Disclaimer: los personajes pertenecen a S. Meyer, yo solo soy dueña de la trama.
El Chismógrafo
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Me despedí de Edward con un beso en los labios y rápidamente entre a la casa de Ángela. Quería terminar todo esto de una buena vez. Durante todo el camino en el auto me había contenido para no terminar gritándole que era una traidora de lo peor…
Quería escuchar su versión de los hechos. Esperaba cambiar mi opinión que tenía de ella, la cual era sencilla; que era una estúpida y hormonal idiota.
Ángela había comentado un par de veces que quería participar en la última edición del Chismógrafo pero yo no respondí que no. No iba a dejar que ella tocara nunca más mi periódico, no después de que lo que hizo. Porque el Chismógrafo era para delatar a aquellos que mentían, traicionaban… y ella lamentablemente era una de esas personas.
¿Me creía tan estúpida para dejar que se acercara a mí tan fácilmente?
Ella era mi amiga, o eso era lo que yo pensaba…
Pero luego de todo lo que sucedió tenía demasiadas dudas. Ella no se comporto como una amiga, ella jamás pensó en mi y en nuestra amistad. No le veía ninguna razón para confiar en ella nuevamente.
A pesar de que tenía la intención de escucharla y razonar con ella, tenía que reconocer que dentro de mi ya había tomado una decisión; nuestra amistad tenía que terminar.
La casa de Ángela era un poco más pequeña que la mía, teniendo en cuenta que su padre era el pastor de la iglesia y sus ingresos eran muchos menores a los de mi padre. Desde que conocía a Ángela había admirado la calidez de su hogar… eso hasta que descubrimos que al reverendo le iba eso de tener sexo fuera del matrimonio. Pensándolo bien… luego de enterarnos de eso y que saliera a la luz nunca volvimos al tocar el tema. Por mi parte sabía que era algo muy doloroso para Ángela saber que el hombre al cual consideraba su héroe era capaz de tal bajeza, y no quería ponerla triste. Y por el otro lado, ella jamás lo comento.
Cuando entramos a su casa pude sentir el cambio que ahí había ocurrido.
Antes la señora Weber mantenía su casa impecable y llena de flores, ahora era todo diferente. Las cosas estaban desordenadas y las cortinas estaban cerradas dándole un lúgubre aspecto a la casa. La fotografía familiar que antes daba la bienvenida ya no estaba, y en su lugar solo quedaba el espacio vacío. Los juguetes de los hermanos menores de Ángela estaban desparramados por todo el lugar dificultando el paso.
Era un lugar deprimente.
Miré a Ángela buscando una respuesta y ella se encogió de hombros.
―Mamá no se tomo bien que ese hombre la haya estado engañando…―dijo como si nada.
― ¿Ella está bien?―pregunte y de inmediato me arrepentí por preguntar algo tan estúpido. Era obvio que no estaba para nada bien.
―Esta excelente sabiendo que su marido ha estado follando con una de las compañeras de escuela de su hija y que además la madre de la chica pertenece a su mismo club de lectura.
―Oh…―murmure cabizbaja.
La madre de Ángela debía de estar pasándola muy mal.
―Da igual, vamos a mi cuarto. Este lugar es un desastre…―dijo caminando hacia las escaleras― No veo la hora de entrar a la universidad en…
―Seattle―termine de decir yo.
Ángela se detuvo durante unos segundos antes de continuar subiendo. Yo la seguí en silencio. La universidad también era algo de lo que debíamos hablar…
Entramos a su cuarto, me quede de pie en un rincón. No sabía cómo actuar. ¿Le hablaba directamente o esperaba? Nunca antes tuve una pelea con Ángela, y jamás me había sentido tan incómoda en su presencia…
―Muéstrame las fotografías que tomaste. Debemos seleccionar las mejores para el periódico… antes de que nos larguemos de este pueblo debemos hacer que todo el pueblo conozca al equipo de futbol y quitarles la estúpida idea de que son perfectos…―se detuvo durante unos segundos y me miro― Tenemos que vengarnos por todo lo que nos hicieron, luego comenzaremos preparar todas las cosas para irnos a Chicago…
―Ángela…
―Las fotografías de Ben tienen que ir si o si. El maldito tiene que pagar…
―Ángela… tenemos que hablar acerca de lo que tu…
―No te preocupes Bella, lo mío con Ben termino. Podemos seguir con nuestros planes como siempre y…
― ¡Detente!―grite perdiendo el control― ¿De qué estás hablando?
Ángela me miro confundida.
―Pues de las cosas que tenemos que hacer…
―¡¿Pretendes que todas las cosas sigan como estaban después de todo lo que hiciste?
―Pues… si. No tenemos porque arruinar nuestra amistad por eso.
― ¿Arruinar nuestra amistad? Nuestra amistad ya está rota Ángela, ¿No lo ves? Ventilaste los secretos que te conté y me lastimaste. Dijiste que ibas a la universidad de Seattle cuando habíamos decidido que iríamos a Chicago, ¿Eso no es acaso una traición?
―Bella… no sabía que eso era tan importante para ti.
― ¡Por dios! Me mentiste, te comportaste como una perra egoísta y quieres que todo siga igual que antes… ¡Estas enferma!
―Pero… nosotras somos amigas y las amigas perdonan―dijo.
― ¡Lo sé! Pero tú lo haces difícil… ¡Ni siquiera me has pedido disculpas! Simplemente quieres ignorar todo y seguir como si nada. Eso es imposible, ¿Cómo quieres que confíes en ti después de lo que escribiste de mí? Yo he estado siempre contigo… ¡Siempre! Y tú me traicionaste por un estúpido que solo quería follarte.
―No tienes por qué ser tan cruel―respondió entre dientes― ¡Gracias por recordarme que nadie me quiere!
―Yo no dije eso. Ben no era para ti, te le dije pero no me escuchaste…
―Solo lo dices porque tienes a Edward. Tú no sabes lo que es pasar desapercibida para los chicos mientras todas las demás chicas tienen novios.
―Y eso te hace aún más patética. Te rebajaste a un chico solo porque era el único que te tomaba atención… jugaste con nuestra amistad solo para ser parte de los populares… me das asco.
― ¡Cállate! Tú no tienes idea de cómo se siente… mi familia estaba destruida, nadie me hablaba y mi única amiga era un perdedora de lo peor que no podía ver nada más allá de sus narices. El único que me tomaba en cuenta era Ben, él me ofreció un lugar en el mundo, un lugar dentro del instituto… todo lo que siempre soñé.
Aturdida me eche hacia atrás. La honestidad y la crudeza en las palabras me daño hasta en lo más hondo. Miraba a Ángela, a aquella muchacha que fue mi compañera en aquel lugar lleno de burlas y tristezas… a la primera niña que me sonrió y no la reconocía.
La imagen de dulzura y ternura se desvaneció en mi mente y al verla nuevamente pude ver lo que ella escondía.
Ella era una reprimida, ella odiaba al mundo, odiaba su vida y odiaba lo que éramos. Ella no detestaba a los populares por las cosas que hacían, ella los odiaba porque no la dejaban ser parte de su grupo. Ángela estaba inconforme con todo lo que veía, y con lo que era. Ahora que la escuchaba me daba cuenta su verdad; Ángela quería ser popular, daría lo que fuera por ello.
Y si por ello tenía que traicionarme lo haría.
―No entiendo como caíste tan bajo…
― ¡Por el amor de dios Bella! ¡Míranos! Somos unas perdedoras, unas nerds de lo peor. Nadie se nos acerca si no es para arrojarnos gaseosas o reírse de nosotras, ¡Damos lástima! Jamás hemos sido invitadas a ningún baile, somos las únicas que no reciben felicitaciones en sus cumpleaños y nadie se sienta con nosotras en el almuerzo. Tal vez a ti te gusta ser una anormal, pero a mí no. Lo único que quiero es encajar… ¡Es lo único que quiero!
―Ángela, yo te quería así como eras… la chica callada y amorosa…
―Ja, ¡Tu lo haces! ¿Pero quién eres tú, Bella? No eres más que la estúpida hija del jefe de policía, ignorada tanto por tus padres como por los chicos del instituto. Eres la única que me habla… pero solo lo haces porque nadie más te hablaba.
― ¿Qué?―
―Eso. Tu solo estas cerca de mi porque nadie más se acercaba a ti. Pero ahora tienes a Edward y ya no te importo…
― ¡No digas eso! No digas que mi amistad era egoísta porque no es así. Eres tú la que piensa así…―dije con tristeza― Yo siempre te he visto como mi mejor amiga, mi hermana del alma… pero tu… tu no me quieres ni un poco. Te avergüenzas de tener mi amistad porque yo no soy tan bonita ni popular como a ti te gustaría que fuese. Eres… eres muy mala Ángela.
Mi pecho comenzó a arder y las lagrimas comenzaron a bajar… ¿Tan poca cosa era que ni siquiera una amiga podía tener? La respuesta me dolió y el nudo en mi garganta se hizo insoportable.
―Bella…
―Creo que todo está dicho Ángela. No quiero verte más…
―Bella…
―No, vamos a terminar esto de una buena vez. Si tanto te avergüenzas de mí lo mejor es que dejemos todo hasta aquí. Terminaremos el instituto; yo iré a Chicago y tu seguirás a Ben… tal vez en la universidad te des cuenta que el instituto no lo es todo. La popularidad y la belleza no son nada si en realidad estas podrida por dentro… recuerda eso.
― ¿Todo va a terminar así?
―Si, es lo mejor para ambas. Yo no busco lo que tú, yo no quiero ser popular ni ser la más hermosa. Yo solo quiero ser yo y tener amigos que me amen por lo que soy, no por lo que aparento.
― ¿Crees que yo no quiero eso?
―No, no sé lo que quieres… y tampoco me quedare para averiguarlo. Adiós Ann, nos vemos…
Salí del cuarto sintiendo mis manos temblar. La punzada en mi pecho presionaba con fuerza pero me sentía liviana... a pesar de todo me había quitado un peso de encima.
Escuche a Ángela cerrar su puerta con fuerza y me detuve durante unos segundos. Estaba diciéndole adiós a mi única amiga, después de salir de su casa no habría vuelta atrás. Ambas tomaríamos rumbos diferentes, y no solo referente a que universidad iríamos. Ángela continuaría intentando escalar en la pirámide social del instituto y yo me centraría en fortalecer mi relación con Edward.
Esperaba que nos fuera bien con nuestros objetivos.
Ambas habíamos sufrido lo suficiente como para querer sufrir otra caída.
Afuera estaba comenzando a llover con bastante fuerza y me lamente por no decirle a Edward que me esperase… la casa de Ángela y la mía estaban separadas por unos cinco kilómetros… kilómetros que no quería caminar, y menos con lluvia.
Saque mi móvil y marque el número de casa.
Al tercer toque mi madre respondió.
―Mamá, soy Bella…
―Hola cielo… ¿Qué necesitas?―pregunto alegre y me la imagine dando vueltas con el teléfono en mano― ¿Bella?
―Hm, estoy en casa de Ángela y estoy sin la camioneta…
― ¿Quieres que te vaya a buscar? Tengo unos minutos antes de que tu padre llegue a cenar.
―Por favor… está lloviendo y no quiero caminar.
― ¡Voy para allá! Así aprovecho de comprar la cena…―murmuro contra el teléfono―En cinco minutos estoy allá―y corto.
Corte la llamada y guarde mi móvil en mi pantalón. Me acomode la capucha de mi cazadora y espere con los brazos cruzados. Tenía suerte de que mi madre estuviese en casa-y que quisiera venir a buscarme- me daría mucha vergüenza tener que llamar a Edward para que me viniese a buscar.
Él aún no era mi novio… no "oficialmente", y no podía llamarlo y pedirle favores como si lo fuese… ¿O sí? Me sentía estúpida teniendo esos pensamientos…
Joder, hasta hace unos días yo ni siquiera pensaba que perdería mi virginidad… mucho menos me preocupaba en llamar a un chico mi novio… -y que ese novio fuese mi amor platónico de siempre- Al contrario, mis preocupaciones se basaban enteramente en sobrevivir al instituto y lograr que mis padres me mirasen por lo menos una vez al día.
Ahora… ahora estaba teniendo problemas de chicas… lo único que faltaba era que comenzara a preocuparme porque ropa utilizar.
― ¡Bella!
El grito más el bocinazo me alertaron que mi madre ya había llegado. Vi el auto estacionado metros más allá y corrí a su encuentro. Renée le quito el seguro a la puerta del copiloto y yo me deslice rápidamente dentro de la cabina.
Esperaba que el auto estuviese calentito pero no. Mi madre era de aquellas que tenían la idea de no desperdiciar nada, y para ella el aire acondicionado era una pérdida de dinero.
"Todo es demasiado simple; tienes calor, te quitas la ropa. Tienes frio, te abrigas… no hay necesidad de estos aparatos"
La canción que sonaba dentro de la cabina me hizo sonreír; mi madre estaba loca por Tim McGraw y no dudaba en escuchar sus canciones una y otra vez.
―Iba a comprar algo en la tienda pero tu padre llamo y pidió pizza.
―Oh…―murmure sin saber que decir.
―Sabes que me gusta la pizza… sobre todo cuando eso significa que debo abandonar la cocina. ¿Qué tal tu día? No te he visto desde… ehmm, ¿El sábado?
―Bien.
― ¡Te falta tan poco para terminar el instituto! ¿Estas buscando alquiler en Seattle?―pregunto tambaleando los dedos contra el manubrio. Me removí incomoda. Usualmente ella no me preguntaba nada, se limitaba a hacer preguntas que ella misma respondía y a charlar acerca de su día y sus planes. Nunca era yo el tema de conversación por lo que no sabía cómo responder a su pregunta.
Además no le había comentado mis planes universitarios, no pensé que les interesara saber a dónde me marcharía. Renée nunca demostró el mínimo interés en mí y no lo vi necesario, a fin de cuentas yo me mantendría sola. Tenía una beca completa y pensaba estudiar y trabajar al mismo tiempo.
― ¿Bella?
― ¿Eh?
―Te pregunte si ya estabas buscando donde quedarte en Seattle, ¿O te quedaras en el campus…?
―Me quedare en el campus… pero en Chicago.
Por unos momentos pensé que Renée frenaría y comenzaría a gritar, esa serie una típica reacción en ella. Pero al contrario, siguió conduciendo y pareció meditar mis palabras.
― ¿Chicago?
―Si…―respondí en un murmullo jugando con un mechón de mi cabello― Tengo una beca completa y me ofrecieron un lugar para quedarme, tengo todo listo.
Renée chasqueo la lengua bajo el volumen de la radio.
―No sabía que iríamos a estudiar a Chicago… nunca nos hablaste de eso. Charlie y yo pensábamos que estudiarías en Seattle como todos los demás. ¿Pensabas contárnoslo algún día, o ibas a esperar a graduarte y marcharte sin decirnos nada?―pregunto con voz acusatoria.
―No pensé que fuese importante.
―Por dios Isabella. Eres nuestra hija, eres importante. ¿Qué clase de padre crees que somos? Nos hubiera gustado que nos consultaras o pidieras consejo pero tú siempre nos has dejado afuera. Jamás he entendido porque nos excluyes de tu vida, ¿Te avergonzamos? ¿Te da vergüenza ser hija de un policía y de una mujer que no termino la universidad porque quedo embarazada, es eso?
― ¡No!―chille― Ustedes jamás me preguntaron… y yo creí que no les importaba. No me avergüenzo de ustedes, no tienes porque pensar eso. Simplemente… nosotros… no lo sé.
―Durante toda tu vida me has dejado afuera Bella, y no sé por qué. Durante años intente crear actividades para unirnos pero tú siempre te negabas. Luego Charlie me dijo que necesitabas tu espacio y te deje. No quería convertirme en una madre asfixiante que no te dejaba crecer, pero veo que fue un error. Eres una extraña para nosotros, Charlie ni siquiera puede hablarte porque no sabe de hablarte.
― ¡Jamás me preguntaron que quería yo!
― ¡Jamás nos dejaste acercarnos!―grito Renée perdiendo la calma― Desde pequeña te aislaste, te creías mayor y superior al resto por eso tampoco encajaste con los chicos de tu edad. Jamás has hecho ninguna locura y eso me exaspera… he llegado a pensar que ni siquiera tienes sentimientos por lo fría que eres. He visto a tus compañeras, a aquellas a las que tanto detestas y las envidio. Envidio a esas mujeres que pueden hablar con sus hijas y aconsejarlas y ser una verdadera madre. Yo contigo jamás he podido hacer eso… nunca me dejaste hacerlo.
―Yo solo quería que me tomasen atención―murmure llorando― Tú y papá me han ignorado durante toda mi vida. Él sumergido en su trabajo y tu metida en todas esas actividades sociales que no sirven para nada. Desperdiciando tu vida entre club de lectura y jardinería en vez de preocuparte por tu familia.
Me arrepentí de inmediato de aquellas palabras.
Durante aquellos minutos había sentido que las murallas que existían entre mi madre y yo se desvanecieron, pero al instante en que dije esas palabras el muro se instalo de nuevo y esta vez parecía irrompible. Renée cuadro los hombros y levanto el cuello en signo de resistencia, como si mis palabras no le hubiesen lastimado en absoluto, pero en su mirada azulada vi el daño que cause.
El silencio se instalo en la cabina, tuve ganas de gritar para que me hablase, pero de mi boca no salió nada más que unos pequeños suspiros. Apreté mis manos clavándome las uñas en las palmas esperando a que mi madre dijese algo.
Pero no.
Renée no dijo nada.
Ella continúo manejando tranquilamente dejando que la lluvia y la melodía de Tim McGraw fuesen nuestra única compañía.
Recordaba haber escuchado a mi padre alagar a mi madre con sus amigos. Diciendo la valentía que ella había tenido al renunciar a sus estudios por criarme a mí y formar una familia con mi padre. Lo recordaba como una neblina de aquellas que te envuelven cuando un recuerdo lejano viene a tu memoria.
Unas pequeñas imágenes vinieron a mi cabeza, eran de cuando yo tenía unos siete años y quería aprender a andar en bicicleta, sin las ruedas pequeñas. Charlie había arreglado mi bicicleta y le había quitado las rueditas y Renée había tomado la vieja bicicleta que teníamos en el cobertizo para acompañarme en mis lecciones.
»Yo tampoco sé andar en bicicleta cariño« ―me había confesado besando mi frente―»Así que aprenderemos juntas»
Las lecciones de bicicleta se acordaron para cada tarde, después que Charlie llegase del trabajo y antes de cenar. Charlie fue nuestro maestro, un maestro paciente y amoroso que nos alentaba cuando perdíamos el equilibrio o no utilizábamos el freno y terminábamos en el piso…
Renée estaciono y salió del vehículo. Cuando me quede sola en la cabina note que ya habíamos llegado a casa.
Me baje del auto sintiéndome mal y bastante culpable. Durante tanto tiempo sentí que mis padres no me querían y me ignoraban, pero la verdad era que yo misma les aleje de mi lado.
No sé muy bien en qué momento lo habré hecho, pero me conocía lo suficiente como para saber que consciente o inconsciente lo hice.
Entre a la casa cabizbaja sin saber qué hacer ni que decir. Renée se encerró en sí misma en el auto y dudaba que volviera a abrirse… por lo menos no esta noche. Renée era una mujer sensible y necesitaba tiempo para curarse…
Al entrar a la casa escuche el murmullo proveniente de la cocina por lo que supuse que mis padres estaban teniendo una conversación. Y lo más seguro era que yo fuese el objetivo de dicha conversación.
La voz aireada de Charlie me puso en alerta. Su conversación no parecía ser de lo más tranquila, me acerque un poco más temerosa de escuchar algo desagradable.
Renée parecía estar sollozando y sentí mi pecho apretarse. Si bien mi madre y yo no teníamos una relación tan intima pero la quería, de verdad la quería. Y no soportaba saber que ella lloraba por mi culpa.
― ¡Siempre lo arruinas Renée!―
El grito de Charlie me puso los pelos de punta y me quede paralizada. Él nunca le gritaba a mamá… ¡Nunca! Yo jamás los había escuchado pelear, ni discutir, ni nada.
―Te dije que dejaras en paz a Bella, que la íbamos a terminar perdiendo. Pero tú y estúpida boca no podían quedarse callada―el silencio profundo que siguió luego de aquel regaño fue cortado por el sollozo de mi madre― Bella ya es grande y puede tomar sus decisiones, no tiene por qué darnos explicaciones de lo que hace o deje de hacer. Y menos a nosotros que ni siquiera somos capaces de mirarla a los ojos.
―Yo solo quería que ella me explicase…
― ¿Qué cosa te tiene que explicar Renée? ¿Por qué se está acostando con el muchachito Cullen? ¿Por qué no te conto que ya no era virgen? ¡¿Qué cosa?―
Mi cuerpo se tenso y sentí mis piernas temblar al escuchar a mi padre decir esas cosas. ¿Cómo el sabia eso? Una ola de vergüenza me recorrió de los pies a la cabeza. Mi madre volvió a sollozar y me encogí en mi lugar.
― ¿Te molesta saber que ella es igual de zorra que las demás chicas del pueblo?
El temblor en mis piernas se hizo más fuertes que no pude mantenerme en pie y caí al suelo. Me abrace a mi misma y llore en silencio por las palabras dichas por Charlie.
"Zorra"
No, yo no era eso…
¿Cierto?
Una abrumadora revelación golpeo mi cabeza y me hundí más en mi desesperación.
Me había acostado con Edward sin siquiera ser novios. Había tenido sexo con un chico sin siquiera haber pasado una semana juntos…
¿Eso me convertía en una zorra?
― ¡Cállate!―el grito de mi madre se oyó débil y pastoso― No tienes que decir eso de tu hija. Yo no estoy triste porque ella ya no sea virgen y haya tenido sexo con un muchacho. Estoy triste porque yo ni siquiera sabía que a ella le gustaba Edward, por eso estoy triste. Porque soy tan mala madre que ni siquiera sabía que mi hija estaba enamorada… y si tú piensas que tu hija es una zorra por acostarse con un chico estas muy equivocado, si realmente lo piensas significa que en realidad me equivoque contigo y que no eres el hombre del cual me enamore…
Hasta ese momento nadie había dejado al Jefe Swan sin palabras, pero en ese momento mi madre lo hizo.
―Si piensas así de Bella yo no tengo nada que hacer aquí―musito Renée más calmada que antes. ―No hay sitio para mí en este lugar… porque si tu no respetas a tu hija que es el fruto de nuestra unión, no me respetas a mí.
―Renée… no digas eso…
―No, no hablaremos más. Creo que ya he escuchado suficiente por hoy. Me iré a la casa de mi hermana en Seattle por unos días y luego… luego veremos qué hacemos con todo esto. Es hora que analicemos nuestro matrimonio Charlie, quiero saber si realmente vale la pena seguir juntos...
"Saber si realmente vale la pena seguir juntos"…
Me puse de pie de un salto y corrí hacia mi habitación. Cerré la puerta con el pestillo y empuje mi escritorio para trabar la puerta. Mi respiración era agitaba y descontrolada. Me subí a la cama y apegue mi cuerpo a la muralla sintiendo mi cabeza punzar.
Abrace mis piernas con mis brazos y deje que mi cabeza reposara en mis rodillas.
Renée y Charlie eran buenos padres. A pesar de todas nuestras diferencias yo sabía eso. Sabía que ambos sacrificaron muchas cosas para criarme y para darme un hogar y una familia. Y no podía creer que mi madre quisiese 'replantear' su matrimonio, no por mi culpa.
Ella me había defendido como una leona. Saco sus garras por defender mi honor aún sin saber con certeza si yo era culpable de los dichos de mi padre. Ella no me juzgo, simplemente me defendió.
Antes dude del amor que ella sentía por mí. Dude de su cariño y afecto y la culpe de cosas que en realidad no eran su culpa…
Me burle de ella y de su vida. Menosprecie su esfuerzo de hacer el mundo mejor, me reí de sus ideales…
La culpa me embargo como nunca lo había hecho. La sentí recorrer mi cuerpo como una copa de vino amarga que inundaba cada parte de mi alma y cuerpo…
Me sentí perdida, perdida como jamás antes había estado.
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Las emociones vividas aquel día me pasaron factura y al día siguiente no pude levantarme e ir al instituto. Me quede en cama tapada hasta la cabeza y con las cortinas cerradas para que el sol no entrase a mi ventana. Mi móvil no había parado de sonar pero no quise contestar. No me sentía con fuerza para lidiar con Edward ni con nadie más. Por eso luego de unas 10 llamadas de Edward lo apague y arroje debajo de mi cama.
La noche anterior me quede dormida casi al amanecer por lo que cuando desperté ya era mediodía. No había escuchado ningún ruido en la casa por lo que supuse estaba sola. Además, ni la patrulla ni el auto de Renée estaban estacionados. Solo estaba mi vieja y ruidosa camioneta…
Comencé a trabajar en el periódico, no porque me interesara la verdad. Simplemente necesitaba una distracción y el Chismógrafo era lo único "interesante" que podía hacer.
Por ello ahora estaba en mi cama rodeada de papeles viendo las fotografías que había tomado el día anterior con Edward en el galpón.
Había algunas bastante borrosas por lo que tuve que eliminarlas, pero había otras donde se distinguían perfectamente los rostros y cuerpos.
La reseña que acompañaría a las fotografías ya estaba casi terminada. Lo único que faltaba era pulir unos pequeños detalles.
Estaba tan concentrada en mi labor que ni siquiera sentí el ruido de la ventana al abrirse, y solo fui consciente del intruso que había en mi habitación cuando levante la vista y me encontré con el rostro de Edward Masen mirándome fijamente.
Se notaba molesto, pero más que eso en sus ojos se reflejaba una profunda preocupación. Como acto reflejo me puse de pie, sin quitarle la mirada de encima.
» ¿Qué estás haciendo aquí?« era mi pregunta silenciosa, a lo cual Edward respondió con un simple encogimiento de hombros. Lo vi dirigir su mirada a mi cama donde estaban todos los papeles que ya había mencionado. Me sentí expuesta.
Era cierto que Edward sabía que yo era la dueña del Chismógrafo e incluso él mismo me vio sacando fotocopias, pero jamás nadie aparte de Ángela había sido testigo de la producción del periódico. Y era extraño…
Me sentía como si Edward estuviese viendo mi alma a través de esos papeles.
―No fuiste a clases―afirmo Edward― Y has estado llorando…
Lleve mis manos a mi rostro y negué con la cabeza.
―Lo has hecho―volvió a afirmar― Y necesito saber si yo tengo algo que ver con eso.
Un pesado silencio se instauro entre nosotros mientras meditaba las palabras que diría. Edward me estaba pidiendo una explicación, y realmente no sabía con certeza si quería contarle lo que me estaba ocurriendo.
―No tiene que ver contigo―murmure controlando cada palabra pronunciada― Es solo que la conversación con Ángela me dejo agotada y no tenía ánimo para ir a la escuela.―Trate con toda mi fuerza que aquellas últimas palabras sonaran honestas.
―Mientes―
Aleje mi mirada del rostro de Edward y camine hacia la ventana por al cual suponía había entrado. Frente a la ventana se encontraba un viejo manzano, una de las ramas quedaba casi a la misma altura de la ventana de mi cuarto. Me distraje imaginando a Edward escalando por aquel árbol, poniendo su integridad física en riesgo solo por verme y saber cómo estaba.
Ese pensamiento produjo un dulce sentimiento en mi pecho.
Luego y de manera sorpresiva sentí las manos de Edward sobre mi rostro. Cerré los ojos ante el contacto y deje descansar mejilla sobre su mano. Los finos y largos dedos de Edward me acariciaron como si mi piel fuese de cristal y tratase de no lastimarme.
Un suspiro escapo de mis labios.
Nunca en mis más lejanos sueños pensé que pudiera sentirme así con las caricias de un muchacho. Y es que, no conocía a nadie que se sintiese de la misma forma, tan especial y única.
Edward me hacía sentir amada, no como durante tanto tiempo me sentí; una perdedora.
Sus labios descansaron sobre lo míos en un beso casto y dulce. Diferente a los demás besos arrebatados y llenos de hormonas.
Este sabía distinto, sabía dulce y cargado de un sentimiento fuerte que tenía un solo nombre: amor.
Yo era de aquellas que pensaba que los adolescentes no se enamoraban, que solo tenían atracción física. Siempre lo decía cuando veía a mis compañeros andar de la mano declarandos como enamorados.
» ¿Qué sabían ellos del amor si tan solo duraban unos meses juntos?«
Esa era mi cruel pregunta.
Como unos seres tan inmaduros podían amar.
No lo entendía…
Pero ahora, sintiendo los besos de Edward. Sus manos perdidas en mi cintura, nuestros alientos fundirse en uno solo lo podía explicar; antes no le encontraba lógica porque jamás me había sentido así.
Era cierto que él siempre había sido mi amor platónico, pero yo era inteligente y practica y al saber que Edward no correspondía mis sentimientos había frenado ese sentimiento amarrándolo con millones de cadenas, evitando que creciera y me lastimara. Pero ahora que sabía sus sentimientos dejé de lado aquellas cadenas y libere a mi corazón.
Y ahora podía sentir el amor.
Lo sentía con cada fibra de mí ser. Como solo una joven enamorada podía sentirlo.
Abrace a Edward y devolví el beso, expresando aquello que aún no decía con palabras en aquel beso. Quería demostrarle a Edward que yo también le amaba, que no tuviese miedo de arriesgarse por mí, porque yo no le fallaría.
Eran esas emociones que no era capaz de pronunciar en voz alta, ni tampoco en una fotografía, pero que si podía demostrar con mis labios y cuerpo.
No supe explicar cómo ambos caímos sobre la cama, ni tampoco como hizo Edward para quitar las cosas que estaban sobre ella antes al mismo tiempo que me desnudaba, lo único claro en mi mente era una sola cosa y era que amaba a Edward Masen como jamás iba a amar a nadie.
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El mundo parecía estar detenido en aquel instante. Por primera vez al entrar al Instituto me sentía poderosa. El silencio y las miradas asustadas que me daban me provocaban un extraño regocijo que crecía a medida que nos acercábamos a la entrada del instituto.
El aparcamiento estaba rodeado de curiosos que aunque disimuladamente miraban hacia nuestra dirección.
Edward y yo íbamos caminando juntos. Él llevaba nuestras mochilas mientras que yo sostenía la carpeta donde estaban los impresos del periódico que yo lucía como si fuese mi arma de batalla.
A lo lejos divise a las porristas que vestidas con sus impecables y cortos uniformes me miraban con una mezcla de enojo y temor. Claro, ellas sabían que esa edición iba dedicada a todas ellas y a los idiotas del equipo de futbol.
La última edición no era nada personal, no atacaba a una sola persona. Atacaba a la cabeza del instituto, era un ataque directo al hueso de aquellos que por tanto tiempo hicieron sufrir a mí y a otros más.
Edward me había preguntado en la mañana si me sentía culpable, y la respuesta era no.
No existía ninguna razón para retractarme de mi cometido. Sabía que si lo hacía solo sería un bien para ellos, porque no cambiarían su actitud. Continuarían con los abusos hasta que salieran del Instituto, y no solo sería yo la afectada, también estaría Seth y los demás chicos de primero.
Yo no era una persona egoísta. Y por lo mismo los delataría; el bien común era algo muchísimo más importante que salvar las reputaciones de unas cuantas zorras.
Entramos al Instituto, Edward parecía estar tenso. Lo notaba en la forma que cuadraba los hombros y miraba a su alrededor, como analizando a su oponentes.
Quería decirle que se calmase pero no podía, no todavía.
Usualmente dejábamos las copias del periódico en lugares estratégicos; fuera del baño de damas, en una mesa del comedor, afuera del gimnasio… lugares concurridos donde pasáramos desapercibidas con facilidad. Esta vez sería diferente, no tenía porque esconderme, ya todos sabían que yo era la dueña del periódico.
Y no me avergonzaba de ello.
Habíamos acordado llegar antes al Instituto para poder entregar personalmente los ejemplares.
― ¿Estas segura?―pregunto Edward cuando llegamos a mitad del pasillo donde me quedaría a repartir los periódicos― Podemos simplemente dejarlas y…
―No, quiero hacer esto personalmente. ¿Puedes dejarme sola un momento? Quiero hacer esto sola.
―Bella, me sentiría más seguro si estoy junto a ti.
―Necesito hacer esto sola… por favor.
Él dio una larga respiración antes de besar mi frente y acariciar mi mejilla.
―Estaré cerca por cualquier cosa―dijo antes de alejarse con su particular ritmo despreocupado y sexy.
Cuando lo perdí de vista me apoye en el pilar y abrí la carpeta. Los papeles rosados asomaron, y con un movimiento ágil los tome. Cerré la carpeta y espere…
No pasaron más de treinta segundos antes de que una muchacha de baja estatura apareciera frente a mí. Por la expresión de su rostro deduje que estaba nerviosa.
―Me preguntaba si esos papeles son… son...
―Es el Chismógrafo―me adelante― ¿Quieres uno?
Los ojos de ella brillaron en agradecimiento.
Le di una rápida mirada a su rostro y supuse que ella era uno de los nuestros. Tomé un ejemplar y se lo ofrecí, ella lo tomo con la mano temblorosa. Sus ojos se dirigieron a la foto principal y sus labios se abrieron en una pequeña "o", luego levanto la cabeza y sonrió.
―Eres la mejor periodista del mundo―dijo alegre antes de dar media vuelta y levantar su ejemplar del Chismógrafo en señal de triunfo.
Y después de eso todo fue un mar de confusión.
Apenas fui consciente de cómo los estudiantes comenzaron a rodearme exigiendo una copia del Chismógrafo. Trabajaba rápido, entregaba y entregaba copias a todos aquellos que las pedían. Apenas podía escuchar sus exclamaciones, eran como un murmullo en un lado de mi cabeza.
―Esto esta increíble―dijo un chico a mi lado.
― ¡Que asco!―
―Son unos cerdos de lo peor… ¡Mira cuantos cuerpos!
Y así seguían.
Si antes de esto los deportistas me odiaban, que no me quedaran dudas que ahora estaba la primera posición de su lista negra. Aquello no me preocupaba…
Tan solo quedaban unas cuantas semanas de clases para aquellos que aún tenían que rendir exámenes pero yo me había eximido de una gran cantidad de ellos por lo que ir al Instituto ya no se me hacía tan necesario. Y si tenía a la tropa de descerebrados tras de mí lo mejor era tomar precauciones.
― ¿Cuánto tiempo estarás aquí?―pregunto Edward cruzándose de brazos apoyándose en un pilar.
Miré mis brazos y vi que solo quedaban dos o tres copias…
―Ya estoy lista―
Solté las copias restantes dejando que cayesen al suelo y tome la mano de Edward.
―Has estado perfecta. Aunque admito que estaba preocupado al no saber que harían esos salvajes al verte repartir los volantes…
―No los vi en ningún momento.
―Yo sí―dijo Edward― una parte de las porristas paso corriendo no hace mucho rato. No vayas a los baños, lo más seguro es que estén ahí.
―Mensaje captado.
― ¿Tenemos tiempo para ir a clases?―pregunte mirando mi reloj.
―No, hace rato sonó el timbre pero con todo el revuelo casi nadie entro a clases. Nos ganaremos todos unos buenos regaños.
―Perfecto…―masculle
―Sabes que te gusta que todos estén mirando tu periódico. Has logrado lo que muchos en este lugar al deseado; destruir a los abusivos. No solo a los deportistas, sino a todos aquellos que abusaron de su condición social…
― ¿Sabes? Nunca pensé que lo haría.
― ¿No?―pregunto Edward llevándome hacia la parte de atrás del gimnasio donde tantas veces me había refugiado.― Cuando supe que eras la chica del periódico me asuste; te veías tan segura en ese momento. Creo que siempre has sabido que algún día podrías vencer.
―No, enserio. Todos los días tenía miedo de fallar… por eso jamás me quedaba al ver la reacción de las personas. Tenía miedo de que en vez de hacerles un mal a aquellos que delataba les hiciera un bien. Ya sabes, que ganen más popularidad y que en vez de caer en la escala social subieran de nivel.
Nos sentamos en la banca y me acurruque contra el pecho de Edward.
― ¿Todo ya termino cierto?―pregunte inhalando el aroma de su camiseta.
―Para ellos si… después de esto no van a poder seguir dominando el Instituto. Nadie quiere ser mandado y maltratado por sujetos tan podridos como lo están ellos. Estoy seguro de que ahora los demás chicos se rebelaran… y se terminara de una vez por toda esa mafia de mierda en la que estábamos sumergidos.
―Odio los estereotipos―murmure― Por ellos es que temía acercarme a ti.
Edward soltó una carcajada antes de besar mi cabello.
― ¿La chica nerd no puede salir con el chico sexy?―dijo en tono jocoso.
―Ahora claro que puede. Y no solo salir… sino también fallárselo cuantas veces quiera.
Le di una mirada picara a Edward antes de comenzar a meternos mano.
Ser un adolescente era una de las mejores cosas que me habían pasado.
.
.
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Semanas más tarde ya era una chica oficialmente graduada.
Era extraño mirar la fotografía que adornaba el living de mi casa donde vestía una horrible túnica azul con un birrete que me hacía parecer un horrible y feo pitufo, fotografía que molestaba pero que a la vez gustaba ya que a mi lado se encontraban mis padres sonriendo orgullosos y felices…
Si, las cosas con mis padres se habían solucionado.
No mentiré diciendo que todo es perfecto y que desde ese día somos felices y no hay peleas porque no es así. Simplemente los Swan habíamos decidido hablar.
Tan fácil como eso.
Los tres nos sentamos en el living y nos confesamos. Hubo gritos, llantos y disculpas… sobre todo disculpas. No solo de mis padres, sino también mías. Los tres habíamos comprendido que nos equivocamos, que nuestro error había sido no saber hablar y guardar todo.
Desde entonces las cosas estaban relativamente bien.
A pesar de eso Charlie y Renée estaban pensando en buscar una consultora matrimonial para ver si algunas cuantas terapias podían ayudarles como matrimonio.
Yo quede excluida ya que en unos cuantos días me marcharía a Chicago y debía de aprovechar el tiempo con Edward.
Ambos habíamos retrasado nuestra despedida lo más que pudimos. Pero sabíamos que ya era hora de decir adiós. Era difícil porque ambos estaríamos en universidades diferentes; él estudiaría en Seattle y yo en Chicago… y realmente no sabía si nuestra relación pudiera superar aquella distancia.
Tenía miedo, mucho miedo.
No quería perderlo pero no era tan egoísta como para pedirle que se fuese a Chicago. Además, él no postulo en Chicago, así como yo no postule a ninguna universidad en Seattle. Lo cual solo nos dejaba dos caminos; o continuábamos y veíamos hasta donde llegaba nuestro noviazgo o terminábamos y ambos partíamos libres hacia nuestro futuro.
Realmente esperaba que tomáramos la opción numero uno.
Vivir sin Edward era… insoportable.
¿Después de tantos años de amarlo en silencio tenía que perderlo por las responsabilidades de crecer? Era injusto.
―Cariño, Edward está en casa.
Sonreía estúpidamente al ver a Edward de pie junto a la puerta de entrada. Se veía perfecto como siempre. Pero no era su belleza lo que me deslumbraba, sino el brillo de sus ojos. La forma tan apasionada como me mira.
― ¡Edward!―chillé antes de lanzarme contra sus brazos como si no nos hubiéramos visto en días, siendo que nos vimos la noche anterior cuando aprovechando su habilidad para trepar se coló por mi ventana.
Las imágenes de las caricias nocturnas hicieron que mis mejillas se sonrojaran.
Mierda… es que la lengua de Edward hacía maravillas contra mi piel.
La tos forzada de mi madre hizo que me separara a regañadientes.
―Buenas tardes Renée―dijo Edward con su voz aterciopelada logrando que mi madre soltara un suspiro de ensoñación.
―Me recuerda tanto a Charlie…―musito mi madre revoloteando alrededor de nosotros aún con esa sonrisa estúpida en sus labios― ¡Así era tu papá, Bella! Tan guapo, y caballero…
―Mamá…―dije entre dientes― estas coqueteándole a mi novio.
―Claro que no Bella… solo recuerdo viejos tiempos con tu novio. Es muy diferente…
―Si lo que digas―dije arrastrando a Edward escaleras arriba―Estaremos en mi cuarto…
― ¡Cuidado con lo que hacen! Anoche juro haber escuchado gritos de tu cuarto―añadió con voz burlesca.
Sin pensarlo dos veces nos echamos a correr.
Lo que menos queríamos era a mi madre burlarse de nuestra vida sexual.
Cuando estuvimos los dos solos lejos de las burlas de mi mamá nos sentamos en mi cama y antes de decir nada nos besamos.
Últimamente nuestra relación física era mucho más grande. Yo no podía mantener las manos fueras del cuerpo de Edward y al parecer a él le sucedía lo mismo.
―Cada día estas más caliente―gimió contra mi oído.
―Diablos Edward… tu si sabes cómo alagar a una mujer―bromeé
―Cállate y bésame
Los besos y las caricias aumentaron hasta el punto que cuando me di cuenta Edward estaba desnudo de cintura hacia arriba.
La mirada cargada de deseo de Edward hizo que perdiera el control y de manera rápida me abrace a él para terminar de quitarme la ropa.
Si Renée escuchaba desde abajo no me importaba. Estos podían ser uno de nuestros últimos encuentros y realmente necesitaba aprovecharlos.
―Te amo
―Yo también
Edward entro en mí con una profunda estocada, y yo… yo me sentí en el cielo.
Mis extremidades parecieron separarse de mi cuerpo y alargarse, desde la punta de mis dedos hasta el centro de mi feminidad sentí descargas eléctricas cada vez que Edward entraba en mí.
Los jadeos y gemidos de ambos me nublaban la razón, y si cerraba los ojos podía jurar ver unicornios y estrellas fugaces…
Hacer el amor con Edward era lo mejor del mundo.
Una, dos, tres… y unas cuantas estocadas más y ambos rodamos sobre la cama.
―Te extrañare…―murmure con tristeza― No sabes cuánto.
―No hables así Bella. No me iré a ningún lado.
―Sabes a que me refiero… yo me iré a Chicago y tú a Seattle.
Luego de aquel pequeño intercambio de palabras un silencio se poso sobre nosotros. El momento mágico se había roto y solo quedo la preocupación y mi tristeza…
―No iré a Seattle―la voz clara y aterciopelada de Edward se grabo en mi mente pero aún así no podía comprender del todo sus palabras― Hablé con Carlisle y él me apoya… hablo con uno de sus colegas en Chicago y tengo una beca para estudiar allá.
"Hablo con uno de sus colegas en Chicago y tengo una beca para estudiar allá"
― ¿Estas hablando enserio?―pregunte sentándome sobre la cama sintiendo una alegría y efusividad. Edward sonrió y asintió con el rostro― ¿Iremos juntos a Chicago?
―Solo si tú quieres…
― ¡Claro que quiero!―exclame echándome sobre su cuerpo y repartiendo besos por todo su rostro― ¡Estoy tan feliz! ¡Estaremos juntos… juntos!
Edward rio y su risa quito ese peso que había sentido durante los últimos días. Ya no tenía por qué temer una separación… Edward y yo iríamos juntos a Chicago, mis dos sueños se cumplirían.
La ciudad añorada más el amor de mi vida…
Todo junto en un paquete.
La mano de Edward se introdujo en mi entrepierna y chille por el contacto.
Mierda, si las caricias de Edward duraran toda la vida pagaría gustosa cualquier precio. Oh, mierda… ¡Esto podría durar toda la vida!
Después de todo yo no dejaría que él se marchase de mi lado.
Como que me llamo Bella Swan a que Edward Masen y yo viviremos por siempre juntos.
―Gatita, ¿Estas lista para otra ronda?
―Para ti siempre―dije antes de sentirlo dentro de mí, muy dentro de mí.
Quizás podría escribir una edición especial del Chismógrafo donde dejara en claro que de perdedora Bella Swan no tenía nada…
Quizás podría incluir una pequeña fotografía donde se mostrara a mi querido Edward en acción… quizás, solo quizás…
Sonreía malignamente antes de acercar mi rostro al de Edward.
― ¿Te gustaría ser la portada de mi próximo periódico? Tu y yo, desnudos, una cama… y una cámara―dije antes de besarlo.
Edward sonrió contra mis labios.
―Suena como una excelente travesura antes de partir a Chicago―dijo.
Yo reí y él me siguió…
Mierda, seria genial ver las caras de las porristas al ver que la patosa Bella Swan se había quedado con el semental y sexy Edward Masen…
Oh, si…
Una edición especial antes de partir a la universidad.
Después de todo, tengo que dejar este pueblo con estilo.
¡Buenaaaas tardes! :3 Yo sé que quieren golpearme por mi atraso. Pero seré sincera... ¡Encontré un montón de libros para leer! XD & cada vez que decía "Voy a escribir" aparecia otro libro o serie... así que por eso este capitulo se vio taaaaaan retrasado.
Como bien saben este es el último capitulo del fic :') & me voy a alargar porque ajá es mi fic & mi nota de autor (?) XD
Primero parto dando las gracias a todas aquellas lectoras que me dieron su review, enserio MUCHAS GRACIAS. & también a aquellas que agregaban la historia a favoritos.
Tal vez ustedes no saben pero soy una reciente autora de FF por lo que el recibimiento en esta historia me a encantado.
(~) Agradecibimientos especiales a; KoteCullenSwan porque ella es genial & porque es una de las niñas amorosas que he conocido grancias a FF -te amo amante- , Mimi -Cammy_to- porque al igual que la Cote alegraban mi día con sus reviews. LizBrandon gracias por recomendar esta historia & dejar tu review :3
No recuerdo el nombre de todas las demás chicas, pero gracias de todas formas.
Nota: Estoy trabajando en otro fics, pero por el momento solo subiré Agridulce, quizás cuando la historia este más avanzada comience a subir las demás historias.
Nota 2: Estaba pensando en publicar un epilogo pero aún no sé... si ustedes quieren puedo escribirlo. Me avisan por review...
Lo último:
BREAKING DAWN *_* ESTA SEMANA ES ÉPICA PARA NOSOTRAS CHICAS & ESPERO QUE YA TENGAN SU BOLETO. YO IRÉ AL PRE-ESTRENO ACÁ EN CHILE -SANTIAGO- & ESTOY LOCA POR VER LA PELICULA. ESPERO QUE LA DISFRUTEN & NOS VEMOS OTRO DÍA.
MillaC:
