CAPITULO 6. SUBIR AL CIELO.


Summary: Se lo advirtieron… Ella le rompería el corazón sin piedad, pero aún así él decidió amarla y seguirla hasta el final.

Disclaimer: Nada relacionado con Sailor Moon me pertenece. Todo personaje es propiedad de Naoko Takeuchi.


S&S

.

Toda una vida estaría contigo, no me importa en qué forma, ni cómo, ni dónde, pero junto a ti… siempre.

.

Seiya Kou


Viernes, 12 de febrero de 1991.

.

.

—¡Esto es estúpido!… —espetó con dramatismo, mientras se colocaba con dificultad el muy entallado pantalón.

—Muy estúpido —repetí absorto.

—¡No se lo perdonare jamás a Mina! —gruño por lo bajo, colocándose una bota.

—No se lo perdonare jamás.

—¡¿Quieres dejar de repetir todo lo que digo?

—¡No estoy repitiendo! Simplemente estoy de acuerdo contigo… por qué por más presumido y despectivo que seas, sólo esta vez te encuentro la razón.

—¿Incluido lo de "Mina"? —murmuro elevando su arrogante ceja.

—Bueno... todo menos eso —murmure soltando una risita por demás perturbadora.

¡Los nervios desbordaban de mí!

.

.

—¡Ya están bajando! —anunció con energética emoción el ama de llaves.

Yo sabía a quién se refería. Sentí el aleteo de energéticas mariposas en mi estomago, haciéndome tragar saliva al instante. Sin embargo la que bajaba de las hermosas escaleras no era Serena, si no Mina, más hermosa que nunca.

De inmediato le di un codazo a mi hermano, quién al girarse se quedó congelado en el sitio con los ojos abiertos de par en par.

¡Y no era para menos! Mina, estaba radiante en un vestido finísimo, con delicados encajes y cuencas ocasionalmente dispersas en el amplio ruedo. El corsé se le entallaba magníficamente, resaltando el busto de una manera quizá demasiado provocadora. Los hombros y brazos quedaban sin tela que los cubriera, por lo que su piel un tanto más pálida de lo normal resaltaba mucho más bajo el denso azul oscuro de su atuendo.

Ante esa visión, Yaten se incorporó como propulsado por una fuerza invisible, la misma que le hizo abrir los ojos desmesuradamente y entreabrir la boca. Mina esbozó una ligera sonrisa notablemente satisfecha de la reacción de mi orgulloso hermano.

—Mina, se ve espectacular —le murmure en un oído. Las comisuras de su boca se elevaron un poco, pero logró controlarlo.

—¡Yaten, estás guapísimo! —exclamó la rubia, arrojándose a sus brazos.

Y era cierto, se veía elegante y apuesto con el esmoquin y la capa que llevaba para representar su papel. A mí me había sorprendido que al final hubiera aceptado usarlo, aunque sospechaba que era más por la idea de que realmente parecíamos príncipes y no del renacimiento.

—Tú… te ves Bien —logró decir con lo que parecía ser una sonrisa, esquivando el rostro tan pronto como aquella sonrisa terminó de completarse.

Ella sonrió emocionada ante el seco comentario de Yaten, algo que me resulto por demás curioso, cualquier otra mujer se hubiera entristecido e inclusive enojado, al no recibir un comentario por demás halagador de su persona amada, pero para ella era fácil leerlo, como si lo conociera casi tan bien como Taiki o yo.

Yaten nunca había sido bueno mostrando sus emociones, mucho menos con las palabras, yo estaba seguro que Mina lo entendía. Comprendiendo que ese "Te ves bien" significaría un "Te ves increíblemente hermosa" para una persona normal. No había duda de que ellos se complementaba de una forma bastante peculiar.

—¡Te ves hermosa! —le dije, volteando de inmediato a ver la reacción de mi hermano. Los celos eran algo con lo que Yaten apenas estaba aprendiendo a lidiar.

—¡Gracias Seiya! Tú te ves guapísimo. Tanto que siento celos de mi prima —bromeo. De soslayo logre visualizar el mohín agrio de Yaten.

—No digas nada Min, que ya sabes lo celoso que es mi pequeño hermano — le dije en un oído y Yaten se limito a resoplar.

—Bueno —murmuro mientras sus mejillas tomaban un color carmesí—, la verdad es que sin esa escena, creo que Yaten nunca hubiera aceptado ser mi novio ¿Verdad Yaten? —Mina le tomo de la mano con rapidez, Yaten estaba…

¡Esperen un momento!

¿Qué acababa de decir? ¿Novios? ¡Imposible! ¿Mina se le declaró y no él a ella? Y lo más increíble de todo ¿Él acepto? Gire mi alarmado rostro hacia donde se encontraba mi muy malagradecido hermano. ¿Cómo rayos no me conto algo así? Estaba rojo como el tomate y a pesar de que su rostro era altivo, su mirada se hallaba en el suelo. Trate de recuperarme fingiendo serenidad, yo sabía que si daba un comentario en falso, Yaten por defender su orgullo sería capaz de irse dejando plantada a Mina.

—Pues… ¡Vaya! ¡Felicidades a los dos novios! —comente desairado.

—Gracias Sei, ¿No estabas enterado? —interrogo Mina dudosa, mientras ya le dirigía un puchero de reclamo a Yaten.

—Sí, sí, ¡claro! Lo supe el mismo día, es sólo que… aún me sorprende que andes con él —conteste con cuidado. Mina sonrió apretando más a Yaten, él me miró con cierta gratitud de hermanos.

—Ja, ja, ja Seiya, ¡siempre tan bromista! —respondió Mina más feliz que nunca.

Un fugaz recuerdo de una marca morada en el cuello de mi enano hermano se presento en mi mente y reí tan pronto me acorde.

—¿Qué sucede? —cuestionó Mina.

—Ahora que recuerdo Yaten, creo que ustedes dos son un poco salvajes ¿verdad? —Yaten abrió los ojos con sorpresa, comprendiendo hacia dónde me dirigía.

—¡Esperemos afuera! —se apresuro a decir, agarrando de un brazo a Mina, conduciéndola al exterior de la mansión.

—¿Eh? —fue todo lo que logró decir Mina, porque Yaten ya la arrastraba hacía la salida.

—¡Los vemos afuera Sei! —la escuche gritar. Yo simplemente reí demasiado divertido.

Bueno y a todo esto, ¡Serena sí qué sabe hacerla de emoción! ¿Pues, qué tanto hace esa mujer? Verdaderamente dudo mucho que logre verse más hermosa de lo que ya es.

Seguí dando vueltas por el recibidor, tal como lo hace un león enjaulado. Y ahora que observaba con detenimiento, no había fotos familiares, únicamente bosquejos de hermosos paisajes. Nada, absolutamente nada importante que fisgonear; La casa sin duda era majestuosa, pero con tintes de frialdad y soledad, todo estaba extraordinariamente limpio, ordenado, cuadrado y estudiado. No se veía cómodo o peor aun… no se veía nada familiar.

De pronto observé al ama de llaves bajar, haciéndome una seña de que mi cita al fin estaba lista. Me erguí lo más derecho posible, aclare mi garganta, metí en mi boca con rapidez una pastilla de menta, pase mis manos sobre mi cabello, sobre mi smoking negro, acomode mi capa…. Y por unos instantes mi mente fue una nebulosa ininteligible, de la que lo único que lograba rescatar era la visión de Serena Tsukino asomándose por una esquina de las escaleras, el corazón se me heló. Pude sentir el calor abrazador, subir por mi cuello y teñir mis mejillas. Ella estaba grandiosa; sentí un parpadeo del viejo miedo brotar de mis entrañas… el pensamiento de que ella fuera solo un sueño y no real. Si había pensado que ella no podía verse más hermosa, me había equivocado.

Caminó lentamente hacía mi, con la mirada orgullosa y altiva, segura de su belleza, que no hacía más que darle el tinte de inalcanzable. ¡Genial! Justo cuando me había convencido a mí mismo de que ella era de verdad, se había aparecido vestida así. Efectivamente parecía haber salido de uno de esos libros del renacimiento italiano.

¡Era un vestido precioso! el pálido tono azul realzaba los brillantes ojos cielo de serena. Mi corazón dio un vuelco y empezó a palpitar con fuerza ¡Dios!, era hermosa, hermosa, incluso era una palabra demasiado pobre y gris, para describir la imagen que tenía en mi frente.

Le miré fijamente con aterrorizada incredulidad, su cuello y hombros le quedaban al descubierto, y el ceñido corsé del vestido azul resaltaba su cintura y sus maravillosas formas de mujer; las largas y anchas mangas eran caladas, para mostrar por las aberturas de la seda blanca fragmentos de su piel porcelana y el escote… no pude menos que mirarlo, y detenerme en el más del tiempo necesario.

—Seiya —espiró sin dejar de mirarme. Oí la risa ahogada de Placer del ama de llaves ante mi mudez—. Ya puedes retirarte Luna. —le ordenó Serena. Y ella le obedeció sin vestigios de ofensa.

—¿Te gusta lo que ves? —murmuró. Sabía perfectamente la respuesta ¿por qué insistía en ridiculizarme?

—Estas, absurdamente hermosa. —admití negando apresuradamente, tratando de recuperarme y manteniendo mi voz tan clara como podía.

Ella sonrió satisfecha de mi reacción.

—Bueno yo debo admitir que… ¡Te ves estupendo! —me dijo, y yo alce una ceja con incredulidad. Esta era la primera vez que ella formulaba un comentario agradable hacia mí persona.

—Pero… —la vi avanzar hacia mí, con delicadeza y suavidad. Extendió su brazo hacia mi cuello y yo me tense al momento—. ¡Quédate quieto! — murmuró—. Tienes el cuello de la camisa mal colocado.

Ese gesto me desconcertó, por un momento pensé que me besaría como antes. Sin embargo mientras acomodaba el cuello de mi fina camiseta con cierta dulzura, me recordó a mi madre… siempre preocupada de nuestro aspecto.

Cuando termino de hacerlo, sonrió orgullosa de su trabajo. — Así está mejor… Aun más apuesto. —espeto, con la mirada clava a fuego en mi persona. Jamás había observado a nadie mirar con esa intensidad antes.

—Flor de vainilla —me informó completamente redundante, sacándome de mi embelesamiento. Yo fruncí el cejo al no comprender y ella señalo ramillete que sostenía en mis manos—. ¿Sabes que los corsage, solo se da en graduaciones? —dijo riendo con diversión.

—Sí… —formule con pesadez—, Yaten me informó de eso hasta hace poco. —recordé con pena y algo de resentimiento hacia mi desconsiderado hermano.

—Bueno, debo admitir que amo el olor de Vainilla tanto como el de frambuesa. De hecho a veces me gusta echarle algunas gotitas de vainilla a mi té —comento sonriendo como nunca, relajada y espontanea.

—Sí, eso lo sé a la perfección. —le dije mientras le dirigía una mirada cómplice, al recordar nuestros escasos pero intensos encuentros.

¡Y claro que lo sabía!, ese sabor había estado presente en cada uno de nuestros deliciosos besos. Ella me vio curiosa, devolviéndome la sonrisa cómplice una vez que comprendió el motivo que impulsaba mi respuesta. Ella era coqueta, muy coqueta… observe como se mordía el labio inferior con brutal sensualidad, definitivamente estaba de buen humor y aquello era un cambio agradable, cero ofensas y más platica.

—Eres demasiado bueno Seiya Kou. —expreso con serenidad, al mismo tiempo en que me tendía una de sus delicadas manos, para qué le colocará el ramillete.

—¿Ves lo que te has perdido en todo este tiempo? —chasqueé con un guiño y ella respondió con una sonrisa divertida pero al mismo tiempo seductora.

¿Era tan difícil que ella simplemente sonriera?… Pero la sensualidad era su rasgo distintivo. Ella no podía realizar ningún movimiento sin ser sensual y eso suponía un tormento continuo.

—¿Estás lista para irnos? —le pregunte, ofreciéndole mi brazo con galantería, ella asintió y colocó su brazo con sutileza no despreciando mi agarre.

A decir verdad, pesé a que ella parecía cómoda en mi presencia, yo contaba los segundos para que ella me hiciera un desplante tal como lo había hecho en las ocasiones anteriores, su actitud relajada era algo que me resultaba extrañamente desconcertante. Contemple la posibilidad de que ella en realidad fuera bipolar, y sin embargo aquello no me importaba en absoluto.

Con esa idea definida. Avancé y juntos caminamos dirigiéndonos a la salida de la casa. Mientras su contacto ardía, quemando como si de fuego se tratará en la cara externa de mi brazo.

—Espero que valga la pena asistir a ese tonto evento. Realmente ¡Me fastidia tanta gente! —refuto mirando por encima de su hombro, buscando con la mirada a su prima quién había desaparecido con mi hermano.

—¡Valdrá la pena! Te lo prometo —aseguré—. Después de todo no se te olvide que vienes conmigo. —exprese con un guiño. Serena rió con deleite. Yo fruncí el ceño.

—¡Hey! ¡Vamos Serena! Intenta al menos disimular… ¡Tan bien que ibas! —dije con un gesto divertido.

—Lo bueno no dura siempre Seiya —comentó con aparente diversión. Yo arrugue el entrecejo con fluctuación y ella leyó mi expresión—. No te preocupes, lo entenderás muy pronto —me aseguró—. ¿Dónde está Mina?

—No tengo idea —admití, respetando su último comentario. Después de todo no quería hondar en pláticas que terminaran arruinando la noche o peor aún, que la hicieran sentir incomoda.

Caminamos hasta la salida, encontrándonos con Mina y Yaten quienes ya esperaban en el Porche.

—¡No quiero! —gritaba Mina.

Mi frente se arrugó por lo inaudito de la situación, mientras intentaba adivinar el secreto. Yaten rió disimuladamente ante mi expresión.

—¡Tomémonos fotos! —grito Mina, cambiando de tema con rapidez.

¿Fotos? La idea de tener una foto junto a ella me encantaba.

Yaten se dirigió hacia Serena, escuché como se intercambiaban un breve saludo. Giré a vernos a Mina y a mí, ¿Acaso el mundo estaba al revés? Porqué Yaten y Serena eran demasiado similares, casi la pareja perfecta. En cambio Mina y yo éramos 100% compatibles. Por un segundo ante ese planteamiento sentí un retorcijón originarse en la boca de mi estomago, comprendiendo que el destino pudo haberse equivocado, pero entonces mi insensata y generosa mente evoco la teoría de los polos opuestos, la Ley del equilibrio, Ying y yang, homeostasis, etc. Me repetí a mí mismo tratando de calmar mi paranoia… después de todo Yaten no soportaría a alguien más vanidoso y ególatra que él ¿Verdad?

—¡No! —exclamaron en coro Serena y Yaten ante la petición de Mina por tomarles una fotografía en cierta pose divertida.

No había duda de que esos dos eran iguales. Pero aun más gracioso me resultaba el hecho de que ella tuviera que preocuparse por no salir bien en alguna foto, era realmente inverosímil.

—¡Vamos! —les suplico Mina.

Serena volteó a verme esperanzada de que yo me negara también a las fotografías, pero no había nada en este mundo que yo deseara más, que una fotografía a su lado.

—Compláceme. —le pedí con suavidad, entonces dirigió contra mí la fuerza de sus abrasadores ojos celestes, doblegando su resistencia a mis deseos.

¡Eso fue algo realmente agradable!

—¡Bien! —contestó con un mohín.

—¡Será divertido! —le aseguro Mina con una sonrisa optimista—. Bueno, ustedes primero —ordeno después.

.

.

Nuestra limosina se detuvo en el majestuoso Club Saint Porter, el cual tenía la misma exquisita fachada francesa que tanto distinguía a mi solariega escuela, elegante e intimidante.

Había señores de smoking que bien podían ser invitados, recibiendo a los alumnos y abriendo las puertas de las limosinas. Casi podía asegurar que todas las miradas de los presentes estaban puestas en nosotros 4, más específicamente en Serena y en mí.

Era obvio que nadie esperaba vernos llegar juntos, por qué días antes inclusive habían surgido apuestas sobre la probabilidad de que Serena me dejaría plantado. Eso no pasó ¡Gracias al cielo! y debo admitir que observar el mar de rostros sorpresivos, y de como otros tantos se tallaban los ojos no seguros de haber visto bien.

¡Tráguense sus palabras!, reí internamente.

El salón del club Saint Porter era todavía mejor y mucho más elegante que mi aún aristocrático colegio. De enormes corredores y espejos, elegantes candelabros, piso de mármol y hermosos bosquejos pintados sobre las paredes. Nunca había visitado el club, dado que mis hermanos y yo preferimos tomar las clases de música de manera privada, sin embargo la abuela no se había equivocado al decir que los bailes de bienvenida de Saint Porter eran sin duda majestuosos.

En nuestro camino hacía el salón, pasamos por uno de los solemnes espejos que adornaban la habitación y la visión de nosotros dos juntos, era esplendorosa, impactante, definitivamente atractiva. La modestia y yo habíamos dejado de ser amigas, por este día.

Al entrar al salón dónde se celebraba el baile, me asombré por la hermosura de la decoración; había candelabros, flores y todas esas cosas que hacían la ilusión de estar en una antigua época. La música que sonaba era de un estilo barroco, con melodía de clavicordio, dándole un aire místico al ambiente, como si realmente te transportara a la época renacentista. Pero lo más impactante de todo, era el hecho de que la única luz que alumbraba la magnífica habitación era producto de las mágicas velas que yacían esparcidas por todo lo largo, dando así un toque también de romance, algo sin duda conveniente.

Una señorita vestida igual de época nos condujo hasta nuestra mesa, en dónde Yaten y Mina ya nos esperaban, dado que ellos siempre tomaban ventaja. Avanzamos tomando asiento y en el momento en que llegamos, Yaten arrugó el cejo como si le hubiese enojado que arruináramos su privacía.

—¿Porqué tardaron tanto? —entendí que exclamo Mina, mientras mi hermano se tapaba uno de su oído por la cercanía del grito de su novia.

—¡Porqué no los encontrábamos! —grite.

—¿Qué? —repitió inútilmente Mina. Observe a Yaten susurrarle algo al oído y ambos se levantaron.

Mina me hizo un ademán que indicaba que regresaban. Seguramente mi hermano le había sugerido un lugar mucho más tranquilo, y no lo culpaba, la música aunque maravillosa y amena, tenía un volumen excesivo desde nuestro asiento. Además del hecho de que el salón estaba repleto de gente en movimiento y él simplemente odiaba la gente.

La belleza de Serena se destacaba de entre todas las mujeres, no había hombre, niño o señor, que no pasará delante de nuestra mesa sin mirar más tiempo del necesario hacia nuestra dirección.

—Todos nos observan —murmulló en un oído.

—A ti… querrás decir.

—¿Celoso? —dijo lanzando una risita orgullosa.

—¡Para nada! ¡Estas hermosa! Es lógico que te admiren—le dije dándole un beso en la mejilla. Ella no hizo seña de haberse ofendido y eso me dejaba con un sentimiento de felicidad.

Minutos después de susurrar nuestras observaciones e impresiones del lugar y los invitados, Yaten y Mina regresaron, justo cuando el festín comenzaba a servirse.

Los cuatro comimos con nuestros mejores modales, al menos yo con mucho más cuidado del que solía tener en la casa de la abuela. La música había sido disminuida en volumen, lo cual facilito el intercambio de comentarios. Así, platicamos lo mejor que pudimos, mientras Mina nos hacía reír por sus divertidas críticas de "los hombrecillos en mallas", halagando y dando gracias a Dios de que mi hermano y yo no hubiéramos llegado disfrazados de manera tan humillante. Serena reía breve y hermosamente, sin participar mucho en la plática; de igual manera Yaten asentía cada que Mina le preguntaba si le estaba poniendo atención.

Terminamos de comer. Segundos después llegó la música romántica, algunas parejas salían ya conduciéndose hacía la pista, yo no sabía bailar, pero por ella no me importaba intentarlo. Además, ¿Qué tan difícil podía ser?

Me levante de mi asiento y me paré delante de su silla, haciéndole una reverencia. —¿Me concede esta pieza, princesa? —le solicite, tomando su mano con delicadeza y posando un beso en la suavidad de su piel.

Ella asintió, y la ayude a levantarse.

Al llegar a la pista, me olvide del mundo entero. Éramos ella y yo, y nadie más. Coloque mi mano en su pequeña cintura y ella rodeo mi nuca con sus brazos.

Del otro lado de la pista logre ver cómo Mina arrastraba a mi huraño hermano, ¡extraordinario!, pensé. Ver a mi hermano bailando aunque notablemente torpe, incomodo y suplicante, me hizo reír, no cabe duda de que el poder del amor es grande.

La música era invitadora e inspiradora, el acompañamiento de violines y el piano era exquisito. Sabía que Serena estaba a gusto, ya que sentí el hundir de su cabeza en mi pecho con ternura.

Mi corazón palpitaba con violencia, era una sensación indescriptible y reconfortante, me sentí privilegiado, al verla tan segura y relajada en mis brazos. Estaba cómodo y en casa… estaba en casa con ella.

Imagine que un pequeño beso sería lo más adecuado para esta situación; así que pasé mi lengua por mis labios, agache la cabeza y atraje su rostro con mucho cuidado hacía mí. Nuestros ojos se encontraron, algo hizo click en nuestras miradas… la vi abrir su boca un poco, dándome así permiso de besarla con pasión, me acerque más, sintiendo el rocé de nuestras encontradas respiraciones, abrí la boca para hundir mi lengua en ella, pero de pronto se separo tan bruscamente de mis brazos y de mi beso, que juro que fue doloroso.

—¿Qué sucede? —pregunte confundido, más ella no me observaba a mí, sino a otro hombre.

Tenía la vista fija en un hombre que se encontraba de pie sumido entre la oscuridad de las mesas más lejanas, la observaba detenidamente. Este avanzo descubriéndose, era un hombre al que no conocía, mayor, de cabello oscuro y gafas, tenía el rostro ceñudo y miraba a Serena con directa desaprobación.

—¿Conoces a ese hombre? —la observe fruncir el ceño ante mi cuestionamiento, pero cuando volvió su rostro hacía mí, no había rostro de enojo.

—¿Vamos a dar un paseo al jardín? —sugirió ladeando la cabeza con calidez. Me limite a asentir, no había nada en este mundo que no haría por ella.

Salimos por el enorme portón que daba camino a los majestuosos jardines, olvidándonos de aquel misterioso hombre. El jardín igual estaba bellamente decorado con pequeñas lámparas que colgaban de los árboles y arbustos. Era un edén personal, hermosas flores de todos los colores y tamaños, pintaban y perfumaban el ambiente de manera exquisita; el pasto se sentía suave y saludable. A lo lejos se apreciaba un pequeño puente y un lago, que juraba era artificial, pero no por eso menos bello, también había bancas esparcidas dónde ya se refugiaban diversas parejitas; muchas de ellas besándose, por supuesto yo esperaba correr la misma suerte.

Caminamos a sus alrededores bajo la mirada lasciva de muchos hombres que evidentemente no me veían a mí. Yo estaba muy emocionado, Serena y yo habíamos roto nuestro record de 15 minutos juntos; era cálido y a la vez aterrador estar a su lado, constantemente me cuidaba de no decir algo estúpido o algo tonto, o peor aún, dejarme vencer por los nervios de la excitación.

A lo lejos logramos ver a Lita y a Andrew, quienes ya se acercaban a saludarnos.

—¡Por Dios! ¡Se ven fantásticos! —balbuceó Lita—. ¿Seguro que no son nada?

—¿Perdón? —intervino Serena arqueando las cejas ¿Ofendida?

—¡Gracias Lita! —interrumpí contestando antes de que Serena dijera algo que acabara con mis esperanzas—. Por cierto ¡Estas bellísima! —sonreí, al escuchar el jadeo de Serena—. Pero no puedo decir lo mismo de ti mi ridículo amigo —dije señalando el ridículo disfraz de Andrew ¡Era lamentable!

—Ja, ja, ja. Ríete todo lo que quieras Seiya —expresó con ironía—. Pero tú y Yaten ¡Hicieron trampa! no vinieron con trajes renacentistas —acusó receloso.

—Eso fue para no hacer el ridículo que ahora haces mi querido amigo ¡Ese traje es espantoso! —solté una carcajada socarrona, dirigiendo mi malévola sonrisa hacía las mallas de Andrew.

—Ya, ya amor… no te ves Tan mal. —calmó Lita sin evitar hacer un mohín.

—¡No cabe duda que el amor nos vuelve ciegos! —me burlé, mientras Lita me suplicaba con una mirada que le bajará a mi humor.

—Serena, se ve increíblemente hermosa ¿Verdad amor? — halagó Lita, para cambiar de tema. Andrew únicamente asintió avergonzado, yo lo entendía ella podía intimidar en uniforme, pero su belleza ahora resultaba abrumadora… especialmente con aquel escote.

—Gracias —respondió seca y algo fastidiada, era obvio que socializar no era su pasatiempo preferido.

Estuvimos en silencio hasta que Lita hablo de nuevo —Emm… Por cierto ¿Qué mesa les tocó?

—La mesa 235, junto a Yaten y Mina.

—¡Qué lástima! Me hubiera gustado estar todos juntos en la misma mesa… Aún así espero que me guardes un baile Seiya —solicito con un guiño coqueto.

—¡Oye Seiya no te pases de coqueto con mi novia! —espeto Andrew.

—¿Yo? —pregunte totalmente inocente—. ¡Cuenta con ello Lita!—le respondí enseguida besándole la mano.

—¡Vámonos Lita! —refuto un muy celoso Andrew, mientras alejaba a Lita de mi amenazadora presencia.

—¿Eh? —pregunto desconcertada—. ¡Los vemos adentro, hasta luego Serena, Seiya! —se despidió Lita mientras Andrew ya la arrastraba a lo lejos.

Que Andrew me considerara amenazador me resulto de lo más gracioso, finalmente solté una carcajada de lo más estrepitosa, enseguida volteé a ver a Serena, estaba casi seguro que a ella también le resultaría gracioso y ridículo, sin embargo ella se encontraba totalmente asqueada y enojada.

—¡Mejor hubieras venido con Lita! —me recriminó.

—¿Qué te sucede? Creía que te agradaba Lita.

—Creo que te estaba coqueteando —me dijo directo a los ojos.

—¿Quién Lita? ¡¿Bromeas? Ja, ja. —no pude evitar soltar una risita… me parecía algo realmente increíble que ese comentario viniera de ella.

—¡Si te vas a reír de mí, mejor me voy!—sentencio dándose media vuelta.

—Hey, hey, hey ¿Dónde vas? ¿Estás hablando en serio? —logré alcanzarla tomándola con suavidad de uno de sus brazos—. ¿Dime porque te pones así? —le cuestione divertido ¿Ella no podía estar celosa, o sí?

No respondió.

—¿Estas enojada?

—Un poco —admitió cruzándose de brazos.

—Y… ¿No me vas a hablar? —musite con voz grave, ella meneó ligeramente la cabeza—. ¡Bien! Entonces yo puedo hablar por los dos. —le dije envolviéndola entre mis brazos; ella trato de escabullirse pero no se lo permití, por lo contrario, la abrace por su espalda con fuerza, pegándome a ella hasta lo imposible. Una vez que dejo de oponerse, recosté mi cabeza en la hendidura de su cuello y posé mis manos con suavidad sobre su vientre.

—¿Cuéntame? ¿Por qué te pones así?—le susurre cerca de su oído, acariciando el lóbulo con mis labios ardientes. Serena se estremeció y cerró los ojos.

—Creo que tú también le coqueteabas —admitió con voz acentuada.

¡La felicidad de ese comentario fue única! Tanto que suspiré cerrando los ojos un instante, para preservar la felicidad que me brindaron esas palabras.

—Serena… —la llame al oído—. Te amo —le confesé con suavidad y la sentí temblar en mis brazos—. No existe nadie más en mi corazón que tú pequeña, ¡Te amo! Además ¿Sabes que eres mi primera novia? ¿No?

—¿Novia? —se giro a punto de protestar.

Yo simplemente reí, me encantaba verla cual niña caprichosa. —¡Vamos Serena compórtate! —coloqué un dedo sobre sus labios—. ¡Déjame soñar esta noche! —le pedí con ternura.

—¡Eres un hombre manipulador Seiya Kou!—mascullo en un fingido tono iracundo, mas su sensual sonrisa me indicó que haría cualquier cosa menos rechazarme.

—Pero si mal no recuerdo… a ti te fascina este manipulador e insoportable hombre que se desvive por ti —respondí riendo estúpidamente, no podía controlar la felicidad de aquél descubrimiento.

Ella entrecerró los ojos, moviendo la cabeza con gravedad, con falsa indignación.

—Egocéntrico —lanzó.

—Engreída —respondí.

—Ridículo —volvió a ofenderme.

—Hermosa —contraataqué.

—Te odio —murmuro riendo.

—Te amo —respondí poseyéndola por la cintura, besándola sin más rodeos, como había deseado hacer durante toda la noche.

La bese con fervor, mientras la apretaba con fuerza a mi pecho, acariciando su sedoso y perfumado cabello repetidas veces; entregándonos en este beso por demás pasional, sus labios eran mi tortura, y degustarlos era un placer que los Dioses estando en deuda conmigo me habían regalado.

—Tenemos un gran problema Bombón —musité contra sus labios.

—¿Cual? —me pregunto con inocencia.

—Soy adicto a ti… —logre decir, mientras procedía a perderme nuevamente en sus labios.

Pasaron minutos, y al fin nos separamos por la ausencia de oxigeno. ¡Maldita respiración! Separarme de sus labios era doloroso, pero necesario, tampoco quería matarla de asfixia.

—Cariño debemos volver —dije mientras repartía pequeños besos por su níveo rostro. La textura de su piel era increíblemente adictiva. Era asombrosa la forma en que la suavidad de su piel provocaba que no pudiese despegarme de ella.

Ella acepto y yo la tome del brazo, explorando nuevamente los jardines.

A pesar de que no había nada oficial entre nosotros, cualquiera que nos viera juraría que éramos novios. Por qué la afinidad que en ese momento había entre ella y yo no se podía esconder.

Mientras caminábamos un recuerdo se hizo presente:

"Algún día no seré la única mujer en su vida. Llegará el día en que su corazón será únicamente de otra mujer y la amaran más que a nada en este mundo, y quiero que sepan que estoy totalmente de acuerdo en ello".

Sin duda alguna mi madre era la mujer más sabía del mundo, siempre anticipándose, siempre teniendo razón. Serena era aquella mujer, ella había llegado a llenar por completo mi corazón, y no había duda de que yo le pertenecía. Viré hacía donde estaba y la vi sonreír como si hubiera leído mis pensamientos, alce nuestro lazo besando en el acto su delicada mano, atrayéndola más hacia mi cuerpo.

En nuestro camino una pequeña niña pelirroja cayó, había tropezado con su muy largo vestido de muñeca.

—¡Dios Mío! —vi correr a Serena hacia dónde se hallaba tendida la pequeña niña—. ¿Estás bien pequeña? —la escuché preguntar.

—¿Te dolió mucho? —le pregunto Serena con preocupación, la niña asintió con la cabeza, sin dejar de llorar—. Tranquila pequeña, dijo envolviéndola entre sus brazos con ternura hasta que el llanto de la niña ceso.

—Gracias señorita es usted muy bonita. —le agradeció con ternura la pequeña niña.

—A partir de ahora necesitas tener más cuidado ¿Ok? —le hizo prometerle con una sonrisa, la levanto y le acomodo el pequeño vestido.

Ella era maternal. Maternal y tierna. Verla así, tan dulce, tan humana y no un tempano de hielo, me hizo desconocerla. No era la serena que yo conocía, no era fría como el hielo, la desconocí, pero sin duda este lado de ella no hacía más que hacerla mucho más perfecta.

Ella se levanto tan pronto vio a la pequeña reunirse con la que parecía ser su madre. Su rostro. Era una extraña expresión de paz. Camino hacia mí sin dudar, solo deteniéndose cuando estaba tan cerca de mí como para que el calor de su cuerpo me golpeara como un terremoto.

—Eso fue… ¡Lindo! —comente sorprendido.

—Pues que pensabas… ¿Qué le pasaría por encima? —arqueó una ceja con indignación.

—Pues la verdad… —observe como torcía la boca—. No te creas… Realmente fue lindo verte así… demasiado lindo, diría yo.

—Tampoco soy un Monstruo Seiya… No me conoces del todo.

—Lo sé, lo tengo claro, pero quiero hacerlo, dame esa oportunidad —le pedí tomándola de la mano—. Cuéntame algo sobre ti. —solicite mientras la guiaba a una de las banquillas del jardín, dónde ambos nos sentamos.

—¿Cómo qué, quieres saber? —me pregunto una vez que estuvimos sentados.

—Pues no sé, cuáles son tus hobbies, tu color favorito, cómo te gustan los hombres, que puedo hacer para que aceptes ser mi novia… ya sabes esas cosas que salen en una plática normal.

— ¡Ja! Eres gracioso —sonrió dispuesta a cooperar, llevándose una de sus manos a su barbilla—. Veamos… pues mi color favorito es el morado, mi pasatiempo… pues yo diría que pintar, adoro la forma en que se puede transmitir emociones o sentimientos con una simple imagen y la verdad aquí entre nos ¡Lo hago excelente!

—¡Me encantaría ver algo hecho por ti!

—Quizás algún día. —respondió y aquello me satisfizo. La probabilidad sin duda resultaba más que esperanzadora.

—Cuéntame algo más —le supliqué acariciando la palma de su mano, llenándola de círculos imaginarios, deseaba saber cada detalle de su existencia—. ¿Tienes hermanos? ¿Cómo fue tu infancia? No sé, pero te imagino toda caprichosa, consentida, necia y berrinchuda. —reí al contemplar aquello, pero ella no le encontró gracia.

—Quizás te equivocas —dijo posando sus ojos en el suelo—. Hermanos no tengo, aunque sospecho que muchos medios hermanos sí.

Fruncí el cejo curioso.

—¿Cómo está eso? —cuestioné sospechando que me acercaba a temas frágiles para ella.

—¡Ja! No te hagas —resoplo—. Tengo la seguridad de que ya habrás escuchado por ahí mi inusual biografía —lo cual era cierto, pero su risa amarga indicaba que no era como me lo habían contado.

Serena se levanto de la banquilla, bufando para sí misma. — ¡Ah! Es la historia de siempre, ya sabes, mi padre le puso los cuernos a mi madre repetidamente, y lo siguió haciendo aun cuando ella murió, hasta que termino por casarse con Ikuko ¡A quién realmente compadezco! — rió con sarcasmo—. ¡La pobre sufre la misma maldición!

Me levante acercándome a ella, mientras ella se reclinaba en el tronco del árbol junto a la banca —¿No te llevas bien con tu padre? —me atreví a preguntar, tomando su mano nuevamente; ella miró nuestro agarre y después me miró a los ojos con brevedad, no soportaba verme como siempre lo hacía.

—La verdad es que no estoy segura de que mi padre haya amado nunca a ninguna mujer, y me incluyo en la lista, para él soy… Mmm como decirlo…. Una buena inversión a futuro.

—¿Inversión? —interrogué pero ella no contesto.

—¿Cuánto hace que falleció tu madre Serena? —cuestione con cuidado, contemplando la idea de que ella quizás no respondería, pero sin embargo lo hizo.

—Hace 2 años —dijo mirándome de soslayo—. Te parecerá increíble que mi padre ya tenga esposa ¿No?

—No me atrevo a juzgarle, por respeto a ti.

—Lo que se ve no se juzga Seiya. Uno nunca obtiene lo que quiere, las cosas siempre finalizan, todo lo que empieza acaba. —dijo deshaciendo con brusquedad el abrazo de nuestras manos.

—¿Por eso prefieres estar sola? —pregunte de golpe. Ella siempre estaba sola, en el colegio no tenía amigos, y según tenía entendido rechazaba a todo aquel que se atreviera si quiera a dirigirle la palabra. Pareciera que disfrutaba de la soledad.

—¡No seas idiota! —grito desdeñosa—. Tú ni siquiera me conoces.

—Te equivocas —respondí acorralándola en el tronco del árbol, atrapándola entre mis brazos—. Digo, sé que no eres una blanca palomita, pero también sé que hay mucha luz en ti.

—No soy buena Seiya… —respondió casi inaudible.

—Eso me toca juzgarlo a mí ¿No crees? Por ahora ¡Te amo! Con toda y tu inestabilidad emocional —murmure levantando su mentón, trate de besarla pero ella me rechazo.

—¡Eres tan simple! —me contesto con un desprecio intenso y desgarrador, como si de repente decidiera que lo mejor sería odiarme.

—¿Y ahora porque ese cambio tan abrupto? —hable interponiéndome en su camino.

—¿Me dejas ir? —pidió enarcando una de sus cejas.

—Si quieres irte, no te detendré —ella se detuvo en seco sin voltear, yo aproveche a seguir hablando.

—¡Eres demasiado voluble! ¿Sabes? —dije, mientras ella procedía a marcharse.

No pensaba perseguirla, no esta vez. No quería seguir jugando, yo no jugaba con ella, y me enojaba la idea de pensar que ella si lo hacía conmigo.

—Hace unos momentos la estábamos pasando ¡Tan bien! y ahora… Siento la misma sensación que cuando nos conocimos por primera vez; cuando me evitaste como si yo fuera un leproso. Después, un día me besas con pasión incluso con ternura y el otro día me ignoras como si jamás me hubieses conocido. Intente ser simpático contigo y me rechazaste en público una y otra vez… Realmente contemple la idea de que me odiabas, y ahora eso surge de nuevo —me descargue, finalmente tomando asiento en la banca.

Ella se giró avanzando hasta a mí —¡Eso es lo que pasa cuando uno no escucha las advertencias! —expreso y cuando la tuve lo suficientemente cerca de mí, sujete sus manos de manera aprehensiva.

—Serena… A veces es bueno arriesgarse un poco, conocer ambos lados, ¿Ya sabes? cómo puedes decir que te gusta el día si no conoces la noche; a veces puede ser grato el descubrimiento, como me lo lleve contigo hace rato, me di cuenta que no fingías… me di cuenta de que en la escuela lo haces continuamente.

—¿Cómo estás seguro que no fingí hace rato y está soy yo de verdad? —respondió desafiándome con la mirada.

—No lo sé… supongo que es algo que se siente en el corazón.

—¡Ja! —rió sarcástica—. Tienes alma de poeta Kou… Pero a veces simplemente la gente no cambia ¿Sabes?, a veces simplemente hay placer en lastimar a los demás… mi madre se arriesgo con mi padre, y mira como termino…. Muerta y engañada.

—¡Pero ella no eres tú! —le recalqué—. Es verdad que ella era tan hermosa como tú… quizás solo en eso se parecen.

—Era bella, si, pero demasiado idiota y egoísta —murmuro letal. Me sorprendió el desprecio con el que hablaba de su madre, aquello era realmente sospechoso—. Ser bella no le sirvió de mucho para retener a mi padre como bien te habrán informado. Todo siempre termina Seiya, ¡Grábatelo! a veces es mejor disfrutar los momentos agradables sin involucrarse de más.

—Lo siento pero no estoy de acuerdo contigo…—arguye decidido; ella me miró sorprendida—. No hay nada más hermoso que el sentir que estarás con la persona amada hasta el final. Y ¡claro que no es fácil! es trabajoso, el amor debe cultivarse a diario… ¡El amor para siempre si existe Serena! ¡El error se basa en que la gente realiza elecciones precipitadas o erróneas! Si te das por vencida antes de tiempo es obvio que fracasarás ¡Te estás programando para fracasar! ¿Entiendes?—hable con notas de desesperación, quería convencerla de mi punto de vista. ¡No quería perderla! o arruinar nuestra cita… eso me provocaba una sensación verdaderamente aterradora.

Ante mis palabras ella pareció tranquilizarse. — ¿Alguna vez has amado a alguien Seiya? —pregunto distante.

—Yo amé, si. Amé con toda el alma a mi madre… No había amado a una mujer de nuevo desde su muerte. Pero ahora, viendo tu otro lado, te puedo responder aquella pregunta que me hiciste una vez… ¡Te amo! con todo y tu bipolaridad, con tu frialdad, con tu pasión, con tu ternura y tu bondad…—trate de abrazarla pero no me lo permitió.

En vez de eso, la observe sentarse en la banca con agotamiento; camine hasta arrodillarme, quedando a su altura. Lentamente ella posó sus ojos sobre los míos, estaban sombríos, sin vida y algo se retorció en mi interior ante el dolor que vi en su rostro.

Ella no hablaba parecía absorta en un mundo del cual yo no era parte… Realizo una pausa tan larga que por un momento temí que no volviera a dirigirme la palabra, sus pensamientos para mi eran una verdadera incógnita.

—No te odio—pronuncio al fin—. No te he odiado nunca —añadió despacio como interpretando algo para sí misma.

Solté el aire trémulamente ante su respuesta. El miedo que había en mí, se disipo tan pronto escuche la sinceridad de esas palabras. Ella no volvió a decir nada, su mirada se había vuelto a ensombrecer y parecía mirar a lo lejos algo que solo ella podía ver.

—Serena… — la llame, pero ella no pareció reaccionar—. ¡Hey serena! Escucha… sé cómo te sientes, se que te duele… sé cómo se siente perder a un ser querido, te sientes abandonado, triste, solo…

—No, ¡No lo sabes! —estallo levantándose con brusquedad; y yo la seguí—. Tú tienes a tus hermanos que te aman, tienes a tu abuela, a tus amigos y tu madre no… —calló.

Apretó con fuerza sus delicadas manos y la mandíbula. Pude ver la tristeza y la rabia reflejada en su rostro de cristal, que se rompía en pedazos, como si sencillamente ya no pudiera soportar más. Conforme ella se desmoronaba pude ver lo que se encontraba debajo de sus muros. Y se me heló el corazón al verla tan indefensa… Ellas siempre tan fuerte, tan orgullosa e impenetrable.

Caminé hasta quedar a su lado…

—Lo sé... lo sé amor, se cómo debes sentirte… pero no estás sola, yo estoy contigo hoy, siempre, siempre a tu lado —reafirme envolviéndola entre mis brazos, y esta vez ella no se opuso a que lo hiciera; la sentía tan delicada, tan pequeña, como aquella niña que se había tropezado hace momentos. Sentí el hundir de su rostro entre mi pecho, estaba llorando.

Escuche pasos a lo lejos, observando como una pareja comenzaba a acercarse.

—Vámonos de aquí —ella me miró, asintiendo. Así que agarre su mano, dirigiéndola hacia los adentros del jardín, donde nadie pudiera verla llorar y en donde ella pudiera llorar todo lo que quisiera… yo sabía lo importante que era desahogarse.

—Sé a dónde ir —musito con un hilo de voz… guiándome hacia las profundidades del jardín, alejándonos del baile, dónde se supone que deberíamos estar. Caminamos y caminamos, el terreno del club era excesivo, hasta que a lo lejos logre contemplar una pequeña estructura, no edificio, más bien una pequeña casa.

—¿Qué es esa casa? —cuestione dudoso.

—Es el club de arte, hacía allá vamos.

—¿Cómo entraremos? ¿No está cerrado?

—Sí, pero siendo la encargada de aquél, siempre escondo una copia de la llave encima del marco de la puerta.

Llegamos al elegante edificio, y cerciorándome de que nadie nos viera irrumpir, alcance la copia de la llave.

—Míranos, ¡todos unos expertos ladronzuelos! —bromeé y ella me sonrió con delicadeza.

Me acerque a ella para darle un pequeño beso en la frente —¿Te sientes mejor? —ella asintió.

—¡Vamos! ¿No pensarás quedarte ahí hasta que nos descubran, o si? —expresó apresurándome.

—Pues a decir verdad…. Suena excitante tener publico —chasqueé y ella me apuro con un ademán.

Introduje la llave en la cerradura, y casi me causa sorpresa ver que efectivamente la puerta se abría. Gire hacia ella, y tome su mano uniéndola a la mía introduciéndonos en la misteriosa habitación.

—Es una suerte que la luz de la luna traspase las ventanas —le comente, viendo que no era necesario prender alguna luz que nos pusiera en evidencia.

El olor a pintura despertó mis sentidos. La habitación estaba llena de pinturas de oleo y fotos que colgaban de las blanquecidas paredes, como si de una exposición en el museo se tratará.

—Supongo que también es el salón de pintura —descifre.

De arte —me corrigió.

—¡Bah! ¡Es lo mismo! —resople mientras seguía admirando cada uno de los lienzos.

Mi vista paso de un marco a otro, hasta detenerse en una conmovedora pintura de una madre con su bebe, firmado por S.T. Apreté el cejo y me volví hacia ella de inmediato.

—¿Tú la pintaste? —ella asintió con tristeza. Y entonces recordé el objetivo de haber venido hasta aquí.

—¡Serena, escúchame bien! Y escúchame atentamente, porque creo que jamás he sido más sincero con nadie, más que contigo ¡Te amo!... Más que a nada en el mundo.

—Crees amarme… —murmuró dándome la espalda.

—¿Eso crees? Entonces explícame algo… —tomé su mano derecha y la giré hacia mí con suavidad; colocando su mano esta vez sobre mi agitado pecho—. ¿Lo sientes? —pregunte anhelante—. ¿Puedes sentirlo? —ella asintió esta vez—. Es mi corazón que te pertenece, como cada parte de mi pobre existencia —susurré juntando nuestras frentes y besando fugazmente su nariz, la refugie en la calidez de mis brazos. Ella no se resistió, simplemente hundió su rostro en mi pecho.

—Mi corazón... No ha latido en mucho tiempo…—la escuche decir.

—No te preocupes amor… Yo haré que tu corazón lata otra vez, ¡Lo juro!—declare elevando con suavidad su rostro, deslizando mis manos desde su cintura hasta sus caderas. Incliné mi frente hasta tocar la suya sin apartar mí vista de ella ni un sólo instante, así la besé con suavidad y después excediendo los límites de la ternura.

Fue un beso colmado de amor, fue tierno, apasionado… Perfecto. El roce se volvía cada vez más placentero, pero Serena necesitaba oxígeno y no estaba dispuesto a que muriese. Aunque si yo tuviera que morir, para mí esta sería una buena forma de sucumbir a la fatídica muerte.

—No te odio Seiya… no podría —dijo negando repetidas veces y después bajo la mirada hasta mi mano, como si acabara de darse cuenta de que estaba allí; entrelazo sus dedos fuertemente entre los míos, como si dependiera de ese lazo su vida y me miro con perplejidad. Y entonces sin poder evitarlo, me incline hacia sus labios nuevamente, abrazándolos con aprehensión.

Y fue tan sencillo como eso… con aquél beso, todos mis temores encerrados se disipaban como si simplemente nunca hubiesen existido.

Lo que yo sentía en esos momentos no era sólo deseo, sino una ternura dolorosa y un amor tan fuerte que me hacía estremecer. Sentí la presión de nuestros labios abrasándose de nuevo y apenas fui capaz de soportar la dulzura y pasión entre mezclados de aquello.

Me separe despacio y ambos nos miramos a los ojos con maravillada alegría. No hablamos, no había necesidad de usar palabras. Serena acarició mi rostro con devoción y fue entonces que lo supe con seguridad… supe que ella nunca me había odiado.

La contemple con esos hermosos ojos húmedos y como nunca antes, pude ver quien era realmente, y vaya que era hermosa. Ella intento hablar ante mi escrutinio, pero no se lo permití posando dos dedos sobre sus sedosos labios.

Aun sin poder verme, estaba seguro que tenía el rostro rojo, ya que podía sentir mi corazón palpitando impetuosamente; no sabía si era la emoción o la vergüenza de no saber qué rayos estaba a punto de hacer.

—Seiya… no podemos —masculló sobre mis labios yo entendía a que se refería.

—Ya lo hemos hecho… —le murmuré con voz suave en el oído, apretándola aún más contra mi cuerpo. —Serena… toda una vida me estaría contigo, no me importa en qué forma, ni cómo, ni dónde, pero junto a ti siempre.

—Te amo —pronuncio. Esas palabras resonaron en mi interior, de improvisto mi miedo había desaparecido, reemplazando por una felicidad y una seguridad desconocida.

Posé mis ojos en sus celestes y pasé mi lengua por mis labios. Sonreí al darme cuenta de que esta vez era yo quién tenía el control; cerré los ojos suspirando su deliciosa fragancia de vainilla y fresas, ese aroma que yo recordaría entre un mar de olores; una combinación peculiar como lo había sido desde siempre ella.

Sentí sus blancas manos tomarme por la cintura atrayendo mi cuerpo al suyo con inseguridad. Pegue mi frente sobre la de ella y negué con ligereza.

—¡Te amo! ¡Demasiado! —besé su frente—, ¡Me encantas! —susurre mientras bajaba por su cuello—, Toda tú… todo tu cuerpo, tu aroma, tu sonrisa, tu voz…. —la bese frenéticamente en los labios, mientras recorría con mis manos su espalda bajando hasta tomar sus caderas y presionarlas fuertemente contra mí.

No sabía lo que hacía, mis manos habían cobrado vida propia… lo único que conocía era que la deseaba más que a nada en el mundo, que la necesitaba, necesitaba besarla, acariciar su piel y sobretodo necesitaba sentir su piel desnuda bajo mí.

Propulsado por los sentimientos que se arremolinaban en mi pecho, despojé a una de las pinturas de la tela que la cubría y la extendí sobre el suelo. Me hinque, atrayendo a Serena hacia mí; ambos nos sentamos de rodillas, uno frente del otro. Nunca antes había estado así con una mujer, y no sólo eso, si no que ahora se trataba de serena, cuya belleza parecía proceder del cielo, Serena, a la que amaba más que a mi propia vida; y porque la amaba realice un gran esfuerzo por continuar.

No había duda, deseaba hacerle el amor. ¡No me importaba que tan jóvenes fuéramos! Quería hacerla mía, entrar y salir de ella, sentir su desnudez. Sabía que una vez que ese acto se culminara…. Yo le pertenecería hasta el final de los tiempos.

— Serena… Quiero hacerte el amor —pronuncie impulsivamente, sintiéndome al borde de explotar, jadeante y deseoso. Ella asintió y eso me basto para rendirme por completo a sus pies.

Volteó dándome la espalda, alzando su hermoso cabello para que pudiera desabrocharle aquél incomodo corsé. Deslicé mis dedos por los listones del corsé, despojándola de él con tal habilidad cómo si lo hubiera hecho desde siempre.

La obligué a girarse nuevamente hacía mí, sintiendo enseguida sus labios moverse sobre los míos con destreza; cerré los ojos para profundizar las sensaciones que sólo ella me provocaba, esta vez no sabía a frambuesa, pero su sabor seguía siendo dulce; moví mis labios sobre los suyos minuciosamente, saboreando cada rincón de su boca.

Deslicé con lentitud y cuidado mis dedos por encima de su hombro para finalmente bajar el tirante de su vestido; repetí la acción con el otro lado. Finalmente el vestido cayó al piso dejando a Serena únicamente con sensual ropa interior, pase saliva, respirando para no dejarme vencer por los nervios. Acaricie su rostro, bajando después una mano hasta su cuello, y luego a su perfumado cabello de oro, mientras que con mi otra mano acariciaba su cintura con toda la suavidad permitida, tratando de que la fuerza ejercida no la lastimara por la intensidad de mi deseo. De pronto sentí sus manos despojarme de mi saco, de mi capa y por último de mi camisa, yo la ayude a desabrochar los botones, ardía de ansías. Cuando al fin la molesta camisa hubo fuera, Serena posó sus manos extendiéndolas sobre mí torso, acariciando mi pecho desnudo mientras yo gemía de placer, con la simplicidad que aquella caricia me provoco.

Me incliné sobre ella, besando su cuello, sus hombros y su pecho. Acaricie su blanca espalda de arriba abajo, sintiendo la calidez que se desprendía de su desnudez. Tomé su cuello como soporte, ladeando su rostro para profundizar nuestro beso, hundiendo mi lengua en su húmeda cavidad, dejando que el poco aire que retenía se me escapara.

Nos separamos un instante para tomar aire y ella sonrió, yo aparte uno de los rizos de su frente con sutileza, busque sus manos y las bese en la parte inferior de la muñeca, sintiéndola estremecer, no sabía si era de frío o de placer. Brevemente mis manos reiniciaron el recorrido de su cuerpo, como si no tuvieran suficiente de ella, estaba seguro que nunca me cansaría de poseerla. Erguí mi lengua dibujando un camino desde su cuello hacía el nacimiento de sus senos, posé mis manos en su espalda desabrochando finalmente el sostén que los cubría, lo quité echándolo hacía un lado y ella se cubrió el busto de inmediato, como si algo en ella pudiese carecer de perfección, como si algo en ella pudiese no estar en perfecta armonía.

—¿En verdad crees que dejaré que te escondas? —murmure sonriendo contra su mejilla, abrazándola y acariciando su espalda con devoción—. No me prives de tu hermosura… —solicite con delicadeza a su oído.

Después de todo no era la serena experimentada de mi sueños, no era mi sensual demonio de placer, era ella, genuinamente, ella, tan ávida de cariño, tan tierna y dura a la vez, y ahora tan expuesta a mí.

Lentamente comencé a remover sus brazos, dejando a la vista dos hermosas cimas. ¡Era hermosa! No podía imaginar algo más bello. La mezcla perfecta entre sencillez y divinidad. Poseedora de una belleza única, rozando el límite entre la más poderosa sensualidad innata y la ternura propia de un ángel. Frágil como la más fina porcelana. Rostro de niña, cuerpo de mujer, y por sobre todo mía.

Me maravillé con la vista y al parecer mi mirada se perdió en su cuerpo más tiempo de lo que permite la buena educación, puesto que se removió incomoda en su lugar ¡Al diablo la buena educación!, me dije al momento en que estreche mi pecho contra su piel desnuda. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal al sentir el contacto de sus senos desnudos sobre mi piel. La sentí temblar ante este contacto, y la abrace fuertemente, de manera casi posesiva.

—¡Me vas a volver loco! —suspiré contra su piel, logrando que se tensara. Enterré mi nariz en su cuello inhalando su dulce aroma a mujer. Permití que su fragancia inundase mis sentidos. Ninguno de los dos cerramos los ojos, nos vimos firmemente con amor, ambos ardientes de deseo. En sus ojos puedo ver que ella sabe a la perfección cuanto anhelo hacerle el amor.

Sin más titubeos, parpadeé cuando sentí sus manos desabrochar mis pantalones, gemí cuando accidentalmente su delicada mano rozó mi miembro por demás erecto, el deseo ardía por cada poro de mi piel, haciéndome perder la razón en su desnudez. Ella se sentó, extendiéndome su pierna para que le quitara las zapatillas y yo sonreí encantado ante ese gesto de niña traviesa; quité ambas zapatillas, besando posteriormente los dedos de sus pies, sus pantorrillas, sus muslos. ¡No quería que alguna parte de su cuerpo se me escapara!

Su cuerpo tembló al sentir mis manos frías alcanzar su espalda baja, y después deslizarse hasta sus glúteos. Acaricie con mis labios su cuello, sintiendo su agitado aliento sobre mí pecho. La recosté en el manto, bajando hasta su vientre para deshacerme de la única prenda que me impedía hacerla mía, trate de deslizar su pataleta, pero tuve dificultad en hacerlo habilidosamente; escuché reír a Serena por lo bajo y no pude evitar reír también.

¡Hey, soy un novato!

Serena termino ayudándome y cuando la prenda hubo en el suelo, dedique un segundo en admirarla a plenitud. Tenía a la mujer más hermosa del mundo, agitada, sonrojada y lista para que le hiciera el amor, ¡No podía estar más agradecido con la vida! Una tórrida energía eléctrica se presentó de nuevo, extendiéndose por mi pecho y por mi miembro extremadamente erecto; me mordí el labio inferior con ansiedad, sintiendo como un calor dentro de mí se agrandaba por todas partes, así que me quite el bóxer que aprisionaba mí intimidad.

—¡Eres perfecta! —fue tan sólo un instante en que la vi a los ojos, pero ese instante fue suficiente para darme cuenta de lo mucho que la amaba.

Acaricie su pecho regocijándome con sus texturas, eran tan suaves como los imaginaba, o mejor dicho como las recordaba. La fuerza de mis caricias iba en aumento, acaricié con frenesí sus delgadas y bellas piernas, no quería exagerar mi fuerza por ser un principiante, pero Serena me hacía perder el control. Suspiré y sacudí la cabeza. La ansiedad y los nervios no eran en absoluto buenos consejeros. Continué con las caricias por todo su suave y bien formando cuerpo uniendo continuamente mi boca a la suya. No terminaba de besar una zona y me dirigía como autómata hacia otra. El hermoso latido de su corazón había tomado un ritmo que se me hacía irreal, sus hermosos pechos subían y bajaban al ritmo de su entrecortada respiración. De pronto me vi como un idiota sonriendo solo, sin motivo aparente, ¡claro! aparte de que la mujer de mis sueños estaba tendida en una manta solo a segundos de pertenecerme por completo.

—Bombón ¿Estás segura? —quise asegurarme, ella volvió a asentir.

Continúe besándola, mientras esta vez me atreví a besarle los pequeños pechos desnudos, primero con ternura y después muy intensamente en el momento en que sentí como estos se erguían, quede maravillado al darme cuenta de que las sensaciones y los sabores eran aún mejor que en mi sueño. Endurecí mi lengua, pasándola por encima de su pezón, estaba duró y muy firme, succione con cuidado, mientras que con mi otra mano acariciaba su otro pecho… ¡Era deliciosa!

Tenía la seguridad de que esta sería nuestra primera vez, y pese a todo me hallaba seguro, impulsado por el amor que sentía por ella.

—Te dolerá —le dije al no poder reprimir mucho más el deseo de sentirme dentro de ella.

—Confió en ti —musito contra mis labios.

—Lo haré despacio mi bombón —le expliqué antes de sujetar con firmeza sus caderas, pero cuidando en todo momento de hacerlo con suavidad. Separé sus piernas y me posicioné sobré ella velando siempre que mi peso no recayera sobre su pequeño y frágil cuerpo. Partí por rozar con la punta de mi miembro, el cual ya se encontraba más que listo para entrar.

Era en momentos como estos que agradecía la experiencia adquirida en mi sueño. No es que el sueño me hubiera dado experiencia… esto era instintivo, innato. Comencé a empujar lo más suave que pude, tratando de controlar siempre mi deseo. Serena jadeó, arqueando su espalda y se aferró con fuerza a mis hombros. Era como si nuestros cuerpos hubieran sido hechos al mismo tiempo y del mismo molde, pues encajaban perfectamente el uno con el otro.

—¡Seiya! —gimió mi nombre besando mi cuello y acariciando mi trasero con fuerza. Y eso… definitivamente no fue una buena idea.

—A-mor —pronuncie en un pobre intento de sonar calmado. No pretendía asustarla, pero si continuaba así mi autocontrol se iría al demonio y terminaría por hacerla mía de la forma más primitiva que pudiese imaginar.

—¿Qué sucede? —musitó contra mi pecho.

—Cariño… no sigas —he de admitir que me aterraba no tener un buen rendimiento.

—¿Con qué? —volvió a musitar contra mi pecho ¡Maldita sea! Tampoco quería que se detuviera.

Y sin decir más la besé con urgencia. La necesitaba ¡Dios cuánto la necesitaba! Cuidando de no lastimarla comencé a adentrarme más en ella. Abrazándola y besándola hasta que su cuerpo se acostumbrara a mi presencia, musitando sobre su oído palabras que aliviarán un poco el dolor que sentía. Finalmente, la punta de mi miembro encontró tope entre sus angostas paredes. Serena era tan estrecha tan exquisitamente ceñida que no pude reprimir el gemido de placer al sentir como su estrechez provocaba que la fricción fuese asombrosamente placentera.

Sin embargo me detuve al momento, sabía que esto no sería fácil. Sobre todo para ella. Me quedé inmóvil un momento sin traspasar aún la sublime barrera de su pureza. Me incliné hacia ella y la besé, dándole pequeños besos alrededor de su hermoso rostro, en su cuello y una vez más probé sus pechos. Ella tenía las mejillas ruborizadas, nuestras pieles desnudas se encontraban ligeramente húmedas luchando contra el frio del clima, sudorosas y agitadas, tal como había sucedido en mi sueño.

—¡Te amo! —musité contra su boca una vez más… ella sonrío contra mis labios mientras que asentía. Y sin perder más tiempo crucé la barrera de su pureza.

Serena profirió un grito ahogado y se aferró con fuerza a mi cuello.

—¿Estás bien? —intenté ver su rostro, pero ella no lo apartaba de mi pecho. Mas la calidez que se abría paso entre mi pecho dejaba en claro que estaba llorando. ¡Cielos! En verdad la había dañado. Estaba dispuesto a salirme de ella cuando sus frágiles piernas se ciñeron con fuerza a mi cintura.

—Continua… —soltó en un murmullo, frotando su cadera contra la mía. Acto seguido la penetré lentamente aumentado el placer propio del momento, mi boca no se cansaba de succionar la sabrosa piel se sus pechos. Los devoré como si de un elixir se tratase, con ansiedad y gozo.

¡Esto era el cielo! Serena me había llevado al paraíso en sus brazos. A cada embestida, sentía un nuevo beso, en el cuello, en los parpados, en el pecho y los labios. Mis embestidas aumentaron la velocidad y la fuerza. Serena parecía comenzar a disfrutar nuestra unión, gritando mi nombre una infinidad de veces. El placer se intensifico al ser consciente de que ahora ella era mía, mía, mía y de nadie más. Hundí mi rostro en su cuello al sentirme explotar… Sentí sus uñas arañarme la espalda, aferrando su cuerpo más al mío. Mis embestidas se volvieron más poderosas, y de pronto todo se tornó cálido y húmedo. Detuve mi respiración y me aferré a su piel con aprehensión desmedida. Pronto sentí como algo tibio me recorría la pierna. Caí en la hendidura de su cuello, exhausto, satisfecho y feliz.

—¡Te amo! —grite por qué de verdad la amaba, ella me correspondió pronunciando las mismas palabras y eso fue suficiente.

La amaba y ella me amaba, la convicción de nuestra unión, no me dejaba mentir. Mi corazón explotaba, nuestras almas y nuestros corazones latían al unísono… ¿Quién podrá borrar este momento? Nadie podrá cancelar este instante que pasa y dura para siempre.

Nos miramos entregándonos nuevamente en un sincero y suave beso, vi sus ojos brillar, y supe que no había señales de arrepentimiento. Sonreí ante eso, era como si el hacer el amor con ella, hubiese tenido que pasar hace mucho, como si hubiese estado escrito desde siempre. Su sonrisa era brillante, tranquila y relajada. La abrace, y le di tiernos besos en la clavícula, en el cuello y por supuesto en los labios. Ahora si definitivamente ya no era un niño, y lo mejor es que yo la había hecho mujer, mi mujer.

Con pesar, salí con suavidad de ella, abrazándola tan pronto como me separé de su piel, la vi temblar y busqué con la mirada otra pintura que desvestir. Visualice otro manto y me levante, con un poco de vergüenza a sabiendas que ella me observaría… así que lo hice con rapidez , escuchando sus risas a mi espalda, conseguí la tela y me recosté nuevamente junto a ella mientras cubría nuestros desnudos cuerpos.

Tendido en el suelo, la sentí recostarse junto a mi pecho, bese su frente y acaricie su cabello con ternura, no hablábamos, la felicidad que sentimos en aquél instante, había sido abrumadora, y no necesitábamos decir nada, al menos yo no.

Pronto el tiempo se tornó innecesario, nos habíamos olvidado del baile, de la gente, de todo, quería pasar la noche con ella, cerré los ojos con el pensamiento de que lo que acababa de suceder entre ella y yo había sido lo más placentero de toda mi vida… y mi vida le pertenecía para siempre desde este instante. Ella era tan frágil, tan bella y preciosa, ni en mis sueños más profundos imagine que está sería nuestra realidad.

Me sentía exhausto y muerto de sueño, sin embargó quería observarla toda la noche, y si era posible repetir el acto más tarde.

—Te amo — susurro mi ángel contra mi pecho, al percatarse de mi escudriño. Yo me congelé en el acto… Una cosa era decirlo por la excitación del momento y otra muy distinta que aquella palabra surgiera en este momento tan cálido… Y le creí.

—Tu corazón volvió a latir… —le dije elevando las comisuras de mis labios, en una ridícula sonrisa… Yo había cumplido mi promesa.

—Gracias a ti… —sentí como mi corazón se desbocaba con aquella gratitud inmerecida.

—¡Te amo Serena! —repetí cerrando los ojos con brevedad.

—Descansa Seiya, ya es muy tarde y no creo que sea prudente regresar al baile. —musito en mi oído con ternura.

Le di la razón en ambas cosas, no podíamos regresar al baile, si es que aún este seguía… y estaba terriblemente cansado, y una tercera era que me fascinaba la idea de quedarme durmiendo a su lado.

—¿Estarás aquí cuando despierte? —pregunté repentinamente ansioso.

—Claro —me aseguro con una sonrisa cerrada —¿Hay algo más que quisieras? —musito contra mis labios con su voz de seda.

—Tú… tú eres todo lo que necesito para vivir —pronuncie casi sin aliento, tomando su rostro entre mis manos, levantando un poco mi cuerpo —Tu existencia es lo único que yo necesitó para seguir viviendo, siempre seré tuyo Serena… siempre —prometí.

—Duerme amor mío… que yo velaré tus sueños —la escuche murmurar, mientras acariciaba mis cabellos con docilidad y la obedecí, volviendo a recostar mi cuerpo por completo en el manto, confiaba en ella; si le había entregado mi alma, mi corazón y mis esperanzas con este acto… lo menos que podía hacer ahora era tenerle fe a mi mujer.

—Te veré en mis sueños —fueron mis últimas palabras.

.

.

Serena POV

.

.

Fui osada, y me permití perderme una vez más en su contagiosa ilusión… dejándome hipnotizar por aquella falsa esperanza, mintiéndome a mi misma y engañándolo una vez más, cómo lo había hecho durante estos últimos meses, desde que él llegó a mi vida.

Simplemente, no lograba comprender la perfección de nuestra unión, tanta armonía y felicidad no deberían estar permitidas, no para mí.

—Seiya, a estas alturas no logro permanecer lejos de ti, ya no me quedan fuerzas agoté los medios y me rendí. —susurré en su oído aún a sabiendas de que dormía. Tal vez esperaba inconscientemente que él escuchase y que cuando ya fuese tarde… lo tuviese presente.

—Sin embargo me amas... —volví a musitar despacio en su oído—. No lo merezco, pero me amas.

—¿Lo harás aún cuando sepas la clase de monstruo que soy?

¿Quién diría que la esperanza podría ser tan dolorosa? Yo sin duda era una excelente actriz. Después de todo, me conformaré con ser tu eterna maldición…

Tomé su perfecto rostro entre mis manos, observándolo con minuciosidad; si está era mi última noche a su lado, quería llevarme cada detalle de él conmigo, además de su corazón.

—No nos veremos más cielo. Lo que era para nosotros, ya lo hemos hecho y tú lo sabes. Conserva tu vida y no dudes ni un segundo, si es útil para tu felicidad, en olvidar a esta mujer que ahora te dice, sin remordimiento, Adiós... —susurré a su oído por última vez, y sin más lo dejé sólo en aquella fría habitación.

El angelical rostro de Serena Tsukino carecía de expresión… pero una traicionera lágrima la dejó en evidencia.

.

Continuará…

.

.


¡Hola! (X segunda vez u.u)

.

¿Les gusto?

No hay comentarios sobre el capitulo, las intenciones y motivos de Serena la Bipo, se revelaran más adelante. Cuando queremos comprender una mente trastornada, no queda más que estudiar su evolución, sus distorsiones, sus motivos que pueden ser para bien o Para mal ¡quién sabe! Pero el motivo siempre está bien definido desde el principio.

Gracias a todas las chicas que han seguido la historia y a las nuevas que se introducen en mi loco mundo.

Seiya Moon, Ángeles grandchester, SerenaDulceStar, Miss Odango, Katabrecteri, Chikita22bkou, Tomoyosei, Kousagi2009, Akane-moon, BOMBOM, Marie Winchester Kou Efron, Loyda Astrid, Violetita, Sakura2009, Nekomata- Mizu, Marianita, Ms Kou, Sailormoon Stars, zelene, Sol Kaory.

.

.

XOXO

LESVAL