¡LEER! 1- Quiero perdiles cordialmente a todos ustedes que me sigan en Facebook, bajo el nombre de Esther Adriana o por Instagram por Ishtar Emunah para que lean mi nueva historia, completamente original. Una novela propia, que imagine desde los 16 años, pero espere hasta tener la madurez suficiente para poder contarla, es un tema fuerte. No ha sido fácil imaginar y alimentarme de muchos hechos históricos, me encantaría ustedes lo lean, cada semana voy subiendo un capítulo nuevo a mi perfil de Facebook y el perfil de Instagram, donde verán el link directo que los llevara al libro.
No les pido que lean todo si no les gusta, pero me he tomado el atrevimiento de pedirles una oportunidad.
Espero de corazón me den alguna respuesta positiva. Es algo que he anhelado desde siempre, próximamente también la subiré a Wattpad, pero por los momentos está solamente en Litnet. Lo primero para que algo se cumpla, es soñarlo, ¿no? Pues he soñado con este libro desde mucho tiempo, así que ahora les toca ustedes darme un chance.
2- Quiero también pedirles disculpas por el tiempo transcurrido, he comenzado a trabajar en otra clínica y no ha sido fácil. El tiempo me ha escaseado, pero aquí estoy. Como lo he dicho, no dejo nada a medias, seguiré escribiendo hasta el final... así como también seguiré feliz de relatar squirt (Benditos sean)
3- Gracias por sus comentarios, por las alertas que me mariquean al verlas. Soy dependiente de ustedes, me alegro en extremo cada vez que los leo, que internalizo que les gusta mi narración.
POR FAVOR, ESPERO LEAN MI NUEVA HISTORIA.
Mariposas asfixiadas
- ¿Te gusta esta mesa? – Pregunto la pelirroja, habían comprado dos vestidos, tres pares de zapatos altos, ligas para el cabello, horquillas, un perfume que según Ginny haría que cualquier hombre suplicara por meterse entre las piernas de la castaña y un libro sobre encantamientos avanzados, eso aburrió en extremo a la única mujer Weasley, pero sabía con quién estaba, con sabelotodo Granger. Después de comprar todo lo referente a la cita, le concedió entrar en la librería.
- Lo que quiero es devorarme todo el menú – respondió la castaña. Eran pasadas las 2 de la tarde y estaba realmente hambrienta. Fueron a un restaurante algo fino en comparación a los que habituaba la castaña, pero Ginny había insistido en ir porque siempre iba con el equipo después de alguna victoria.
Esperaron a que las atendiera el mesonero del restaurante, un hombre bastante guapo y muy servicial.
- ¿Desean pedir ya o les traigo una copa antes? – Que voz tan sensual y bien preparada tenía ese muchacho, se notaba que exigían tener un aspecto envidiable para trabajar en el prestigioso lugar.
- Una copa de tinto, por favor – pidió la castaña con una sonrisa.
- Un whisky – dijo la pelirroja no sin antes guiñarle el ojo al mesonero. Él sonrió y se retiró.
- ¡Ginny! – Reprendió la castaña escandalizada. ¿Por qué tenía que ser tan ligera? – Menos mal que no terminaste con Harry porque hubiera llevado más cuernos que bueno pues…
- Es verdad – accedió la mujer en carcajadas. Le gustaba el sexo, demasiado para el gusto de la mayoría de las personas, por eso no contaba nada a nadie, se guardaba su necesidad de sexo para ella misma y a la única persona que le contaba sus secretos y encuentros era a la castaña. Su mejor amiga.
- ¡Por Godric! – Exclamo la castaña torciendo los ojos. En ese momento llego el hombre con la copa y un vaso. Les deseo salud y se retiró del lugar, no sin antes recibir otro guiño de la pelirroja. – Eres incorregible.
- Lo sé – contesto con una sonrisa – así me amas. – Profeso como verdad absoluta, la castaña no pudo hacer otra cosa que reír sonoramente. – Vamos a brindar – dijo la pelirroja levantando el vaso, Hermione la imito con su copa y espero a que dijera algo – porque encuentres en este mundo lo que tanto mereces, amiga mía, eres la mejor persona que conozco y solo mereces felicidad – asevero. Hermione no pudo evitar sentir un calorcillo en sus ojos, esa condenada bruja tenía una labia brutal, con razón era tan famosa con el sexo opuesto.
- ¡Salud! – dijeron a unísono. – Te toca – dijo Ginny.
- Brindo porque la oscuridad ya no vuelva a poblar en nosotros y porque tú también encuentres a una persona que logre darte guerra, un Ginny versión masculino, inaguantable e insuperable en tú sabes que ámbito – bromeo la castaña, guiñándole un ojo a ella esta vez. Ginny carcajeo.
- ¡Salud! – Dijo solamente Ginny, la copa de Hermione se quedó a medio camino. - ¿Qué pasa? – Pregunto la pelirroja viendo como la castaña no se movía sino que transformaba su expresión en una de rabia, apretaba la copa con su mano y enfocaba su mirada de una cordial y cálida llama a una digna del mayor incendio forestal del mundo. Sin esperar respuesta siguió la línea de su mirada y vio enseguida la causa de su estrepitoso cambio de humor. El hurón albino estaba entrando al restaurante con una mujer sumamente guapa colgada del brazo. – Ese cabrón –dijo la pelirroja en un susurro amenazante. - ¡Vámonos! – Le dijo a Hermione, pero cuando miro su rostro se encontró con la castaña apretando los labios en una fina línea. Se fue a levantar al instante, pero la castaña la tomo del antebrazo.
- Siéntate – fue un sibilante susurro que helo su sangre. Jamás le había ordenado algo, pero ahora se lo decía con una determinación que daba miedo, lo peor del asunto es que el rubio petulante estaba caminando en su dirección pero no se había dado cuenta que allí sentada estaba la castaña. Ginny trago grueso, veía en la mirada de la castaña peligro, real peligro, temía que fuera a hacer un espectáculo en el lugar.
- No vayas a hacer nada, Herms – susurro lo más bajito posible la pelirroja viendo de reojo al rubio que caminaba galantemente con esa rubia exuberante de senos grandes; cintura angosta y caderas anchas; cabello falsamente largo y liso de un amarillo tan llamativo que podía quemar su cornea y una cara de frivolidad y sin cerebro que asqueaban a la pelirroja.
- Ese maldito – susurro la castaña con veneno, su mirada ardía como mil pailas hirviendo llenas de aceite de motor. - ¡Salud! – Exclamo la castaña en voz alta cuando el rubio estaba pasando casi por su lado, inmediatamente la leona se tomó de un solo sorbo el vino que quedaba en su copa, que no era poco y lo miró directamente a la cara.
- ¿Granger? –Pregunto él sin poder evitarlo. Le sorprendía horrores ver a la castaña en ese lugar y le jodía en la madre que lo haya visto allí con esa mujer.
- ¿Hermione Granger? – Pregunto la rubia en un tono de voz tan chillón que la castaña no pudo evitar hacer una mueca de desagrado, sus tímpanos se quejaron. - ¿La heroína de guerra? – Casi pega un grito al ver que la castaña asentía con fastidio. - ¡Increíble! – Grito de nuevo y se abalanzó hacía ella para abrazarla, Hermione no dejaba de taladrar con la mirada al rubio. – Te admiro tanto – repitió tres veces seguidas - ¿Puedes firmarme un autógrafo? – Hermione asintió anonadada, estaba un poco desencajada. No dejaba de sentir la mirada expectante del rubio sobre ella y la de Ginny ansiosa.
- Claro que si – acepto la castaña con una falsa sonrisa, ella y su puta educación, lo que quería era matar al rubio desgraciado y a esa rubia falsa y chillona.
- Amor, ¿Por qué no me dijiste que conocías a Hermione Granger? – Un tic nervioso se apodero del ojo del rubio y una demoledora paso por encima de la castaña en el mismo instante en el que esa mujer se refirió a él con el apelativo de amor. ¿Cuánta confianza tenía esa mujer en él? ¿Cuánto tiempo llevaban juntos? ¿Acaso ella había sido solo una estúpida que se había acostado con él, una más de la lista de conquistas? ¡Maldita sea!
- Estudiamos juntos – respondió la castaña por él al ver que él estaba en mute, viéndola como un idiota.
- ¿Estudiaste con Hermione Granger? - ¿Por qué tenía que gritar tanto? Pensaba la castaña una y otra vez, en cada frase que ella dejaba salir de sus labios con todos los decibeles existentes.
- ¿A nombre de quién el autógrafo? – Pregunto la leona ignorando la pregunta que ella ya había respondido. ¿Acaso tampoco tenía masa gris en esa cabeza? Bien, estaba molesta, no podía negarlo, emanaba rabia por los poros, pero es que la puta noche anterior había dormido con él y ahora él estaba con una tipa que ella ni siquiera le veía algo bonito.
Si, de acuerdo, tenía un cuerpazo.
Si, tenía un rostro agraciado.
Pero, no veía absolutamente nada más que ello. ¿O acaso solo la estaba viendo con ojos de celos? Un momento, ella no estaba celosa, ¿O sí? ¡Ay! No lo sabía, lo que si sabía es que quería partirle la nariz de nuevo al rubio imbécil. Y esta vez no solo era por considerarlo una rastrera cucaracha, ahora podía calificarlo de muchas maneras más.
Y mañana tendría que verlo en el trabajo, ¡maldita sea su suerte! Lo quería degollar. ¿Iría presa si lo hiciera allí mismo? ¿La perdonarían por ser una heroína de guerra? ¿Y si la mataba a ella a punta de cachetadas por ser una zorra?
- Me llamo Amira Gutz – respondió la rubia con un contoneo innecesario de caderas y cabello. La castaña torció los ojos hacía Ginny que no dejaba de acribillar al rubio con la mirada y firmo una servilleta. – Eres hermosa – le dijo con voz melodiosa o medio odiosa depende quien lo escuchara, Hermione sonrió – me encantaría tomarme una fotografía contigo.
- La próxima vez que andes con tu novio tal vez nos encontremos y nos hagamos una – pico con una sonrisa la castaña. Tenía que admitir internamente que sentía que en cualquier momento se iba a derrumbar, pero no sería frente a él, no señor, ese idiota no vería para nada lo afectada que se encontraba.
- Que linda eres – admitió la mujer de nuevo, se afianzo más del brazo del rubio y en una acción bastante repentina beso los labios del rubio frente a la castaña. ¿Podía irse a llorar ya? No, no podía. No debía dolerle tanto algo que no llevaba absolutamente nada, pero allí estaba, partiéndose en mil pedazos algo en su interior. ¿Cómo era posible que minutos antes tuviera tanta hambre? Ahora no quería sentir ni siquiera el olor de la comida cerca de ella, sentía arcadas cada vez más amenazantes en la boca de su estómago. Él no correspondió el gesto, pero tampoco lo evito. Que estúpida había sido, la habían embaucado.
- ¿Si quieres se pueden sentar aquí con nosotros? – Hermione puso los ojos como plato, estaba segura que Ginny había perdido la cabeza al pronunciar esa pregunta tan descabellada, pero ver su sonrisa fue lo que le bastó para saber que si lo había hecho y con toda la intención posible.
- ¿En serio? Nos encantaría – es que esa mujer no se enteraba de nada, de la mirada incomoda del rubio, su pose tensa; la castaña no pudo sonreír más, estaba incomoda. No quería cenar con él, no quería ni siquiera verlo. No podía afirmar que le había traicionado, pero exactamente así es que se sentía, traicionada.
- ¿Sabes lo que vas a ordenar, Herms? – Pregunto Ginny luego de un rato que estaban los cuatro sentados, Hermione sentada al lado del rubio para mala o buena suerte de ella misma y la pelirroja al lado de esa petulante y vacía rubia que no dejaba de parlotear.
- Si, esperemos que ellos sepan también lo que ordenaran – dijo la castaña, se apretaba las manos con fuerza debajo de la mesa para no pararse e irse de ese lugar, aguantaría lo que debía aguantar.
- Pensé estabas enferma – susurro el rubio para la castaña que no pudo evitar tensarse, ¿Por qué tenía que tener su cuerpo esa reacción ahora que escuchaba su voz?
- Tengo ganas de vomitar, realmente – respondió ella también en un susurro y una mirada cargada de reproche y odio.
- Es solo una amiga – hablaban en un hilillo de voz. Hermione quiso bofetearlo en ese instante. ¿Cómo podía ser tan cara dura? Maldito egocéntrico y ella también que sentía sus piernas temblar simplemente por escuchar su tono de voz ronco y profundo.
- Eres un…
- Amor yo quiero solo una ensalada – el nefasto insulto que preparaba la castaña fue interrumpido por la chirriante voz de Amira.
- Bien – contesto el rubio con el gesto regio - ¿Podemos hablar? – Le pregunto en un susurro a la castaña nuevamente. Hermione se apretó los muslos en ese instante, ¿Hablar? Ahora quería hablar, después de decirle lo que le dijo en su casa, esa misma mañana, después de haberse acostado y dormido juntos. Pues no. No quería hablar con él.
- Voy al baño, permiso – se excuso la castaña con rudeza, no podía mantener un semblante tranquilo, fingir que todo estaba bien cuando realmente no lo estaba. No aguantaba tener que estar en la misma mesa con esa mujer y tenerlo a él a su lado. No entendía porque Ginny había hecho aquello y tampoco podía reclamárselo en ese instante, pero su estabilidad emocional y mental pendía de un hilo, porque había aparecido él con ella colgando en su brazo después de haber paralizado su vida una noche entera, llena de sensaciones que pensaba no podría sentir jamás.
La castaña se levanto en el acto y camino con paso firme hacía el tocador. Se echo agua fría en el rostro unos largos minutos, su respiración era irregular, no aguantaba el vació doloroso que sentía afianzarse en el centro de su pecho y tampoco entendía porque sus piernas no paraban de temblar.
Un remolino se reformulaba en su cerebro. Le gritaba que saliera de allí, que lo olvidara. ¿Qué otra respuesta estaba esperando? Él había salido con otra mujer, realmente era un desgraciado y esa misma mujer le llamaba con apelativos melosos a los cuales él no ponía algún tipo de queja.
Claramente eran algo y ella simplemente fue el polvo que le había faltado a Draco Malfoy para tener un expediente completo, un tachón más para su amplia lista de conquistas.
- Estúpida – resoplo la castaña enfocando su mirada en el reflejo que le daba el espejo que tenía frente a ella. Sus manos temblaban y sentía la bilis en sus labios. Tantas veces criticando a las mujeres que se acostaban con hombres en una sola noche y ella lo había hecho, no una vez, sino varias, desde el colegio hasta en su propia casa, en su cama donde no se había acostado con nadie jamás. – Estúpida – repitió varias veces hasta que tomo la decisión de irse. No tenía por qué ser cortes, ella no era hipócrita y no empezaría a serlo ahora.
Apunto la varita hacía ella misma y de nuevo se encontraba perfectamente pulcra. Maquillada y peinada adecuadamente, suspiro unas cuantas veces frente al espejo y se dio la vuelta para salir no solo del baño sino del restaurante.
- Hey – esa maldita voz del demonio.
- Es el baño de mujeres, te has equivocado – quiso sonar tajante, pero verlo frente a ella le hacía sentir mal – permiso – quiso pasar sobre él y salir de allí, pero los reflejos del rubio fueron más rápidos que los de ella y en un ágil movimiento la acorralo contra el lavado y sus brazos.
- ¿Podemos hablar?
- ¡Quítate! – Exclamo ella alterada, evitando respirar el mismo aire que salía de la nariz y labios del rubio, ese asqueroso aroma a menta, el desquiciante aroma de su perfume caro le embobaban los sentidos, no podía aguantarlo.
- Ella es solo una amiga, en serio - ¿Por qué le mentía? Fue la gota que colmo el vaso, no, fue la gota que colmo el embalse.
- No me interesa – recrimino ella con real rabia – puedes decirle a ella eso mismo de mí, espera, eso se lo he dicho ya – escupía cada palabra con el mayor rencor que podía – ha quedado claro todo lo que paso – intento zafarse de él, pero el rubio la aferro con más fuerza, tenía clavada su mirada en ella, intentando intimidarla pero la castaña no podría ser intimidada ni siquiera por la resurrección de Voldemort en ese instante. – Suélteme, Malfoy.
- Prefería cuando me decías Draco – y la mirada llameante de la castaña casi hizo que el rubio la soltara despavorido.
- Vete a la maldita mierda – espeto ella en un grito, forcejeando con él. Intentando de manera inútil salir de su agarre - me estás lastimando – aviso en un hilillo de voz después de darse cuenta que hiciera lo que hiciera, él era más fuerte.
- Solo quiero que te quede claro que ella solo es mi amiga – no podía ser más cara dura, la castaña sonrió con falsa alegría.
- Y yo tu compañera de colegio – había dolor y el rubio lo sabía. ¿Cómo podía solucionar ese embarre que había ocasionado él mismo? No lo sabía. Jamás pensó que encontraría en ese restaurante a la castaña y menos que su acompañante sería tan fanática de ella. Que dolor de huevos tenía en esos momentos, era evidente que Amira le sabía a mierda, pero como demostrárselo a Hermione.
Que molesto era darle la razón a Blaise, ni siquiera ahora sabía para qué carajos le había invitado a salir, esa mujer siempre le había parecido completamente insoportable, aunque si se ponía a pensarlo con frialdad, era exactamente ese el motivo. Al ser tan insoportable, seguramente le habría despejado la mente, evitado hacerle pensar en la castaña, pero el destino jodido se había encargado de darle una bofetada más fuerte y concisa que la que había recibido hace algunos años por esa misma castaña que ahora tenía aferrada contra el lavado del baño, evitando que se fuera de ese restaurante y de su vida.
- No solo eres mi compañera de colegio – repuso él.
- Es cierto, también soy tú compañera de trabajo – contraataco. Draco quiso sonreír por las palabras tan desquiciantes que esa mujer daba sin tregua, pero se mantuvo tranquilo. – Quiero irme, Malfoy, permiso – quería patearle el trasero en ese instante, pero hiciera lo que hiciera no podía sacárselo de encima.
- ¿Quieres que le diga que se vaya? - ¿Cómo podía hacerle una pregunta así? ¿Acaso pretendía regresar a su departamento y hacer como si nada hubiera pasado? Definitivamente los hombres eran unos desgraciados.
- Quiero irme yo – escupió con desagrado la castaña.
- No te pongas así – recalco el rubio mientras afianzaba su agarre y pegaba su torso a ella. – No me he acostado con ella. – Iba a darle una segunda oportunidad al rubio… si se quitaba de inmediato de encima de ella, no lo iba a matar. No quería escuchar más su irónica voz, petulante rubio engreído.
- Puedes hacerlo, eres un hombre soltero – replico la castaña forcejeando ligeramente para que él se separara. – Quiero irme – pidió con reticencia.
- Yo quiero que te quedes – susurro él muy cerca del rostro de la castaña, demasiado para que ella pudiera pensar con claridad. Qué bien sabía jugar ese platinado ultra sexy. – O puedo irme contigo – coqueteo él. Hermione no sabía realmente que pensar, hacer o decir.
Entendía perfectamente que Draco era, siempre había sido un Casanova de primera categoría, que le encantaba meterse entre las faldas de todo el colegio, allí si no le importaba casa o sangre, pero ahora, se suponía que eran adultos y esas cosas eran niñerías que debían haber superado hace tiempo.
Se habían acostado y no podía achacarle toda la culpa a él, porque honestamente, ella había disfrutado muchísimo aquellos encuentros, tanto que sus emociones ahora estaban todas revoloteadas, su corazón se hinchaba al tenerlo tan cerca y sus piernas no dejaban de temblar, pero él había sido claro esa mañana y si ella no le hubiera alejado primero, él lo hubiera hecho sin chistar.
Ahora estaba allí, en ese restaurante donde se encontraron por casualidad y él no había ido solo. No duro ni dos horas para conseguirse una sustituta, una bastante diferente a ella, porque no podía negarse que la rubia a pesar de tener en apariencia un hueco cráneo, tenía un cuerpo de impacto, voluptuoso y exótico. Nada comparado al que ella poseía, no es que se menospreciara, pero su cuerpo podría considerarse entre los rangos de normalidad sensual, no como el de ella, que podías perder tu rostro si caías en su escote. El punto es, él consiguió un reemplazo en menos de lo que canta un gallo y ahora la estaba intentando seducir de nuevo; era definitivamente increíble.
- Malfoy, suéltame – grito ella sin control. El pensar cada cosa que acarreo con otra la hizo estallar. Era un idiota, y ella también lo era por confiar en él. ¿Qué clase de extraordinaria bruja era? Había confiado en ese idiota, tenía que haber sabido que el que nace idiota, muere idiota.
Pero Malfoy no obedeció, no lo hizo por dos sencillas razones… una: estaba completamente cagado de perder a la castaña ahora que veía en su mirada no solo rabia sino decepción. Esa mirada que le echaba encima estaba cargada de tanto desprecio que no hizo más que calar en lo más profundo de su ser y hacerle entender que Blaise de nuevo tenía razón, esa condenada bruja era la indicada.
Dos: Tenía abstinencia de su cuerpo. Sentir su calor traspasar sus manos aunque solo fuera por la rabia que bullía desde su interior, era suficiente para hacerle entender que esa era la calidez que anhelaba sentir, no la de la rubia que se le ocurrió invitar a comer.
Había tenido varios encuentros con Amira, definitivamente era excelente en la cama, pero ya. Solo era eso, un buen polvo. No era la leona, para nada era como la leona.
La había jodido y lo sabía, el problema es que él no sabía cómo amansar a una fiera.
Y podría dar un tercer motivo por el cual se había levantado de la mesa con un escaso disculpa y había ido directamente al tocador para interceder a la castaña, pero no quería ni podía admitir algo tan descabellado todavía y menos porque él realmente ignoraba aún ese tercer motivo.
- Quédate – pidió él en un susurro tan cerca que la castaña sintió su aliento golpear contra sus labios, lo siguiente que sintió fueron exactamente esos labios impactar contra los suyos. Demandantes y ansiosos por invadir su cavidad. Quiso empujarlo, pero su propio cuerpo se rehusó a lastimar al rubio y abrió los labios para ser invadida por su hábil lengua que danzo con habilidad con la suya. Se dejo besar y aprisionar por la cintura con ambas manos del rubio, sintió sus muñecas libres del agarre del rubio y en ese instante abrió los ojos, notando como él los mantenía cerrados mientras la besaba, mientras se aferraba a su cuerpo con frenesí.
Termino de besarlo con lentitud y cuando el rubio separo sus labios de los de ella le sonrió, la castaña sentía el palpitar de su corazón velozmente, pero también sentía sus ojos escocer. Odiaba que le sonriera como lo hacía, él no tenía derecho a querer tener derecho sobre ella y menos de esa forma tan insolente.
Tal vez no lo pensó bien, tal vez lo que quería era eso, no pensar sino hacer y eso fue lo que hizo.
Su mano derecha se levanto y se dirigió en un movimiento certero a la mejilla del rubio, el sonido hizo eco en el baño. Sintió una picazón en la palma de su mano y pudo admirar la marca de cinco dedos en la mejilla nívea del rubio. Debió sentir lástima, pena o vergüenza, pero lo que sintió fue placer. Ver como él llevaba su propia mano a su mejilla colorada y la miraba de medio lado con asombro. Se notaba en su mirada grisácea que no se había esperado algo así.
- Eres un cretino – escupió ella pasando por él, camino unos pasos hacía la puerta y antes de tomar el pomo se detuvo en seco – no te acerques jamás a mí – y salió del baño. Le dolía sentirse como lo hacía en ese instante, él era quien había esperado el momento de esa misma mañana para irse y no volver sino cuando quisiera un buen polvo y ella no era solo eso, no lo era y tampoco lo quería ser. Por eso lo había abofeteado, porque ella se abrió ante él después de años sin confiar en alguien, lo había hecho porque creyó ver algo en su mirada que la magnetizo y atrajo sin tregua, pero se había equivocado. Lo que creyó ver simplemente fue la habilidad de seducción del rubio y ella no fue la excepción, fue la regla.
Draco se quedó en el baño unos minutos, viendo su reflejo en el espejo. Notando sus labios rosados e hinchados por haber besado a la castaña, sus ojos oscurecidos por la excitación y la sorpresa de haber sido cacheteado sin aviso alguno y su mejilla, le ardía y picaba cada silueta de los dedos de esa leona.
Nunca le habían abofeteado por dar un beso, en toda su vida realmente solo había recibido dos golpes en el rostro, casualmente los dos fueron por la misma mujer. Sabía que podía molestarse, pero ese hecho, pensar en la causalidad de ser lastimado por la misma mujer por motivos diferentes, tiempos diferentes y definitivamente lugares diferentes le causaban gracia.
Citaría a Blaise en su cabeza: Granger era una mujer de ensueño. El detalle era que él no lo era. La jodería, seguir pensando que podría estar con ella era ser un idiota ilusionado y él no lo era.
Por el mismo Salazar, él añoraba con tener sexo mil veces al día, llegaría el momento en que ella no querría y él buscaría algo más en alguien que si quisiera y entonces ella se volvería una arpía y terminarían odiándose, mandándose a la mierda y olvidando que en algún momento se acostaron en el aula de pociones, eliminando de la mente de ambos las explosiones que sentían con tan solo mirarse, él no quería divorciarse por segunda vez, no anhelaba para nada tener que pasar por algo así de nuevo y menos con alguien como Granger, que parecía ser una mujer de primera calidad.
En el mundo en el que él vivía, las mujeres eran sencillas. Querían sexo, dinero y más dinero.
Granger no, ella quería conocimiento, tranquilidad y muy posiblemente si quería sexo, con lo fogosa que era no le quedaba duda que le gustaba. Pero ¿y él? ¿Qué carajos quería?
Estaba viendo su reflejo sonriendo con la mejilla colorada e hinchada pero a pesar de eso sus pies no corrían detrás de la castaña para volver a besarla y decirle, quédate, pero esa vez en serio. Eso era lo que quería, su corazón acelerado se lo decía y sus labios hinchados también, ella era lo que quería, entonces ¿Por qué?
- ¡Joder! – Exclamo con fastidio dando un golpe al porcelanato del baño. Tenía un desorden en su cerebro. Quería fastidiarla, olvidar el asunto y estar con ella, su masoquista mente lo único que hacía era rememorar una y otra vez el aula de pociones, el despacho del ministro, la habitación de la castaña. Sus gemidos, su aliento, las uñas de ella arañando su espalda, sus dientes mordiendo sus labios, los fluidos adictivos que salían de ella cuando él la hacía llegar al placer de los dioses.
Esa cachetada no le dolía, lo que le estaba carcomiendo el interior de su pecho era la última palabra que le escucho decir antes de salir del baño. Esa advertencia; no te acerques a mí. No dejaba de resonarle en los oídos, adentrarse en sus poros y batir su cerebro.
Él no podía aceptar eso, no ahora que aceptaba algo que no quería aceptar pero que no le quedaba de otra al ver su reflejo. Ella le gustaba, le volvía loco sin ni siquiera besarla.
Merlín debía estar orgulloso de él al ver como se contuvo al no besarla a penas la vio en ese restaurante tan bonita, fresca y con los ojos hinchados por culpa de su estupidez.
¿Acaso siempre sería un cobarde?
- Maldita sea – se recrimino de nuevo, podía quedarse todo el día allí metido. Taladrándose el cerebro con el recuerdo de su mirada opacada por culpa del beso que él se atrevió a darle y la acción estúpida de haber salido con otra mujer el mismo día que había salido de su apartamento, para no volver más.
Lo habían corrido de muchas casas después de una ruptura y él jamás extraño volver a ellas, pero ahora el único lugar donde le apetecía estar era en una cama con cobertor cálido, rodeado de unas paredes color melón, viendo la serie que ella le gustaba pero que no pudo ni ver un capítulo porque estaba exhausta por todo el placer que él le había brindado. Quería estar entrelazado en las piernas de la castaña que acaba de irse de su lado, quería…
La quería a ella.
oOo
- ¿Podemos hablar? – Le pregunto su mejor amigo, estaba con una mejilla inflamada, los ojos oscurecidos y la corbata desanudada. Se veía algo ebrio pero definitivamente todavía no estaba borracho.
- Pasa – accedió Blaise que estaba realmente extrañado por tener una visita como esa, Draco casi nunca iba a su departamento. Era él quien siempre lo iba a molestar. - ¿En qué te puedo ayudar?
- Mátame – pidió el rubio tirándose sin ningún tipo de delicadeza sobre el sofá.
- ¿Qué te paso? – Pregunto el moreno con la ceja alzada, buscando dos vasos y una botella de whisky.
- Hoy vi a Granger – contesto el platino. Blaise suponía algo así, pero aún no tenía toda la información así que, seguía sin entender. – Estaba almorzando con la pequeña comadreja en el restaurante al que siempre voy.
- ¿Con quién estabas tú? – Pregunto instantáneamente el moreno, sirviéndose una buena porción de licor en su vaso y llenando el de Draco también.
- Amira – espeto en un bufido el rubio, tragando todo el licor de un solo movimiento. Blaise silbo impresionado – la intercepte en el baño – continuo el rubio, tenía que soltarlo todo porque si no, no le daría tiempo. – Me cacheteo – espeto con desdén – me dijo que no me acercara más a ella – las palabras le sabían amargas al decirlas en voz alta – maldita impura – espeto. Paso una de sus manos por su rostro hasta su cabello, despeinándolo un poco.
- ¿Y por eso estás así? – Draco negó - ¿Entonces? – Instó el moreno.
- Fui con Amira a mi casa – comenzó de nuevo el rubio con más tensión – comenzamos a lo que realmente íbamos a hacer hoy…
- ¡Suéltalo de una vez! – Le grito fastidiado la serpiente más oscura, fastidiado por todo el suspenso que Draco daba a cada palabra.
- La llame por el nombre de Hermione cuando acabe – y Blaise abrió la boca hasta casi desencajársele de la mandíbula. – Eso no es todo - ¿Qué podía ser peor? – Ella ignoro ese hecho, pero cuando quiso volver por el segundo polvo, ni siquiera con sus hábiles dedos y ágil lengua pudo ponerme duro – Blaise quería reír, no podía negarlo pero de tan solo pensar que algo así podría pasarle a él se abstuvo. Que desgracia le contaba su amigo, era la historia de terror más horrible que había escuchado en su vida. – La maldita Granger no sale de mi mente – espeto él.
- …
- ¿No piensas decir nada?
- Tío, estoy sin palabras – dijo Blaise rascándose la cabeza, anonadado por la información que acababa de recibir.
- Yo estoy peor.
- ¿Y qué harás?
- Hacerle un imperio a Granger para que no se ponga obtusa y vuelva a acostarse conmigo – parecía que lo decía con tanta seriedad que Blaise arrugo el gesto.
- ¿Me estás jodiendo? – Pregunto incrédulo.
- Pues ya ni lo sé, pero no puedo estar así por mucho tiempo, si me vuelve a pasar algo así me volveré loco. Después de años tuve que pajearme, Blaise – y esa confesión fue demasiado para la precaria mente del moreno que estallo en carcajadas, no quería imaginarse el dolor de bolas que hubiera tenido su mejor amigo si no se satisfacía de algún modo.
- Te pajeaste en nombre de la sabelotodo – logro decir entre carcajadas.
- Y no sabes cuan frustrado estoy ahora – maldijo entre dientes el rubio. Cuando Amira se dio cuenta que no podría hacer nada por ese blandengue rubio, se levanto con decepción de la cama y se marcho de la casa del rubio que la obsesionaba, por eso había ignorado premeditadamente que él le llamara por otro nombre cuando acababa dentro de ella, había escuchado claramente como el nombre de la mujer que admiraba salía de los labios de él.
Muchas cosas se ataron en su mente en ese instante, el motivo por el cual él duro tanto en el baño y ella salió casi corriendo del de mujeres y se fue sin la misma pelirroja con una excusa que no le dio tiempo en ese momento de racionalizar. Ver como el rubio salía del baño con un aspecto más lúgubre y la mejilla roja, explicando que le había picado un insecto y se había tenido que golpear y que el tener la cara tan sensible le había dejado marca. Todas esas cosas ahora parecían absurdas, porque se daba cuenta que la tensión del rubio no se debía a estar frente a una heroína de guerra sino a una amante, al parecer una que había calado hondo en su ser, no como ella que simplemente era un polvo aceptable para él.
Aún recordaba las veces que le había implorado estar con ella, que ella le amaba y quería estar con él, haría lo que fuese por ser la señora Malfoy, pero él jamás lo intento, ni siquiera le dio la oportunidad de acariciarle el corazón y ahora entendía que jamás lo haría. Ella podía parecer una tonta, pero eso era lo que la gente pensaba, sabía cuando no tenía oportunidad y darse cuenta que ni siquiera podía excitar al rubio había sido su carta de "despido" y lo haría con dignidad. No dijo absolutamente nada, solamente se levanto de allí y se fue lo más dignamente que pudo, no mucho porque dignidad no era una cualidad que le sobrara, pero lo intento.
- ¿Qué piensas hacer? – Repitió de nuevo Blaise.
- No lo sé – respondió él con un mohín de fastidio – no tengo ni puta idea de qué carajo voy a hacer. Esa mujer es una insufrible y me vio hoy con otra, no me va a perdonar así me vea casto por años – le había dado bastantes vueltas al asunto. Tuvo tiempo de sobra después de ver marchar a Amira de su casa y dedicarse a tomar dos botellas de whisky y aunque se sentía ligeramente sedado aún el rostro de la castaña revoloteaba por su mente y le hacían darse cuenta que no había bebido lo suficiente.
- Deberías dejar de beber, mañana tienes trabajo – recomendó el moreno y fue otro balde de agua fría para Draco. Mañana tenía trabajo y ¿con quién trabajaba? Con Hermione, ¡Fantástico! Definitivamente fantástico.
- No quiero ir – esbozo él con una sonrisa falsa. Los ojos los tenía tan pequeños que parecía los tuviera cerrados.
- Ven hermano, vamos a parar esto aquí y vamos a dormir – repuso el moreno. Nunca había visto así a Draco, ni en los peores momentos de su vida lo había visto tan desahuciado y menos por una mujer. ¿Qué clase de embrujo le había hecho esa sabelotodo? No tenía la menor idea, pero vaya que era fuerte.
- Trabajo con ella, ¿Cómo quieres que vaya a trabajar con ella? – Pregunto con ironía el rubio deshaciéndose del contacto de Blaise.
- Como un hombre – espeto él molesto. No dando su brazo a torcer – Eres un adulto, te lo dije en la mañana y quisiste actuar como siempre, ahora atente a las consecuencias de tus actos. – Draco lanzo el vaso con hielo hasta que impacto contra la chimenea y exploto en mil pedazos - ¿Te sientes me… - Pero a Blaise no le dio tiempo de preguntar con sarcasmo sobre la actuación del rubio, había recibido un derechazo de parte de Draco. - ¡Hijo de puta! – Le grito mientras esquivaba otro guantazo. Ese puto aristócrata tenía fuerza de sobra, sentía la sangre correr por su labio. - ¡Basta! – Grito varias veces, pero Draco no dejaba de intentar pegarle desequilibradamente. – Draco – llamo unas cuantas más, no quería golpearlo en ese estado, sabía que era el alcohol lo que hacía actuar de esa manera a su amigo, pero es que ya le había propiciado dos golpes y tampoco es que él era una pera de boxeo. – Si no paras te golpeo – advirtió en vano Blaise.
- Marica – le respondió el rubio antes de lanzar otro puñetazo y recibir uno en el centro de su nariz. Solo escucho el clac de su nariz al partirse y el impacto de su espalda contra el suelo. Le dolió en la puta madre, quiso gritarle y volverse a parar, pero solo pudo reír. – Maldita Granger – espeto con desdén, escupiendo sangre por su boca que provenía de la nariz.
Blaise se acostó a su lado y sonrió.
- Eres un idiota – dijo el moreno antes de levantarse para ayudar a levantar a Draco. – Párate que mañana tienes que ir a trabajar, o ¿piensas darte por vencido? – Si no funcionaba lo que funcionaba con la gente normal, tendría que hacer picar tanto al rubio hasta que accediera.
- Mañana implorara por mí, la muy creída – espeto él con ironía. Algo le decía que no funcionarían sus tácticas.
- Perfecto, pero vete a dormir ahora – ordeno el moreno. Draco apestaba a alcohol y ahora también a sangre. Que se diera un baño y durmiera era lo mejor que podría hacer para enfrentar el día que le tocaría mañana.
oOo
- ¡Herms! – Escucho por enésima vez la castaña desde su cómodo mueble. – Déjame entrar – pidió la voz que no dejaba de tocar su puerta. Había bloqueado la chimenea, nadie podría aparecerse en su casa y en especial esa condenada bruja que no quería ver.
No sabía los motivos por los cuales invito a que Draco se sentara con ellas y ahora no le interesaban. Tenía un nudo en la garganta que le quemaba.
- ¡Hermione! – Gritaron otra vez. La castaña saco su varita e insonorizo el lugar. Ya no quería escuchar más la voz chillona de su mejor amiga, quería matarla. Realmente quería matarla, por eso salió del restaurante sola, sin ni siquiera verle la cara y al ver que ella le perseguía por las calles se desapareció y bloqueo su apartamento.
Tal vez si hubiera sido otra amiga, alguna que ignorara cosas de su vida, pero Ginny conocía absolutamente todo sobre ella, por eso le había dolido aquel acto tan idiota que hizo, no sabía su intención, pero si sabía que lo había hecho para salirse con la suya, intentar darle una medicina al rubio, lo que no había esperado es que ella misma había salido con una dosis elevada del virus que el transmitía.
Quería ser fuerte, asimilar que se había acostado con una persona y ya. Que no significaba más que unos buenos polvos, pero cada vez que pensaba en eso su corazón bombeaba con lentitud.
Se había clavado en su pecho algo que el rubio le había transmitido, tal vez fue un espejismo, pero ese espejismo seguía allí, afianzado al centro de su pecho. No quería ni siquiera imaginar lo que debía estar haciendo ahorita con otra mujer, no ahora que aún podía sentir el cosquilleo de sus labios, el sabor de su lengua cuando se adentro en su boca, quería olvidar la sensación de fluidez que sintió cuando la aferro por la cintura y la pego a su cuerpo, haciéndola sentir su dureza, lo que ella le provocaba.
Lo que todas le provocaban.
Era un maldito y lo sabía, entonces ¿Por qué? Ella ni siquiera sabía que era masoquista, pero es que no podía dejar de pensar en él, en sus besos, caricias, en su miembro adentrarse en ella, en las sensaciones vertiginosas que la lanzaban a un abismo y luego la hacían sentir el suelo firme.
Cuando termino con Ronald, lo supero con facilidad, ni siquiera lloro y ahora por unos cuantos polvos, ¿Por qué no podía dejar de llorar? Sentía un nudo en el centro de su pecho que no la dejaba respirar con normalidad, las mariposas que en el aula de pociones se transformaron en águilas ahora se estaban asfixiando, se habían transformado en pequeñas orugas que no tenían oportunidad de sobrevivir.
El primer hipido salió de sus labios rebeldemente, pero ahora no dejaban de salir pequeños jadeos de rabia por no poder controlar esa sensación de desasosiego que la martirizaba.
¿Desde cuándo era tan dramática? No podía ser que ese rubio se hubiera convertido en alguien tan importante en su vida y a pesar de buscarle toda la lógica a lo que sentía, ramificar las sensaciones y definirlas, había algo que de todas maneras no podía controlar, las lágrimas y el dolor.
Lágrimas que se desparramaban de sus ojos cada vez que imaginaba al rubio con otra.
Dolor por sentirse como una tonta, pensando en cosas que no debería pensar. Ella era una mujer, no una chiquilla, pero parecía que sus ojos no entendían nada de lógica y el centro de su pecho tampoco.
- Aff – exhalo en un suspiro, mientras se acurrucaba en el mueble abrazando sus rodillas, tratando de calmar esa fiera que no le daba tregua a su interior. No supo cuando, pero se durmió allí, llena de lágrimas y gemidos de tristeza, con una sola imagen en su cerebro.
El rubio prepotente; sus labios finos y rosados; esa nariz respingada y refinada; su cabello lacio y platinado que le gustaba acariciar y su mirada, esa perturbadora mirada que la descolaba, humedecía e incendiaba con misma intensidad, esos ojos grises que se fundían en ella y la escudriñaban hasta sacar su esencia, esa esencia que no le había mostrado a nadie, solo a él.
Y es que en una noche sintió con él lo que en meses jamás sintió por otra persona; la cuestión es que fue unilateral.
Soñó esa noche con él, apareciendo en sus sueños, confesándole que él también se iba a enamorar de ella, que se equivocaba en hablar a futuro, porque no era que se enamoraría de ella sino que ya lo estaba.
Que ella le había aceptado de tantas formas, formas que ni él mismo había hecho.
Le dijo en su sueño que le quería y que la necesitaba, pero ese sueño la castaña no lo recordó, porque las lágrimas eran más fuertes que la confesión, el dolor que sentía opacaba el mensaje y fue entrada la madrugada que logro descansar completamente, para luego tener que levantarse e irse al trabajo donde tendría que enfrentar de nuevo esa mirada, esta vez con las mariposas que él había creado, asfixiadas.
-Continuara-
