Ya. El ultimo capi...antes de desaparecer por unos días =P Tal como lo prometí en el anterior

Que lo disfruten...porque creo que después de éste como que me estanque =/ El ocho me sabe medio raro...y el nueve como que no arranca bien y después de eso me quedo como en blanco =(...será que se acerca la vuelta a clases u.ú

Se han alargado un poco los capítulos pero ya casi ya casi!!! Al menos somos dos las que queremos al chino desnudo de una vez xDD

Y este guiño si fue intencional ;)


Rely on me.

Había pasado casi una semana desde la reunión con Athena y Saga ya estaba exhausto. No solo por todo el trabajo que tenía que hacer ni porque, siendo pasada la medianoche, aún tenía papeleo que completar; sino porque Kanon lo estaba volviendo loco.

Muchas veces le pidió a los dioses, a cualquiera de ellos, que dotarán a su hermano de un poco más de seriedad. Miles de veces rogó que fuese más tranquilo, más callado, menos díscolo de lo que solía ser. Había pasado tardes enteras imaginando como sería poder leer en silencio y sin interrupciones ridículas por parte del menor. Ninguno de esos días se le cruzó por la mente que ese silencio sería tan enervante ni que alguna vez extrañaría escuchar las idioteces de Kanon. O sus estruendosas carcajadas. Hasta, y esto le parecía lo más extraño de todo, echaba de menos las constantes burlas de su gemelo. Para con él o cualquiera que se le cruzara. Lo extrañaba y lo ridículo era que lo tenía más cerca que nunca.

Se reclinó contra el respaldo de la silla en la que trabajaba, intentando aliviar la tensión de su cuello, sus ojos fijos en la puerta abierta del estudio y el oído aguzado para captar cualquier sonido que proviniera del cuarto del menor.

Había hecho ya una rutina el quedarse tarde por las noches, a veces hasta las dos de la madruga, con tal de asegurar que Kanon no tendría pesadillas que le impidiesen descansar. No había vuelto a repetirse lo de aquella vez, cuando se vio incapaz de permanecer junto a su gemelo tras verlo tan angustiado.

Sin embargo, durante los últimos días, Kanon se había vuelto tan irritable que darle los buenos días hacia que se enfadara, diera media vuelta y azotara la puerta de su cuarto. Permanecía en el templo la mayor parte del tiempo y al comienzo, eso le había parecido bien. Pensó que podría compartir más con él y pronto se dio cuenta que de bueno no tenía nada. Con frecuencia permanecía callado, sumergido en pensamientos que le hacían fruncir el ceño constantemente e ignorante de lo que ocurría a su alrededor.

Cuando quiso saber que lo tenía así, Kanon masculló un par de palabras iracundas de las que sólo logró descifrar claramente terco y estúpido y volvió a quedarse en silencio, haciendo caso omiso de cualquier pregunta que le hiciera. Milo apareció a los pocos días y Kanon literalmente le cerró la puerta de su habitación en las narices, dejando al santo de Escorpio tan perplejo como a Saga.

Y las pesadillas habían pasado de ser algo que se daba cada cierta cantidad de días a ser algo frecuente. Ese era el principal motivo de su cansancio, pasar noches en vela con Kanon y seguir al día siguiente con sus tareas habituales.

Inclinó el cuello hacia los lados un par de veces para reacomodar sus vértebras y estaba a mitad de un bostezo cuando escuchó un golpe seco y el sonido de vidrios quebrarse contra el suelo. Se levantó de un salto, derribando la silla y haciendo caer varios papeles en el proceso. Prácticamente corrió a la habitación de Kanon, desesperándose al escuchar los quejidos y gemidos angustiados a medida que se aproximaba.

Una sensación de deja vu le inundó el cuerpo al abrir la puerta de golpe, quedándose paralizado por un par de segundos en la entrada. Kanon yacía tendido en el suelo, con los ojos cerrados fuertemente y lagrimas escurriendo a través de sus sienes. El sudor hacia que mechones de cabello se le pegaran al rostro; manoteaba y pateaba desesperado. Saga se puso pálido sólo con imaginar de qué se trataba su pesadilla. Salió de su estupor al ver que los trozos de vidrio que se esparcían por el suelo, que momentos antes habían sido un par de vasos, se encontraban a escasa distancia de las manos de su hermano. De seguro, se había removido tanto en sueños que terminó cayendo de la cama y llevándose lo que había sobre la mesita de noche con él.

En tres zancadas se encontró junto a su gemelo, sujetándole con fuerza las manos para impedir que lo golpeara e intentó volverlo a la cama. Se arrepintió enseguida cuando los sollozos desesperados de Kanon se volvieron, primero, quejidos llenos de miedo y después, intentos fútiles por respirar. Su primer instinto, al escuchar los quejidos, fue saberse responsable de tales y por ende, asumir que salir de ahí sería la solución más beneficiosa, sino para Kanon, para él mismo. No obstante, una vez los quejidos se trasformaron en bocanadas que intentaban ingresar oxigeno, se armó de valor y afirmando al menor por los hombros, lo zarandeó llamándolo repetidas veces.

Kanon abrió los ojos pero tal acción, lejos de tranquilizar a Saga, lo asustó en formas a las en ese momento no podía poner nombre. Tenía los ojos brillantes a causa de las lágrimas que aun no caían de ellos pero a la vez estaban nublados y desenfocados, sin ver realmente el rostro que tenían enfrente. Como si aún estuviese dentro de la pesadilla. Sus labios se abrían y cerraban en un intento vano por respirar con mayor facilidad y los gemidos del muchacho morían antes de alcanzar su garganta. Un sudor helado le cubría el cuerpo y en menos de un segundo, comenzó a temblar. Saga veía con horror como cada tanto los ojos de Kanon amenazaban con rodar dentro de sus cuencas y su hermano permanecía sin reaccionar a sus llamados cada vez más desesperados. La impotencia se iba apoderando del mayor de los gemelos y su propio corazón latía desbocado. Zarandeó con más fuerzas a Kanon y como pudo, lo levantó hasta sentarlo precariamente al borde de la cama. Se hincó delante de él, afirmando con fuerza sus hombros para mantenerlo erguido, pensando que eso le ayudaría a respirar.

- ¡Por los dioses, Kanon, reacciona! ¡Por favor! – rogó Saga, la angustia apoderándose de cada célula de su cuerpo. Tenía miedo. Y no estaba acostumbrado a tener miedo y sentirse impotente al mismo tiempo.

Un leve suspiro aliviado abandonó sus labios cuando las aguadas esmeraldas de Kanon se fijaron por fin en sus ojos, sus pupilas reconociéndolo al instante. Su efímera tranquilidad desapareció centésimas de segundo después, al ver que su gemelo seguía intentando respirar sin mucho éxito y sus manos se crispaban en la camiseta de Saga, como si temiese que éste fuese a huir en cualquier momento. Saga subió y bajo las manos con firmeza por los brazos temblorosos de Kanon, en un intento por tranquilizarlos a ambos. Los ojos del menor se movían nerviosos, desenfocándose cada tanto, dándole a entender a Saga que la falta de oxigeno le empezaba a provocar nauseas, sin embargo, las bocanadas de aire que tomaba parecían empezar a surtir efecto.

- Hey, tranquilo. Estoy aquí – susurró el mayor, tratando de esa forma esconder el temblor en su voz – Cálmate y respira conmigo.

Saga empezó entonces a inhalar pausadamente, tal como se lo había enseñado a Kanon hace muchos años y luego exhalaba de la misma forma, el menor imitándolo casi automáticamente.

Kanon mantenía los ojos fijos en Saga, casi sin parpadear por temor a perderlo de vista. Temblaba descontroladamente e intentaba disimularlo clavando con fuerza sus dedos en los antebrazos de su hermano. Respirar le quemaba los pulmones pero poco a poco le iba aclarando la cabeza y el nudo en su garganta parecía ir aflojándose. Las nauseas iban desapareciendo pero la angustia permanecía. Al notarlo más controlado, Saga, aún de rodillas ante él, lo rodeó en un abrazo firme, susurrando su nombre contra su frente y Kanon lo abrazó con igual fuerza, hundiendo el rostro contra su cuello. Se sentía demasiado agotado como para intentar detener el llanto desconsolado que comenzaba a aquejarlo.

***

Saga se sentía perdido y fuera de lugar. Nunca había visto a Kanon llorar de esa forma. Y si lo había hecho, había sido hace demasiado tiempo como para recordarlo con exactitud. Parpadeó repetidas veces, tratando de mitigar el ardor en sus ojos. Le costó trabajo convencer a Kanon para que volviese a recostarse sobre la cama, el menor creyendo que intentaba alejarse de él para salir de la habitación.

Un par de minutos después, forcejeos y promesas de que se quedaría de por medio, Saga se encontraba recostado contra el respaldo de la cama de Kanon y éste, hecho un ovillo tembloroso, se arrimaba contra su costado, rodeándole la cintura con fuerza y descansando la mejilla contra su abdomen. Los sollozos seguían sacudiendo al menor pero iban en descenso y el llanto como tal había desaparecido. La mente del mayor continuaba realizando conjeturas sobre la situación, que a Saga le parecían horriblemente factibles de ser correctas, cuando una mezcla entre sollozo y suspiro lo distrajo.

Bajó la mirada hasta el rostro de Kanon, que mantenía los ojos perdidos en algún punto imaginario en la pared. Una de sus manos comenzó a deslizarse entre los cabellos de su gemelo que cerró los ojos, relajándose. Saga hubiese suspirado contento si la situación fuese diferente; tampoco podía recordar la ultima vez que habían compartido un momento así.

- ¿Qué pasó? – preguntó con voz suave.

- Una pesadilla, nada más – murmuró Kanon, sorbiéndose la nariz.

- No hagas ni el intento de seguir con eso – dijo Saga con voz más firme y apretando los labios – Sé diferenciar entre una pesadilla común y corriente, y una seguida de un ataque de pánico. Ni siquiera podías respirar y estabas tan asustado de que desapareciera que tengo tus dedos marcados en los brazos. No me mientas.

Por toda respuesta, Kanon se apretó un poco más contra Saga. El mayor resopló y con su mano libre, reacomodo un mechón de cabello tras su oreja.

- ¿Hace cuanto que te ocurre esto? – volvió a preguntar pacientemente.

- Es…

- No es la primera vez, Kanon – cortó Saga, ligeramente tenso – Desde cuando – agregó creyendo saber con certeza la respuesta, recordando la forma desesperada en que manoteaba y pateaba su hermano minutos antes.

Kanon respiró profundo. En Cabo Sunión, fue lo primero que se le cruzó por la mente, pero no podía decirle eso a Saga.

- Un tiempo después de que me convertí en marina. Me pasó un par de veces mientras era Dragón Marino – susurró Kanon, convenciéndose de que no mentía; solo elegía un espacio temporal distinto. Sería menos doloroso para ambos. Quiso sonreír pero terminó refregando el rostro contra la camiseta de Saga para apagar un murmullo – No quiero hablar de eso.

El mayor asintió en silencio. Tampoco era conveniente que siguiese insistiendo. En un intento por distraer a Kanon, la mano que jugueteaba con cabellos azulados se deslizaba hacia arriba y hacia abajo por la espalda del menor, confortándolo, mientras la otra se cerraba sobre la mano que descansaba sobre su estomago. Kanon había cerrado los ojos, su respiración estudiadamente acompasada.

- Hablé con Aioros esta mañana – murmuró de repente, una sonrisita curvándole los labios. Sintió a Kanon levantar la cabeza y Saga observó la muda pregunta escrita en sus ojos – Salió bien. De hecho, muy bien. Bastante mejor de lo que esperaba – agregó reclinando la cabeza nuevamente, sintiéndose al mismo tiempo un poco avergonzado e inesperadamente contento.

- Te lo…

- Si, si, me lo dijiste – rió Saga, pellizcándole la mano al menor.

Volvieron a guardar silencio un par de minutos. Kanon se acomodó mejor y suspirando cansado, cerró los ojos.

- Tuve una discusión con Dohko – murmuró en medio de un bostezo – El día de la reunión con Athena. Por eso estaba de tan mal humor.

Saga agradeció que Kanon permaneciera en la misma posición y con los ojos cerrados, de lo contrario, habría notado rápidamente el desconcierto en su rostro, que no duró más allá de un par de segundo; la respiración pausada y relajada, obvia evidencia de que Kanon se había rendido al cansancio, distrayéndolo efectivamente.

Espero un momento antes de escabullirse sigilosamente del abrazo de su hermano. En silencio, dio la vuelta a la cama y se arrodilló en el suelo junto a la mesita de noche, recogiendo con cuidado los trozos de vidrio que aun estaban dispersos en el suelo. Un libro escondido bajo la cama llamó su atención. De no haber estado de cabeza en el suelo recogiendo pedacitos de vidrio, probablemente jamás lo habría visto. Terminó su tarea de limpieza antes de tomar dicho libro con delicadeza, dándose cuenta en ese instante que se trataba de un álbum de fotos. Lo miró extrañado un momento, mirando de reojo la espalda de Kanon antes de abrirlo. Sorpresa fue lo mínimo que sintió al hojearlo.

Había fotos preciosas de diferentes paisajes; por la noche, al amanecer, al atardecer, playas, bosques, ríos. Personas de rasgos muy diferentes entre sí, posando tímidamente para el lente. Un niño con los ojos más oscuros y expresivos que había visto en su vida, que parecía haber tenido la nariz pegada a la cámara cuando le tomaban la fotografía. Otra donde un niño pequeño, cinco años cuando mucho, ayudaba a otro idéntico a encaramarse a un árbol. Saga sonrió posando sus ojos en la figura durmiente de Kanon. Volteó la hoja y en la primera fotografía estaba su gemelo, en blanco y negro, con el mentón apoyado sobre una mano y la mirada perdida más allá de lo que la imagen mostraba. Probablemente no supo de la existencia de la foto hasta que la vio revelada. Al lado, Kanon con la frente apoyada contra la frente de un muchacho de unos quince años, ambos arrugando la nariz y mirándose desafiantes. Más abajo, los mismos sacándole la lengua a la cámara. Saga se mordió la lengua para no reír con la siguiente: cinco rostro reunidos en un circulo, Kanon y cuatro niños de quizás seis o siete años, mirando a la cámara desde arriba, cada uno con una morisqueta diferente, cada una más ridícula que la de al lado. Bajo aquella fotografía, otra que hizo que se le removieran las entrañas. Una viejecita le regalaba a la cámara una sonrisa sin dientes, sus ojos cerrándose por completo a causa de la risa. Junto a ella, Kanon se carcajeaba con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás, las manos unidas en lo que Saga supuso era un aplauso, muestra clara del deleite que lo que hubiese dicho la anciana había provocado en su hermano. Había visto a su gemelo carcajearse hasta las lágrimas antes pero nunca con el júbilo que la imagen transmitía. Jamás supo del gusto de Kanon por la fotografía y podía adivinar casi con seguridad, que más de la mitad de las que se encontraban allí habían sido tomadas por él. Lo intuía solo al mirarlas.

Ensimismado, miró de las fotos a su gemelo y viceversa y le costaba asimilar la idea de que eran la misma persona. Kanon dio un pequeño respingo en sueños, tal vez notando la ausencia de calor a su lado y Saga rápidamente dejó el álbum tal como lo había encontrado, regresando a recostarse junto a Kanon. No pudo evitar conmoverse cuando el menor se aferró inconcientemente a él y el mayor tuvo la necesidad de limpiarse con fuerza la lágrima solitaria que se escurrió por su mejilla. Tendría que hablar con Shion. Necesitaría al menos un par de días extras para poder terminar los informes que le había encargado. Y esa noche no pretendía hacer nada más salvo quedarse ahí donde estaba, cumpliendo su papel de hermano mayor para variar.


- Estás un poco callado esta mañana.

- Como cada día desde que volvimos – bufó Dohko, dejándose caer sobre el sillón y apretando los ojos, sus dedos pellizcándose el puente de la nariz.

- Si, claro – murmuró Shion, buscando las palabras para replantear lo que quería decir – Pero más que de costumbre, si eso es posible. Molesto quizás o con la mente en cualquier lado menos aquí.

- ¡Oh, dioses! – resopló el chino dejando caer los brazos pesadamente hacia los lados y ladeando la cabeza para mirar a Shion con aprensión – Estoy justo aquí y estoy exhausto hasta decir basta. Y tú quieres que me ponga a saltar sobre la mesa.

Shion sonrió divertido. Cierto era que el cansancio estaba latente en el rostro de Dohko pero, al menos ese día, había vuelto a ser el amigo contestador e impertinente de siempre. Ese chino que se quejaba de todo sólo porque si y que solamente lo hacia estando con él. El lemuriano consideraba tal comportamiento como una muestra de confianza del otro santo para con él; con nadie más se permitía tales actitudes y sólo por eso, había aprendido a no tomar sus reclamos demasiado enserio. Con el tiempo, hasta había aprendido a divertirse a expensas de él. Tomó un par de galletas y se llevó una de ellas a la boca. Estudió el rostro fatigado de Dohko, la falta de descanso patente en cada una de sus facciones.

- Asumo, correctamente, que querrás que recalendarice las fechas de tus guardias – afirmó descuidadamente, dándole un mordisco a otra galleta.

- También podrías sacarme de las guardias – suspiró Dohko cerrando los ojos mientras cruzaba las manos sobre su abdomen.

- Es la única tarea que te asignó Athena y no puedo sacarte sin que se note. Además, tendría que darle explicaciones a los demás santos.

- Recalendarizamelas constantemente, entonces – volvió a suspirar Dohko, abriendo un ojo para observar a Shion, que agitaba la cabeza negando.

- Una semana.

- Como quieras - refunfuñó Dohko volviendo a cerrar los ojos y sin pensar demasiado en lo que decía – No creo que Kanon se haga problemas en cubrirme.

El chino abrió los ojos de golpe al recordar el altercado con el gemelo, un par de días atrás. Sorprendentemente, el muchacho había, para variar, acatado la orden que Dohko le había dado y no le había visto ni la sombra esos días. Se arrepentía a ratos de haberlo azotado contra el muro y de haberlo amenazado con caerle a golpes si seguía metiéndose con él. Muy en el fondo sabía que no haría algo así; no con alguien con quien había luchado hombro a hombro. Si en algún momento pretendía ser sincero consigo mismo, diría que lo extrañaba. Y que su templo se había vuelto desagradablemente silencioso sin el gemelo hablando sin parar. Shion era hablador, cierto, pero para nada tan escandaloso como el griego. Las risas del muchacho a veces parecían resonar por horas en la inmensidad de la séptima casa. Y admitiría también, que en varias oportunidades en los días anteriores, se había visto tentado a bajar hasta Géminis y disculparse con él. Su orgullo, en un grado ridículo, se lo había impedido.

Desde su lugar, Shion observaba disimuladamente al santo de Libra, analizando su repentino silencio. Kanon y lo que habría pasado después de la reunión; justo el tema que quería tocar.

- No creo que eso sea posible – comentó tranquilamente el lemuriano – Hace unos días vino a verme. Enojado. Y dijo que no haría nada de lo que te correspondiera a ti, que ya bastaba de tu actitud.

- ¿Kanon dijo eso? – murmuró Dohko, entrecerrando los ojos. Shion asintió acercando la taza de té a sus labios.

- Y no lo he visto desde entonces – agregó antes de tomar un sorbo de la cálida infusión.

- ¿Le habrá pasado algo? ¿No crees que se haya marchado del santuario o si? – Dohko se mordió la lengua apenas se dio cuenta de lo que había dicho. Por primera vez, su lengua fue mucho más rápida que su cabeza y a juzgar por la sonrisa satisfecha que Shion trataba de ocultar tras la taza, había caído vergonzosamente en una trampa.

- Después de todo, sí discutiste con Kanon ese día y sí es eso lo que te tiene tan…taciturno – afirmó pensativamente el patriarca, más para si que para su acompañante y haciendo nota mental de analizar la sospechosa reacción del chino. Dohko lo apuntó con un dedo acusador.

- Acabas de mentirme descaradamente.

- ¡No lo hice! Bueno, al menos no completamente – se defendió Shion, arrugando la nariz – La verdad es que no he hablado con Kanon. Si, si, esas palabras fueron todas mías; pero es cierto que no lo he visto desde la reunión. Y cada vez que se lo pregunto, Saga da respuestas tan vagas que no logro deducir absolutamente nada. Al menos eso eliminaba la posibilidad de que te hubieses desecho de manera permanente del gemelo revoltoso; Saga no se habría esforzado en mentir sobre su paradero de lo contrario.

Dohko estuvo a segundos de farfullar reclamos y de señalar pintorescamente la clase de desgraciado que el lemuriano era por tratar de averiguar las cosas de esa manera, cuando éste se puso de pie, haciéndolo callar al instante.

- Me largo. Tengo cosas que hacer – dijo, acomodándose la tunica y tomando otro par de galletas – Discúlpate con él – agregó empezando a ponerse en marcha.

- Dejas caer la bomba y te marchas como si nada. Muy sutil – gruñó Dohko, contrariado por las palabras de Shion, diciéndole lo que debía hacer.

El patriarca se detuvo al escucharlo y volteó a mirarlo con ojos molestos, cambiando el peso de pie hasta que decidió hablar.

- Kanon tuvo la valentía de hacer lo que yo no hice y fue lo correcto. Lo sabes perfectamente. De lo contrario, tú y yo estaríamos metidos en problemas. Y el único perjudicado terminó siendo él, por lo que parece – replicó esperando una contestación que nunca llegó. Dohko comprendía sus palabras pero terco como era, no le daría la razón si significaba abiertamente admitirse culpable. Shion, imitando la acción previa del moreno, lo apuntó con el dedo, imprimiéndole voz de mando a las palabras que siguieron – Habla con él.

Y se giró reanudando su camino, dejando al chino solo con sus problemas. Esto era algo que, tal como Dohko le había dicho antes, debería solucionar por su cuenta. Aunque el empujoncito para que lo hiciera nunca estaría demás.


Tres noches habían pasado desde que sufrió el ataque de pánico frente a Saga. Dio un bufidito molesto; meses sin que le ocurriera y justo sucedía en esos momentos. Y con Saga cerca. El agotamiento nervioso que le produjo el episodio lo tuvo en cama todo el día que siguió, durmiendo casi la totalidad del tiempo. Cuando despertó a la mañana del segundo día, terminó por aceptar que el mencionado suceso no habría pasado de haber estado ligeramente estable a nivel emocional. La discusión con el moreno malagradecido de Libra era responsable de su estado. Tal excusa le pareció aún más válida cuando se vio imposibilitado para huir de Shion, tal como lo había estado haciendo durante la semana. El cansancio y la inquietud intervinieron en su capacidad de sentir el cosmos del patriarca cuando se acercaba y falló miserablemente en escabullirse de Géminis; antes de que pudiese alcanzar la puerta de su habitación, Shion lo tomó del brazo y lo jaló hasta sentarlo en la cama.

Lo interrogó de la misma forma en la que lo había hecho cuando era un niño. Al menos, Kanon se sintió como un niño siendo regañado. Luego, el lemuriano sonrió y le dio las gracias por llevar a Dohko hasta la reunión, revolviéndole el cabello. Kanon le apartó la mano como un crío caprichoso. Shion se había marchado pidiéndole que disculpara a Dohko y no se alejara tan de improviso. Que no comenzará a encerrarse en si mismo él también.

Y de algún modo, eso lo había llevado hasta donde estaba en esos momentos: subiendo los últimos peldaños que lo llevaban a Libra, en las primeras horas de la mañana del tercer día. Dudó en entrar al templo y finalmente optó por sentarse en el primer escalón, deseando que el chino no hubiese abandonado su rutina de ver despertar el día en ese mismo lugar.

Minutos más tarde lo sintió a sus espaldas, deteniéndose en una clara muestra de su sorpresa al verlo allí. El gemelo sonrió pero permaneció inmóvil.

- ¿Shion ya vino a darte la lata? – preguntó con total normalidad – Porque a mi me la estuvo dando toda la tarde de ayer. Y lo más suave que me dijo fue que seguía siendo un malcriado que hacia lo que se le venía en gana, terco como una mula y con una necesidad, que él no lograba entender, por meterme en problemas y ponerme en peligro. E irresponsable por no cumplir mis deberes sin ninguna excusa de por medio. Creo que también me llamó inmaduro en algún momento. Y el muy bipolar después me dio las gracias – musitó contrayendo las cejas y después agregó, girándose para mirar por primera vez a Dohko - ¿Cómo, en nombre de Athena, puedes entenderlo?

Dohko levantó las cejas, la sorpresa de ver a Kanon allí intercambiándose por el alivio de que el gemelo le hablara como si nada hubiese ocurrido entre ellos. Una disculpa implícita en sus palabras, supuso.

- Años de experiencia, muy literalmente – sonrió – Yo…lamento haber reaccionado así contigo el otro día. Estuvo fuera de lugar. Lamento el dolor de cabeza también – agregó Dohko, recordando el impacto de la nuca del muchacho contra la piedra.

Kanon abrió los ojos, genuinamente impresionado por las palabras del chino y se encogió de hombros, restándole importancia. Palmeó el suelo junto a él, una muda invitación para que el otro santo se sentara a su lado.

Dohko negó con la cabeza gacha y se dio media vuelta, comenzando a adentrarse nuevamente en el templo.

- ¿Dónde vas? – preguntó Kanon, visiblemente desconcertado con el actuar del moreno.

- Supongo que no has desayunado – le escuchó responder – Shion trajo unos rollos de canela pero tenía cosas que hacer, así que se fue sin comer. Ahora que te veo aquí, supongo que lo planeó desde el principio.

Kanon rodó los ojos; era muy probable que Shion hubiese hecho eso. Se levantó y siguió a Dohko, una sonrisa bailando en sus labios.

- Entonces, el patriarca en persona te trae el desayuno. En algunos lugares, eso se llama favoritismo. Y no es bien visto por los demás – se burló el gemelo. Dohko se encogió de hombros, sonriéndole de lado.

- Una de las muchas ventajas de ser el mejor amigo del patriarca. No pretendo desaprovecharla. Pareciera que las doncellas cocinan con más dedicación cuando es para el viejo zorro.

Las carcajadas de Kanon retumbaron una vez más contra las paredes del templo y Dohko suspiro contento. Eso era lo más parecido a la calma que tanto había anhelado los últimos días.

TBC

Notitas:

- Kanon con ataque de pánico...quien me lo iba a decir. Y él que se muestra tan fuerte delante del resto =/ Cada vez le quiero más =P

- Este capi venia con regalito...pero el tiempo no me acompaña y no lo pude terminar. Ahora, si alguien aún así tiene curiosidad, puede ir a mi perfil y entrar a mi pagina de devianart...meterse en la galería y ver el boceto de Kanon que anda por allá, en Sketches =P Sólo les advierto que, ni aunque mi vida dependiese de ello, no puedo dibujar fanart estilo anime...siempre termino haciéndolos realistas =/ Ah, y correspondería a una de las fotos del álbum que encuentra Saga =) [http : // aiperos. deviantart. com/ art/ Kanon-sketch-154409757 pueden ir desde acá, copian la direccion y le quitan los espacios]

- Ya...hago las pases con las fans de Shion =P Que el patriarca como que por fin se impone...un poquito LOL

- Y claro, los abuené xD Es que peleados no me sirven mucho por ahora 0=)

Gracias a todos por leer y comentar...A Cybe y a Neran...tengo favoritismos y qué xD