Años sin tener idea de que escribir y en una semana todo llega de golpe…
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Félix abrió los ojos y le devolvió la mirada unos iris verdes con rendijas.
Parpadeó, y volvió a parpadear. Se intentó incorporar, pero el dolor que tenía lo detuvo.
Se miró el cuerpo confundido. ¿Qué le había pasado?
-Debiste ver el escándalo que creaste. -Félix miró a su kwami y lo dejó hablar.
-¿De qué hablas?
-Te desmayaste cuando mirabas la ciudad desde tu ventana, ni sé en qué pensabas, pero de repente empezaste a gritarle a la chica que está siempre con tu papá, casi no me da tiempo para esconderme, luego justo cuando azotaste contra el suelo, ella entró corriendo, te encontró tirado y puso una cara de pánico que solo he visto un par de veces en mi vida, esa mujer en verdad te quiere.
Félix no decía nada, la información estaba llegando lentamente... Bridgette era Ladybug, Bridgette era su amiga de la infancia, Bridgette lo quería, Bridgette... Su mente solo aceptaba la imagen de la chica de ojos azules.
-... Entonces tu padre canceló todos tus trabajos de la semana, llamaron a la escuela y dijeron que te desmayaste, que no irías a la escuela, dijeron que te quedarías en cama toda la semana, llamaron a un doctor, y el dijo que fue por estrés. Ah, y la escuela dijo que mandarían a alguien de tu salón para que te traigo los deberes de clases. Tal vez venga esa chica.
Félix alzó la mirada de golpe.
-¿Bridgette vendrá? ¿A-A-Aquí?
Plagg lo miró como si hubiera dicho que en Cuba nevara a diario.
-Ver para creer, de verdad te pone nervioso verla... Solo creí que con Ladybug estarías así...
El rubio se sonrojó profundamente.
-Ella es Ladybug, y la chica que amo desde la primaria. Es obvio que me ponga nervioso.
Félix sonrió tontamente al pensar en ella.
Plagg bufó.
-Ahora resulta que la amas... No decías eso hace dos semanas.
-Hace día semanas ni siquiera recordaba la razón detrás de mi interés por el mandarín. Las cosas cambian... Siempre.
-Filosófico me resultó el niño... ¿Qué harás cuando la veas? ¿Le contarás todo?
La sonrisa desapareció del rostro de Félix.
-Define todo.
-¿Cómo que define? Pues todo. Desde que la recuerdas hasta que eres Chat Noir.
No creo que sea una buena idea, ahora está muy alterada con el hecho de que sé quién es, ahora agrégale lo de su padre, su tío y yo, no creo que sea bueno atosigarla más.
-¿Qué harás con su tío?
La mirada de Félix se ensombreció.
-Chat Noir tendrá una plática con él...
Unos toques en la puerta lo sobresaltaron.
Miró a Plagg esconderse y se aclaró la garganta.
-Adelante.
Nathalie entró a la habitación con parsimonia y lo miró.
-¿Cómo te encuentras?
Félix suspiró.
-Estoy bien, sólo fue algo pasajero. ¿Puedo ir a la escuela?
-No creo que debas ir.
Félix sintió que el aire de la habitación se evaporó. ¿Cómo era posible? Nunca se había sentido así como Ladybug... ¿Era por qué conocía a la mujer tras la máscara? ¿A ambas caras?
Bridgette entró detrás de Nathalie y miró a su rubio.
Su corazón se desgarró al ver al rubio recostado en su cama.
Le sonrió y le mostró una bolsa con los deberes.
-Te traje tu tarea.
Nathalie alzó una ceja al ver a su niño con la cara ligeramente roja y tragar como si hubiera arena en su garganta. ¿Acaso...?
Félix estaba sintiendo la cara roja, la belleza de la chica lo dejó sin palabras durante un instante, pero trató de recomponerse lo más rápido posible.
-Si. Puedes dejarlo en la cama. Ahora vete.
Bridgette puso una cara de dolor que hizo a Félix querer golpearse la cabeza.
La chica se acercó a la cama y dejo las cosas encima.
-Bueno... Espero que te mejores, hasta luego.
Félix se apanicó, no quería que se fuera. Ni pensarlo, lanzó una mirada a Nathalie, la cual seguía parada en la entrada de su puerta.
La cuál sonrió levemente.
-Señorita Dupain-Cheng, apreciaría que se quedará un momento más, en lo que le traen la comida, Félix es muy resentido con...
-La verdura. -La interrumpió Bridgette, sonriendo suavemente.- Algunas cosas nunca cambian...-susurró quedito.

-Si...-Nathalie asintió, nunca lo diría, pero recordaba a la señorita Dupain-Cheng, una pequeña de ojos azules que admiraba a su niño, sin saber que los mismos ojos la seguían a cada paso.
Ella sonrió internamente, el destino vaya que era caprichoso.