Disclaimer: Antes de nada me gustaría comentar que los personajes de Detective Conan no me pertenecen. Son propiedad de Gosho Aoyama. No me considero violadora de ninguna ley.


Traducción de "I'm already there", "Stronger than I am" y "Coming Home", escritos por Becky Tailweaver. Yo uniré y traduciré lo que haya escrito hasta este momento. A medida que "Coming Home" (el fic largo y último) se vaya actualizando, yo iré traduciendo. Así que no me pidais que suba otro cap si no esta escrito, porque tengo el permiso para traducir, pero no para escribir. Igualmente, muchísimas gracias a Becky T. por dejarme traducir esta fantástica historia. Thank you so much!

SI TU SUPIERAS

- ¿Profesora Jodie¡Mosuke dice que no quiere compartir el brillo dorado!

En el momento en que se hubo girado, su cara volvía a ser la de la acogedora y amistosa Jodie Saintemillion que todos los niños conocían y querían. Se volvió, cogiéndole la mano al niño y guiándolo dentro de la clase.

- Venga, Akira, vamos a hablar con Mosuke...

Capítulo 7

El lugar al que llegaron estaba en una parte de la ciudad que Yuuichi no reconocía. Pasaron por calles y tiendas y finalmente por una industria y un almacén, lugares que él no conocía, ni siquiera de las veces que había ido con el abuelo al trabajo. Lo preocupó estar en territorio desconocido, pero no demasiado. Sabía que si tuviera que correr y llegar a casa, encontraría una comisaría. O podría mirar un mapa, o una estación de autobús o una estación de tren.

Conan le había enseñado eso, en caso de que se perdiera y no encontrara ninguna comisaría. Él podría leer las señales, y leer mapas, y si encontraba la calle donde estaba y después buscaba el barrio de Beika, sabía que podría caminar hasta casa si hacía falta.

La única pena es que su mente de tres años, aun siendo tan inteligente como era, no se daba cuenta de que caminar hasta casa desde la otra punta de la ciudad no era lo mismo que llegar a casa desde el parque de Beika.

El coche se metió por una puerta de parking abierta, en un laberinto sin final por en medio de almacenes. Después de pasar entre todos ellos hasta que Yuuichi empezó a pensar que se habían perdido, el coche paró en frente de un pequeño edificio de oficinas junto a otro almacén.

Tenía sólo dos pisos, era enano al lado del altísimo almacén, y todas las ventanas estaban cerradas. Cuando el conductor paró el coche y los ocupantes bajaron, Yuuichi estuvo junto a Ai Haibara y miró sus alrededores. Incluso con el sol brillante de medio día, los vacíos edificios parecían embrujados y solitarios.

Empezó a darse cuenta de cuán lejos estaba de casa. Se preguntó si podría llegar a casa desde ahí, si tuviera que escapar.

Empezó a preguntarse si Mamá sería capaz de encontrarle.

- Está bien - le dijo Ai, cogiendo su mano y guiándolo detrás de Akai -. Aquí estarás a salvo, Yuuichi. Más seguro que en ningún sitio.

- Mi casa es segura - replicó el niño en voz baja.

- Ahora mismo no - empezó Ai. Entonces volvió a hablar, más para sí misma -. Allí será el primer sitio donde buscarán...

Akai abrió la puerta principal del edificio de oficinas, dejándoles pasar. Se esperó un poco para cerrarla, siguiéndolos una vez lo hubo hecho.

Por dentro parecía mucho más vivo que por fuera. Yuuichi miró alrededor, y pudo suponer que allí vivía gente. Más gente a parte de Haibara y Akai. No había mucho polvo en ese vacío espacio del primero piso, sostenido en el aire al lado de los marcos de las ventanas. Había muchas huellas débiles en el suelo, de diferentes zapatos. Y también había bolsas de basura al lado de la puerta llenas con restos de comidas que todavía no estaban podridos. Tendrían pocos días.

Así que cuando Ai lo llevó escaleras arriba a las oficinas, Yuuichi no se sorprendió al oír voces. Al girar la esquina de las escaleras, Yuuichi se dio cuenta de que allí era donde Haibara y sus amigos vivían.

Allí, las luces estaban encendidas, iluminando todo incluso con las ventanas cerradas. Habían muchísimas personas, una docena por lo menos, situados alrededor de las mesas, sillas, y aun en los rincones. La mayoría levantaron la vista cuando el trío entró en la habitación, saludándolos mientras Ai llevaba a Yuuichi a su lugar de trabajo.

Habían muchísimas cosas esparcidas en la habitación principal del segundo piso de aquel bloque de oficinas. Las mesas eran plegables y parecían haber sido hechas por ellos mismos; un par de ellas construidas cerca de la pared estaban llenas de documentos sobre el complejo ordenador que estaba siendo utilizado por un hombre joven.

Otra mesa estaba hasta arriba de equipamientos de última generación y aparatos de registro, donde un señor mayor con auriculares giraba los diales y apretaba teclas y tomaba apuntes de lo que fuera que estaba oyendo. Las otras mesas estaban cubiertas con papeles y más documentos o con restos de comida parecidos a los que habían en las bolsas de basura de abajo.

Los hombres que trabajaban ahí se vestían de manera rara; algunos con camisas de manga larga, chalecos con bolsillos y pantalones viejos que le recordaron a las cosas que a veces veía en películas. Todos se levantaron para saludar a Ai, excepto el del ordenador y el de los auriculares.

En medio de los saludos tan ruidosos, Ai levantó la mano para pedir silencio y, sorprendiendo a Yuuichi, todos aquellos hombres mayores se quedaron callados para escuchar a la joven.

- Caballeros, la primera fase de nuestro plan hecho deprisa y corriendo ha acabado con éxito - anunció rodeada de silencio -. El objetivo está bajo nuestra custodia, y ahora podemos seguir con la segunda fase.

Los hombres empezaron a murmurar de nuevo, mirando al pequeño que estaba al lado de Ai. Uno de ellos incluso se inclinó para ver al niño, incrédulo.

- Es todavía más pequeño en persona - comentó el hombre, rascándose la cabeza.

- Su altura no importa mucho, Tsuji - sonrió irónicamente la científica.

- Haibara - la llamó el hombre de los auriculares, con el pelo lleno de canas y el bigote ancho y poblado que a Yuuichi le recordó al del Inspector Megure -, tengo cosas de que informar.

- Vuelve a tu trabajo - le dijo Ai al hombre -. Pasaremos a la acción pronto.

Otra vez, una mano condujo a Yuuichi hasta el escritorio de aquel hombre. Akai los siguió sin decir nada.

- ¿Qué tienes para mí, Yakamoto? - preguntó la chica, poniéndose a un lado de la mesa.

- Más o menos lo que esperábamos - replicó Yakamoto -. Las escuelas se han llamado unas a las otras, y luego a la Agencia y ahora ellos están hablando con la Policía de Tokyo.

- Un poco más rápido de lo que pensaba, pero no es ninguna sorpresa. Edogawa ha tenido que meter prisa a Mouri - asintió Ai.

- Iori está vigilando a Mouri. Ha dicho que volvió a casa y que todavía no se ha movido - continuó Yakamoto, con una expresión de fastidio -. Pero he recibido dos llamadas de Ken diciendo que ha perdido a Edogawa en un cruce y que no lo ha encontrado todavía. Jura que se ha evaporado. Ese niño tiene que haberse deshecho de Ken y haberse metido bajo tierra...

- Obviamente Ken ha dejado que la apariencia de su objetivo le decepcionara. Pero Edogawa está ahora en alerta - explicó Ai tranquilamente -, y no puede diferenciar entre nuestros hombres y los suyos. Ken no le encontrará, puedo garantizarlo. De hecho, decidle que vuelva y que vigile el perímetro. Hay posibilidades de que nos hayan descubierto, y hasta que no lleve a Yuuichi al laboratorio y empiece con todo, no nos podemos mover.

- Está bien.

- Bueno - continuó Ai, mirando a otros hombres -. Tsuji, llévate a dos contigo y ve con Tetsuya al perímetro. No tiene que pasar nada hasta que nos vayamos.

- ¡Sí! - respondió el hombre, directo a hacer lo que le habían ordenado.

Con los ojos abiertos, Yuuichi miraba y escuchaba, empezando a comprenderlo. Parecía que esos hombres eran como soldados, aunque no llevaran el uniforme. Estaban allí en secreto, y estaban relacionados con su hermano mayor...

Con curiosidad, se acercó a Ai para mirar la pantalla de Yakamoto.

- ¡Eh, ésa es mi dirección! - gritó de repente, indignado, mirando a Yakamoto y a Akai -. ¿Cómo dice que has oído seis llamadas de mi casa¡Se supone que no puedes oír las conversaciones de otras personas!

Yakamoto parpadeó, su bigote moviéndose ante la sorpresa.

- Mierda¿sabe leer? Todavía es demasiado pequeño para saber leer...

- ¡Sé leer! - protestó Yuuichi, con el entrecejo fruncido - ¡ lo que pone!

- Y entiende lo que ve en la pantalla - comentó Akai con tranquilidad, mirando al niño con ojos ilegibles y oscuros -. Suficiente para saber que estamos pinchando los teléfonos de la Agencia...

Ai sonrió débilmente, sin ningún signo de sorpresa.

- Es hijo de su padre - dijo simplemente, explicándose -. Y por el bien de su padre, tengo que llevarlo al laboratorio y empezar a trabajar. Akai¿puedes solucionar lo que quede?

- Sin problemas.

- Bien. ¿Yuuichi? Ven conmigo... - ella condujo al niño, todavía con los ojos como platos, a la puerta de atrás, mientras todos esos hombres veían como se iban, murmurando suavemente con incredulidad.

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Él había intuido que lo seguían desde el momento en que puso un pie fuera de la escuela. Había sentido los ojos de ese hombre encima de él como una sensación tangible, igual que siempre sabía que alguien peligroso lo vigilaba. Y no le había llevado mucho tiempo para ver su sombra: un hombre ataviado con una chaqueta negra y gafas de sol con ese tiempo atmosférico estaba vigilándolo, y Conan Edogawa no era el niño inocente que aparentaba ser.

Le llevó menos de media hora deshacerse de él en un cruce lleno de gente. Una vez estuvo limpio, y seguro de que nadie más lo seguía, empezó a buscar a Yuuichi.

Si esa mujer, esa falsa señorita Jodie... Si ella no lo tenía¿dónde podría estar?

Es demasiado listo para irse a cazar mariposas - pensó Conan para sí mismo, intentando ser lógico mientras corría de calle en calle, en dirección a los recreativos (un sitio que Yuuichi conocía ya que Conan y Genta iban muchas veces) -. No puede haberse ido de los terrenos de la escuela sin mí o Ran... A menos que... ¿Uno de los mayores le haya contado algo? O... Pensó que tenía algo importante que hacer... A veces es así de terco...

El empleado de la entrada de los recreativos no había visto a ningún preescolar de ojos azules hoy, y una rápida lectura confirmó que Yuuichi no se había dejado ver por allí. Tachando los recreativos de su lista, Conan decidió ir a otro lugar antes de volver a la Agencia del Detective Mouri: la heladería.

Él sabe que no tiene que irse con extraños... Al menos no por voluntad propia...

El pensamiento de que se hubieran llevado a Yuuichi por la fuerza hizo que su corazón latiera más fuerte. Ya exhausto de correr, el miedo trajo consigo una tirantez en su pecho casi dolorosa, robándole el aliento.

Yuuichi no estaba en la heladería. Y nadie lo había visto allí. Su próximo sitio era el Parque Beika, pero la idea del niño secuestrado empezó a ser cada vez más real.

No le ha podido pasar a Yuuichi... Simplemente no puede... Es demasiado inteligente para que le haya pasado algo así...

No te engañes, Shinichi... Mierda¿cuántos niños desaparecidos aparecen en las noticias de las seis¿Y cuántos de ellos aparecen más tarde muertos...?

A veces sus precisas memoria y mente le jugaban malas pasadas. Él había visto muchas escenas del crimen en su vida, sus dos vidas, implicando cuerpos descubiertos en cualquier sitio, dejados por sus asesinos. Y algunos de ellos eran niños.

Las imágenes que veía en su cabeza, esas de un pequeño cuerpo dejado y abandonado en algún lugar con la cara pálida y sin vida, ojos azules y vacíos mirando sin vida el cielo, sólo provocó que su pecho se tensara más, casi sin dejarlo respirar.

No... No... Tengo que encontrarlo... No puedo perderle, Diós, simplemente no puedo perderle...

Chirriando los dientes intentando hacer desparecer el pánico, Conan corrió aún más rápido.

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Ran estaba frotándose las manos, caminando arriba y abajo en la oficina de su padre, completamente incapaz de quedarse quieta por un momento. Su miedo por la salud de Yuuichi, y por Conan, quien todavía no había vuelto, la mantenían con los nervios a flor de piel, como una madre pájaro preocupada.

Su padre se había marchado antes de la llamada del colegio, y ella no tuvo ninguna manera de contactar con él hasta que regresó de preparar aquello que, en tan alto secreto, él y su madre habían organizado. Su ausencia era como una pieza más para acabar de desmoralizarla.

En el escritorio de Kogoro, el Inspector Megure y Takagi usaron el teléfono de la Agencia para contactar sus colegas y dar información. Su coche estaba aparcado en frente, con la radio encendida, pero no necesitaban molestarle cuando Megure sabía el numero de teléfono de la central.

- ...Sí... Sí, un niño desaparecido - Megure hablaba por el teléfono, con voz lacónica pero sin prisa -. Está bien, ahora estoy con su madre... Ran Mouri... El niño desaparecido es Yuuichi Mouri... Niño pequeño, tres años, cabello oscuro, ojos azules (reconocibles a simple vista), y llevaba una camiseta, vaqueros y unas zapatillas deportivas rojas... Sí, bueno, no creo que sea una travesura, todavía no... Hombre, se escapa de vez en cuando, de acuerdo a Ran... Pero es igual, será mejor que vayamos con prudencia... Sí. Sí... Gracias.

Cuando Megure colgó el teléfono, Ran por poco se tiró encima de él.

- ¿Inspector?

- Les he explicado la situación - le dijo Megure, su tranquilidad ayudando a la de Ran -. Y ahora se llamarán unos a otros para que todo el mundo lo busque. Con un poco de suerte, ésta será otra de las escapadas de Yuuichi, y al final volverá a casa o lo encontraremos con rapidez.

- Eso espero... - los nudillos de Ran estaban blancos, apretando los puños -. Y Conan todavía está ahí fuera buscándolo...

Takagi sonrió, avanzando hacia Ran para ponerle una mano en el hombro.

- Con ese pequeño detective en la labor, es como si estuviera solucionado - dijo para reconfortarla -. Conan es un buen chico, no tendrías que preocuparte nada por él.

Ran sonrió también, débilmente, agradecida.

- Gracias, Takagi... Aprecio muchísimo que hayan venido aquí por algo que a lo mejor es una falsa alarma.

- Si un niño desaparece, nunca es una falsa alarma - le dijo Megure, dándole unas palmaditas en el otro brazo -. Bueno... Creo que Takagi y yo deberíamos patrullar por Beika, comprobar que Yuuichi no se ha perdido en su vuelta a casa. Llama al cuartel general si pasa cualquier cosa, y ellos nos lo dirán al momento.

- Está bien - asintió Ran rápidamente, tranquila de tener una manera de contactar con el Inspector -. Muchísimas gracias... Y buena suerte.

Los vio salir, y se quedó al final de las escaleras viendo como el coche se iba, desapareciendo al final de la calle. Se quedó allí unos momentos, mirando a un lado y a otro, rogando desesperadamente por ver el cabello oscuro de su hijo en medio del tráfico, llegando a ella.

- Yuuichi... - murmuró, con la garganta seca de preocupación.

- ¡Ran...! - una voz conocida y sin aliento la llamó, mirándola.

- ¡Conan! - observó al chico jadeando y despeinado, quien había frenado a sólo dos metros de ella y que ahora se apoyaba en la pared de la Agencia, sin aliento - Oh, Conan¿estás bien?

- Bien... - jadeó, dejándola un poco menos preocupada - ¿Llamaste a Megure?

Ella asintió.

- Acaban de irse, han ido a buscarle...

- No lo pude encontrar... - el chico chirrió los dientes -. He recorrido todo Beika... Pero no lo encontré en ninguna parte...

Había una poderosa chispa de miedo y frustración en los ojos de Conan, tan fuerte que la sorprendió. No debería estar, aunque ella sabía lo mucho que Yuuichi le importaba, pero sus ojos, tan azules como los de Yuu, estaban oscurecidos y guardaban muchísimos sentimientos.

- ¿Conan...?

Se apartó de la pared, empezando a recobrar el aliento.

- Voy a buscar mi monopatín y lo iré a buscar otra vez - dijo, pasando por su lado y parando en las escaleras -. Deberías quedarte aquí, en caso de que vuelva o alguien llame.

- Pero, Conan¡tú...! - pero ya era tarde, ya estaba arriba buscando su monopatín, desapareciendo unos momentos.

Volvió a la puerta, bajando los escalones de dos en dos, con el objeto bajo el brazo. Se paró a su lado un momento, mirándola con ojos tan profundos que la dejaron sin palabras.

- Lo encontraré. Te lo prometo, Ran, no dejaré que le pase nada.

La chica por poco pudo encontrar el aliento para replicarle.

- Conan...

Pero ya se había ido, subido en su monopatín en medio de una masa de polvo y viento, dirigiéndose al final de la calle antes de que ella pudiera volver a recuperar la respiración.

Otra vez, la habían dejado sola. Con las manos apretadas y los nudillos blancos, siguió a Conan con la mirada por unos segundos, otra vez deseando poder ver a Yuuichi corriendo hasta ella.

Entonces, tragando sonoramente y haciendo un sonido parecido a los propios de un sollozo, giró y se metió rápidamente en la oficina mientras esperaba ansiosamente al lado del teléfono.

...Continuará...


Interesante, ne? A partir de ahora empezara la accion, ya lo vereis... jojo XDDDD Este es el tercer capitulo de la tercera parte de la trilogia, asi que nos quedan diez para acabar (de momento)! Y creo que va para largo xq no ay indicios de que la autora lo continue... Os pido paciencia! Ademas, aora yo empiezo con esas semanas llenas de deberes i examenes, asi que perdonadme si algun dia no puedo subir el siguiente cap... Obviamente, si veo que el domingo no podre, lo colgare el sabado, xo que sepais que intentare no dejaros con la intriga mas del tiempo necesario... XDDD Soy mala, lo se... XDDD

Gracias a Sha're, kiiza, SHiNiCHi-KuDoXRaN-MouRi, oO-Ran-Mouri-Oo y Taigrin Dido! 36 reviews en solo 6 capitulos, a 6 reviews x capitulo, todo un record para miiiii!! Muxisimas gracias, genteeeeeeeeee!!

Os dejo unos spoilers del capitulo 8!! He intentado no ser taaaan mala esta vez... Aunque teneis que tener en cuenta que me encantan el sarcasmo y la ironia... Muajaja! XDDD:

- Ven, Yuuichi. Es hora de empezar. Tenemos que darnos un poco de prisa.

- ¿Qué vamos a hacer? - obedientemente, Yuuichi la siguió, notando que la mayoría de cosas que había en esa mesa se parecían a lo que había visto en la consulta de un doctor. Incluso había también un estetoscopio - ¿Haibara¿Eres una doctora? Pensaba que los doctores tenían que ser adultos.

- Chico listo... - sonrió Ai, mirándolo.

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Ella tuvo que preguntarse cómo, en el curso del desarrollo humano durante generaciones de crías, alguien, aunque sin saberlo, fue capaz de producir ejemplares como Kudo y ese niño. Décadas de ciencia humana y esfuerzo eran nada comparado con las manos de la Naturaleza.

Y mientras leía esos gráficos, observaba esos increíbles y a la vez terroríficos números, una sensación fría de entendimiento la envolvió. Había entrado y salido de los programas genéticos del Sindicato, pero ella era experta, y lo seguía siendo, en el campo de la biología química. Pero ahí, ella había oído rumores de lo que ellos intentaban hacer: intentaban construir un agente perfecto... un perfecto asesino, de cuerpo y mente iguales.

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- ¡Hattori¡Has tardado mucho!

- ¿Eh, Kudo, eres tú? Lo siento, estaba haciendo cosas...

- Cállate y escúchame. ¿Está Yuuichi contigo?

Bueno, me despido.

Hasta el próximo cap.

Nos leemos

MEICOSR