Culpa

Remus Lupin y Nymphadora Tonks se amaban y por primera vez él no tenía que decirlo borracho o luego de una pelea. Ya no habían escusas como "Yo soy muy viejo y tú tienes una vida por delante", "No tengo nada que ofrecerte" o el tan usado "Por Merlin, Dora, soy un hombre lobo". Se tomaban de la mano, dormían en la misma casa y ella tenía un anillo en su mano izquierda.

Decidieron casarse lo antes posible, porque todo estaba en contra. Su amor había nacido en guerra y ellos estaban dispuestos a morir en ella, no iba a esperar a que Lord Voldemort saliera de su camino para poder casarse. No les importaba tener una ceremonia clandestina, ni que después tendrían que ocultar su estado civil por las leyes anti híbridos que el ministerio estaba formando, solo les importaba que al fin eran una pareja real.

Remus había estado nervioso, pero estaba decidido. La última vez que pensó que en su vida iba a haber alguien que lo aceptara y que quisiera llevar su apellido, había sido cuando él estaba estudiando en el castillo y ahora de repente, después de tantos años de soledad, estaba en un pequeña ceremonia frente a una hermosa mujer de pelo rosa chicle y túnica bordeu con detalles dorados.

- Dora - sonrió cuando la vio llegar a su lado - estás...

- Si sales corriendo, Remus, te prometo que tu menor problema será quién-ya-tú-sabes - le susurró seriamente cuando llegó del brazo de su padre y luego le sonrió - tú también te ves hermoso.

Ambos rieron y escucharon como los unía el señor Rupert Poch, un regordete y sonriente mago que estaba actuando como ministro en docenas de matrimonios clandestinos, entre sangres puras y nacidos de muggles, aurores que no querían que sus cónyuges fueran blanco y defensores de Dumbledore y Harry Potter. A ninguno de ellos les importaba tener que ocultar su amor, porque para ellos estas uniones significan esperanza de que hay algo más que un mundo en guerra.

Era extraño como todo pasó de ir lento a demasiado rápido, en un momento su relación era un tire y afloje, y en otro eran una pareja casada y llena de amor.

- Quieren marcarnos - le dijo Remus mientras cenaban en la pequeña cabaña donde ahora vivían - a todos los hombres lobos.

- ¿Cómo que marcarlos? - preguntó Tonks asustada, sabía que el ministerio estaba creando leyes absurdas que restringían más y más a las criaturas mágicas, temiendo que se unan a los mortifagos, pero marcar a las personas sonaba extremo - ¿A qué te refieres con marcarlos?

- Ya no les basta con el registro, quieren marcar nuestras varita para que sepan que hechizos estamos realizando - le relató intentando parecer calmado - Dora, debemos tener cuidado, si llegan a saber que estas conmigo...

- No van a saberlo - le detuvo la chica mientras se levantaba de su asiento y se sentaba sobre su esposo - ellos no saben que estás aquí y ellos creen que vivo en el callejón Diagon, estamos seguros en nuestro pequeño escondite.

Los dos estaban de acuerdo que el departamento de Tonks ya no era seguro, estaba en un lugar muy transcurrido y por más que tuviera hechizos de protección, fácilmente un mortífago o alguien del ministerio podrían descubrir que estaban juntos. Ahora estaban en una pequeña cabaña que había sido de la familia de Kingsley Shackleboth y que había convertido en una casa de seguridad para la Orden.

- No puedo arriesgarme a que pongan un localizador en mi varita, podría arruinar los planes de la Orden - le dijo Remus con un tono de tristeza - Ya no podré salir más que para las misiones.

- Mejor, más Remus para mi - rió la chica sacándole una sonrisa a su esposo - Remus, esto no durará para siempre. Va a terminar y tú y yo podremos ser como cualquier otra pareja en el mundo mágico.

Remus iba a decirle que ellos jamás serían como cualquier pareja, que jamás dejarían de ver la diferencia de edad y el hecho de que el era un hombre lobo, pero decidió que era un debate que jamás iba a ganar contra la chica. Solo sonrió y besó la espalda de la chica que estaba sobre él.

- ¿Te imaginas, Remus? - le preguntó entre sus caricias.

- ¿Qué cosa? - dijo curioso Remus.

- El fin de la guerra - le respondió Tonks mientras jugaba con las manos del hombre lobo - no tener que esconderse, no temer que la gente que queremos vaya a morir, poder hacer planes para el futuro. Me gustaría poder ver más allá de las misiones.

- Siempre podemos hacer planes - le sonrió Remus, esta era su segunda guerra, sabía lo que su esposa estaba sintiendo - Dime que quieres hacer y lo haremos.

La metamorfomaga giró su cabeza y miró a su esposo. Le gustaba poder tener esos momentos cotidianos y casi normales, porque cuando él se iba a alguna misión, ella solo podía pensar en lo peligroso que era y las posibilidades de que no volviera.

- Me gustaría que tuviéramos nuestra luna de miel - le susurró suavemente en su oreja.

- Me parece que es lo primero que deberíamos hacer cuando esto se acabe - comentó Remus entre las cosquillas que la chica le producía en su oreja - ¿qué más te gustaría?

- Volver al apartamento - siguió la chica - nuestro apartamento.

- Me gustaría llevarte a cenar algún lugar - agregó Remus aun recibiendo besos de su esposa.

- Celebrar San Valentín juntos - continuó Tonks sintiéndo como Remus agarraba su cintura.

- ¿Qué más te gustaría? - Remus comenzó a acomodarla mejor sobre él y la besaba más apasionadamente.

- Un hijo - ronroneó la chica casi inconscientemente mientras sentía los placenteros besos de su esposo.

Remus se detuvo abruptamente y empalideció. Su corazón latió con fuerza, solo la mención de la idea de tener hijos le daba pánico y ahí estaba el rostro de su esposa, no le gustaba verla triste, pero esto era algo en lo que no podía ceder, no debía.

- Ya hemos hablado de eso, Dora - le recordó Remus más serio que nunca - lo sabías desde que me conociste y lo hablamos cuando nos casamos. Te amo, pero no puedo tener descendencia, no puedo arriesgar a un niño y no te puedo arriesgar a ti, no te voy a arriesgar.

No recibió respuesta de la chica, ella simplemente lo miraba con pena y él la abrazó mientras le decía palabras de consuelo. No le gustaba como el pelo azul eléctrico que había estado llevando hace un momento ahora se oscurecía. Le susurraba que la amaba y que lo sentía. De verdad lo hacía, sentía que él no pudiera darle todo lo que quisiera, pero ella lo sabía de ante mano.

Recordó cuando James y Lily se habían casado y al poco tiempo se habían enterado de que estaban esperando a Harry, lo feliz que estaban, lo completos que se sentían. Nunca iba a poder darle a su esposa esa sensación y le dolía. Era otra de las consecuencias de llevar su maldición, de ser un hombre lobo.

- Esto terminará y tendremos una luna de miel, podremos salir a citas en público y podremos formar una familia de a dos - le decía mientras sentía las lágrimas de su mujer - no puedo darte un hijo o una hija, pero puedo prometerte que daré todo de mi para que seas feliz.

- Lo siento, Remus - sollozó la chica separándose de él - lo siento tanto.

Remus no entendió por qué se estaba disculpando, solo vio como ella se levantaba y se dirigía a la habitación. Perplejo intentó entender lo que ocurría, pero no encontraba una explicación a lo que había pasado. Entendía que estuviera triste, él sabía que ella quería tener una familia, pero ¿por qué pedía perdón?. Intentó recordar todas las palabras que habían salido de su boca, porque quizá había dicho algo incorrecto, que la enojara o que la hiciera sentir culpable.

No le gustaba verla llorar, no llevaban ni un mes de casados y verla llorar así le recordaba el tiempo en Grimmauld Place, cuando él la hacía sufrir, cuando llegaba ebrio a su departamento, cuando la dejaba sola. Cada vez que ella lloraba sentía toda la culpa del mundo en sus hombros. Antes era porque él era el culpable de ese dolor y ahora porque se sentía responsable de protegerla de las penas y dolores.

Se dirigió a la habitación y tocó la puerta, preguntándole si podía pasar. Escuchó que la bruja le decía que pasara y lentamente abrió la puerta para encontrarse con su esposa recostada en la cama con el pelo azul eléctrico otra vez. Él sonrió al notar que ya no estaba llorando y que le indicaba que se sentara con ella en la cama.

- Mi amor, ¿qué pasó? - le preguntó mientras la abrazaba.

- Tonterías - aseguró la bruja con una sonrisa - solo tonterías, pero ya pasó.

- ¿Estás segura? - insistió Remus - uno no llora por tonterías.

- Son solo todas las cosas que han pasado - le dijo la metamorfomaga - Hablar de la guerra, me recordó a Dumbledore y a Ojo Loco. Pienso en todo lo que pasa y me afecta.

- ¿Y por qué te disculpabas por ello? - preguntó con curiosidad el hombre lobo.

- No, no era por eso, me estaba disculpando por llorar - le corrigió la chica acurrucándose en el pecho de su esposo- No quería que me vieras así.

Remus pareció dudar un poco en la respuesta de la chica, pero las caricias de ella le hicieron repetirle que la amaba y que estaba bien si le afectaba lo que ocurría, que eso era lo que los hacía humanos, que si no le afectase, no tendría por qué luchar. Pronto dejaron el tema de lado y solo se dedicaron a sus deberes maritales, a aprovechar el tiempo juntos y disfrutar.

- Deberíamos descansar - le recordó Remus mientras se acurrucaban desnudos entre las sabanas - mañana hay una misión.

- Y el cumpleaños de Harry - agregó Tonks apoyandose en su pecho.

- No puedo creer que ya tenga diecisiete - comentó Remus hablando mientras se quedaba dormido - todavía recuerdo cuando tenía que cambiarle los pañales porque James no quería decirle a Lily que no sabía como hacerlo.

El hombre lobo movió su varita para apagar las luces y le dio las buenas noches a su esposa, había tenido un día bastante atareado y no le costó quedarse dormido. Tonks sintió los ronquidos de su esposo y se volvió a acomodar en su pecho, no podía dormir, se sentía demasiado culpable como para dormir. Se quedó pensando en la oscuridad de la habitación y tocando su vientre. Ese mismo día, el departamento de aurores la había llevado a una de las revisiones médicas que hacían cada trimestre, era algo de rutina y en realidad no esperaba nada especial, pero cuando la medimaga le informó que tenía dos meses de embarazo no lo podía creer.

Tuvo que lidiar con las preguntas de la medimaga, sabía que era su trabajo con encargada de las evaluaciones de los aurores, pero tuvo que decir que no sabía quien era el padre para que no hubiese alguna reprimenda del ministerio por las nuevas leyes. No sabía que hacer, así que fue hablar con Kingsley, le hizo prometer que le daría tiempo para decirle a Remus, cosa difícil porque ella era su compañera de trabajo, en cambio Remus era su amigo.

Ella siempre había visto a Kingsley como una persona divertida, pero muy seria y profesional cuando debía, por eso le sorprendió verlo tan preocupado y nervioso, nunca lo había visto de esa manera. Solo por precaución, Kingsley volvió a San Mungo, le borró la memoria a la medimaga que la había atendido y modificó la evaluación médica. Era algo muy arriesgado e ilegal, pero le dijo a Tonks que si los mortifagos se enteraban de ese bebé, podían usarlo como chantaje y él no iba a arriesgarse.

- Tienes que decirle a Remus lo antes posible - le comentó el hombre muy serio.

- Lo sé, solo que... - la chica tenía ganas de llorar - no sé, yo...

- Te entiendo, sé que él no sé lo tomará nada de bien - le interrumpió el hombre con una mirada comprensiva - pero dale tiempo, tú sabes como es Remus.

- Eso me temo, Kingsley, lo conozco demasiado - le dijo cabizbaja - será mejor que vuelva al Ministerio.

- Tonks - le detuvo el hombre - ya no podrás seguir en las misiones de la Orden y en el departamento de aurores tendrás que aceptar trabajo administrativo.

- Lo sé - agregó la chica intentando obviar el nudo en la garganta que se le estaba formando - gracias por todo.

La chica solo sonrió con la intención de marcharse, pero Kingsley la detuvo con un gran abrazo.

- Sé que fue una accidente, que no se lo esperaban, pero felicidades - la sujetó con fuerza y le dio unas palmadas en la espalda - no es el momento más seguro para tener un hijo, pero sigue siendo una noticia para alegrarse.

La chica suspiró con el recuerdo de las palabras de Kingsley y se enfocó en su vientre. Se sentía culpable de lo que había hecho, porque había sido su culpa, había sido un impulso ocasionado por la alegría de casarse con Remus, una tontería que no planeó bien, ese bebé no había sido tan "accidente" como Kingsley había supuesto.

Tonks había dejado de tomar las pociones anticonceptivas después de casarse.

Ella era obstinada, de verdad quería formar una familia con Remus y ahora, por ser tan testaruda, había arruinado todo lo que había logrado con Remus. Dejó de tomar la poción sin saber que ocurriría tan rápido, tenía compañeras en el ministerio que habían tardado todo un año en quedar embarazadas y pensó que sería como ella, no que en menos de un mes lo lograría.

Debía contarle a Remus, pero tenía miedo, él la iba a odiar, la iba a dejar y estar casados no la iba a salvar de volver a esa relación donde él solo estaba cuando estaba ebrio, cuando estaba necesitado, él la iba a abandonar, estaba segura. Ya habían conversado del tema con Remus, él le había advertido que no quería tener hijos, es más "no debía" tener hijos. Le había dicho que era algo de lo que no iba a cambiar de opinión bajo ninguna circunstancia, ni en guerra ni en paz y ella le había dicho que estaba de acuerdo con ello.

Pero ya no podía hacer nada, aunque Remus pensara que es un error y un peligro, ella ya amaba a ese bebé.


Hay que decir que es complicado escribir intentando hacer calzar el libro, porque desde la muerte de Dumbledore estos dos se casaron clandestinamente y concibieron muy rápido. Ya en julio tienen que haber creado a su hijo, porque no sé si se dieron cuenta, pero para el cumpleaños de Harry, él mismo menciona que Tonks "parecía sencillamente radiante" y eso solo puede significar una cosa, que Teddy ya estaba allí (igual calza con los meses de gestación), entonces TODO pasa realmente rápido. Para mi los métodos anticonceptivos mágicos deben ser súper buenos, por eso siempre he pensado que Tonks quiso quedar embarazada y engaño a Remus, no sé si comparten eso conmigo, pero a mi me suena como lo lógico.

Como siempre, muchísimas gracias por agregar a favoritos y comentar. Les comento que si mis cálculos son correctos quedan cuatro capítulos aproximadamente de la historia y que los que siguen serán algo malos para mi querido hombre lobo.

Inventen una palabra, rompan un vidrio y amen a Remus Lupin.

Simona Polle