LAS DESAPARICIONES
VII
Isabelle
Noviembre 15 año 1807
ALEX Y YO NOS ENCONTRÁBAMOS PASEANDO CERCA DEL MUELLE DE GESVRES. Eran casi las cuatro de la tarde y yo lo observaba mientras sacaba bosquejo tras bosquejo de la isla y sus temidos edificios. Alex se acercaba bastante a la orilla, saludaba a uno u otro dueño de pequeña embarcación, a veces intercambiaba breves frases destinadas a breves conversaciones que se extendían hasta que la navecilla se desplazaba lo suficiente para distanciar las palabras. De la cuarta embarcación, fétida, con no muy buena cosecha de pescados, surgió nuevo chismorreo. "¡A que no le ha ido bien hoy!" Alex felicitó al pescador.
"¡Pues, acaso está ciego!" con amplios gestos le contestó el saludo "está helando y ya poco hay para pescar…pobres infelices…" agregó y no sé si se refería a los pescados o al resto de sus compañeros de oficio que no habían logrado dar con mucho fruto de agua dulce.
"Pues no me convence, usted se ve muy bien"
"Niño; usted vive del otro lado, salte aquí y encontrará sorpresas"
"¿Y qué sorpresa se ha encontrado hoy Hilaire?" mostrando indiferencia, Alex contestó
"¿" Sorpresa" dice?" chistó "ya es raro que algo me sorprenda"
Creo que la violencia se ha normalizado desde los inicios de nuestra historia, de otro modo no estaríamos en guerra. El hijo de Hilaire había desaparecido en acción en Friedland el pasado mes de junio. Él tenía sífilis, su esposa no se había dado cuenta aún, pero lo que le preocupaba no era que esta hubiera contraído la asquerosa enfermedad, sino que cuando se diera cuenta le echaría de casa por haberla contraído de alguna puta con las se revolcaba. Luego a un vecino le cortaron el cuello por algunos francos y el cuerpo de una mujer había sido encontrado flotando en el río. La parsimonia en la cara de Hilaire al relatar este último suceso denotaba que este tipo de hallazgo ya no era novedad para él. Se detuvo a describirlo bastante porque había captado su interés el que este estuviese "Fresco" dijo porque antes ya habían hallado restos humanos en su faena, en avanzado estado de descomposición, mezclándose con los desechos de los mataderos cercanos al mercado de La Halle.
"No estaba tan remojada" continuó
"Si no lo estaba, entonces pudo ser reconocida" Alex infirió.
"Eso habría sido si la mujer hubiese tenido cara" dijo con la misma escalofriante indiferencia con que trató la desaparición de su hijo, la enfermedad de su mujer...
Mi hermano y yo entornamos nuestros ojos sobre él "¿Qué cosa?" pregunté, sacando por primera vez la voz.
"Bueno, de que la tuvo, la tuvo como usted, yo o cualquier otro malnacido…"
Si. No estaba. Ahora, cómo ocurrió eso. Alex y el señor Hilaire larga lista de truculentas probabilidades comenzaron a sortear. Allí mismo.
ES DOMINGO POR LA MAÑANA. NO ES MUY TEMPRANO, DAN LAS NUEVE EN EL RELOJ DE LA SALA.
En esta casa, las pocas ocasiones en que se escucha música en su interior, es porque mi madre toca su violín. Es cierto que a mí se me enseñó a tocar el piano, pero se me da más escuchar notas que hacerlas.
He salido de mi habitación, ella toca para mi padre.
Él se haya sentado, con la yema del dedo pulgar soba su labio inferior mientras el halo nostálgico de su frente se concentra en la figura de la andrógina creatura que le toca envolventes emociones de antaño. La mayoría de esas historias son desconocidas tanto para Alex como para mí. Son piezas de su juventud, Bach, Mozart… cuando toca a Bach se siente como si en cualquier momento algo se fuese a acabar.
La juventud de ellos se acabó hace mucho, esa cómoda ingenuidad de la niñez y la adolescencia… Debe acabarse a los diecisiete supongo, porque me siento muy incómoda en este mundo…
De pie, mi madre termina, aparta su mentón del instrumento y su brazo desciende con el arco en mano. Su mirada no se aparta de mi padre - ¿Mejor? – pregunta, cual médico pregunta a su paciente tras haberle administrado remedio para el dolor.
Papá le responde con una sonrisa –Magistral – la halaga, se levanta, la toma por sus brazos y besa su mejilla –sigues desbordando en talento.
Decepcionada mi madre dibuja agrio gesto en sus labios, al desviar sus ojos da conmigo a la puerta.
-Buenos días- me saluda y no alcanzo a contestar.
- ¿Has dormido bien hoy? – mi padre pregunta entornando su mirada en mí; grave, atenta, meticulosa.
- Sí, muy bien – y me siento del tamaño de un gusano.
Madre guarda su violín en la caja, pero llena de suspicacia me mira de reojo.
La vigilancia de la que soy víctima ahora, no es gratuita, es decir, no apareció de la nada. No me dieron explicaciones, pero decidieron enviar excusas a mi escuela. Esta semana me prohibieron asistir a mis clases y prácticas.
Un día después de ese paseo entre mi hermano y yo cerca del muelle, por la madrugada, desperté a gritos. No sé cuál fue la magnitud de estos, pero, creo haber visto a mis padres con pistola en mano al haber acudido a mi habitación.
Más tarde, en una aburrida tarde en esta casa, Alex se sentaría a mi lado y me diría "¿Vas a decirme qué te sucede?" Estaba pálido y ojeroso, se notaba que le había dado un gran susto y creo que no logró conciliar el sueño por el resto de la noche.
"Por qué me preguntas, es obvio…"
"Creen que estás en líos ¿es cierto?"
"No sé de qué hablas"
En mis sueños Morgaine había venido a buscarme, a golpear la puerta de entrada a esta casa, a pedirme ayuda. Había intentado dejarle entrar, pero la puerta no abría, algo se había trabado. Toda una vida…
Su voz sonaba estridente, su desesperación atravesó la puerta y luego a mí, erizándome los pelos ¡Por favor! gritó una y otra vez, sin poder obtener nada.
El golpeteo se fue por las ventanas, vi sus ojos negros, clavados en mí, traté de abrirlas, tampoco cedían, golpeamos los cristales con lo que había al alcance para romperlos, pero nada. Lloró y rogó que le dejara entrar, que me apresurara, que venían por ella ¿Quiénes? Entonces, no tardé en ver un par de figuras, dos hombres, raudos como el segundero de un reloj. Y con el tiempo en contra, con los vidrios como hechos de hierro, con mis manos doliendo y sangrando por los golpes, ellos no dejaban de acercarse, ya venían, ya estaban y la tomaron en el aire por los pelos, helada de miedo ella chillaba, los músculos de su cara contraídos, los ojos desorbitados, reventaron su cabeza a golpes y yo horrorizada grité aquel inútil "¡NO!" tantas veces, que se hizo ridícula mi intención de ayudarla… Grité, grité y grité pero, nadie vino, nadie nunca vino a ayudarme.
En el mundo real, que presiento no es mejor que el de los sueños, eran alrededor de las tres de la mañana cuando mi madre llegó a despertarme de un sacudón. El que ella dijera, mientras limpiaba mi cara de sudor y lágrimas, "Sólo fue una pesadilla" me liberó del problema de explicarle el contenido de mi brutal ensoñación. Con la cabeza sobre su pecho, en el consuelo de un abrazo que apenas sí recuerdo viniendo de ella, me entregué.
Pero, al cerrar los ojos, Morgaine esperaba por mí: desfigurada, lívida y en silencio. Como siempre nos han querido.
Nunca lo sabré, pudo haber sido ella, la que flotaba en el río. No sé si volveré a saber de ella. Es como si se hubiese hecho humo.
CON EL CHOQUE DE EMOCIONES QUE HABÍA PROVOCADO LO SUCEDIDO A MI HERMANO, había olvidado dar lectura a las cartas que mi madre y madrina habían enviado aquel día del ocho de noviembre, respectivamente.
Efectivamente y como lo había intuido, mi madrina me había dado aviso del aplazamiento de la visita dominical al Señor Lanois. Su familia y su mujer habían concertado un viaje de dos meses hacia el sur, en las playas de Biarritz. Resignada, leí lo que mi madrina animosamente me predicaba, el mágico argumento de que el aire marino mejora la salud de los enfermos.
Por otro lado, mi madre me avisaba de un baile ofrecido por un general en honor del cumpleaños de su esposa, hacia fines de este mes. Muchos de sus conocidos y amistades estarían ahí. Sería muy beneficioso entablar alianzas con los mismos y esta sería la oportunidad de hacerlo escribió.
Sabía a dónde quería ir con todo esto y no me opuse a sus planes, por experiencia sé que resulta contraproducente.
Sí. La verdad es que todo este proceso de renovar mi vestuario nunca me ha sentado bien. Probablemente de ahí hayan surgido el mayor porcentaje de rabietas durante mi infancia y el que tenga tantas prendas regalonas, como mi vestido de jardineo y mi chaqueta de invierno que de camino a ese lugar mi madre sugirió aprovechara de renovar.
Se concertaron nuevas citas para acabar con las piezas y hoy es la última prueba. Pero, eso no es todo, también debo hallar medias y zapatos nuevos, lazos de seda para mi cabello y complementar mi atuendo, no debo olvidar el encaje y finalmente una pieza de cabello a juego con el tono del mío propio.
No es que me haya puesto calva, pero la moda dicta que, en ocasiones tales como bailes, bodas u otro tipo de celebración de naturaleza pomposa… el peinado ha de crecer un poco en altura también. Cual pequeña torrecilla de extravagancia…pero de pelos. En un principio pensé que podría prescindir de este pavoroso accesorio; creo que no hay nada más espeluznante para mí que comprar cabello ajeno y montármelo sobre la cabeza. Una tarde ensayé varios peinados frente a mi espejo tratando de evadir el montaje de cabellera, pero la mueca reprobatoria de Aurore acabó con todo, "Es muy sencillo para esta ocasión: debes ir por un peluquín"
Así y todo, dentro de la lista de hoy está la compra de cabello ajeno… Oh, y peines para sujetar al adorable mechón en su lugar.
Los bailes me agradan, me gusta bailar, ver gente nueva y conversar, intento no hacer demasiadas preguntas y, en vez, escuchar para no parecer impertinente, y creo que hasta ahora no he caído en desgracia en esa área. Recuerdo que hace un par de años mi madre nos llevó a Alex y a mí a uno de bastante importancia y mérito social. Cuando ella se veía ocupada, Alain de Soison era nuestro guía "¿Quieren ver un árbol de navidad en medio del verano?" hace dos años nos dijo. Tras haber aceptado el ofrecimiento no había vuelta atrás. No presentó al legendario General Murat, vanidoso y siempre entusiasmado por su apuesta estampa iba demasiado lejos con la moda reinante, con aires del lejano oriente estaba más ataviado que todas las damas juntas. Aros, turbante, colgantes y sedas multicolor… ¡Un árbol de natividad!
"A esto se le llama tener confianzas" Alain bromeaba a la vez que nos llevaba el ponche y yo debía luchar por mantenerlo en mi boca y no estallar en carcajadas.
Espero que él esté ahí esta vez, pues no tendré a nadie más para hacerme reír y soportar a mi madre.
EL ARRIBO DE AURORE A NUESTRA PEQUEÑA FAMILIA, ALIVIANÓ LA GRAVEDAD DE LAS COSAS, hasta cierto grado. Dentro de algunos meses ella sería mi hermana y mis padres tendrían una nueva hija. El número de integrantes va en aumento. Era lo que Alex y yo siempre habíamos deseado.
Habíamos quedado hoy para salir ambas a escoger este ridículo accesorio para mi cabello y, para sacar provecho a la instancia, me trajera las notas de las clases que me encontraba perdiendo.
Ahora, después de ordenar y revisar páginas de anotaciones y resúmenes en mi recámara, subimos al carruaje y encaminamos a las tiendas por mi ridícula compra.
- ¿Crees que las personas que vendieron estas matas de su cabello aún estén vivas?
- Vaya Aurore no había pensado en eso – irónica le contesto – gracias por agregar otra pesadilla a mi vida.
- Pues, de nada, tienes una gran colección – responde en medio de risitas
- No creo que llegue a bailar demasiado, antes solía tener acompañante.
- ¿Qué hay de Lefillatre? ¿No te agrada? Es tan sabihondo como tú, aunque debe haber más variedad para elegir en ese baile - bromea
- ¿Para qué? ¿Para abandonar lo que quiero, así como tú, por un retratista?
Picada, me clava la mirada encima -Entonces no asistas- responde - solo vas a hacerlo para complacer a tu madre.
- Ciertamente tú la complaciste con tu compromiso ¿Ya le dijiste que dejarás la escuela? Debió estar de lo más feliz ¿no?
- Lo sabía, sabía que ibas a sentir celos
- ¿Celos? ¿De la futura hija perfecta? ¡Yo no tengo celos!
- ¡Oye, ya basta!¡Estoy de tu lado, recuerdas!
Me doy la vuelta, hay algo mejor para ver fuera de este carruaje que ella misma. Al menos eso pretendo, pero no hay nada que ya no haya visto, edificios, callejones, barriales, jardines, un hombre meando, un elegante hombre haciendo como que no ve. Es el hábito aquí; tienes la suciedad al lado, pero pretendes que no está, no lo mencionas porque para personas educadas no es tema apropiado. Aurore y yo asimilamos aquella costumbre, pero al estar solas nuestra risa es incontenible. No podemos despedirnos enojadas, no podemos barrer nuestros problemas bajo la alformbra.
-Aurore… - sentida le hablo – lo siento, eso no fue justo.
-Sé lo que quieres decir, ya somos mujeres – me contesta y no me sorprende, desde que nos conocimos, creo que casi nos leemos la mente. Sus ojos acuosos me hacen saber que comulga con mi tristeza.
-No importa lo que hagamos, casadas o no, de igual forma terminaremos perdiendo.
Una o tres veces, ella asiente. Nos acercamos y tomamos de las manos, yo me siento a su lado y apoyamos las espaldas sobre el incómodo respaldo del carruaje. Inspiramos y hacemos silencio, cobijándonos con nuestra amistad.
-Es tremendo ¿no? Hasta da algo de miedo darse cuenta de ello, creíamos que lo desagradable le sucedía al resto y ahora no podemos creer que va a pasarnos y que ahora es nuestro turno vivirlo.
-Pero es muy injusto, no quiero creer que no haya nada que se pueda hacer, debe haber una solución – obstinada insisto – Aurore, no quiero, no puedo vivir así, siento que poco a poco me encierran en una jaula.
-Las leyes les han hecho más fuertes que a nosotras, es por eso que, aunque no tengan la razón, jamás perderán. Nos pueden hundir cuando quieran…
-¿Qué pasa…? – le pregunto, porque se ha puesto a llorar de la nada.
-Pienso esto y aun así voy a casarme con tu hermano… soy una maldita, Isabelle –solloza
-No lo eres – intento consolarle, pero con lacrimosa y escéptica mirada me reprocha – bien, pues yo también califico en tu perfil, Maldita – agrego abrazándola por los hombros. Algo sonríe, al menos.
ME PARECE MENTIRA QUE HACE TAN SOLO UNOS CUANTOS DÍAS YO HAYA ESTADO tan cerca de estar sumergida en un berenjenal. No sé, con seguridad, si es que no lo estuve.
Ahora, al estar de regreso en actividades de matiz mundano, me percibo a mí misma como si me hubiesen obligado a regresar a una aturdidora fantasía.
Lo que le sucedió a mi hermano fue hace tan solo ocho días.
En verdad sentí que me tragaba un gran boquete negro mientras husmeaba a mis padres esa noche. Marcó el punto final de ese día en que les entregué esa repugnante carta, el que descubrieran un mensaje escondido en el mismo papel de esa misiva.
Recuerdo que desde el interior, la voz de mi padre surgió deformada, transformándose en la de un extraño. Yo lo escuché, hice el esfuerzo de escucharlo detrás de la puerta, y al hacerlo y comprender todo lo que decía, perdí el control de mi cuerpo.
Como pude, me sostuve contra la puerta y como un trozo de mantequilla derretida me deslicé por la superficie hasta caer sentada.
El mensaje era una amenaza y estaba clarísima; si yo continuaba, mi hermano mellizo terminaría llegando a mí seccionado en trozos como aquel que recibiera en mis manos. Pero, mis padres creyeron que lo que nos dañara tanto a mí como a mi hermano había sido algo que habían hecho ellos. Por supuesto, me sentí como una basura; eso estaba dirigido a mí no a ellos, pero no tuve el valor para desmentirlo.
Yo quería pararme y salir de allí mas, por un buen tiempo no pude. No sé si hice ruido, mis oídos se habían tapado y los sonidos que llegaban a mí eran como cuando sumerges tu cabeza en agua. En algún momento mi padre percibió mi presencia, pues le escuché llamándome por mi nombre. Aunque trastabillando, logré escapar a un interrogatorio para el cual en absoluto me hallaba preparada.
Después de pasar la noche viendo cómo la llama de una vela se consumía, sólo llegué a la conclusión de que debía emular a mis padres y detener cualquier averiguación, pues lo que sucedió no fue una broma o una pesadilla, fue muy real.
Pero, lo extraño ha estado rondando, mordisqueándome por los talones.
Thérese.
No sé qué es lo que quiere, pero creo haberle visto por las ventanas de la sala. Una vez mientras hacía las compras con las criadas en el mercado. Antes de volver a casa, al subirnos al carruaje, le vi frente a la cuneta en que se había aparcado.
Se veía pálida, sin expresión en el rostro. Con las manos por delante, cruzadas sobre la barriga, había cambiado sus vestidos marrones por negros.
Me pregunto si Morgaine o Ana le conocieron. Una de las dos debió hacerlo, por poco Thérese lo confiesa en nuestra primera y única conversación.
AURORE Y YO REGRESAMOS SIN MAYOR CARGA, AFORTUNADAMENTE SÓLO SE TRATA DE ACCESORIOS Y COMPLEMENTOS DE VESTUARIO lo que me ayudó a adquirir.
Aurore sonríe de oreja a oreja tras haberse quitado el bonete. –Como dicen los españoles no hay moros en la costa- Alex saluda, dirigiéndose a mi amiga. Como en verdad los moros están lejos de la costa que es ahora el recibo, me pongo en posición de cómplice mientras se saludan de un beso en los labios.
- ¿Trajiste tus pelos calvita? – me saluda a mí
- Tras encierro maternal ¿puedes culparme de dicha calvicie? – respondo siguiéndole el juego – A propósito ¿qué tan lejos están los moros? – le pregunto por nuestros padres, mientras cuelgo mi capa.
-Pues, madre fue hacia su cuartel y padre al periódico – contesto simple y llanamente.
Viendo que no hay mucho qué hacer aparte de observarles tomándose las manos y murmurándose cosas a los oídos, me dirijo brevemente a mi habitación y así dejar mis recientes adquisiciones sobre mi tocador. Luego regreso para dirigirme al jardín y conseguir algo de romero y raíz hinojo, ya que se utilizará en la preparación de la cena del día de hoy. Para llegar a mi destino es necesario cruzar nuestra cocina, así que tomo la oportunidad de saludar a Madame Barraud y Sylvie procurando no interrumpirles demasiado.
Prosigo a la salida y recibo con agradecimiento el dulce frescor de nuestro pequeño jardín. Con la venida del invierno y sus intensas heladas, sólo algunas plantas se han mantenido para la fecha y una de ellas ha sido el romero. A pesar de todo, en verdad me agrada este pequeño refugio de verdes y flores bulbosas, mantenido por tenues luces y semi sombras. La propiedad se encuentra encajonada entre la rue Thionville, Evette y el muelle de la Marne. El jardín da hacia el muelle y lo único que le separa de la vista pública es una muralla de dos metros y el establo en donde dos carruajes y seis caballos se mantienen, cerca de allí hay un roble y un par de hayas que por las mañanas se cubren de rocío matinal o neblina más espesa. Por allí, la muralla sigue bordeando y separando el jardín de la calle Evette. Allí hay una entrada protegida por un portón de hierro más usado por Madame Barraud y Sylvie ya que, después de sus diligencias a las tiendas y mercado, les encamina de modo más fácil hacia la cocina en donde hacen gran parte de sus labores diarias. Siendo tan usada aquella vía, ese portón se mantiene cerrado con pestillo, pero no es sellado con candado hasta que dan las ocho de la noche y los habitantes comienzan a retirarse paulatinamente hasta sus dormitorios.
Son las seis, pero el pestillo no está ajustado, el portón está abierto de par en par.
Cuando me doy cuenta, una sensación quemante sobre mi nuca me alerta de que algo no va acorde a lo habitual. Me doy vuelta y doy con quien me ha estado mordiendo los talones.
- Será mejor que regrese por donde entró Thérese, ahora – tan firme como puedo, ordeno.
- No tengo a quien más para pedir ayuda – dice, bajo la sombra del roble
- Ayuda en qué
- Emma va a morir en ese lugar, no puedo permitirlo, es todo lo que tengo, cuidé a esa niña desde que nació.
- No puedo
- ¿Sabe por qué la mantiene allí?
- No, y prefiero no enterarme en este momento
- Pensé que le interesaba
- No pretenda saber qué es lo que me importa – digo a la vez que me encamino hacia el portón indicándole la salida – es hora de que se retire.
Lentamente deja la sombra del árbol que le cobijaba, deja atrás iris y otros lirios sobrevivientes, pasa los arbustos perenes y llega hasta a mí – Ese oficial, el del cabello rubio fue a cenar días antes a la mesa del Señor Arsenault ¿Qué es de usted? ¿Su padre?
- A usted no le importa – secamente contesto
- Tiene suerte usted, él es un buen hombre, se notó aún más el contraste estando al lado del monstro al cual yo sirvo – dice, sus labios temblando
- Sí, usted ya dijo que él la internó en ese lugar y se desentendió de su embarazo
Se tapa la cara asqueada, horrorizada, como empequeñecida y sofocada por un llanto. Me había prometido a mí misma no averiguar nada más, pero la comezón de mi propia curiosidad comienza a vencerme.
- ¿Ella no veía a un chico a escondidas verdad? – pregunto mientras se me pone la carne de gallina.
- ¿Y qué diferencia hace el saber eso? ¿Pudo haberlo hecho?¿Por qué no?
- ¡Porque para salir de casa y reunirse con alguien al menos debía estar consiente!
- ¡Usted no estaba con ella todo el tiempo… pudo ser capaz! – porfía débilmente. Desesperada por no saber cómo sacármela de encima, siento cómo mi cabeza está a punto de explotar.
-Oiga ¿Por qué vino aquí? ¿Qué ayuda necesita si a cada momento niega que exista algún problema?
- Ese es el asunto no puedo decirlo – dice tratando de moderar el estrépito y ansiedad de su voz - Arsenault me lo haría pagar
- … Entonces está involucrado – razono, buscando que lo confirme, pero no da señal – qué fue lo que hizo, porque no hay nadie más de por medio.
- No puedo revelar el lío, él no admitirá nada ¿Así que, quién lo probará ante el inspector: yo?… apenas si tengo sombra, no soy nadie, en cambio él es la ley…pero usted tiene buenos hombres protegiéndola.
- ¿Y quién les protege a ellos? No puedo ayudarla Therese, lo que hice fue suficiente para meterles en problemas, no sé con qué di en el camino, pero si me involucro más no quiero pensar en que podrá suceder.
- ¡Vaya pupila, al menos su mentora por poco lo logra, usted podría ir más lejos! –en desespero me arenga.
- ¡Emma no es mi prioridad! ¡Siendo así, le ruego se marche! – enérgica le respondo, pero no suficiente como para no darme cuenta que ha hablado demasiado. Con un respingo se da la vuelta. Ya con un paso en la calle, se dispone a regresar, a dos manos me quita los hierros de las manos y cierra el portón, entonces me apresuro a hablar – Therese, espere… ¿mi mentora?
Helada, se queda con la boca abierta.
-La acaba de mencionar ¿Usted conoció a Ana? – insisto. Por toda respuesta hecha andar y se apresura a tomar distancia por el callejón.
Sin duda me ha dejado con los nervios de punta, pero he de volver a entrar y mostrarme con cara de "aquí no ha volado mosca" lo quiera o no. Algo complicado de hacer en un principio. Esta vieja había reactivado el rinconcillo en mi cabeza, en donde había dejado las truculentas preguntas que me había hecho en relación a Ana.
Que las criadas no reparen en mí es fácil, en este momento lo más importante es terminar la comida y preparar la mesa. Mi buena fortuna sigue; los enamorados se han encerrado en la fascinación del uno por el otro y mis padres parecen no haberse asomado aún.
De nuevo en mi habitación, aseguro la entrada. En mi cuarto de vestir decido ordenar el revoltijo en mi cabeza.
Bien pues, vamos a ver. Sin duda, Therese le tiene miedo a su empleador, no confía en él y ciertamente no alberga admiración alguna por su persona. El tipo, para ella, es un monstro pero, ¿qué cosas específicas le convierten en uno? Según la información que tengo, es un padre severo, más que severo, extremadamente celoso y posesivo. Ahora, según mi intuición y datos no confirmados, intuyo que Arsenault es de hecho lo que Therese asevera.
Si el supuesto amante de Emma, nunca existió, quien le embarazó. Y es esto lo que comienza a enfermarme, porque es aquí, en este punto, en que todo se vuelve bastante siniestro, ya que ningún otro hombre estuvo tan cerca de Emma como su padre, Sebastien Arsenault. El hombre que le salvó del incendio que consumiera a toda su familia, quien consolaba sus pesadillas y sedaba su mente con lo que se encontraba en una botica.
Ahora le tiene con la mente descalabrada, callada en medio de otros cuya voz, fuente de verdad, ya no es, sino desenfrenada imaginación. Nunca más se confía en locos, pues estos se han metido ya dentro de un saco repleto de gente en la que nadie va a confiar de nuevo.
Ni siquiera el cambio de ropas me dispone a acercarme a la sala y ver caras. Tengo que obligarme a hacerlo, así que eso hago.
A la distancia puedo oír una bienvenida. Reconozco la voz de mis padres.
Cuando llego a la sala, hay dos parejas y yo. Y Henri.
OSCAR
Noviembre 15 año 1807
[…] FUI UNA INGENUA AL PENSAR QUE REVELANDO A ESTE HOMBRE TODO LO QUE SÉ, ALGO CAMBIARÍA. PENSÉ QUE POR SU POSICIÓN EN LAS FUERZAS DEL ORDEN ÉL PONDRÍA TODO EN SU LUGAR.
¿En qué quedó todo?
Ya han sucedido tres semanas desde que entregara toda la evidencia que poseía sobre Emmanuelle: la chica no está demente, por lo que no existe argumento para continuar manteniéndola recluida en Salpetriere. Nada ha cambiado para ella, yo no he recibido respuesta directa del oficial Delacour, pero, las trabas se han venido sobre mí desde la nada. No estoy segura de relacionarlas como consecuencia directa a la ayuda que intenté prestar a esta niña.
Nunca en estos cinco años he recibido quejas por mi desempeño en La Maternité, tampoco felicitaciones de ningún tipo, he corrido para médicos, cirujanos y director, como un ser incorpóreo, subestimado y dado por sentado, como cualquiera otra de mis compañeras, pero de repente soy toda una estrella. No en el buen sentido. El director me llamó una mañana para criticar el manejo que doy a mis clases, diciendo que soy muy liberal en mi trato con las alumnas, que les hago pensar en vez de obedecer. Yo le discutí que nunca ha habido conflicto o desobediencia de parte de ellas, que no había razón de apuntarme a mí como fuente de rebeldía colectiva si esta no estaba manifiesta en la escuela. Las niñas y mujeres aquí, son unos corderitos. Y cual corderito me sentí ese día, sentada frente a él, ante su gran escritorio de mandamás. Ante mi respuesta, dijo "Entonces ¿dice que estoy mintiendo?" ante su nueva acusación, me disculpé, arguyendo que no había sido aquella mi intención, pero él continuó "Me parece más a que usted está fabricando falacias, señorita Bouscat". Yo me quedé sin palabras y sólo pude negar con un gesto de mi cabeza. Para entonces ya había dejado su silla, se había acercado a mí y sentado al borde de su escritorio, lo que me obligó a doblar mi cuello y mi cabeza si quería mirarlo a la cara desde mi enana posición. "Las señoritas como usted deben mantener claro el límite entre lo que significa prestar ayuda y sumergirse en taras ajenas" agregó dejándome desconcertada. "¿A qué se refiere?" Le pregunté. "Ya me escuchó" fue su acotada respuesta "puede retirarse a sus labores".
Esa conversación dejó demasiadas preguntas abiertas, lo cual no me permitió encerrarla en un contexto y/o significado concreto. Una cosa quedó clara, él podía hacer lo que quisiera, ya que de igual forma redujo mis horas de trabajo, no me dio razón evidente, sólo lo hizo. Ya no superviso al segundo año en el hospital y mis clases sobre manejo de instrumental, son monitoreadas muy de cerca por el profesor Durat. Creo que me despedirán uno de estos días, es que una alarma se despierta cuando te sancionan de este modo, más aún cuando al pedir razones o motivos por las sanciones que te aplican, tienes como respuesta "porque sí" …
Esta fue la última línea de una composición mucho más extensa. Una de las páginas de sus escritos escamoteó mis manos cuando decidí limpiar cualquier rastro que antes haya perseguido de Ana Bouscat.
Hoy lo encontré. Pero ¿qué importa? Después de todo, mis hijos parecen estar a salvo y estoy determinada a reordenar la vida de Isabelle. Solo faltan algunos meses para finalizar sus estudios en esa escuela.
Con respecto a Ana, todo se acabó.
Al día siguiente, después de lo ocurrido a Alex, nos reunimos de inmediato junto a Paul.
Fue muy comprensivo, quizás sobrepasó la línea de empatía ya que pidió disculpas a André por lo sucedido tanto a Isabelle como a Alex. Le vi bastante mortificado.
"Quizás yo también deba desistir por un tiempo" insinuó
"¿Has sufrido alguna eventualidad?" André preguntó
"No" respondió "todos estamos bien, es sólo que pienso que uno de los tres debió estar bastante cerca de la raíz de todo este asunto, quizás esto provocó alarma y el que agredieran y amenazaran atacando a vuestros hijos, André"
"¿Qué tal si no fuimos nosotros…?" intervine
Paul frunció el ceño y rio sorprendido "¿Y quién más pudo ser?"
André se cruzó de brazos. Su mirada me decía detente.
Y lo hice, todos estos días lo he hecho. Por poco logro dejar atrás la memoria de esta joven mujer. Pero aún faltaba aquella cita con Arsenault.
Decidí continuar con el plan de asistir a aquel almuerzo, limitándome a observar la entrevista a su hijo. Resultó ser un muchacho bastante dotado en áreas afines a ingeniería debido a su habilidad con los números, su conocimiento en armas era básico pero había destacado en aquella asignatura liceana. De expresión verbal clara y concisa, y carácter entusiasta y enérgico se amoldaría bastante bien entre las filas y atendería sin problemas ordenes originadas desde los órganos superiores del ejército.
-No habrá inconveniente en tu ingreso, tus papeles fueron enviados al contramaestre de la compañía y ahora solo resta tu presencia en el día indicado.
-Felicitaciones jovencito – Arsenault se paró de su asiento en la sala en donde nos habíamos reunido, y extendió la mano al chico para la enhorabuena – sólo queda un paso más para el éxito.
Parecían un dueto tan feliz. Era impensable concebir que algo siniestro se estuviese escondiendo por algún rincón de ese hogar.
Fuego en la chimenea, velas sobre muebles de fina madera, cera de abeja en el aire, risas y sonrisas acompañando. Por un momento recordé mi juventud, una mano paternal sobre mi hombro, su orgullo aupando mi espíritu de heredero iniciado.
"Disculpe, Señor Arsenault" la burbuja fue rota por enhiesta y oscura mucama "Su mujer se ha retirado a descansar, un dolor de cabeza y agotamiento"
Él asintió, un gesto indicó que aquellas molestias no eran novedad. "Charles, acompaña al Señor Jarjayes mientras me ocupo de tu madre"
Debo decir que el chico hizo lo que puedo por entretenerme. Básicamente terminé entregándola algunas experiencias sobre mis inicios en la vida castrense, las dificultades y ventajas de lograr ajustarse, la buena camaradería, el trabajo en equipo y los retos de convertirse en líder.
Alexandre nunca logró interesarse. Una vez me dijo que era más bien como un lobo solitario, estaba claro que no le gustaba en absoluto que le dijeran qué hacer y cómo hacerlo. Altamente creativo, lograba involucrarse en serios problemas durante su estadía en el liceo. Su padre tiene muchas aventuras qué relatar en ese respecto, pero nunca olvidaré la oportunidad en que pude presenciar por mí misma una de sus famosas trastadas. Sólo pensar en la cantidad de gestiones que debió llevar a cabo para que burros ocuparan al comedor del liceo los respectivos puestos de sus docentes y director. Aquella humillación al cuerpo docente le valió la suspensión de un mes y unas cuantas nalgadas de mi parte. Entre su padre y yo logramos que aprendiera a planificar sus propios proyectos e ideas, ya que teníamos serias aprehensiones y temores por su lema "aprendo en el camino" y espíritu pionero, ansioso por lanzarse al vacío y ver qué podía pasar en terrenos desconocidos.
Me maravillaba verlo trazando las propias líneas de su vida, cuando lo hago ya no siento las líneas del tiempo surcando mi piel.
"Conoce la rue de la Reunion, por supuesto" al finalizar el almuerzo mientras compartíamos una última copa de vino, Arsenault preguntó
"Me parece que volvió a llamarse Montmorency, inspector" le recordé
"Está en lo correcto, pero no importa cómo le hallan bautizado y rebautizado, hay cosas que no cambian, continúa siendo una peste de borrachería como años antes" vació su copa y la dejó reposar sobre la chimenea "hay una taberna allí, pero es el edifico más antiguo de la calle y solía ser la residencia de Nicolas Flamel"
"Creo que está en lo cierto" esbozando una sonrisa contesté. "entre la gente se rumoreaba que era un alquimista"
"Lo cierto es que era un escribano, lo demás no lo sé" meditabundo, dijo "mi padre nos refería las leyendas de su piedra filosofal y cómo gracias a esta él y su esposa Perenelle alcanzaron la inmortalidad" sacudió la cabeza.
"¿No cree que sea posible?" bromée y el respondió riendo
"No" dijo intentando sofocar su risa "no, pero es una idea interesante, y llegué a pensar que podría referirse a una metáfora: ¿no cree Señor Jarjayes, que usted sea la inmortalidad de su propio padre y de toda la generación que le antecedió?"
Le quedé observando fijamente y respondí "Es un modo de verlo"
No. No creo que esta mente sea capaz de albergar oscuridad. Es la de un ser humano imperfecto, pero brillante, de pensamientos amplios capaces de ver más allá del horizonte.
Fue una velada muy agradable, tanto así que la consideré un pago inesperado pero justo al favor que había extendido.
Acercándonos al recibidor me dejó junto a su mucama. La mujer, que anteriormente hubiese escuchado ser llamada Therese, me extendió chaqueta y otras pertenencias como mi bastón y sombrero. "Gracias, Therese, es muy amable" le agradecí, pero sus manos se quedaron prendadas del bastón que había recibido.
"¿Está usted bien?" le pregunté. Ella abrió la boca, sus ojos apuntaron cual clavos a mi cara. Ante una voz, su cuerpo se estremeció soltando finalmente del bastón que me entregaba.
"¡Therese! ¿Qué es lo que está haciendo?" Arsenault se había asomado a corregirla.
"Lo siento" se apresuró a decir, luego retornó hacia mí "Lo siento, Señor, que tenga buenas tardes"
"Buenas tardes respondí" al salir, pude ver el lúgubre rostro de la sirvienta mientras cerraba la puerta, detrás, en un tercer plano, Arsenault hacía una señal de despedida.
Los cabellos de mi nuca se erizaron. El cielo estaba gris y hacía frío. Me acerqué a parar una diligencia. En todo el camino de regreso a casa, recordé a Emma. Recordé lo que hacía dos días había ocurrido a mi hijo.
SI SE HABLARA FRÍAMENTE SOBRE LA DESAPARICIÓN DE ANA, PODRÍA DECIRSE QUE NO ES MÁS QUE UNA SECUELA PROVOCADA POR UN CAUSAL MUCHO MÁS GRANDE E IMPORTANTE.
Ana, se entregaba demasiado a su trabajo y por consiguiente a sus pacientes. Sin duda se interesó por el caso de la Señorita Arsenault.
No la estoy juzgando. Rompió las reglas, pero entiendo perfectamente porqué debió hacerlo.
Aún así, la paz y el bienestar de muchos se sustenta en cierto número reglamentos. Como el juego de Damas un pequeño Alexandre me había dicho, a tratar de entender sus estudios sobre todo este compendio de leyes que rigen y ordenan nuestra sociedad. Sí, la vida podría llamarse un juego, las leyes como las reglas de aquel juego. Hasta ese momento todo es justo, pero cuando los resultados salen, siempre ves un perdedor y a un ganador.
No me había dado cuenta que la primera lección que había entregado a mi hijo fuera tan poco motivadora. Sí, Alex: la vida no es justa.
Recuerdo haberme dado cuenta de ello siendo unos años mayor de lo que son mis hijos en este momento. Yo era, muy a mi pesar lo diré, una presumida.
Capitán de la Guardia Real, esa era yo. A pesar de que repelía los hábitos de la corte, los ecos de banalidad e inmoralidad de los cortesanos habían aturdido mi mente hasta el punto de pensar que los problemas más grandes del mundo se encontraban allí en palacio y que yo de algún modo, con mi categoría de pequeña noble, podría influenciar cabezas y corazones y se gestara un cambio. Jamás habría admitido que aquellos eran mis sueños de juventud. A través de rezos nocturnos y sermones diurnos a la joven princesa que debía proteger, lo creía posible, porque la petulante niña que yo solía ser, pensaba que lo sabía todo.
Sí, las reglas estaban allí, y yo las seguía al pie de la letra. Todo estaba en orden en los cuarteles, uniformes limpios, espaldas rectas, mis hombres marchaban de acuerdo al reloj ¿Cómo no iba a creer que la vida podía ser justa?
Fui una estúpida.
En este juego, yo estaba en el lado ganador. Dentro de mi corazón, no lo era. A pesar de todo debía mantenerme fiel a los míos, debía seguir las reglas. Detrás de mí estaba la voz de André ayudándome a aguantar y soportar Oscar, debes controlarte, No digas nada, Piensa en tus padres, no les acarrees problemas.
Lo que sucedía era que en ocasiones mi corazón daba un latido demás, y pensaba que algún día le gustaría hacer lo correcto, volver a sentirse como un ser íntegro y decente.
Entonces, ese latido demás llegó y como consecuencia lo perdí todo. Mi padre, mi madre, toda una familia hacia el exilio.
Hoy mi corazón vuelve a latir dolorosamente. Pero, no puedo arriesgar a mis hijos, a ellos no.
"MADRE ¿QUÉ TIPO DE REUNIÓN ES A LA QUE DESEA LLEVARME A FINES DE ESTE MES? ¿Es un baile de gala? ¿O se trata de una más informal? No habló mucho de ello en la carta que me envió la semana pasada ¿Quiere decírmelo por favor? Realmente no sé qué hacer con respecto a esto, es un lío ¿Me ayuda?"
La señorita de las preguntas comenzó de este modo una mañana, cinco días después de aquel almuerzo con Arsenault y su hijo. Isabelle, había golpeado a la puerta de mi habitación y tras haberle dado acceso había ido al grano de inmediato.
Me sorprendió. Había olvidado la carta en que le había comunicado su asistencia a ese evento. Me tomó un tiempo dejar a un lado la redacción de nuevos mensajes e instrucciones dirigidos a mi ayudante, apostado en regiones norteñas. Isabelle se disculpó por haberme interrumpido y comenzó una retirada.
"Espera, discúlpame" dije frotando mis ojos, giré sobre mi asiento y la miré de frente, en un segundo ordené todas sus preguntas en mi mente "Es un baile y deberás vestirte acorde"
"De acuerdo" asintió y comenzó a retirarse nuevamente.
"Te llevaré por ropas nuevas" le atajé "no has renovado tus atuendos hace más de un año y esta es la ocasión de reparar el daño hecho a tu imagen…"
"Ah…" contestó con insinuante retintín y luego farfulló algo en un murmullo, el contenido fue ininteligible para mí.
"¿Perdón?" le reconvine. Cruzó sus manos sobre su abdomen e inspiró.
"No quise decir nada aparte de que entiendo el objeto de asistir" tras un rato dijo. Aunque con el ánimo cabizbajo.
"Isabelle" le llamé retomando su atención "Te servirá de mucho ir. Además, quiero que sepas que mi intención es la de ayudarte" pero el efecto benéfico no se reflejó sobre ella.
"Si… lo sé" agregó y se retiró al paso de quien escolta a un muerto a su tumba.
Frustrada, me tomé de la cabeza. A veces me pregunto, qué es lo que tengo que hacer para hacerla sonreír. Su hermano y su padre logran hacerlo con facilidad… En verdad, no he visto persona que no haya logrado hacerlo hasta el momento.
Muy a mi pesar debía tener respuestas.
"¿Cómo me ves, Alex?" sorprendido en su propio taller en medio de un nuevo encargo, paleta y pincel en manos, miró furtivamente hacia los lados. "¿qué piensas de mí?
"¿Cómo?" nuevamente preguntó y revisó por una salida.
"No es una pregunta tan difícil" ya comenzando a perder la paciencia, dije.
"Eso creen los que hacen la pregunta" contestó.
No sé qué gestos se habrán dibujado en mi cara ante tal respuesta, pero debieron ser suficientes para hacerle retroceder un paso. Ya escudado por su lienzo asomó su cabeza por detrás de este "Le diré que nadie pregunta eso a menos que quieran escuchar cosas agradables" continuó desde allí
Apoyé mi espalda sobre la pared continua a la puerta "Por eso evades mi pregunta" suspiré algo frustrada.
"Se ve peor de lo que realmente es" rio y yo hice las señas de mi despedida.
"Madre espere, solo estoy bromeando" dijo dejando su escondite "Déjeme planteárselo del siguiente modo: No conozco a ningún amigo que haya dicho que es divertido pasar tiempo junto a su madre, sólo yo podría decir eso, solo que no debo ya que les parecería extraño saber que la mía me enseñó combate cuerpo a cuerpo" dijo y logró sacar una tajada de mi sonrisa. "¿Ya observa en la incómoda posición que me coloca madre?"
Yo asiento "De acuerdo, lo entiendo ¿tienes algo más qué decir?"
"En la mayoría de las ocasiones las jovencitas dicen eso de sus madres después de coger flores o engordando a la mesa junto a ellas, cogiendo pastelitos y macarrones… Oh, he pasado una agradable tarde junto a mi madre…" imitó a las aludidas deformando su gruesa voz con notas agudas y delicadas, provocando mi risa.
Cuando terminé me di cuenta que me observaba. Había algo nuevo en él, una revelación. Puede que algún explorador de los mares haya iluminado su rostro de aquella manera al divisar las formas de un continente que jamás pensó existiera. Una mezcla de miedo y felicidad ante lo desconocido. Pero aquí, en este insignificante espacio terrenal, un hijo había descubierto los temores de su madre.
"Ah…" dijo, luego con los brazos en jarro, mordiéndose un labio, caminó hasta mí.
"De qué hablas…" dije intentando hacerme la desentendida. Al hacerlo, retornó a su labor, pero continuó
"Madre, Isabelle habría podido decir lo mismo de usted"
"¿Qué cosa?"
"Aquello de una agradable tarde y demás"
"No era apropiado que aprendiera lo que te enseñé"
"Pasa tiempo conmigo" me discutió.
"¿En todos tus quehaceres?" imprequé y el negó "Además, tú eres su hermano estando a tu lado ella sabe su lugar, pero conmigo: yo soy su madre debía cumplir un rol distinto para ella"
Se rascó la nuca mientras entornaba su mirada sobre mí "Sí, usted ya me ha dicho que no hay que seguir malos ejemplos y evitar la fuente de donde provienen"
"Tu hermana es muy curiosa y lo sigue siendo, habría husmeado en todo lo que hacíamos, le habría parecido divertido, incluso novedoso, le habría sido imposible no acercarse, a pesar del daño que habría constituido para su futuro, se habría confundido"
"Claro, había que alejarla" amargamente y con algo de enfado me indicó. Por largo rato se afanó en el lienzo sobre su atril. Yo esperé, escuché el roce de su pincel sobre la tela, observé sus gestos, la deliciosa concentración que colocaba sobre su trabajo, el disfrute. Ya que vi que se sumergía más y más entre colores, mezclas y formas, me volví a la salida.
"No está bien" de improviso me detuvo solo con aquellas palabras, giré sobre mis pies para verlo.
"Qué" pregunté pensando que se refería a su pintura. Pero su atención no estaba sobre esta.
"No lo sé, pero… algo se siente fuera de lugar, algo está mal con todo esto"
"¡Alex, no quiero que tu hermana viva como yo, no es gracioso vivir oculta!"
"¡Viste faldas y sabe hacer arreglos florales, pero es lo mismo! ¿o qué no se ha dado cuenta ya?"
Ciertamente ni siquiera esta vez su padre ha sabido descifrar lo que sucede en la cabeza de nuestra hija. Esa noche, en su falsa pátina de tranquilidad, un grito aterrador vino a recordárnoslo.
Me arrebató el sueño y el descanso, abriendo mis ojos a la más profunda oscuridad. Por reflejo tomé mi revolver de la mesa de noche, de un brinco bajé de la cama y atrás quedó la habitación. Pensé que alguien había entrado a casa, pensé que los gritos de agonía provenían de una de las dos criadas, pero estas ya se habían levantado por el espanto, enseguida comprendí que era Isabelle. En sus cuartos no había indicios de alguna entrada forzada, lo que torturaba a mi hija no se hallaba materializado allí. Dejé mi arma sobre una cómoda, corrí, le tomé por los hombros y remecí obligándole a abrir los ojos.
"Calma, sólo fue una pesadilla" le susurre a la vez que despejaba su rostro angustiado de sudor y lágrimas.
"Vaya pesadilla" con tono sarcástico Alexandre comentó.
"No es el momento ¿entiendes?" André le reconvino.
Entre mis brazos y mi pecho arrullé a mi niña. Entró nuevamente al sueño, pero no fui capaz de dejarla.
Al verme, su padre se acercó a la cama, alargó una mano y acarició su mejilla, con inquietud la observó por unos instantes "Qué diablos, Isabelle" frustrado susurró. Antes de que preguntara por mí me adelanté "Me quedaré con ella"
"De acuerdo" besó mi frente y caminó a la salida "Alex, vamos" tomó del brazo a nuestro hijo que preocupado e indeciso, titubeaba.
"¿Estaréis bien?" me preguntó.
"Claro que sí" le aseguré dándole las buenas noches.
A la luz de un par de velas, quedamos solas. Ella y yo, madre e hija. La más temida pareja. Vigilé su sueño por toda la noche. Por momentos lo disfrutaba, enternecida por su juventud y su alargada, pero frágil fisonomía. Toda una mujer, pero con rostro de niña aún.
Orgullosa de tener en mis brazos a tan preciosa criatura, también vino un anhelo y nostalgia enormes. La había creado, había sido parte de mí, conectada a mi sangre y mis venas por nueve meses. Pensé que podría ser posible por aquella cercanía, que pudiese adivinar sus pensamientos, que si la observaba lo suficiente y escuchaba y memorizaba el palpitar de su corazón, podría conectarme nuevamente a ella. Quizás despertaría en unas horas más, me miraría a los ojos y contaría todo.
Por supuesto, aquel devaneo no iba a ser posible. A las siete de la mañana despertó de un salto, sentada sobre la cama se dijo a sí misma "Mis clases" se incorporó y a punto de lavar su cara en el lavatorio sobre su tocador mis palabras le atajaron.
"No irás por algunos días, debes descansar un poco, pasaste una noche algo agitada"
Se volteó hacia mí.
Juro por dios que sus ojos iban a saltarme encima. "Estoy bien" rígida respondió
"Ya me has oído" insistí, incorporándome y dejando la cama. Poco a poco su cara se tornó colorada. Labios sellados y apretados, sus ojos sobre mí en todo momento, esperando algo. "Vístete, y baja al desayuno"
Mientras caminaba a la salida, por el rabillo del ojo pude ver que le había dejado casi petrificada ante su tocador.
Luego, supe qué era. Ira pura.
Tras cerrar la puerta escuché lo que resultó bastante atípico, el inicio de un berrinche "¡YA NO LO SOPORTO!" esa fue la explosión inicial y más grande que salió de su garganta, luego interminable llanto. Entonces, supe que cualquier oportunidad que pude haber ganado para acercarme a ella, nuevamente la había arruinado.
De hecho, desde ese día, cada vez que puede, me evita. Pero, debo admitir que desde que está en casa he estado bastante tranquila. Nunca supe qué sucedía en esa escuela de partería. Dentro del hospital son atendidas mujeres de los más diversos orígenes. Eso está bien, pero el hecho de pensar que Isabelle tenga la oportunidad de lidiar con prostitutas, condenadas a presidio y lunáticas, me preocupa.
Médicos, enfermeras y personal docente supervisa a pupilas, aun así... No lo sé, pues debe sumarse a esto las implicaciones del caso de Ana, el que me pregunte si mi hija estuvo husmeando en esa historia que apesta a muerte y asesinato.
En verdad, aunque sea tan solo por unos días, resulta un alivio tenerla lejos de allí.
Hoy, al únisono su padre y yo llegamos a casa. A penas sí emitimos un saludo el uno al otro cuando André se de cuenta que Lefillatre se pasea por delante de nuestra puerta. Está ansioso. -Veamos qué pasa - dice, y me invita a resolver el misterio - Señor Lefillatre - bienhumorado, como siempre, le llama a voz alta a la distancia. El jovencito levanta la cara y nos sonríe cordial, casi seguro de sí mismo. Tiene una linda sonrisa.
-A que se debe el placer de su visita - le saludo.
-Gracias - responde, un tanto nervioso - venía a pagarle una visita a usted Señor Grandier, hay un asunto que quiciera discutir con usted.
-Pues entremos - me adelanto a invitarlo a pasar - si desea discutir algo con el Señor Grandier, también debo estar presente. Pero antes que eso suceda ¿gustaría cenar con nosotros?
-Por supuesto, sería un placer - abrumado, me contesta.
Esto será interesante.
