Capítulo seis: Héroe y Villano.
¿Sabéis? Es curiosa la forma en que mis fans perciben la aventura en la arena. Mucha gente me preguntó si odiaba a Cordelia o disfruté su muerte, seré sincera, ella y yo no dividimos la alianza en dos bandos por nada, éramos drásticamente opuestas, algo así como el héroe y villano de las novelas. Pero no por ello deseaba su desgracia.
Fragmento del tomo uno de Iris Young: Memorias de los juegos
Brunel Fraurell– 15 años – Distrito 11
Cuando Margerite dictó que nos reuniríamos a primera hora de la mañana una parte de mí sopesó el no acudir pero luego recordé que ella no solo es vencedora, sino la única con vida del distrito y decidí que sacrificar unas horas de sueño no era nada en comparación con regresar a casa con la brillante corona en mi cabeza.
Margerite no está loca, o quizás sí, quién sabe, pero no es el tipo de locura que me repugne, al contrario.
Tiene más sentido común que gran parte de nuestro distrito.
Así que seguirle la corriente no puede más que favorecerme.
Cuando, tras enfilar el traje de entrenamiento que alguien dejó sobre mi cama, llego al salón Margerite está comiendo frases con nata, pendiente de alguna película de terror. Sofoco una carcajada invadida por la ironía, estoy en el espectáculo más aterrador conocido en Panem y mi mentora prefiere ver películas baratas de niños sufriendo calamidades en un colegio maldito. Compruebo con alegría que Crowmell no hace parte de la reunión, la cena tras el desfile fue más tranquila que el viaje el tren, con él más sereno, intenté hacer comentarios más que desagradables pero los ignoró, dejándome con un mal sabor. Tal vez realmente esté loco, en todo caso no es que importe, él mismo se acaba de condenar así que, a menos que sea para empujarle a su sentencia, no me dignaré a siquiera tenerlo en mente.
Carraspeo provocando que ella apague el televisor y se vire, va vestida como una princesa, lo hace tanto que me pregunto seriamente si tiene ropa aparte de esos vestidos brillantes y abultados.
–Perdona, querida, estaba distraída, siéntate y desayuna, discutiremos tu estrategia entre tanto. Tengo un plan para cada uno, los cuales no se asocian y son la principal razón por la que te desperté antes. Convencerlo me llevará más tiempo que a ti, creo. –Me siento dejando que los mudos sirvientes nos sirvan lo mejor del lugar, me encanta estar rodeada de tanto lujo y exquisitez. Té, chocolate, café, Gauffres, hay de todo. Mi mentora me aconseja un pastel llamado Red velvet, otra macabra ironía.
–Primeramente, ¿qué sabes hacer? ¿Manejas algún arma que no sea un cuchillo? –Ruedo los ojos ante su desprecio y le cuento mis experiencias con mi padre, sé usar un látigo golpeando objetos y tengo buena puntería, puedo aplicarlo fácilmente a personas. Tampoco temo agarrar cualquier cosa para golpear o torturar a alguien hasta la muerte, es lo que hay que hacer aquí. No sé por qué aquello le provoca una sonrisa maléfica.
–Sí, definitivamente eres muy buena. –Tercia chupándose los dedos. –En el entrenamiento quiero que aprendas sobre escalada, o practiques en la pista de obstáculos, no te falta fuerza pero si lo equiparas con agilidad y adaptación puedes volverte una cazadora experta en todo terreno. Con eso jugaremos. – Sonrío maliciosamente, conque cazadora todo terreno. Eso me gusta.
–No te puedo asegurar que consigas látigos pero si haces una prueba excelente quizás convenzas a los vigilantes de dejarlos en la arena, sino perfecciona al máximo tu talento con las cuerdas, ataque, defensa, caza, trampas, en fin todo. ¡Es lo que me hizo ganar! –Casi grita, sumergida en su nube de felicidad, recuerdo sus juegos, como nadie osaba acercársele por sus desvaríos, recluida en la cima de ese árbol. Espero no culminar igual.
–Segundo, aliados, ¿tienes algo en contra de los profesionales? –Por un momento la taza casi se me cae de las manos, ¿dijo lo que creo que..?
–Salvo que son unos arrogantes que desprecian a todos los distritos "bajos" –Entrecomillo rodando los ojos. –Nada. –Margerite grita tan alto que me tapo los oídos, a este ritmo se enterará todo el edificio.
–¡Sí, sí, lo sé, no son fáciles de tratar pero son unos asesinos casi expertos. Dotados, determinados, e infalibles. Habitualmente los de nuestro distrito no les convienen por rebeldes e incapaces de sostener siquiera un cuchillo, pero tú eres diferente. Tienes experiencia cazando y ningún reparo ante la tortura y la muerte, ¡les puedes beneficiar! –Tercia en tono más tranquilo. –Piénsalo como un trato común, ellos te aportan provisiones y refugio, tú conocimientos sobre la naturaleza y la caza, y os repartís las víctimas. Finalmente, los estudias hasta conseguir anticiparte a ellos y arrebatarles la corona, ¡como una perfecta villana! –Río ligeramente.
– Ese plan es un poco ilusorio, ¿no crees? –Le contesto, divertida. –No vivimos en un cuento, dudo mucho que pueda alzarme ante ellos, lo más probable es que me maten antes de permitir que ponga en duda su autoridad.
–¡No digo que debas hacerlo! –Me interrumpe haciendo que la observe más que indignada, ¿qué?, ¿ni siquiera puedo comandar a mi propia alianza?
–¡¿Insinúas que para vivir debo someterme a los caprichos de algún prepotente privilegiado sólo porque no se te ocurre mejor idea?! –Mi tono está lleno de desprecio, mientras pienso en la chica del uno o él del dos, fieros, arrogantes, y dominantes peores que yo. No funcionará.
– ¡Esto no se trata de ideas mejores, Brunel! –Estalla ella, fiera. –Ya no estás en tu distrito, no puedes lanzarte sola en un medio hostil esperando subsistir milagrosamente. Necesitas protección, víveres, y eliminar a la competencia ¡Ellos pueden dártelo! Si deseas poder búscate al más ingenuo y ponle de tu lado. Probablemente te pidan una prueba de valor como una nota alta o que hagas llorar a algún niño, puede que incluso las dos cosas así que no te precipites. Observalos bien y si finalmente ves alguna alternativa dímelo mañana. Sino quiero que al menos pruebes a acercarte entonces.
Suelto un suspiro renunciando a protestar, decididamente vencer con una mentora tan prepotente y mandona no será un camino de rosas, pero no pienso rendirme.
.
Sadfire Williams – 18 años – Distrito 1.
Uno de mis mejores talentos es mi capacidad de pasar de la fiera profesional a alguien delicado, casi inocente que puede hacer flaquear hasta el más cruel de los hombres.
Soy una jugadora, conozco mil formas de encantar a base de palabras, sabiendo jugar un papel y llevarlo hasta el final. Cuando me presenté voluntaria mi plan era sencillo, soy la mejor del distrito, hermosa, carismática, y determinada, me alzaría como maestra del espectáculo hasta obtener el título que me estaba destinado. No sería fácil, lo sé, pero, ¿qué es la vida sin dificultades?
Mi encuentro con Gallo fue la primera, no soy una ingenua, conozco la reputación de los Strauss, era cantado que no sucumbiría, pero no sé por qué me esperaba terminar aterrada. En cambio llevé la delantera con una brillantez impresionante, aunque debo admitir que si su mentor no tuviera que hablar con la mía no sería tan sencillo.
No habría percibido las miradas que Roman le lanzaba de reojo, menos la preocupación que tiñó los ojos de Gallo al ver esa silenciosa e incomprensible desesperación. Siendo sincera no los entiendo ni a él, ni a Iris, prácticamente tienen el Capitolio a sus pies, ¿por qué lo rehuyen en vez de disfrutarlo?
–No es algo que puedas comprender todavía. – Recuerdo que me dijo ella ayer con su tono frío, pero apacible. –Sólo quédate con esto, él persigue una ilusión que espero que tu no hagas al vencer. Creer en una posible elección. Yo tengo buenas protecciones pero no todos somos iguales.
Y rió ante mi mirada, en cierto modo comprendía a qué protección se refería, Klaus que actúa como su guardaespaldas personal y sus libros. Nunca los leí, mi padre dice que sus palabras son veneno, pero conozco el miedo y la astucia que la rodean. El Capitolio no puede impedirle escribir, nadie puede, y aquello es su mejor baza, al fin y al cabo, aunque algún día prohíban su publicación, ¿quién les garantiza que nadie lo leerá?
Y, siendo como es de manipuladora y astuta, podría utilizarlos en su contra.
En todo caso no es que importe mucho. Saber sobre su juego no tiene otro fin que satisfacer mi curiosidad y prevenir daños mayores a la hora de afrontar la arena.
.
Juego con mis rizos mientras el ascensor desciende, esta mañana no solo me aseguré su apoyo incondicional sino también el dominio. Filipo se enojó mucho cuando los tres nos pusimos de acuerdo en que yo tenía más potencial de liderazgo que él. Básicamente es idiota, solo piensa en divertirse sin reparar en lo que supone tener un grupo bajo tus órdenes. Calmarlo no fue sencillo, más conseguí su consentimiento bajo la condición de dejarlo actuar como quisiera, cosa que únicamente cumpliré mientras me beneficie, pero él no tiene por qué saberlo.
–Ya casi estamos llegando, quería preguntarte sobre Sheisha. –Suelto un suspiro, cuando hablamos sobre aliados la niña quedó descartada, pues aunque mi mentora sentía tristeza por ella, no podía negar la realidad de que a este juego solo sobrevive uno. –¿Seguro que no se puede aceptar aunque sea de escudo humano? Soy bueno controlando pequeños. –Río ligeramente.
–No me digas que te da pena, Filipo. –Me burlo. – Escucha, no se puede ganar los juegos protegiendo niños, lo sabes, ¿verdad? –Asiente dubitativo. – Pues entonces, olvídala, no es una pequeña, es una competidora, si muere estarás a un paso más cerca de tu objetivo.
– Perdona, tienes razón. –Reconoce, y yo hago como que lo perdono con un gesto de cabeza. No me importa la niña, nadie lo hace excepto quienes me sean útiles.
Y conozco lo suficiente de mi compañero como para saber que es buen tirador. Gallo es un Strauss, tiene buena reputación y habilidad para la matanza. Y los del cuatro no solo semejan hábiles, sino también conciliadores, aportarán estabilidad.
El ascensor llega a su piso y salimos, atisbo al chico del tres bajando por las escaleras, que extraño. Los otros van llegando en grupos que no se hablan, con excepción de los del cuatro, seis, y doce. Hago una mueca recordando el desfile de los segundos, condenada rebelde, de no ser por esa canción la atención sería exclusivamente nuestra.
Prácticamente ignoro el discurso de la mujer que se hace llamar "entrenadora jefa", no necesito estudiar sobre víveres, tendré la Cornucopia. Me fijo en que el único interesado de los profesionales es Cormorant. Chico precavido. Los tributos se disuelven, con excepción nuestra. Me acerco a Gallo, recordando lo que charlamos ayer, fue muy gracioso cogerlo de improviso.
–Nos volvemos a ver Gallo, ¿no es emocionante? –Finjo un adorable puchero. –Él es Filipo, mi compañero de distrito.
– Arquero experto. –Enfatiza en un tono que en otras circunstancias me haría reír. – ¿En que sobresales tú? –Gallo tuerce el gesto, precavido, pero termina por contestar.
–En muchas armas, cuchillos, espadas, casi todo. –Me lanza una mirada maliciosa. –También soy buen estratega.
–¡Bien, Bien!–Digo sin perder la sonrisa. –Lo mejor es que convenzamos a Kleo y Cormorant y luego veré la mejor forma de distribuirse para vencer.– Me muestro entusiasta y alegre cuando él me frena.
–No es por ofender pero, ¿por qué mandas tú? –Río ligeramente.
–¿Por qué no? ¿Acaso quieres hacerlo tú? Porque no te dejaré. –Lo desafío, ¿quién se cree para cuestionarme? Gallo sonríe.
–Pues deberías. Soy más dotado y popular que tú. –Reclama, decido responder con un sonido de desprecio, ahora verá.
–¡Oh, por favor, no me hagas reír! Que vistieras igual que Levi Strauss ayer no te convierte en él; así que no pretendas sus logros. –Le suelto. –Yo soy la más dotada para el liderazgo, ¿verdad, Filipo? –Pestañeo coqueta ante mi compañero de distrito, mientras que Gallo niega con una expresión benevolente que no le va nada, intentando ponerlo de su lado ¿Y me llamó manipuladora? ¡Ja!
–¡Vale ya! –Explota Filipo. –Si no sabéis poneros de acuerdo mando yo y listo. –Le lanzo una mirada asesina, de ninguna manera. –Mientras, deberíamos activarnos o perderemos aliados. –Alarmada, busco a los del cuatro, viendo que el chico le susurra algo a Kleo antes de alejarse de las armas y suelto una maldición, golpeando la pared.
–Está bien, arreglaremos eso después. –Cedo despacio. – Necesitamos aliados, ¡pero que conste que no pienso ceder!
Y me recompongo con elegancia antes de dirigirme al puesto de dagas.
.
–¿Perdona, Kleo? – Hablo con dulzura y la chica se vira con una sonrisa. – Me llamo Sadfire y ellos son Gallo y Filipo. Quisiéramos saber si gustaras hacer una alianza con nosotros. –Espero una negativa pero, aunque la duda cruza su rostro, termina por aceptar.
–Seguro, ¿distritos uno y dos, verdad? –Asiento. –Justo buscaba la forma de abordaros. –Aclara. – ¿Eres la líder?
–Obvio que… –Articulo pero soy interrumpida por un no rotundo de Gallo y Filipo ríe, al contrario de ella.
–Ya veo lo que pasa. –Dice. –Creo que haber visto una estación de tácticas de equipo, podemos hacer que mande uno en cada ronda y escoger el mejor. Luego nos activamos, ¿os parece? –Frunzo el ceño, insegura, pero acepto. –Aunque la verdad, no me interesa mucho mandar. –Mejor todavía, una contrincante menos.
–¡Perfecto, entonces! –Exclamo y cogemos armas y todo lo necesario, mientras me juro superar todas las pruebas. No importa el precio, conseguiré la corona.
.
Jack Lastra Thibodeau –18 años – Distrito 7
Creo que lo más difícil de jugar no es precisamente aparentar, sino simplemente adoptar un papel hasta convertirlo en tuyo, desligándote de todo lo demás. En el desfile, escuchando a Mazda, me dio un golpe al corazón, pero no podía ganar los juegos comportándome como un rebelde así que tuve que tragarme mis sentimientos y actuar…
Y definitivamente, me duele, siento que estoy traicionando mis raíces al portarme así y dañando a los demás.
Sonya se separó de mí esta mañana, en cierto modo, es lo mejor. No puedo asociarme con alguien como ella, Chêne fue claro, puedo ir sólo o acompañado, pero si escojo lo segundo debe ser con gente capaz y decidida. No puedo ser frío y a la vez proteger a quiénes no quieran matar o sean débiles, no es asociable.
Y aunque no me gusta, no puedo retroceder, una vez que adoptas un rostro sólo te queda perfeccionarlo hasta obtener la victoria. Así que ando a lo mío, buscando intimidar y jugar al asesino. Soy serio e incluso hostil y, por inercia, rechazo cualquier tipo de conversación amistosa. Dado mi carácter solitario, no debería ser complicado pero estoy descubriendo que, en efecto, sí lo es.
–Y ahora cruza aquí. –Sigo las instrucciones que dicta Cormorant, en el puesto de nudos, más confuso que molesto. El chico del cuatro se está desvelando tan afable que hasta me causa envidia, en el desfile parecía simple y llanamente aterrador, tanto que ya lo imaginé jugando al asesino, en cambio ahora siento que estoy descubriendo otra faceta de él.
Nos parecemos, ninguno de los dos apreciamos las largas conversaciones, vamos al grano, y, después de conocerlo, es obvio que los dos llevamos un acto.
Y no me gusta admitirlo pero creo que él tendrá más éxito que yo, es frío y determinado por fuera pero cordial y hasta simpático por dentro, cambiando de papel a voluntad. Cuando fui al puesto de nudos, con la ilusión de aprender mejores trampas en base a este método, se mantuvo callado, observando a los otros profesionales, hasta que maldecí molesto por fallar y así, sin decir nada, se puso a ayudarme, intenté rechazarlo pero mi argumento de no necesitar ayuda de nadie está cayendo en picado.
Doy un paso atrás al ver el maniquí que él tira colgado y ahorcado en apenas unos segundos, creo que me servirá muy bien en la arena. Cormorant sonríe, satisfecho, haciéndome apretar los puños, basta de jugar, quiero que me explique sus intenciones.
–¡¿Se puede saber por qué me ayudas?! –Se lo suelto así, a rajatabla, pero él termina por encogerse de hombros.
–¿No te sirve por qué me apetece? –Responde y niego con la cabeza. – ¿Y si te digo que no me fío de mis "congéneres" y ansío probar algo diferente?
La respuesta es apenas un susurro cercano que me deja sin réplica. Cuando le dije a Chêne que iría solo él no pareció contento con ello, dijo que me lo pensara bien ya que mi enfoque me haría recibir varias propuestas de alianzas. Pero nunca pensé que le interesara a un profesional. Por fortuna, el voluntario del dos nos interrumpe antes de que yo actúe como un ingenuo.
–Cormorant, ¿verdad? Perdona por interrumpir, pero quisiera hablar de un asunto importante contigo.
Desde luego el chico no es idiota, es obvio que quiere meterlo a su alianza, pero así cualquier rechazo a la conversación resulta maleducado. Contengo un bufido y me voy a buscar a la instructora del puesto. Yo sí que me siento idiota, Cormorant es un profesional, no puedo dejarme llevar por su juego.
.
Isilde, la instructora, se muestra muy interesada en perfeccionar y observar el talento de la chica del diez, ruedo los ojos, definitivamente los Capitolinos son demasiado ingenuos, nos tratan como si fuéramos actores en vez de personas forzadas a convertirse en monstruos. Me enfurece a la par que conviene, de no serlo, no se creerían mi acto.
–¿Cormorant se fue? –Expresa ella. – Lástima, me estaba ayudando mucho. Bien, Diana, sólo aplica un poco más de fuerza. –Un nudo bien ejecutado y un aplauso repentino, estoy por irme a otro puesto cuando la chica del diez me interpela.
–¡Contigo quería hablar, siete! –Dice en un tono tan reclamante que casi suena autoritario. –Los dos somos fuertes, determinados y, seguramente, dispuestos a hacer lo necesario. Deberíamos aliarnos. – Arqueo una ceja, ¿deberíamos?
– Lo siento, chica, pero voy sólo. – Digo sin dar opción a réplica y busco el puesto de hachas, al menos el del cuatro fue más sutil.
No vacilo en agarrar una y practicar, Chêne me dijo que siendo como seré frío es convenible que me vean manejándola aunque sólo sea un día. Gran parte de los tributos de distritos bajos evitan las armas, ya sea por ser como Sonya o temer a los profesionales, los cuales, obviando a Gallo que sigue hablando con Cormorant, llevan un perfeccionamiento casi óptimo en estaciones de caza y ataque, comandados por Sadfire. Así que ir allí llamará la atención de forma más que favorable.
Intento no prestarles mucha atención, es obvio a qué juegan mostrando sus habilidades, asustar, intimidar, pero yo no puedo mostrar temor.
No puedo retroceder.
Así que me mantengo firme, ocultando mis dudas y temores, incluso cuando veo que Cormorant acaba de rechazar a los profesionales. No puedo flaquear, definitivamente no.
.
Cormorant Jones 17 años – Distrito 4
Cuando se acerquen acepta su alianza, uno de los dos debe ser accesible. Yo por mi parte estudiaré todas las opciones antes de decidirme.
Fue lo que susurré a mi compañera antes de partir, negándome a admitir mi negativa, y a mí mismo antes de conocer a Jack, de probar lo que es trabajar con otros tributos y por ello dejar de sentirme mal.
No es que me desagraden los demás profesionales, bueno algunos sí, pero no es un factor que tenga en cuenta y menos la confianza. He visto demasiados juegos como para saber que eso no existe; así que no me fío ni del terreno, ni de las personas, analizo todas las posibilidades antes de tomar una decisión. Y hasta ahora sobreviví bien así.
Así que cuando mi intuición me confirmó que mi compenetración con alguien como Jack podría ser mejor que con Gallo o cualquiera de los otros profesionales, decidí seguirla, sin importa a quiénes deba enfrentarme.
El problema es que no se me ocurre la forma de abordar el asunto con Jack, sin que me rechace. Tal vez deba hablarlo con mi mentor, ya que el carisma no es precisamente mi fuerte.
–¿Se puede saber qué haces? –Kleo me susurra tan chocada como indignada, mientras cogemos nuestras bandejas. Me encojo de hombros. –¿Por qué te negaste? ¿No recuerdas qué dijo Mags? –Increpa, suelto un suspiro, ese es precisamente el conflicto que quería evitar.
–Sí, estudiar antes de decidirse. –Preciso sereno. –Y mi intuición me dijo que aliarme a ellos no me favorecería. Lo siento, Kleo. – Decido ignorar su expresión traicionada, ella me agrada, pero no estoy en un lugar dónde pueda guiarme por los sentimientos.
–¡Tu intuición! ¿¡Cormorant te estás oyendo!?–Pronuncia con el tono lleno de desprecio, asiento sin inmutarme, no es la última vez que tengo este tipo de discusiones.–¡No...Puedes...Hacer...Esto!
–Acabo de hacerlo. –Expreso intentando mantenerme firme. –Y ahora, si no tienes nada más que decir...– Y parto antes de que la expresión de su rostro me haga flaquear. No me sienta bien actuar así y sin embargo…
No es como que tenga elección, antes del desfile pregunté si era obligatorio sonreír de felicidad, indignando a Eric, mientras que Timeo se mostró más conciliador. "Depende del enfoque que te adjudiquen" Respondió. "Hay trajes dónde una máscara fría, casi aterradora, aporta tanto o más éxito que una de felicidad. Es la magia del profesional, no existe forma de que te consideren insolente. Pero cuidado, una vez que escoges un rostro no puedes cambiarlo."
Y conseguí bastante patrocinadores jugando a la frialdad.
.
Una vez sentado contengo la risa al ver lo amable que se muestra Gallo con Kleo, apartándole la silla con caballerosidad, hice bien en negarme, él no parece mala persona pero la tensión entre él y Sadfire se podría cortar con un cuchillo. Y bastante tengo yo con sobrevivir como para mediar entre dos controladores manipuladores que se disputan el liderazgo.
–¡Mira que tenemos aquí! –Mi atento estudio de mis congéneres es interrumpido por una voz femenina, Diana, la jinete del distrito diez, se sentó a mi lado sin preguntar. –Me sorprende que hayas rechazado a tu manada, cuatro. –Río ligeramente.
–Será que no soy animal de andar en manadas. –Bromeo, esa denominación circula entre los tributos desde que el equipo profesional se formó como un grupo casi imbatible de asesinos peligrosos, y más que disgustarme me resulta graciosa. – Y no me llames cuatro, soy Cormorant ¿Para qué estás aquí, Diana? –Ella chasquea la lengua en señal de conformidad.
–Directo al grano, ¿eh? –Comenta con una sonrisa maliciosa. –Quiero formar una alianza, tú, yo, y, quizás el del siete. –Arqueo una ceja, ante ese quizás ¿Jack la rechazó? ¿Por qué?
–¿Quizás? ¿Acaso te rechazó? –Un bufido es mi respuesta. –Mira, no soy alguien precisamente accesible, pero sé reconocer el auténtico valor. Estoy dentro. –Acepto, de los tributos que vi en la retransmisión Diana es la que mejor vibras me dió, alguien centrado, sin segundas caras, perfectamente capaz y decidida, además de fuerte. – ¿Tienes idea de por qué Jack te rechazó? –Inquiero, mientras busco al del siete con la mirada, está sentado solo en una mesa, tan distanciado como si hubiera un muro entre los demás y él. Me recuerda a mí un poco.
–¡Ni lo menciones, es idiota! – Protesta ella, mirándolo como si hiciera una falta grave. –Dijo que iba solo, ¿¡qué clase de tributo hace eso!? ¡Es un absoluto suicidio! –Sofoco una carcajada, ya lo tengo.
–Alguien que nunca aprendió a trabajar en equipo. –Le explico. –Que piensa que se basta a sí mismo para sobrevivir. Sin embargo, a medida que todos se afiancen en grupos se verá en desventaja y lo pensará mejor. Escucha, no soy el más carismático del lugar pero mi mentor sí. En caso extremo podría hablar con Chêne y convencerlo. –Sugiero, Timeo es fantástico, definitivamente, siento que lo juzgué mal al ver sus juegos, era cierto que poseía una frialdad impresionante para tener dieciséis años, pero no es una persona horrible, al contrario, entiendo que muchos jóvenes de la academia lo tengan en un pedestal. Es agradable, carismático, y hábil sin ser cruel, consciente de que su decisión fue tan drástica como peligrosa, pero pensándolo bien quizás fuera mejor morir asesinado que de hambre.
– En cualquier caso recomiendo que no le cierres las puertas. Todavía cabe la posibilidad de que razone y se nos acerque. –Diana tuerce el gesto.
–Dos cosas. –Replica autoritaria. – La primera, no me gusta que me den órdenes, así que aceptaré tu recomendación hasta el último día de entrenamiento, sino seremos solo tú y yo, sin objeciones. –Asiento con una sonrisa conciliadora, al parecer me tocó mandona. –Segundo, y más importante, independientemente de que seamos dos o tres yo lidero la alianza.
–¡A la orden, jefa! –Respondo, algo bromista, y ella, aunque rueda los ojos, se muestra conforme, nunca creí el dominio adecuado para mí, no soy carismático, ni estratega y un líder sin esas cualidades está condenado al fracaso.
Seguimos comiendo y poco a poco ella se desvela más afable, Diana es práctica y resuelta, una chica dura pero no malvada. No hablamos demasiado, solo lo imprescindible para coordinarnos y, al acabar, le propongo acercarnos a las armas.
Los profesionales, en especial Sadfire, me observan como si fuera su peor enemigo, no puedo afirmar que no me lo esperara, conozco los peligros de mi decisión. Diana ansía ver de qué soy capaz pero me niego a hacer mi demostración antes que ella. Un látigo es el arma que escoge mostrando una buena habilidad, lo mismo que parece valorar en mí cuando agarro aquel tridente. Mags nos dijo, a Kleo y a mí, que lo mejor es no mostrar todas nuestras habilidades, así que esta será la única arma que cogeré hasta las pruebas. Por lo demás seguiré los consejos de la entrenadora jefa y me especializaré en supervivencia. Al fin y al cabo, ¿quién me asegura que los vigilantes dejarán víveres a mi disposición? Debo anticiparme todo lo posible para encontrar la forma de subsistir, no importa el riesgo, estoy decidido.
.
Kia Grayling –14 años –Distrito 9
– ¿Y bien?, ¿qué te gusta hacer? –Suelto un suspiro en busca de un modo de rehuir la pregunta de mi compañero de distrito. Cuando dije que necesitaba un guía, Rhea no encontró mejor solución que juntarnos. Kyle no me molesta, o al menos no lo hacía hasta anoche, no es malvado, ¿pero acaso no vio el ridículo que mostró en pantalla jugando con la hoz? Y luego se enfada con ella, ni que fuera su culpa que ninguno de nosotros trabajara en el campo. –Kia, ¿existes?
Ruedo los ojos, pero asiento, ¿qué espera que conteste? Mi vida se limita a trabajar, no conozco otra cosa.
A parte no veo en qué me ayudará saber que le encanta jugar al monopatín.
– Sí, pero no entiendo por qué me preguntas eso. –Digo, desde que nos juntamos a comer la charla táctica se acabó, lástima, no es que me disguste conocer a Kyle, simplemente no veo la necesidad cuando de aquí a unos días deberemos matarnos por vivir.
Él da un golpe sobre la mesa y yo retrocedo, asustada, no me gusta la gente enfadada, me recuerda a cuando los jefes me castigan
–¡Porque sí! –Replica. –Quiero conocerte, ¿tú a mí no? –Niego. –¿por qué?
–¿Querrías tu conocer a tu asesino? –Respondo, provocándole una carcajada, ¿ahora qué pasa? –¿Dije algo que dé risa?
–No, es solo que no te imagino matando a alguien. –Me encojo de hombros.
–Es lo que hay que hacer aquí, ¿no? –Kyle asiente mirándome como si fuera el monstruo de algún cuento. –Pues ya está.
Decido levantarme en cuanto lo escucho protestar, tal vez sea mejor buscarme otro aliado. La pregunta es, ¿quién querría de mí?
.
Termino sentada en una mesa que me permite ver a todos, Rhea dijo que nos orientáramos según lo que necesitemos, así que por norma, yo debería buscar a alguien que me proteja. El problema es que no quiero ser vista como una inútil. Quiero ayudar y ser ayudada, es así como funcionamos en la fábrica.
Así que, ¿qué puedo aportar? Recorro las mesas con la mirada, viendo que mi situación no es tan rara, los profesionales van juntos, Diana y Cormorant también, al igual que Alec y Alaïa y Mazda parece presumir de su compañero de distrito ante Denis. Pero los demás andan solos y al revirar a mirada noto que estoy al lado del chico del ocho, creo que esa es una de esas situaciones en la que debería disculparme.
–¡Lo siento! –Digo rápidamente. –No sabía que estabas ahí. Tal vez debería… –Me levanto de golpe, pensando en partir, pero él cambia su gesto a una adorable sonrisa.
–No yo… –Inspira hondo. –Puedes quedarte, supongo. –Y baja la mirada rápidamente, volviendo a su comida. Decido que yo también debería comer, este lugar es muy diferente de lo que conozco, no debo hacer amigos, menos encariñarme con la gente, solo actuar y matar. Siendo sincera lo asumí bien, demasiado bien, mi mentora incluso dijo que tengo una capacidad de asimilación asombrosa para mi edad.
–Rrr– Mi compañero hace un sonido extraño, quedándose cortado cuando lo enfoco, creo que lo pongo nervioso. –Renner. –Ese es su nombre, si mal no recuerdo.
–Kia, ¿te asusto? –Respondo con una hermosa sonrisa, y él niega, cohibido –Menos mal. – Suspiro. –Mi mentora dice que soy muy brusca con la gente, pero no sé cómo ser mejor. –Me encojo de hombros. –Aparte, es demasiado tarde para cambiar. No necesito amigos, necesito aliados ¿Tú sabes hacer algo? –El chico traga seco, acobardado.
–C-coser, curar, cocinar. –Articula. –Manualidades y reparar.
–Me gusta, puedes mantenerte solo. –Comento y su rostro se vuelve rojo. –¿Estás bien? – Asiente con, ¿timidez? Creo que es eso. –Yo solo puedo aportar conocimientos, estuve en la estación de plantas en la mañana. También vi muchas juegos desde muy niña y… –Mi monólogo es interrumpido por el fin de la comida, haciéndome levantar automáticamente, como hacía en la fábrica.–Debería partir. Todavía debo probar algún arma. –Pero antes de irme le susurro algo:
–¿Sabes? No te conozco pero me agradas así que intenta sobrevivir, ¿vale? Tal vez podamos hacer equipo.
Y me marcho, intranquila, esto es más difícil de lo que pensé, no sé qué hacer, decir, o cómo encajar. Quizás deba consultarlo con Rhea, ella sabrá ayudarme.
.
Sonya Daskalova – 16 años – Districto 7
–Bien, ahora, enrollásela alrededor del brazo. –La mujer mayor de la estación de sanación me sorprende, conozco a muy pocas personas de su edad con tan buena visión y estado de salud. –¡No! ¡Así no! ¡Acabará perdiendo el miembro! –Pestañeo reteniendo las lágrimas de alarma al escucharla, estoy tratando un muñeco, es lo que me repito para soportarlo, más incluso así no puedo evitar pensar, ¿qué haré si es una persona? –¿Por qué te alteras? Podría ser tu rival, ¿sabes?
Asiento en piloto automático, aterrada del reproche y odio en sus ojos, en general mis experiencias con el Capitolio son regulares, muchos me ignoran, mi estilista incluido, y no en vano.
–Bueno, chica, ¿qué haré contigo? –Fue lo primero que dijo Limb cuando penetré en el salón dispuesto para mentor y alumno, para luego acercarse-me descaradamente, mirándome de todos los ángulos. –¡Al menos no eres una debilucha muerta de hambre! –Exclamó simplemente. –¿Estás segura de qué no quieres matar? No te costaría mucho.
No hace falta mencionar mi respuesta, sigo firme en mis convicciones y por ello sentenciada, a menos que encuentre a alguien que mate por mí. Ese fue el consejo de mi mentora, resguardarme y esperar a que otros hagan el "trabajo sucio". Sinceramente no me gusta, no digo que no sea eficaz pero, ¿a la larga qué? Sería la primera en morir.
–Porque no está habituada. –La voz de la pelirroja del seis se impone con una valentía de la que claramente carezco. –No asistió a una guerra, solo vio horrores tras un televisor. No podéis exigirle que los afronte como algo natural. –Respuesta a lo que la vieja ríe de forma descontrolada.
–Puedo exigiros lo que quiera, niños, es la magia de los juegos. –Explica. – Y no me hables de guerra, ¿quieres? Está claro que no conoces nada. – Y se aleja andando algo encorvada.
–Hernia lumbar. –Relata Mazda con naturalidad, mientras que yo la observo, llena de preguntas. – Es una lesión complicada de explicar, la verdad ¿Crees que me pasé con ella? Es que no soporto a ese tipo de gente. Ya bastante malo es estar aquí, no es necesario que ahonden en la herida. – Niego con la cabeza, razón no le falta. –Me llamo Mazda.
–Lo sé, te escuché cantar. – Respuesta que la hace sonreír brevemente, generalmente intento no pensar en el desfile, tanta hoja en mi vestido fue un mareo y más la gente viéndome. Pero recordé que los tributos que saludaban y sonreían salían airados.– Yo soy Sonya.
–Sí, sí, me esforcé en recordar los nombres de todos. – Precisa, la observo alucinada, ¿todos? – Te ayudaré un poco. Mi madre es sanadora así que este mundo me es familiar. –Retrocedo ante su ademán, desconfiada, no es que me disgusten sus buenas intenciones, pero no paro de pensar en que incluso alguien como ella podría asesinarme. – ¿Qué ocurre?
–Na-nada. –Musito intentando hacerme la dura. – Solo me preguntaba que haces aquí sola sin tus aliados. – Inquiero, desviando mis ojos hasta el chico del tres y su compañero de distrito. No soy estúpida, Mazda se pasó la mañana con Nicott y la comida con él del tres.
Ella ríe suavemente.
–Nicott y yo somos aliados encubiertos. Formaremos dos grupos separados con un sólo objetivo, diferenciarnos. Él busca quienes luchan sin abandonar su esencia. —Señala al chico del tres, quién parece estar debatiendo algo con Nicott. —Mientras que yo me mantengo firme en mi canción. No pienso matar bajo ningún concepto. –Siento emoción al escucharla, esa chica es más rebelde que Jack o cualquiera de los que lo presumen. – ¿Tú lo harías?
–Yo… – Trago seco recordando el desprecio de Limb "entonces deberías asumir tu muerte inminente.", fijo que le dijeron algo similar y, sin embargo, ni siquiera le inquieta. –No puedo.
Y agacho la cabeza, avergonzada, no sé cómo pretendo ganar los juegos así, pero ella no me reprocha nada.
– Lo suponía. –Presume. –¿Tienes alguna alianza? –Niego, nerviosa. – Entonces formaremos una con quiénes nunca deberían ser olvidados. –Y me ofrece una hermosa sonrisa. –No tienes mala constitución física y yo reboso de conocimientos. La medicina, aunque no lo parezca, aporta muchas ventajas, conoces los puntos fuertes y débiles de las personas. Tú, por ejemplo, obviando tu destreza con el hacha, no tendrías problemas en el cuerpo a cuerpo. Sin embargo, no eres alta ni posees piernas ágiles, así que la agilidad no es lo tuyo ¿me equivoco?
– Solo puedo decir…Waouh. –Estoy tan impresionada que no tengo palabras, no dije nada a esta chica y sin embargo...–No entiendo por qué cantaste, tienes potencial. –Murmuro, a lo que la chica saca un inhalador de su bolsillo. – ¿En serio?
Mazda asiente suavemente.
– Todos tenemos un handicap, sin ello seríamos perfectos. Yo soy asmática, otros lentos, o poseen alguna lesión. –Señala a los chicos del distrito nueve, él no parece en mal estado pero la niña anda algo encorvada, como nuestra instructora. – También hay deficiencias psicológicas como la locura o el autismo. La clave está en compensarlo de algún modo, creo ¿Te supongo una carga?
– ¡Claro que no! – Me altero, ¿cómo se le ocurre? –De hecho yo... Bueno...–Me callo, buena o no, no pienso desvelarle mis puntos flacos. Mazda ríe observando ahora el muñeco.
–¡Se me olvida!, es así–Precisa y lo venda de forma muy efectiva, tanto que la vieja se acerca para felicitarla, disculpándose. La ignoro, intentando seguir los pasos de mí, ahora, aliada, pero fracaso.
.
– Vale, es obvio que la curandera seré yo. –Tercia tras varios intentos. – Ahora necesitamos un chico.
– ¿¡Qué!? –Mi cara muestra estupefacción, ¿cómo que un chico?, ¿qué, cuándo, por qué? – ¿Desde cuando?
– ¡Desde que los grupos de amigos se inventaron, Sonya! Siempre hay un chico. – Su tono insistente matiza mi rechazo, ¿a qué juega dictando todo? –¿Quéee? – Entona aburrida, leyendo mi rostro con sus ojos.
–Nada, simplemente … ¡¿puedo decidirlo yo?! – Es lo único que se me ocurre para frenarla, demasiado reticente, demasiado desconfiada. Me espero una negativa pero ella vuelve a mostrar su imborrable sonrisa.
–¿Por qué no? – Dice. – Sólo asegúrate de que no sea de los más populares.
Me quedo callada, recorriendo todos los chicos con la mirada ¿qué se supone que debo hacer para convencerlos? Intento recordar los consejos de mi mentora, obviando su insistencia en que participe en la matanza, también me dijo cosas como "No desveles tus habilidades, busca gente útil y determinada y asegúrate de controlar cualquier tipo de desvío." Pero no me hablo de nadie en particular a menos que…
Que contemos lo que dijo ayer, borracha, cuando la cuestioné sobre qué hacía con el mentor del cinco, que yo y su chico combinaríamos.
–¡El del cinco! –Exclamo. –Parecía valiente. –Recuerdo su expresión fuerte en la cosecha y en el desfile, y eso que encabezaba la lista de ridículos, me serviría.
–¿José, dices? –Interroga ella y yo asiento suavemente. –Sí, da el porte, ¡vamos!–Sonríe entusiasta para luego llevarme a la estación de camuflaje dónde está.
–¡Hola! –Mazda saluda entusiasta. –Yo soy Mazda y esta es Sonya y...–Le tapo la boca rápidamente, todavía no.
–Perdona mi aliada, es muy efusiva. –Explico con dulzura y me acomodo a su lado, el chico sofoca una carcajada.
–No importa, estoy habituado a personas extrovertidas. yo soy José. –Explica él con una sonrisa, Mazda cruza los brazos con una expresión más cómica que real, malhumorada, mientras que yo me animo a coger un pincel.
–Lo sé, mi mentora, me habló de ti, dice que me convendrías, no sé por qué. –Y me encojo de hombros, antes de proponerle la alianza necesito conocerlo, saber si es de fiar o, por el contrario, me traicionará a menor oportunidad.
.
Sheisha Cryfel – 13 años – Districto 2
Creo firmemente que todos lo que dicen que sobrevivir a los juegos es sencillo viven en una nube de ignorancia. O tal vez, simplemente, no conocen mi situación.
En la despedida mis padres tenían más palabras que pronunciar de las que permitía el tiempo, disculpas, explicaciones, instrucciones, mientras que yo solo ansiaba despedirme. No tenía ánimos para odiarles, no con la sentencia sobre mi cabeza y tres minutos no compensarían años de resguardo e ignorancia. Mi hermana me recordó que tenía a mi mentora, pero Gnaea se mantiene firme en no ayudar "cadáveres."
Y yo, de ser mi hermana haría lo que fuera por refutarla pero no lo soy. Si no quiere tratarme es su problema. En cuanto a Roman…
–Abrumador, ¿verdad? – Me susurró el más que conocido vencedor, una vez terminada la ceremonia de entrada, no había sido capaz de sonreír en ningún momento, demasiado sobrecogida por esa gente que intentaba tocarme, como si fuera una muñeca de porcelana con la qué jugar. Asentí, despacio, sin apenas mirarle y él se agacho frente a mí. – Tranquila, Sheisha, yo te ayudaré.–Prometió, pero no lo dejaron.
Gallo ya parecía molesto entonces, cuando vió al chico intentar animarme con todo su buen corazón, pero fue esta mañana cuando hizo evidente su recelo, frenando a su mentor porque, según él, ayudándome lo haría sufrir.
Y él, aunque intentó explicarle plausiblemente que era su deber, no consiguió una concesión, admito que no me sorprendió, Gallo ya había pedido entrenamientos por separado en el tren y en la mañana tuvo que ser la escolta la encargada de avisarme de que habían salido con casi una hora de adelanto. Pude haber insistido pero algo en el rostro de mi mentor me disuadió.
La impresión de que Gallo se equivoca, su mentor sufrirá más si él muere que yo, pero obvio, él posee más oportunidades que yo.
Fue la escolta quién, finalmente, me dio información sobre el evento y hasta el vídeo de unos juegos anteriores, ignoro por qué lo hizo, pero es de agradecer.
No pude verlos hasta el final, demasiadas horas, pero retuve una explanada llena de nieve y una voluntaria más centrada que gran parte de los vencedores que conocemos, además de los primeros pasos del evento.
La entrevista, dónde deberé esforzarme en resultar valiente y adorable, y el baño de sangre dónde solo son válidas dos acciones. Huir y defenderse. Las únicas que se me dan bien.
.
Me levanto de puntillas representando movimientos calculados y repetitivos con el Wazikashi que me cedió el instructor de Katanas, mismas características pero más pequeña y manejable, la escogí porque, según advertí en la edición, solo los tributos con notas más altas consiguen sus armas predilectas, o, en su defecto, el equipo de "profesionales." Cuanto más practique mejor, aunque, llegado el baño, lo mejor será huir.
No tengo la envergadura o habilidad cómo para quedarme en el gran cuerno central, pero sí para esconderme y atacar a la mínima persona que intente sacarme de allí, servirá.
Siento una corriente de aire que me insta a ponerme en posición defensiva y levanto mi arma de forma automática, lo cual me lleva a chocar con el Tantō del chico del doce. Es similar a un puñal de uno o de doble filo con una longitud de hoja entre 15 y 30 cm. Debido a la academia no me falta conocimiento teórico en armas, el práctico podría discutirse.
–¡Lo siento, no te vi! –Musita el chico, yo sí, se introdujo recién en armas, pero como no me habló no le presté atención. –Tienes buenos reflejos. –Agacho la cabeza, sin saber que responder, no estoy habituada a que los desconocidos me hablen.
–Tú empleas mucha fuerza. –Se me escapa al momento, el Tantō no es un arma a usar con las dos manos, ni golpear como lo hizo él, de hecho su diseño y el de la katana son muy dispares.
–Todavía estoy experimentando. – Explica. –Mi distrito se basa en cavar, pero siendo la edad mínima dieciocho, pues... –Se encoge de hombros mientras lo estudio, fuerte, alto, y con brazos y piernas trabajados para el combate, de no ser por la cosecha, lo creería venido de otro distrito. – Me llamo Alec.
–¿Y un mazo? –Cuestiono, le diría una katana pero no son nada sencillas de manejar. Él desvía la mirada hacia el lugar de los mazos, seguidamente hacía mí.
–Sí, es posible, ¡gracias! –Es amable y hasta bueno, demasiado para ser voluntario, pero vi la forma en que lo abrazaba el chico moreno que remplazó, no semeja malvado.
–¡Sheisha! –Grito al rato, él me observa con una expresión que no reconozco. –Mi nombre es Sheisha. –Y justo cuando lo pronuncio siento una débil sonrisa transmutarse en mi rostro, no sé por qué ese chico me inspira seguridad.
Alec me devuelve la sonrisa antes de alcanzar la instructora de mazos, pienso en seguirle cuando ella, Lucy, me llama. La niña del cinco llevaba colada a mí desde la mañana, no me molesta, al contrario, es adorable y muy inteligente pero por algún motivo no me da la misma seguridad. Será culpa de que tenemos la misma edad.
Y regreso a su lado, es lo mejor, al fin y al cabo, ¿quién más querría a alguien cómo yo?
.
Alec Wagner – 16 años – Districto 12
A base de estudiar juegos aprendí que existen apenas unas claves que se repiten todos los años, el resto es pura suerte.
Primeramente, una buena impresión, los tributos alegres, participativos y encantadores entusiasman al Capitolio, así que me tomé como tarea el parecer más "profesional" posible. Sonreír incluso aunque no esté feliz y ser uno de los primeros en participar en la matanza. En general lo llevo bien, Sheisha acertaba con los mazos, debido a mi constitución equilibrada y fuerte puedo volverme letal con uno. Aunque ignoro si podré matarla tras aquello.
Segundo, no subestimes la arena, aprende a buscar agua y comida, además de cazar. El centro no ofrece demasiadas posibilidades, te enseñan a cavar, hacer pozos, pescar, reconocer plantas y cazar, pero en dos a tres días es complicado. En mi distrito la seguridad es excesivamente baja, la valla que nos separa del exterior se electrifica cuando quiere, pero incluso así muy pocos se atreven a cruzarla, así que mi conocimiento se basa más en observar.
Y tercero, búscate unos buenos aliados.
Alaia me hizo la oferta nada más entrar en el tren, no contesté porque me interrumpieron, pero en mi interior ya había aceptado. La conozco, de esa forma inocente en que uno conoce a la bromista de clase que siempre está incordiando a los profesores. No es la última vez que la llevaron a la oficina del director, pero siempre sale airada.
Y lo admito, me simpatiza, volvía las clases muy amenas, así que no me llevó nada acordar la alianza. Su reputación puede ser mala, pero nadie puede negarle sus habilidades, eso sin contar lo bien que nos entendemos.
En el entrenamiento la instructora de mazos se muestra satisfecha con mis avances, el cómo aprendo donde y cómo golpear para rematar rápido, me enseñó distintos tipos de mazos, del más débil para, según ella "regodearte en la matanza", al más letal. Al inicio me costaba ponerme en ambiente para "quebrar" al maniquí, pero desde que me enseñó el punto exacto dónde el sujeto muere lo llevo un poco mejor. Disfrutar la matanza no es lo mío, pero me consuelo diciendo que hago todo esto por volver con mi amor.
Suelto el arma en el momento en que terminan los entrenamientos, me siento esperanzado, puedo regresar con Dan y entonces... Todo estará bien.
–¡Alec! –Alaia me atrapa en el momento en que nos adentramos en el ascensor. Acordamos dividirnos en la tarde para cubrir más terreno y especializarnos en áreas distintas, así nuestra complementación será mayor. –¿Qué tal? –Me encojo de hombros.
–Bastante bien, una vez aprendes a soportar las actitudes de superioridad de "los más fuertes del juego", la estación de armas resulta bastante enriquecedora. –Comento hablando de los profesionales. – Por cierto, encontré algo que te podría gustar, ¿recuerdas esas bolas de papel machucado que enviabas por tubos al encerado? –Ella asiente con una carcajada. – Pues las cerbatanas se basan en una técnica similar, podrían irte bien.
–¡Perfecto! Lark nos dijo que buscáramos en lo que nos es familiar, por eso en la mañana practiqué con navajas pero tu idea me gusta. Yo estuve en el puesto de escalada ¡No sabes lo impresionante que es la vista desde arriba! –Comenta, entusiasmada. – Por cierto, quería comentarte, la del dos... ¿Sabe algo?
–Sheisha –Comento su nombre, lo admito, verla tan retraída me aporta familiaridad, antes de conocer a Dan yo era similar, tiene algunas excentricidades como no mirar a los ojos o andar de puntillas pero creo que podríamos entendernos. –No mucho, creo, aunque sabe bastante de armas, solo maneja Katanas y parece más una niña pérdida que una asesina.– Excuso decir que me agrada, por fortuna ella es la líder en la alianza y no yo, no creo que avance mucho si pienso en juntarme con gente de la edad de Sheisha.
–Entiendo, como proviene del dos me esperaba que fuese una experta psicópata en un cuerpo de niña, mala suerte ¿Es inteligente al menos? –Me encojo de hombros.
–Quién sabe, la del cinco parece que la lleva por la mano, pero quizás una vez muerta sorprenda.
–¡O lo haga Lucy! –Responde con una sonrisa muy maliciosa. – Mañana iré a ver las cerbatanas y quizás me acerque a ver si alguien nos sirve. –Justo en ese momento el ascensor llega a su destino y nos encontramos con la escolta ayudando a nuestro mentor.
Si lo piensas es duro que Lark haya quedado tan incapacitado, viendo cosas que no existen e incapaz de sobrevivir sin medicamentos, un golpe de realidad que todavía me costa asumir ¿Acabaré yo igual? Espero que no.
–¡Aquí están mis pupilos!–Exclama muy alegre. –Estuve buscando patrocinadores, tenéis muchos fans, ¿sabéis? –Alaia se muestra más que entusiasta, lo habitual es que nuestro distrito pase desapercibido, pero mi voluntariado los puso a todos en auge. –Es tan nuevo, ejercer como un buen mentor... –Suspira y se acomoda en el sillón, pidiéndole a ella que lo suelte. –Llevo años sin tocar las pastillas, sin importar que tenga una crisis o no y ahora...–Y ríe, esperanzado. –Pero basta de hablar de mí, contadme, ¿tenéis progresos a anunciar a los periodistas? –Y mientras nos acomodamos siento de nuevo la esperanza transmutarse en realidad, ¿quién sabe?, tal vez nuestro distrito no esté condenado.
.
.
Y ocho povs en total XD! En fin, ya ni me disculpo por la tardanza, prefiero tomarme mi tiempo a traeros desastres. Intenté respetar en la medida de lo posible el caracter del tributo, así es que unos negaron alianzas, son tercos y arrogantes o, directamente, no saben desenvolverse. Os aviso que no tendré el siguiente hasta pasado mucho tiempo, debo exámenes, un amigo navideño y no tengo apenas un esbozo al que no paro de cambiarle el orden de povs. Cuyo titulo podría ser "Juego psicológico", pero no descarto cambiarlo. Por ahora las alianzas son:
Profesionales: Ambos del uno, Gallo y Kleo.
Cormorant, Diana y, posiblemente, Jack.
Sonya, Mazda y José.
Denis y Nicott
Lucy y Sheisha
y
Alec y Alaia
Los demás se concretaran al siguiente día de entrenamiento, también hay alianzas que se formarán o desintegrarán en la arena. Y algunos que se mantendrán solos. Preguntas.
1) Pov favorito.
2) ¿Qué opinais de las alianzas y enemistades que recién se forman? ¿Y del desenvolvimientos de vuestro tributo?
y
3) Por fin tenemos acceso a la voz de Sadfire, una voluntaria de armas tomar, ¿cual es vuestra primera impresión de ella?
