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ごくたまに 僕たまに
夢に破れるひとのカケラが
ヤマのように見える
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BEAUTIFUL LIE
Let's go searching
To the rhythym of a endless goodbye
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7
Quite often I, Sometimes I see the broken fragments of people's dreams
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Apenas las puertas se cerraron, supo que lo que venía a continuación era algo fuera de su alcance. Inevitable como sus acciones pasadas. Lo supo apenas vio un solo cabello su gran cabellera roja que parecía un río de sangre sobre su pálida piel. Supo, sin siquiera saberlo, que con solo su consciencia era suficiente para vivir tormento alguno, ahora, con Karin delante de él, supo, que sus fantasmas habían vuelto.
Suspiró resignado y un aire de pesar lo envolvió un instante. Estaba agotado de las idas y vueltas de la vida. De cómo el destino parecía burlarse de él y como cada esporádico respiro de la maldad, frialdad y violencia que lo envolvía, volvían a él con un ejército duplicado en venganza de su felicidad.
Observó a Karín. Su sonrisa impecable estaba en su rostro, pero podía ver detrás de ese semblante. Notaba sus hombros tiesos, su postura extrañamente relajada. Conocía el aire que la envolvía. Conocía esa furia y sed de venganza en sus ojos. Lo conocía tanto como el brillo opaco del dolor que se ocultaban detrás de ellos, lo sabía tanto como el suyo mismo.
Pero a diferencia del pasado inevitable, de sus acciones tormentosas y de sus decisiones egoístas, el porvenir lo tenía en sus manos. Y en ese momento se decidiría si era de su merecido. O no.
Tal vez, algo habría cambiado y aquello no saldría mal.
Descendieron dos pisos en silencio, sin dejar de mirarse. Sus ojos mantenían todavía ese toque frío y profundo que tanto la hacía perderse en ellos. Ojos negros como el carbol parecían sin fondo. Fue entonces cuando la pelirroja lo envolvió en una mirada lasciva, dejando que sus ojos se deleitasen con su cuerpo.
Ocho años habían pasado por su cuerpo, dejándolo aún más irresistible al toque. Su magnetismo parecía haberse intensificado, ya que su cuerpo no dejó de reaccionar ante él. Quería envolver sus brazos en su cuello, sus piernas en su cintura. Sus labios sobre los suyos en un juego violento y dominante que sabían jugar de jóvenes.
Oh si.
Recordaba aquellos juegos, aquellos placeres que la mantenían despierta durante largas horas de la noche en su juventud. Aquellos que ahora no disfrutaba al haberlo perdido. Ya no había caricias, ni murmullos en una noche de lluvia. Su mirada cayó en la alianza de oro que había visto por la tarde. Una llamarada de furia la consumió. Trató de recordarse que estaba delante de un hombre que sabía muy leer las reacciones corporales. Especialmente las suyas.
Controló los latidos de su corazón, juraría que su oído podía escucharlo tan bien como ella. Pero aún así, sus ojos ardían de dolor y odio ante la mujer que había sido capaz de tomarlo entre sus brazos, marcarlo en su dominio y llamarlo como suyo.
No.
Sabía que era lo contrario.
Sasuke nunca sería de nadie. Él siempre sería el que poseyera las posesiones.
Fue entonces cuando la pelirroja detuvo el ascensor con el botón de emergencia. Y con el esfuerzo más grande que alguna vez haya probado en sus habilidades, despegó la vista de su anillo y la volvió a sus ojos con una fría sonrisa en su rostro.
Supo, en el momento que lo vio, que ninguna falsa expresión facial iba a burlar a Sasuke. Y lo odió. Odio cada parte de él, desde la belleza de su cuerpo hasta las íntimas verdades que conocía de él. Pero lo que más odio fue que usara el anillo a vista de todos.
-Te odio.
-Lo se.
Karin volvió a mirar a Sasuke. Tan concentrada estaba en cuidarse de no dejar escapar sus verdaderos sentimientos, que no se dio cuenta de la posición de Sasuke. Su postura no era rígida, no tenía los hombros tensos ni ninguna otra parte de su cuerpo. Estaba extrañamente relajado, hasta sus ojos lo decían. Tenía una calma interior que lograban alcanzarla y sacudirla de la sorpresa.
-Cambiaste. – no pudo evitar decirlo.
Sasuke siguió mirándola a los ojos. – El tiempo es inevitable.
-¿Fue el tiempo el que hizo que te olvidaras de mi o lo fue ella? – preguntó Karin y con un movimiento del mentón señaló su anillo. Karin lo entendió al ver a Sasuke entrecerrar sus ojos sobre los suyos. Esa fue respuesta suficiente. – Así que fue ella.
-No te involucra. – espetó Sasuke. Sakura. Ella no podría saber de esto. Era demasiado peligroso.
Karin rió con fuerza. Una sonrisa vacía y fuerte resonó en el ascensor. – Creo que si me involucra... o caso te olvidas a quién le pertenece ese anillo.
Sasuke gruñó por lo bajo. – No te atrevas.
Karin sonrió y se acercó un paso hacia él. Sasuke no retrocedió. Y ambos quedaron frente a frente. - ¿A qué? ¿A decir la verdad? Ese anillo pertenece solo a m-
-A la persona que no me ha traicionado. Tú, Karin, no entras en ella.
Karin entrecerró los ojos. Cada palabra de Sasuke arrastraba una nota venenosa del pasado. – Sabes porqué lo hice.
-Por supuesto, la transcendencia Uchiha es legendaria. Tenías que probarlo. – la voz burlona de Sasuke debería de haber prendido la llama de su furia, pero hizo lo contrario.
-No – la voz de Karin era débil pero al mismo tiempo cargaba de sentimientos que se amontonaban en su boca para hablar por si mismos. – No – dijo más suavemente. – Lo hice por ti. – Lo miró a los ojos. - Te extrañé.
-Ya no creo en tus mentiras Karin. – la voz de Sasuke era fuerte, decisiva y al mismo tiempo desgastada. Le había dicho varias veces lo mismo, para hacerle creer a ella y para dejar de creer él.
Karin apretó los dientes. Bajó los ojos, hasta mirar su mentón masculino. Lo peor, era que de verdad lo extrañó. Extrañó sus manos sobre su cuerpo, sus besos sobre su rostro, sus piernas envueltas y los susurros en el oído. Sin darse cuenta la mano de Karin recorrió el pecho de Sasuke y el viejo anhelo de tocarlo y sentirlo en su cuerpo despertó.
Sasuke intentó relajarse y no dejar que la furia lo dominase. Sintió el calor del cuerpo de Karin sobre el suyo. El aire sexual que empezaba a envolverlos y la necesidad de ella en su tacto. Ocho años habían pasado y sus caricias eran iguales.
Lástima que él ya no lo era.
Tomó su muñeca entre su mano y Karin levantó el rostro hasta mirarlo a los ojos. Kami, ella tenía la misma mirada que la última vez.
-No. – fue la respuesta cortante de Sasuke.
Ya no más.
Y la verdad la golpeó de pronto, como hace ocho años. Cuando el arrepentimiento de sus acciones la ahogó. Cuando dejó al hombre frente a ella por las vergüenzas que le causaría. Cuando destruyó lo único sagrado que había tenido. Cuando, si, lo traicionó e intentó matarlo.
Karin lo miró a los ojos. Que estúpida fue. ¿Como pudo haberle dado la espalda e intentar matarlo? – No voy a rendirme.
Y en cuanto sus labios se juntaron, y sus manos se entrelazaron entre sus cabellos, y su cuerpo se amoldó al suyo, supo, sin siquiera saberlo, que ni su pasado ni Karin lo dejaría en paz.
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Cerró la puerta y ahogó el grito que se escapaba de sus labios. Sudor comenzó a bañar su cuerpo. Un escalofrío recorrió su columna vertebral cuando vio el paquete de cartón sobre sus manos sin ninguna dirección. Tragando saliva, respiró profundamente intentando controlar su respiración y los latidos de su corazón. Gotas de sudor comenzaron a correrle por el rostro y con una mano temblorosa abrió la tapa.
Bilis comenzó a revolverse en su estómago y dos segundos más tarde, nausea comenzó a golpearle las puertas de su garganta. Demasiado tarde para ir al baño, vomitó sobre la alfombra de terciopelo al mismo tiempo que dejaba caer la caja al suelo. Cayó con un golpe seco y profundo, lo que hizo empeorar su estado y provocarle más nauseas. Las lágrimas comenzaron a caer sobre sus ojos y un dolor insoportable comenzó a carcomerle su interior.
De rodillas sobre el suelo comenzó a llorar.
-oh no... Por favor... no... kami,... no.
Su cuerpo comenzó a temblar de manera incontrolable. Los recuerdos comenzaron a bombardearle la memoria. Su llanto fue silencioso y parte de su cerebro gritaba que tomase las llaves y escapara. Su voz en su mente le pedía que saliera de aquella habitación y corriera de allí. Tenía que escapar, correr, alejarse y comenzar de cero.
Pero esta vez solo.
Se permitió envolverse por el dolor, buscando así alguna forma de estar junto a él. Si no era en cuerpo, que lo sintiera en su dolor. Tal vez podrían estar juntos. El recuerdo y las memorias era lo único que le quedaba. Abrazó el dolor intensificado y susurró su nombre como los amantes lo hacen durante las noches en luto.
A unos pasos a su costado, la caja yacía abierta. La sangre comenzó a mezclarse en la alfombra, absorbiendo su olor descompuesto. Cuando la peste llego a su nariz doblegó el dolor de sus lágrimas.
Dentro de la caja, envuelto en papel de diario, había un corazón humano con un kunai clavado en el centro. Se veían las arterias y las venas.
En el reverso de la tapa, tenía escrito con sangre, su nombre.
Y la nota era clara Zabuza estaba muerto y ahora irían por él.
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Un hombre de cabellos largos y marrones, vestido de traje y anteojos negros, aparcó en el estacionamiento que se encontraba frente a una casa de té de Madam Kazumi.
En Japón, las casas de té eran famosas por ser refinadas y por mantener la esencia de sus raíces. En éstas casas eran muy difíciles entrar sin tener una reservación, no había muchas en el distrito, pero aún así, a más de cien años de tradición, la casa de té de Madam Kazumi, aún mantenía su lugar en tierra firme.
Y eso se debía a que no era solo una casa de té.
Neji avanzó con seguridad en sus pies, varias cabezas –de mujeres y hombres- se dieron vuelta para observarlo caminar. Como un 'adonis' de pies a cabeza, Neji robaba suspiros a su alrededor pero aún así, su rostro era serio, su mirada fría y su aura hostil. No era difícil de creer cuando decían que era imposible de corromper por una mujer. Aunque, decían lo mismo del Uchiha, y sin embargo terminó casándose.
Neji Hyuuga era uno de los pocos hombres que podían entrar sin perder su encanto en una casa de té. Las personas dentro de la casa le dirigieron una mirada para desviar los ojos con rapidez. Algo en él gritaba precaución en el momento de acercarte. Un movimiento en falso y podrías perder un brazo.
Literalmente.
Por ello mismo nadie se acercaba a él. Las mujeres se conformaban con tirarle miradas lascivas desde su lugar y los hombres se contentaban en ver su trasero al caminar. O su bulto. Lo primero que viniera a la vista era bienvenido. Pero nadie se le acercaba.
Excepto Lee. Claro.
-¡NEJI-SAN! – gritó un hombre que se acercaba a él a saltos enormes. Con una sonrisa en el rostro y un horrible corte de pelo, alargó su brazo hasta tomar a Neji por los hombros. – Mi gran fiel amigo y eterno rival Neji-san. Oh, si tan solo me pudieses iluminar con aquella semejante muestra de grandeza y juventud con la que entras. Gai-sensei estaría tan orgulloso Neji-san. Eres tan cool. ¡YOSH! – Lee extendió sus pulgares en una pose alentadora y practicada miles de veces frente al espejo.
Las personas a su alrededor no prestaron atención a la conversación. Si había algo que podía sacar provecho, era que la energía de Lee los agotaba, siquiera antes de hablarles. Y si eso no funcionaba, la mirada glacial de Neji cumplía el rol de hacerlos remover de sus asientos y volver al trabajo.
Con su extravagante vestimenta verde, (su color favorito) y sus grandes cejas, nadie podría imaginar que Lee, podría ser algo más que un simple trabajador de Madam Kazumi.
-Y entonces moví mis caderas así y Gai-sensei hizo ¡YOSH! Y la juventud floreció en su ser y se dispersó en cada una de sus fibras interiores. Gai-sensei es tan cool. La última v-
-Lee.- interrumpió Neji. – Necesitamos hablar.
-Yosh, yosh. Neji-san, siempre tan serio. Que cool. Vayamos a una de las salas de té. – Lee avanzó farfullando sobre las últimas aventuras de Gai y él mismo pero Neji estaba observando a su alrededor. Madam Kazumi estaba extrañamente lleno. Suspiró, y siguió a Lee hasta una sala.
-Yosh, Ritsuka-san, ¿Podría alcanzarnos dos tazas de té? – pidió Lee haciendo pose.
La geisha asintió con la cabeza y cerró el tatami detrás de si. Lee se sentó sobre uno de los almohadones y Neji se arrodilló en otro frente a él. Colocó su portafolio sobre la mesa y sacó una carpeta. La pasó sobre la mesa. Lee abrió la carpeta y escaneo las hojas.
-Mh... Esto no es cool. – musitó Lee pasando las hojas, deteniendo la mirada sobre las fotos por unos instantes. – Nada cool.
Lee cerró la carpeta y el tatami se abrió. Dos geishas entraron a la habitación y se acomodaron al lado de los hombres. Lee y Neji se vieron a los ojos y esperaron a que las mujeres se fueran.
Cuando el tatami volvió a cerrarse y quedaron solos, Neji habló.
-No hay una orden directa.- La mirada significativa de Neji, hizo que Lee entendiera la situación. Si no había orden entonces ambos podrían ser ejecutados por traición.
Lee trabajó durante muchos años con Neji. Existía una hermandad secreta entre los dos. Al participar activamente en las misiones, ambos lograron tomarse como compañeros. En su mundo, era muy complicado hablar de aprecio. Por ello mismo, Lee no tenía que pensarlo dos veces para contestarle.
-¿Qué necesitas de mi?
Neji abrió nuevamente su portafolio y sacó otra carpeta. Se lo pasó a Lee de la misma forma.
-Algo huele mal.
–¿Crees que soy yo? – preguntó Lee abriendo los ojos preocupado. – Me bañé con los jabones tropicales que me regaló Gai–sensei. No deberían de oler mal.
Neji decidió ignorarlo. – No hay patrones, no hay registros comprobables, muchas lagunas en blanco. – Neji frunció el ceño como si esperara que su mente viera lo que los reportes no decían. Se frotó la sien esperando que el dolor de cabeza disminuyera. Suspiró y cerró su portafolio.
-Puedo ver el porqué. – musitó Lee mirando de reojo la carpeta, para luego volver a los ojos de Neji. - ¿Crees que miente?
-No confío. – fue su respuesta.
-Sabes que puedes confiar en mi Neji. – Lee levantó sus puños e hizo su pose cool.
-Lo se, - Neji hizo caso omiso a la pose. Se reincorporó- pero no estoy seguro del resto.
-Intentas decir que hay un-
-No intento decir nada. – interrumpió Neji. – Te contactaré con más información. Mientras tanto, cuida de tus cejas.
-YOSH ¡Tan cool Neji-san!
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El sonido metálico de cuchillas se escuchaba en un garage abandonado. La oscuridad de la noche logró ocultar su presencia entre la pelea. Con pasos cautelosos, avanzó hasta el hombre sentado frente a la pelea.
-No te muevas. – musitó la voz de una mujer, amenazando la vida del que estaba sentado.
-Oh, pero si es la perra de-
La navaja se ajustó en su garganta- - Atrévete a terminar esa oración y lo pagaras con tu sangre.
Para probar su punto, la navaja se incrustó en su piel, lo suficiente para que una gota de sangre bajara por su cuello. El hombre rió. – Tu temperamento es igual a como me lo describieron. También escuché los rumores de cómo eres en la cama, ¿Por qué no vam–? - Una puñalada en su costado logró interrumpirlo y callarlo. – Maldita pu-
-¿Dónde está? – Oculto entre las sombras, un hombre avanzó un paso frente al rehén. La luz del garage era tan tenue que no llegaba a alumbrarle el rostro. La mujer aflojó el agarre de la navaja.
El hombre, chasqueó la lengua y sonrió. – Tsk. Púdrete.
-¿Dónde está? – amenazó la mujer, removiendo el kunai que estaba en su costado con brutalidad. Sangre emanó de ella, bañando su camisa.
La victima suspiró de dolor. Su respiración era entrecortada. Las palabras salían con dificultad de su boca, pero aún así siguió. – ¿Crees que hablaré? Puedes matarme, no diré una palabra.
La arrogancia del hombre la tentó a cortarle la vena y dejar que se desangrara a sus pies. Una fuerza mayor la detuvo. Aquel hombre era fundamental para su misión.
-Nadie habló de matarte. – siseó el hombre avanzando un paso de las sombras, dejando que la luz finalmente alumbrara su rostro. – No tendrás la suerte de morir.
El segundo hombre sudó cuando vio quien estaba delante de él.
-Tu... – el hombre palideció. – pero... ¿Qué-? NO. ¡Espera!
-Hn, ¿ahora quieres hablar? – el hombre habló con un tono aburrido. – Ya es tarde. – Una sonrisa sádica se formó en su rostro. Sacó un kunai de su cinturón. – Ahora no quiero hablar. Ahora quiero sangre. - Pasó su lengua sobre el filo del kunai. – Deleita mis oídos con tus gritos... princesa.
El baño de sangre había comenzado.
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Cubierto de sudor y otros, avanzó por los pasillos de su piso. Sus pies avanzaron con pasos pesados ante el viaje. Entró a su oficina y se aseguró de cerrar la puerta con llave. Cuando entró en su baño privado, se despejó de sus rojas húmedas y pegajosas. Abrió la canilla de agua caliente de su ducha y dejó que el vapor llenara la habitación. El agua hirviendo golpeó su cuerpo y sus músculos se relajaron. Con la cabeza inclinada hacia abajo, suspiró profundamente, dejando que cada músculo y extremidad de su cuerpo disminuyera la tensión y obviase la frustración.
Cerró los puños con suficiente fuerza para lastimarse. – Maldición. – musitó enojado consigo mismo.
Cabos sueltos. Nuevos enemigos. Fraternidades escondidas y verdades reveladas. - Mierda, mierda. – repitió en voz baja.
-Tu prioridad es considerado. Te ayudaremos a encontrarlo, si nos ayudas a nosotros.
-Maldita mierda.
Golpeó con fuerza la pared delante de él. Apretó los dientes y dejó que la furia lo bañara y encendiera la razón del porqué estaba allí. Suspiró profundamente y se permitió tranquilizarse.
-Uchiha.
Sasuke abrió los ojos para encontrarse con la mirada de Karin en los suyos. La sangre hirvió en su cuerpo cuando la vio desnuda avanzando lentamente hacia él.
-Veo que todavía te gusta bañarte con agua caliente. - Mmh. – Sonrió seductoramente.- ¿Quieres subir más la temperatura?
La frustración y furia resurgieron de él tan violentamente que por un instante Karin temió ser golpeada.
-¿Qué demonios estás haciendo aquí?
En ese instante, su celular comenzó a sonar.
Karin miró el aparato que reposaba entre la ropa del Uchiha. Tomo el celular en su mano y miró el identificador de llamada.
-Sakura. – murmuró por lo bajo. Sasuke la escuchó y entrecerró los ojos.
-Deja eso.
Karin sonrió. – Dime Sasuke-kun. ¿Qué haría Sakura si atendiera el celular y le dijera que estoy contigo desnuda?
-Karin...- el tono de Sasuke era amenazante y le envió un escalofrío en el cuerpo. Con mucha fuerza suprimió el temor.
-Apuesto que no estaría muy feliz ¿no es así? Yo no lo estaría si mi...ah...marido se encuentra con su ex solos y desnudos. Pero claro, ella no sabe la verdad.
Sasuke no respondió. Salió de la ducha sin importarle su desnudo y dejó que el agua corriera. – Dame eso.
El celular siguió sonando. Karin sonrió y presionó el celular sobre su pecho desnudo. – Quítamelo.
Sasuke gruñó. – No estoy de humor para tus juegos, Karin. Dame el celular.
-Oh, me encanta cuando te enojas. Hace que el sexo sea más salvaje. – Karin cerró los ojos y su cara se transformó en una de placer. ¿Te acuerdas?
-No. – Las respuestas de Sasuke escupían veneno. Sabía que intentaba lastimarla, pero no lo lograría.
El celular dejó de sonar. Karin hizo una mueca de lástima. – Oh, ¡Sakura cortó! Ahora tendré que llamarla.
Karin volvió la vista al celular cuando una mano detuvo su muñeca. Sasuke la miraba con odio.
-No te atrevas.
-Si no quieres que la llame, entonces vas a tener que darme algo. – Karin pasó su mano libre sobre el pecho desnudo de Sasuke. Sus ojos se llenaron de lujuria. – Hazme el amor una vez y nunca más me veras.
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Sasuke miró a Karin delante de él. Desnuda y a su disposición. Su mano libre se entrecerró entre sus cabellos y Karin sonrió sensualmente en un silencioso festejo de victoria.
-Por los viejos tiempos Sasuke. Una vez más y nunca me veras. – Karin habló mientras acercó su cuerpo al de Sasuke, cerrando cualquier espacio entre los dos.
Sasuke la miró a los ojos y con una fuerte presión de su mano, tiró el cabello de Karin, haciendo que levantara el rostro. Los labios de Sasuke se acercaron peligrosamente a la oreja de la pelirroja.
Respiró profundamente y sintió los escalofríos en el cuerpo de Karin. Sonrió de mala gana cuando sintió que había cerrado los ojos del placer de sus caricias.
-No. – le respiró en el oído. – Jamás tendré sexo contigo.
Karin abrió los ojos de la sorpresa. -¿Qué-?
-Te conozco. Si tengo sexo contigo lo usarás en mi contra. No soy estúpido Karin.
Karin volvió el rostro y quedó frente a frente con Sasuke. A escasos centímetros de sus labios.
- SAKURA-CHAN. EL TEME ESTÁ ACÁ. Puedo escuchar el agua de la ducha. - la voz de Naruto sonó desde la habitación de al lado. Desde su oficina.
Sasuke abrió los ojos de la sorpresa. 'No...'
Karin sonrió. – Yo tampoco soy estúpida Sa-su-ke-kun.
Y antes de que Sasuke pudiera separarse de ella o ponerse una toalla sobre el cuerpo, la puerta del baño se abrió.
-TEME. ¡SAKURA-CHAN ESTÁ AQUÍ!
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Y el pasado vuelve. Con un ejercito de terribles equivocaciones y arrepentimientos.
EDIT: 14/02/09 - A que me quieren matar con este fin de capítulo, ¿no?
¡Feliz San Valentín a los enamorados y a los no enamorados!
{ kao.- }
