FICS BASADO EN LA SERIE YU YU HAKUSHO
De Toshihiro Togashi
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LIBRO V: MY HEART
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Capítulo 7: Memorias…
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Por DarkCryonic
Kurama caminaba calladamente tras su hermano dejando viajar la mente a los rincones más inesperados. Las cosas habían pasado demasiado rápido en su vida, en lo que llevaba de vida ningen.
Nunca hubiera creído que terminaría aceptando a un compañero, ni que éste llegaría a ser tan especial como Hiei.
Sonrió levemente ante aquellos recuerdos que le hacían vibrar el corazón y alivianar la marcha. Aquellos ojos fieros y certeros, siempre atentos en medio de la oscuridad. Siempre allí, hasta en sus sueños. Vigilante. Amante. Amigo.
Su mano derecha se empuño por inercia. Volvió sus ojos a la espalda de su hermano que parecía estar sólo concentrado en lo que los rodeaba y no en él. Era mejor así, le hubiera reclamado su inmadurez llamándole cachorro descuidado o algo peor.
Trató por un momento centrarse en el ambiente, en el viento que jugaba con sus cabellos… con los árboles y el camino que parecía no acabar. Pero no pudo. Parte de él quería seguir vagando por la memoria. Era lo único que podía hacer para traerle de vuelta y sentirse tranquilo. Tenía que pensar fríamente. De eso dependía todo.
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"—¿No extrañas el mundo humano?—Preguntó Hiei desde la copa del árbol. Él levantó la vista desde su posición olvidando por un momento el libro que tenía entre las manos.
--No.—Contestó con normalidad. Bajó los ojos al notar que Hiei apartaba la vista y parecía perderse nuevamente en sus pensamientos.
--No es necesario que siempre estés aquí…--Volvió a decir Hiei desde la altura como si nada. Con aquel tono que él conocía de forma certera.
Sonrió levemente antes de poner una de sus manos en el suelo y soltar algo de su energía en el árbol. Hiei abrió grandemente los ojos al notar que su 'sobrio' árbol se llenaba de pequeñas flores blancas. Frunció el ceño y se dejó caer junto a él.
--¿Por qué hiciste eso?—Preguntó.
Le miró tranquilamente antes de mover su mano derecha rápidamente y sostenerle de la bufanda blanca, evitando que escapara.
--Para hablar contigo.—Dijo sin sonreír.—Sé que está pensando tu mentecilla demoníaca. No quiero volver. Estoy bien aquí, porque tú estás aquí.
Hiei respiró con fuerza y miró su bufanda esperando que aquella mano le soltara para salir huyendo, como acostumbraba cuando él le exponía de forma tan abierta sus sentimientos. Pero aquella mano apretó más el agarre y tiró levemente de él obligándole a levantar los ojos y enfocarlos en los verdes que lo miraban.
--No estoy obligado. Soy un kitsune libre. Y decido estar aquí… Por otro lado, si no quieres estar aquí… Yo no te tengo obligado.—Dijo soltando de golpe la bufanda provocando un leve estremecimiento en Hiei.
Bajó nuevamente la vista al libro e hizo como si ya no tuviera nada más que hablar con él… cuando en verdad se moría por ver el efecto de su última frase en los ojos negros. Pero usó su sangre fría y siguió como si nada. Tenía que arriesgarse.
Pasaron 5 eternos minutos antes de sentir que Hiei se movía. Por un momento creyó que se iría… pero al sentir el hombro del otro junto al suyo, supo que estaba errado. Hiei se había sentado junto a él y trataba de hacérselo notar apegándosele.
Sonrió levemente, para no molestar al demonio. Respiró con fuerza y siguió leyendo en tranquilidad."
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Volvió del recuerdo cuando notó que su hermano no seguía avanzando y lo detenía, poniéndole una mano en el pecho sin voltear a verlo. Levantó la vista por sobre el hombro de Banamaru y supo al instante porque lo hacía.
A menos de 500 metros había una pira encendida. Y no era cualquier pira, parecía ser una incineración masiva de demonios.
Kurama avanzó un paso más, pero la mano de Banamaru le sostuvo por el ropaje manteniéndole tras él.
--Maldición…--Murmuró el mayor echando un vistazo panorámico al lugar.—No podemos demorarnos más o acabarán con el Makai antes de lo que pensamos.
--¿Acabar?
--Eres un cachorro aún…--Dijo Banamaru girando el rostro hacia él. Kurama se sorprendió de la seriedad de aquellos ojos plateados.—Y no sabes algunas cosas… Pero sea lo que sea que esté sucediendo, es algo muy grave y que no sólo nos compete a nosotros. Esto no es por tu demonio y Nix. Como ya te lo he dicho antes, esto es más grande aún...—Dijo volviendo a ver la pira echando humo negrusco entre los árboles.
Kurama entrecerró levemente los ojos y miró a su alrededor. Él silencio sólo era roto por sus respiraciones y por el crepitar de las llamas.
--Te contaré una historia... Se remonta tan atrás en el tiempo, que no sé puede saber la fuente.—Dijo Banamaru antes de echarse a caminar seguido de Kurama.—Cuatro fueron los seres que crearon el Makai y los demás mundos. Caos, Nix, Tartarus y Erebo.
--Conozco a dos…--Murmuró el menor.
--Y quizás a los menos peligrosos de los cuatro… Pero hay un secreto que nuestra estirpe ha guardado de generación en generación…
Kurama miró sus brazos y las marcas en ellos.
--Nuestra sangre es pura. Nuestra sangre viene de un dios.—Dijo Banamaru sonando frío a los oídos de Kurama.—Bendecidos y maldecidos por ella.
--¿Maldecidos?
--¿Crees que alguno de nuestra estirpe se sienta orgulloso de nuestra longevidad? ¿Crees que el pasarnos la vida viendo como todo vive y se destruye una y otra vez, es grato?
Kurama detuvo sus pasos mirando sus manos blancas con quietud. Él sabía y comprendía todo aquello. Había visto morir a muchos de sus conocidos en el pasado.
--Bendecidos… porque nuestra fuerza es incomparable. Se nos ha dado el don de hacer nacer de nuestra energía a la naturaleza. Sabemos valorar la belleza y la perfección de una flor.—Dijo Banamaru volteando a verlo y levantando su mano haciendo brotar de ella una flor blanca y perfumada.
Kurama observó la flor marchitarse en la mano de su hermano y siguió los pétalos hasta llegar al suelo.
--Pero nuestra ilusión de inmortalidad no nos desliga de la muerte. Y supongo que es lo único bueno… También hay fin de camino para nosotros…
--¿Qué dios?—Preguntó Kurama interrumpiendo la reflexión de Banamaru.
--Caos. El principio y fin de todo. Ella nos creó, ella nos destruirá…--Dijo volteando y volviendo a emprender el camino.
"Destruirá…" --Resonó en la cabeza de Kurama.
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Yusuke pasó una de sus manos por los vendajes que habían sido puestos apretados y firmes. Koenma le esperaba en la entrada del templo junto a Genkai y Kuwabara. Botan estaba en una de las ventanas que daban al jardín interior observando la negrura de la noche. No habían intercambiado palabras. No era necesario. Ella había comprendido todos los costos al verlos intercambiar ideas con el príncipe de la muerte.
El tantei levantó el libro que había quedado en el suelo y se lo metió bajo el brazo. Caminó hacia la puerta corredera con tranquilidad y sin voltear le dijo a la guía:
--Los traeré de vuelta.—Y salió cerrando a sus espaldas. La chica volteó rápidamente con los ojos brillantes.
--Eso espero…--Murmuró antes de dejarse caer sentada en el piso y cerrar los ojos con fuerza.
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Koenma miró con determinación a los dos chicos antes de apoyar una mano en cada hombro y usar su poder para transportarlos al Makai.
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Caos caminó entre los árboles con la calma de quien sabe a donde va y que hacer en aquel lugar. A su lado, un poco alejado y con los pensamientos en blanco, caminaba Erebo con la majestuosidad que le da el misterio y la soledad. Su blanco piel resaltaba tanto como las manos de caos en medio de la noche.
--Nostalgia.—Dijo Caos elevando una de sus manos y apoyándola en el tronco de un árbol.
--Frío.—Dijo en respuesta Erebo mirando al cielo tormentoso.
--Vida.—Dijo Caos como corrigiéndole.—La vida que creamos es así. Tú sabrás de la no-esperanza, hermano mío. Pero yo sé de la vida y de la energía que la forma. De la espiral perfecta que la crea y la manifiesta de múltiples formas…
--Equilibrio.—Dijo el otro volviendo su rostro hacia ella.
--Ajá... Equilibrio. Vida y muerte.
Erebo avanzó unos pasos hacia Caos y se quedó detenido como dudando.
--No podemos destruirlos.—Dijo mirándole esperando de ella la respuesta que anhelaba.
--Ellos intentarán hacerlo con nosotros.--Dijo Caos dejando claro un punto que habían evitado manifestar de forma verbal, pero que sabían que existía.
--Pero son dioses… --Dijo el pelicorto mirando nuevamente su mano.
--Y yo soy el inicio y el fin de TODO.—Dijo acentuando la última palabra y sonriendo levemente. Acercó su mano al brazo más cercano del otro y se enlazó a él. –Caminemos… no los hagamos esperar más.—Dijo avanzando y jalando con ella a Erebo.
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Continuará…
DarkCryonic
05/11/2008 2:14:53
/ Ahí tienes Padawuan ¬¬ /
