VII

Epílogo de un amor

Habían pasado diez años desde que Harry murió y Guinevere Potter tenía once años. Le había llegado la carta de Hogwarts diciendo que había sido admitida en él desde que se enteraron que Hermione estaba embarazada. Ella ya la había llevado a comprar sus cosas y estaban juntas, sentadas en un sillón, hablando como si fueran grandes amigas. Ellas eran muy unidas.

—Mamá —decía Guinevere—, ¿es verdad que ustedes me hicieron en Hogwarts?

—Sí, Ginny, es verdad. Y fue lo mejor que me pudo haber pasado. Eres una bendición, ¿lo sabías?

—Sí, lo sabía. —Guinevere le sonrió cariñosamente a su madre—. Soy lo que soy gracias a ti. —Y le dio un cálido abrazo antes que ambas se levantaran y fueran a King's Cross para que Guinevere fuera a Hogwarts por primera vez. Cuando estuvieron allá, a las 10:45, Guinevere se despidió de su madre con un abrazo. Después, desapareció entre los andenes 9 y 10.

—Hasta pronto, hija mía —dijo Hermione para si misma y desapareció.

Cuando apareció en su casa, se sentó en un sillón, pensando en los nuevos amigos que haría su hija, y en algún amor que pudiera surgir entre su hija y un hombre que sea como Harry. Guinevere tenía la inteligencia de ella y el coraje de Harry.

"Harry" suspiró ella y cerró los ojos.

Estaba en lo que era su dormitorio cuando cursaba séptimo en Hogwarts. Sintió que se levantaba de su cama y bajaba las escaleras lentamente. Parecían horas interminables los momentos en que ponía cada pie en un escalón. Cuando la Sala Común fue visible, pudo ver a Harry al pie de la escalera, mirándola de la misma manera en que ella lo miraba. Él se acercaba y ella tuvo un impulso que hizo que también avanzara hacia él. Se detuvieron a escasa distancia uno del otro, sintiendo un inmenso deseo de besar sus labios. La única diferencia era que estaban todos los alumnos de Gryffindor, los profesores y la directora, la profesora McGonagall, observando cómo ellos se miraban. Fue Harry quien la abrazó y pudo sentir su calor una vez más. Percibió su mirada traspasarla y herirla en lo más profundo de su corazón cuando no pudo resistirse más tiempo y… ambos se besaron, entre los hurras y los gritos de los alumnos y los aplausos de los profesores.

Despertó.

Cuando lo hizo, entendió, por primera vez en diez años, que nunca había estado sola. Sonriendo, se incorporó y se dispuso a hacer el aseo en la sala de estar.