió el pelo, mientras apoyaba la espalda en el respaldo de la silla – Sabes, llevo tantos años enamorada de él, y sin decirle nada…
Bulma sonrió. Arien era tan buena chica y tan inocente como se podía ser. Pensaba que no podía haber nadie en el mundo mejor para su hijo. Siempre había estado preocupada por el futuro de Trunks, no quería que se quedara solo y le preocupaba que el chico no le interesara nada más que la lucha. En parte era normal, él era un guerrero, pero Bulma, lo que de verdad quería era que fuera feliz, y que su vida fuera plena. Arien era la única persona que siempre había estado al lado de su hijo, a parte de ella y Gohan, y se entendían a la perfección. Habían crecido juntos y habían pasado por momentos muy difíciles mostrándose su apoyo mutuo. Desde que conocía los sentimientos de Arien, cada vez veía más posible que sus deseos se hicieran realidad. El problema en sí era Trunks. ¿Cómo afrontaría su hijo esa nueva situación? Bulma estaba segura que ni siquiera se había planteado alguna vez tener una relación con alguna chica y seguro que esto le pillaría completamente desprevenido. Era un mundo del todo nuevo para él, y Bulma trataría por todos los medios que Trunks viera en Arien a la chica atractiva y sensual que era, además de a su mejor amiga. No en balde había sido y era una experta en despertar el deseo en prácticamente todos los hombres. Por eso había comenzado la máquina de tejer. Arien necesitaba ropa nueva que resaltara su anatomía, no podía provocar ningún tipo de atracción vistiendo aquella ropa que tenía. Bulma la miró de soslayo, un cabello precioso, unos ojos verdes que quitaban el hipo, pero aquellas prendas de ropa eran horribles, anchas, sin gracia y viejas.
- Deberías ir pensando en una estrategia a seguir. Podría volver en cualquier momento. Y quizá le tome unos días ocuparse de los androides, que estoy segura que conseguirá destruir. Luego estará completamente libre y sin saber qué hacer… ¿Qué tal para tu cumpleaños? Es dentro de un mes. – le insistió Bulma, dispuesta a acelerar las cosas. – Ya lo estoy imaginando. Yo inventaré una excusa para dejaros solos. Habrán velas encendidas, y tú llevarás un bonito vestido del mismo color que tus ojos. ¡Estoy segura que no puede haber saiyajin en el mundo que se resista a eso, por bruto que sea! Vegeta no podía y Trunks no será más difícil que él… espero. – Añadió la científica, dando vueltas a un bolígrafo en su mano, de forma distraída
- ¡Ay, Bulma! – Exclamó Arien, ensortijando un mechón de su pelo entre sus dedos – ¡No imagino la situación! – Rió, nerviosa
- ¡Qué mejor forma de celebrar los 18 años! – Añadió Bulma, divertida, mientras se levantaba de la silla y se dirigía al esqueleto del telar, que ya había comenzado a construir. Se colocó una máscara de soldar y cogió el soplete antes de disponerse a unir piezas de metal.
Arien la miraba, pensativa. Su cumpleaños era dentro de muy poco y Bulma tenía razón, no habría ocasión mejor para confesarle sus sentimientos. Si es que ya había vuelto, claro. Recordaba su último cumpleaños. Había sido muy especial para ella.
FLASHBACK
Casi un año atrás, Arien ya estaba loca por Trunks y era muy consciente de ello. Sin darse cuenta se quedaba mirándolo embobada cada dos por tres. Intentaba pasar más tiempo con él, pese a que era difícil coincidir. Ella disfrutaba en la naturaleza y él entrenaba casi todo el día. Sólo estaban juntos una hora o dos cada día, y a ella le resultaba difícil contener el nerviosismo en presencia del chico, pero luego el tiempo sin él se le hacía eterno. Él, parecía no darse cuenta de nada, su único interés era volverse más y más fuerte entrenando sin parar. Trunks había seguido instruyendo a Arien en el uso de la espada, aunque visto lo peligrosa que era con una en sus manos, le enseñaba con una espada de madera, parecida a las utilizadas en kendo, que talló él mismo a partir de un tablón de madera. Pesaba mucho menos y Arien podía practicar sin miedo a hacerse daño. De vez en cuando, Trunks le cedía su espada para que ella comprobara sus avances. Arien estaba muy contenta y ya no tenía miedo de las armas blancas.
Un día se encontraban entrenando cuando Bulma salio del edificio con un papel en sus manos.
-¡Arien! ¡Trunks! – Exclamó, llamándolos. Los chicos estaban a escasos 50 metros del edificio, y voltearon a mirar a la mujer. – ¡Hola chicos! Siento interrumpiros pero necesito que Trunks vaya a la tienda a buscar provisiones, nos estamos quedando sin arroz y es mejor comprarlo ya. – Bulma llegó a donde estaban los muchachos y le entregó el papel a Trunks – Esta lista contiene todo lo que debes comprar. Llévate el coche, hijo, será más fácil.
- ¡Yo voy contigo! – dijo Arien, decidida – No tengo otra cosa que hacer, y además hace mucho tiempo que no voy a la tienda. ¡A lo mejor tienen ropa nueva! – Dijo Arien entusiasmada.
- No te hagas ilusiones – masculló Trunks – Esa tienda no suele traer demasiada mercancía nueva. Pero si quieres venir date prisa en prepararte, te espero en el coche.
- ¡De acuerdo! – dijo Arien mientras corría hacia la casa - ¡En seguida vuelvo!
Arien entró corriendo al edificio y se dirigió a su habitación, por el camino desabrochó sus pantalones y se quitó la camiseta, de modo que cuando llegó a la habitación soltó la ropa, acabó de quitarse los pantalones, cogió una toalla y se fue corriendo a la ducha. Tardó cinco minutos en ducharse, secarse y ponerse ropa limpia, y, aún con el cabello mojado salió de la casa dirigiéndose al coche. Trunks, también se había cambiado y ya la esperaba allí.
- ¿Estás lista? – preguntó el chico, sonriéndole.
- ¡Vámonos! – contestó Arien, contenta.
- Tened cuidado chicos, y no tardéis en volver. – les dijo Bulma
- No te preocupes mamá, iremos rápido – dijo Trunks, abriendo la puerta del coche y sentándose en el asiento del conductor. Arien ya había saltado al asiento contiguo. El chico introdujo la llave en el contacto y arrancó el coche. Era un aerocoche descapotable de un modelo bastante antiguo, pero era el que mejor conservaba Bulma, las piezas eran fáciles de reparar y por ese motivo era el que tenía para más uso.
Arien iba en el asiento del copiloto con la melena secándose al viento. Le encantaba ir en ese coche. Sentir el viento en su cara le recordaba a la misma sensación de libertad que sentía cuando iba en moto.
Recorrieron los 20 kilómetros que separaban la tienda de la Corporación Cápsula hablando de los entrenamientos y de las cosas que Arien debía mejorar. Habían interrumpido la clase y Trunks no había podido corregirle los fallos así que aprovechaba ahora para tratar de aclararle algunas cosas.
Llegaron a la tienda en 15 minutos y se bajaron del coche. El negocio estaba situado en la planta baja de un edificio en ruinas. Desde fuera parecía totalmente deshabitado, para no llamar la atención de los androides, pero dentro, se podía apreciar el tamaño del local, que estaba lleno a rebosar de mercancía de todo tipo. Muebles viejos pero conservados, comida, ropa, artilugios electrónicos varios… Los chicos entraron en la tienda y se dispusieron a buscar todo lo que Bulma les había apuntado en la lista.
- Tú busca el arroz, la harina, el azúcar y la levadura, y yo iré a por las fresas, los huevos, y la pasta. Luego acabamos de buscar lo que falte. – Dijo Arien, repartiendo el trabajo.
- De acuerdo, cuando encuentres todo llévalo al mostrador, te espero allí.
- ¡Bien!
Cada uno comenzó a buscar por un pasillo diferente. Arien entró en uno donde encontró la pasta, y cuando fue a cambiar de pasillo se fijó en lo que había en las estanterías de enfrente. Había objetos nuevos que nunca había visto. Uno de ellos era una especie de cubo de color negro con un cristal de forma redonda en el medio y una especie de faro en miniatura en una esquina. Arien lo tomó en sus manos y lo giró varias veces, curiosa. Nunca había visto nada parecido. Una de las trabajadoras de la tienda se acercó a ella.
- Hola señorita ¿Puedo ayudarla en algo? – le preguntó amablemente
- ¡Oh! No, sólo estaba mirando esto. La verdad es que nunca había visto algo así. ¿Qué es? – Preguntó arien.
- Es una cámara de fotos instantánea. Es un objeto muy antiguo. Las llamaban polaroid. Se toma la fotografía como en cualquier otra cámara pero ésta extrae la foto por la parte inferior que al cabo de diez minutos queda revelada.
- ¡Qué curioso! – sonrió Arien – Había leído sobre ellas pero nunca había visto ninguna en directo.
- ¡Arien! ¿Lo tienes todo? – Trunks ya estaba en el mostrador esperándola
- ¡Uich! - Masculló ella – Me había olvidado de la compra… ¡disculpe, gracias por su explicación! – se despidió de la mujer, devolviéndole la cámara - ¡Me faltan dos cosas!
Cuando encontró lo que le faltaba se dirigió a la caja, donde Trunks se encontraba esperándola apoyado de espaldas al mostrador y con los brazos cruzados.
- ¿Por qué has tardado tanto? – le preguntó el chico
- Es que he visto una cosa que no sabía lo que era, y la dependienta me lo ha explicado – dijo ella, soltando lo que llevaba en las manos sobre el mostrador. – ¡Una cámara de fotos instantánea! – dijo Arien, sonriendo - ¿No es fabuloso que aún se puedan encontrar esas cosas? – le dijo con fascinación
- ¡Sí! La verdad es que a veces uno se sorprende de las cosas que aún existen, ¡como tu moto! – sonrió Trunks, bromeando. Arien le sacó la lengua.
- ¿Desean algo más? – preguntó el dueño de la tienda
- No, creo que ya lo llevamos todo – respondió Trunks, sacando su billetera del bolsillo del pantalón. De pronto, Arien abrió mucho los ojos y le cogió del brazo.
- ¡Un momento! – exclamó – ¿Aquello es chocolate? – preguntó al tendero señalando unas tabletas que habían en la parte interior del mostrador.
- ¡Sí! ¡Ha llegado esta mañana! Chocolate negro, del más exquisito que hemos podido encontrar. Es muy difícil conseguir una partida de chocolate como este, es muy escaso. – les informó el tendero.
Arien agarró fuerte el brazo de Trunks con las dos manos, y el chico la miró sorprendido, sin entender la reacción. La chica le miraba fijamente a los ojos con mirada intensa, y Trunks parpadeó dos veces antes de preguntar:
- Arien… ¿qué te pasa?
- Trunks… … - Arien se mordió el labio inferior y levantó las cejas con gesto suplicante – Por favooor… ¡cómprame una tableta de chocolate!
A Trunks le resbaló una gota de sudor por la frente, y miró al tendero, que comenzó a reír a carcajadas. El chico volvió a mirar a Arien y seriamente le dijo:
- Arien, sabes de sobra que debemos comprar lo que necesitamos, no podemos permitirnos lujos.
- Pero hace tantos años que no como chocolate, ¡y me encanta! – Dijo ella, apenada – por favor, prometo no pedirte nada más en mucho tiempo – Arien puso ojos tristes y arqueó las cejas sin dejar de mirar al chico fijamente. Juntó sus manos a la altura del pecho en forma de súplica y Trunks se cruzó de brazos.
- Arien… No me hagas esto… - dijo Trunks, mirándola de soslayo.
- Venga – continuó la chica – ¿Y si me lo compras de regalo de cumpleaños? ¡Es dentro de dos días! – sonrió Arien
- ¿D.. Dentro de dos días? – preguntó Trunks sorprendido por la noticia. "¡Mierda! Se me ha olvidado por completo. ¿Cómo puedo ser tan despistado?" Se reprendía el chico para sí mismo. Se llevó una mano a la cara y se frotó la frente, pensativo.
- Por favooooor – Suplicó Arien, por enésima vez.
- De acuerdo – accedió el chico. Arien sonrió de oreja a oreja – pero no te acostumbres ¿eh?
- ¡Bieeeeeen! – Exclamó Arien, cerrando fuerte los puños en señal de victoria.
- Déme también una tableta de chocolate – Dijo Trunks, suspirando
- ¡Muy bien, señor! ¿de qué tamaño? – preguntó el tendero
- Pues… - Trunks miró a la chica de reojo, quien no quitaba ojo de las tabletas más grandes – Una de esas, de las grandes.
- ¡jaja! – rió Arien, contenta.
El tendero cerraba la cuenta y le decía el importe a Trunks, que volvió a sacar su billetera, cuando la dependienta que había hablado antes con Arien, se acercó a ellos.
- ¡Un momento señor! – Dijo la mujer – He oído que pronto será el cumpleaños de la señorita y tengo algo para ella – Dicho esto dejó la cámara de fotos encima del mostrador y le tendió a Arien una lámina cuadrada de unos 12 cm de lado, donde parecía que había una imagen impresa.
- ¿Qué es esto? – preguntó la chica, tomando la lámina.
- ¡Les he hecho una fotografía con la cámara instantánea! – respondió la dependienta.
Arien miró la foto que ya había terminado de revelarse y vio que en ella salían Trunks y ella. En ella, el chico la miraba con frustración y ella le tomaba por el brazo fuertemente mientras le sostenía la mirada con gesto de súplica.
- ¡Muchas gracias! – dijo Arien, contenta. Era la primera foto que tenía de ella y Trunks.
- ¡No se merecen! Me pareció que podría ser un bonito recuerdo. ¡Hacen ustedes una pareja de novios encantadora! – concluyó la mujer.
Trunks y Arien se miraron y se sonrojaron.
- No somos novios – se apresuró a corregir Arien – sólo somos amigos.
- ¡Pues es una pena, porque entre ustedes hay una magia especial! – continuó la señora – Son capaces de contagiar su alegría a cualquiera.
Trunks y Arien se despidieron de los dos tenderos, muy avergonzados y salieron de la tienda en dirección al coche sin cruzar palabra. Trunks estaba muy sonrojado, y Arien, nerviosa, miraba al suelo. El chico colocó las bolsas en los asientos traseros mientras Arien entraba en el coche. Trunks se situó en el asiento del conductor y antes de meter la llave en el contacto dijo:
- No hemos actuado extraño ¿no? – preguntó a Arien, quien miraba por encima de la puerta contigua a su asiento. – Quiero decir, para que nos tomen por una pareja…
- ¡No te preocupes! – se apresuró a responder ella – son señores mayores, supongo que les gusta imaginarse cosas que no son, deben aburrirse mucho todo el día ahí dentro – dijo sonriendo, para quitarle hierro al asunto.
- Tienes razón – respondió Trunks, más tranquilo. Arrancó el coche y dio media vuelta para dirigirse a la Corporación Cápsula. Mientras conducía miró a la chica. Estaba sonriendo, y el cabello le flotaba alborotado por detrás de su cabeza. Llevaba en las manos la tableta de chocolate y la fotografía.
- ¿Sabes una cosa? – dijo de pronto Arien – ¡compartiré el chocolate con Bulma y contigo, aunque sea un regalo de cumpleaños! – le confesó, risueña. Trunks le sonrió y miró al frente. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido de olvidar una fecha tan importante para Arien?
Llegaron a casa en seguida y descargaron las compras. Mientras Arien le explicaba lo que había pasado a Bulma, quien, divertida, se había sentado en frente de ella en la mesa del laboratorio, Trunks fue a su habitación. Tenía que encontrar una solución rápido. ¿Una tableta de chocolate como regalo de cumpleaños?, ¡qué cosa más ruin! Arien era muy buena chica y se merecía mucho más que eso. Ella significaba mucho para él, era su mejor amiga y siempre había estado a su lado en los momentos más difíciles. Trunks necesitaba mostrarle lo importante que era ella para él. El chico daba vueltas en la habitación pensando qué podía hacer que fuera especial para ella. Se sentó en la cama y mordió la uña de su pulgar, como siempre hacía cuando se concentraba. Quizás si salía a dar una vuelta se le ocurriría algo.
Salió de la habitación y se dirigió rápidamente hacia el exterior de la casa. Su madre y Arien ya no estaban en el laboratorio, debían haber ido a la cocina. Una vez en el exterior, se marchó volando, mientras seguía sin ocurrírsele nada. Tras pasar un buen rato surcando el aire, llegó a una zona donde solía entrenar con Gohan. Aterrizó allí y se sentó en el viejo tocón de un árbol. Comenzaba a hacer calor y se quitó la chaqueta azul celeste que llevaba. Miró sus brazos. Cada vez estaban más fibrados y su piel estaba tostada por el sol. En aquel lugar recordaba haber realizado entrenamientos muy duros junto a Gohan. Desde que éste había muerto, Trunks había tenido que encontrar la forma de entrenar por su cuenta, sin nadie que le ayudara o le supervisara, y eso lo hizo aún más difícil. Era por ello que dedicaba tantas horas a los entrenamientos, de un tiempo a esta parte no se sentía seguro de su forma de entrenar, no creía estar haciendo las cosas bien, y sólo se sentía mejor esforzándose más y más.
Sentía una gran responsabilidad sobre sí mismo, había dos mujeres en su vida que debía proteger, y él deseaba ser capaz de liberarlas de los androides, quería darles la vida que merecían, tranquila y plena. Arien y él nunca habían conocido otro tipo de vida y eso le motivaba más a intentar conseguir su objetivo.
Arien, era su mejor amiga y era también como… su hermana… ¿su hermana?... No. No era exactamente como una hermana el modo en que veía a Arien. Era mucho más que una amiga, era como su alma gemela, podía leerle el pensamiento sólo con mirarla a los ojos, pero no creía que lo que sentía por ella fuera similar a lo que se siente por una hermana. Nunca se lo había planteado pero no sabía cómo definir lo que Arien era para él. Era prácticamente una parte de sí mismo, no había un recuerdo de su vida en el que ella no apareciera.
Pero últimamente había estado tan enfrascado en sus entrenamientos que había olvidado por completo pasar tiempo con su familia y había olvidado que en dos días Arien cumpliría 17 años. Sólo hacía 4 meses que él los había cumplido y prácticamente fue su madre quien se lo recordó. Pero le sabía muy mal no haber recordado el de Arien. Creía que se lo debía. Pero ¿qué podía hacer?
Arien era una persona muy conformista, podía comprarle cosas materiales pero él sabía que, aunque lo apreciaría, le haría más ilusión otro tipo de obsequio. Quizá algo fabricado por él mismo, que le demostrara que había estado trabajando en algo por ella, y que era lo suficientemente importante para él como para alejarle de los entrenamientos. Pero él no era muy bueno fabricando cosas. Podría intentarlo pero si utilizaba el laboratorio se darían cuenta de lo que estaba haciendo.
Frustrado, Trunks se levantó del tocón, y caminó unos pasos. Se sentó en la hierba y se dejó caer de espaldas en el suelo. Algunas briznas de hierba se arremolinaron en torno a su cuerpo. Desde esta posición podía ver las nubes, que se movían veloces por el efecto del viento. Vio pasar volando un grupo de pájaros en formación. ¡Cuánta libertad había aún en la naturaleza!
- Aquellos pájaros me recuerdan a Arien, - dijo Trunks para sí mismo, sonriendo – fuertes, valientes y volando libres a pesar de las adversidades y los peligros… ¡Un momento!
Trunks se incorporó rápidamente y se sacudió la hierba del cabello.
- ¡Eso es! – Exclamó con júbilo, apretando su mano derecha en un puño, sonriendo de oreja a oreja
Sentado en el suelo, comenzó a mirar alrededor rápidamente, buscando algo. De pronto se le abrieron los ojos de par en par y se giró de golpe, mirando el tocón del árbol. Se levantó de un salto y corrió junto al tronco.
- Lo siento, amigo, llevas aquí muchos años, pero ha llegado el momento de que pases a la posteridad. – le dijo Trunks al tronco, antes de darle un golpe seco con su mano como si fuera un hacha y partir un buen trozo madera en línea recta, intentando que no se astillara.
…
…
…
Llegó el cumpleaños de Arien, dos días después de que le tomaran la foto en la tienda. Ella se encontraba en su habitación, y sostenía aquella fotografía en las manos.
- Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos Arien …– Cantaba la chica, para sí. – Ya tengo 17 años, cómo ha pasado el tiempo – dijo Arien. – y cada día que pasa te quiero más…
Se levantó de la cama y guardó aquella foto en una cajita sobre su mesita de noche. Se dirigió a su armario, pensaba ponerse algo especial pero la verdad es que no tenía demasiada ropa para escoger. Entre las viejas prendas encontró un pantalón marrón y una camiseta de manga corta amarilla. Era lo más bonito que tenía, al menos era lo más estrecho… Dejó la ropa encima de su cama, cogió una toalla y se dirigió a la ducha.
Cuando terminó de ducharse volvió a su habitación y se vistió, luego secó su cabello con la toalla y lo peinó delicadamente frente al espejo. Se veía muy bonita, tenía un cabello muy largo y sus ojos, de color verde turquesa, brillaban más que nunca.
Hoy había regresado antes de una de sus expediciones porque Bulma le había dicho que harían algo especial para cenar y que no debía volver tarde. Trunks aún no había vuelto de su entrenamiento. Hoy estaba tardando más que de costumbre.
- Seguro que está al llegar – se animó Arien.
Salió de la habitación y se dirigió a la cocina, donde Bulma estaba preparando arroz, de una forma que a Arien le encantaba. Ella se puso el delantal y comenzó a ayudar a la peliazul, que, atareada, parecía no dar abasto con todo.
Pasó una hora y Trunks aún no aparecía. Arien comenzó a preocuparse "¿y si se ha olvidado de que hoy es mi cumpleaños?" Se preguntaba, nerviosa.
- ¡Bueno! – dijo Bulma – Ya está todo listo, ahora sólo falta que llegue Trunks. ¡Mira que es despistado! Le dije claramente que debía volver pronto. – La mujer se dirigió a una estantería, donde había una radio y la conectó, buscando una emisora donde solían poner música. Cuando la encontró, subió un poco el volumen y volvió a acercarse a la mesa. Arien se apoyaba en una de las sillas. Estaba nerviosa, Trunks nunca había tardado tanto en volver a casa después de los entrenamientos, ya eran más de las 8 de la tarde y normalmente él estaba en casa a eso de las 6 y media.
- ¿No le habrá pasado nada, verdad? – preguntó temerosa, la chica.
- No lo creo Arien, de todas formas los androides están muy lejos de aquí, no creo que tarde mucho más, supongo que se ha demorado más en el entrenamiento pero ya debe estar al llegar ¡ya lo verás! – dijo Bulma, tratando de tranquilizar a Arien.
Entonces oyeron la puerta que separaba la casa del laboratorio, y unos pasos que se acercaban. Unos nudillos llamaron a la puerta de la cocina, y seguidamente se abrió lo justo para que la cabeza de Trunks se asomara.
- ¡Hola! Siento haber tardado tanto – se disculpó el chico – Voy a ducharme y en seguida vuelvo
- ¡Date prisa! ¡Eres un desastre! – le reprendió Bulma, sonriendo
Arien se quitó el delantal y mientras acababan de poner la mesa, Trunks entró en la cocina ya duchado y con ropa limpia.
- ¡Trunks! – exclamó Bulma, cuando reparó en él - ¡qué guapo te has puesto! Pensaba que no te gustaba esa ropa
El chico se había puesto unos jeans y una camisa blanca de manga corta.
- ¡Mamá! – se quejó Trunks bajando la vista, ruborizado – no es que no me guste, es que no es muy cómoda para entrenar – levantó la vista y miró a Arien, quien le miraba con la boca abierta y ligeramente sonrojada
- Bueno chicos, ¡a cenar! – dijo Bulma
Todos se sentaron a la mesa y comenzaron a cenar mientras hablaban de lo que habían hecho durante el día. Cuando terminaron de cenar, Arien se levantó para ir a buscar la tableta de chocolate, la partió en trozos pequeños y los puso en un plato. Cuando la llevó a la mesa Trunks rió.
- ¿pero eso no era tu regalo de cumpleaños? – le dijo con sorna
- ¡Ya te dije que lo compartiría con vosotros! – dijo Arien, mientras se sentaba de nuevo a la mesa y colocaba el plato en el medio.
- ¿Qué? – se sorprendió, Bulma – Trunks… ¡¿ESTO es tu regalo de cumpleaños para Arien?
Trunks se encogió de hombros y sonrió a su madre con sonrisa pícara.
- Era lo que ella quería, ¿no, Arien? – le dijo a la chica, que mordisqueaba con deleite un trocito de chocolate.
- ¡Claro! Mmmmh, ¡delicioso! – dijo, cerrando los ojos mientras lo degustaba.
- ¿Y tú? Qué le has regalado – preguntó Trunks a su madre, sin dejar de sonreír pícaramente.
- ¿Yo? ¡Aún nada! – dijo Bulma con malicia. – pero creo que ya es hora de que lo haga.
Arien abrió los ojos de golpe
- ¿A qué te refieres? – preguntó la chica, confundida.
Bulma sólo sonrió y se levantó de la mesa. Abrió la nevera y sacó algo del interior. Estuvo de espaldas un buen rato, y cuando se giró tenía en las manos un pastel de frutas que había preparado aquella mañana, con unas velas encendidas y lo llevaba a la mesa cantando la canción de cumpleaños. Arien se tapó la boca con las manos y comenzó a reír nerviosamente.
- ¿Y cómo no me he dado cuenta? Si no he parado de abrir la nevera en toda la tarde – dijo Arien
- Pues porque estaba muy bien escondido, tapado y porque eres un desastre – le contestó Bulma, colocándolo delante de ella. – Pide un deseo, preciosa – dijo la peliazul. Arien cerró los ojos y seguidamente sopló las velas, apagándolas todas a la primera.
Bulma y Trunks aplaudieron y Trunks se levantó de su silla diciendo:
- Perdonadme un momento. Creo que he dejado encendida la luz de mi habitación. Ahora vuelvo. – Mientras salía de la cocina, Arien pudo ver lo bien que le quedaban esos desgastados jeans a su escultural cuerpo. El trasero se le definía de forma perfecta, y aparentaba redondo y duro como una piedra. Cuando se dio cuenta, estaba mirando fijamente el trasero de Trunks y se ruborizó, apartando la mirada rápidamente. Bulma estaba cortando el pastel y no se dio cuenta de nada.
Al cabo de unos minutos, Trunks volvió a la cocina, y Arien vio que no se sentaba en su sitio, pero no le dio importancia. Pasaba por detrás de ella y se figuró que iría a la nevera a buscar más bebida pero entonces se fijó en la cara de Bulma. Estaba seria, perpleja y con los ojos muy abiertos mirando hacia detrás de Arien. De pronto, Arien vio en su campo de visión las manos de Trunks, que sujetaban una cadena con algo prendido en ella. El chico le abrochó el colgante detrás del cuello y Arien, confusa se giró a mirarle. Trunks la miraba a los ojos y le sonreía. Arien tocó el colgante y lo tomó en su mano derecha, lo levantó para poder ver qué era, y vio que era una figura tallada de madera oscura. Era un pájaro que parecía salir de un huevo y con el cuerpo cubierto de plumas, a pesar de acabar de nacer. Arien extrañada le dio la vuelta, y vió una inscripción: "Arien". Su nombre estaba tallado en la madera.
La chica se levantó de la silla y se le comenzó a nublar la vista, se giró para mirar al chico a los ojos mientras Bulma los observaba en silencio.
- Pero… No hacía falta… - Dijo Arien, nerviosa.
- Bueno – dijo Trunks – Aún no me has dicho qué crees que representa, y dudo mucho que lo hayas adivinado – le sonrió de medio lado.
- Es un pájaro – Contestó Arien.
- Sí y no – le contradijo Trunks – No es un pájaro muy común. Es el Ave Fénix, que renace de sus propias cenizas. – Trunks se cruzó de brazos y Arien aún sostenía el colgante entre sus manos - Arien, tú eres una chica muy valiente. Has sobrevivido a horrores que habrían sumido en la locura a la mayoría de las personas. Te has enfrentado al peligro y al dolor y te has sobrepuesto. Te has caído y te has levantado mil veces y no hay reto que no consigas. Eres como el Ave Fénix.
Bulma miraba a su hijo emocionada. Algunas lágrimas habían comenzado a resbalar por su mejilla mientras escuchaba la explicación de su hijo, y se apresuró a limpiárselas.
- He tardado tanto porque me he quedado sin luz y tenía que acabar de tallarlo esta tarde. He pasado 2 días arañando este trozo de madera con un punzón. Y… - Buscó en su bolsillo y sacó un trozo de papel arrugado – Mamá, no te enfades. Sé que no te gusta que rompan tus libros pero de esta página ha sido de donde he copiado la figura para tallarla. Te prometo que lo arreglaré.
De pronto se fijó en Arien. La chica estaba con la cabeza baja y las lágrimas le rodaban sin parar por las mejillas, entre hipidos. Tenía los ojos cerrados y apretaba fuerte el colgante contra su pecho.
- ¡Arien! – dijo Trunks, sorprendido – ¿No te gusta?... Si no te gusta puedo conseguir otra cosa, lo que quieras – dijo apenado. No le gustaba verla así. Pero de repente, ella se le tiró a los brazos, enterrando fuertemente la cara en su pecho. Trunks no sabía qué hacer, la situación lo había pillado desprevenido y Arien le rodeaba el cuello con sus brazos, de forma que no podía zafarse. Miró a su madre, como pidiendo ayuda y Bulma le frunció el ceño haciéndole un gesto de que le correspondiera, antes de darse la vuelta para recoger algunas cosas de la encimera de la cocina. Trunks, lentamente abrazó a Arien, quien seguía llorando, y permanecieron unidos así hasta que ella se calmó.
- Lo siento – dijo la chica, sonrojada y con la cara llena de lágrimas. Lentamente se separó de Trunks y le miró a los ojos. Él aún la abrazaba y le sonreía – Te he mojado la camisa.
- ¡Jaja! No importa – dijo Trunks, sonriendo – Pero no llores más. Si te vas a poner así cada vez que te regale algo mejor no vuelvo a hacerlo – Bromeó él, sacándole una sonrisa a Arien. De pronto, Trunks pasó el dorso de sus dedos por las mejillas de la chica, limpiándole las lágrimas. Ella se ruborizó y bajó la mirada.
- Ya estoy más tranquila. Me has pillado desprevenida, no me esperaba algo así. Ha sido muy bonito, Trunks. Es el regalo más especial que me han hecho nunca – dijo ella, volviendo a mirarle.
- Me alegro – le respondió él, sonriendo. Levantó la mano y apretó la nariz de Arien con el dedo índice, como si fuera un botón. – Y ahora vamos a comernos el pastel, no todos los días tenemos pastel de postre, ¿eh? – añadió, guiñándole un ojo a la chica, quien volvió a sonrojarse. Trunks se separó de ella y volvió a sentarse a la mesa donde su madre, estaba repartiendo las porciones de pastel.
FIN DEL FLASHBACK
Arien había terminado de apuntar las instrucciones y ahora las estaba traduciendo a lenguaje de programación, cuando Bulma paró de soldar, se levantó la careta de protección y le dijo.
- Por cierto, Arien. Podrías ponerte el colgante que te regaló Trunks el año pasado, es un detalle bonito para que él te lo vea puesto. Hace muchos días que no te lo veo. ¿Dónde lo has metido? – preguntó Bulma, curiosa.
Arien levantó la vista del papel para mirar a Bulma y le sonrió sin decir nada…
¿Qué os ha parecido?
¿Dónde habrá guardado Arien el colgante? jajaja!
En el próximo capítulo el telar ya estará terminado. ¿Qué prenda de ropa creeis que fabricará Arien primero? ¿qué creeis que puede echar más de menos una mujer que no tiene muchas facilidades para encontrar ropa?
Lo sabréis en el próximo capítulo.
Ah! y se valen comentarios! :P
