Autor Adaptación: Vladimir
Personajes: De Tanya Huff
Pareja: Draco-Hermione
Categoría: Drama- Romance
Ranking: T
Traductor: Manuel Mata Alvarez
ESTO NO ES UN FANFIC, ES UN LIBRO, DE LA ESCRITORIA TANYA HUFF!, ES UNA ADAPTACION [al comienzo solo cambio detalles y nombres] PARA DRAMIONE!.
NO TENGO NINGUN MERITO POR ESTO
EL PRECIO DE LA SANGRE
(Serie: "Saga de La Sangre", vol.01)
_ 7 _
Hermione decidió volver a casa paseando. Las calles del centro no eran oscuras y en Woodbine se había desenvuelto bien con mucha menos luz. Levantó el cuello de su abrigo, enterró profundamente las enguantadas manos en los bolsillos, por costumbre más que por frío y comenzó a recorrer la calle Bloor en dirección oeste. No estaba muy lejos y necesitaba pensar.
El frío del viento contra su rostro le hizo bien, y pareció calmar el golpeteo que azotaba su cabeza. Pese a que tenía que caminar con cuidado, resultaba infinitamente mejor que el traqueteo que hubiera sufrido de haber tomado un taxi, y entonces lo recordó, su varita… el vampiro no la tenía estaba seguro, no la habría tratado como una Muggle, eso quería decir, que la había perdido la noche anterior, esa era una mala, muy mala noticia.
Necesitaba pensar.
Vampiros y Demonios. O, por lo menos, un vampiro y un demonio. En los años que había estado en el mundo mágico jamás había visto uno, sabia que existían y su experiencia en el ministerio de crímenes, donde había visto un montón de rarezas y se había visto forzada a creer en la existencia de cosas que la mayoría de la gente cuerda, exceptuando a los agentes de policía y los asistentes sociales, hubieran preferido ignorar. Al lado de algunas de las crueldades que los fuertes infligían a los débiles, lo de los demonios no resultaba tan difícil de tragar. Y aquel vampiro parecía ser uno de los buenos.
Volvió a ver su sonrisa y tuvo que obligarse a no responder al recuerdo.
En la calle Yonge dobló hacia el sur y se detuvo frente al semáforo, más por costumbre que por necesidad. Aunque no podía decirse que la intersección estuviera bañada en luz, lo cierto es que tampoco estaba a oscuras y apenas había tráfico. La calle Yonge nunca estaba completamente vacía, ni siquiera a estas horas de la noche, pero aquellos que por sus asuntos o su estilo de vida se encontraban despiertos entre la medianoche y el amanecer se mantenían cautelosamente apartados de ella.
Hermione no tenía razones para no creerlo. Había comprobado más de una vez el efecto por sí misma. Del mismo modo, no tenía razones para no creer a Henry Fitzroy; también había visto al demonio por sí misma.
La oscuridad se agitó en un remolino y desapareció. Apenas había visto más que la insinuación de una forma sumergiéndose en la tierra y daba gracias por ello. El vago perfil que había vislumbrado ocultaba tal horror que, incluso ahora, su mente pugnaba por apartar el recuerdo. Sin embargo, recordaba perfectamente el hedor de la putrefacción.
Pero no había sido ni la visión ni el olor lo que la había convencido de la veracidad de las palabras de Henry Fitzroy. Aunque no sabía cómo podía hacerse, estaba seguro de que podía tratarse de un truco. Era su propia reacción la que la había convencido. Su propio terror. La reticencia de su mente a recordar con claridad lo que había visto. El sentimiento de empalagosa maldad y frío que emanaba de las sombras.
Hermione tembló. Sentía frío, un frío que no tenía nada que ver con la temperatura de la noche.
Demonio. Al menos ahora sabían lo que estaba buscando. ¿Lo sabían? No, ella lo sabía. La idea de explicarle todo el asunto a Malfoy le hizo esbozar una sonrisa. Él no había estado allí. Pensaría que había perdido la cabeza. Demonios, si yo no lo hubiera visto, también pensaría que estaba mal de la cabeza. Aparte del hecho de que no podía contárselo a Malfoy sin traicionar a Henry...
Henry. Vampiro. Si no era lo que pretendía ser, ¿qué sentido tendría inventar una historia tan complicada?, dudaba que fuera un Muggle con demencia.
Esa no es la cuestión, se reprendió. Pregunta estúpida. Había conocido a mentirosos patológicos, había arrestado a un par de ellos, había trabajado con otro y el porqué nunca era algo que les preocupase.
La historia de Henry había sido tan complicada que tenía que ser la verdad. ¿O no? Se detuvo en la esquina de la calle College. Sólo una manzana más allá, hacia el oeste, podía ver las luces de la comisaría central. Podía entrar en ella, tomarse un café y hablar con alguien que pudiese comprender. Vampiros y demonios. Bien. De pronto, el edificio de la comisaría parecía encontrarse muy lejano.
Podía seguir su camino hacia el oeste, dejar atrás la comisaría y llegar a casa, pero a pesar de todo lo ocurrido no se encontraba cansada y no le agradaba la idea de encerrarse entre cuatro paredes hasta que hubiese podido disipar la oscuridad de las sombras que reinaban en sus pensamientos. Un tranvía pasó traqueteando a su lado. Su interior era una cápsula de calor y luz, vacía salvo por el conductor. Hermione se encaminó en dirección sur, hacia Dundas, entro en una cafetería y se quedo profundamente dormida, sintió un calor cerca de ella y vio en la mesa dos tazas de café servidas solo entonces levanto la mirada para ver a su acompañante
--¡Me has seguido!
Henry sonrió con cautela.
--Acababa de revelarte un secreto que podía costarme la vida. Tenía que saber cómo reaccionabas.
A pesar de su enfado, Hermione tuvo que reconocer que su explicación tenía sentido.
--¿Y bien?
--Dímelo tú.
Hermione colocó el asa de su bolso sobre su hombro.
--Creo --dijo lentamente-- que tienes razón. Podemos conseguir más si trabajamos juntos. Así que, por ahora, tienes una compañera --tropezó con una grieta del pavimento, trastabilló, recuperó el equilibrio antes de que Henry pudiera ayudarla y añadió secamente--. Pero creo que deberías saber que, generalmente, sólo trabajo de día.
No era el momento de explicarle el porqué. Todavía no.
Henry asintió.
--Me parece bien. Por mi parte, y dado que soy un poco sensible a la luz del sol, prefiero trabajar por las noches. Entre los dos cubrimos las veinticuatro horas del día completas. Y hablando de los días --lanzó una rápida mirada al este, donde podía sentir la proximidad del amanecer--, creo que debo irme. ¿Podemos seguir hablando de esto mañana por la noche?
--¿Cuándo?
--¿Qué tal un par de horas después del anochecer? Me dará tiempo para tomar un bocado.
Desapareció antes de que ella tuviera tiempo de reaccionar. O de mostrarse de acuerdo.
--Mañana por la noche veremos quién juega al hombre honesto con quién --bufó y se dirigió al oeste, hacia su casa.
El sol ya había coronado el horizonte cuando llegó a su apartamento. Bostezando como si fuera a romperse las mandíbulas, Hermione se metió en la cama...
...sólo para ser despertada de forma violenta unos cuarenta y cinco minutos más tarde. Alguien la estaba zarandeando.
--¡Dónde! ¡Has! ¡Estado! –Malfoy enfatizaba cada palabra con una vigorosa sacudida.
Hermione, cuyas reacciones nunca habían sido demasiado rápidas en los momentos inmediatamente posteriores al despertar, le dejó terminar la frase antes de levantar sus brazos y liberarse de los de él, que la sujetaban por los hombros.
--¿De qué demonios estás hablando, Malfoy? --exigió. Mientras se escudaba los ojos con una mano contra el brillo de la luz que venía de arriba, recogió sus gafas de la mesilla de noche con la otra.
--Uno de nuestros agentes de uniforme vio a alguien metiendo precipitadamente en un BMW último modelo a una mujer que se te parecía. Y a no más de cinco manzanas del lugar en el que se encontró el último cuerpo. ¿Me vas a decir que anoche no estuviste en el área de Woodbine?
Hermione se reclinó sobre la cabecera de la cama, colocándose las gafas sobre la nariz.
--¿Qué te hace pensar que es asunto tuyo? --no tenía sentido tratar de razonar con Malfoy hasta que se hubiese calmado.
--Te diré lo que sí es asunto mío --abandonó de un salto la cama y a grandes zancadas comenzó a recorrer de un lado a otro la habitación; tres pasos y vuelta; tres pasos y vuelta--. Estabas en medio de una investigación policial. Eso es lo que lo convierte en asunto mío. Estabas... --se detuvo bruscamente. Aguzó la mirada y apuntó con un dedo acusador en dirección a Hermione--. ¿Con qué te has golpeado?
--Con nada.
--Nada no te provoca un bulto negro y azul en la mandíbula del tamaño de un pomelo --Malfoy gruñó, intentando controlar su impaciencia--. Fue él, ¿no es así? El tipo que te estaba metiendo en el coche --volvió a sentarse en la cama y condujo con una mano el rostro de ella bajo la luz.
--¡Has perdido la cabeza! --de un golpe, apartó su mano--. Ya que no me vas a dejar dormir hasta que consigas satisfacer tu curiosidad completamente irracional, te lo diré: estuve en el área, sí. Y, como no paras de repetirme, apenas veo en la oscuridad --sonrió con la dulzura de un escorpión--. Tenías razón en algo. ¿Eso hace que te sientas mejor?
Él respondió con una sonrisa idéntica y gruñó:
--Sigue.
--Fui con un amigo. Cuando di con mi cara contra una farola, me llevó a su casa para asegurarse de que estaba bien, ¿vale? --señaló con un vigoroso gesto en dirección a la puerta y volvió a dejarse caer sobre la almohada--. ¡Y ahora, lárgate!
--Y una mierda que vale --golpeó la cama con la mano abierta--. Junto a mi actual compañero, eres la peor mentirosa del mundo, y sé perfectamente cuándo intentas colarme una. ¿Quién es ese amigo tuyo?
--No es de tu incumbencia.
--¿Dónde te llevó?
--Tampoco es de tu incumbencia --volvió a incorporarse y aproximó su cara a la de él--. ¿Estás celoso, Draco?
--¿Celoso? ¡Maldita sea, Hermione! --levantó las manos como si pretendiera sacudirla de nuevo, pero las dejó caer mientras ella entornaba sus ojos y levantaba las suyas a su vez--. Tengo seis cadáveres ahí fuera. No quiero que el tuyo sea el séptimo.
Ella adoptó un tono de voz peligrosamente bajo.
--Pero tú sí que puedes ponerte en la línea de fuego.
--¿Qué tiene eso que ver? Tenía conmigo a la mitad del jodido Cuerpo de Policía, mágico y Muggle ¡Tú estabas sola!
--Oh --ella agarró las solapas de su chaqueta y repentinamente tiró de él hasta que sus narices se tocaron--. Así que estabas preocupado --las palabras se escurrieron entre sus apretados dientes. Eso hizo que le doliera terriblemente la mandíbula, pero al menos impidió que le cortara la garganta a Malfoy.
--Por supuesto que estaba preocupado.
--¿ENTONCES POR QUÉ NO LO HAS DICHO EN VEZ DE ASALTARME Y ACUSARME? --lo empujó hacia atrás con tal fuerza que él cayó de la cama y tuvo que debatirse para ponerse en pie.
--¿Y bien? --le espetó mientras él recuperaba el equilibrio.
Malfoy apartó el tupido mechón de cabello de su frente y se encogió de hombros. Parecía un poco avergonzado.
--Este... yo... no lo sé.
Cruzando los brazos sobre el pecho, Hermione se recostó cuidadosamente contra la almohada. Dado que en el pasado, ella había hecho exactamente lo mismo en circunstancias similares, resolvió que debía dejarlo pasar. Además, le dolía la mandíbula, la cabeza le daba vueltas y había vertido suficiente adrenalina en su sangre como para permanecer despierta una semana.
--¿Has pasado por casa? --preguntó.
Lentamente, Malfoy se restregó los ojos con una mano.
--No. Todavía no.
Volvió a dejar las gafas en la mesilla de noche y dio unas palmaditas a las sábanas, a su lado.
Un poco más tarde, una idea se insinuó en su cabeza.
--Espera un minuto... cuidado con mi mandíbula... me devolviste la llave de mi apartamento hace meses --para ser más exactos, se la había arrojado.
--Hice una copia.
--¡Me aseguraste que no había copias!
--Hermione, tú eres una pésima mentirosa. Yo soy muy bueno. ¡Au, eso duele!- se quejo cuando ella le golpeo en el hombro volteándose hacia él.
--Eso pretendía. – sonrió y lo beso lentamente mientras él la abrazaba por la cintura y la apegaba a él, luego de unos momento por el dolor de la mandíbula y porque ambos estaban agotados, se quedaron dormidos, en su cama , abrazados.
--No mamá, no estoy enferma. Es que anoche me acosté muy tarde. Estaba trabajando en un caso –Hermione sostenía el auricular del teléfono entre el hombro y la oreja mientras se servía una taza de café.
Al otro lado de la línea escuchó cómo su madre suspiraba profundamente.
--Sabes, mione Esperaba que cuando dejases esa parte del ministerio yo pudiese dejar de preocuparme de ti. Y aquí estamos, a las tres de la tarde y todavía no has salido de la cama.
La relación que podía existir entre la primera y la segunda afirmación se le escapaba a Hermione completamente.
--Mamá. Ya estoy levantada. Me estoy tomando un café --tomó un trago asegurándose de que resultaba muy ruidoso--. Estoy hablando contigo. ¿Qué más quieres?
--Quiero que tengas un trabajo como Dios manda.
La castaña era consciente del hondo orgullo que su madre había sentido cuando le concedieran cargos y premios policiales más Muggles que mágicos, así que optó por ignorar sus últimas palabras. Sabía que con el tiempo, si es que no había ocurrido todavía, la frase "mi hija la investigadora privada" comenzaría a salpicar las conversaciones de su madre de la misma manera en que "mi hija la detective de Homicidios" lo había hecho.
--Y lo que es más, hija, tu voz suena rara.
--Me choqué con una farola, mamá. Tengo un moratón en la barbilla. Me duele un poco cuando hablo.
--¿Te ocurrió la noche pasada?
--Sí, mamá.
--Pero sabes que no puedes ver en la oscuridad...
Esta vez fue Hermione la que suspiró.
--Mamá, comienzas a hablar como Malfoy --en aquel momento el mencionado salió del dormitorio, metiéndose el borde de la camiseta bajo los pantalones. Hermione le señaló con un gesto la cafetera, pero él negó con la cabeza y recogió su abrigo--. Espera un minuto, mamá --cubrió el auricular con una mano y le miró con ojos críticos--. Si vamos a seguir con esto, será mejor que traigas una maquinilla de afeitar. Pareces un terrorista.
--Tengo una maquinilla en la oficina.
--¿Y una muda de ropa?
--Podrán sobrevivir unas pocas horas a mi camisa de ayer, estar en este departamento ha cambiado las prioridades en mi vida --se inclinó sobre ella y la besó con suavidad, poniendo especial cuidado en no presionar demasiado la cada vez más extendida contusión de color verde y púrpura--. Supongo que no servirá de nada que te diga que tengas cuidado.
Ella devolvió el beso con todo el entusiasmo de que era capaz y contestó:
--Supongo que no servirá de nada el que te pida que dejes de ser un hijo de puta condescendiente.
Él frunció el ceño.
--¿Porque te pido que tengas cuidado?
--Porque pareces asumir que no lo tendré. Porque pareces asumir que voy a hacer algo estúpido.
--Está bien --extendió los brazos en un gesto de rendición--. ¿Qué te parece "no hagas nada que yo no haría"?
Ella consideró la posibilidad de decir, esta noche voy a hacer una visita a un vampiro. ¿Qué te parece eso? Pero decidió que no era buena idea y contestó:
--Pensé que no querías que hiciera nada estúpido.
Él sonrió.
--Te llamaré --dijo. Y se marchó.
--¿Todavía estás ahí, mamá?
--No dejan que me vaya a casa hasta las cinco, cariño. ¿Dónde más podría estar? ¿Qué estaba pasando ahí?
--Era Draco Malfoy, que acaba de marcharse --sujetó el aparato bajo su brazo y, aprovechando la longitud del cable, se levantó para prepararse una tostada.
--¿Así que vuelves a verte con él?
La última rebanada de pan estaba un poco mohosa por los extremos. La arrojó a la basura y cogió una bolsa de galletas de chocolate de marca desconocida.
--Eso parece.
--Bueno, ya sabes lo que dicen sobre la primavera y los caprichos de los hombres jóvenes.
Su voz sonaba dubitativa, así que Hermione decidió cambiar de tema. Las pocas veces que se habían visto, a su madre parecía haberle gustado Malfoy. Pero, a pesar de ello, opinaba que a cada uno les iría emocionalmente mucho mejor con alguien de un temperamento más calmado, ella seguía esperando que regresara con Ron, algo imposible pues él estaba casado y ella ya no tenían ningún interés en el pelirrojo.
--¿Ya es primavera?
Las ráfagas de viento arrojaban contra su ventana lo que podría haber sido lluvia, pero parecía más bien una nevisca.
--Estamos en abril, cariño. Eso es primavera.
--Cierto. ¿Qué tal tiempo hace por allí?
Su madre rió.
--Está nevando.
Hermione se limpió las migas de las galletas de chocolate de su sudadera y se sirvió más café.
--Mira, mamá, esto debe estarle costando al departamento una fortuna --su madre había trabajado durante dieciocho años como secretaria privada del jefe del departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Queens, en Kingston y abusaba de los privilegios acumulados en aquellos años tanto como le era posible, se habían mudado de Londres hacia estados unidos luego de la muerte de su padre--. Ya sabes que me encanta hablar contigo pero, ¿hay alguna razón concreta para tu llamada?
--Bueno, me estaba preguntando si pensabas venir para Pascua.
--¿Pascua?
--Es este fin de semana. No voy a trabajar mañana ni el lunes, así que había pensado que podíamos pasar algunos días juntas.
Oscuridad, demonios, vampiros, seis cadáveres a los que la vida les había sido arrancada violentamente.
--No creo que pueda, mamá. El caso en el que estoy trabajando podría explotar en cualquier momento...
Después de escuchar algunos tópicos más y de prometer que se mantendría en contacto, Hermione colgó y se dirigió a su banco de ejercicios para combatir con abdominales tanto las galletas de chocolate como la culpabilidad.
--Henry, soy Caroline. Tengo entradas para el Fantasma el día cuatro de mayo. Dijiste que querías verla y esta es tu oportunidad. Llámame a lo largo de los próximos dos días si estás libre.
Era el único mensaje del contestador. Henry sacudió la cabeza con un vago sentimiento de decepción. No había razón alguna para que Hermione Granger hubiese llamado. Ni tampoco para que él lo desease.
--Está bien --contempló su reflejo en el antiguo espejo que había sobre la mesa del teléfono--. Explícame por qué confié en ella. ¿Las circunstancias? --negó con la cabeza--. No. Las circunstancias dictaban que... dispusiera de ella. Una solución mucho más pulcra que implicaba muchos menos riesgos. Vuelve a intentarlo. ¿Te recordó a alguien? Si llegas a vivir lo suficiente, y lo harás, todo el mundo te recordará a alguien.
Suspiró, se apartó del espejo y pasó los dedos por su cabello. Podía negarlo todo cuanto quisiera, pero lo cierto es que ella le recordaba a alguien, quizá no por su apariencia, pero sí por su forma de ser.
Ginevra Treschi había sido la primera mortal a la que se confiara después de su cambio. Había habido otras con quienes jugueteaba a la confianza, pero en los brazos de ella podía ser él mismo. No necesitaba ser nada más. Ni menos.
Cuando descubrió que no podía seguir viviendo en la Inglaterra Isabelina --era al mismo tiempo demasiado semejante y demasiado diferente a la Inglaterra que él había conocido-- se había trasladado al sur, a Italia y por fin a Venecia. La ciudad de San Marcos tenía mucho que ofrecerle a uno de su especie, porque de noche volvía a la vida su antiguo semblante y en sus sombras podía alimentarse a voluntad.
Había sido durante el carnaval, lo recordaba bien. Ginevra se encontraba en la plaza de san Marcos, en uno de sus extremos, observando a la multitud avanzar y retroceder delante de ella como un calidoscopio viviente. Le había parecido tan real en medio de tanta actitud fingida y tanta impostura que había tenido que acercarse a ella. Cuando abandonó el lugar, él la siguió hasta la casa de su padre y pasó el resto de la noche averiguando su situación y su nombre.
--Ginevra Treschi --más de trescientos años e innumerables mortales más tarde y su nombre todavía sonaba en su boca como una bendición.
La siguiente noche, mientras los sirvientes dormían y la casa se encontraba a oscuras y en silencio, se deslizó al interior de su dormitorio. Los latidos de su corazón lo atrajeron hasta el pie de su cama y cuidadosamente apartó las sábanas que la cubrían. A sus casi treinta años, después de tres años de viudedad, no era hermosa, pero estaba tan llena de vida --incluso dormida-- que sin casi quererlo se había quedado inmóvil, mirándola fijamente. Sólo para encontrar, apenas unos momentos más tarde, que ella le miraba a su vez.
--No quisiera que os apresuraseis a tomar vuestra decisión --le había dicho secamente--, pero comienzo a quedarme helada y me gustaría saber si debo empezar a gritar.
Él había tratado de convencerla de que se encontraba en un sueño, pero descubrió que no podía.
Habían pasado casi un año de noches juntos.
La muchacha corrió a ocultarse detrás de la pesada mesa. Sus ojos color zafiro brillaban.
--¡Pensé que erais un caballero, señor!
--Estás por completo en lo cierto, Smith --el capitán avanzó inclinado, con felina gracia, sin apartar un solo instante su burlona mirada de su presa--. ¿O debería decir señorita Smith? No importa. Como bien has señalado, yo era un caballero. Descubrirás que abandoné el título hace tiempo --se abalanzó sobre la muchacha, pero ella se apartó ágilmente.
--Si hacéis un solo movimiento más hacia mí, gritaré.
--Grita todo lo que quieras --Roxborough apoyó una delgada cadera sobre la mesa--. No pienso impedírtelo. Aunque reconozco que me causará grave pesar tener que compartir tan preciada presa con mi tripulación.
--Fitzroy, ¿qué es esta mierda?
--Henry, por favor. Nada de Fitzroy --guardó el archivo y apagó el ordenador--. Y esta mierda --le dijo, enderezándose-- es mi nuevo libro.
--¿Tu qué? --preguntó Hermione mientras se colocaba las gafas en su lugar. Lo había seguido desde la puerta del apartamento hasta la diminuta oficina pese a que él le había pedido que esperara unos minutos en el salón. Parecía que si iba a bajar a cerrar su ataúd, ella estaría detrás para verlo--. ¿De veras lees estas cosas?
Henry suspiró, tomó un libro de bolsillo de la estantería que había sobre el escritorio y se lo tendió.
--No. Escribo estas cosas.
--Oh --en la portada del libro, una joven mujer apenas vestida era abrazada apasionada, aunque discretamente, por un joven completamente desnudo. Por lo que anunciaba la cubierta, el romance estaba ambientado a "finales del siglo XIX", pero tanto los peinados como los maquillajes de ambos personajes resultaban claramente anacrónicos. El nombre de la obra y su autor aparecían en letra cursiva color lavanda: Maestro del Destino, por Isabel Fitzroy.
--¿Isabel Fitzroy? --inquirió Hermione mientras le devolvía el libro.
Henry volvió a colocar el libro en su lugar, se apartó rodando con la silla del escritorio y se puso en pie, sonriendo sardónicamente.
--¿Por qué no Isabel Fitzroy? Ciertamente ella tenía tanto derecho al nombre como yo.
El prefijo "Fitz" se asociaba a los apellidos de los bastardos y se concedía a los hijos accidentales reconocidos. El "roy" identificaba a su padre como el rey.
--¿No estuviste de acuerdo con el divorcio?
Su sonrisa se torció aún más.
--Siempre fui un súbdito leal del Rey, mi padre --hizo una pausa y frunció el ceño, como si tratase de recordar. Cuando volvió a hablar, su tono era menos burlón--. Me gustaba su Graciosa Majestad la Reina Catalina. Fue muy amable con un pequeño muchacho confuso a quien se había arrojado a una situación que no comprendía y que nunca le interesó demasiado. María, la Princesa Real, quien podría haberme ignorado o hacerme cosas peores, me aceptó como su hermano. --Ahora, su voz adoptó un tono cortante--. No me gustaba la madre de Isabel. Y el sentimiento era ciertamente mutuo. Dado que todas las partes implicadas han pasado hace mucho tiempo a mejor vida, ahora puedo decirlo. No, no estuve de acuerdo con el divorcio.
Hermione volvió a mirar a la estantería llena de libros de bolsillo mientras Henry, diplomática pero inexorablemente, la conducía fuera de su oficina.
--Me imagino que cuentas con un montón de material de primera mano para utilizar en los argumentos --murmuró con tono dubitativo.
--Así es --contestó Henry, mientras se preguntaba cómo era posible que hubiera gente a quien resultase más fácil de concebir la idea de un vampiro que la de un escritor de novelas románticas.
--Supongo que de esta manera habrás podido saldar cuentas con muchas personas de tu pasado --de todos los posibles y extraños escenarios que Hermione había imaginado para su encuentro de aquella noche con el hijo vampírico, bastardo y de más de cuatrocientos cincuenta años de edad de Enrique VIII, ni uno solo había incluido el descubrimiento de que era un escritor de ¿cuál era el término? novelones rosa.
Él sonrió y sacudió la cabeza.
--Si estás pensando en mis familiares, la verdad es que he saldado cuentas con la mayoría de ellos. Todavía estoy vivo. Pero no es por eso por lo que escribo. Soy bueno haciéndolo, me gano bien la vida haciéndolo y la mayoría del tiempo disfruto haciéndolo --hizo un gesto de invitación en dirección al sofá y tomó asiento en el otro extremo--. Podría limitarme a existir entre comida y comida. En realidad, lo he hecho en el pasado. Pero prefiero infinitamente una vida de confort a una miserable existencia en algún mausoleo infestado de ratas.
--Pero si has vivido durante tanto tiempo --se preguntó Hermione mientras tomaba asiento en la misma esquina que había abandonado esa misma mañana--, ¿por qué no eres rico?
--¿Rico?
Hermione descubrió que su sonora risa resultaba muy atractiva, y al tiempo se encontró especulando sobre... una bofetada mental devolvió su mente errante al asunto que se traían entre manos.
--Oh, claro --continuó él--. Podía haber comprado acciones de IBM por unos pocos centavos en mil novecientos... en... lo que sea. Pero, ¿quién podía saberlo? Soy un vampiro, no un clarividente. Y ahora --limpió un pedacillo de gasa de sus pantalones vaqueros--, ¿puedo hacerte yo una pregunta?
--Adelante.
--¿Por qué has creído lo que te conté?
--Porque vi al demonio y porque no había una razón lógica para que me mintieras --no había necesidad de hablarle sobre sus cualidades mágicas, ni sobre su conocimiento sobre criaturas místicas. De todas maneras, no había influido demasiado en su decisión.
--¿Nada más?
--No soy una persona complicada. Y ahora --imitó el tono que él acababa de adoptar--, ya está bien de hablar de nosotros. ¿Cómo se puede capturar a un demonio?
Muy bien, Henry accedió silenciosamente. Si así es como lo quieres, ya está bien de hablar de nosotros.
--No lo haremos. Yo lo haré --inclinó la cabeza hacia el extremo del sofá que ella ocupaba--. Tú te encargarás de encontrar al hombre o la mujer que lo está convocando.
--Me parece bien --para Hermione, rastrear la fuente y atraparla era el más lógico curso de acción, y cuanto más alejada se encontrase de aquel repulsivo jirón de oscuridad, más feliz se encontraría. Apoyó el pie derecho sobre la rodilla izquierda y cruzó ambas manos sobre el tobillo--. ¿Cómo podemos estar seguros de que nos enfrentamos a una sola persona, y no a un culto o una secta?
--El deseo concentrado es una parte importante de lo que trae al demonio a este mundo, y la mayoría de los grupos no pueden alcanzar el necesario estado de unicidad mental --se encogió de hombros--. Dada la tasa de éxitos, lo más probable es que se trate de una sola persona.
Ella imitó su encogimiento de hombros.
--Entonces contemos con lo que dictan las posibilidades. ¿Existe alguna característica o rasgo distintivo que deba buscar?
Henry alargó un brazo y comenzó a tamborilear con los dedos sobre la tapicería.
--Si lo que preguntas es si existe una clase específica de persona que convoca a demonios, la respuesta es no. Bueno --arrugó el entrecejo mientras reconsideraba la cuestión--, de alguna manera sí. Sin excepción, son personas que buscan respuestas fáciles, una manera de obtener lo que desean sin tener que esforzarse por ello.
--Acabas de describir el modo de entender la vida de millones de personas --dijo Hermione, seca--. ¿Podrías ser un poco más específico?
--El demonio está siendo convocado para que consiga bienes materiales; no tendría que matar si se mantuviese atrapado en el pentagrama respondiendo sencillamente preguntas. Debes buscar a alguien que haya adquirido repentinamente grandes riquezas, dinero, coches. Y los demonios no pueden crear nada, así que todo debe venir de alguna parte.
--¿Podríamos cogerlo por posesión de bienes robados? --no podían seguir la pista de todos lo pequeños robos que se producían en la ciudad, pero los coches de lujo, las joyas y las acciones eran bienes importantes, y por tanto susceptibles de ser rastreados. El pulso de Hermione se aceleró mientras consideraba las posibilidades que acababan de abrirse en la investigación. ¡Sí! Sus manos se apretaron hasta convertirse en puños y golpeó el aire con un ademán triunfante. Sólo era cuestión de tiempo. Lo tenían. O la tenían.
--Una cosa más --le advirtió Henry, mientras trataba de no sonreír frente a su reacción. ¿Cómo lo llamaban? ¿Boxeo fantasma?--. Cuanto más entre en contacto esa persona con la raza de los demonios, más inestable se volverá.
--¿Sí? Bueno, ese es otro rasgo por el que buscar, pero la verdad es que en estos malditos tiempos, ¿quién no es un poco inestable? ¿Qué hay del demonio?
--El demonio no es demasiado poderoso.
Hermione dejó escapar un bufido.
--¿Acaso tú serías capaz de destrozar la garganta de un hombre de un solo...? --se detuvo mientras Henry asentía en contestación a la pregunta que ella no había terminado de formular--. Pero nadie más que yo conozca podría hacerlo. Ese ser es realmente poderoso.
Henry sacudió la cabeza.
--No para ser un demonio. Debe alimentarse cada vez que es convocado para poder afectar a las cosas materiales de este mundo.
--¿Así que mata para alimentarse? ¿Las muertes fueron completamente fortuitas?
--Esas personas no significaban nada para la persona que controla al demonio, si eso es lo que preguntas. Si el demonio hubiera estado asesinando a los rivales personales o de negocios de una persona, a estas alturas la Policía ya la habría encontrado. No. Es el demonio el que elige dónde alimentarse y de quién hacerlo.
Hermione frunció el ceño.
--Pero existía un patrón visible en la sucesión de asesinatos.
--Mi suposición es que el demonio convocado está bajo el control de otro demonio, más poderoso, que pretende que el primero inscriba su nombre en la ciudad.
--Oh.
Henry aguardó pacientemente a que ella asimilara esta nueva información.
--¿Por qué? --en realidad, no estaba segura de lo que deseaba saber o de lo que necesitaba preguntar.
--Acceso. Acceso libre y no controlado para el demonio más poderoso y todos los de su especie que desee traer consigo.
--¿Y cuántas muertes harán falta para que el nombre se complete?
--No hay manera de saberlo.
--¿Una? ¿Dos? Debes tener alguna idea --saltó. Con una mano le daba esperanza mientras con la otra se la arrebataba. Hijo de puta--. ¿Cuántas muertes hacen falta para formar el nombre de un demonio?
--Eso depende del demonio en cuestión --mientras Hermione lo miraba con inquietud y enfado, se puso en pie, caminó hasta la biblioteca y abrió una de las puertas de cristal. Extrajo un libro del tamaño de un diccionario y encuadernado en piel. Probablemente un día había sido de color rojo, pero años de uso habían trocado el color original por un negro desgastado y grasiento. Volvió a tomar asiento, esta vez más cerca de ella, limpió los cierres metálicos, cubiertos por una pátina oscura y abrió el libro.
--Es un manuscrito --se maravilló Hermione mientras tocaba cautelosamente el borde de una página. Al instante apartó los dedos. Había sentido una extraña calidez en el pergamino, como si acabase de tocar algo obscenamente vivo.
--Es muy viejo --Henry ignoró su reacción; la primera vez que había tocado el libro su reacción había sido muy parecida--. Estos son nombres demoníacos. Hay veintisiete de ellos y no tenemos forma de saber si el autor llegó a conocerlos todos.
Los nombres, escritos con una espesa tinta en un trazo inquietantemente curvo, constaban por lo general de siete u ocho letras.
--Todavía queda mucho para que el nombre sea concluido --dijo Hermione aliviada. Aún tenía tiempo para encontrar al bastardo que había detrás de todo el asunto.
Henry sacudió la cabeza. Odiaba arruinar su entusiasmo.
--No está trazando su nombre, sino el símbolo que le corresponde --pasó varias páginas. Más adelante, la lista de nombres se repetía y junto a cada uno de ellos aparecía un signo geométrico. Algunos era muy simples--. La alfabetización es un fenómeno muy reciente --murmuró Henry--. Los símbolos son todo lo que hace falta.
Hermione tragó saliva. Repentinamente, sentía la boca seca. Algunos de los símbolos eran realmente muy simples.
Silenciosamente, Henry cerró el libro y lo devolvió a su lugar en la estantería. Cuando se volvió hacia ella, extendió los brazos en un gesto de impotencia, ella quería leerlo, era un libro único y ella necesitaba leerlo, pero no se sentía con la suficiente confianza para pedírselo.
--Desgraciadamente --dijo-- no puedo detener al demonio hasta que vuelva a matar.
--¿Por qué no?
--Porque tengo que estar allí, preparado para enfrentarme a él. Y la última noche concluyó la segunda parte del patrón geométrico.
--Entonces podría haber completado...
--No. Lo sabríamos si fuera así.
--Pero la siguiente muerte, la muerte que vuelva a dar comienzo al trazado del patrón, podría ser la que...
--No, aún no. Ni siquiera los nombres menos complicados podrían ser trazados tan rápidamente.
--Estabas preparado para enfrentarte a él la pasada noche --él había estado allí, al igual que ella--. ¿Por qué no lo detuviste entonces? --pero si era tan sencillo, ¿por qué no lo había hecho ella?
--¿Detenerlo? --la risa que siguió apenas contenía humor--. Se movía tan deprisa que apenas pude verlo. Pero la próxima vez, después de que mate, ahora que sé a lo que me enfrento, estaré esperándolo. Puedo atraparlo y destruirlo.
Sonaba alentador, si es que la próxima vez había un después de que mate.
--¿Lo has hecho antes?
Ella necesitaba seguridades, certezas pero Henry, que sabía que podía hacerla creer cualquier cosa que quisiera, descubrió que no podía mentir.
--Bien, no --del mismo modo, nunca había sido capaz de mentirle a Ginevra, otra similitud entre ambas mujeres que hasta el momento no había descubierto.
Hermione respiró profundamente y se aferró el borde de su suéter.
--Henry, ¿puede ser muy malo si el nombre del demonio se completa y éste se libera?
--¿Malo? --suspiró y se apoyó contra la estantería--. A riesgo de parecer presuntuoso, diré que sería como abrir las puertas del Infierno.
