Nota de la autora: Todos los personajes pertenecen a JRR Tolkien. Y a nadie más que él. Salvo Anne, of course, que es mía, mía, mía. My precious… My precious.

Sigo subiendo capítulos, espero que les guste )

---------------------------------------------------------------------

De Amor en tiempos de paz y pipa:

Capítulo .07.

A medida que se alejaba del lugar en donde había estado con la joven Bolsón, Pippin recordaba cada instante de la tarde que había pasado, y se sentía satisfecho consigo mismo. Era la primera vez que hablaba con ella tan tranquilamente y sin que nadie los interrumpiera, y no se había sentido nervioso como antes le había sucedido. Un poco quizás, pero sólo al principio, y porque aúno había entrado en confianza con ella. Recordó de pronto la bolsita que le había devuelto y se sintió conmovido por el gesto.

― Además de ser linda, agradable y cortés, es considerada como quién más ― se encontró diciendo de pronto mientras caminaba. Aunque nadie lo observaba, se sonrojó y con una de sus manos se pegó un coscorrón en la cabeza ―. Peregrin Tuk, ¡qué tonterías piensas! Estoy muy chico para pensar en si Anabelle Bolsón es linda, o deja de serlo. Si tengo tan sólo once años. Ya debo dejar de pensar en esas cosas, que no hacen más que distraerme. La culpa de todo la tiene Merry, claramente, porque ha sido él quién me ha dicho eso de que Anabelle era muy linda y me lo he creído. Cuando lo vea le diré que ya deje de fastidiarme con ese tema.

― ¿A quién tendrías que decirle que deje de fastidiarte? ― preguntó por detrás una voz que Pippin conocía muy bien. Con algo de temor giró sobre sí mismo para encontrarse del otro lado con una de sus hermanas mayores, Pervinca, que lo miraba con ojos preocupados ―. Estabas hablando solo, ¿o no lo notaste? ― volvió a interrogarlo ésta.

― Sí, lo sabía, no te preocupes ― le respondió Pippin tratando de no darle demasiada importancia ―. Lo hago cuando estoy solo, para dispersarme ― quiso justificarse rápidamente, sin notar que su hermana lo miraba aún más extrañamente ―. ¿Qué haces aquí? ― completó eludiendo así las continuas interrogaciones de Pervinca.

― Fui al mercado, a comprar harina y otras cosas que mamá me ha pedido ― le contestó ésta, mostrándole como prueba la canasta de mimbre que estaba cargada de alimentos ―. Y luego pensé en buscarte en Bolsón Cerrado, ya que en la mañana supe que irías hacia allí, y como eres tan pequeño ― comentó apretándole fuertemente los mofletes ―, no quería que volvieras solo. Sin embargo, te encontré bastante cerca de casa. ¿Es que no has estado mucho tiempo con el primo Frodo de Delagua?

― Te responderé por partes ― le dijo éste ―. He estado en compañía bastante tiempo, pero no ha sido ni con el primo Frodo ni en Bolsón Cerrado. ― Al ver que Pervinca lo miraba sin entender a lo que se refería, Pippin completó la idea que le había querido expresar, con algo de pena ―. Estuve con su hermana Anabelle hablando durante toda la tarde en la ribera del Brandivino. Por eso me he tardado tan poco tiempo en regresar a Alforzada. ¿Entiendes?

― Si, entiendo perfectamente ― le respondió Pervinca con algo de molestia en la voz ―. Pero lo que no entiendo es qué ha podido tener de entretenido pasar la tarde con aquella niña ― completó airadamente hacia su hermano, que la miraba resignado.

Pippin se sintió molesto ante ese comentario irascible de su hermana, pero sin embargo, estaba acostumbrado a ellos. Nunca había terminado de entender por qué, pero era evidente que Pervinca no veía con muy buenos ojos a Anabelle, y eso era algo que hasta ella misma había notado cuando en una oportunidad Merry las presentó a ambas en Bolsón Cerrado. Era increíble que Anabelle, siendo tan buena niña, fuera el centro de las miradas de recelo de Pervinca Tuk, pero sin embargo para Pippin era tan sólo un problema pasajero y ella ya comprendería con el paso del tiempo la personalidad gentil en exceso de la joven Bolsón. Sin dejar de pensar en el por qué de esa expresión, Pippin le contestó a su hermana algo duramente, pero sin dejar de parecer educado: ― Entonces será hora de que lo veas y lo entiendas, porque me he hecho muy buen amigo de ella y todos los viernes iremos a pasear por la Comarca ― completó resueltamente, sin ponerse nervioso, ya que Pervinca era la hermana en la que más confiaba.

― Si tú lo dices, estará bien ― respondió Pervinca con un suspiro ―. Lo único que yo sé es que esa hobbit tiene uno que otro secreto escondido ― soltó por lo bajo tratando de que su hermano la escuchara.

― Por supuesto que los tiene ― dijo Pippin con seguridad ―. Si no, no sería capaz de portar el apellido Bolsón. Es claro que tanto Frodo como ella, y más aún el anciano Bilbo ocultan demasiadas historias dentro de sus cabezas.

Pervinca no respondió ese comentario, pero no pudo evitar dejar los ojos en blanco un momento, y sin evadir la mirada de su hermana, quien así terminó de confirmar que aquella idea no parecía atraerla. Tomó una manzana de la cesta que portaba y luego de un largo período sin emitir palabra alguna, le dijo a su hermano, como al pasar:

― Si llega a desaparecer, no le des mucha importancia, es algo común.

― ¿Desaparecer? ¿Quién? ― preguntó Pippin con desconcierto ―. Creo que ahora eres tú la que habla incoherencias ― completó, de forma divertida.

― Sí, quizás, hermanito. Es seguramente por la fatiga del camino ― contestó Pervinca con algo de sorna y sin dejar de hacer notar que realmente había hecho ese comentario de manera seria. De pronto, se paró en seco y miró hacia delante ―. Menos mal que hemos llegado a casa, mis pies no hubieran soportado ni siquiera un metro más. ¿No te pasó lo mismo Pippin?

― Sí, eso creo ― contestó éste no demasiado convencido de ello, ya que no había terminado de escuchar lo que su hermana le había preguntado. En realidad volvía a ocupar su mente en la bonita tarde que había pasado y en la bolsita que Anabelle Bolsón le había devuelto ―. La llevaba consigo para devolvérmela apenas me viera ― pensó obnubilado aún en hipótesis ―, realmente un detalle muy considerado. ¿Eso significaría quizás también que ella quería verme pronto? ― comentó para sí mismo con una esperanza extraña que le surgía espontáneamente ―. Sería muy halagador para mí saber que ella tienen hacia mí las mismas opiniones que yo tengo de ella… ― completó, sonrojándose otra vez inconscientemente. Aunque aún no terminaba de entender cuáles eran aquellas "opiniones" que él tenía hacia Anabelle, pensó que sería como estar en un sueño que ella las tuviera hacia él. Por un momento pensó en Merry, y en que quizás él no estuviera equivocado en lo que decía; pero los continuos llamados de Pervinca desde la puerta de la casa lo hicieron despertar.

― ¡Vamos, Peregrin! ― gritaba ella con algo de impaciencia en la voz ―. Ya está lista la cena. Deja de estar parado como una estatua de sal y entra, que el clima parece haber refrescado.

― Sí, claro ― respondió Pippin mientras caminaba con paso lento hacia su casa ―. Gracias al cielo Pervinca me ha llamado ― exclamó ligeramente ―, porque ya estaba volviendo a distraerme con aquel tema de Anabelle Bolsón ― recalcó suspirando gravemente. Al tiempo que su acompasado paso lo llevaba al interior de la casa, y lo hacía cerrar la puerta tras él, juró y perjuró no volver a pensar en tonterías como aquellas, que sólo aquejaban a los adultos; y se dispuso a disfrutar de la cena y la cama en grande. Después de todo, había caminado gran parte del día y ninguna de las dos cosas le valdría mal. Aunque pensó también en que las galletas de queso que su hermana Perla hacía no sabrían tan buenas como las que había probado esa tarde.