¡Hola, mis queridos lectores! Casi y no logro publicar hoy D:! Pero, es para mí un honor traerles un capítulo más de esta historia que en lo personal me encanta, y que editándola, me ha hecho volver a sentir esa felicidad y esa sensación de romanticismo y de increíble emoción que solo sentí al escribirla la primera vez jaja.
Incluso, he descubierto que he mejorado mucho en mi redacción :P.
Bueno, no les detengo mas, por favor, disfruten del séptimo capítulo de Misión Romance.
Pdata: Lee las notas finales D:!
Pdata de la pdata: cuando un párrafo comienza con este símbolo: "»" quiere decir que el mismo personaje continua hablando pero en otro párrafo, por sí no lo saben xD
CAPÍTULO VII: LA BODA DE SAKURA PARTE II.
—Sasuke-kun… —intentó hablar pero nada más que eso salió de sus labios.
—No digas nada —susurró—. Te amo —confesó al fin, dejándola sin palabras.
―¿Qué…? ―no sabía que decir o hacer, aquello simplemente no podía estar pasando. Quería creer que no era cierto, pero algo en su interior le gritaba que lo era.
―Tú no sabes, ―suspiró―, no tienes idea de cuánto he tratado de decírtelo, ―ella lo miraba, con fuerza, con rabia, incrédula, no lograba descifrar los sentimientos tras esa mirada―. Pero, ¡por dios! es tan difícil. No sé si es mi orgullo, o porque siempre has sido una molestia,
―Sasuke… ―susurró sin que él dejara de hablar.
―Incluso aun eres la mujer más molesta que conozco pero, pero yo, ―sin decir nada, ella bajo la mirada, y como si acabase de recibir la peor noticia de toda su vida, y necesitara un refugio para llorar se recargo contra el fuerte pecho que alcanzaban a ver sus ojos―.
―Sasuke… ―musitó vencida, apretando con fuerza el chaleco que le cubría el torso.
―¿Sí, Sakura? ―sonreía triunfante, estaba seguro, no, más que segura, podría jurar que ella estaba feliz.
―¿Por qué? ―recostó la frente contra su pecho―, ¿por qué haces esto?
―¿Qué cosa? ―preguntó confundido.
―Dime, Sasuke, ¿tanto me detestas? ―las lágrimas comenzaron a escaparse de sus ojos sin darle tiempo de detenerlas.
—¿Por qué crees eso? —preguntó calmado.
—Porque, Tú no tienes idea de lo difícil que es todo esto para mí, —bajó la mirada y guardo silencio un instante—. Voy a casarme en un par de horas, para poder ayudar a esta aldea y cumplir la misión que me encomendó Tsunade-sama —él iba a quejarse, a oponerse una vez mas pero las palabras se apresaron en sus labios, al sentir que su pecho era suavemente golpeado por una llorona pelirosa— Las cosas nunca han salido como yo las he deseado, pero, esto ya es demasiado, —susurró—, ¿por qué darte mañas para molestarme en estas condiciones—. El azabache no lograba hacer más que observarla, con sus bellos ojos negros como la noche, que no lograban encontrar la mirada de ella, y, con la amabilidad que se brinda a una doncella posó su mano derecha sobre la cabeza de ella.
—Sakura...
—No puedes solo decir esas cosas —de nuevo le impedía hablar—. Es que no te creo Sasuke-kun. No puedo creerte. Y lo que más duele es que no quiero creerte.
—Sakura estoy sincero con mis palabras —murmuró—, te lo juro —reafirmó envolviéndola con fuerza en sus bien formados brazos—. Créeme en esto, por favor.
—¡No! —exclamó en un grito cargado de dolor y rabia, que parecían tener mucho tiempo siendo reprimidas—. ¡No te creo Sasuke! ¡No te creo! —el abrazo se rompió tras un fuerte empujón que ella le regaló, y, sollozando, con lagrimas cubriendo sus rosadas mejillas, cayó sentada y rendida en el borde de la cama.
»¡Solo lárgate! —Estaba tan frágil, tan vulnerable, no recordaba haberla visto así nunca antes, y su sonrisa, su despreocupada sonrisa ya no estaba en ella—. ¡Solo déjame sola! —volvió a pedir, más bien exigir—. No me hagas las cosas más difíciles, —pidió con la poca fuerza que aún tenía.
—No me iré —recibió en respuesta.
—Eres un idiota, —le insultó ella—. Déjame sola, por favor. —Aquel chico la observaba con sus ojos negros profundamente. ¿Cómo podía ella alterarse tanto solo por eso? ¿No era acaso más lógico que solo aceptase lo que él le decía? ¿Por qué no podía solo aceptar los sentimientos que le revelaban? ¿Cuántas veces había soñado con eso? ¿Qué mierda pasaba con ella?
»No te me acerques, —como pudo -con dificultad a causa del gran vestido- subió las piernas intentando abrazarlas contra su pecho, para de alguna forma, imponer distancia—. Solo toma tus cosas y vuelve a casa.
—Sakura, -se acercó y tomo las sandalias del suelo—. Ya te dije que no pienso dejarte aquí sola —haló una silla cerca de la cama, se sentó y tomando los pies ella para recostarlos sobre sus piernas comenzó a ponerle las delicadas sandalias blancas—. No me voy a ir, puedes estar segura de eso, —suspiró con pesadez, aquella actitud de niña malcriada ya le estaba molestando. Se puso de pie y tomó el velo, que era sostenido por una delicada tiara de metal. Ella seguía sin decir nada—. No sé como lo haré, pero prometo que evitaré que te cases.
—¿Puedes…? —Sasuke la miró directo a la cara confundido—. ¿Puedes prometer algo así? —la pregunta le sorprendió pero solo sonrió de medio lado, de esa forma que solo él poseía y sin decir nada, le colocó la corona en la cabeza, permitiendo que la fina y transparente tela blanca cubriera su cabello.
—Ya lo veras, no me retractaré en mis palabras —Sí ella lo estaba probando con aquella promesa, entonces le demostraría que sus palabras eran firmes—. Te veré más tarde, Sakura, —aseguró antes de tomar la fina barbilla frente a él y apresar los rosados labios de la novia con los suyos.
—Sasuke-kun, —estaba completamente sonrojada, confundida, descolocada, alterada y pare de contar, ni ella misma sabia cuantos sentimientos se revolvían en el interior de su pecho en aquel momento, no entendía porque el actuaba de esa manera con ella. Solo quería que todo acabara rápido, que se sacara la idea de molestarla de su torcida cabeza y la dejara en paz. Volvió a cubrir su cara, y reclamándose a sí misma por intentar siquiera pensar en creer en las palabras de ese odioso Uchiha. Simplemente, decidió mejor quedarse tranquila, a esperar a Karin, si exactamente como se lo había pedido, esperaría por ella.
No había nada que hacer, no sabía qué hacer, estaba al borde de la desesperación, sin embargo, se veía calmado mientras atravesaba cada pasillo de aquella gran mansión, en busca de la salida. Estaba estresado, más que estresado, sentía que su mundo daba vueltas a cada segundo, sus pasos se habían más débiles cada vez que uno nuevo se asomaba y cada recuerdo que no debía asomarse le atosigaba con crueldad, sí, definitivamente, el destino, Dios, el karma, no sabía quién, pero alguien le cobraba los crímenes que Naruto había impedido que los Kages le cobraran. Viéndolo desde ese punto de vista, algún castigo de esos cinco viejos obstinados no habría sido tan tormentoso, o tal vez sí, no lo sabía y en ese preciso instante, cosas más importantes requerían su atención.
Se maldijo internamente, podía jurarlo, odiaba, sí, odiaba con todas sus fuerzas a la aldea de la hierba, ¡listo! Era oficial, odiaba esa aldea y a todo el que habitara en él. Tal vez si hubiese matado a Karin en aquella ocasión no estaría pasando nada de esto. ¿Y que ganaba con culparla a ella? Debía ser sincero consigo mismo, debía admitirlo, sí Sakura no creía en su palabra, sí dudaba de él, y de lo que pusiera sentir, el único culpable era él mismo. Nunca debió dejar la aldea, nunca debió matar a su hermano, nunca debió ir con Orochimaru o atacar a los kages, no debió hacer al menos el 70% de lo que había hecho en sus diecinueve años de vida. ¡Mierda! Diecinueve años y tenia mas rencores que un viejo, concluido, su vida fue, era y seguro sería una mierda.
Sus pasos no llevaban dirección fija y sus manos temblaban con pesar. Fijó como destino un muelle que había en aquel pedazo de mar cerca de la mansión, y dejó que sus pies se deslizaran hasta aquel lugar. La brisa era fresca y se sintió relajado por primera vez desde la noche anterior. Claro, la noche anterior. Una sonrisa burlona se formó en su rostro, ella supo cómo volverlo loco en una noche, una noche que no olvidaría jamás.
Al acercarse al muelle, se percató de que cerca de este había una hermosa pradera, llena de flores de muchos colores y una suave grama verde, una hermosa y bañada por el roció, haciendo honra del nombre de aquella aldea, hasta ese instante no se había percatado de cuanta hierba había por donde mirase. Rió para sí mismo, no dejaba de pensar idioteces. Avanzó decidido al muelle pero sus ojos volvieron a la pradera floreada. Un hombre mayor, casi anciano -delataban sus arrugas-, estaba sentado entre las flores, llevaba una larga túnica negra que cubría por completo su cuerpo, sus ojos estaban cerrados y su cabello era blanco y caía ondulado hasta la mitad de su espalda.
Se acercó con calma a aquel hombre, que al verlo llegar abrió sus ojos, mostrando dos orbes azules como el cielo, posó una sonrisa en sus labios y levantó el rostro, dejando ver un único punto blanco en su vestimenta, justo en su cuello. Intrigado al notar que su apariencia era similar a la de "The Killer", -ya que no parecía ser de esas tierras-, dio un paso al frente y con su típico tono de voz -frio y desinteresado- preguntó.
—¿Quién eres? —levantó un poco la manga de su camisa, en busca del sello, quería tenerlo a la mano, por prevención.
—¿Quién soy? —dejó su oración y un largo rosario subió hasta rodear su cuello gracias a sus manos—. Mi nombre es Alphonse, —respondió calmado con una amplia y gentil sonrisa en sus labios—, soy un sacerdote, —prosiguió, y tocó sus ropas antes de comenzar a reír, como si hubiese escuchado el mejor chiste de su vida. Sasuke solo lo observaba inmutable en su posición.
—¿De qué te ríes? —cuestionó arrugando el entrecejo.
—Lo siento hijo, —dejó de reír y la calma retomó su lugar—. Supongo que te parecerá extraña mi vestimenta, —Sasuke asintió sin levantar su mano del sello—, eso es porque no soy de aquí, y, tampoco practico las religiones que ustedes, —guardó silencio esperando un comentario, o respuesta a su plática, sin embargo, ninguno llego—. Vengo de América, las tierras del Señor August.
—¿Quién es August? —su voz tenía ese tono de autoridad que insistía en intimidar al presente.
—Luces cansado, un poco preocupado e incluso tenso, —mantuvo su sonrisa y golpeó el suelo invitándole a tomar asiento—. ¿Por qué no te sientas un rato conmigo?
—¿Quién es August? —preguntó de nuevo, cortante, irritado y sin hacer gesto alguno.
—Ah sí, —suspiró y estiró sus brazos hacia arriba, estirando su espalda, la cual crujió considerablemente ante aquel acto—. Es el hombre rubio, a quién celebraron su cumpleaños ayer, es ese al que llaman "The Killer". —bufó con burla haciendo comillas con sus dedos.
—¿Eres aliado de ese hombre? —el -aparentemente- sacerdote, arrugó la cara y se cruzó de brazos mostrándose ofendido.
—¡No soy su aliado! —respondió y respirando hondo volvió a su tan cálida paz—. Solo soy aliado de Dios, y, digamos que soy otro prisionero en esta aldea, después de todo yo no deseaba venir, —rió ante su propio comentario y palpó el suelo una vez más—. Siéntate conmigo muchacho, —pidió con gentileza a lo que Sasuke asintió sentándose a su lado sin decir nada, y bajó con tranquilidad la manga de su camisa.
»¿Eres Satsuki Sasuke verdad? —Sasuke asintió guardando silencio, aunque un poco asombrado de que supiera quién era—. No me mientas muchacho. Tu nombre real es Uchiha Sasuke, —no cabía de la sorpresa, intentó articular palabras pero fueron retenidas por una seña del hombre, una con la que claramente le pedía guardar silencio—. Eres un buen muchacho, —le miró directo a los ojos—. Aunque no entiendo porque estás aquí fingiendo ser alguien que no eres.
—¿Por qué sabe todo eso? —el hombre se encogió de hombros sin responder.
—Yo no te preguntare sobre la causa de tu presencia en la aldea, —sonrió-, y tu a cambio, no me preguntaras sobre el origen de mis conocimientos, —y de nuevo, impidió que el azabache reclamara algo—. De todas formas, no quiero hablar sobre ti, quisiera preguntarte sobre tu amiga, —Sasuke bajó la mirada—, porque ya sé que no es tu novia —Se burló descaradamente—. Haruno Sakura, —aseguró sujetando su barbilla—, ya sé que su otro apellido es falso, —aseguró antes de que él le preguntara—. Me preocupa, se ve muy triste.
—No tengo idea de lo que me habla, señor, —algo estaba en definitiva mal, sí sabía todo eso, ya debía saberlo ese hombre también. ¿Y sí Sakura estaba en peligro? No lo sabía, y de nuevo la voz del viejo resonó contra su oído, ignorando por completo lo que le había dicho.
—Esa niña es hermosa. Los vi llegar pero, su rostro estaba realmente triste, no puedo creer que ella realmente se vaya a casar con August, —desvió su vista hacia un Uchiha que arrugando su rostro, casi haciendo puchero con sus labios y apretando los ojos, parecía herido—. Sasuke dime, —le llamó de nuevo, sonriendo de esa pesada forma, podría jurar que era una versión anciana de Naruto—. ¿Te gusta esa chica?
—¿Por qué me pregunta algo como eso? —Huyó de su mirada—. Usted mismo ha acertado al decir que no es mi novia.
—Porque te enojaste cuando te hable de la boda, —Sasuke se golpeó mentalmente, estaba siendo demasiado obvio con ese tema—. Sera esta tarde, y seré yo quien los case, —y su mirada se mantenía a la defensiva.
»¿Sabes, Sasuke? —el joven lo miró intrigado—, tal vez yo no tenga esos poderes extraños que tienen ustedes los ninjas, —el pelinegro sonrió por lo bajo—. Pero, a mis sesenta años he ganado mucha sabiduría de la vida misma, —no recibió una continuación a la conversación y tocó el hombro del Uchiha—. Solo, quisiera que le hables un poco a este viejo sacerdote.
—Si me gusta. —Respondió tajante después de unos segundos, sintiéndose apenado, irritado y mas malhumorado de lo normal—. Yo realmente la amo.
—Valla —sonrió complacido—. Acompáñame a la aldea por algo dulce, —pidió desviándose por completo de la conversación inicial.
—No me gusta lo dulce, —se quejó al levantarse tras el viejo y sujetar con una de sus manos las dos tiras de la corbata.
—Esas son patrañas. ¿Quién no amaría lo dulce? —Sonrió y ya de pie tomo la corbata del chico—. Déjame ayudarte con eso, Sasuke, —arrugando el rostro recibió la ayuda que le ofrecían—. ¿Sabes cuál es tu problema?
—¿Cuál? —preguntó desinteresado.
—No disfrutas de la vida, —los negros ojos que poseía se abrieron tanto como sus parpados le permitían y sonrió de medio lado—. ¿Cuándo fue la última vez que sonreíste con sinceridad? Venga, vamos a caminar. —Comenzó a caminar seguido del Uchiha.
Las horas pasaron y llegó el tan esperado momento. El sol comenzaba a ocultarse dejando ver un hermoso atardecer color ámbar. El jardín de aquella mansión estaba preparado para la ocasión. Faroles de gran tamaño iluminaban el lugar, las bancas estaban puestas de lado a lado dejando un pequeño pasillo en el centro que llegaba hasta un arco blanco forrado de flores, donde se encontraba de pie aquel sonriente hombre llamado Alphonse y a su lado August, no, "The Killer" esa era la manera en que lo llamaban.
Del otro lado de Alphonse, se encontraba otro hombre, uno al que no había visto antes, sus ojos eran rojos como la sangre, su cabello negro y sin brillo como el más oscuro vacio y su rostro, semejante al de August, parecía un poco más común -comparado con el anterior-.
Atravesó el jardín sin prestarle demasiada atención a lo que según él, no eran detalles de importancia. Ingresó a la mansión y en el salón principal, completamente solas, se encontraban Karin y Sakura ambas arregladas, incluso pudo notar que su compañera había sido maquillada, y debía admitirlo como hombre que era, le sentaba bien el rojo en los labios.
—Oi, —saludó con tranquilidad al cruzar su mirada con ellas.
—¿Dónde estabas? —preguntó la pelirroja angustiada—. Estábamos preocupadas por ti.
—Estaba comiendo dango, —se excusó despreocupado y sacó de su espalda su mano derecha dejando ver una varilla -del nombrado dulce- a medio comer—. No es tan malo una vez que le tomas el gusto.
—No me interesa, —aclaró irritada la ex-renegada—, debo ir con The Killer-sama para informar que podemos comenzar con la ceremonia, —dio una última sacudida al vestido de Sakura, recordándole como sonaba la canción con la que saldría a tomar escena—. Te sujetas del brazo de Sasuke y caminan hasta el altar, ¿vale? —Dicho eso salió sosteniéndose el vestido rojo que traía, con tirantes adelante y la espalda descubierta, ajustándose hasta sus muslos y cayendo con libertad hasta sus pies.
—Entonces dime, —su curiosidad era como la de un infante, y ella sintió que dos ojos negros la escudriñaban mientras apretaba el bouquet en sus manos—. Sigues con la tonta idea de casarte, —ni siquiera era una pregunta, era una afirmación—. Y obviamente no te echaras para atrás —a través del velo observó alguna bola de dango llegar a sus labios—. Está bien. No pienso hacer nada que vaya en contra de las extrañas tradiciones de esa gente, —era despectivo, pero al menos al fin daba el brazo a torcer.
—Gracias, —sonrió bajo el velo y con voz queda dirigió sus palabras a él—. Gracias por entender.
—Hmp. Tenias razón, solo era un capricho, completamente insignificante.
Ella se quebró por un instante. Él había vuelto a ser el de antes, el Sasuke al que no le importaba lo que pasara con ella, que solo se interesaba por sí mismo y que jamás se fijaría en una frentona como ella. Metió la última bola de Dango en su boca y lanzo el palillo con fuerza enterrándolo en la pared. Lo vio sonreír como un niño malcriado que acababa de hacer una maldad y ahí estaba, el mismo Sasuke Uchiha que conoció de niña, ese que estúpidamente idolatraba y por el que era ignorada continuamente. Él Sonrió. Su actitud tenía a Sakura completamente asombrada.
¿De verdad estaba sonriendo con tal tranquilidad? Hace cuantos años no le veía sonreír con tal picardía. Su respiración se volvió casi imperceptible y su corazón dejó de latir, al menos eso sintió cuando sus manos se vieron sujetas por las de él. Estaba muda, inerte y acababa de ser embaucada, con una sola mano él lograba sostener las dos suyas contra la puerta, donde acababa de acorralarla.
—¿Por qué ustedes las mujeres son tan molestas? —preguntó con esa engreída sonrisa acercándose peligrosamente a su rostro.
—Hmp. —bufó ella imitando ese odioso monosílabo a lo que él no pudo evitar soltar una triunfante risotada.
—No sé si lo notaste, pero esto es un completo estorbo, —aseguró retirando el velo de su rostro con la mano libre—. Me comentó un amigo que me hice hace poco, que esta cosa solo la puede retirar tu esposo, sí es que se le puede llamar así, —Sakura le reprobó con la mirada—. Suerte para mí que puedo robarle ese privilegió.
—Sasuke-kun, para —pidió entre suspiros, después de todo, no era precisamente fácil hablar con ese arrogante comiéndose sus labios.
Le pedía detenerse, lo hacia una y otra vez, estaba abrumada, estaba, diablos, ni siquiera lograba articular una forma de describirse a sí misma. Podía sentirlo, él la besaba en los labios, con más fuerza que la noche anterior, e irónicamente, sus labios sabían a dango, algo que hasta donde sabia, el odiaba. Pero qué diablos importaba a que sabían sus labios, aquello estaba mal. Las mejillas les ardían y su autocontrol se estaba desmoronando. Sus labios eran libres, él rió sobre ellos antes de dejarlos para aventurarse por sus mejillas y bajar a su cuello, ¿a caso se había vuelto loco?
Quería gritar, patearlo, quejarse, golpearle pero era inútil, no solo porque ya no tenía control de su propio cuerpo, sino también porque aquello significaba poner las vidas de ambos en riesgos, y además, mandar a la mierda lo que habían avanzado en la misión. Los recuerdos de la noche anterior le abordaron al sentir una mano muy cerca de su trasero, -y aunque estaba cubierto por unas cuantas capas de tela-, se sentía más sensible desde que había despertado, y sí, aquellos recuerdos eran tan morbosos que un escalofríos recorrió su cuerpo, dejando un calor incitante en su bajo vientre, y olvidando por completo sus prejuicios se colgó de su cuello. Y la cordura intentó tomar lugar en su cuerpo; «¿Qué pasaría si ellos nos vieran?».
Sentía que los problemas se podrían solucionar luego, ya no le importaba nada, algo acababa de cambiar en ella, tal vez el ver de nuevo al Sasuke que conoció alguna vez, no lo sabía y ya no podría averiguarlo, pues las campanas sonaron y la canción indicada también. Él se retiró y la vio temblar, estaba seguro, ella estaba avergonzada y mucho. Le sacudió el vestido, devolvió el velo a su lugar y sonrió con total tranquilidad.
Le ofreció su brazo y ella lo tomó sin chistar justo como se le había indicado y en esa posición salieron del recinto, atravesando las grandes puertas, cruzando todo el pasillo entre las bancas llenas de personas, que podrían considerar tal vez importantes. Sakura soltó su brazo al estar frente a August, y el azabache se retiró de espaldas, quedando de pie junto a Karin, quién se veía realmente emocionada.
—Buenas tardes. Gracias a todos por acompañarnos para presenciar esta unión en sagrado matrimonio… —las miradas del sacerdote se encontraban continuamente con las de Sasuke quién sin decir nada, se mantenía atento a lo que allí ocurría. Comenzó el largo discurso y al fin llegó el momento más esperado -por decirlo de alguna manera- para todos—. August Harley. ¿Acepta usted a Sakura Kohatsu como su esposa para amarla y respetarla, en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte los separe?
—Sí, acepto. —Respondió el rubio sonriendo seguro.
—Y usted, Sakura Kohatsu. ¿Acepta como su esposo a August Harley para amarlo y respetarlo, en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte los separe? —Preguntó de nuevo pero esta vez dirigiendo la mirada hacia Sakura.
—Sí, acepto. —Respondió bajando la mirada después de haberlo pensado de nuevo por unos pocos segundos.
—Bien. —El sacerdote sonrió mirando a Sakura y volvió a repasar con la mirada los rostros presentes—. Antes de terminar la ceremonia, como es tradición debo hacer una última pregunta, —levantó la mirada y discretamente la fijó en dos ojos negros que le miraban inquietos—. Si existe una persona entre los presentes, que por alguna razón aceptable se oponga a esta unión, que hable ahora o calle para siempre.
—Yo me opongo —Sasuke sonrió y alzo la mano despacio haciendo que todos le esculcaran con la mirada, incluso Sakura se levantó del asiento en que estaba sentada.
—¿Qué estás haciendo Sasuke? —preguntó preocupada acercándose lo suficiente para que solo él la escuchara.
—Estoy siendo respetuoso con sus tradiciones, —respondió calmado, encogiéndose de hombros con ambas manos en los bolsillos.
—¡N-No puedes hacer eso Sasuke! —Gritó Karin acercándose sujetando sus gafas.
—¿Por qué no?
—¡Porque no puedes quitarme a mi novia! —se quejó el extranjero halando del brazo a la pelirosa.
—En realidad, ella es mi novia "The Killer-sama", así que es usted quien está intentado quitarme a mi novia, —dio un paso al frente relajado y acarició la mejilla de Sakura con suavidad.
»Debo devolver esta chica sana y salva a sus padres o me meteré en líos con su maestra, y le juro que es una bruja, —Su mano fue retirada por un manotazo del rubio—. Entiéndame, señor, sí permito que se case tendré que ir y decirle que la obligaron, y ella vendrá aquí a buscar a su alumna favorita —sonreía de medio lado mientras decía aquellas palabras, con algo de cinismo en su rostro—. Esa mujer tiene un trabajo importante, pero ahora que tiene un sucesor declarado y en entrenamiento no le importaría dejarle su lugar un rato para venir a buscar a su querida alumna.
—¡Déjate de tonterías! ¿Crees que me da miedo lo que estás diciendo? —la seguridad que desbordaba aquel rubio insolente le parecía, más que molesta, irreverente.
—No son tonterías. Su maestra es la Godaime Hokage y es una persona que se enoja con facilidad.
—Sasuke cállate, —imploraba su compañera acercándose todo lo que podía, siendo retenida por las manos de su esposo.
—¡¿Estas amenazándome?! ¡Eres un maldito mocoso idiota! —sus gritos se estaban volviendo desesperante para el hombre menos paciente del país del fuego.
—Sí, soy un mocoso comparado con usted, viejo verde, —le acusó arrugando el entrecejo como un niño indulgente—. Mi nombre es Uchiha Sasuke —Estas últimas palabras las pronuncio dejando ver su muy conocido Mangekyo Sharingan eterno. La pelirosa vio la estrella roja aterrada y dio un paso hacia atrás, acercándose a August en reversa.
—Valla. —Pronuncio al fin una palabra el hombre de ojos rojos—. No entiendo porque has mentido sobre tu identidad. Pero supongo que tenías alguna razón. —aseguró sin siquiera moverse de su posición.
»Sin embargo, mi hermano a pedido la mano de esta joven y ella no se ha opuesto, y ahora que has amenazado a mi villa y a mis familiares no puedo concederte llevártela.
—No le estoy pidiendo permiso, —amenazó.
—No me interesa tu opinión, la tomaré como una ofrenda, —Sakura le miró asombrada—. Sí, es la forma perfecta de evitar que este suceso, recaiga a que la aldea oculta de la hierba se retiré de su adorada alianza shinobi. —Alzó su mano y los que antes se hallaban en las bancas desaparecieron sin dejar rastro, a la vez que un ejército de al menos 300 hombres, todos con mascaras y -según le indico su sharingan- gran fuerza, aparecía en escena.
»No acepto que en mi aldea se comentan tales actos de imprudencia, Uchiha. —Su mano cayó sobre el brazo de Sakura e inmediatamente se desplomó al suelo inconsciente, siendo levantada por otro ninja. Dos más aparecieron, el primero tomó al viejo sacerdote, cuya expresión era muy diferente a la del viejo que había conocido en la pradera cerca del muelle, el segundo permitió a August subir a su espalda, y siendo escoltados por otro grupo comenzaron a correr desapareciendo rápidamente de su vista.
—¡Demonios! —exclamó, sintiéndose atacado de todas direcciones, con técnicas de gran fuerza y combinadas con otras. No era fácil combatir tantos hombres a la vez.
—Uchiha Sasuke, —le llamó el hombre de ojos rojos—, sí continuas atacando a mis hombres morirás. Son parte de un preciado y poderoso ejército, solo lo mejor está entre ellos. —el pelinegro había dejado de escuchar, pero sus palabras le alteraban y le hacían enojar—. Sé que eres muy fuerte, pero siendo atacado de tantas maneras, y al mismo tiempo… ¡solo mírate!, ni siquiera consigues realizar algún insignificante sello. —Su sharingan, eso era lo único que aun lo había mantenido en pie, porque le permitía leer los movimientos del enemigo, pero al ser tantos, no le daban demasiadas opciones para escapar.
»Deberías rendirte, Uchiha, ellos solo dejaran de atacarte cuando tu detengas tu ataque. —Pero no podía detenerse, sí lo hacía, eso podría significar su muerte, o peor aún, la de Sakura, era mejor luchar y vencerlos a todos. El chidori estaba siendo de gran ayuda, pero no lograba invocar a chokuto, se estaba desesperando, y lo que el hombre le decía no ayudaba demasiado—.
»Debes aprender a respetar en tierras ajenas —¿en qué momento había llegado tras él? No pensó que fuera un atacante tan formidable, pero no tuvo demasiado tiempo de reaccionar, pues un solo rose de sus manso contra él y todo se nublo, cayendo al suelo inconsciente.
—¿Lo matamos? —preguntó uno de los ninjas.
—No —respondió—. No quiero problemas con Konoha, ni la legendaria perdedora —el ninja asintió—. Atenlo a ese árbol, usen hilos de chakra o cualquier cosa que asegure que no escapara con facilidad. —Tomaron el cuerpo inerte del shinobi y tras alejarse junto al ojirrojo hasta un bosque al otro lado de la aldea, lo ataron a un árbol con total tranquilidad, justo como había pedido, con hilos de chakra para que no se soltara. El robusto hombre de cabello oscuro dio un paso al frente y llamó a la pelirroja, que les había seguido—. Karin —la llamo.
—¿S-sí, papa? —susurró asustada.
—Entiende que solo por esa razón no le asesino, —ella asintió—. Sí aun quieres perseguir a esta persona que ama a otra mujer es tu decisión, —ella asintió de nuevo, apretando la falda del vestido entre sus manos—. No te diré nada, ya que la última vez que te reclame por algo te enojaste y te fuiste con Orochimaru, —volvió a asentir luchando por contener el llanto que se acumulaba en sus ojos—. Pero sabrás que si este hombre hace algo en contra de tu tío August. Tú serás la única culpable, y si se da esa circunstancia, tendré que entender de una vez por todas que eres una traidora sabandija, y dejaré de verte como mi hija, —él dio la espalda y comenzó a caminar en dirección a la aldea. No lo soportó más y las lágrimas se fugaron de sus ojos, dejando caminos sobre sus mejillas, que al llegar a su barbilla desaparecían en la nada.
»Quítale todo el chacra que puedas, que no despierte hasta que se vallan. Te esperaré en el antiguo depósito, —dicho eso, desapareció con los ninjas.
—Está bien, padre…
Fue más largo~~~ ¿A que sí? +-+.
Notas finales:
Ante todo, gracias de nuevo a ustedes, que me alimentan con sus reviews para que yo pueda continuar escribiendo xD, de manera especial a quienes lo dejaron en el capítulo anterior, osea el 6 (aawwww, sé contar *-*): GIZETLEO, x-Misao-x, Shanami Haruno, Bella-swan11, Ariadna y KIMBLANCA.
Ustedes hacen posible que llegue un nuevo capítulo :-P
Y les quiero decir que para el siguiente martes, la historia se detiene un momento porque, no lo recordaba pero, el capítulo 8, es una sorpresa… Solo les informo que si a alguna no le gusta el lemon, mejor no lo espere(¿ pero sí, les digo de una porque no se ustedes pero yo detesto las sorpresas, son muy, sorpresivas ewe. En fin…
El capítulo 8 es un especial donde, -desde el punto de vista de Sasuke- se narra lo que pasó en la noche especial(¿ jaja. Solo quería advertirles para las que no toleren el lemon e.é.
