Fuera de control.-

Ya la puesta del sol había iniciado y la familia dispersa entre el bosque y aquel pueblo ajeno, estaban a cada instante más alterados y envueltos en una desesperación, que se controlaba a la fuerza, por una razón que apenas y existía en medio de aquella compleja situación. Ya Saraya estaba en el pueblo y sabía que tenía que llegar lo antes posible hasta el templo para hablar con la sacerdotisa sobre la cura para su hermano menor.

Subió las escaleras a saltos largos y rápidos, llegó hasta la entrada del lugar y se encontró con un velo traslucido que le impedía la entrada, la tocó despacio para identificarla como maligna o pura… era maligna, sin duda encerraban a alguien ahí. Miró con cuidado todo el cuadro encontrándose con un largo cabello plateado que brillaba enrojecido por el atardecer, se daba la vuelta lentamente, lo primero que notó fueron sus ojos ámbar; no había dura, solo había una persona más con esa descripción… pero cuando pudo notar las líneas negras en las mangas, el tono más apagado de rojo oculto por el color del sol ocultándose y la apariencia femenina, supo su error.

-¿Quién eres tú?- preguntó sin demora a la extraña que emanaba una fuerza maligna que se sentía a través de la barrera.

-¿eh?... no me reconoces Saraya, si soy yo… Kitzumy- se volteó por completo capturándola en su fría mirada.

-¿Ki-Kitzumy? ¿Qué te pasó?- la interrogó acercándose lo más posible a el campo de fuerza.

-jeje, nada, solo tomé mi verdadera forma, el sello se rompe y… así es como en verdad debí verme siempre- sonreía mientras le explicaba a grandes rasgos.

-feh, digas lo que digas, me gustaba más como te veías antes, ¿ahora estás más alta?, Grrr, eso me enoja, mejor vuelve a ser como siempre-

-no puedo tonta… aun que me gustaría- musitó lo último para sí misma.

-como sea… ¿dónde está nuestro padre?-

-esta con… mira, ahí viene de hecho- y así era, por detrás el padre de las 2 apareció saliendo del templo muy pensativo –mira padre, es Saraya- le llamó la atención sacándolo de su transe.

-¿ah? ¡Saraya! Al fin llegaste- fue hasta su encuentro corriendo - ¿dónde está tu madre y Nio?- fueron las preguntas inmediatas.

-ah… si… sobre eso… Nio fue…- miró a otro lado haciendo que el hibrido sacara una conclusión drástica que fue denotada en su rostro –no, no está muerto, el solo… está envenenado y necesito la ayuda de la sacerdotisa para que me dé la cura y salvarle la vida-

-ya veo… entonces Kagome está con él ¿cierto?- se sintió más tranquilo al pensar que estuvieran a salvo.

-pues… no exactamente…- subió los ojos.

-¿cómo que no exactamente?- se exaltó otra vez.

-mi madre está por venir aquí, la chica Asure que rescataste la está ayudando a llegar… Xeder nos atacó hace poco y la lastimó- le comunicaba eso suponiendo correctamente que ya se había encontrado con el enemigo.

-ese maldito, me temí eso cuando tu madre lanzó esa flecha- golpeó con fuerza el piso fracturándolo.

-tranquilo padre, ella se pondrá bien, te lo aseguro, es una mujer fuerte después de todo- eso calmó un poco a Inuyasha que suspiró con fuerza.

-yo creo en las palabras de Saraya padre, después de todo, ahí viene junto con esa chiquilla- al fin hablo Kitzumy mirando a las entradas del lugar por donde ingresaban las 2 humanas, aun que el aspecto de la miko era algo malo.

-¡KAGOME!- gritó en un impulso Inuyasha, contento de verla después de tanto tiempo alejados.

La miko subió la vista siendo su rostro iluminado por los últimos rayos del sol que al fin se perdía en el horizonte y aun en medio de ese infierno, ella relucía como un ángel terrenal, o al menos, eso era lo que pensaba Inuyasha en ese mismo momento.

-Inuyasha…- sonrió iluminando todo el lugar con tan delicado gesto y caminando más rápidamente para encontrarse con su esposo.

-espéreme Kagome-sama - fue tras ella Asure con las flechas.

No tardaron tanto en llegar hasta donde ellos y al verse al fin los 2 grupos se pusieron al tanto de la circunstancia, lo mencionaron todo, bueno… solo Inuyasha guardó en secreto lo que el muchacho le había dicho dentro del templo.

-ya veo… esto cada vez me suena más a una trampa- seguía analizando Kagome recordando repentinamente el apuro por el cual estaban ahí –es cierto, Inuyasha, ¿dónde está la sacerdotisa de este templo?-

-está viva pero…-se detuvo mirando al cuarto en el que se había adentrado.

-hasta ahora no ha salido de ahí y no quisimos molestarla- terminó Kitzumy la explicación.

-no importa, llámenla por favor, debemos preguntar la cura para el veneno- insistió Saraya.

-bien, iré por ella- salió en su búsqueda Kitzumy, adentrándose al cuarto, cosa que Inuyasha aprovechó para comunicarles a las otras lo que el muchacho le dijo.

-¿qué?- se sorprendió al escucharlo la miko.

-eso es imposible- comentó la hija de ambos.

-mi hermano sigue vivo- se alegró Asure – definitivamente ese es mi hermano-

-puf, pues si tu hermano es tan mentiroso como tú, no hay duda de que es imposible- se molestó Saraya.

-te equivocas hija… ese chico… el terror en su rostro al estar cerca de Kitzumy era muy real, de eso no me queda duda alguna, hay que tomar en serio lo que dijo, nadie en este mundo es capaz de actuar tanta desesperación cerca de alguien a quien no conoce, además de que ahora mismo esta rara por la ruptura de ese sello…- se quedaron callados pensando – es verdad… Kagome ¿qué ha sido de Kojime? – se atrevió a preguntar para sacar la duda que le clavó su propia hija al hablarle sobre el sello.

-yo la dejé para que mantuviera a Nio a salvo, sin embargo creo que me desobedeció al pedirle que se quedara en la aldea y ha venido junto con Nio-fue la respuesta de la sacerdotisa.

-y no solo eso, por lo que escuché, la atacó ese maldito de Xeder, escuché su grito justo antes de llegar, ¿no lo escuchaste padre?- completó Saraya lo que su madre no era capaz de terminar de decir.

-Demonios… escuché algo… pero hace tanto que no escucho la voz de Kojime que casi no la reconocí… no, más bien, quise creer que aquella no era su voz- su mirada se entristeció y miró por encima de su hombro esperando ver a Kitzumy, pero… no llegaba –ya se tardó mucho-

-sería mejor que fueras a ver qué ocurre Inuyasha-

-sí, volveré pronto- se retiró yendo rápidamente hasta la habitación.

Cuando llegó se encontró con una enorme y no muy grata sorpresa; dentro Kitzumy estaba contra una de las paredes mirando hacia esta y un hilo de sangre salía de su boca, intentaba detenerlo con sus manos, pero era imposible para ella, la sangre no paraba; del otro lado, la miko mantenía las brazos extendidos y una corriente de viento extraña y visible por el rojo que se impregnaba en el ambiente, en sus manos un arma comenzaba a materializarse poco a poco y mientras más clara era, más dolor le causaba a la hanyou que caía al suelo.

-¡Kitzumy!- fue su padre y la sostuvo sin comprender la razón de su malestar, a él no le causaba nada el estar ahí.

-creí que haciendo el poder espiritual permisivo ella no sufriría… pero al parecer su energía maligna es de la más alta categoría- aun mantenía los ojos cerrados, el arma estaba casi completa –llévatela… o morirá- le advirtió abriendo levemente sus ojos azules y mirando la hoja filosa del arma en la que las letras antiguas se iban impregnando.

-si- el hanyou obedeció y la sacó, pero no sin antes decirle – sal pronto, que hay algo que necesitamos pedirte con urgencia, es de suma importancia para la vida de mi hijo- la miko solo asintió sin voltear, hecho eso, se retiró con la otra en brazos.

-¿pero qué pasó Inuyasha?- preguntó Kagome viendo a la chica que al fin dejaba de sangrar.

-es que no soportó la fuerza espiritual que emanaba la sacerdotisa Higura al crear otra de sus armas-

-… lo siento… pero es que era como si me matara…- habló débilmente con vergüenza de su impotencia ante algo tan simple a lo que se suponía estaba acostumbrada por vivir donde lo hacía.

-tranquila Kitzumy, no es tu culpa ser una, cruel mandataria del mal- se burlaba su hermana calmando sus nervios.

-te mataré si sigues diciendo barbaridades como esas- sonrió un poco macabra.

-… si te vieras ahora mismo estarías de acuerdo conmigo- se rió de ella y parando al sentir la llegada de un visitante indeseable -… llegó Xeder- se volteó encontrándose justamente con él parado al pié de las escaleras, subió un escalón lentamente y del cielo ennegrecido que ocultaba sus astros temeroso de perderlos, una gota de agua helada cayó, seguida por otra y otra, hasta que al incorporarse el a mitad de los escalones, una lluvia rápida pero ligera caía sobre todos los presentes, incluso en el templo.

-vaya, ya era hora, se estaban tardando mucho en llegar las invitadas especiales de esta noche- sonreía confiado el hombre con los cabellos empapados y su rostro envuelto por la penumbra de esa noche sin estrellas.

-así que al fin apareces cobarde- le retaba Saraya –tú y yo tenemos algo pendiente- sacó de inmediato su arma dejando a su madre la de Kitzumy –y esta vez… no escaparás- con un prominente salto fue en su contra agitando su arma y dejando ir un ataque que despedazó las escaleras y el suelo, pero que no tocó a Xeder que le esquivó fácilmente.

-yo tendría que haber dicho eso, tu no lo sabes… pero en estas condiciones- extendió una de sus manos –soy más fuerte que nadie- de la punta de sus dedos un circulo de energía azul oscuro salió y atacó a la joven que puso su espada en medio y absorbió la energía, la hoja de su arma cubría su rostro, pero al darle media vuelta y quedar solo el trozo delgado en medio de su rostro, una enorme sonrisa se asomó y sus ojos dorados brillaban retadores en su rostro oscurecido a la mitad.

-no te creas la gran cosa por eso, tu técnica aun es de principiantes, con un arma de un alto nivel no basta, si la dueña es inservible… no importa cuán fuerte sea el arma- se mofaba.

-jeje, haré que te tragues tus palabras- volvió a atacar destruyendo la casa sobre la que estaba parado y le siguió atacando sin descanso a cualquier parte a la que quisiera huir – ¡de todos los seres a los que me he enfrentado, tu eres el más gallina! Deja de huir-

-jajaja, esto no es ser gallina chiquilla boba, es enredar al enemigo- se detuvo mostrándole sus garras de las que salía un delgado y brillante hilo violeta que se extendía por todos lados como telaraña y que la rodeaba por completo.

-Maldición- intentó moverse y romper los hilos, pero estos eran tan delgados que se adentraban en su piel al más ínfimo movimiento.

-Saraya- su padre, que hasta entonces solo miraba impotente pelear a su hija se comenzó a exasperar y golpeaba el campo de fuerza intentando romperlo con sus garras.

-Inuyasha, esta barrera es maligna, tal vez si lanzo una de mis flechas logre purificarla y destruirla-

-más vale intentarlo- Inuyasha se retiró lo más posible con Kitzumy en brazos.

La sacerdotisa tomó una de sus flechas y retrocediendo un poco, apuntó con dificultad por sus lastimados brazos y dejó escapar la flecha contra ese campo maligno, que intentaba repelerle, pero pronto cedió.

-rayos- maldijo Xeder distrayéndose y aflojando los hilos, Saraya aprovechó y cortó los hilos con su espada liberándose.

-idiota, este fue un error imperdonable- la chica sacudió su espada en forma horizontal y una ráfaga de destellos atacó directamente a el demonio que recibió el ataque de lleno, cayendo lejos de donde estaban –feh, que idiota eres- de inmediato volvió a atacar en dirección al demonio logrando que una poderosa ráfaga de cuchillas rojas fuera en su contra, estrellándose directo en su cuerpo y logrando que el polvo a su alrededor se levantara ocultando el resultado bajo una nube densa.

- ¿lo… lo mató?- preguntó Asure adelantándose e intentando mirar mejor.

-no lo creo, ese sujeto no podría morir tan fácilmente- la voz de la sacerdotisa de blancos cabellos resonó detrás de ellos, obligándolos a voltear y encontrándose con una mirada llena de furia y frialdad – si estuviera dispuesto a morir por un ataque así… él habría sido pulverizado hace tiempo-

-hasta que se digna a salir, inútil miko- Kitzumy estaba molesta, y el aura maligna a su alrededor delataba que su condición… fuera cual fuera, estaba empeorando.

-lamento mucho haberlos hecho esperar… es que tenía un asunto pendiente y un arma que terminar- sonrió eliminando esa expresión oscura de su rostro y cambiándola a una digna de lo que era, una hermosa mujer con grandes cualidades espirituales.

-Nos volvemos a ver… Abelovh-sama- le saludó Kagome entrando al templo –tenía años sin verla-

-tú… ¿la conoces Kagome?- se sorprendió Inuyasha poniendo a su hija en el piso ya mucho más repuesta y capaz de mantenerse en pie.

-claro que si, ella fue la que me entregó las armas de nuestros hijos-

-así que era verdad que mi arma fue creada por ti… miko inútil- blasfemaba la hanyou limpiando la sangre de su boca.

- ¡OIGAN! Sé que se están divirtiendo hablando familiarmente allá arriba, pero no se olviden que aun es una situación peligrosa- se quejó Saraya enfundando su espada y dirigiéndose a donde los demás, llegando rápidamente frente a Asure que reaccionó muy espantada cuando cayó frente a ella –uh? ¿Qué te pasa Asure?- le interrogó, pero pronto se dio cuenta de que lo que atemorizaba a la chica no era ella, sino, el demonio detrás de ella.

-Maldita Hanyou- la miraba desde arriba.

Para cuando Saraya se dio la vuelta se topó con un fuerte golpe en el estómago que la obligó a retroceder. Los demás se alertaron y se pusieron en posición de batalla.

-¡Kaze no Kizu!- acto seguido, la hanyou frente a Xeder se quitó llevándose a la asustada humana y dejando el camino libre para que el ataque diera justo en el blanco, el cuerpo del enemigo era cortado por las ráfagas haciéndolo caer en el enorme vacío que poco antes provocó su primera rival – ¿cómo es posible que ese desgraciado siguiera entero después de recibir el ataque del arma de Saraya directamente?-

-es más, su cuerpo estaba empapado en su sangre, pero no tenía una herida de gravedad visible, solo rasguños- se percató de eso Kagome.

-no se sorprendan tanto, es una técnica común de esa familia… se regeneran rápidamente gracias a todas las vidas humanas que se han sacrificado en este pueblo, esa es otra de las funciones de el campo de fuerza alrededor del pueblo- explicó Higura acercándose a los demás enfundando el arma nueva.

-… miko… ¿por qué usted sabe tanto de esa familia?- preguntó fríamente Saraya sin quitarle la vista de encima, como si del enemigo se tratase.

-… lo sé, por qué yo los conocí a ambos muy bien, cuando conocí a Xeder era solo un niño… y le crié y enseñé a controlar sus poderes como si fuera mi hijo… las técnicas las aprendió de su hermano mayor… pero yo le mostré como perfeccionarlas…- su vista se clavó en el piso recordando esos tiempos y sintiéndose culpable a cada segundo.

- eres una sacerdotisa ¿Qué no? ¡¿Por qué te relacionaste entonces con seres tan malditos como estos?!- la enfrentó Saraya sin poder ser detenida por nadie.

-… por la misma razón por la que tu madre esta con un hanyou- Kagome sabía lo que seguía y mirando el rostro de dolor que ahora tenía la mujer, no pudo hacer otra cosa que poner su mano sobre su hombro para consolarla, por primera vez en un largo tiempo, Inuyasha se sentía sumamente apenado por algo como eso- fue porque me enamoré de el hermano mayor de ese ser… lo ame profundamente… pero me traicionó, justo como todos me advirtieron… pero ya era tarde, el daño estaba hecho… y no me quedó otro remedio que aniquilarlo yo misma- levantó una de sus manos temblando frente a ella – desde ese momento, en que el pequeño Xeder me miró haciendo tal cosa… él se ha esmerado en encontrar la forma de hacerme pagar por mi pecado… pero desconocía que método usaría… por eso… esto fue mi culpa… si no hubiera sido tan estúpida- sus ojos desaparecieron en la penumbra y solo una lágrima cayó deslizándose por su barbilla y deteniéndose fracturándose en el piso.

- ahora ya es tarde para llorar ¿no crees?- la voz grave los sacó a todos de la conversación, era Xeder, justo frente a ellos, regenerando la última parte de su cuerpo – pero aun estás a tiempo para ser asesinada, mujer hipócrita- el demonio levantó su mano dejando que una gran cantidad de energía maligna se acumulara sobre esta como una espera gigantesca – que dios los bendiga, bastardos- se rió sacrílego justo como su frase, dejado escapar la enorme esfera en contra de todos los presentes.

-Ese desgraciado….- Saraya sacó la espada que tenía en su cintura y se la arrojó a Kitzumy- ¡apresúrate y ayúdame!- ambas desenfundaron y se colocaron frente a la esfera al igual que su padre, deteniéndola con esas 3 espadas.

El poder era tal que la masa gigante comenzó a empujar a los 3, haciendo que sus pies se enterraran en el piso de material duro.

-es demasiado, si seguimos así…- Inuyasha presionó más –las espadas no lo soportarán-

-jeje, que bueno que se den cuenta, no podrán detenerme- se reía de ellos el ojo violeta.

-… eres tú…- un susurro escabroso, bajo pero capaz de ser audible por todos en el lugar – tú quieres matar a mi familia…- la presencia se extendía desde lo más bajo de las escaleras, por alguna razón, a todos los presentes, un fuerte escalofrío los recorrió -… nunca… ¡NUNCA LO PERMITIRÉ!- aquel ser no fue a primera vista otra cosa que una sombra negra atacando, no a Xeder, sino a la esfera negras haciéndola explotar.

Solo tuvieron unos segundos, pero Inuyasha logró transformar su espada en Ryuujin no Tessaiga y absorber la energía demoníaca antes de que le hiciera daño a cualquiera.

-¿pero qué demonios está pasando?- Kitzumy dio un paso hacia atrás por el fuerte aroma que emanaba el sujeto que destruyó el ataque descuidadamente.

-imposible, él es…- se percató Saraya de quien se trataba aun inmerso en su oscuridad.

- ¡NIO, para por favor!- le rogó en suplica su madre.

-… pero los quiere matar… por eso… mi deber es matarle antes de que lo logre- sus ojos bien abiertos, con el iris pintado de rojo y el rededor de el gris más apagado, confundible con el negro, unas marcas azules oscuras, igual que como eran antes sus ojos, se extendían por su rostro, seña, de que estaba furioso y casi fuera de control, pero el que hablara y reconociera a la familia y al enemigo, era signo de que no era tan tarde, tal vez era porque tenía su arma entre sus dedos.

-Por favor hermano, solo vuelve en ti y lo derrotaremos juntos- intentó interceder la hermana de 16.

- pero hermana… ¿en verdad podrías matarle?- esa era su pregunta obligada mientras que su control iba aumentando poco a poco.

-claro que sí, no dejaremos que ese maldito de Xeder salga de aquí vivo- le sonrió.

- ¿Xeder?, ¿acaso el también es enemigo?- miró al susodicho que desde hacía rato solo miraba calculador, como preparando una nueva estrategia en medio de la conversación –Hum, es verdad, tú me envenenaste… por eso tienes que morir- fue descubriendo su arma, que tenía la parte gruesa hacia abajo, la descubría desde el lado más delgado y un largo bastón azul con complejos gravados, eran como… enredaderas negras que no detenían su camino ante nada.

- Nio… si no hablabas de Xeder al inicio… ¿a quién te referías?- habló Inuyasha.

- de quién estaría hablando… si no de…- no pudo acabar la frase pues Xeder se le lanzó encima con su enorme espada, chocándola directamente con el arma de Nio, consiguiendo, que la funda de tela a su alrededor se despedazara y por fin, después de años encerrada, se mostrara de nuevo.

Continuara…………….

SIIIIIIII, continuará, jeje, siento que mi querida nee-sama, me matará por dejarlo aquí… espero sobre vivir, igual, al fin subo el capi 6, ya me acerco a revelar el trama por completo de la cosa confusa y rara que hice y pues, pronto verán… quien estaba en era la persona por la que lloraban en el primer capi, ¿Quién creen que sea? ¿Kojime, Kitzumy, Nio, Saraya? O acaso… ¿será la vecina de al frente que atendía la tortillería?... ejem… gome, he estado pasando por estos ataques irracionales por mi urgencia de escribir una comedia o parodia y no poder ¡porque cierta fluffly-chan no se apura a pasarme el escrito, que desesperación! Oh, lo digo como adelanto, se que un fic de Inuyasha no es el mejor sitio, pero… tengo en proceso la escritura de mi primer fic de junjou romantica, será una linda comedia romántica, XD… mejor me voy antes de que me linchen, nos vemos en el próximo capi, bye.