Muchas gracias por los reviews!!! Ya ven que pronto vuelvo... Debo decir unas cosas que me habéis comentado en los reviews. No puedo decir si Harry será malo o bueno, porque ese es uno de los argumentos fundamentales del fic, la lucha interna que tendrá para evitar caer en la oscuridad. Y otra cosa, si hasta ahora os ha parecido que Harry era malo, no quiero ni imaginarme cuando leáis este capítulo y sobretodo el próximo. Lo único que pido es, a los que no os gusta esta actitud de Harry, que le déis una oportunidad. Pero aviso que hasta ahora solo se ha visto a un Harry rebelde, no malvado, pero a partir de ahora ya no estoy muy seguro...

No se preocupen que describiré mas los poderes de las demás herederas. Y perdón juanmi por no responder en la otra página, al final encontraste tu solo el fic en esta.

Esero que les guste...

Capítulo 7: Callejón Knockturn

La noche había llegado, podía ver desde la ventana de su dormitorio la negrura del bosque prohibido, solo levemente iluminado por el cuarto creciente de la luna. Era asombroso como aunque había pasado un mes allí, la luna seguía igual, no pudo más que asombrarse por el poder del tiempo.

Frente a él, una moto negra, enorme y reluciente llamaba a gritos ser montada una vez más. La había agrandado y limpiado y la había dejado como nueva. Se emocionó al recordar a su padrino, pero no podía pensar ahora en eso, tenía cosas importantes que hacer. Hacer una visita al Callejón Knockturn, sin que las chicas notaran su ausencia y llegar antes de que amaneciera, pues entonces sabrían que no había parado el tiempo y se metería en un problema.

Aún no controlaba la aparición como heredero y eso era algo que lo torturaba, aunque las chicas no habían llegado ni a una milésima parte de a donde había llegado él, para él eso no era consuelo, debía conseguirlo. Sin poder desaparecerse de allí, la única opción que le quedaba era volar. También podía realizar un traslador, pero no quería problemas y aún no controlaba completamente la técnica. Volar le llamaba más la atención, y más si lo hacía con la moto de su padrino. Subió una pierna por encima de la moto, se sentó y cogió los manillares. Se sentía bien sobre la moto. Agrandó la ventana para poder salir y encendió el motor, lamentó haberlo hecho al instante. El ruido del motor era impresionante, ensordecedor. Vio una serie de botones en la moto y supuso que alguno debía servir para silenciar el motor. Apretó el primero y en dos segundos la moto desapareció, "está bien" pensó, eso también lo ayudaría. Al presionar el segundo, el ruido paró, calentó el motor pero lo único que sintió fue como la moto vibraba bajo él. Ya preparado, aceleró y salió disparado hacia el cielo.

Era impresionante la aceleración que tenía la moto, era infinitamente más rápida que su escoba, y eso era decir mucho. Sobrevoló el castillo para acostumbrarse a la conducción de la moto, pero era ridículamente fácil de controlar. Al mirar hacia el despacho de Dumbledore vio la luz encendida, estuvo tentado de ir y entrar en su despacho con la moto y darle una sorpresita, pero se contuvo. Sacó la brújula que le había regalado Ginny y que en ese momento debía de estar apuntando al callejón. Orientando la moto en esa dirección y acelerando todo lo que la muñeca le permitía, despegó como un rayo perdiéndose en la oscuridad.

Sentir la moto bajo él, el aire azotándole en la cara, volar a toda velocidad, estar a cientos de metros de altura, era una sensación indescriptible. Excitante, emocionante, fascinante, no tenía palabras para expresarlo. Cuando había salido de Privet Drive en su escoba había tardado varias horas en llegar a Hogsmeade, pero ahora llevaba veinte minutos volando y ya veía Londres. Localizó el Caldero Chorreante desde el aire y vio los callejones, se preguntó que verían los muggles cuando viajaran en avión, seguramente un vertedero o algo parecido pensó. Descendió despacio y aterrizó en un lugar apartado del callejón, deshizo los hechizos de invisibilidad e insonoridad, redujo la moto y la guardó en su túnica. Se colocó bien la capucha para que no lo reconocieran y entró en el oscuro callejón.

No había nadie en todo el callejón hasta donde podía observar. El callejón estaba iluminado simplemente por farolillos que algunas tiendas tenían encendidas. Harry sabía donde se dirigiría primero, a Borgin y Burkes. Encontró la tienda, y sin dudarlo entró, al hacerlo una campanilla sonó al cerrar la puerta, sin fijarse en los artilugios que habían a su alrededor, fue hacía el mostrador donde el hombre lo esperaba con mala cara.

- Buenas noches- saludó Harry, aunque su voz no era ni mucho menos la habitual, era dura, seca, grave, parecía de alguien con treinta años más que él.- Estoy buscando algunos libros.

- Aquí los únicos libros que hay son esos que están ahí- dijo de mala gana apuntando detrás de Harry. Aunque Harry ni miró.

- No soy imbécil así que no me trate como tal- le advirtió Harry todavía más serio- estoy buscando libros de magia negra que sé que usted tiene. Y no me refiero a maldiciones que echan humo y hacen cosquillas precisamente.

- Le he dicho que en mi tienda no hay más que esos ejemplares que ve ahí, no vendo eso que busca- insistió el hombre también más serio.

- Está bien- aceptó Harry. Hizo un amago de darse la vuelta para marcharse pero en un segundo sacó la varita y gritó- Crucio- el hombre cayó al suelo y empezó a gritar de dolor, se retorcía pero Harry no apartaba la varita. Había aprendido a usar las imperdonables desde su último encuentro con Bellatrix. Ya no le importaba hacer sufrir a la gente, más había sufrido él y menos aún le importaba si como ahora, sabía que el hombre que tenía delante seguramente se lo merecía. Después de treinta segundos de sufrimiento guardó la varita, aunque el hombre seguía gimiendo.- Y ahora si es tan amable, le agradecería que me dijera donde está lo que busco.

El hombre, aún dolorido, se levantó y aunque le lanzó a Harry una mirada de odio le susurró- Sígame por favor.

El hombre lo condujo detrás de una puerta y le hizo bajar por unas escaleras. Allí encendió unas antorchas y le dejo ver una estantería gigante llena de ejemplares de libros de todas clases, viejos, nuevos, gruesos y finos. Pensó que allí podría pegarse dos días enteros solo para elegir cual llevarse.

- Mire, no me importa cuanto dinero me cueste, tengo bastante. Ya sabe lo que busco, deme los libros más oscuros, peligrosos y raros que posea. Si no intenta engañarme y quedo satisfecho le daré el doble de lo que cueste.- ofreció Harry, y sabía que había dado en el blanco. Al hablarle de dinero, al hombre le brillaron los ojos y le cambió la cara.

- Como desee, creo que en diez minutos tendré todo listo, puede ojear por aquí o esperar arriba. Enseguida estaré con usted señor- prometió el hombre y corrió a por una escalera para alcanzar los libros más altos. Harry pensó que allí no haría nada y lo mejor seria esperar arriba a que hombre hiciera su trabajo.

Subió y espero paciente a que el hombre subiera, tardó quince minutos, pero cuando llegó traía consigo más de una veintena de libros levitando y los posó sobre el mostrador.

- Aquí tiene- masculló el hombre poniendo el último libro sobre la mesa.

- ¿Seguro que está todo lo que he pedido?- preguntó Harry llevando llamativamente la mano hacia el bolsillo de su túnica de manera que se diera cuenta.

- Completamente señor, aquí hay ejemplares únicos que están aquí desde mis antepasados, nuevos descubrimientos sobre magia negra, y debo advertirle que también hay otros ejemplares que yo de usted me andaría con cuidado a la hora de realizar su magia.- instó el hombre mientras iba enseñándole libros a Harry.- Ni que decir tengo que la posesión de estos libros conllevan años de prisión en Azkaban.- prosiguió.

- Lo sé- asintió Harry viendo la cantidad de libros que iba a tener a su disposición.

- Debo pedirle que si alguien le pregunta usted no ha comprado nada de esto aquí ¿de acuerdo?

- Creo que ni tan siquiera yo he pisado este lugar nunca¿qué le parece?- ironizó Harry

- Veo que nos entendemos- rió el hombre- el total de los libros son tres mil quinientos galeones.- informó más serio.

Sin inmutarse por el precio, sacó la bolsa de piel de dragón y sacó siete mil galeones. Aunque era algo caro, sabía que estaba haciendo una buena inversión.

- Lo prometido- dijo entregándole el dinero. Sacó su mochila de debajo de la capa, la abrió y metió todos los libros dentro. Aunque aún le quedaba algo por preguntar- Necesito otra cosa y estoy seguro de que podrá ayudarme...

- Si está en mis manos no lo dude- exclamó el hombre cogiendo la montaña de monedas.

- Estoy buscando información, un libro o algo acerca de una poción- empezó Harry dubitativo sobre si el hombre la conocería o no- La Poción oscura del poder inalcanzable.- Al oír el nombre, el hombre pegó un sobresalto parecido al que hacía la gente al escuchar el nombre de Voldemort, abrió los ojos y miró hacia Harry con cara de profundo terror- ¿la conoce?- prosiguió Harry como si no hubiera ocurrido nada.

¿Co...Cómo sabe usted de esa poción?- titubeó

- Eso no es de su incumbencia- reivindicó Harry. La había oído nombrar en los libros que había sacado de magia negra en la cámara de su padrino, pero solo la nombraban, nunca decían nada sobre ella.

- Se podría decir que esa poción fue olvidada y perdida en el tiempo- comenzó el hombre- le aseguro que en toda la tienda no encontrara nada relativo a esa poción. Yo solo la conozco de oída, son muchos años los que llevo trabajando aquí. Esa poción es pura magia negra, muy peligrosa- prosiguió ahora mirando fijamente hacia la figura de Harry- pero le diré una cosa en agradecimiento por la compra.- continuó aunque parecía que le costara lo que iba a decir- No encontrará en toda Inglaterra un lugar donde consiga información sobre la poción, pero si se algo que puede ayudarle... Albania. Aunque hoy en día es un país al que no le dan mucha importancia mágica, fue allí donde se produjeron los primeros indicios de magia negra. Dicen que allí se encuentran todos los secretos de la magia oscura, y si hay un lugar en el mundo donde pueda haber información sobre esa poción, ese lugar es Albania.- terminó el hombre en un susurro.

- Se lo agradezco, me ha sido mucha ayuda. Buenas noches- Harry se dio la vuelta y salió del local. Solo le quedaba un lugar al que visitar antes de irse. Había solucionado más rápido de lo que creía el tema de los libros así que podía relajarse un poco en su nuevo propósito. Caminó por el desierto callejón hasta que dio con la tienda que andaba buscando, Criaturas tenebrosas. Miró a ambos lados del callejón y al no ver a nadie, entró.

La tienda era espaciosa con animales oscuros por todas partes, desde arañas, pájaros y serpientes, hasta otros que ni tan siquiera conocía. Pero hubo algo que le impactó aún más que todas esas criaturas, y era quien estaba de encargado, o encargada para ser más exactos. El se había imaginado a un señor mayor, fuerte, con cicatrices por todas partes, lo que no se imaginaba era encontrarse con una chica, quizás unos años mayor que él, muy guapa y con un precioso cabello rubio como el oro. A pesar de su aspecto físico, la chica daba una sensación de tristeza, en la cara se reflejaba la amargura que debía estar pasando, aunque cuando se percató de que Harry había entrado, fingió una amplia sonrisa.

- Buenas noches señor- saludó la chica amablemente y con respeto. Le agradaba que lo llamasen señor, aunque que se lo dijera una chica casi de su misma edad le resultaba raro.- ¿Puedo ayudarle en algo?

- Buenas noches señorita- empezó Harry todavía sin entender que hacía una chica como ella en un lugar como ese.- ¿Puedo hacerle una pregunta?- Tenía tiempo y lo mataba la curiosidad.

- Por supuesto señor, usted dirá- contestó la chica educadamente.

- ¿Qué hace una chica joven y bella como usted trabajando aquí y a estas horas?- Desde luego la chica no se esperaba esa pregunta, estaba acostumbrada a que los hombres que entraban y la veían le dijeran cosas repugnantes y machistas pero no que le dijeran tal piropo y de manera civilizada.

- El negocio es de mi padre, y yo le cubro cuando él no puede estar- respondió la chica con un deje de tristeza en su voz.

- Pero por lo que parece a usted no le apasiona este trabajo¿me equivoco señorita...?

- Sullivan, Sophie Sullivan.- la chica estaba asombrada por la amabilidad de Harry- en realidad mi sueño es convertirme en auror.

- ¿Y qué se lo impide señorita Sullivan?- A Harry cada vez le caía mejor la chica, incluso tenían la misma ambición. Sophie estaba anonadada, ser auror era algo que estaba muy mal visto por la clase de gente que se movía por allí.

- Pues... - comenzó dubitativa pues no sabía si estaría bien contarle su vida a un desconocido- ser auror no está bien visto desde el punto de vista de mi familia y sus amistades, ni del de las personas que andan por aquí- la chica esperaba ver una reacción del hombre, pero al ver como asentía con tranquilidad, continuó- por eso aunque he acabado de estudiar en el colegio, mi padre no me permite estudiar aurología. Tampoco vamos sobrados de dinero y el dice que no me dará un galeón para que yo estudie eso.- se estaba desahogando y lo agradecía, pero se dio cuenta de que no estaba haciendo lo correcto y cambió radicalmente de tema- pero no quiero aburrirle con mis problemas¿desea algo?

- No me aburre en absoluto, pero tiene razón, venia buscando algo.- recordando por qué había venido- Estaba buscando una serpiente, pero no una normal, una mágica.- irónico, pensó, quería la misma mascota que el asesino de sus padres.

- Esta bien- asintió la chica algo extrañada por el pedido- las serpientes mágicas son difíciles de encontrar, por supuesto no tenemos ningún basilisco pero creo que hay algunas que podrían interesarle.

La chica le guió por una puerta hasta un almacén que había detrás del mostrador. Lo único que veía eran bultos tapados con sabanas, notó como algunos de esos bultos se movían y se quedó intrigado por lo que podrían contener. Llegaron hasta una serie de bultos pequeños y Sophie quito las sabanas dejando ver varias jaulas de cristal con serpientes dentro.

- Estas son- mostró la chica- la primera es una Boa mágica americana, llega hasta los siete metros, no posee veneno, pero tiene tanta fuerza que podría sostener a un gigante en el aire sin romperse.- explico mientras pasaba a la segunda. …l no buscaba un basilisco ni mucho menos, con uno en su vida había sido suficiente, pero buscaba una buena serpiente, una poderosa, como pensaba ser él, una con la que se sintiera identificado. Después de la Boa americana, vino la víbora de Austria y después varios tipos de culebras pero ninguna lo convencía.

- Sinceramente... — comenzó Harry tocándose la barbilla.- estos son gusanitos comparado con lo que estoy buscando. ¿No tiene ninguna que reúna todas las cualidades que tienen estas por separado?

La chica se quedó atontada cuando le dijo que esas serpientes le parecían gusanitos, pero pronto recobró la compostura y volvió a tapar las serpientes con cara pensativa.

- Queda una... - dijo con voz queda- llegó la semana pasada, es aún muy joven, no tiene más de cinco semanas.- explico la chica no como antes sino con una voz mucho menos entusiasta, parecía que estuviera hablando con ella misma.- Pero... —continuó ahora mirando hacia Harry, que tuvo que comprobar que tenía bien la capucha pues la chica lo miraba fijamente- es muy peligrosa, nadie la compraría, normalmente se compra una serpiente cuando ya esta entrenada para que no ataque al dueño pero a esta aún nadie la ha adiestrado. Quedan muy pocas, su venta está prohibida, no quedarán más de diez ejemplares en el mundo.- diciendo esto se acercó a otro bulto más apartado y retiró la sabana que tenía por encima.- Aquí esta, la Letal Cobra Oscura de Asia.- una serpiente de unos treinta centímetros quedó al descubierto, era de un negro brillante con varios aros amarillos y ojos verdes esmeralda.- Está serpiente posee un veneno que puede controlar a placer, tanto puede simplemente marearte como matar a un dragón al instante. Tiene una fuerza incluso superior a la Boa, sus ojos son hipnóticos, es capaz de trepar y puede llegar a medir hasta doce metros y vivir doscientos años. Según dicen, tiene más propiedades, pero solo Salazar Slytherin pudo conocerlas y controlarlas, dicen que él tuvo el mismo tipo de serpiente, y como ya sabrás, Slytherin hablaba parsel.

Esta es, pensó. Nadie aún la había adiestrado, era rara y poderosa, incluso tenía sus mismos ojos. Hasta Salazar había tenido una como esa, y él también hablaba parsel, desde luego, quería esa serpiente.

- La quiero- dijo Harry tranquilo- me la llevaré ahora si no le importa.

Asombrada y extrañada, Sophie cogió la pequeña jaula de cristal y salieron de allí hacia el mostrador de nuevo.

- ¿Está seguro?, no solo es peligrosa, cuesta quinientos galeones.

- Eso no es problema.- comentó Harry sacando su ya conocida bolsa de dragón. Mientras la chica metía la jaula con la serpiente en una bolsa, buena idea según él pues no le convendría que nadie le viera con una serpiente bajo el brazo, él sacó el dinero y lo puso sobre el mostrador. La chica se extrañó del dinero que había en la mesa, juraría que había mas del que debía.

- Perdone señor, aquí hay mil galeones- replicó la chica contando las monedas.

- Es la propina que dejo para ti.- dijo, y cuando Sophie lo miró prosiguió- escúchame bien, nadie debe decirte lo que debes o no debes estudiar o hacer con tu vida, es TU vida. Que ellos sean magos tenebrosos no significa que tu tengas que ser una mas. Toma esto- expresó sacando algo pequeño de su túnica y poniéndolo en la mano de una más que sorprendida chica. Era una pequeña figurita de cristal rojo con la forma de un león.- Si alguna vez estas en problemas, úsalo para llamarme y vendré enseguida.- aseguró Harry cogiendo la bolsa y saliendo de la tienda dejando dentro a una chica aún asimilando lo que le acababa de suceder. Ni mucho menos pensaba que la figurita le salvaría la vida esa misma noche.

No podía esperar a llegar para hablar con la serpiente, así que la sacó de la bolsa para decirle algo mientras llegaba a un lugar seguro para despegar con su moto.
"Hola¿me escuchas?" probó Harry
"¿Me habla a mí?"- preguntó la serpiente levantando la cabeza, aunque era joven, se le notaba una pequeña caperuza alrededor de la cabeza.
"Si, acabo de comprarte, a partir de ahora vivirás conmigo"
"Esta bien, amo"-
"No me llames amo, llámame Harry, mi nombre es Harry Potter"- que lo llamara amo le recordaba a Voldemort y sus mortífagos, y eso no lo soportaba.
"De acuerdo, no estuve mucho tiempo con mi madre, pero me contó que una vez existió un humano que podía hablar con nosotras, me dijo que era el amo de las serpientes¿eres tu?"
" No, no soy yo. Aunque se puede decir que tengo un tipo de vínculo con él.- seguramente se refería a Salazar Slytherin- Mira, me dijeron que eras peligrosa y que podrías atacarme pero si me juras que no harás nada, te sacaré de esa jaula"
"Yo nunca atacaría al amo de las serpientes. Haré lo que me ordenes, amo"- Se veía que le iba a costar que lo llamara Harry pero por lo demás se le parecía a un elfo doméstico. Seguramente entender a las serpientes era una ventaja a la hora de tratar con una y que no te atacara.

Entonces abrió la jaula por encima y metió la mano lentamente, la serpiente empezó a deslizarse por su brazo, sus escamas eran duras pero se deslizaban fácilmente. Cuando iba a la altura de su brazo ocurrió algo que no esperaba, la serpiente se introdujo en la piel, entrando en su cuerpo, aunque no había sentido nada, no le gustó que una serpiente se metiera en su cuerpo. Se remangó la túnica y pudo ver la silueta de una serpiente en su piel, parecido a un tatuaje, lo que con la única diferencia de que este se movía.

Se habría preocupado de no ser porque se percató de que dos figuras lo seguían. Siguió caminando mientras pensaba lo que haría. Eran dos mortífagos, estaba casi seguro, debían estar merodeando por los callejones. No tenía tiempo para sacar la moto, y no podía perder tiempo con ellos.

Entonces con un estallido desapareció y con otro apareció justo detrás de las dos figuras.

- Recuerdos a Voldemort de mi parte- escupió con voz baja pero segura- ¡Bicrux!- las dos figuras pegaron un grito de dolor y cayeron arrodilladas al suelo mientras con otro estallido él desaparecía de allí.

xxxxxxxxxxxxxxxxxx

Se apareció en mitad del bosque prohibido, no podía aparecerse en el castillo ni en sus terrenos pero si en el bosque. Sacó la moto, la agrandó y sin importarle el ruido despegó y salió sobre los árboles. No tardó más de un minuto en llegar a la ventana de su dormitorio, entró y apagó la moto. Tenía que activar el reloj en presencia de las chicas y tuvo suerte al encontrarlas en la sala principal, leyendo para variar. Disimuló que iba hacia la cocina mientras activaba el reloj pero los fundadores lo llamaron antes de que entrara.

- Espera Harry- lo llamó Griffindor- no es fácil pillarlos a los tres juntos.- objetó y cogió aire para empezar.- Ya han avanzado bastante en la magia con varita y creemos que ya es hora de que empiecen a entrenar otros medios.

- En el campo de batalla os encontraréis con todo tipo de criaturas mágicas tenebrosas que actuarán bajo la influencia de Voldemort.- informó Hufflepuff- Por favor Harry¿puedes abrir el armario que está a tu derecha?- Harry que seguía de pie miró a su derecha, vio un armario de madera oscura, lo abrió y dejo ver lo que había dentro. Colgadas, tres túnicas con capa y capucha de color rojo, azul y amarillo, a un lado, apoyadas en la pared del armario, tres relucientes espadas, todas de plata pero con diferentes empuñaduras.

- Pero... ¿la espada de Godric Griffindor no estaba en el despacho de Dumbledore?- inquirió Harry extrañado.

- Mi espada aparece allí donde es requerida.- contestó Godric con tono satisfecho.

- Esto es precisamente lo que deberán aprender- intervino Ravenclaw- el arte de la espada. Siempre podrán defenderse con la varita de las criaturas, pero controlar y manejar la espada es muy útil. Por ejemplo, para matar a un hombre lobo hay que clavarle plata en el corazón.

- También es cierto que nosotras en nuestra época no usábamos la espada a menos que fuera completamente necesario pero es preferible que sepáis utilizarla y no necesitarla que al revés.- opinó Helga.

- En realidad a quienes no les gustaba demasiado la espada era a ellas.- concretó Griffindor- yo siempre opiné que era una de las armas más nobles y útiles que podías usar en batalla.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

La sala de entrenamiento estaba vacía, la plataforma de duelo había desaparecido, una sola figura se encontraba en el medio de la sala. De repente, las paredes de la sala se volvieron borrosas y desaparecieron en humo. Ahora se encontraba en una pradera, al aire libre, en plena noche y con una luna llena que iluminaba el monte. Una sombra apareció tras un árbol y se abalanzó contra él de espaldas. En milésimas de segundo, desenvainó la espada, dio un giró de ciento ochenta grados, y le clavó la espada en el corazón hasta que su mano en la empuñadura tocó la piel del licántropo. En otro movimiento retiró la espada y dejó caer el cuerpo inerte sobre la hierba. Entonces aparecieron tres más, en un golpe rápido y seco le cortó la cabeza a uno de ellos y, mágicamente, se la lanzó a otro que quedó mordiendo furioso la cabeza de su otro compañero. Mientras el otro estaba ocupado con la cabeza de su compañero aniquilado, acabó con el tercero con un golpe limpio en el corazón. El que quedaba al ver la estampa de los otros licántropos en el suelo, salió corriendo, pero le lanzó la espada que se le clavó en la espalda, y volvió a él dejando otro cuerpo sin vida en la hierba.

Más sombras aparecieron en los alrededores y unas figuras con capa empezaban a descender desde el cielo pero entonces todo se disolvió y volvió a ver las paredes de piedra. Cuando miró para saber lo que había ocurrido, vio a Hermione entrar por la puerta.

- Lo siento- se disculpó la chica- no sabía que estabas entrenando con la espada.- dijo mientras Harry guardaba la espada.

- No importa, de todas formas me estaba aburriendo.- aclaró Harry con cara indiferente.- ¿querías algo?

- Si, era para decirte que Angelina y yo hemos hecho comida, comida decente quiero decir. Venía para avisarte, hemos hecho sopa de pollo y carne con salsa de verduras, si no vienes pronto se enfriará.

- De acuerdo, ya voy.- la chica iba a salir de nuevo por la puerta pero antes de que saliera habló- Hermione¿puedo hablar contigo un momento?

- Claro Harry- pronunció cerrando la puerta y volviendo hacia Harry- ¿sobre qué?

- Pues quería que me dijeras algo, he buscado mucho y en muchos sitios pero no encuentro algo que necesito y como tu tienes los pendientes supuse que lo sabrías.- Hermione siguió callada esperando que continuara.- Necesito que me digas donde está exactamente la antigua biblioteca de Albania.- Cuando Hermione comprendió puso cara de asustada y negó con la cabeza.

- Pero Harry, la antigua biblioteca de Albania es la mayor concentración de magia negra de Europa- del mundo pensó Harry- Ya sé que estás estudiando magia negra, ya lo hemos hablado y no puedo hacer nada por evitarlo, pero no te ayudaré a dar con la magia negra más peligrosa y a que vayas a Albania tu solo.

Harry ya suponía que esa sería la reacción de la chica. Habían tenido más conversaciones acerca de la magia negra y nunca habían acabado bien, Hermione pensaba que era el primer paso hacia la oscuridad o algo parecido. Lo había pensado y no le apetecía nada hacer lo que tenía que hacer. Era traicionar a su mejor amiga y a su confianza pero no le dejaba otra opción, el único lugar donde podría encontrar información sobre la poción que buscaba, aparte de maldiciones de magia negra que ni soñaba era la antigua biblioteca de Albania, pero estaba tan bien escondida que ni el ministerio de Albania la había encontrado. Cerró los ojos unos segundos y cuando los volvió a abrir, los ojos seguían siendo de su característico verde esmeralda, pero tenían algo distinto, las pupilas habían cambiado, ahora eran alargadas, parecidas a las de Voldemort.

- Mírame a los ojos y escúchame Hermione- Determinó Harry tajantemente mirando directamente a los ojos de la chica sin parpadear. En cuanto los ojos de Hermione hicieron contacto con los de Harry, la chica perdió cualquier gesto de expresividad del rostro, se quedó paralizada y con los ojos clavados a los de Harry.- Dime donde se encuentra la antigua biblioteca de Albania- ordenó sin levantar la voz.

- Se encuentra al este del país, a orillas del Mediterráneo, en una ciudad llamada Durrës. La biblioteca está en el puerto, es un barco que siempre está allí, por eso no la localizan, por fuera simplemente parece una barco más.- musitó Hermione automáticamente, como si fuera otra pregunta más en clase. Entonces volvió a cerrar los ojos y estos volvieron a su estado natural.

- Tienes razón Hermione, es peligroso. Creo que lo mejor que puedo hacer es olvidarme de Albania.- dijo Harry como si no hubiera pasado nada y dándole la razón a Hermione. La chica, al volver a la normalidad, parpadeó varias veces y miró hacia los lados extrañada.

- Si... es lo mejor.- respondió aún confundida- vamos a comer.- instó la chica ahora si abandonando la sala.

- Enseguida voy Hermione, un momento.

Lo había conseguido, no le había gustado hacerlo pero lo había conseguido, tantas horas buscando en los libros para nada, al final la solución se la había dado su nueva compañera.
"Gracias Quetza, sin tu ayuda no se como lo hubiera hecho"
" Es un placer amo" contestó la serpiente saliendo de una de sus piernas y deslizándose por el suelo de la sala.

En dos semanas había alcanzado ya el metro de longitud y lo que era más importante, había logrado averiguar y dominar las cualidades de su amiga. Quetza, que así la había llamado por el Dios azteca de la serpiente, era capaz de poseer a las personas, sin embargo, podía introducirse en su cuerpo y en vez de que la serpiente lo poseyera a él, él controlaba los poderes de la serpiente. Al principio no había tenido problema para alimentarla, con transformar unos ratones había tenido suficiente, pero ahora cada vez comía más, la última vez le había tenido que dar un cerdo entero.

Ya sabía donde se encontraba la biblioteca, así que cuanto antes fuera mejor. Comió con las chicas y les dijo que iría a dormir un rato porque estaba cansado de tanto entrenamiento. En su dormitorio se preparó para el viaje, se puso su ya habitual piel de dragón y llamó a su serpiente, no quería dejarla merodeando por ahí y además podría ayudarle si tenía algún problema. Esta vez el viaje era muy largo, pero había mejorado con la aparición, haría dos paradas antes de llegar a Albania pero sería mucho más rápido que ir volando. Desactivó su reloj para salir y se concentró, de su cuerpo comenzó a emanar una luz roja primero suave pero que poco a poco fue cogiendo intensidad. Tras unos segundos, unas llamas lo envolvieron y con un fogonazo se consumió.

Apareció en el bosque prohibido iluminando los alrededores. Ya sabía aparecerse como heredero, le había costado, pero lo había logrado. El problema era que si se aparecía muchas veces o una distancia muy larga se agotaría. Se concentró en su primer destino cuando sintió algo, una voz en su cabeza. "Por favor" "Ayúdame". Reconocía esa voz, era Sophie, la chica de la tienda de criaturas, habían pasado un par de semanas para él desde aquello pero seguía siendo la misma noche. Recordó que le había dado el león para que lo avisara si tenía algún problema y se preguntó que era lo que le podría pasar para que esa misma noche lo llamara. Cambiando de destino en el último momento desapareció del bosque.

Una chica rubia asustada veía como dos figuras encapuchadas y con máscaras estaban frente a ella y con las varitas levantadas.

- Dinos que sabes sobre el hombre con capucha que entró aquí- exigió una de las figuras, su voz no daba lugar a réplicas.

- No sé nada- mintió la chica asustada- entró, vio los animales que teníamos y se fue. Le juro que no sé nada.- Había intentado llamar al hombre mediante la figura que le había entregado antes de irse, pero no sabía si funcionaría. No sabía por qué mentía por alguien a quien ni tan siquiera conocía pero le había parecido que aquel hombre no era como los demás que entraban en esa tienda.

- Mientes- Sentenció la otra figura- ¡Crucio!- Un rayo rojo salió de la punta de la varita directo hacia ella, cerró los ojos para recibir el impacto pero no sintió dolor. Cuando abrió los ojos, vio a una tercera figura entre ella y los mortífagos que había detenido la maldición solo con la mano.

- Mira quién esta aquí- rió uno de los mortífagos.

- Pero si es el gracioso- musitó el otro- vas a ver lo que les ocurre a los que se pasan de...

- ¿QUIÉN DEMONIOS OS CREEIS QUE SOIS PARA ATACAR A ESTA POBRE CHICA EH?- Interrumpió Harry elevando su voz sobre la de los mortífagos.- ¿Cómo os atrevéis?- susurro para sí mismo.

- El señor Tenebroso...

- Mortífagos de mierda, eso es lo que sois- consideró Harry levantando el brazo pero sin la varita.- veamos quienes se esconden tras esas máscaras- con un movimiento de muñeca las máscaras se desvanecieron y las capuchas cayeron dejando ver los rostros de ambos mortífagos.- Crabbe, Goyle, debería mataros a los dos.- Los mortífagos no aguantaron más la humillación y levantaron las varitas pero antes de que pudieran decir nada ya estaban en el suelo inconscientes. Harry se acercó a sus cuerpos y sacando la varita murmuró- obliviate- no era seguro que recordaran aquello y menos que se lo contaran a Voldemort, al menos no todavía. Luego con otro movimiento de varita, ambos cuerpos desaparecieron.

Se volvió hacia la chica y lo que vio le rompió el corazón. La antes guapa y simpática chica estaba ahora en el suelo, agarrándose las rodillas con el cuerpo entero temblando y con la cara llena de lágrimas. Se acercó y le tendió una mano para ayudarla a levantarse. La chica la aceptó y al levantarse no pudo contenerse y abrazó a Harry estallando en llantos. Harry se quedó paralizado sin saber que hacer.

- No llores, ya pasó.- la intentó consolar Harry reaccionando al abrazo y dándole una palmadita en la espalda.

- Yo... yo... ellos... llegaron y... entonces tu...- sollozó la chica que no podía decir más de dos palabras seguidas.

- Lo sé. Hiciste muy bien en llamarme. Ya se acabó, no te preocupes.- dijo Harry levantándole la barbilla y secándole las lágrimas con la otra mano.- No llores, estás más guapa con una sonrisa.- Sophie se tranquilizó con las palabras del chico y dibujó una pequeña sonrisa. Entonces la chica, mirando la figura de Harry, se acercó más a él, con lo que se pegaron bastante teniendo en cuenta que se habían abrazado, y poniéndole ambas manos en el cuello acercó sus labios a los suyos. Durante un momento pensó en evitarlos, pero ¿por qué? se preguntó a si mismo, no tenía que pedirle permiso a nadie, era dueño de su vida. La imagen de Cho se le apareció un momento por su cabeza pero no le hizo ni el más mínimo caso. Dejándose llevar por el momento, unió sus labios con los de ella. Lo que empezó siendo un roce de labios acabo en un juego de lenguas en el que ninguno quería perder. Se dio cuenta de que Sophie, aunque estuviera conmocionada por lo que acababa de ocurrir, tenía más seguridad y experiencia a la hora de besar que la que tenía él o la que había sentido en Cho, lo que no le extrañó teniendo en cuenta que era dos años mayor que él. No pudo evitar pensar, que las dos únicas veces que había besado a una chica, las dos veces estaban llorando. Sintiendo que el beso llegaba a su fin, se separaron con otro abrazo.

- Debo irme- murmuró Harry separándose más de la chica.

- ¿Por qué¿Quién eres?- inquirió la chica tocándose los labios.

- Tengo que hacer un viaje muy largo.- contestó Harry colocándose bien la túnica que se le había descolocado con los abrazos.- Lo siento, no puedo decirte quién soy.- dijo con una voz que denotaba que verdaderamente sentía no poder decírselo.

- Está bien- asintió resignada la chica.

- Recuerda mis palabras y llámame para lo que necesites, Adiós.- Se despidió Harry desapareciendo de la tienda dejando a una chica totalmente confundida, con miles de sentimientos y pensamientos entremezclados

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Árboles a su alrededor, con luces por todos lados, una maravillosa fuente delante lanzando agua al aire y al fondo, el símbolo indiscutible de que estaba en su primera parada. Una enorme y asombrosa torre de vigas de hierro, La Torre Eiffel de París. Estaba en su primera parada, se tranquilizó un momento para disfrutar del paisaje y tomando aire, desapareció del hermoso lugar.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Frente a él se alzaba uno de los más antiguos y espectaculares monumentos que quedaban en el mundo. Una pared de mármol de cuatro pisos de altura, con hileras de arcos en los tres primeros y pequeñas ventanas rectangulares en el cuarto, El Coliseo de Roma. Ya estaba en su segunda parada, último destino, Albania.

Espero que les haya gustado (y dejen reviews)