Dudas del Corazón.
Phoebe se dejó caer pesadamente en la cama del cuarto de descanso. Las piernas le dolían por estar corriendo de un lado a otro, sentía los hombros completamente tensos y su cerebro parecía imposibilitado para decirle si tenía sueño, hambre o simplemente una terrible necesidad de abrazarse a sí misma en la oscuridad hasta que el mundo dejara de girar. Ese era su primer año en el internado médico, apenas llevaba seis meses aclimatándose. Realmente amaba su carrera, sabía exactamente en qué quería especializarse y hasta había visto un edificio de instalaciones médicas que iban a construir donde podría poner su consultorio. Todo estaba fríamente calculado en su mente.
Pero estaba agotada.
La pelinegra intentó ponerse boca abajo en la cama y enterrar el rostro contra la almohada por un momento. Pero en el segundo en que se quiso apoyar sobre su pecho se sintió incómoda, oprimida, aplastada y con una punzada en el centro de su escote. Un lamentable quejido le hizo ponerse boca arriba y se quitó sus lentes para masajearse el entrecejo. Ni siquiera podía descansar… El plan teóricamente hablando sonaba perfectamente razonable en su cabeza. Pero era difícil. La medicina era una carrera realmente compleja y el internado estaba drenándole la energía. Ni siquiera creía tener tiempo para sí misma. Solo tenía veinticuatro años y sentía que su vida se le estaba escapando de las manos.
Obviamente amaba su profesión. La adoraba. No se arrepentía ni por un segundo. La sensación que la invadía cuando atendía a un paciente y este parecía relajarse ligeramente al escuchar sus palabras era atronadoramente satisfactoria. Aunque fuese difícil y no siempre salieran las cosas bien, estaba aprendiendo en las prácticas más de lo que hubiese imaginado.
En teoría había escogido su internado en Washington para estar cerca de su familia, para que Gerald y ella compartiesen tiempo de calidad en el departamento que estaban alquilando. Pero, una vez más, en teoría sonaba bien.
¿En la práctica?
Sus rondas nocturnas, el agotamiento que sentía, las incansables horas que debía dedicar para prepararse y las incontables veces que había descubierto que estaba quedándose en el hospital más horas que en su propio hogar era… preocupante.
Gerald le había llamado esa mañana, completamente serio para preguntarle si tendría libre la noche. Cuando ella le preguntó qué estaba ocurriendo, él le dijo que le daría los detalles más tarde. No recibió ni un solo mensaje después de eso. Ni un solo. Lo cual era raro, porque Gerald era el tipo de chico que le enviaba mensajes de ánimo y tomaba fotografías graciosas para animarle el día. Él era ingenioso y detallista, era lo que amaba de él. Un suspiro escapó de sus labios y cubrió su rostro con la almohada para ahogar un lamentable quejido.
Un mes.
No había visto a Gerald un mes. Claro, se habían cruzado en el departamento y entablado pequeñas conversaciones por el celular, pero ¿Hablar? ¿Salir? ¿Algo?
Nada.
- Me va a dejar. –murmuró, sintiendo las palabras como un peso terrible.
Sus otros compañeros le decían que era muy difícil salir con alguien que no entendiera su carrera. La gente que no estudiaba medicina no podía comprender lo agotador que era todo. En varias ocasiones había visto chicas, compañeras de su misma edad, derrumbarse en la cafetería, diciendo que su novio les había engañado o terminado. Phoebe se había sentido muy lejos de todo ese drama. Ella había buscado animarlas, les había sonreído y dicho que todo saldría bien, que se levantarían pronto de ese tropiezo. Simplemente no podía creer que le pudiese pasar algo así.
Pero en ese momento recordaba todas las frases que había escuchado.
"Él dijo que se sentía solo"
¿Gerald se sentiría así? Él era muy sociable y ahora que Arnold vivía en Washington, pasaban mucho tiempo juntos, hasta habían reunido a algunos de sus compañeros de la infancia para jugar una vez por semana béisbol o fútbol americano en un club deportivo que abría en la noche. En realidad, había visto a Sid en Emergencias porque se había roto la nariz en medio del juego amistoso. La testosterona competitiva era algo que seguía sin entender completamente a pesar de haberla estudiado profundamente en sus libros. Pero ¿Eso significaba que estaba bien o seguía teniendo un vacío que se suponía solo ella podía llenar?
"Admito que olvide un par de citas pero ¡Estoy intentando hacer mi futuro aquí! No es fácil ¿Realmente es tan complicado de entender?"
Dios… no… No podía ser ¿Verdad…? Phoebe recordó que en los últimos cuatro meses se había olvidado hasta de su propio cumpleaños. No había asistido a un par de cenas familiares, aunque por fortuna sus padres habían entendido, Helga se había visto obligada a ir por ella al hospital para llevarla a la cafetería donde habían acordado verse. Y ni qué decir de Gerald… hasta había bromeado una vez, con esa sonrisa suave que tenía, que ella era la mejor compañera de piso del mundo ¡Apenas y la veía! Phoebe se había reído ligeramente en esa ocasión, mientras bebía una taza de café, se ponía sus zapatos más cómodos y salía corriendo a la calle. Ni siquiera había tenido tiempo para decirle que lamentaba ser tan ausente.
"Me dijo que siempre luzco cansada y no quiero hacer nada"
Phoebe apretó más fuerte la almohada contra su cara. Ya no debía pensar en eso. Simplemente iba a comenzar a entrar en pánico o algo parecido. Gerald y ella llevaban años juntos, habían pasado por muchas cosas y hasta habían terminado una vez por una pelea que se había salido de control. Ni siquiera duraron una semana enojados después de eso. Y aun así había sido la peor semana de su vida.
Su madre le había dicho un una ocasión que para que una relación se mantuviese firme cada tantos años había que hacer un cambio. Algo. Lo que fuese. Gerald y ella habían comenzado a vivir juntos pero en realidad no se sentía de esa manera. Ambos tenían horarios completamente diferentes y a veces era triste que pudiese escuchar la voz de su novio en el televisor más veces que en la vida real.
Él también estaba luchando por sus sueños. La profunda voz de Gerald le había abierto varias puertas. Eso y que constantemente se estaba mejorando al respecto, tomando lecciones de voz y demás. Después de que en su último año de preparatoria una editorial que trabajaba con audiolibros le ofreció a Gerald poner todas sus historias de misterio que rondaban por el internet en un solo audiolibro, fue cuando el chico se dio cuenta que tenía potencial por ahí. Además de estudiar su carrera, se había propuesto usar su voz de forma profesional. Y lo había logrado, ya era la voz oficial de algunas marcas y hasta había dado la voz a personajes secundarios en un par de series animadas. Pero él aspiraba a más y ella lo apoyaba totalmente. Gerald también estaba ocupado, aunque a diferencia de ella, su novio tenía horarios mucho más organizados y tiempo libre a su alrededor.
Tal vez ella estaba perdiendo el control.
Tal vez fuese eso.
¿Y si él le dejaba?
No lo culparía. Aunque… No, no quería pensar en eso.
Phoebe se sentó y buscó su celular, notó que era una buena hora en Berlín y notó que Helga estaba conectada. Así que hizo una videollamada con ella. Si alguien podía salvarla era su mejor amiga.
Un par de tonos después el bullicio de una multitud le sorprendió. Helga apareció en la pantalla y le hizo una señal para que esperara mientras parecía alejarse del ruido y se ponía unos audífonos para no molestar al resto. Por suerte, Phoebe estaba sola en la habitación, tenía orejas muy pequeñas y delicadas, así que la mayoría de audífonos lastimaban sus oídos.
- ¡Hoy va a llover! Phoebe me honras con tu presencia. –bromeó la rubia, sentándose en un sillón cómodo.
No notó en qué lugar estaba Helga, mucho menos por qué seguía escuchando algo de ruido de fondo, como si una multitud estuviese cantando o algo similar.
- ¿Te interrumpo? –preguntó, sintiéndose abatida- Lo sé… soy un desastre de mejor amiga.
- Oh, por favor. –Helga rodó los ojos- ¿Recuerdas cuando hacía mi proyecto para graduarme? Desaparecí por tanto tiempo que casi aparezco en las cajas de leche.
Phoebe soltó una pequeña risa, agradeciendo el buen humor de su amiga. La rubia se quitó la chaqueta de jean que llevaba encima, revelando una camiseta de tirantes azul con rayas verticales blancas. La chica tenía confeti sobre su cabello y algunas personas parecían tener una discusión cerca. O algo similar.
- ¿Segura que no te interrumpo…?
- Para nada. Jaimie nos invitó a un partido de soccer importante de no-sé-qué de su hermano Ray en no-sé-qué campeonato. –la rubia se deslizó en su asiento como si el solo pensar del asunto le aburriera terriblemente, la edad no le había quitado lo cínica- No me preguntes. Arnold si vio el partido pero ¿Yo? Oh, yo termine un muy buen libro de fantasía medieval. –asintió con solemnidad- Pero lo que sí sé es que el equipo de Ray –estiró su top para explicar los colores de su vestimenta- ganó.
- Eso suena increíble. –Phoebe tampoco sabía de soccer, solo tenía entendido que a Arnold le había gustado la idea en una de sus visitas a Berlín y había intentado enseñarles a sus amigos sin mucho éxito- ¿Y las voces que escucho discutiendo?
Helga sonrió de lado con un "Je" atorado en su boca. Muy lentamente enfocó el celular a un rincón del lugar. Phoebe notó que estaban en un tipo de habitación lujosa que se caracterizaba por tener tonos azules y blancos con fotografías de varios equipos a lo largo de los años, también habían fotos panorámicas de un estadio que parecía haber cambiado a lo largo del año. Pero, en un rincón estaba un hombre alto e imponente con un intenso cabello negro veteado de canas y un rostro duro. Él parecía estarle gritando a una mujer. Aunque, bueno, estaba hablando en alemán, así que Phoebe no sabía si realmente estaba enojado, decepcionado o qué. La mujer frente a él tenía una salvaje melena chocolate recogida en un moño un una pinza de cabello azul, su piel dorada la hacía ver como si hubiese acabado de tomar un bronceado idealizado como en los comerciales de televisión, llevaba unos ajustados jeans negros en tubo, unas botas de caña alta, tacón de aguja y en punta del mismo color que compensaban su pequeña estatura y torneaban sus muslos anchos. Obviamente era fanática de ese equipo de fútbol porque llevaba una escotada blusa blanca con finas rayas azules sin mangas que se ajustaba bajo sus prominentes senos para luego caer holgadamente hasta sus caderas. Phoebe tuvo que darle crédito por alardear tan bien de su figura, ella nunca hubiese podido hacer eso, se hubiese sentido desnuda exponiéndose tanto. En sus brazos tenía pulseras con los mismos colores y de sus orejas colgaban unas argollas azules. La mujer lucía dominante, tenía un aire de control pero tranquilidad que casi la hacía parecer como si estuviese escuchando a un pequeño mocoso malcriado al que compadeciese en lugar de a un hombre que obviamente era su autoridad. Junto a la mujer había una niña de unos diez o doce años, tenía un largo y alisado cabello negro que le caía hasta las caderas. Phoebe no podía verla bien dado que estaba abrazada por el costado a la mujer, pero podía notar que tenía rasgos asiáticos. Lo que si notó fueron los shorts color jean y el blusón azul ligero y refrescante que cubría la ligera figura de la niña.
El hombre seguía alzando la voz, señalando a un costado y luego a la mujer obviamente de ascendencia latina. Phoebe encontró todo eso bizarro, en especial porque la mujer parecía estarse divirtiendo. Cuando habló, que fue en un tono sereno y calmo se expresó fluidamente, sus manos se movieron ágilmente y su cuerpo se inclinó en dirección del hombre, como si estuviese contándole un secreto, luego se separó, se encogió de hombros y apoyó su mano sobre el hombro de la niña quien se limitó a mirar a la mujer con asombro. El hombre pareció calmarse rápidamente, volvió a preguntar algo y después de otro discurso pequeño de la mujer, él asintió, se encogió de hombros y se apartó. La mujer sonrió con astucia y se inclinó para hablarle a la niña quien comenzó a reír silenciosamente por algo.
La cámara se movió y volvió a enfocarse en Helga.
- ¿Qué acabo de ver…?
- Esa es la esposa de Ray, Lily, y la niña es la hija de ambos, Wen. La amarías, tiene memoria fotográfica. –Helga se acercó más al celular.
Phoebe arqueó una ceja. Jaimie era pelirroja natural, su hermano también lo era. La mujer ahí era castaña, latina. Entonces ¿Cómo…?
- Wen es adoptada. –la rubia sacudió su mano como si fuese noticia vieja- Larga historia, la adoptaron hace dos años, en Bangladesh. –habló rápidamente, como si no quisiera profundizar en pequeñeces- El sujeto de ahí es uno de los jefes del comité del club en donde juega Ray. Pero eso no es lo importante ¿Recuerdas la ocasión en que una de tus compañeras de colegio coqueteó con Gerald en frente de tus narices?
Phoebe se sonrojó y cubrió su rostro con su mano libre. No quería recordar eso y por la risa de su amiga era obvio que esta lo tenía muy presente. Después de todo, Helga tenía un "Top 5" de ataques de celos de la gente. Claro, nunca contaba las escenas que ella hacía por Arnold. Obviamente. Pero según Helga el número uno se lo llevaba Phoebe. Ella ni siquiera podía admitir qué había pasado en su cabeza ese día. Solo tenía diecisiete años en ese entonces, había sido un evento de puertas abiertas y sus amigos habían ido. Gerald había estado apoyándola para que no colapsara al intentar tener todo bajo control y cuando se fue a buscarle algo de comer a su novio como agradecimiento por estarla ayudando a vigilar algunas cosas ¿Qué se encontró a su regreso? A Reyna, su compañera, sentada sobre la mesa que estaba frente a su novio y cruzándose las piernas de forma coqueta para que Gerald se las mirara. Reyna era el tipo de chica que hacía que cualquier cosa se viera atractiva y de forma general Phoebe admiraba eso de ella, no cualquier podía hacer lucir su uniforme como si fuese el último grito de la moda. Pero claro, en ese momento no había pensado que Reyna se veía genial. Oh, no. Algo bloqueó su razonamiento lógico y tomó control.
Lo siguiente que recordó fue que había ido al micrófono más cercano, que estaba conectado a los parlantes de todo el colegio y había dicho algo como "Reyna Dellers, se te gradecería que dejaras de andar de zorra con mi novio. Gracias."
Luego se había muerto de vergüenza.
Reyna también y había huido.
Por suerte.
Helga se había partido en dos de tanto reír. En serio, había reído tanto que su vientre y espalda le terminaron doliendo por doblarse tanto de risa. Phoebe había decidido mantenerse muerta de la vergüenza. Hasta el día de hoy, si viera a Reyna le seguiría pidiendo disculpas por lo que hizo.
Pero en ese momento, Helga lucía como una niña que miraba un regalo esperado. Toda ilusionada y emocionada. Muy seguramente estaba disfrutando que ella estuviese avergonzada a niveles mortuorios.
- …me acuerdo. –murmuró, esperando que pudiesen pasar de tema.
- Bueno, ahora estas en segundo lugar. Lo que hiciste fue increíble. Pero, chica, debiste ver a Lily. No, olvídalo, estará por toda la red, así que podrás verla. Pero ¿En resumen? Cuando el partido terminó y todos se emocionaron, las porristas se unieron a la celebración. Una de ellas se colgó de Ray. Me lo hubiese perdido si no fuese porque Jaimie dijo "Oh no" y tú sabes que adoro esas dos palabras juntas cuando salen de la boca de otras personas. –Helga sonrió tan ampliamente que era obvio que estaba intentando contener su risa de villana malvada- Así que dijo "Oh no", yo levanté mi cara de mi libro y vi a la porrista colgada de Ray. Nosotros estábamos bastante cerca de la acción, ya sabes, lugares especiales para los familiares de los futbolistas. Yo esperaba ver a Lily enojada ¿Sabes? Ella siempre luce como si tuviese una fusta guardada en algún lado, tiene ese aire de profesora estricta. Aun con su ropa casual. –hizo un gesto en dirección de la mujer.
Phoebe se sorprendió ¿Eso era ropa casual? Si ella intentaba meterse en esas botas se caería indudablemente ¿Y en esos jeans tan ajustados? Sus piernas terminarían sin circulación. Sin mencionar que odiaba mostrar un escote tan grande, en especial con su… talla de sostén.
- Pero no fue así. –continuó Helga- Lily encargó a Wen con Jaimie, me lanzó su pesadísimo y enorme bolso… -sonrió- y saltó del graderío a la cancha. Yo creería que esos son unos dos metros, Arnold dice que son dos y medio pero ¿Quién sabe? Lily caminó con total tranquilidad y los medios se volvieron locos. –soltó una carcajada burlona- Las mujeres de los jugadores suelen esforzarse por verse lindas y adorables ¿Sabes? Pero Lily invadió la cancha de césped, dañándola con sus tacones, y se acercó a su esposo. La porrista no se daba por enterada y Ray estaba intentando soltarse sin ser maleducado frente a las cámaras. Pero ahí fue Lily, atrayendo la atención de todo el mundo ¿Y qué hizo cuando llegó?
Ella podía imaginarse algunos escenarios bastante desagradables para la jovencita en cuestión. Si bien la mujer que había visto lucía en control, seguro tenía un humor terrible.
- Nada de lo que te imaginas. –le dijo Helga- Lily tomó de la cintura a la chica, sorprendiéndola y se acercó a su rostro peligrosamente con una mirada… ni te digo, te pones de colores. Por un momento pensé "La va a besar", pero le dijo algo. Aun no averiguo qué. La chica tembló y literalmente se cayó sobre su trasero de porrista. Y sin más Lily jaló a Ray de su camiseta y lo besó. En frente de todos, con sus tacones arruinando el césped y deteniendo toda la celebración. Hasta los miembros del equipo contrario comenzaron a silbarles y a bromear con ellos para que se soltaran. Luego de eso Lily se soltó, saludó con un gesto al resto del equipo y se fue, dejando a un embobado Ray en la cancha. –Helga asintió con solemnidad- Tengo tanto que aprender. Repentinamente los tacones de aguja me parecieron poderosos.
Phoebe parpadeó varias veces. Sí, eso había superado con creces su pequeña declaración/petición pública. Por un momento pudo entender porque su amiga se centraba en ese tipo de cosas. La vida de otros, aun ese tipo de victorias que podrían ser humillantes para terceros parecían una buena distracción. Ella se dejó caer hacia atrás, dejando que el colchón se adaptara contra su espalda adolorida. Un pequeño suspiro escapó de sus labios y por un momento hubo silencio entre ambas. Al abrir los ojos, que en algún momento los había cerrado, notó que Helga estaba esperando, paciente.
- ¿Qué cosa andas sobre-analizando-sobre-pensando-sobre-lo-que-sea? –preguntó.
- ¿Nada…? –se sentó, sabiendo que esa respuesta no la llevaría a ningún lado- Gerald me dijo que debíamos tener una conversación. Y ya sabes lo que eso significa.
- ¿Qué tiene que contarte algo importante? –aventuró Helga- ¿No estaba intentando su propio espacio serio en una televisora? Tal vez se trata de eso.
Phoebe asintió. Si, estaba intentando abrirse camino en los programas de "Late Night", esos que daban en la última franja horaria, específicamente en los talk show. Aquellos donde entrevistaban celebridades, pero Gerald estaba apuntando a algo más ambicioso. Él quería abordar de forma humorística, clara y directa temática real, conectarse con la gente para que les interesaran cosas importantes. No solo quería entrevistar un par de personas y usar su don social para deslumbrarlos. Su novio deseaba hacer algún tipo de influencia positiva, ser atrevido y arriesgado. Al parecer, todas esas aventuras junto a Arnold lo habían inspirado para tomar por su propia cuenta la causa samaritana del rubio pero llevarla de forma diferente. Phoebe adoraba la idea, creía que Gerald no solo tenía la voz adecuada para hipnotizar a la audiencia o el atractivo necesario para hacer que la gente no cambiara de canal. No, no era solo eso. Ella creía que Gerald tenía la inteligencia, el corazón y la habilidad para abordar grandes cosas y explicarlas. Después de todo, él había sido su traductor cuando ella se apasionaba con sus explicaciones. Él la escuchaba atentamente y cuando terminaba hacía un claro y simple resumen a las otras personas que en algún punto se habían perdido. Gerald tenía ese don, podía tomar algo enorme y decirlo en palabras agradables. Así que esperaba que pudiese cumplir su sueño, porque era ambicioso y grande, pero creía que él sería capaz.
Pero… no creía que de eso se tratase su conversación.
- Venga, Phoebe. Ya sé qué estás pensando. Así que quítate esa idea de la cabeza. –Helga apartó el rostro y habló algo en alemán, encogiéndose de hombros y señalando el celular con un gesto antes de decir algo más. Después de asentir un par de veces, la regresó a ver- Lo siento, querían saber si no tenía problema en esperar un poco más. Por el incidente que te conté los encargados de la publicidad están lidiando con toda la gente que quiere entrevistar a Ray y Lily. Así que debemos esperar a que él salga con el resto del equipo y luego tomar una ruta diferente nosotros. Oh, celebridades. –ironizó- En todo caso. –entrecerró los ojos- Gerald no va a terminar contigo. Él te ama. Por favor, cada vez que hablas el pobre parece derretirse de emoción.
Phoebe elevó el celular sobre su rostro para no moverse. Por unos eternos segundos no dijo nada. Claro que le encantaría creer eso ¡Absolutamente! Pero en el mundo real las cosas no funcionaban así. A veces, la gente terminaba sus relaciones. Muchas veces eran así, inesperadamente. Y ella sabía que sería doloroso si Gerald lo hacía. Ambos habían planeado un futuro juntos, habían charlado en más de una ocasión sobre familia, una casa, cosas que podrían hacer.
Y tal vez eso nunca llegaría a pasar.
Repentinamente la cabeza de Arnold apareció a un costado. El chico lucía acalorado, como si hubiese estado vitoreando a todo pulmón por horas. Él llevaba una camiseta con corte en V pequeño con las franjas azules y blancas.
- ¡Phoebe! –el chico sonrió- ¿Y…? ¿Dando grandes noticias?
Ella lo miró con extrañeza. La enorme sonrisa en el rostro del rubio se tensó ligeramente y rápidamente desapareció. En un segundo pareció revisar su reloj, contar las horas de diferencia y lamentar sus últimas palabras. Él se golpeó la frente e intentó huir. Pero Helga lo aferró por el cuello de su camiseta, lo cual era bueno, porque ambas parecían realmente intrigadas.
- ... ¿Por qué sigue pasándome estas cosas? –susurró Arnold.
- Tú sabes lo de hoy. –declaró Phoebe, ajustándose los lentes- Tú lo sabes.
- ¡Y no me contaste! –acusó Helga- ¿Qué tipo de novio no comparte los chismes jugosos conmigo?
- ¡No ayudas! –se lamentó- ¿Arnold…?
- Bueno… podría intentar decir que no se nada, pero sé que eres una chica inteligente… y Helga no me deja huir con gracia… -el rubio suspiró- Pero no puedo decirte. Solo supóntelo ¿Si? No es nada malo y como dije, eres alguien inteligente… -luchó por soltarse- Así que…
Helga abrió los ojos y lo empujó a un lado. Muy seguramente el chico terminó cayéndose pero parecía agradecido de no ser el foco de atención porque no hizo ningún ruido. La rubia estaba mirándola fijamente.
- No creo…
- Yo digo que sí. Por favor, si fuese una de mis novelas, ni siquiera me esforzaría por mantener la tensión. Todo el mundo ya se habría dado cuenta qué está por pasar. –sentenció Helga, sonriendo de lado- Oh... eso va a ser interesante ¿Crees que puedas grabarlo todo?
- Por favor. –negó- No reduzcamos mis posibilidades a que puede querer terminar conmigo o… pedirme… -tragó- matrimonio. Es algo horrible dividirme así.
- Pero es obvio que va a ser lo segundo. Así que quiero ser la madrina ¿O la dama de honor? ¿Qué es lo más importante? –la rubia enmarcó una ceja- Lo que sea, eso quiero ser. Y luego le diré a Gerald que debió pedirme permiso primero ¿Qué pasó con la época en que me levantaba monumentos porque te aconsejé para salir con él, eh? Cuando éramos jóvenes me adoraba ¿Y ahora? ¿Se lo dice a Arnold pero no a mí? –frunció el ceño- A este paso te diré que le es mejor que le des una respuesta negativa. Solo para que aprenda.
- Helga… -negó con fuerza, acomodándose hasta quedarse sentada con la espalda contra la pared- Hablo en serio. No es alentador tener las dos opciones de extremo.
- También podría ser una noticia de trabajo. –rodó los ojos, obviamente desinteresada en esa opción- Pero obviamente es una propuesta de matrimonio.
En ese momento su celular vibró, mantuvo la videollamada activa pero fue al mensaje que acababa de llegarle.
Gerald…
"No podré reunirme contigo hoy. Me pidieron sustituir al presentador en el programa en vivo. Ahora estamos en el receso y luego tendremos una reunión. Si quieres verme pon en el canal…"
- ¿Helga…?
- ¿Si?
- Ahora debo irme. –sentenció, colgando la videollamada y corrió hacia la pequeña sala donde algunas veces comía con otros internos como ella.
No tuvo que convencerlos para cambiar la película que estaban viendo. Después de todo era una de esas viejas que de seguro la habían visto cientos de veces desde que eran niños. Además, todos estaban interesados para ver al novio de Phoebe. Ella ni siquiera quiso mencionar que tal fuese exnovio.
Por media hora miró a Gerald improvisar con maestría una entrevista a un actor de una serie regular que estaba en su última temporada. Su novio sonreía carismáticamente y hacía bromas casuales sobre su inesperado trabajo, se justificaba diciendo que era el "chico nuevo" y que por ende cometería algunos errores. A propósito decía una pregunta al revés que sonaba completamente diferente y luego se disculpaba, haciendo que la audiencia se riese. Phoebe se encontró sonriendo cuando él bromeó que después de eso lo enviarían a comprar donas y cafés para todos por ser el novato. El carisma de Gerald era contagioso y cada vez que se deslizaba en dirección a su entrevistado y le hacía una pregunta de carácter personal, usaba un tono tan profundo que era imposible negarse a responder. Luego relajaba la situación contando una anécdota pequeña y volvía a preguntas más casuales. Gerald había nacido para la televisión, para ser visto por muchas personas. No cabía duda.
Ni siquiera le molestó cuando algunas de sus compañeras contenían un suspiro al ver la destellante sonrisa de Gerald. Eso era inevitable, él era atractivo y en traje lucía arrollador.
Cuando el programa terminó, se preparó para buscar si podía hacer unas horas extras o algo, dado que no se vería con él, pero repentinamente la música que estaba tocando la banda de cierre se detuvo.
- El productor me está mirando como si me hubiese vuelto loco. –comentó Gerald, haciendo que retomara su atención al televisor, él estaba parado en el centro del set y sonreía a todo el mundo, como si fuese un niño relativamente bueno que solo había cometido un error- Esto no era parte de lo estipulado, así que me voy a meter en serios problemas. Pero hablé con los de la banda y los camarógrafos y… bueno –se encogió de hombros- ¿Qué puedo decir? Mi mejor amigo metió la pata hace unos momentos. Y estoy seguro que mi novia está mirándome en este momento ¿Verdad? ¡Hola Phoebe! –saludó con la mano y ella estuvo a punto de corresponderle.
¿Qué estaba pasando…?
Todos sus compañeros la regresaron a ver, sorprendidos. Pero nadie se atrevió a hablar.
- Bueno. Yo tenía planeado algo íntimo y romántico, pero, como ya dije, mi mejor amigo metió la pata. También me dijo que al parecer mi adorada novia, Phoebe, estaba teniendo pensamientos negativos sobre esta noche. –comenzó a pasearse por el set, la banda comenzó a tocar una música ligera, de meditación- Ella está terminando su carrera de medicina ¿Saben? Phoebe es increíblemente inteligente y le encanta estar ocupada. Cuando éramos niños tenía hasta una agenda con cronogramas de actividades. –por suerte no mencionó que eran sobre cosas de Helga, eso sería lamentable ¿No?- Así que todos ustedes sospecharán, y lo harán bien, que ella es muy inteligente y hábil. Algunos de la audiencia ni siquiera saben en qué se especializará pero ya se están apuntando a sus operaciones ¿Eh? –la gente rio animada, la banda tocó música más alegre- Así que, a pesar de que me van a matar por esto, creo que vale la pena. –miró hacia la cámara- Helga tenía razón, deberías pensar siempre que la segunda opción, la mejor opción, es la correcta. –metió su mano en su bolsillo y sacó una pequeña caja de terciopelo.
Phoebe sintió que su corazón se aceleraba.
- Yo sé que has estado ocupada y vas a seguir estándolo. Así que pensé que sería bueno planear todo antes de que tomaras tu especialización. No sé de bodas pero un año y medio debe ser suficiente tiempo sin que te estreses ni te distraigas de tu trabajo. Y… -ladeó el rostro- ¡Gente! Dejen de mirarme así. No les voy a pedir matrimonio a ustedes. –la cámara miró a la audiencia, muchas personas estaban conteniendo un sollozo de felicidad, completamente enternecidos- Bien… -Gerald volvió a aparecer- Hablemos en casa ¿Si? No importa a qué hora llegues. Pero… di que sí ¿Por favor? Yo sé que debo compartirte con tu carrera, pero soy de mente abierta. –bromeó e hizo una larga reverencia- Bueno gente ¡Ahora huiré terriblemente rápido antes de que me maten!
Y para su sorpresa así fue. Múltiples cámaras lo siguieron por la parte trasera del estudio, grabándolo en una carrera llena de acción con algunas personas de producción siguiéndolo. Phoebe soltó una pequeña risa cuando él llegó al garaje del edificio, un carro apareció de la nada y Gerald se deslizó sobre el capot del mismo antes de subir a su auto, dejando atrás a una pequeña horda de gente enojada. El programa pasó a los créditos y terminó.
Phoebe notó que sus compañeros la miraban fijamente. Uno de ellos tenía un celular apuntándola, posiblemente grabándola para subir su reacción al internet. Pero a ella no le importó, giró sobre sus pies y salió corriendo. En el camino le pidió prestado el auto a uno de sus compañeros y no supo qué tipo de cara tendría porque él le lanzó las llaves como si alguien se estuviese muriendo.
Dos horas después no podía creer que Gerald aun no llegase al departamento. Una pequeña sonrisa en sus labios le hizo contener las ganas de enterrar su rostro contra los cojines del sillón. El pobre se había atascado en el tráfico por un accidente y cada tantos minutos le enviaba un pedazo de la letra de alguna canción que estuviesen pasando en la radio. Ella estaba mirando el noticiero, intentando escapar de los comentarios de muchos reporteros sobre la pequeña sensación que había sido la inesperada declaración de Gerald. Aunque obviamente había sido algo planificado, porque la secuencia de huida había sido toda una coreografía.
¿Quién lo diría? En otro país la esposa de un futbolista arruinaba con sus tacones de aguja el césped de una costosa cancha y en Washington la noticia más grande era la pública propuesta de matrimonio de un entrevistador sustituto que nadie conocía.
Cuando la puerta se abrió, ella saltó del sillón y corrió hacia él, lanzándose a su cuello, lo que implicó un gran logro dado la diferencia de estatura. Gerald la abrazó con fuerza, disculpándose incansablemente por el retaso pero ella solo podía negar. No sabía qué decir exactamente, así que se quedó ahí, con sus pies sin tocar el suelo, aferrada a esa persona que amaba, le tenía la paciencia y la fe necesaria para entender su pasión, dedicación y entrega.
Ni siquiera sabía si se lo merecía. Nunca le había quedado en claro cómo el chico popular se había fijado en la cerebrito del grupo. Pero se sentía afortunada.
- La idea original –comentó Gerald, sin soltar su fuerte agarre en su cuerpo- era traer una copia de esa última escena. Yo sabía que no verías el programa porque no te había dicho que iba a aparecer. Yo quería sorprenderte y los del canal sugirieron hacerlo de esta manera. Así que iría a verte al hospital, vendríamos a casa, te contaría sobre mi trabajo como si fuese la gran noticia mientras pedíamos algo de comer y te diría que tenía una copia del show. Así que te la enseñaría y bueno… Arnold me avisó de su error, así que tuvimos que hacer algunos ajustes. –se separó ligeramente- ¿Aun así te gustó?
Phoebe acarició el rostro de su novio. Todo su cuerpo estaba temblando de pies a cabeza. Solo pudo asentir con fuerza, sintiendo su rostro arder. Todo eso había sido sorprendente ¿Cómo podía existir alguien como Gerald y que por suerte la amase a ella?
- ¿Eso es un sí porque te gustó o un sí porque aceptas mi propuesta? –jugó el hombre, deslizando frente a su rostro el anillo ya fuera de la caja.
La joya era delicada, tenía un diamante circular sobresaliendo en una argolla de oro que parecía trenzado y con pequeñas gotitas entorno a este, como encaje. El corazón le latió con fuerza y volvió a asentir. Toda su inteligencia parecía haberse muerto pero logró sonreír nerviosa, extendiendo su mano hacia él. Gerald le puso el anillo, revelando que también estaba temblando y la besó profundamente. Ella se aferró con fuerza, sintiendo que todo el miedo, las complicaciones e ideas sobre el mundo real desaparecían. Porque también la realidad podía ser positiva, buena y con un final feliz. Ella iba a casarse con su primer amor, él se le había declarado en público y había sido de la forma más dulce que pudo imaginar.
- Claro que quiero ser tu esposa. –enterró su rostro en el cuello masculino- Me esforzaré mucho más para hacerte feliz, buscaré la forma de estar aquí…
Él la silenció, tomándola del rostro. Gerald lucía divertido y enmarcó una ceja. Muy despacio le sacó el anillo para que viese el grabado en el interior. Phoebe sintió como si un rayo la recorriera por completo.
"Lucha siempre. Te amo"
- Yo sé que medicina es difícil. –explicó Gerald, volviéndole a poner el anillo- Y que estás dando lo mejor. Solo no te descuides de ti misma, pero sigue esforzándote. Porque amo la manera en que tus ojos brillan con emoción por tus pequeñas y grandes victorias. Tú vas a lograr grandes cosas. –le besó la frente- Esta es la parte difícil, pero tú vas a vencer. A mis ojos, tú eres la más grande luchadora que he visto en mi vida. Porque no necesitas tus puños, ni una actitud intimidante para ganar. Y tus objetivos son nobles. Así que no digas que vas a esforzarte por hacerme feliz. Ya lo haces. Lo has hecho desde que éramos niños y solo podía verte a lo lejos y lo haces ahora.
- ¿Aun cuando solo me ves correteando de un lado a otro…?
- Me gusta verte y me gusta ayudarte con tus sueños. –le sonrió- Además, tú y yo nos vemos demasiado bien juntos.
- ¡Gerald! –ella soltó una carcajada sin poder evitarlo.
Eso solo lo animó.
- Así que tendremos unos hijos hermosos y atractivos
- ¡Gerald!
- E inteligentes. –la abrazó con fuerza cuando ella intentó darle un golpecito en el hombro para que se detuviese- ¡Y deportistas! ¡Van a ser perfectos!
- ¡Gerald!
- Oh… vamos a tener que ponernos manos a la obra. –bromeó, mirándola con picardía- Porque todos nuestros amigos van a querer que sus hijos salgan con uno de los nuestros porque van a ser perfectos.
- ¡Para! –Phoebe intentó soltarse, pero no podía parar de reír- Parece que estas promocionando algo en la televisión ¡No seas ridículo! Estamos hablando de nuestros hijos.
- ¡Exacto! –Gerald sonrió más, levantándola por la cintura, obligándola a que rodeara con sus piernas su torso para tenerla frente a frente- Todos querrán un Johanssen-Heyerdahl. Niños genios, deportistas, increíblemente atractivos y guapos, carismáticos, sociables…
- ¿…y humildes? –aventuró ella.
- ¡Absolutamente! Así que debemos ponernos manos a la obra, debemos crear por lo menos uno para cada familia que conocemos. Linda, es nuestro deber ciudadano.
- Eres incorregible. –susurró Phoebe, abrazándolo por el cuello, sintiendo como toda la energía que había perdido en esos meses volvía a su interior.
- Lo sé, por eso vas a casarte conmigo. –él sonrió- Me amas.
Ella asintió, besándolo lentamente mientras su piel calentaba el anillo de compromiso. Si, lo amaba, desde su carismática actitud hasta sus ridículas ideas promocionales. Lo amaba y se casaría con él sin dudarlo.
¡Saludos Manada! Todos mis respetos a los médicos y estudiantes de medicina. Para Phoebe tuve que leer mucho sobre los años de preparación y ¡Wow! Mi pobre, pobre chica lista.
El sueño de Gerald es más o menos algo paralelo a lo que hace John Oliver en "Last Week Tonight With John Oliver".
Por si les interesa saber, Ray está en el equipo de Hertha Berliner Sport Club, abreviado como Hertha BSC y es un club de fútbol alemán de la ciudad de Berlín. Ray, debo amarte demasiado como para ponerme a buscar sobre estas cosas en lugar de inventármelas… ¿A quién engaño? Detesto inventarme las cosas… maldito cerebro. Y… te amo mucho, también es verdad eso.
Reglas de la Manada: Un lobo sabe que la compañía es un aliento para una meta alta, pero nunca dicha meta es simplemente estar acompañado.
¡Nos leemos!
Nocturna4
