Capitulo 7

N/A: No estoy segura como se sienten por el antiguo Jim después de después de Reichenbach. Ahora creo que esto es oficialmente un AU. Así que Jim solo necesita un médico militar para su uso personal. Por cierto, el titulo de este capítulo fue tomado de Kiss con un Fist por Florence y la Maquina si es que hay alguien interesado en saberlo.

John siempre fue cuidadoso con los mensajes de Jim, los borraba casi inmediatamente después de haberlos leído. Esas hubiesen sido de las pocas cosas que le hubiese gustado guardar, pero Sherlock tenía el hábito de tomar prestado su teléfono. Así que era demasiado riesgo el conservarlos.

Aun así, John tomaba precauciones extra. Tenía en su lista de contactos a Moriarty simplemente como EL. Nunca llamaba a Jim frente a Sherlock, siempre se excusaba y dejaba la sala. Como mejor se las ingeniaba, nunca dejaba su teléfono olvidado. Había sido muy difícil mantenerlo en secreto de Sherlock, pero no fue imposible. Incluso había sido más fácil desde que su amistad estaba un poco tirante.

Querido Jim, por favor, ¿arreglarías esto por mí? Me perdí de mi almuerzo y no hay nada comestible en el departamento. Si no como algo pronto, quizás muera de inanición.

Comete uno de los bisquets que tienes en el microondas. Tengo que finalizar un pequeño asunto, pero el auto irá por ti en una hora. ¿Crees que puedes esperar ese tiempo?–M

Ni siquiera voy a preguntar cómo es que sabes donde escondo los bisquets. Creo que sobreviviré solo lo suficiente.

Estaré ahí tan pronto como pueda–M

Gracias.

No puedo esperar a verte Johnny –M

John colocó su teléfono sobre la cama y se metió a bañar. Cualquier encuentro con Jim garantizaba una buena cantidad de sexo y John se sentía cubierto de gérmenes del hospital. Realizó la limpieza general de su cuerpo poniendo especial énfasis en los puntos importantes. Se tomó su tiempo, sabiendo que tenía que matar una hora, su estomago rugió infelizmente.

Se sorprendió de que Jim hubiera estado de acuerdo con eso. Aun tenían prohibido cenar juntos y por lo tanto a Jim tenía que haberle agradado la idea para aceptar. Quizás solo iban a solicitar comida preparada a la casa de Jim, sin comprometerse más. Ojala que eso contara como una no comida juntos, ¿estaría eso dentro de los parámetros del Consultor Criminal?

No tenía idea porque Jim estaba renuente a llamarlo una relación. Tenían sexo regularmente y se habían estado mandando mensajes de texto uno al otro por más de dos meses. La relación de John con Sara ni siquiera había durado tanto. Fueron a la opera, al cine, pasaban algunas noches juntos durmiendo uno en brazos del otro, todas esas cosas que John catalogaba como citas. Pero si Jim estaba decidido a que eso no era más que sexo, John no se lo iba a discutir. Para ser francos, no sabría realmente como manejar una relación de verdad con Jim de todas maneras. La idea que esto fuera así, era ridícula.

Cuando finalizó de bañarse, rápidamente se secó con una toalla para después amarrársela alrededor de la cintura. Fue a su recamara para encontrarse a Sherlock quien estaba parado al lado de su cama con el móvil de John en su mano. John se congeló, inseguro de que hacer. Había borrado todos los mensajes a excepción del último. ¿Lo había visto Sherlock? ¿Alguna vez había imaginado ese instante? John contuvo la respiración, esperando a ver qué diría Sherlock.

—No te gusta que te digan Johnny—, dijo Sherlock, cerrando el móvil de John, con un movimiento rápido.

—No, usualmente no—. Y era en serio, John odiaba que le dijeran Johnny pero cada vez que le pidió a Jim que dejara de hacerlo, simplemente fue ignorado. Así que viendo perdida la batalla, el simplemente se resignó y lo aceptó a ser —Johnny— cuando estaba con Jim. Actualmente ya no le daba mucha importancia.

—Porque tu hermana te llamaba Johnny y eso es un recuerdo doloroso que te evoca a tu hermana y creo que no quieres estar pensando en tu hermana mientras estas con tu amante. Aun así te sigue diciendo Johnny. No me parece que sea una persona muy considerada.

—Sherlock, ¿Solo lo dejarías pasar?— le pidió John, mientras iba a su closet, sacando unos pantalones y calcetines limpios.

—¿Y M?, ¿Quién es M? ¿Quizás Mycroft?— Sherlock prácticamente gruñó.

—¡Oh vamos!, ¡no de nuevo con eso! No estoy follando con tu hermano y nunca follaré con tu hermano— John rodó sus ojos y rebuscó entre sus cosas, intentando pensar en que ponerse. Por lo general no importaba lo que se pusiera, pues en el momento que Jim y John estaban juntos les gustaba estar desnudos, pero ahora estaba la ocasión en que se iban sentar a comer juntos, John quería estar bien vestido para la ocasión.

—¿Entonces quién? Debe ser alguien que conozco o no te estarías tomando tantas precauciones para mantenerlo en secreto. Si fuera un desconocido, no te importaría que yo supiera su nombre o no. Podría ser un hombre no atractivo, pero tú no eres un hombre vanidoso, ya que saliste con esa chica que tenía acné, por lo cual tampoco es una causa probable de que lo hagas secreto—. Razonó Sherlock, mirando el teléfono como si fuera a darle más pistas. —Tú viejo amigo del ejército, Bill Murray, pero es improbable que pueda permitirse un coche tan lujoso como el que te está recogiendo. Lo mismo va para Mike Stamford además de que está casado. No pareces el tipo que tiene aventuras con un hombre casado.

John no podía concebir que Sherlock no tuviera ni una idea de quien realmente era, John tampoco podría imaginarse que haría o no haría si descubría quien era la cita misteriosa de John. Estaba agradecido que de Jim siempre le mandara mensajes de texto ambiguos.

—Debe ser Mycroft, es el único que reúne todos los criterios, lo único que tendría sentido. — Sherlock arrojó frustrado el teléfono de John a la cama.

—Pues no es Mycroft. En todo este tiempo que he estado en compañía de tu hermano, ¿Me has visto mostrar el más ligero interés en él?

—Bueno, no, pero podrían haberlo estado haciendo a propósito.

—Sherlock, te lo prometo. Nunca tendría relaciones sexuales con Mycroft, no solo porque es tu hermano, si no porque de verdad, para nada es mi tipo.

—No sabía que tuvieras un tipo.

Bien parecido, cabello oscuro y suave, brillantemente inteligente, ligeramente loco al parecer John no pudo evitar pensar, sino que solo se encogió de hombros. Entonces se dio cuenta de la torpeza que cometió, de alguna manera estaba describiendo a Mycroft. John se estremeció ante la idea.

—¿Alguna vez ha cruzado por tu cabeza que tal vez la razón por la mantengo en secreto con quien estoy saliendo, no es por con quien, sino tiene que ver todo contigo?— preguntó John, intentando desviar la conversación en una dirección completamente diferente.

—¿Yo? ¿Por qué soy yo el factor dentro de todo esto?—. Sherlock parpadeó un par de veces, evidentemente perplejo. Si fuera alguien más, eso no sería necesario de explicar.

—Sherlock, las cosas entre nosotros son diferentes ahora. Seguramente has notado que nuestra amistad ha estado un poco tensa últimamente. ¿Has pensado que tal vez no te lo he dicho porque haría que nuestra relación fuera más difícil?

—¿Por qué debería serlo?

—¡Dios!, ¿de verdad tengo que explicarte esto?—. John pasó sus manos sobre sus ojos para tallarlos durante unos instantes. — Me imagine Sherlock, que es algo que ninguno de los dos quiso hablar cuando estuvo ahí.

—¿Estuvo?— Sherlock preguntó, notando el verbo en pasado.

—Quizás todavía haya un poco, pero estoy haciendo mi mejor esfuerzo para continuar. Dijiste que no estabas interesado en una relación conmigo, así que estoy haciendo lo que puedo para sentirme de otra forma. Por lo cual eso significa que hay ciertas cosas de las que no puedo platicar contigo, porque sería muy incomodo, por lo menos para mí. Estoy intentándolo Sherlock, estoy realmente intentando regresar a lo que teníamos antes, a ser solo amigos porque quiero que eso seamos de nuevo. Solo dame tiempo y déjame arreglar las cosas a mi manera—. John, aunque estaba evadiendo decirle la verdad, no estaba mintiendo completamente. El quería que volvieran a ser amigos, aunque esa pequeña parte de atracción siempre estaría ahí.

—Bien— Sherlock replicó a regañadientes. —y ¿en qué estado debo esperar que llegues a casa?

John suspiró y paso una mano por su rostro. Sherlock había dejado mostrar su malestar cuando John llegó a casa con las manos vendadas y su enojo finalmente cuando vio las marcas en su cuello. —Te dije que fue un accidente.

—Hmm— Sherlock respondió, como si de verdad no le creyera. —Las manos quizás, pero no hay forma de que las heridas de tu cuello fueran accidentales.

—¿De verdad quieres tener esta conversación?— John le preguntó, colocando sus manos en jarra, como muestra de su irritación. —¿Quieres saber lo que hago en una cama?

—Por lo tanto fue algo de índole sexual— concluyó Sherlock.

—¿Quieres que te de mi lista de todas las pequeñas perversiones que tú tienes o que has hecho?

—¿Que tiene que ver con todo esto?— Sherlock continuo presionando y John no tenía idea por qué estaba respondiendo a todas sus preguntas.

—Porque vino al caso, pero si lo que estas preguntándome es que si la asfixia es lo mío, no, no lo es. Pero a él le gusta, por lo tanto a mi también. ¿Algo más que quieras saber o puedo vestirme ya?

Sherlock abrió la boca para decir algo más, pero fue interrumpido por el zumbido del móvil de John en la que estaba sobre la cama. Sherlock apretó en un puño su mano, obviamente en retener el deseo de agarrar el teléfono y leer el mensaje que le habían acabado de enviar a John. Fue casi un milagro que Sherlock tuviera el suficiente dominio sobre sí mismo para no hacerlo.

John se acercó a la cama y tomó su teléfono. Como él lo supuso, era otro mensaje de Moriarty. Miró a su compañero de piso para asegurarse de que Sherlock no estuviera intentando mirar el contenido, pero el hombre tenía fijos los ojos en la puerta.

Ponte el traje que te compré. El auto estará ahí en cinco minutos. –M

—¡Maldición!— Maldijo John, cuestionándose como iba a obtener tiempo para arreglarse.

—Bueno, tengo un experimento que mirar— dijo Sherlock, antes de dejar la habitación a grandes zancadas. John no estuvo seguro si era verdad o mentira lo que dijo, pero realmente no le importó. Cerró la puerta con seguro antes de ir a su closet y buscar en el fondo el traje de Hugo Boss. Con cuidado lo colocó sobre su cama y comenzó a pensar teorías de cómo iban a pasar la noche. Fue evidente que si fuera delante de una televisión, Jim no le hubiese pedido que se vistiese así, por lo que John descartó esa posibilidad.

Se vistió rápidamente, manteniendo todo el tiempo la mirada en el reloj para asegurarse que estaría afuera en cinco minutos. Su estomago comenzaba a dolerle por el hambre, y solo podía esperar que cenaran antes de follar. No albergó mucho esa esperanza. Cuando pasó por la cocina, Sherlock estaba inclinado sobre su microscopio. John no estuvo seguro si solo era para hacer que su mentira se viera real o de verdad estaba en medio de un experimento.

Llegó a la acera usual en tan solo siete minutos, el auto negro habitual estaba esperándolo. Como de costumbre estaba esperando que lo llevaran al departamento de Jim, después de todo, es donde pasaban más tiempo juntos. John revisó de nuevo sus teorías de cómo había pensado que pasarían el tiempo. No podría ser en un restaurant, era demasiado riesgo para Jim. ¿Quién sabe con quién podrían encontrarse? La Opera no tuvo mucha luz, por lo que realmente no se preocupo por quien estuviera ahí. Pero ir a un restaurante juntos era una idea terrible.

El auto finalmente se detuvo frente a un edificio abandonado cerca del Tamesis. John deslizo sus manos suavemente sobre el traje y se abrochó el saco mientras el auto se alejaba. Solo había una rosa de un rojo oscuro pegada a la puerta con una nota. Sube a la azotea –M. John metió la nota en su bolsillo y sacó con precaución la flor. Todavía tenía espinas por lo que se aseguro de sujetarla cuidadosamente entre sus dedos.

Hubo que subir cuatro tramos de escaleras antes de que John llegara ante una puerta oxidada que le abría paso a la azotea. Moriarty estaba ahí esperándole y en el momento que vio a John, oprimió un botón de su Ipod y la música de Opera estuvo rodeándole desde cuatro bocinas que estaban posicionadas en cada esquina de la azotea. Había una mesa en medio de esta, un candelabro en el cetro junto con un pequeño jarrón de rosas rojas idénticas a la que John tenía en su mano.

—¡Llegas tarde!— dijo Jim fríamente, con los pies apoyados sobre la mesa. —Aparentemente no estabas tan hambriento como dijiste.

—¡Oh, silencio!, apenas llegue dos minutos tarde— replicó John, comenzando a caminar hacia la mesa.

Jim bajo los pies de la mesa y se puso de pie, caminando alrededor de esta, para atrapar a John antes de que llegara a la silla. —Tú haces que los minutos parezcan horas Johnny. No es bueno dejar a un hombre impaciente esperando— dijo Jim mientras chupaba el lóbulo de John y luego lo mordisqueaba.

—Parece que has tenido un montón de problemas— dijo John señalando con la cabeza la mesa. —No me gustaría perdérmelo— Para enfatizar lo dicho el estomago de John dio un gruñido impresionante. Jim deslizó su mano hacia el estomago de John para luego frotarlo suavemente. Su mano comenzó a bajar más —Jim— dijo John, advirtiéndole, dándole al Consultor Criminal un ligero empujón para alejarlo.

—Bien, bien, de acuerdo— dijo Jim, haciendo un puchero. John se rio y lo envolvió entre sus brazos, acercándolo todo lo posible. Atrapo el labio inferior de Jim entre sus dientes y lo jalo ligeramente. Cuando lo soltó, Jim se abalanzó su boca sobre la suya, lamiendo los labios de John para abrirse paso a su interior, ambos no pudieron evitar gemir. Cuando John intentó apartarse, Jim enterró sus dedos en el cabello de John y jalo de este para inclinar más la cabeza de John y poder hundir más su lengua en esa cavidad y provocar más a John.

—¡Jim!— dijo John sin aliento cuando de alguna manera logró romper el beso. —De verdad tengo que comer algo. Tengo que alimentarme, no puedo vivir solo de tu habilidad con la lengua.

—Puedes comerme— se ofreció Jim, intentado capturar los labios de John de nuevo, pero John logró evadirlo.

—Necesito un sustento real— John se escabulló, alejándose. Jim deja escapar un gemido de frustrado, pero aun así dejó que se alejara John. Ambos tomaron sus asientos respectivos en la mesa, Jim estaba portando una impresionante erección bajo sus pantalones de seda. Jim tomó una servilleta, y la sacudió para desdoblarla y luego la colocó suavemente sobre su regazo. John hizo lo mismo pero sin la dramática floritura.

John quitó la tapa de charola para encontrar una corte de filete, grueso, término medio, mientras que el de Jim aun tenía sangre. Jim comió rápidamente, cortaba rudamente su pieza de carne tan bruscamente que su cuchillo arañaba el plato. John todo lo contrario comió despacio, sabiendo de antemano que si comía demasiado aprisa con el estomago vacio, solo provocaría que se sintiera enfermo. Escucharon la opera y platicaron sobre cosas sin importancia. Jim deslizó su pie bajo la mesa y comenzó a frotarlo contra la pierna de John, empujando sus pantalones hacia arriba y hacia abajo.

—Así que supongo que la imposición de "no cenar juntos" ha sido levantada— dijo John para intentar concentrarse en otra cosa que no fuera el pie juguetón de Jim bajo la mesa.

—Hmm— respondió evasivamente Jim.

En un momento, un hombre casi indescriptible, llegó hasta su mesa para quitarles los platos anteriores y dejarles en su lugar dos platos de Créme Brulee. John tomó su cuchara y probó un poco. —¡Oh Dios, esto esta delicioso!— John prácticamente gimió. Estaba prácticamente lleno, pero podía hacer un poco más de espacio. No podía recordar cuando fue la última vez que el tuvo una comida decente que no fuera para llevar servida en cajas de cartón.

De pronto dejó de comer, dejando su cuchara a mitad de camino a su boca, cuando sintió algo en su entrepierna encima de sus pantalones. Le tomó un poco de tiempo darse cuenta que era un pie. Jim se había quitado el zapato y acariciaba con su pie de movimientos ascendentes y descendentes la ingle de John, el dedo gordo de su pie se movía circularmente.

—¿Qué estás haciendo?— preguntó John, colocando su cuchara en su plato.

—Nada— replicó Jim inocentemente, comenzando a frotar más fuerte. John dejó escapar un ligero gemido, y empujó su silla hacia atrás, para alejarse de ese frotting con el pie.

—Dios, ni siquiera puedes dejarme finalizar mi comida sin que me estés molestando— John movió su cabeza desaprobatoriamente pero sonreía por la escena.

—Te pusiste el traje de nuevo. — Jim inclinó su cabeza ligeramente, observando a John a través de sus pestañas dándole una mirada depredadora.

—Me lo pediste—. Encogió los hombros John para restarle importancia.

—Eso hice—. Jim se levantó de su asiento y caminando lentamente rodeó la mesa, sus ojos jamás se despegaron de los de John. John no sabía lo que usualmente venía después del postre pero tuvo un presentimiento de que era. Jim se inclinó y se sentó en su regazo, enredando sus brazos alrededor del cuello de John. El beso que le siguió fue apasionado y urgente, hambriento y un poco doloroso. John ya se encontraba jadeando y medio erecto cuando Moriarty finalmente se separó de sus labios.

—Realmente te luciste con esto— dijo John casi sin aliento, mientras Jim le daba un beso en su cuello y mordisqueaba su piel. —Me hubiese conformado con algo pequeño en tu departamento.

—Yo no hago nada a medias Johnny— murmuró Jim contra su garganta, mordiéndolo juguetonamente. —Cuando cortejo a alguien, lo hago bien.

—¿Es lo que estás haciendo?— John se rió, mientras colocó una mano en la espalda baja de Jim y la otra la apoyó en la parte superior del muslo de este —¿Cortejándome?

—Obviamente— Jim dijo burlón, sus dedos agiles comenzaron a deshacer la corbata de John.

—Nunca antes me habían cortejado— dijo John mientras Jim comenzó a desabotonar su camisa, inclinando su cabeza para besar la piel expuesta.

—Nunca antes había cortejado a alguien— dijo Jim, levantado su rostro para encontrarse con los ojos de John. —Es como si fuéramos vírgenes— susurró al oído de John.

John soltó un bufido y le dio una sonrisa ladeada. Movió su mano de arriba hacia abajo sobre el muslo de Jim, acariciándolo con ternura. Movió su rostro para atrapar los labios de Jim en un beso fogoso, su mano se aferró a la espalda sobre el saco del traje carísimo de Jim.

Sus pechos se juntaban y se alejaban de vez en vez, sus labios estaban hinchados y con marcas de dientes. —Creo que debemos continuar— dijo Jim contra los labios de John. Este sonrió y en respuesta unió sus labios nuevamente. Sus lenguas pelearon por el dominio y Jim solo se rindió cuando John casi estaba lamiéndole las amígdalas. Se estuvieron devorando uno a otro mientras los dedos de John se clavaban en el muslo de Jim, toda la ternura había sido reemplazada por lujuria pura.

—¡Oh Dios, solo tómame ya, estoy listo!— gimió Jim, retorciéndose en el regazo de John frotándose lo suficiente para volver loco a John. Se levantó del regazo de John velozmente, agarró y tiró del mantel. Este se deslizó fuera de la mesa en un movimiento rápido y único, dejando el resto de las cosas perfectamente intactas.

—Debes decirme como hacer eso—. Sonrió John, desabrochando el resto de su camisa, quitándosela y colocándola en el respaldo de la silla con su saco.

—¿Impresionado?

—Mucho

Jim colocó el mantel en el piso de la azotea. Era una tela bastante delgada, de color marrón, pero al menos era algo. Pero por otro lado sus cuerpos estaban irradiando demasiado calor, John ni siquiera podía imaginar sentir frio. —Sabes— John caminó hasta Jim y comenzó a desabotonar la camisa de este con una mano, la otra la usó para amasar su trasero. —Para ser un criminal psicótico, realmente eres muy amable conmigo.

—¿Preferirías que fuera cruel?— Jim le preguntó, a la vez que deslizó sus dedos a través del cabello de John y jalando ligeramente. John se dejó hacer de buena gana, permitiendo que Jim lo besara de nuevo mientras John sacaba la camisa de Jim de sus pantalones.

—No del todo. Sencillamente estaba haciendo una observación.

—Crees que soy amable ahora, solo espera. Puedo ser muy bueno para ti Johnny, podría ser demasiado bueno— dijo Jim presionando sus caderas contra las de John, lo que provocó que ambos jadearan.

—Ahora es algo que me agradaría ver— dijo John casi como un desafío.

El resto de sus ropas fueron removidas ágilmente, sus manos tiraban y aventaban todo en un intento de quedar desnudos rápidamente. Ambos se deslizaron al piso sobre el mantel, los labios unidos y sus brazos unos alrededor del otro. John deslizó uno de sus muslos entre los de Jim, aplicando la presión necesaria sobre la erección de este.

—¡Johnny!— sollozó Jim, arañando la espalda de John. —No juegues más conmigo, he estado duro durante toda la cena.

—Esa es mi pequeña puta lujuriosa. — John cerró su mano sobre la polla de Jim y comenzó a bombearlo rápidamente. Jim se arqueó contra él, levantando sus caderas para embestir más contra la mano de John. —Siempre tan ávido.

—Si Johnny. Soy una pequeña puta egoísta. Follame duro Johnny. Tomame.

—¿Lubricante?

—Detrás de la bocina—. Los ojos de Jim parpadearon para indicar la dirección en que se encontraba. John fue hasta la bocina, todavía sonando con música de la opera. Empujó sus dedos en movimiento ascendente, sin molestarse en mostrar delicadeza, mientras continuaba ambos dedos trabajaban el interior de Jim. Movía sus dedos hacia dentro y hacia afuera al compas de la música suave hasta que Jim estuvo retorciéndose sobre el piso, moviendo sus caderas hacia abajo para follarse así mismo con los dedos de John.

—Johnnnnny…— Jim casi aulló el nombre de John cuando los dedos de este se curvaron y acariciaron la próstata de Jim implacablemente.

John se sentó sobre sus talones y rápidamente se unto lubricante sobre su erección con su mano desocupada. En un movimiento fluido sacó sus dedos e instantáneamente los reemplazo con su polla metiéndola hasta el fondo. Jim lo rodeo con sus piernas, atrayendo más cerca y profundamente a John. —¡Dios!— John casi gritó, cuando estuvo enterrado completamente dentro de ese sitio tan cálido. Comenzó a mover sus caderas, provocando que el consultor criminal gimiera ruidosamente.

Marcó el ritmo, empujando al mismo tiempo, Jim embistiendo hacia abajo para encontrarse con estas. Sus cuerpos chocaron una y otra vez hasta que John estuvo demasiado cerca mientras que Jim repetía su nombre una y otra vez, sujetándose por los hombros. John bajó su mano para sujetar la polla de Jim y masturbarlo a la vez que embestía.

—¡Aún no, aún no!— dijo Jim desesperadamente. John intentó aguantar, pensando en las cosas menos atractivas que se le ocurrieron y colocando su mano sobre el mantel.

No tenía ni idea de lo que estaban esperando hasta que la música reverberó al máximo su ritmo y ráfagas de luces aparecieron sobre sus cabezas, seguidos de un fuerte estruendo. —¡Sorpresa!— felizmente gritó Jim mientras los fuegos artificiales iluminaban el cielo.

Los movimientos de John cesaron completamente mientras miraba admirado. Los fuegos artificiales explotaban directamente sobre ellos, siguiendo el ritmo de la música. Miró a Jim quien tenía una mirada radiante. Parpadeo un par de veces incapaz de procesar todo hasta que estrelló sus labios contra los de Jim. —¡Eres jodidamente maravilloso!— dijo mirándolo con incredulidad.

—Te dije que cuando cortejo a alguien, lo hago bien—. Jim movió sus caderas, indicando que deseaba que John comenzara a moverse otra vez.

—¿Cómo te las arreglaste para conseguir los putos fuegos artificiales?— preguntó John mientras comenzaba a embestir otra vez.

—Puedo ser muy persuasivo.

—Por favor dime que no asesinaste a alguien para conseguirme fuegos artificiales.

—No, nada de eso. Solo fue un ligero chantaje— respondió Jim con una sonrisa.

John se movió más rápido, empujando dentro de su amante con abandono, sus ojos se movían entre el rostro de Jim y los fuegos artificiales encima de ellos. Cuando siento que estaba llegando, cubrió con su mano la polla de Jim y la masturbó, intentando que ambos llegaran al clímax al mismo tiempo. Fue Jim quien lo alcanzó primero, arqueó su espalda y sus ojos se pusieron en blanco. Con un grito ahogado dijo el nombre de John, el cual quedó opacado por el ruido de los fuegos artificiales.

John lo siguió casi al instante, dejándose venir fuerte y profundamente mientras su rostro se cubría con una mueca de éxtasis. Se dejó venir por un largo tiempo más que alguno que pudiera recordar, sintiendo que no se detendría nunca. Cuando finalmente terminó, salió de Jim y lo envolvió en sus brazos jalando parte del mantel para cubrirlos a ambos. Vieron el resto de los fuegos artificiales, abrazados en la azotea, mientras John colocaba suaves besos en la nuca a Jim.

—No puedo creer que hicieras esto— dijo John cuando los fuegos artificiales finalizaron y dejaron en el cielo estelas de humo.

—Creo que no hay nada que no haría por ti— dijo Jim girándose para quedar cara a cara.

—Por lo tanto ¿Que somos ahora? Hemos cenado juntos…— se silenció, no estaba seguro si sonaría ridículo si le pedía que fueran una pareja.

—No estoy seguro— respondió Jim alcanzando y pasando sus dedos por el cabello de John. —Solo sé que te quiero. Quiero poseerte. Hacerte mío. Ya tengo tu cuerpo, pero quiero tu mente, tu alma, tu corazón. Quiero todo de ti Johnny, desde la punta de cabeza hasta la punta de tus pies. Quiero reclamarte, grabar mi nombre en tu piel, para que todo mundo sepa que me perteneces.

—¿Y esta pertenencia será para ambos?— preguntó John, trazando con su pulgar el labio inferior de Jim. —¿También te tendré de igual manera?

—No seas estúpido Johnny—. Jim replicó. John abrió la boca para protestar pero Jim lo silenció al deslizar su lengua dentro de la boca de John. Se besaron lenta y perezosamente por varios instantes, hasta que Jim se apartó. Los ojos de Jim se clavaron en los de John, la intensidad con que lo miró hizo temblar a John. Las esquinas de la boca de Jim se alzaron ligeramente provocando que se viera como una sonrisa. —Ya me tienes.

Continuará…

Sé que no tengo vergüenza, siempre es lo mismo conmigo, pero a buena razón me tomé algunas vacaciones después de mi examen de posgrado en el cual fui aprobada por unanimidad con felicitación por mi trabajo el cual aportó al conocimiento al mundo de la ciencia… jejejejejeje

Pero eso significa que por fin podré ponerme al corriente con todo, ahora que ando de administradora de tiempo libre…

Saludos

Itsaso Adhara (Arima chan)