Muchas gracias por sus comentarios. De verdad me da mucho gusto que les esté gustando la historia. No podía dormir así que me he puesto a escribir un rato. Espero que este capítulo les guste y cualquier cosa loca que se me haya ocurrido culpen al insomnio ;) jajaja


Capítulo VII - Sorpresas

Cuatro días después la tormenta aún continuaba. Había empezado con lluvia constante durante el primer día y la temperatura era bastante baja, el segundo día había llovido aún más fuerte y el viento estaba dejando estragos a su paso. Ramas caídas por todos lados, incluso uno que otro árbol viejo había sido vencido. Las carpas no habían aguantado ni el primer ventarrón así que todos los Celestes buscaron refugio dentro de lo que quedaba del Arca. El tercer día fue aún más intenso, el crujir del metal era constante, la lluvia no paraba. En más de una ocasión se escuchaban estruendos en el metal que causaban eco en los pasillos, los habitantes suponían que era algún objeto siendo lanzado contra el Arca a causa del fuerte viento.

Abby estaba preocupada, no tenían las provisiones necesarias para sobrevivir si el invierno continuaba por este sendero. La verdad es que ni siquiera sabían qué esperar. No conocían las típicas condiciones climatológicas de la Tierra, ni siquiera sabían por cuánto tiempo duraría esta tormenta. Su equipo estaba convencido de que era un huracán pero parecía ser más fuerte que el que vivieron los Cien en sus primeros días. El cuarto día llegó y con él vino un poco de calma. El viento cedió un poco, la lluvia seguía siendo constante pero al menos era más ligera.

—Creo que ahora es el momento que deberíamos aprovechar para salir a buscar provisiones. No sabemos cuánto tiempo durará y al menos por ahora se ha calmado.

Kane estaba convencido de que era el momento para salir pero Abby no estaba de acuerdo. Estaban en el salón de reuniones discutiendo la mejor opción. Con ellos estaban Sinclair, Bellamy y Raven.

—El concejal Kane tiene razón —esta vez habló Sinclair—. No tenemos acceso a los satélites para determinar las condiciones meteorológicas. Lo único que podemos hacer es confiar en nuestro instinto y por el momento tenemos una oportunidad para salir.

—Es muy arriesgado. En cualquier momento la tormenta puede empeorar y estaremos arriesgando la vida de nuestra gente —Abby no tenía intensión de ceder.

—Los estamos arriesgando justo ahora —Bellamy había permanecido callado todo el tiempo de la discusión pero ya estaba harto de que no llegaban a nada—. Canciller, con todo el respeto que me merece, si no da una orden pronto para que salgamos en busca de provisiones para nuestra gente yo mismo tomaré un grupo de los Cien y saldré con ellos.

—¡Ustedes no son soldados! —Abby no lograba hacer que estos chicos entraran en razón y eso la estaba desquiciando. Por su afán de jugar a los soldados su hija ahora estaba quién sabe donde—. ¿Cuándo van a entender que no pueden actuar como si lo fueran? ¡Esto no es un juego!

—Antes de marcharse, Clarke me pidió que cuidara…

—Es cierto —interrumpió Raven cuando se dio cuenta que Bellamy había dado un golpe bajo al mencionar a Clarke—. A ninguno de nosotros nos entrenaron para ser soldados y tampoco pretendemos serlo. Pero Bellamy tiene razón. Si seguimos esperando las condiciones pueden empeorar. Ahorita no estamos en un punto crítico pero las provisiones se van a agotar si no vamos por más. Abby, toda esta gente depende de nosotros, de ti. No podemos quedarnos con los brazos cruzados esperando a que todos muramos de hambre. Esto es la Tierra, no es el Arca así que si no lo autorizas por la buenas, apoyaré el plan de Bellamy y saldremos con quienes se ofrezcan voluntarios.

Abby había pasado unos meses espantosos. Aparte de tener la carga en sus hombros por el bienestar de su gente siempre estaba presenta la culpa y la preocupación por Clarke. Tenía casi tres meses sin saber nada de su hija y esta tormenta empeoraba su preocupación. Clarke podía estar herida y pasándola muy mal ahí fuera, era muy difícil soportar la opresión que esto causaba en su pecho. Por eso no quería permitir que nadie saliera, ya tenía suficiente con la preocupación que vivía por Clarke como para agregar más gente en el exterior arriesgando su vida pero sabía que su equipo tenía razón. Necesitaban estar preparados para soportar las inclemencias del clima. Y también sabía que la advertencia de Bellamy no era en falso.

Ese chico junto con los sobrevivientes de los Cien, habían cambiado en su tiempo en la Tierra. Eran unidos, estaban más alerta ante cualquier situación y no tomaban en cuenta lo que el concejo pudiera decir. Es por eso que Bellamy y Raven ahora estaban presentes en todas las reuniones, sólo así podían mantener a raya a los Cien. Desde que Clarke se marchó, los Cien sólo le respondían a Bellamy.

—De acuerdo —finalmente Abby cedió—. Bellamy, dirigirás un grupo junto con el sargento Miller. Llevaran sus armas y estarán muy atentos a cualquier cosa. Aún no hemos sabido nada de los Terrícolas pero no es seguro que la alianza entre nosotros siga en pie.

—No quiero ningún soldado con nosotros —las palabras de Bellamy fueron tajantes y Abby abrió la boca para protestar—. No voy a cambiar de parecer, tus soldados aún no aprenden a moverse en el bosque sin hacer ruido, disparan a cualquier cosa que se mueva y ahuyentan a las presas. Sólo llevaré conmigo a Lincoln, Octavia, Monroe, Jasper y Monty.

Abby dio un suspiro de resignación, el chico decía la verdad. Los soldados del Arca estaban bien entrenados y sabían hacer su trabajo cuando se trataba de protección y mantener el orden pero cuando se trataba de supervivencia la verdad es que no daban una. En cambio los Cien, después de todo lo que tuvieron que vivir, supieron adaptarse a la vida salvaje y desarrollar habilidades. Incluso tenían un sistema para cazar y comunicarse sin usar las palabras.

—De acuerdo, pero más vale que antes del anochecer estén 'todos' de regreso —Abby amenazó a Bellamy con un dedo sobre el pecho del chico—. Tú eres responsable por su vida —Bellamy rodó los ojos.

—Como si alguna vez eso hubiera sido distinto.

Bellamy salió del salón sin decir nada más, era increíble que aún los quisieran tratar como niños. Fue en busca de sus amigos para informarles que saldrían de caza, tenían cientos de personas que cuidar. Aunque el concejo -Abby y Kane que eran los únicos que quedaban- quería seguir creyendo que el orden que mantenía el Arca seguía existiendo en la Tierra, la verdad es que no era así. Bellamy había tomado el mando en ausencia de Clarke y se estaba asegurando de que todos estuvieran bien, eso incluía a los Cien y a los habitantes del Arca que descendieron después.

Claro que tenía el apoyo de Raven, Octavia, Monroe, Monty, Jasper y Miller que eran quienes demostraron ser los más fuertes de los Cien. Incluso a veces Lincoln los apoyaba y les había enseñado muchísimas cosas para sobrevivir. Desde cuáles eran las mejores estrategias de caza hasta qué tipo de hiervas servían como medicina o veneno. Eran ellos, ese pequeño grupo de ocho adolescentes/adultos jóvenes que estaban manteniendo a toda una comunidad a salvo en un mundo que aún no entendían.

Cuando los encontró y les explicó el plan todos tomaron sus armas y se alistaron para salir. ¡Por fin tendrían algo de acción! Sentían que ya les estaban creciendo raíces en los pies después de tantos días encerrados dentro del Arca. Abrieron la compuerta y atravesaron el campo hasta la puerta de la alambrada. La lluvia aún era abundante pero tampoco era un impedimento para moverse. El viento definitivamente había hecho un desastre con las cosas que habían dejado fuera del Arca. Todo estaba tirado por doquier pero por el momento eso no les preocupaba, lo único que estaba en su mente era encontrar provisiones para su gente.

A unos diez metros de la puerta de la alambrada había un montículo de cajas con una red encima que las anclaba al piso. Se acercaron a ver de que se trataba. En sus caras no hubo más que sorpresa cuando abrieron las cajas. ¡Eran provisiones! Todo tipo de frutos secos, otros jugosos, vegetales y recipientes llenos de agua fresca. Pieles de animales e incluso armamento: cuchillos y algunas espadas.

—¿Pero qué carajos es todos eso? —Monroe fue la primera en formular la pregunta que estaba en la cabeza de todos. De todos menos de Lincoln.

—Es una oferta de paz —Lincoln se encogió de hombros ante la mirada de todos los demás—. Esto lo ha dejado el Clan de los Árboles y sólo significa una oferta de paz. Supongo que la Comandante lo ha enviado mientras todos permanecíamos dentro.


—Ya ha cedido un poco la tormenta —informó Clarke a Lexa mientras se asomaba un poco a través de la trampilla y la volvía a cerrar.

—Debo regresar con mi gente. Han pasado varios días y no le dije a nadie donde iría. Deben estar creyendo que alguien me capturó y si conozco a Indra, es capaz de ir contra tu gente haciéndolos responsables por mi desaparición.

Clarke lo meditó un momento, Lexa ya le había dicho varias veces que se tenía que ir pero no podía dejarla ir mientras siguiera lloviendo. La infección que tenía en la cortada aún no desaparecía. De hecho podía notar que a pesar de sus esfuerzos Lexa estaba débil, la enfermedad la estaba venciendo aunque no quería aceptarlo. Pero también eran ciertas las palabras de la Comandante, su gente debía estar preocupada por su ausencia y era lógico que empezarían a buscar culpables. Los más cercanos eran los Celestes, su gente, y no podía permitir que les sucediera nada malo, no después de todo lo que ya habían vivido. Clarke suspiró.

—De acuerdo, pero iré contigo. No hay manera de que vayas tú sola. Tu herida no se ha curado al cien por ciento y creo que no vendría mal que eche mano a los brebajes de Niko para curarte.

Lexa no pudo discutir. La verdad sentía su cuerpo débil y sabía que no aguantaría sola la caminata hasta la aldea. Aunque no quería arriesgar a Clarke tenía que aceptar su ayuda para llegar con su gente y evitar alguna desgracia… Si es que Indra no había hecho alguna locura aún.

—Bien, acepto que vayas conmigo con una sola condición.

—No creo que estés en posición para pedir condiciones pero vale, dime.

—No vas a regresar aquí. Este lugar no te mantendrá a salvo durante el invierno. Es más frío de lo que puedes imaginar, ahorita apenas y lo hemos soportado. Tienes la opción de quedarte conmigo durante ese tiempo o que mis guardias te escolten hasta el campamento de tu gente pero por favor, prométeme que no volverás a este lugar.

Clarke no estaba segura de querer regresar al Campamento Jaha aún y tampoco estaba segura de querer quedarse con los Terrícolas. Seguro Indra intentaría acuchillarla mientras dormía pero sabía que Lexa tenía razón. El frío había sido a duras penas soportable mientras se mantenían calientes una a la otra bajo las frazadas. Ella sola no podría aguantarlo.

—De acuerdo, te lo prometo.

Aún no sabía que haría pero lo decidiría cuando llegara el momento. Por ahora lo único que debía hacer era llevar a Lexa a casa para evitar una tragedia. El Clan de los Árboles era muy sanguinario y Clarke apostaba su vida a que lo serían aún más si creían que alguien había sido capaz de secuestrar a su Comandante.

Alistaron un par de cosas y Clarke se aseguró de cubrir a Lexa lo mejor que pudo. Unos minutos después ya estaban caminando bajo la lluvia en dirección a la aldea de los Terrícolas. La caminata fue más larga de lo que esperaba Clarke. Si no se equivocaba llevaban unas seis horas caminando y en más de una ocasión tuvieron que detenerse porque Lexa trastabillaba.

—Ya falta poco —dijo Lexa dándole una leve sonrisa a la rubia.

Continuaron caminando en silencio. A veces Clarke quería acercarse y tomar a la castaña por la cintura para ayudarla a caminar pero la orgullosa Comandante se lo impedía diciendo que ella sola podía. La rubia sólo suspiraba con resignación y la dejaba continuar. En un punto que iban cuesta arriba Clarke se colocó atrás de Lexa, iba tras ella a unos cuantos pasos por si en algún momento resbalaba la pudiera atrapar. Claro que aparte de irla cuidando la verdad es que también estaba disfrutando de la vista. La tela mojada se había pegado a su cuerpo dejando ver por completo su figura y a Clarke le encantaba, la castaña estaba preciosa y tenía un muy buen cuerpo. La Princesa Celeste pasó saliva con dificultad y sacudió la cabeza para borrar de su mente los pensamientos que estaba teniendo.

—Bajando la colina está la aldea —informó Lexa volteando a ver a Clarke—. ¿Estas bien?

Lexa se detuvo y observó detenidamente a la rubia. Tenía las mejillas encendidas y se veía bastante alterada. Lexa se preocupó y tomó la cara de Clarke entre sus manos para analizarla. Tenía la piel de las mejillas muy caliente y sus ojos… El azul había desaparecido y sólo podía ver sus pupilas completamente dilatas. Entonces Lexa explotó en una carcajada de entendimiento. Clarke la miró confundida.

—¿Acaso me has estado viendo el trasero todo este tiempo? —Lexa la provoco—. ¿Acaso la pequeña Clarke está prendida? —dijo entre risas.

Clarke soltó un bufido de molestia y retiró las manos de Lexa de su cara. Caminó aprisa para alejarse de ella y escucho como un par de pasos la seguían.

—¡Por supuesto que no! —dijo finalmente—. Estoy agitada y un poco cansada por la caminata pero nada más.

—Sí, seguro —Lexa soltó una risita mientras la alcanzaba y antes de rebasarla le dio una palmada en el culo.

Clarke cerró los puños y se tragó las ganas que tenía de abalanzarse sobre Lexa y enseñarle una lección. Nadie se burlaba de ella, menos en el estado en que estaba en ese momento. Siguieron caminando, de vez en vez Lexa volteaba a ver a Clarke y sonreía con autosuficiencia al ver que la rubia seguía tan afectada. En más de una ocasión la Princesa Celeste pudo jurar que la castaña le guiñaba un ojo. ¡Lexa estaba disfrutando provocarla! Clarke se contuvo, no iba a darle más motivos para se burlara de ella. Después de un rato finalmente llegaron a la aldea de los Terrícolas.

Mientras caminaban entre las casas, escucharon en varias ocasiones gente diciendo Heda una y otra vez. Sin duda estaban sorprendidos pero muy felices de ver a su Comandante nuevamente. También llegaron a escuchar a alguien decir Skaikru. Lexa se dirigía hacia su tienda y Clarke iba muy cerca detrás de ella.

¡Heda! —Indra interceptó a Lexa antes de que llegara a la tienda. Estaba sorprendida pero a la vez aliviada de que la Comandante estuviera bien—. Por fin ha aparecido ¡y está bien! —Lexa rodó los ojos.

Por supuesto que estoy bien. Sólo tenía unas cosas que hacer —Indra observó a Clarke que estaba junto Lexa y la miró con resentimiento—. Pide que nos consigan ropa seca y que la lleven a mi tienda, también que coloquen unas piedras calientes dentro de la tienda para que aumente la temperatura —Indra dio un sólo asentimiento y fue a hacer lo que le ordenaron.

—Creo que Indra no está contenta de verme —dijo Clarke una vez que estuvieron dentro de la tienda.

—¡Bah! Es Indra, ella nunca está contenta por nada —Lexa empezó a desvestirse frente a un sorprendida Clarke—. ¿Qué? —dijo con una cara inocente—. La ropa está empapada y helada… Aparte ya me has visto más o menos desnuda —dijo dándole un guiño.

Clarke rodó los ojos con nerviosismo y se concentró en los mapas que había en una mesa. A veces Lexa le causaba muchísima ternura… otras la molestaba. Sabía que Lexa estaba actuando de esta manera porque notó su excitación en el bosque mientras caminaban. Estaba jugando con ella y no se lo iba a permitir.

—Deberías quitarte la ropa mojada.

Lexa esperó a estar completamente desnuda para volver a hablar. Clarke volteó cuando escuchó su voz por instinto sin saber lo que le esperaba. Ahora sí que había visto todos los tatuajes de Lexa por no mencionar otra cosa. Clarke la miró fijamente e intentó tragar el nudo que se le hizo en la garganta. La castaña sólo se rió al ver a la Princesa Celeste tan nerviosa por primera vez.

—¡No es gracioso! —se quejó Clarke.

—Sí que lo es. Estás más nerviosa que cuando íbamos a la batalla —Lexa no podía contener la risa—. No entiendo cómo es que mi cuerpo te pone tan nerviosa.

Lexa se acercó a Clarke quien poco le faltaba para empezar a temblar y le pasó los brazos por el cuello para darle un beso. Nada profundo ni intenso, sólo un pequeño y casto beso. Lexa estaba abusando demasiado en este momento y lo sabía pero era muy divertido ver a la rubia tan nerviosa. Lexa era demasiado segura de sí misma, sabía que tenía un cuerpo de escándalo y no le apenaba mostrarlo. Claro que no es como que fuera por la vida mostrándose desnuda con quien fuera, de hecho desde Costia jamás había vuelto a estar así que alguien. Pero con Clarke se sentía más que cómoda y le encantaba la mirada de deseo con la que la rubia la observaba.

Heda… —Indra entró en la tienda con lo que le había ordenado, se paró en seco cuando vio a su Comandante desnuda abrazando a la Princesa Celeste.

—¡Indra! —Lexa gritó girando a Clarke para que la cubriera—. ¡Salte! ¡¿Qué esperas?!

Indra dejó la ropa en la mesa más cercana y salió lo más rápido que pudo. Lexa dio un suspiro de frustración, se llevó una mano a la cabeza y la sacudió en negación.

—Ahora recuerdo por qué no quería regresar y me parecía tan perfecto tu helado refugio.

Con la interrupción de Indra a ambas se les había cambiado el humor. La situación había perdido lo sexy así que Lexa le pasó la ropa seca a Clarke para que se cambiara y se dispuso a vestirse ella misma. Se sentía frustrada. Llevaba casi cinco días con Clarke y obviamente su lívido iba en aumento. Tenía demasiadas ganas de estar con la rubia pero Clarke no cedía y justo cuando parecía estar a nada de caer, Indra había aparecido en la escena.

¿Heda…? —dijo Indra desde fuera de la tienda y sin correr la tela.

¿Qué quieres? —Lexa contestó molesta.

Me pregunto si quiere ver a Zooey —la expresión de Lexa cambió en ese momento. Su semblante se relajo y sonrió sólo con escuchar el nombre. Por supuesto que quería verla.

Sí, tráela de inmediato —escuchó los pasos de Indra alejarse y volteo hacia Clarke—. Quiero presentarte a alguien, vas a conocer a Zoe.

—¿A quién? —preguntó Clarke confundida y un poco celosa.

—Ahora verás —dijo Lexa sonriendo ampliamente.

Clarke se le quedo viendo con el ceño fruncido. ¿Quién era esa tal Zoe que la ponía tan feliz? Lexa notó el cambio de humor de la rubia, se acercó a ella para abrazarla y darle un beso. La Princesa Celeste se relajó un poco cuando sintió a Lexa entre sus brazos y correspondió el beso gustosa.

Heda, ¿puedo pasar?

Pasa Indra —la mujer entró y Lexa sonrió ampliamente en dirección a Clarke—. Ella es Zoe.

Poco faltó para que la mandíbula se le desencajara a Clarke. Observo a Lexa con muchísima confusión. ¿De qué iba todo eso?

—¡¿Es un bebé?!

Lexa dio un lento asentimiento de cabeza sin entender por qué la obvia pregunta de la rubia. Claro que era un bebé. Clarke observó a la pequeña bebé que Lexa le estaba quitando a Indra para tomarla en sus brazos, no debía tener más de seis meses pero no entendía quién era, por qué Lexa estaba tan emocionada de verla y… por qué tenía cierto parecido con Lexa. Clarke sintió que el pánico se apoderaba de ella.