Debo pedir disculpas por la tardanza de este capítulo, estaba atorada y sin un rumbo preciso a seguir, pero las ideas se aclaran de nuevo. Este fic lo hice por el gusto de hacer un crossover, pero al final me agradó escribir sobre el universo de los Piratas del Caribe, aunque no esté tan familiarizada con él como en el caso del Potterverso. Espero respetar lo suficiente las características de cada personaje. Decidí no tomar en cuenta el final de la tercera película, por eso no hay hijo. Agradezco sus comentarios, han abierto muchas puertas…
Sabaku no Marron: me hiciste verificar algo que ya había sospechado: Luna. Es un personaje maravilloso, independiente y se va de las manos. Francamente tengo la misma impresión y no lo había notado en un principio… Por ultimo, no me imagino a Jack junto con Ginny, lo veo más bien con Luna.
Gin-Kamelot: Si presentas Harry&Luna, sería la cereza de este fic º-º! o un trío con Jack xD Okey no, dejo de soñar… bueno, ya veremos, con comentarios así me das muchas ideas.
Shadir: Yo también creo que Luna es grande! Espero seguir contando con tu interés…
Agus: Gracias por leer y por tu comentario!
Capítulo VII.
Que trata sobre como los celos pueden alterarlo todo y de cómo se toman medidas extremas.
- Jack, cada vez te entiendo menos, puedes decirme ¿porqué demonios es tan importante tocar puerto para conseguir libros?
- La señorita Granger los pidió, sabes que soy muy caballeroso…
- Si, claro, pero cuando tú eres caballeroso con una dama, es por un interés en particular, pero no creo que este sea el caso, ¿o sí?
- Por supuesto que no. Preferiría enfrentarme de nuevo al Craken. Al menos tiene mejor carácter. - Gibbs decidió no preguntar más al ver el convencimiento en lo dicho por Sparrow. Caminaban entre la gente del puerto, que aunque no era mucha, si era bastante bulliciosa. Tocar puerto había sido una buena idea, al menos les daba un respiro a los niños raros y hasta el pelirrojo Weasley se encontraba mejor. Pero Jack buscaba a una de ellos en particular. Al fin la vio, sentada en el muelle, ajena a todo lo que le rodeaba. – Gibbs, ¿no crees que hará falta un poco de víveres en el barco?
- No, tenemos la bodega llena.
- Entonces hará falta ron.
- Tenemos para abastecer a hombres sedientos de tres barcos.
- Quizás hagan falta armas…
- Armados estamos hasta los dientes.
- Gibbs…
- ¿Sí?…
Jack perdió la paciencia y fue directo al grano – busca lo que sea, pero búscalo ya… y déjame solo.
- Está bien Jack, como tú digas – se apresuró a responder Gibbs sin entender bien a bien que diablos le pasaba a su amigo. Cuando Gibbs estuvo lo bastante lejos como para enterarse de que era lo que pretendía Jack, este se acercó lentamente al muelle. En cuanto estuvo cerca se sentó al lado de quién estaba ahí, meciendo muy pensativa los pies, y, que al percatarse de la presencia de Jack, se sobresaltó sin poder evitarlo.
- Hola… señorita Weasley – saludó el capitán con una sonrisa cautivadora, sentándose muy cerca – … veo que disfruta el panorama.
- Eh… sí – titubeó la pelirroja, Jack se deleitó al ver el rubor en sus mejillas, eso era bueno.
- ¿Y sus amigos? ¿Puedo saber por qué la han dejado sola? Si yo fuera ellos no lo haría.
Ginny esquivó la mirada, la voz susurrante de Jack Sparrow la ponía nerviosa – Ron y Harry acompañaron a Hermione a buscar algunos libros donde hallar información. Hermione es así, cree que podrá encontrarlo todo en ellos. Y Luna…
- ¿Qué con mi contramaestre? – preguntó Jack viendo el gesto de contrariedad que Ginny intentaba ocultar y que él ya había calculado.
- Pues, no sé, estaba aquí hace un rato. Tal vez esté curioseando un poco. Ella tampoco debería estar sola ¿no le parece?
A Jack no le pasó por alto el velado reproche que había en las palabras de Ginny. Era hora de cambiar el rumbo de sus planes. Ir por donde él quería. – Yo creo que mi contramaestre puede cuidarse sola, oh, no es que usted, señorita Weasley, no pueda hacerlo – se apresuró a decir al ver el gesto hosco de Ginny – pero hay sutiles… diferencias. - Esta vez Ginny no se molestó en disimular un gesto de intriga. Jack lo pensó un poco, después de todo no diría una mentira. Ya había reparado en las miradas masculinas que seguían a todas partes a Ginny Weasley, no es que las otras dos jovencitas no fueran atractivas, pero la pelirroja tenía un encanto especial. Y para Jack, eso no podía pasar desapercibido. Buscó las palabras más adecuadas para decirlo – no es muy común que mujeres se enrolen en un barco con piratas a bordo, y mucho menos, mujeres como usted y sus amigas.
- ¿Y eso? ¿Qué tenemos de singular? – preguntó con inocencia, Jack levantó una ceja. Ginny Weasley era tan bonita como encantadora.
- ¿No lo ha notado?
Ginny negó con la cabeza. – Somos singulares porque venimos de otra época, tal vez por eso nos ven distinto.
- No, no es eso a lo que me refiero… me refiero – dijo en tono de confidencia acercándose demasiado – a que no es muy común encontrar en un barco pirata a mujeres tan hermosas y jóvenes como ustedes, en especial usted, señorita Weasley. - Las mejillas de Ginny ardieron. Tanto por la cercanía como por las palabras de Jack. Sus dedos cubiertos de anillos, se movían muy cerca de su rostro, como tentados a tocarla. – Por eso, si yo fuera su hermano o su amigo, me preocuparía bastante de dejarla sola a merced de bribones caradura con no sé que siniestras intenciones…
El aliento de Jack era agrio, pero su voz la capturaba. Ginny sentía hormiguitas en su estómago corriendo desbocadas y de una u otra forma sabía que eso no estaba nada bien. Era un truhán, un perverso con voz susurrante y mirada profunda envuelto en misterio. Era como el protagonista de esas historias que llegó a escuchar alguna vez, pero a las que nunca les había puesto atención. Era una especie de héroe de aventuras. Atractivo y encantador. Era… era un tunante que había sido capaz de mirar las estrellas con Luna y que quizás hubiera usado el mismo flirteo con ella, pensó con enojo recordando la noche pasada.
- Supongo que a Luna le habrá dicho lo mismo, como Luna también es bonita. – No pudo evitar decir. Más al instante, dándose cuenta de su error, trató de remediarlo con voz aturullada – quiero decir… como Luna es una buena persona… tal vez usted se preocuparía por ella… lo cual está muy bien… si… claro… pero… pero no sé…
Ginny Weasley. Fascinante sin lugar a dudas. Jack la tenía en sus manos y en poco tiempo lograría sus propósitos. No podía fallar. Su intuición con respecto a las mujeres no había errado nunca. O casi nunca. Sólo faltaba un último empujón y ese empujón era…
- Capitán, creo que es hora de irnos. - La voz dulce de Luna Lovegood lo hizo respingar al ser tomado por sorpresa. Se volvió a su contramaestre que lo miraba con atención, como si no se percatara de que Ginny estaba ahí con las cejas muy juntas. – Hermione ya encontró lo que buscaba.
- ¿En serio? ¿Tan pronto? – dijo levantándose y ayudando a Ginny a hacer lo mismo.
Luna asintió. Casi enseguida apareció Hermione con un enorme y antiguo libro en la mano - ¡esto es horrible! ¡Es tan difícil encontrar un libro de utilidad! Únicamente encontré este, pero no creo que nos sirva de mucho – reconoció con desconsuelo mientras Jack torcía el gesto.
- Se lo dije, pero usted no quiso escuchar. – le acusó Jack señalándole con el dedo.
- Peor es estar confiados en una brújula inservible.
Luna echó un vistazo al cinturón donde Jack ataba su brújula – a mi no me lo parece tanto – dijo sin que nadie le prestara la menor atención.
- Bien, entonces, vayamos en busca de Gibbs y la tripulación que aún esté en tierra y hagámonos a la mar. Mientras podría irme explicando que información de utilidad encontró.
Jack echó a andar. Hermione rodó los ojos, siguiendo a aquél hombre que la exasperaba, detrás de ella iban Ginny y Luna, cada cual sumida en sus pensamientos y con la vista en dos puntos distintos: Luna el cielo, Ginny, el lado opuesto del puerto. – Bien, pues encontré principalmente información sobre Calipso.
- Eso no me sirve, conozco a Calipso y con eso tengo.
- Pero nosotros no, y debo saber más para comprender un poco como pudo traernos hasta aquí y de que modo podemos recuperar nuestra magia.
- Fantástico niña, pero te olvidas de la Sirena de Fuego, a este paso resolveré yo sólo el enigma de cómo encontrarla y ustedes podrán olvidarse de nuestro trato.
- ¿Sería capaz de dejarnos atrapados en esta época sin brindarnos ayuda? – Inquirió Hermione para después responderse – claro que sería capaz, y eso, por supuesto, no me sorprendería.
- Pues yo no creo que tengan tantas ganas de regresar, hasta ahora no han sido de gran ayuda, a excepción de mi contramaestre, claro, pero los demás… por ejemplo, sus amigos, ¿qué se supone que están haciendo ahora? ¿Buscando damiselas con quienes relacionarse?
- ¡Por supuesto que no! – Exclamó Hermione escandalizada - ¡no todos son como usted!
Jack lanzó una risita socarrona mientras murmuraba – por supuesto que todos son como yo, cuando se trata de damiselas, no se puede ser distinto.
Hermione respingó tratando de seguirle el paso, pero al dar una vuelta, entre la muchedumbre, lo perdió de vista. - ¿Dónde se metió ese sujeto? – preguntó a Luna y Ginny, pero sus amigas, tampoco lo sabían.
- Agradecemos sus finísimas atenciones… Capitán, Señora Turner…
Murtogg y Mullroy se despidieron y bajaron deprisa en la pequeña barca que los llevaría hasta el puerto. Por comodidad y discreción, Will había decidido no acercar más de lo debido al Holandés Errante. Elizabeth Turner los vio alejarse con una media sonrisa – ese par de bribones, además de hacernos perder tiempo buscando un puerto que les agradara no dieron más datos útiles…
- Bien, aprovechemos para abastecer las bodegas en el menor tiempo posible, es imprescindible para zarpar cuanto antes y encontrar a Jack.
Bootstrap Bill hizo una pequeña reverencia y de inmediato fue a obedecer las órdenes de su capitán. Will observó con el catalejo el pequeño puerto a donde habían llegado. Sería bueno para él y su esposa bajar y estirar un poco las piernas. – Elizabeth, ¿qué te parece si nos escapamos un rato?
- Encantada de hacerlo, Capitán Turner. Usted manda y yo obedezco - aceptó Elizabeth juguetona extendiéndole la mano. Desde el momento de encontrarse, la Sirena de Fuego había acaparado sus pensamientos, pero quizá sería conveniente aprovechar un poco el tiempo juntos. Ocuparon otra balsa y se dirigieron al puerto. Al llegar decidieron caminar un poco por aquél sitio.
- Elizabeth – llamó Will con suavidad al tiempo que tomaba su mano - ¿no te arrepientes de haberte casado conmigo?
Ante la pregunta, Elizabeth respondió con asombro - ¡Por supuesto que no! ¿Por qué me preguntas eso?
- No lo sé, tal vez por que creo que no será muy divertido para ti ver a tu marido cada diez años. – Dijo sin mirarla a los ojos. Will adoraba a Elizabeth, y por supuesto se sentía correspondido, pero a veces, la inquietud le embargaba. Y esa era una de esas veces. Le inquietaba, de verdad, volver a encontrarse con Jack Sparrow y que Elizabeth dudara de su elección. Había una imagen que no podía borrarse de su mente. Era la de Jack y Elizabeth justo antes de que fuera devorado por el Cracken.
- No me importa esperar si vuelvo a verte – susurró Elizabeth con dulzura colgándose a su cuello. Se acercó para depositar un suave beso en los labios de su esposo, pero antes de hacerlo, algo llamó poderosamente su atención. - ¡Es Jack! - Exclamó más emocionada de lo que debería, soltando a Will e intentando darle alcance. Will la siguió, tratando de acallar las dudas de su pecho. - ¡Jack! ¡Jack! – llamaba Elizabeth.
El aludido se detuvo de golpe y se volvió con rapidez, abriendo los ojos sorprendido. - ¿Elizabeth? ¿Will? –
- ¡Jack, te hemos estado buscando! – Elizabeth llegó a su lado, sonriendo más de la cuenta. Will lo notó, pero prefirió pensar que era por la alegría de ver nuevamente a un viejo amigo, sólo eso.
- ¿Me buscaban? Vaya, esa sí que es una noticia – dijo remarcando sus palabras con gestos exagerados, como era común en él. – Me gustaría saber para qué… - dijo más a sí mismo, que al matrimonio que lo miraba atento.
- Jack, necesitamos tu brújula.
Era bastante directo. Jack enarcó una ceja ante tal desfachatez - ¿en serio? ¿Y qué les hace pensar que voy a prestárselas?
- Es un asunto de vida o muerte, Jack, y tu eres lo bastante buen hombre como para dejarnos a Will y a mi sin tu ayuda.
La voz susurrante y dulce de Elizabeth hizo que Will arrugara el ceño y por un segundo viera a Jack con desagrado. Jack lo notó enseguida y trató de parecer impasible. – Vaya señora Turner, es usted muy confiada, pero ¿saben? Tengo un asunto muy importante que atender y lamentablemente no puedo prestarles mi brújula.
- Intentas encontrar la Ciudad Perdida y para ello necesitas a la Sirena de Fuego. Lo sabemos Jack. - Jack hizo un gesto trágico ante el comentario de Will, murmurando entre dientes "lo que me faltaba", por lo visto jamás podría salirse con la suya sin tener a alguien pisándole los talones. En ese momento Luna, Hermione y Ginny llegaron hasta a él.
– Le agradeceré que tenga la suficiente amabilidad para esperarnos – dijo Hermione con acritud cuando llegó a su lado.
Elizabeth miró a las tres chicas con recelo - ¿quiénes son ellas Jack? – preguntó modulando la voz lo más amable posible. Ginny enarcó una ceja con disgusto, y Luna miró atenta enfrente de sí algo que a nadie le interesaba. Jack sonrió, decidiendo presentar a las tres jóvenes. – Esta jovencita de cabello alborotado y de tan… especial carácter es la señorita Granger. Esta preciosidad pelirroja que tengo a mi lado, es la señorita Weasley – dijo y Ginny se sonrojó mientras Elizabeth hacía un gesto indefinible – y esta… linda y… peculiar jovencita es la señorita Lovegood, mi contramaestre.
Will y Elizabeth parpadearon confusos, intercambiaron una mirada y luego Will aseguró – no estarás hablando en serio, Jack. – dijeron mientras Luna dirigía sus enormes y plateados ojos a Will Turner.
- ¿Eres amigo del Capitán? Pareces buena persona – preguntó y Will asintió observándola detenidamente.
- ¿En serio eres contramaestre?
- Ajá – respondió Luna – ayudo al capitán en lo que puedo, pero me hago un lío con el pescante…
- ¿Qué?
- Mi contramaestre ha querido decir sextante, ahora, si nos permiten, tenemos que hacernos a la mar. Will, Elizabeth, ha sido un gusto verlos y comprobar que se han convertido en un aburrido matrimonio… ¡qué calamidad! – dijo bajando la voz hasta terminar hablando consigo mismo, moviendo la cabeza con pesadumbre.
- Espera Jack – Will lo detuvo por el brazo hablándole con voz entre firme y suplicante – necesito tu ayuda. Necesito librarme de la maldición para poder estar con mi esposa y sabes muy bien que lo que estas buscando me proporcionará esa ayuda.
Jack arrugó el ceño consternado, ¿cómo era posible que no pudiera evitar siempre la presencia de otros en sus planes? Él no era un buen hombre, y no estaba dispuesto a compartir su triunfo. Si alguien tendría a la Sirena de Fuego, ese sería sin duda él. Iba a buscar el modo de no decírselos, pero tratando de quitarse a todos de encima, cuando la voz irritante de Hermione Granger lo sacó una vez más de quicio. – Disculpe, ¿se está refiriendo acaso a la Sirena de Fuego? – le preguntó a Will Turner y los ojos del joven capitán brillaron.
- Así es, señorita – dijo hablando con cautela – ¿y usted lo pregunta por…?
- Estamos ayudando al señor Sparrow – Jack crispó los puños moviendo los labios y formando la palabra "capitán", pero Hermione continuó con voz de sabihonda sin hacerle el menor caso – …a buscar esa dichosa estatuilla por… una conveniencia mutua, sólo que estamos atorados ante la inminente falta de información y visto que, ustedes parecen personas más decentes, o al menos con una simpatía hacia la higiene más perceptible, me gustaría saber si pudiéramos hacer una especie de intercambio y compartir lo que sabemos, para así armar el rompecabezas y terminar con este lío de una buena vez.
Will la estudió con fijeza, Hermione lo enfrentó muy seria. Algo debió infundirle confianza hacia ella porqué decidió hacer caso a sus palabras .- Para ser honestos señorita Granger – dijo mientras Jack volvía los ojos – mi esposa y yo no tenemos pista alguna más que la petición de Calipso.
- ¿Calipso? – Preguntó Hermione con un tonito crispado - ¿es decir, que cualquiera puede ver a Calipso con excepción de nosotros?
- ¿Cualquiera? – inquirió Elizabeth con reparos, para luego erguirse, orgullosa – no somos "cualquiera", para tu información jovencita, soy Elizabeth Turner, la Reina de los Piratas, y mi marido, Will Turner, es el honorable y valiente capitán del Holandés Errante.
- Perdón, no quise decir… - musitó Hermione apenada.
- Vamos Elizabeth, no seas tan dura – dijo Will tratando de equilibrar el asunto – no creo que esta jovencita haya querido decir nada malo, además, parece una buena persona.
- Oh, lo es – terció Luna – Hermione es muy honesta y con principios muy claros.
- Siendo así, creo entonces que tenemos mucho que hablar… ¿a tu barco o al mío? – le preguntó a Jack que tenía la cara más acongojada de su vida.
- Al mío – dejó escapar entre dientes con triste resignación.
La bodega del barco resultaba pequeña aunque los presentes no se hallaran tan a disgusto. Ya reunidos, la primera reacción de todos fue evaluarse mutuamente. Ron veía a Will Turner con desconfianza mal disimulada y Elizabeth dirigía a Hermione y a Ginny miradas recelosas, mientras esta última miraba alternadamente a Luna, que jugueteaba con su cuchillo, y a la Reina de los Piratas. Will, por su parte, tanteaba el terreno con Jack… y Jack, se preguntaba para sí por que demonios tenía tan mala suerte y por qué diablos Calipso, había mandado a medio mundo a la misma búsqueda que él. Hasta el Craken debía estar buscando a la Sirena de Fuego.
- Bien, sin más rodeos – Elizabeth tomó la palabra con autoridad y todos la escucharon con atención - estamos todos aquí reunidos por que estamos tras la pista de un mismo objeto: la Sirena de Fuego… ¿qué cosa es o dónde podemos conseguirla? Es algo que debemos averiguar, así como debemos llegar al acuerdo de lo que haremos una vez que esté en nuestras manos.
- Acuerdo… - Jack lanzó una risita irónica – olvidas Elizabeth, que la Sirena sólo concederá un deseo…
- No Jack, la que concederá el deseo es Calipso… - aclaró Gibbs mientras alguien gritaba afuera "¿qué no era Neptuno?".
- ¡Esto es privado! – gritó Elizabeth y devolvió a Jack una mirada desafiante. – Si, es sólo un deseo, por eso debemos llegar a un acuerdo. Will y yo queremos que se rompa la maldición del Holandés, estos niños quieren… algo, y tú quieres llegar a la Ciudad Perdida.
- No somos niños – debatió Ginny con ojos llameantes, Harry puso una mano en su hombro y tomó la palabra.
- Debe haber un modo de pedir un deseo que nos convenga a todos, por lo pronto, mientras Hermione buscaba documentarse sobre Calipso, Ron y yo fuimos a investigar con resultados decepcionantes, nadie sabe nada de la Sirena de Fuego.
- Vaya novedad – remarcó Hermione con ironía. Harry levantó la mano para callar a su amiga y tomar de nuevo la palabra.
- Lo que si es verdad, y seguro ya todos se dieron cuenta de ello, es que Calipso pretende algo, y lo pretende con todos nosotros, de no ser así no nos hubiera metido en esto.
- ¿Qué podrá ser? – Se preguntó Will – no veo la relación de mandar a Jack, buscarnos a nosotros e involucrarlos a ustedes… en especial a ustedes, no parecen ser personas de mar.
- Tal vez quiera vengarse aún de los piratas – reflexionó Gibbs – y esto es una trampa.
- No, no creo, nosotros la ayudamos en cierta forma – debatió Will – tal vez sea que en la Ciudad Perdida se encuentre algo de su interés…
- ¿Y la maldición de su barco? – Preguntó Hermione – no tiene sentido, ¿en que se relacionaría la Ciudad Perdida con su maldición y con nuestra estancia aquí?
- Quiere a Davy Jones de regreso…- La voz de Jack se escuchó indiferente, había escuchado toda la charla en silencio sopesando su brújula. Reflexionaba tratando de unir cabos, pero aún faltaban muchas piezas.
- ¿A Davy Jones? Pensé que…
- Al caer al mar fue directo a parar al territorio de Poseidón – siguió Jack sin prestar atención a las palabras de Elizabeth, seguía pensando, con la brújula en sus dedos – quiere a la Sirena de Fuego para negociar su libertad.
- ¿Y nosotros que tenemos que ver con ello? ¡Ni siquiera sabemos quién demonios es Davy Jones! – Protestó Ron con encono – para mí que esa diosa está chiflada como una cabra.
- Tal vez lo de nosotros fue un accidente provocado por el padre de Luna, recuerden que él la invocó. – Dedujo Ginny después de reflexionar un rato.
- ¿Y para que haría algo así? – preguntó Elizabeth intrigada - ¿para que esa persona invocaría a una diosa como Calipso?
Los chicos, con excepción de Luna que jugueteaba con un corcho de ron, intercambiaron una mirada. Por fin, Harry habló sintiéndose ridículo – para llegar al Caribe.
- ¿Invocar a Calipso para llegar al Caribe? – Preguntó Gibbs un tanto desconcertado - ¡para eso existen barcos!
A Jack no le convenía que aquellos chicos soltaran más información de la cuenta, tenía que intervenir – si claro, pero tal vez el padre de mi contramaestre pensara en una forma más cómoda y rápida de viajar, a saber… eso que importa, lo único importante es averiguar que hacer para encontrar a la Sirena… - abrió la brújula, la miró un segundo y luego la cerró consternado, sin que nadie se diera cuenta de ello.
- Tal vez encontrar a la Sirena de Fuego no sea una empresa tan difícil como lo creemos – murmuró Luna mientras deslizaba su dedo alrededor de sus ojos dejando una mancha oscura debajo de ellos como la de Jack.
- Luna, te… - le indicó Ron señalando sus ojos.
- El Capitán me enseñó a usar este modo de proteger mis ojos del terrible sol del desierto, hoy estamos en el mar, pero uno nunca sabe… – explicó mientras Will, Gibbs y Elizabeth intercambiaban una mirada de franca extrañeza. – cuando perdemos algo, recorremos los lugares por donde hemos pasado o solemos guardarlo comúnmente – continuó sin percatarse que ellos no estaban acostumbrados a ese modo tan peculiar de hablar – y no nos detenemos a pensar que ese objeto ha regresado a las manos del todo… y el todo está frente a nuestros ojos. Sólo es necesario mirar bien. Eso le sucedió a Poseidón. Eso nos pasa a nosotros.
- Ajá, y eso significa… - dejó al aire Will mientras Jack miraba a Luna con una mirada fija e intensa.
- Tal vez Calipso no nos dio tantas pistas por que la Sirena se encuentra al alcance de nuestras manos. ¿Usted que cree Capitán? – preguntó dirigiéndose a Jack que no dejó de mirarla.
- Creo, mi querida contramaestre, que no debo arrepentirme de haberla nombrado tal. Bien… - Jack miró a su alrededor volviendo del ensueño – esta reunión se da por terminada.
- ¡Pero Jack! ¡Aún no sacamos nada en claro! – Elizabeth lo siguió mientras Jack empezaba a subir las escalerillas. Se detuvo un momento y entornó los ojos, murmurando sin que nadie lo pudiera oír, "yo, sí". Reflexionó en algo y regresó sobre sus pasos.
- Con su permiso, tengo que arreglar asuntos personales con mi contramaestre. - Puso una sonrisa llena de dobles intenciones, tomó a Luna de la mano y la llevó consigo sin darle tiempo a los demás de protestar.
- ¿Qué rayos le pasa a ese tipo? – preguntó Harry ofuscado después de salir de la sorpresa.
- Eso mismo nos preguntamos todos, Jack sabe algo y debemos averiguar que es… casi me atrevería a apostar que ya sabe como conseguir la estatuilla. – Aseguró Will completamente convencido.
- ¿Pero qué tiene que ver Luna en todo esto? – preguntó Hermione confundida, tratando de encontrarle una razón convincente a la actitud de Sparrow. – No tiene lógica su modo de actuar…
- Olvídelo señorita, Jack Sparrow jamás ha actuado con lógica.
Hermione le dedicó una sonrisa a Will Turner y Ron tosió irritado – eso se ve a simple vista – echó un vistazo a todos como inseguro de lo que iba a decir – y si… - se aclaró la garganta, juntó valor y luego dijo - ¿y si ese sujeto quiere algo con Luna? - La mirada de todos se centró en menos de un segundó en él. Ginny, Harry y Elizabeth giraron la cabeza tan rápido que Ron se incomodó aún más. – Es una suposición. No se ve un buen sujeto.
- Bien, pues eso voy enseguida a averiguarlo – dejó escapar Ginny con los dientes apretados y dando con el puño en la mesa sobresaltando a todos. Después subió como bólido las escalerillas dejando todavía más confundidos a los que estaban ahí. Ron hizo el amago de ir tras ella.
- ¡Gin! ¡Ven acá!
- Déjala Ron, vamos a ver que averigua. – Hermione lo tomó por el brazo, tratando de tranquilizarlo. Will le dirigió una mirada interrogante a Gibbs y este se encogió de hombros. Elizabeth y Harry, en cambio, tenían la vista fija en la escalera.
Iba furiosa. La espada en su costado se bamboleaba al compás de sus pasos, ¿dónde se habrían metido esos dos? Se preguntaba mientras sentía la mirada de los marinos clavados en su figura, pero no le importaba. De buena gana se hubiera batido a duelo en ese instante con cualquiera de ellos y sólo por desahogar esa furia ridícula que nacía en su estómago. De pronto lo vio, cerca del mástil principal, pero no vio a Luna.
- Ah, señorita Weasley – murmuró Jack modulando la voz de manera sugerente en cuanto reparó en su presencia – veo que ha dejado a los otros guardados en la bodega.
- ¿Y Luna? – preguntó tosca, furiosa, mirando con ojos relampagueantes a Jack.
- Ah, mi contramaestre – Jack movió las manos ayudándose con ellas para elaborar una respuesta – la… mandé a descansar – dijo como si tal cosa.
- Mentira, usted dijo que quería hablar cosas personales con ella, ¿dónde la oculta? – Aunque quisiera, Ginny no podía (y no quería) bajarle al tono molesto de su voz.
Jack sonrió divertido – no en mi bolsa, eso se lo aseguro – murmuró y comenzó a invadir su espacio personal – bonito cabello, es suave y tiene ese aroma – dijo aspirando de él, logrando que Ginny sintiera el vértigo recorriendo su espalda.
- No juegue conmigo – Jack abrió los ojos con sorpresa cuando Ginny lo apuntó con su espada. Él le había enseñado a no despegarse de ella. Buena alumna. Y vaya carácter. Jack saboreaba el momento.
- Vaya, si yo fuera usted – tocó la espada con la punta de sus dedos y la desvió de su pecho – no tomaría así los cumplidos.
- ¿Y cuántos más le ha hecho a Luna? – escupió Ginny volviendo a apuntar a Jack sin titubeos.
Jack entrecerró los ojos y la miró como el gato que anticipa que se va a comer al ratón – parece ser, señorita Weasley, que usted está celosa.
Fue un balde de agua fría para Ginny. La aseveración de Jack la hizo reaccionar y su rostro se llenó de alarma y horror - ¡N…no! ¡Es… es sólo que… estoy preocupada por mi amiga!
- ¿Ah, sí? – Preguntó Jack rodeándola en tanto Ginny bajaba la guardia – es una lástima que sea esa la razón de su enfado – se acercó para susurrarle al oído - sería una buena capitana de mi barco.
- ¿Qué? – preguntó Ginny volviéndose aterrada a Jack y sintiendo las piernas de gelatina. Iba a darse la vuelta para huir, pero justo en ese instante, Jack pudo percibir la presencia de Elizabeth viniendo de la bodega, así que hizo algo totalmente absurdo, jaló a Ginny por los hombros y le plantó un beso en los labios, rápido, sorpresivo. Ginny abrió los ojos a toda su magnitud y luego lo vio como si estuviera frente a una lluvia de gnomos con tutú. Detrás de ella, Elizabeth, había quedado petrificada.
- ¡Jack! ¿Puedo saber que estas haciendo? – La voz de Elizabeth se escuchó fuerte y clara. Ginny, al darse cuenta de que estaba ahí, simplemente salió corriendo.
- Oh, lo siento, no pude contenerme – musitó Jack con calculada malicia.
- ¿Besaste a esa niña, Jack? ¿Cómo te atreviste? – Elizabeth realmente se veía consternada y furiosa.
- ¿Estás celosa? – preguntó Jack divertido.
- ¡Por supuesto que no! ¡Es sólo que se trata de una niña!
- Eso… me parece… muy bien – Jack hablaba con pausas moviendo mucho las manos - porque no sería muy correcto señora Turner, que sintiera celos de alguien que no es su marido – su voz ronca estaba llena de cinismo - eso podría ser considerado como infidelidad- pensó y luego dijo con singular desfachatez - claro que yo no tengo prejuicios, y si pretendiera, señora Turner, serle infiel a su marido, bien podría hacer un pequeño sacrificio.
- Sueñas, Jack - respondió Elizabeth irónica pero un malestar se revolvía en su estómago.
- Bien, siendo así, no creo que haya ningún inconveniente en que al fin recupere el Perla Negra y este tenga una capitana por vías legales, ya es hora que exista una señora de Sparrow.
Elizabeth abrió la boca sorprendida, pero no pudo contestar. Jack aprovechó el momento y la dejó ahí, sin terminar de creer lo que había escuchado.
