Hola, de nuevo, queridos lectores, como veis vuelvo a actualizar con la rapidez de un rayo, pues mi cabeza esta bien repleta de ideas, que como no escriba me harán estallar.
Como siempre digo: Disfrutad de este nuevo capítulo =D
Mi plan
El día siguiente fue un infierno para mí, quería seguir viendo a Bonni, pero no sabía cómo hacerlo, pensaba y pensaba hasta saturarme por completo. Daba vueltas de una forma muy inquieta por toda mi casa, tanto a pie como flotando. Estuve de esa forma durante horas, pero consideré esto normal, estaba muy emocionada de tener una amiga, por eso mismo quería ser la amiga perfecta.
Al fin y tras tanta vuelta de cabeza se me ocurrió una buena forma de poder estar con ella, aún así el plan era más arriesgado hoy que otro día, por ser el primera, y este tenía un pequeño detalle, y es que debía tener en cuenta la ajetreada agenda de la Princesa.
El plan era este: En la noche llegaría hasta su balcón con cautela, la sacaría de palacio e iríamos donde ella quisiese, tras una noche de paseo la llevaría a su dormitorio antes de las 5, así podría descansar algo.
Como veis debía contar con ella, pues si su agenda al día siguiente se encontraba muy repleta no podríamos estar juntas esa noche, pues no me atrevería a robarle ni dos minutos de sueño. Quería estar con ella, pero también respetar su derecho a dormir.
Aún quedaba muchísimo para la noche y la emoción me hacía que me pareciese todavía más. Encendí la tele, pero solo había tonterías, zapeé un poco, pero no encontraba nada, así que dejé la primera cadena que se me presentó y vi lo que apareció en la pantalla, era un documental sobre las plantas de Ooo, del que me acabaría aburriendo porque terminé durmiéndome.
Al despertarme eran las ocho, una hora genial, exacta para ducharme, comer algo, vestirme y largarme a por la princesa.
Empecé por comer algo, porque estaba al lado de la cocina y así no perdía más tiempo. Cogí un tomate que tenía encima de la mesa y absorbí su color impaciente. Después me fui a la ducha, allí tardé algo más pues me puse a lavarme el pelo con cuidado de que quedase bien limpio. Y para vestirme apenas gasté tiempo, pues me puse la ropa que habitualmente usaba. Entre una cosa y otra se hicieron las diez menos veinte, hora ideal para ir en busca de Bonni.
Salí flotando de mi casa lo más rápido que pude, pero al llegar al reino de Ooo bajé mi ritmo para no ser descubierta, cuando llegué a palacio me deslicé sigilosamente hasta el balcón de Bonnibel y pegué en su ventana, que para mi sorpresa estaba abierta.
Entré por la ventana y vi que Bonnibel aún no estaba en su cuarto, así que entré y me escondí bajo su cama, lugar donde era menos probable que alguien me viese desde fuera.
Pasados diez minutos la princesa entró sola en su cuarto y cerró la puerta, entonces era el momento perfecto para salir de mi escondrijo.
Al salir me puse tras la princesa que miraba hacia su armario y le tapé los ojos con mis manos, lo primero que hice fue decirle con tono dulce y suave:
Marceline: No chilles.
Ella no lo hizo, quitó mis manos de sus ojos y me abrazó.
Bonnibel: Sabría que vendrías.
Aún no estaba acostumbrada a tanto contacto físico así que disimuladamente me retiré de ella.
Marceline: Si, pero ahora vístete de forma cómoda, que vamos a mi casa, he de hablar contigo.
Ella cogió ropa de su armario, fue a su cuarto de baño y se cambió a algo más cómodo, sustituyendo a su habitual vestido rosa.
Marceline: Venga, vámonos, apaga la luz y si puedes cierra el cuarto para que nadie note tu ausencia.
Hizo todo lo que le dije, cerró por dentro con llave y apagó la luz. Se subió a mi espalda y fuimos volando hasta mi casa.
Otra vez me fijé en que no podríamos utilizar el salón porque mi sofá era de piedra, y a mí me daba igual, pero mis invitados, y eso que eran pocos, no solían sentirse a gusto en mi salón por ese mueble. Así que fuimos a mi cuarto.
Bonnibel se sentó en mi cama de una forma un tanto cortada, después de la sinceridad que había gastado conmigo en los días anteriores parecía habérsele agotado y que esto la hiciese parecer una chica tímida y delicada.
Marceline: Puedes tumbarte, si quieres.
Bonnibel: No, no es necesario, estoy bien así. Bueno… ¿Qué querías?
Era verdad, lo había olvidado por completo. Había algo que quería decirle a la princesa.
Marceline: Bueno, quería explicarte el plan que tenía para poder vernos sin que nadie nos lo impida, había pensado en….
Bonnibel: En venir por mí por las noches para que nadie notase mi ausencia y querías consultármelo para no robarme horas de sueño.
Marceline: Un momento… ¿Cómo sabes eso?
Realmente esta chica me sorprendía cada vez más, era una caja de sorpresas al 100% y además de guapa era muy inteligente.
Bonnibel: Es obvio Marcy, es la opción más lógica.
Tras decir eso se rió. Pensé que le había parecido divertido el que ambas pensásemos lo mismo.
Marceline: Y bueno, ¿Qué quieres que hagamos?, porque seguro que el plan que tengo yo no se te había ocurrido a ti también.
Bonnibel: A mí me apetece cualquier cosa, es decir, me da igual, dime cuál es tu plan brillante.
Marceline: Ese podría ser su nombre, nunca podría haberlo pensado mejor, se me había ocurrido que podríamos ir al río, hoy precisamente las luciérnagas despiertan de su invernación y es algo que vale la pena ver.
Bonnibel: Vale, pues vayamos.
Esta vez no la agarré para ir flotando, decidí que fuésemos andando, porque el río no estaba lejos, y así aprovechaba para dar mi típico paseo nocturno, ese que tanto me gustaba.
Al llegar al rio ambas no sentamos en la orilla y observamos el espectáculo que producían las luciérnagas al encenderse y revolotear tras tanto tiempo dormidas y escondidas.
Apenas hablamos allí, pues no queríamos desperdiciar ni un solo segundo, de aquel suceso, aunque yo ya lo había cientos de veces, pero quería dejar que ella lo disfrutase también.
Ella miraba a los bichos, y yo inconscientemente la miraba a ella, esos ojos, esos labios, todo, todo viniendo de la linda Bonni era fascinante, más que cualquier cosa que pudiese ocurrir. No se dio cuenta de que la miraba y para cuando se aburrió de ver a las luciérnagas yo fingía que también las había estado mirándolas.
Ella me pidió que nos fuésemos ya de allí.
Bonnibel: ahh (Bostezó), Marcy, me quiero ir ya, tengo mucho sueño.
Marceline: Como usted quiera Princesa, ¿Dónde la llevo?
La puse en mi espalda delicadamente y dejé que me respondiera.
Bonnibel: Es que tengo sueño, pero quiero seguir un rato contigo.
Marceline: Ya es suficiente por hoy, Bonni, será mejor que duermas. A mí también me gusta mucho estar contigo, pero no quiero que mañana estés cansada. Además (mirando mi reloj), mira que tarde es, ya son las 2 y media.
Sabía que ella protestaría y querría seguir aquí, pero si ambas planeábamos seguir viéndonos por las noches debíamos ser lo más cautelosas y disimuladas que pudiésemos, pues cualquier minuto de retraso, cualquier muestra de cansancio de la princesa o cualquier dulce que pasease cerca de palacio podía ser nuestra perdición, podía ser lo que nos delatase.
Llegamos al castillo en muy poco rato. Nada más llegar la princesa se metió en la ducha y al terminar se puso el pijama. Yo esperé a que saliese y se metiese en la cama. Y cuando estuve segura de que se iba a dormir y no iba a seguir despierta me dispuse a marcharme.
Marceline: Buenas noches Princesa.
Y empecé a flotar
Bonnibel: Un momento, Marcy.
Marceline: Dime, ¿Qué pasa?
Bonnibel: ¿Vendrás a buscarme mañana con otro plan brillante?
Marceline: Tenlo por seguro. Te esperaré a la misma hora.
Justo en ese momento empecé a flotar nuevamente, y esta vez para irme.
Bonnibel: Marcy, espera.
Marceline:¿Qué?
Bonnibel: Eres la mejor amiga del mundo.
Tras decir eso se durmió ipso facto. Realmente debía de estar cansada, pues nunca había visto a nadie caer en el sueño tan rápido como la acababa de ver a ella.
Llegué a mi casa y justo tras cruzar la puerta suspiré recordando su rostro al mirar las luciérnagas y aquello que me dijo antes de dormirse. La verdad le estaba cogiendo aprecio a esa chica, estaba despertando sentimientos en mí que nunca hubiese pensado que existían.
Como aún era pronto para irme a dormir decidí ir a un lugar que hacía mucho tiempo que no había pisado, la noche esfera, pero fui con una única intención. Traer es sofá que tenía allí, que era de los mejores que había probado, para cambiar este tan feo y duro que tenía por intento de mueble.
Dibujé una carita sonriente en el suelo y recité el conjuro que inmediatamente me llevaría a mi antiguo hogar. Sabía que tenía que darme prisa para que mi padre no se diese cuenta de mi presencia, pues no quería verlo y menos después del accidente de mis patatas. Llegué a mi antigua casa un lugar lúgubre y oscuro, al igual que toda la noche esfera, lugar que nada tenía que ver con donde vivía ahora, lo que más los diferenciaba eran sus habitantes, pues en Ooo vivían dulces, y aquí solo terribles demonios, y el más terrible de todos era mi padre.
Me paré un momento a pensar, y recordé muchas cosas que habían pasado allí, pues aunque no quisiese aceptarlo, ese lugar fue mi hogar un día, al darme cuenta de cuanto tiempo había perdido cogí rápidamente el sofá y volví a repetir el ritual del portal para salir.
Cuando llegué a mi casa tiré el sofá actual y lo reemplacé por el que traía, que era más cómodo. Era una buena idea esto de haberlo cambiado. Pues ahora lo necesitaría más adecuado para seres no flotantes.
