Lo último que quería ser

Capítulo 7: Pijamadas simultáneas.

~ Tú estás tan segura de que el tiempo lo curará ~

- ¿Qué ocurre Tsuki? ¿Qué hace la hermana de Tachibana aquí?

La peli negra murmuraba frente a Sakuno y ella hacía más señales de que guardara silencio. Se acercó aún más a Misaki hasta llegar a su oído.

- Creo que acaba de pelear con Kamio, pero no estoy muy segura de lo que pasó en realidad.- Hizo una pequeña pausa.- Le dije que podía quedarse aquí hasta mañana, ¿Crees que a oka-san le moleste?

- Claro que no, ella no es un ogro. Le hablaré y le diré lo que pasó, no te preocupes por eso.- Hizo el ademán de irse pero volvió sobre sus pasos.- Tú encárgate de llamar a su casa y avisarle a su hermano, sabes cómo se pondría si no le avisan.- Dijo y revoleó los ojos.

Sakuno asintió. Vio a Misaki bajar los escalones y comenzó caminar por el corredor. Pasó por la habitación de Sora y se quedó una fracción de minuto observando su cama perfectamente desordenada. Sonrió y se le colorearon las mejillas. Cuando fue capaz de notar su reacción, se separó de la puerta y caminó hasta su cuarto. Abrió la puerta, con cuidado de no hacer demasiado alboroto. Lo primero que vio fue a su amiga recostada sobre el sillón, jugando con una medallita. La mirada triste se ocultaba tras la hinchazón de sus ojos. Sakuno odiaba verla así de triste.

- Ann.- La llamó suave pero no hubo respuesta.- Ann.- Repitió esta vez más fuerte. Notó como se sobresaltó.- Perdón, no quise asustarte.

- No te preocupes.- Simuló una sonrisa.- Me la regalo Kamio... Un mes después de comenzar a salir.

Se detuvo de hablar, cerró sus ojos y apretó con fuerza el dije en su mano. Suspiró y volvió a la realidad.

- No sé cómo fue capaz de...

Antes de que terminara Sakuno la interrumpió.

- Deberías llamar a tu casa para avisar que te quedarás aquí toda la noche, así no se preocupan. ¿No crees?

- No, no y no, esto no es buena idea.- Se levantó del sillón y fue hacia su bolso.- Creo que lo mejor será irme a casa y pensar.

- Vamos Ann, quédate, pasemos una noche viendo películas o escuchando música, para olvidarnos de todo. Verás que será divertido.

- No estoy de humor, mañana tenemos clases, no tengo mi uniforme, ni mis libros.- Buscaba excusas la peli anaranjada.

- Podemos faltar a la primera clase, nuestra asistencia es casi perfecta y le diré al chofer que te lleve temprano a buscar tus cosas.- Sakuno parecía desesperada.- Por favor.

A la peli naranja se le dibujó una leve sonrisa sobre sus labios.

- Llamaré a Kippei.

Sakuno saltó y fue hasta donde se encontraba Ann.

- Ya verás que esta noche será la mejor de todas.- Dijo confiada.

Luego de avisarle a Tachibana su plan, bajaron las escaleras juntas llevando sus bolsos y luego cruzaron una especie de corredor angosto y un poco tenebroso.

- ¿A dónde me llevas Tsuki?

Sakuno volteó a verla.

- ¿Asustada?

Llegaron a una puerta algo vieja y Sakuno metió la llave con dificultad para abrirla.

- Bienvenida al cielo.

Abrió la puerta y se mostró tras ella un modesto cuarto con lo suficiente para hacer de el un pequeño paraíso. Después de un rato decidieron que lo mejor sería hacer allí su pijamada.

No sé confundan, ese no era de esos sótanos oscuros, tenebrosos y llenos de telarañas. Después de que Misaki le había insistido tanto a su madre, esta había cedido y mandado a arreglar el horrible sótano. Las paredes habían sido pintadas de gris y el suelo era de madera. Había unas camas y unas cuantas alacenas con comida, un pequeño refrigerador, televisión, algunos juegos y un par de cosas más. Además el ruido no llegaba a la casa. Así que era el mejor lugar para su noche perfecta.

La música estaba fuerte y ellas cantaban y reían al son de las canciones.

- ¿Quieres comer algo? Hay algunas bolsas de frituras en alguna de esas repisas.- Preguntó Sakuno.

- Claro.- Respondió Ann.- ¿Qué mejor que mucha comida para frenar la tristeza?

- Nada mejor que frituras y música. Espérame un momento, voy a pedirle la llave a Sora.

Sakuno salió por el corredor, subió las escaleras y las volvió a subir hasta llegar al otro corredor de las habitaciones. Golpeó la puerta de Sora, pero nadie le abrió.

- Sora.- Golpeó la puerta.- Soy Tsuki.

Nada. Misaki salió de su cuarto.

- ¿Necesitas algo?

- Sí, la llave de los armarios del sótano.

- Sora no vendrá hoy.- Hizo memoria.- Iba a pasar la noche con alguien, no recuerdo su nombre...- Volvió a hacer una pausa.- ¡Camille! Si mi memoria no falla era una tal Camille. Pero yo tengo una copia de la llave.

Sakuno simuló una sonrisa y aceptó la llave. Se quedó en silencio. Camille ¿Qué demonios le pasaba? ¿Quién era ella?

oOoOoOoOo

- Ya llamé a Misaki para que le avise a mi madre que me quedo aquí.- Dijo entrando a la habitación.

- Genial, hay comida en el refrigerador si quieres y algunas cervezas. Mi madre no vendrá esta noche.- Con el celular en la mano dudaba en que hacer.- Tachibana va a asesinarme cuando Ann le cuente lo que pasó.

El castaño se tomó la cabeza con ambas manos mientras se recostaba en el suelo. Sora tomó un almohadón pequeño y se lo tiró en la cara.

- No es para menos, idiota. Si alguien le dijera eso a alguna de mis hermanas, no me cansaría de golpearlo.- Se sentó a su lado preparando la consola de juegos para distraerse un poco.- ¿Entiendes lo que está pasando? ¿Y si yo no estaba ahí?

- Tu caso es distinto, todos sabemos que te mueres por Tsuki.- Se descubrió la cara.- Creo que incluso ella lo sabe, y así también se aprovecha de eso.

El peli negro lo miró de reojo y negó con la cabeza.

En parte no quería pensar que estaba enamorado de ella. Su madre no estaría muy contenta con la noticia. Y de todas formas, Sakuno no estaba enamorada de él. Por otro lado tampoco quería pensar que la hermosa cobriza de aprovechaba de sus sentimientos hacia ella. Así que simplemente lo invadió el enojo.

- ¿Cómo puedes decir esas cosas? Es mi hermana Kamio y no te permito que hables así de ella.- Dejó el mando de la consola de juegos y frunció el ceño.

- No te engañes Sora, ella no es tu hermana y tú lo sabes, solo viven juntos. Sí fuera tú aprovecharía esa ventaja.

El peli negro se quedó pensándolo seriamente. Kamio tenía razón, él y Sakuno eran adoptados, no había ningún lazo entre ellos además de la convivencia.

- Pero no me cambies de tema, si yo no estaba aquí, ¿Qué hubiera pasado? ¿Ibas a pegarle?

- La verdad que no lo sé, nunca se pasó por mi mente tocarle un pelo, pero no estaba pensando, no estaba en mis cabales.- Se volvió a sentar.- No debí reaccionar así, pero solo de imaginar al estúpido de Takeshi cerca de ella me pone los nervios de punta.

- Tú no eres así, con esa actitud solo le das ventaja a Momoshiro.- Aclaró Sora.

El muchacho quedó paralizado en cuanto se puso a pensarlo. Momoshiro siempre fue un caballero con Ann, con Tsuki, con Sora, siempre fue cortés y gentil. Eso no era bueno si quería alejarlo de su novia, o quizá su reciente ex novia.

- ¿En verdad lo crees?

- No lo dudo, si ella estaba confundida, luego de esto que ocurrió, por fin sabe por quien decidirse. Aunque no te guste, Takeshi es un buen chico y tú también, pero hoy te saliste de control.

- ¿Buen chico?- Rio.- ¿Qué buen chico se mete con la novia de otro chico?

- ¿Qué buen chico trata de cualquiera a su propia novia? Solo piénsalo.

La sonrisa de Kamio se desvaneció en un segundo.

Luego de un rato, los muchachos tenían la mirada absolutamente perdida en la pantalla de treinta y dos pulgadas. Sus dedos se movían ágiles sobre los controles y marcaban combos en el videojuego de lucha que compartían.

- Eres un desastre Kamio...- Se burlaba Sora mientras su personaje le daba dos puñetazos y una gran patada al jugador oponente.

- Cállate idiota.- Bramó entre dientes.

De pronto el castaño quitó el juego y se quedó quieto, ganándose una mirada reprobatoria de parte del peli negro.

- ¡Oye! ¡Iba ganando!- Le gritó indignado Sora.

- ¿No escuchas eso?- Preguntó serio.

Ambos se quedaron como estatuas en un profundo silencio.

- Alguien golpea la puerta.- Dijo extrañado Sora.

- Raro.- Kamio vio su reloj de pulsera.- Es algo tarde.

Fueron hasta la puerta y grande fue su sorpresa cuando por la cerradura distinguieron, nada más ni nada menos que al ex Fudomine.

- ¡Maldición! ¿Qué hace Kippei aquí?

- ¡¿Kippei?!- Se preguntó exaltado Sora.

- Cállate que va a escucharte.- Susurró el castaño.- De acuerdo, de acuerdo, ¿Qué hago?

El golpe en la puerta volvió a escucharse y los nervios de los chicos casi explotan.

- Ve a la habitación, sigue jugando que en un rato voy.

Sora le hizo caso y se encerró en el cuarto para jugar videojuegos. Kamio, decidido a afrontarlo, abrió la puerta y tragó en seco.

- Buenas noches.- Pronunció serio.- ¿Puedo entrar?

- Kippei... Claro.- Simuló sorprenderse y se hizo a un lado para que pudiera entrar.- Que extraño que estés aquí a esta hora, ¿Puedo ayudarte en algo?

- Tengo que hablar contigo.- Entró al departamento.- Sobre Ann.

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- No le va a gustar que estemos aquí.- Dijo Eiji primero con miedo y luego enojado.- ¡El O'chibi es un amargado!

- Le guste o no, sabemos que nos necesita.

Tocó el timbre y esperaron. Dentro del templo una cena familiar se llevaba a cabo. Nanjiroh comía sin parar, Nanako tenía una sutil charla con su primo Ryoga y Rinko seguía trayendo fuentes de comida para todos. El único que faltaba era Ryoma que se había encerrado en su habitación leyendo una revista. Escuchó el timbrar del pórtico y le llamó la atención. Bajó a atender. ¿Quién demonios fastidiaba a esa hora? Grande fue su sorpresa al ver a esos dos del otro lado de la puerta.

- ¡Echizen!

- ¡O'chibi!

- Maldición...

Agachó su rostro y suspiró.

Un golpe en el hombro por parte de Momoshiro y un revoloteo de cabello de Eiji, lo llamaron a la realidad.

- ¿Qué hacen aquí? Es tarde.

- Noche de chicos.- Dijeron al unísono.

- ¿No creen que estamos algo grandes para eso?- Replicó mientras cerraba la puerta de calle.

Comenzaron a caminar hacia la habitación del peli negro y cuando pasaron por la sala, Rinko no pudo evitar entrometerse un poco.

- Ryoma, que gusto que invites a tus amigos.- Vociferó muy alegre.- Momoshiro, Eiji, que placer verlos por aquí.

- El placer es nuestro señora Echizen.- Dijo galante provocando la risa de Rinko.- Lamentamos interrumpir a estas horas, pero queríamos festejar la llegada de Ryoma.

- Claro, pero qué buena idea. ¿Quieren que les sirva algo de comida?- Ofreció simpática.

Momoshiro y Eiji veían los manjares que estaban sobre la mesa, regocijándose tan solo de verlos. Ryoma no tardó en hartarse de la escenita.

- Llamaremos al delivery está noche, oka-san.- Dijo serio a su madre y comenzó a caminar hacia su cuarto, seguido de los dos muchachos que pensaban en toda la comida que podrían comer.

- De acuerdo, cualquier cosa que necesiten me avisan.- Gritó Rinko.

Los chicos subieron las escaleras y una vez en la puerta del cuarto de Ryoma frenaron de golpe.

- ¿Por qué están aquí?

Un timbrado se escuchó en el templo de los Echizen y un eufórico grito se escuchó tres él.

- ¡¡Pizzas!!- Al unísono Momoshiro y Eiji.

Sin pronunciar palabra, Ryoma solo les dio la espalda y fue a atender al repartidor.

Sinceramente moría de hambre, pero por su cabeza no dejaban de pasar imágenes que lo atormentaban. ¡Maldita Ryuzaki! ¡¿Qué demonios le había hecho?!

Apenas tardó unos pocos minutos, pero cuando puso un pie en la habitación se abalanzaron a él dos hambrientas bestias que lo hicieron olvidar, al menos un poco. De las cuatro cajas de pizza, había quedado solo una en el suelo, rodeada de los tres tenistas.

- Me duele el estómago.- Avisó Eiji tocándose el abdomen con ambas manos.

- Comiste demasiado rápido.- Sentenció Momo.

Ryoma veía como los labios de sus amigos se movían, pero no escuchaba nada. Su cuerpo estaba ahí, sin embargo él no estaba. Pensaba en que había pasado con Ryuzaki, ¿Realmente la pasó tan mal? ¿Dónde estaba? ¿En Okinawa con Sumire? ¿Por qué demonios no lo esperó? Todo eso pasaba por su mente hasta que Momoshiro lo despertó de su trance.

- ¿Qué te sucede Echizen? Estás en otro mundo.- Cuestionó el peli negro.

- Claro que no.- Cortó el oji ámbar.

- O'chibi en verdad estás mal.- Apoyó Eiji.- Somos tus amigos, tienes que confiar en nosotros.

El más pequeño quedó paralizado con esa palabras. Amigos. Que extraño sonaba. Nunca pensó que tenía amigos, siempre pensó en las demás personas de una forma tan... distante. Pensaba en los demás como personas que compartían algo de tiempo con él y luego cada uno volvía a su casa y a su mundo. Pero se sentía bien la palabra Amigo.

- Quiero encontrar a Sakuno Ryuzaki.

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- No puedo creerlo.- Dijo Ann mientras se llevaba una mano a la boca.

- Me lo acaba de decir Misaki.- Respondió la cobriza mientras devoraba una bolsa de frituras.- ¿Sabes?- Pronunció con mayor dificultad.

- Espera, primero traga que no entiendo nada de lo que dices.

Sakuno dejo la bolsa de papas a un lado y se recostó boca abajo en una de las camas. Claro que eran celos, estaba que reventaba de la rabia.

- Pensé que teníamos algo...- Hizo una pequeña pausa mientras se daba vuelta para quedar frente a Ann.- No lo sé, algo especial.

Ann la miró con lástima. De verdad se había encariñado mucho con Sakuno. Desde que se conocieron por segunda vez, siempre fueron amigas. No era una historia muy larga, ni tampoco algo extraño. Simplemente un día fue a su casa, hablaron y supieron que podrían confiar una en la otra. Simple. Y desde ese momento ya había pasado un año y medio en el que nunca se separaron. Por eso la conocía, y no había estado así de triste desde Ryoma.

- Claro que tienen algo especial. Nunca lo vi mirar a alguien como te mira a ti.

Esas palabras le gustaron tanto a Sakuno que lograron sacarle una sonrisa.

- ¿Lo dices en serio?

- Como que mi nombre es Ann Tachibana.

- ¿Puedo preguntarte algo?

La peli naranja sabía por dónde iba el asunto, así que solo asintió con la cabeza.

- ¿Qué pasó hoy en la tarde?

Ann volvió a su semblante oscuro.

Flash Back

La melodía sonaba bien, habían estado trabajando en ella desde hace tiempo y recién ese día sentían que habían hecho un verdadero avance.

- Creo que podría ajustar algo en el teclado para que suene un poco mejor.- Dijo Ann mientras probaba algunas notas.

- Claro que con la guitarra sonará mucho mejor.- Dijo Sora.- Que extraño que Tsuki no haya llegado aún.- Miró su reloj.- Ya es tarde.

- Ya sabemos que el angelito no es muy comprometido que digamos.- Habló Kamio.

- Creo que mejor la llamo, quizás le ocurrió algo.- Dijo Ann.- Kamio ¿Puedes alcanzarme mi celular? Creo que está en tu habitación.

- Claro.

Kamio caminó hacia su cuarto y después de buscarlo por un momento lo encontró sobre la cama. Sin querer prendió la pantalla y su curiosidad pudo más que él. Había un mensaje, uno que recién acababa de llegarle.

"No creo que pueda pasar nada más entre nosotros. El otro día te vi en el parque, estabas con Kamio y me sentí un estúpido. Adiós Ann.

Momo-Kun"

Algo se rompió en el corazón de Kamio. Nunca se sintió tan impotente que revoleó un cuadro que estaba sobre la mesa de luz. El vidrio estalló en muchos pedazos y en cuestión de segundos, Ann estaba ahí. Vio el suelo, los pedazos de vidrio y el semblante oscuro de Kamio.

- Kamio... ¿Qué pasó?

En el momento que la vio solamente ira corría por su sangre.

- Creo que sabes muy bien lo que paso.

Ann vio los ojos de Kamio, con ese tinte de dolor, amargura y enojo mezclados, y supo que no era él. Kamio era gentil, dulce y amable, sin embargo estaba cegado y la peli anaranjada por primera vez le tuvo miedo.

- ¿Estuviste con Takeshi?- Preguntó más calmado.

Su mirada se perdió en el suelo y Ann no supo que responderle. Las lágrimas empezaron a brotar sin parar, y la chica se cubrió el rostro con las manos intentando parar.

- Dime.- Pronunció casi sin voz.- Solo dímelo de una vez.

La chica apoyó su espalda contra la pared y cayó al suelo rendida.

- ¡Lo sabía!- Volvió a gritar furioso.

Se acercó a ella y, arrodillándose, quedaron frente a frente. Tomó las muñecas de ella y la obligó a verlo.

- ¡¿Hace cuánto?!

El grito hizo que Ann girara su rostro y cerrará los ojos fuertemente.

- ¡¿Hace cuánto te ves con ese imbécil?!

Ann ya sin dejar de llorar e intentar soltarse no aguantaba más los gritos que comenzaban a ensordecerla.

- Íbamos a vernos hace unos días, pero no lo hicimos.- Dijo entre sollozos.- Suéltame, por favor, me lastimas.

Sora entró en la habitación y vio aquel desastre. Los vidrios desperdigados por todas partes y Ann acorralada.

- ¿Qué está pasando aquí? Suéltala Kamio.- Dijo con su voz firme.

El castaño aflojó el agarre y Ann se escapó de él. Primero avanzó gateando hasta que se incorporó y se aferró fuerte a Sora quien la abrazaba para calmarla.

- Eres unas cualquiera Ann.

Sora vio el estado de la chica y la llevó afuera, dónde Sakuno veía la escena confundida.

Fin de Flash Back

Ann lloraba mientras contaba los últimos detalles.

- Nunca lo esperé de él, si me lo hubiera dicho cualquier otra persona no me hubiera importado, pero si me dolió que fuera él.

- No llores Ann, es un idiota que no merece tus lágrimas.

- No sé que voy a hacer ahora.

oOoOoOoOo

La tensión flotaba en el cuarto. Momoshiro miraba a Ryoma triste y Eiji lo hacía de igual forma. Eso que él decía sonaba difícil. Lo entendía, pero no significaba que fuera imposible. ¿Verdad? Tampoco le gustaba que lo vieran así, odiaba la lástima en los ojos ajenos. ¿Quienes se creían? Que fueran sus amigos no les daba derecho.

- ¿Entiendes lo que significa?- Sonó la voz de Momoshiro.- Sakuno desapareció de nuestras vidas hace mucho tiempo. Ya nadie se acuerda de ella.

- Pobre Saku- chan.- Se lamentó Eiji.- Había muchos rumores sobre ella luego de lo que le pasó a sus padres. Pero eso fue hace mucho, no creo que alguien tenga información.

- Nadie sabe nada.- Intervino Ryoma.

- A menos que...- Siguió Eiji.- No, es algo tonto.

- Dime.- Ordenó Ryoma.

- Cuando se fue de Seigaku se decía que tenía una especie de relación con Katsuo. Quizás él sepa algo.- Dijo Eiji conociendo la reacción de Ryoma.

¿Una relación? ¿Que se había perdido? Pero si tan solo se fue dos años de Japón. Lo último que la gente sabía de Sakuno era su intento fallido de entrar al equipo titular de tenis femenino de Seigaku. Eso había pasado hace un año y medio. ¿O sea que en esos meses en los que él apenas se había ido Sakuno había empezado una relación con Katsuo? ¿Después de lo que pasó? No podía ser cierto.

- Lo último que supe de ella es que se cambió al Fudomine.- Aclaró Momo.- Sumire se mudó a alguna parte de Okinawa por su problema del corazón y sus padres.- Una ligera pausa.- Bueno ya sabes la historia.

- Necesito arreglar un asunto con ella.

Y vaya asunto.

No podía admitir que la amaba y menos después de habérselo declarado y que ella haya comenzado una relación y desapareciera así como así. No le habían importado sus sentimientos así que a él no le importaban los de ella. Pero de todas formas tenía que encontrarla, solo para demostrarle que no la necesitaba. Aunque sonaba estúpido, en la mente de Ryoma cobraba mucho sentido.

- Todos estamos realmente jodidos.- Se lamentó el muchacho.

- ¿A qué te refieres Momo?- Preguntó Eiji tan curioso e incrédulo como siempre.

- A que el amor apesta.- Fue lo último que dijo Momoshiro antes de recostarse en el suelo.

Momoshiro aún tenía la imagen de Ann abrazada en el parque con Kamio. Desde que la conoció estaba perdidamente enamorado de ella. No habían historias cursis, momentos románticos, ni mucho menos un real acercamiento entre ellos, pero Momo no dejaba de pensar en ella. Muchas veces se ilusionó con llegar a ser algo más que un simple amigo. Todo iba perfecto, hasta que un día se enteró que la bonita peli anaranjada tenía un muy celoso novio. Fin de la historia.

- ¿Puedes contarnos que te hizo la pequeña Tachibana?

- Ni me hizo nada, ni es la pequeña Tachibana.

A Ryoma se le cruzó una idea por la cabeza y sonrió de lado.

- Debes contarnos... Después de todo somos tus amigos.

Momoshiro se levantó nuevamente y lo miró sin creer lo que había dicho.

- De acuerdo. Organizamos un... ¿Cómo decirlo? Un encuentro.

- Momo- Chan, ¿Tuviste una cita con la pequeña Tachibana?- Dijo entusiasta el neko.

- ¡No! ¡Fue un encuentro! Y cuando llegué ella estaba con Kamio.

- ¡¿Qué?!- Eiji saltó hasta quedar parado con los ojos abiertos de par en par.

- Si...- Dijo triste.

Ryoma lo miró y le dio real lástima su amigo. Se sentía demasiado raro últimamente. Sentía demasiado. No era común en él.

- No todas son cosas malas.- Susurró Eiji.

Él sin embargo era más positivo. Desde la reinauguración del bar nadie podía quitarle la sonrisa de la cara.

- ¿Por qué lo dices suertudo?- Preguntó Momoshiro elevando sus cejas insinuante.

- Tsuki me invitó a su casa.- Rio nervioso.- ¿Cómo se supone que tengo que actuar?

Momoshiro negaba divertido mientras que Ryoma lo fulminaba con la mirada. Por algún extraño motivo, esa tal Tsuki lo ponía de mal humor. No importaba si solo la nombraban, ya era motivo suficiente para no dirigirle la palabra a nadie.

- ¿Puedo saber qué demonios te pasa Echizen?

El ojiámbar solo frunció el ceño y chasqueó con la lengua.

- Desde que volviste tienes ese mal genio, aún peor que antes.

- Es cierto O'chibi...- Eiji se quedó mirando al suelo.- Nunca te vi tan gruñón.

- No me pasa nada.- Se cruzó de brazos.- Es esa tal Tsuki de la que todos hablan. No me genera confianza.

- Que te quite un poco de protagonismo no es el fin del mundo.- Aclaró Momoshiro.

Ryoma comenzaba a sentirse confundido respecto a ella. Era cierto eso que decía Momoshiro y nunca se le cruzó por la cabeza. Por eso se sentía extraño. Le estaba robando todo el protagonismo, a Él, a Ryoma Echizen. Eso no podía seguir así. Claro que no. El la frenaría, le mostraría quién era el príncipe de Seigaku.

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Dos chicos adolescentes, sufriendo por mal de amores, con la casa sin adultos y alcohol, no eran la mejor combinación. Luego de un rato bebiendo, comiendo y jugando videojuegos, ambos estaban pasados de copas.

- No puedo creer que Ann no le haya contado nada a Kippei.

- ¿Para qué iba a contarle? ¿Para que te mate a golpes?- Soltó una estruendosa risa.- Es mucho más madura que tú.

- Kippei no iba a golpearme. No con mi rapidez y destreza.- Dijo haciendo señas de golpes al aire, causando más risas a su amigo.

- Eres un tonto, si Kippei te hubiera golpeado aún estarias inconsciente. Nunca perdió una pelea.

- Odio a Takeshi. Desde que él apareció arruinó mi vida. Primero me gana en aquel estúpido partido.- Enumero exageradamente con los dedos.- ¡Hizo que quedara afuera del torneo!- Siguió.- Se metió en mi banda. Se metió con mi chica. Arruinó mi vida.

- Deja de culpar a Momoshiro de lo que te pasa. Te ganó en aquel torneo porque entrenó mas que tú. Se metió en la banda porque todos nosotros así lo quisimos. Y si Ann se enamoró de él, nadie tiene la culpa.

- Aún así lo odio.- Dijo de brazos cruzados.

Sora intentaba alcanzar una raqueta que Kamio tenía colgada en la pared a modo de trofeo. Se encontraba parado arriba de una silla, pero su equilibrio no era el mejor después de todas las cervezas que se había tomado. Se tambaleaba y le dificultaba más sujetar la raqueta.

- Bájate de ahí, si te caes te romperás la cabeza.

Mientras que hablaba se estiraba intentando alcanzar la bendita raqueta. Frustrado apoyó su cabeza en la pared y le dio unos suaves topes.

- Es que no entiendo... ¿Qué es tan impresionante de correr tras una pelotita por quién sabe cuánto tiempo?

- El tenis es una pasión que algunos no saben apreciar... Tú no eres un chico de esos, tienes otras pasiones, como la música.

Sora por fin alcanzó la raqueta, luego de un gran trabajo. La sostuvo en sus manos, observándola detalle a detalle. La agarró con su mano hábil y empezó a agitarla de un lado a otro.

- Estoy volviéndome loco.- Susurró mientras dejaba la raqueta a un lado y se agarraba la cabeza.- ¿Qué es lo que me hace Tsuki?

- Amigo.- Lo llamó con una cálida sonrisa, intentando darle todo su apoyo.- Estás enamorado. Tienes que aceptarlo y dejar de luchar contra eso.

La angustia estaba invadiendolo poco a poco. Cuando Tsuki estaba a su lado todo estaba bien, pero cuando no, todo su mundo se desmoronaba.

Kamio agarró el teléfono y marcó un número. Cuando vio que comenzaba a sonar se lo pasó a su amigo.

- Ten.- Extendió su mano.

- ¿Qué?- Lo tomó y vio la pantalla. Alarmado se lo devolvió.- ¿Estás loco?

- Háblale.- Ordenó.

El celular dejó de sonar y se escuchó una voz del otro lado.

- ¿Hola?- Se escuchó la delicada voz por el altavoz del teléfono.

- Ah… Ho- Hola…- Tragó seco.

- ¿Quién habla?- Preguntó la femenina voz.

- ¿Tú eres Tsuki?- Preguntó para cambiar de conversación.

- Sí, soy yo. ¿Quién habla?- Preguntó ya cansada.

- No puedo decírtelo.- Miró a Kamio, quién se reía en un tono bajo para no ser escuchado.- Digamos que soy una persona que está interesada en ti.

- ¿Interezado en mi? Entiendo… ¿Y en qué puedo ayudarte chico misterioso?- Dijo sarcástica.

- T- Tengo una propuesta para ti. Quizá podamos encontrarnos en el parque este sábado.

- Temo que no podré asistir si no sd quién eres.

- Ese no es problema. Cuando llegues verás quién soy.

- ¿Y si eres un secuestrador? No te hare la tarea tan facil, amigo.

- Puedes ir acompañada, cuando veas quién soy, te aseguro que querrás hablar conmigo.

- De acuerdo.- Sora quedó impactado ante la respuesta.- Nos vemos el sábado a las siete, junto a la pista de tenis. No quieras dejarme plantada, o vas a arrepentirte chico misterioso. Ye sorprenderías con la facilidad con la qie podría encontrarte.

- Lo dudo mucho. Hasta luego Tsuki.- Sonrió.

- Hasta el sábado.- La llamada se cortó.

Los dos chicos se miraron extrañados. Kamio se sentó frente a él, le quitó el teléfono y luego lo miró expectante.

- ¿Qué diablos…?- Hizo una pausa.- ¿… Fue eso?

- No lo sé, simplemente entre en shock. ¡¿Por qué la llamaste?! ¡¿Por qué hice eso?! ¡Diablos! Soy un idiota.- Sora se levantó de la silla y empezó a caminar de un lado a otro.- Tendré que verla.- Se detuvo y lo miró.- Tengo una semana para decírselo.- Arrancó de nuevo.- Lo sabrá, lo sabrá, lo sabrá… Estoy muerto… Misaki va a matarme… ¿Y mi madre? ¿Qué va a pensar de mi?

- Sora, debes calmarte.

- Soy un mal hijo… Un mal hermano… ¿Qué va a decir Tsuki?- Seguía Sora, ignorandolo.

- ¡Sora! Eres un chico de dieciocho años, no puedes perder el control por una simple chica.

Cuando lo dijo se sintió estúpido. ¿Quién era el para decirle eso? Justo él, que había perdido el control con Ann, con la banda, con todo.

- Somos muy idiotas.

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En cada casa la tensión flotaba. Ya era hora de dormir. Todos estaban en sus camas, intentando conciliar el sueño pero algo no se los permitía.

Cada quien estaba atascado en sus problemas.

Sakuno estaba en un dilema muy difícil de resolver. No sabía quién era. Estaba atrapada entre Tsuki y Sakuno. Y a la vez estaba en una fuerte disputa entre llevar a cabo su venganza hacia Ryoma o seguir con su vida. Y en caso de ir por la segunda opción, no sabía con quién podría rehacer su vida, Sora o Eiji.

Ann estaba muy dolida. El comentario de Kamio la había afectado incluso más de lo que demostró. Él fue su acompañante durante mucho tiempo y siempre trato de verlo feliz, por eso le costaba tanto creer que él pensaba eso de ella.

Ryoma no podía sacar de su cabeza a Sakuno. La extrañaba tanto. Quería encontrarla y preguntarle por que demonios no lo había esperado. Tenerla frente a él y no dejarla ir nunca más.

Momoshiro quería estar con Ann. No era tan complicado. Quería estar con ella solamente, sin problemas, sin rodeos. La quería.

Eiji estaba enamorado de Tsuki hasta la médula. Que ella lo hubiera invitado a su casa no lo dejaba dormir tranquilo, pensando en como actuar, que decir, como presentarse. Quería caerle bien a su familia.

Sora amaba a Tsuki y a Sakuno, cada faceta de ella, cada rasgo, cada parte de su ser. Pero sabía que esa relación nunca iba a poder ser. Porque aunque le gustara o no, era su hermana. Y ella amaba a alguien más.

Kamio había notado su error y la había perdido, había perdido a Ann para siempre. Lo sabía lo tenía muy claro.

Cada uno tenía sus motivos para no dormir esa noche. Solo tenían que pensar que en la mañana sería un día nuevo, lleno de nuevas emociones y quizás podrían olvidar por un rato.