Kisaki Yazmin Motou: Sí, Jack realmente disfruta hacer que sus amigos sonrían. Sobre el regalo, ya lo verás y sobre los secretos, juju, no diré nada por ahora, pero prometo tratar de no desilusionarte.

Neko:Me alegro que te guste! Y ojalá sigas leyendo.

Alex Daniel: Me alegro que te guste este capítulo! Ju, sí, lo extraña, con todo su corazoncito de once años. Sobre Chimuelo, habrá que esperar, mientras tanto, espero que sigas leyendo! :)

Mikuday-chan: Jaja, me alegra haber acertado en tus cosas favoritas! Y que te guste mi fic! Espero que sigas leyendo y que lo disfrutes mucho! Saludos.

Nanami Fushikawa: Aquí está la conti. Gracias por leer. Prometo que aunque tarde un poco, continuaré este fic hasta que lo termine. Ojalá sigas leyendo. Saludos!

CAP 07: SEGUNDO SEMESTRE

Al fin las vacaciones habían terminado y el andén 9 ¾ estaba repleto de alumnos que retornaban a la escuela. Entre ellos, Jack avanzaba con dificultad, tratando de sostener su cayado a la vez que tiraba de su baúl entre la multitud. Bufó. Cómo desearía poder elevarse para llegar al tren. Babytooth chilló en su capucha cuando sintió que el niño se ponía de puntillas, haciéndolo desistir de su imprudencia. De pronto, sintió como su baúl era alzado con increíble facilidad, haciendo que levantara la vista, sólo para encontrarse a un enorme hombre pelirrojo, con abundante barba y una chaqueta de lo que parecía piel de dragón, que dejaba a la vista sus increíblemente musculosos brazos. A su lado, Hiccup sonreía.

- Deja que te ayude con eso, hijo – dijo el hombre, con voz grave – se los llevaré hasta el tren, no tarden Hiccup.

- ¿Ese era tu padre? – inquirió Jack, alucinado - ¡Es casi del tamaño de Hagrid! – Hiccup se rió.

- Stoick Haddock, el verdadero vikingo contemporáneo – dijo, con voz cantarina, antes de comenzar a caminar junto al peliblanco – luchar con dragones semanalmente hace que termines así.

- Bueno, ya te veo en el futuro.

Cuando sonó el pitido del tren, los dos niños ya se habían despedido del enorme hombre y arrastraban sus baúles por el pasillo del vagón, buscando un compartimiento donde meterse. Ya iban a pasar al siguiente vagón cuando la voz de Mérida gritando sus nombres llamó su atención, haciendo que se voltearan y vieran a sus dos amigas, que les hacían señas desde el compartimiento que acababan de pasar.

- Hey – saludó contento Jack, acomodándose en el interior junto a Hiccup - ¿pasaron buenas vacaciones?

- ¡Sí, no se imaginan lo que me trajo santa! – saltó la rubia, emocionada.

Los tres miraron sonrientes la caja de pinturas que la chica sacaba de debajo de su asiento. Casi enseguida, tanto Mérida como Hiccup comenzaron a hablar velozmente de sus propios regalos, provocando que Jack sonriera con satisfacción sin poder evitarlo. Le alegraba que los presentes les hubieran gustado. Había tardado bastante en crearlos con ayuda de Norte (y de conejo, en el caso de las pinturas) y su mayor preocupación había sido darle en el clavo a sus gustos, especialmente por lo poco que los conocía aún. Salió de sus pensamientos cuando notó que los otros tres lo miraban.

- ¿Qué?

- ¡¿Qué te regalaron Jack?!

- Ah, pues… - casi había olvidado que ese año también había recibido un regalo. Los guardianes no solían recibir presentes en sus respectivas celebraciones.

Sonriente, se metió la mano por el cuello de Hoodie celeste que acostumbraba a utilizar y sacó una delgada cadenita de plata, con un delicado dije en forma de copo de nieve. Los otros tres muchachos lo observaron admirados.

- No es la gran cosa, pero me gusta muchísimo – dijo, algo apenado por la mirada de sus amigos.

- ¡Es precioso Jack! – el albino sonrió.

Justo en ese momento, la puerta del compartimiento se abrió, dejando ver a Eugene, ya con la túnica puesta y comiendo una pluma de caramelo. Los miró a todos y sonrió, alegre de verlos.

- Sabía que había oído sus voces – dijo, sonriente – sólo quería saludarlos y decirles que ya deberían cambiarse, falta poco para llegar – se terminó el caramelo – ah, y que la bruja del carrito ya está pasando.

Los muchachos lo saludaron y los dos chicos lo acompañaron al exterior del compartimiento mientras las chicas se ponían el uniforme, momento que aprovecharon para comprar gragreas de todos los sabores, pasteles de calabaza y ranas de chocolate. Cuando fue su turno de cambiarse se despidieron del castaño y volvieron a entrar. Una hora después, la figura del castillo ya se dibujaba contra el cielo nocturno, tan imponente como la primera vez.

La cena del gran comedor ya estaba servida cuando los alumnos ingresaron al recinto. Los cuatro amigos se despidieron y se dirigieron a sus respectivos compañeros de casa, comiendo y riendo de las anécdotas que recorrían las mesas gracias a los fantasmas. Jack acababa de saludar al barón sanguinario cuando su mirada se dirigió a la mesa de los profesores, con intenciones de saludar al profesor Neville, al menos con un gesto de manos. Sin embargo; se extrañó al verlos hablar en susurros con el profesor Malfoy, ambos se veían preocupados. De hecho, casi ningún profesor sonreía o se mostraba jovial como de costumbre. Fue sólo en ese momento que notó uno de los puestos inusualmente vacío.

- ¿Qué profesor falta en la mesa? – preguntó con curiosidad.

- Creo que falta la profesora de adivinación, la profesora Trelawney – respondió Ruffnut, mirando hacia allá.

- Según oí de los cuadros, los profesores están preocupados. De todos los años que lleva viviendo aquí jamás se ha ausentado – intervino su hermano, con cierto aire de misterio – y ahora parece haberse marchado sin avisarle a nadie.

- No conozco a esa profesora.

- Nos haría clases en tercero, según sé – comentó entonces Eugene.

- ¿y no hay profesor de remplazo?

- Al parecer su desaparición fue demasiado abrupta, así que no hay tenido de buscar a otro.

- Genial, realmente detesto esa clase – comentó un chico de cuarto, con ligereza.

El tema pasó con velocidad y Jack sólo miró una vez más al asiento vacío antes de volver a meterse a la conversación de sus amigos, que especulaban sobre el resultado de la copa de Quidditch.

La cena pasó con velocidad e Hiccup suspiró cuando se hundió en la almohada de plumas en su cama. Junto a él, Skandar rió y Fishlegs se encerró en el baño, con su típico andar nervioso, no sin antes darle una mirada de reojo. Al notarlo, Hiccup suspiró resignado. Al parecer, ni siquiera ser un mago haría que los chicos de Berk dejaran de considerarlo un perdedor.

- No te preocupes por él – dijo de pronto Skandar – No importa si a él no le agradas. Tienes amigos a los que sí.

Pese a que el chico rubio no conocía el panorama completo, sus palabras lo reconfortaron de todos modos. Es verdad, pensó, mientras miraba por la ventana. En eso estaba cuando un movimiento al linde del bosque llamó su atención. Era como una sombra que se movía por el borde de los árboles.

- ¿Qué es eso?

- ¿Qué cosa?

- Eso, mira – Skandar se acercó y se asomó – eso que se mueve tras los árboles.

- He oído que a veces los centauros patrullan el bosque, tal vez son ellos.

- Sí, puede ser…

Al día siguiente, el rumor de la desaparición de la profesora de adivinación se había propagado como la pólvora y ya estaba en boca y oído de todos. Por eso no era de extrañar que los estudiantes se pasearan de una mesa a otra a la hora del desayuno, oyendo y compartiendo las diversas teorías, cada vez más descabelladas: desde que había sido rechazada amorosamente por uno de los profesores más jóvenes, hasta que había ido a vivir con las sirenas para aprender sus artes de adivinación.

- ¿Trelawney y Malfoy? Espeluznante – soltó Demian, sentado junto a Mérida y Astrid.

- Hola, ¿has oído los rumores, Mery? – Mérida observó como Rapunzel se sentaba junto a ella, seguida de sus dos amigos.

- Sí, creo que ya todos lo saben, Punzie.

La chica rubia le sonrió, aunque la manera en que jugaba con uno de los mechones de su largo cabello demostraba que estaba nerviosa. Desconcertada, la pelirroja miró a sus amigos, que se habían servido desayuno sin importarles que era la mesa de Gryffindor. Al sentirse observados, se encogieron de hombros.

- Punzie tiene un mal presentimiento – explicó Jack, comiendo pudín de chocolate – cree que tal vez le pasó algo malo.

- ¿Algo malo como qué?

- No sé, pero me preocupa, lo siento aquí – y se tocó el pecho, haciendo que sus amigos la miraran desconcertados.

Pese al desconcierto general que se vivía entre los estudiantes, las clases continuaron con normalidad, con los chicos haciendo deberes y preparándose poco a poco para los exámenes de fin de curso, que serían en un par de meses. Hiccup y Mérida estaban en uno de los invernaderos, trasplantando mandrágoras, cuando el profesor Nott entró al lugar, interrumpiendo la clase y acercándose al profesor Longbottom. Afuera llovía copiosamente por lo que Theodore estaba empapado. La falta de un hechizo impermeabilizador demostraba su prisa. Por alguna razón, eso los puso nerviosos. Que Neville palideciera no ayudó a cambiar eso.

- Chicos, vuelvan a sus salas comunes – dijo con apuro, ordenando todo con un movimiento de varita – Apresúrense y no se separen hasta llegar. Tengo que acompañar al profesor Nott.

Los muchachos se miraron entre sí, desconcertados y súbitamente nerviosos, mientras Neville abandonaba el invernadero junto con el profesor de ojos azules., perdiéndose en la lluvia. Los de primero no tardaron demasiado en obedecer, uniéndose a algunos de Hufflepuf y Ravenclaw más grandes, que venía de la clase de cuidado de las criaturas mágicas con Hagrid. Los dos grupos caminaron cerca los unos de los otros e Hiccup tomo la mano de Mérida, con miedo a separarse, cuando entraron al castillo, uniéndose a otros estudiantes.

- ¡Hiccup!

El pecoso se giró, viendo como Jack y Rapunzel se acercaban, con dificultades. Su amiga rubia era flanqueada por ambos costados por Jack y Eugene, con ellos también venía Jamie. Los cuatro se veían realmente pequeños entre tantos alumnos mayores. El chico supuso que él y Mérida lucían similar.

- ¡Jack! ¿sabes qué ocurre? – inquirió, aprovechando que los alumnos se habían detenido para oír instrucciones de la directora McGonagall.

- Según lo que oí ha desaparecido otra persona – dijo el chico, llegando hasta a ellos – Jasmine, la prefecta de mi casa, debía llegar anoche a dormir pero no ha señales de ella.

- ¡Deberíamos ir a buscarla!

El grito, que surgió de la parte delantera de la multitud, hizo que todos voltearan hacia allá, sólo para ver a un chico claramente indio, que tenía un pequeño babuino en los hombros. Se veía altamente alterado y era sostenido por otros dos muchachos de su edad.

- ¿Quiénes son ellos? – inquirió Eugene, curioso.

- Es Aladdin*, de Gryffindor – dijo Mérida, al reconocerlo – Es el capitán del equipo de Qudditch. Y ellos dos son Tarzan y Shang, del equipo también. Los tres son de quinto.

- Creo que es el novio de Jasmine, los he visto juntos en los recesos – agregó Jack luego de unos instantes, haciendo memoria.

- Sí, lo es.

Los seis niños alzaron la mirada al oír la voz de Demian. El muchacho se veía bastante serio y no despegaba la mirada de la discusión que se estaba llevando a cabo varios metros más adelante. Finalmente McGonagall obligó al chico a ir a la enfermería para calmarse y ordenó a todos los demás volver a sus salas comunes. Con renuencia, los chicos se separaron, lanzándose miradas nerviosas hasta que se perdieron de vista entre la multitud.

Mérida se tiró en la cama, refunfuñando y luego volvió a ponerse de pie, sin poder quedarse quieta. Astrid, junto a ella pero en su propia cama, se limitó a mirarla. La pelirroja la ignoró en gran medida, principalmente porque no sabía realmente de qué conversar y parecía que la rubia tampoco. Bufando, se sentó en el borde de la ventana, mirando hacia el bosque.

- Espero que Jasmine esté bien, es Aladdin se veía muy angustiado… - comentó Astrid de pronto.

Pero Mérida no respondió, estaba más concentrada mirando por la ventana en dirección al comienzo del bosque prohibido. Entrecerró los ojos, tratando de forzar la vista, cuando notó que algo correteaba tras las árboles.

- ¿Pasa algo? – Mérida miró a su compañera, dudosa.

- No…nada – dijo finalmente – sólo pensaba que Punzie pudo tener razón cuando dijo que tenía un mal presentimiento.

Rapunzel, por su parte, se encontraba sentada en la sala común, junto a Jamie y Snoutlout. Varios alumnos mayores también seguían ahí, cuchicheando sobre lo ocurrido, algunos más preocupados que otros, pero todos igual de interesados en el tema. Incluso Conrad había dejado de dedicarles miradas ceñudas para prestar atención a las conversaciones.

- ¿Estás bien, Rapunzel? – le preguntó Jamie, mirando preocupado a la nerviosa chica.

- Tengo un mal presentimiento – murmuró la chica, poniendo una mano en su pecho, angustiada – Sólo espero que no sea nada grave.

Fuera, un rayo cortó el cielo y el trueno que lo siguió retumbó en cada habitación del castillo.

Sí, un pequeño cameo. Ya veré si sigo haciendo cameos similares, pero aviso enseguida que no tendrán ninguna relevancia real a lo largo de la historia, simplemente sirven para ambientar un poco. Lo informo de inmediato, para no desilusionar o emocionar a nadie.