¡Lumos!
¡Hola!
Free!
Volar significa libertad
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Capítulo Sétimo
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No era parte de la naturaleza de Haruka escuchar conversaciones ajenas, usualmente, ni siquiera prestaba atención a las conversaciones en las que él debería participar. Sin embargo, había estado buscando a Rin y reconoció su voz en el interior de un salón. Pero no estaba solo.
—No puedo creer que vayas a hacerlo. ¿A caso no recuerdas lo que sucedió el año pasado?
Haruka se detuvo ante el tono grave de la voz. En sus amigos, aun no iniciaba la pubertad; sin embargo, él había notado su propia voz tornándose cada vez más grave. No le quedaba ninguna duda de que la voz, ya varonil, sin las entonaciones propias de la niñez, provendría del mago de los ojos turquesa.
Se pegó a la pared, cerca para escuchar de lo que hablaban; lejos para disimular si decidían salir. Nunca había hecho algo parecido, y tuvo la sensación de que su comportamiento estaba influenciado por Nagisa.
—Por supuesto que lo recuerdo. Por eso, esta vez el plan dará resultado.
—Rin, escucha lo que estás diciendo. Cuatro estudiantes romperán todas las reglas del Colegio.
—No te preocupes, Sou. Aprendí de mis errores, este año no los cometeré. Es más, deberías acompañarnos.
—¿Y que Slytherin pierda el doble de puntos?
—No nos atraparán. Todo está calculado.
—¡Será de noche! Ni siquiera podrán verse volar—Rin trató de justificarse, sin embargo no le dieron tiempo—. No quiero escucharlo, Rin. Es tan ridículo. Pensé que estabas interesado en mejorar, en tu educación, entrar al equipo de Quidditch, cumplir el sueño de tu padre… ¿Crees que escabulléndote de tu dormitorio, en la noche, lograrás algo bueno?
—Haru irá. Nada saldrá mal.
—Que tú estés enamorado de Nanase no quiere decir que pongas en riesgo todo.
—Relájate, Sou. Deberías acompañarnos, de verdad. Para que estés tranquilo.
Tampoco estaba en la naturaleza de Haru esconderse de las personas; pero cuando escuchó pasos acercándose, aprovechó las estatuas y el tapizado de las paredes para esconderse y deseó fusionarse con la pared.
Rin no había negado que estuviera enamorado de él…
El mejor amigo de Rin en el colegio lo dijo… y Rin no lo negó…
Su escondite no era el mejor, pero Rin y su compañero fueron por la dirección contraria. Así que con la seguridad que provoca verles las espaldas, se asomó justo en el momento en que Rin saltaba y se guindaba del brazo del otro, como si estuviera celebrando.
Aun cuando los perdió de vista, Haru no se movió de su escondite. Hacía unos meses, había pensado que Rin estaba enamorado de Makoto, ¿se había equivocado? ¿Por qué Rin tenía que pensar en esas cosas? ¿Por qué pensar en Rin implicaba algo romántico?
No se sintió con ganas de ir al Comedor, así que sin pensarlo mucho, fue a su Sala Común. Salió del baño cuando calculó que sus compañeros de cuarto regresarían y se hizo el dormido cuando Kisumi le dijo que no lo había visto en la cena.
Sin embargo, cuando el reloj ya marcaba el toque de queda, Haruka tenía suficiente hambre como para levantarse de la cama.
El águila de la entrada le preguntó por sus planes.
—Tengo hambre.
—¿Qué haré si la señora Norris pasa y me pregunta si uno de mis estudiantes salió?
—Soy más rápido que un gato.
—Más te vale.
En el cuarto piso, Haruka, que había topado con buena suerte, escuchó un inusual sonido animal, un chillido agudo, que lo hizo detenerse en seco.
—Ah, eso te gusta, ¿no?—Escuchó, seguido, una voz suave, conocida.
—¿Makoto? —preguntó al pasillo oscuro que estaba delante de él y avanzó.
Sentado junto al taburete en el que estaba un gran jarrón, estaba Makoto con la gata parduzca del conserje entre sus piernas.
—¡Haru!—chilló, aliviado.
—Haz silencio ¿Qué estás haciendo aquí?
Makoto dirigió sus ojos a la pelota de pelos que ronroneaba, exigiéndolo atención, sin ganas de alertar a su dueño sobre estudiantes fuera de la cama.
—Pensé que la Señora Norris se sentía sola.
—No mientas.
Makoto dirigió toda su atención a la gata.
—No fuiste a cenar…
—¿Entonces decidiste subir hasta mi torre a buscarme?—inquirió Haruka, tratando de hacer contacto visual. Makoto asintió—. ¿Y qué pasó? ¿Te encontraste a un gato y te olvidaste de mí?
—No—exclamó, por fin sus ojos tuvieron contacto—. Es solo…—De nuevo, los desvió—. Fantasmas—Confesó muy bajito.
—¿Fantasmas?
—En mi bulto, hay algo para ti. Todavía está caliente—Cambió de tema y a Haruka no le quedó de otra que aceptar.
En el bolso, encontró envuelto en un paño varios panes y jamón. Tenía tanta hambre que lo agradeció, a pesar de que sabía que no habría sido ningún obstáculo conseguir macarela, pero que le llevó otra comida, para que variara su dieta.
—Podemos ir a algún aula.
—¿Haru? ¿No será mejor ir por la otra dirección?—murmuró Makoto, apenas se puso de pie.
—No—Y se giró para ver a Makoto que lo seguía con la gata alzada, le preguntó con los ojos qué hacía.
—No puedo dejarla sola en medio pasillo, Haru—respondió como si hubiera encontrado un recién nacido y no una condenada gata con más de veinte años de fastidiar la vida de los estudiantes.
Al doblar el pasillo, Haruka descubrió por qué Makoto no quería que fueran en esa dirección. Las piezas de una armadura estaban desperdigadas por el suelo, mientras el pobre casco se quejaba de dolor.
No hacían falta palabras para explicar la escena. Makoto vio un fantasma, se asustó y, con su torpeza, al huir, botó la armadura. Por eso la gata lo había encontrado.
Con sumo cuidado, Haruka recogió las piezas y las colocó todas en su lugar. La armadura y Makoto le agradecieron profusamente.
Al terminar de comer y de hablar de lo mucho que extrañaban a los gemelos y los videojuegos, discutieron sobre el regreso a sus respectivas Salas Comunes. Los dos insistían en lo mismo, pero Haruka se sentía ganador:
—¿Qué harás si vuelve a aparecer un fantasma?—Su comentario surtió efecto: Makoto hizo una expresión de terror –mal contenido—. Yo te acompañaré a tu Sala Común.
Makoto tragó un nudo, y compuso su expresión.
—No. Tengo a la Señora Norris conmigo.
—Ella no evitará que aparezcan los fantasmas.
—Tú tampoco, Haru.
Haru apretó los puños y estuvo a punto que decirle que sí, que sí evitaría que Makoto estuviera cerca de algo que le temía; pero Makoto se adelantó:
—Iré contigo hasta tu torre, Haru. Después regresaré con la Señora Norris a mi dormitorio. Si ella no ha llamado al Conserje, no lo hará cuando regresemos. Y ya sabes que Peeves no se mete con ella.
Haruka suspiró. Hablarle a Makoto a veces era imposible. En especial, cuando lo obligaba a hacer cosas que no quería. Como lo que estaba haciendo en ese momento con la gata, a la que había hecho que olvidara sus funciones.
—Solo no lleves a la señora Norris hasta tu dormitorio. Su dueño podría asustarse si no la encuentra.
—Por supuesto que no—exclamó Makoto sonrojado.
.O.o.O.
Después de su excursión nocturna con Makoto, Haruka se sentía mucho más confiado del plan de Rin. El Castillo era enorme y lleno de escondites, si eran celosos con sus planes, nadie los descubriría. Podrían volar a sus anchas. Lo que tanto habían deseado estaba a un salto.
—Volaremos en esta área—Les señaló Rin en el mapa que había conseguido en la biblioteca de los terrenos del colegio, una zona cercana al Bosque Prohibido, ubicada en la parte trasera del castillo—. Tendremos suficiente libertad para jugar.
—¿No es demasiad…?—Inició Makoto pero al ver la ilusión pintada en el rostro de sus tres amigos, buscó mejores palabras—. ¿Estás seguro de que no necesitas que hagamos algo más?
—Solo asegúrate de que Haru no salte por la ventana de la Torre de Astronomía antes de tiempo—Le sonrió Rin—. Nagisa y yo tenemos todo controlado. Después de la prueba, conseguiré las pelotas. Le ofrecí a Mikoshiba mi ayuda para ordenar todo, así que solo tomaré las cosas y nunca se dará cuenta. Nagisa se encargará de las escobas.
—¿Tenemos que saltar por la ventana de la Torre?—preguntó Makoto con voz muy bajita.
Rin soltó una risa.
—No saltaremos hasta que estemos montados en las escobas—Le prometió Haruka.
—Tranquilo, Mako-chan, todo saldrá bien. ¡Por fin, volaremos juntos en Hogwarts!—exclamó Nagisa y lo abrazó enérgico.
Inevitablemente, las miradas entre Haruka y Rin se encontraron: deseosas por experimentar verdadera libertad. Querían volar, sin límites, sin las reglas del juego. Volar, solo ellos, sintiendo el aire en sus rostros. Volar… y alejarse todo lo que pudieran de la tierra.
Rin enrolló el pergamino, con una sonrisa en sus labios, y preguntó en voz baja:
—Makoto, ¿sabes si hay alguna regla que prohíba que sobrevuelen escobas en los terrenos del colegio? Es que Sousuke me sugirió que averiguara eso primero.
—Rin-rin, debiste haber pensado eso antes. ¿Qué haremos?
—No hay por qué preocuparse. En el Colegio no es posible aparecerse, pero sobrevolar sí. ¡Oh, un aparato muggle de vuelo no podría! Hay tanta magia que interfiere con la mecha… mecánica de los objetos muggles.
—Entonces, lo lograremos.
.O.o.O.
Fieles a su pacto, el día de las pruebas de ingreso al equipo de Quidditch de Slytherin, los cuatro amigos se encontraron a la hora del desayuno.
Estaban dichosamente ansiosos. Como era temprano, no había muchas personas y lograron sentarse los cuatro juntos en la mesa de Ravenclaw. El momento habría sido perfecto para Haruka, si no son interrumpidos por el compañero de Rin, quien se acercó lo suficiente para ser detectado por Rin, y nada más.
—Ah, Sou ya está aquí.
Rin se despidió de ellos, con la promesa de que se encontraría con Nagisa después de su prueba y con los demás, por la noche. Les guiñó el ojo, y las sonrisas emocionadas de Makoto y Nagisa le devolvieron el buen sabor de boca a Haruka.
.O.o.O.
Ese día, Haruka no fue capaz de prestar atención en ninguna de sus clases; sin embargo, no hubo mayores complicaciones. Al parecer, los profesores estaban acostumbrados a lidiar con estudiantes de Ravenclaw dispersos. Habían aprendido, por las malas, que era mejor que estuvieran un rato con la cabeza en la luna, que inquietos y preguntones. Además, un estudiante de Ravenclaw se las ingeniaba para obtener buenas calificaciones en los exámenes.
Makoto, de vez en cuando, soltaba una risita al ver el trabajo a medio hacer de su amigo y lo ayudaba a terminar la tarea encomendada.
—Nagisa tratará de espiar la selección de Slytherin. A mí me encantaría verlo, pero supongo que cada equipo debe guardar sus mejores cartas para el partido.
La charla alegre de Makoto –solo de Quidditch- aligeró el paso del tiempo, sin embargo, conforme se acercaba la tarde, más emocionados estaban. Tenían plena confianza en sus amigos, sus mentes, aun, demasiado inocentes como para pensar que algo malo podría pasar. O bien, Haruka demasiado obstinado para considerar válidas las preocupaciones de Sousuke. En todo caso, Makoto confiaba ciegamente en el plan, y Haruka no le comentó nada de lo que había dicho Sousuke.
En primer lugar, porque se trataba de una conversación privada, que él no debía escuchar, y si Rin no la compartió, él menos. En segundo lugar, porque mencionarlo lo llevaría a revelar sobre el enamoramiento de Rin, y estaba seguro de que ni Makoto encontraría palabras para explicar cómo se sentía al respecto. No sabía ni siquiera cómo decirle a su mejor amigo que le preocupaba ser el interés romántico de otro hombre. Tenía doce años, ¿por qué tenía que estar pensando en romances a esa edad? ¿Por qué Rin tenía que hacer que su amistad empezara a sentirse, de alguna manera, complicada?
Después de terminar las clases, buscó refugio en su sillón favorito en la Sala Común de Ravenclaw. También era el sillón favorito de Kisumi, pero ese día, Kisumi en vez de hostigarlo para compartirlo, estaba molestando a otro compañero.
—¿Te presentarás a las pruebas de Quidditch, Kirishima?
El tal Kirishima era un estudiante de segundo año, el cual hacía obvios intentos por alejarse de Kisumi. A Haruka no le importaba pero escuchó Quidditch y cayó en cuenta de algo importante: No había prestado atención a las pruebas de su propia casa. Si tenía alguna intención de jugar Quidditch, tendría que hacerlo para Ravenclaw. Justo como Rin planeaba hacer, para su propia casa.
No estaba familiarizado con un ataque de pánico, pero el palpitar fuerte de su corazón le pareció que se acercaba bastante. Con cada conexión que se despertaba en su cabeza al analizar las posibilidades, verdaderas, que tenía para poder volar, sentía pánico.
Miró a su alrededor, había suficientes estudiantes como para sentirse horrorizado por su presencia. No sabía quiénes jugaban Quidditch, cuál de ellos podría ser el Capitán, si ya tenían un Buscador…
El Quidditch era el deporte más popular, Hogwarts era famoso por ser la sede de increíbles partidos, él había experimentando la emoción de los juegos. ¿Cuántos serían su competencia? ¿A cuántas tendría que vencer para ser elegido el próximo año?
Poco a poco sus ojos se fueron centrando en Kirishima. Sabía que el muchacho usualmente ignoraba a Kisumi, pero en esta ocasión, Quidditch era un tema sensible. Tenía los puños apretados.
—Si no quieres unirte al equipo de Quidditch, ¿podrías valorar el Club de Gobstones? Nos vendría bien tener más compañeros jóvenes.
—Déjame en paz.
—¿Es por tu hermano? No es como que tengas que hacer equipo con él. Y si tanto te molesta, deberías practicar otro deporte.
No hubo respuesta. El muchacho subió las escaleras rápidamente. Kisumi fue tras él, pero se detuvo al escuchar el portazo. Entonces, Haruka deseó ser invisible.
—¿Irás a ver las pruebas de Quidditch?—Le preguntó Kisumi, detectó cierto interés en Haruka, pero no recibió respuesta—. Serán el sábado por la tarde. Si Kirishima no participa, no creo que haya cambios en el equipo actual.
—¿Cuál posición juega?
Kisumi le sonrió. Anotó a su escasa lista de temas de interés de Haruka: el Quidditch. Aunque él no era propiamente un fanático, le gustaba encontrar algo que interesara a la otra persona.
—Cazador. Igual que su hermano—Haruka no preguntó quién era su hermano—. Rin y Sousuke deben estar preparándose para su prueba—agregó Kisumi pensativo, esforzándose por mantener la conversación con datos interesantes—. Slytherin tiene una prueba extraña: superar a su capitán, Mikoshiba.
—¿Cómo sabes?
Kisumi le sonrió, astuto.
—¿Te interesa? —Haruka volteó el rostro—. No seas así—Se rio—. Mikoshiba da miedo. Pero vive bajo la sombra de su hermana. Slytherin ganó la copa mientras ella estuvo en el Equipo y Seijuro Mikoshiba mantuvo el record el año pasado. Así que Slytherin tiene 7 años de ganar la Copa. Slytherin es invencible.
Un brillo competitivo se asomó en los ojos de Haruka: ¿Slytherin era así de bueno? Sintió una fuerza anormal brotar en él, un fuego ardiente movilizarse por todo su cuerpo, necesitaba competir contra ellos, probarse ante ellos, demostrar que podría quebrar su récord. Empezaba a entender el deseo de Rin por formar parte de un equipo, por hacer valer su habilidad y lograr grandes cosas.
—Nuestra capitana se esfuerza para derrotarlo, pero Slytherin es impredecible. A diferencia de las otras Casas, Slytherin tiene varios equipos y muchísimos jugadores: miembros propietarios, suplentes, especialistas, como quieras llamarlos. Planeas una estrategia para enfrentar sus habilidades de ataque, y salen al campo con un equipo defensivo. Tienen suficientes jugadores para hacer eso.
—¿Qué… posición juega Mikoshiba?
—Guardián. Siempre es el Guardián.
Entonces, Rin iría por la posición de Buscador.
—Ah, Haru. Si hubieras entrado el año pasado, podrías ser miembro del equipo de Quidditch este año. Estarías preparándote para tu prueba de selección. Y el próximo mes, tu primer juego. Hasta me atrevería a decir que Kirishima también habría hecho las pruebas, de haber sido compañeros.
Haruka sintió un punzón en el pecho, doloroso, que tenía el sabor de las lágrimas de Makoto.
¿A caso, en otra vida, se estaría preparando para ser un miembro de un verdadero equipo y hacer lo que le apasionaba, frente a todo el colegio, en un partido, en vez de aventurarse en una travesura que podría traerle problemas a él mismo y a sus amigos?
Guardaron silencio, Kisumi cómplice, como si entendiera la tensión de Haruka, porque le causaba curiosidad la razón por la cual Haruka postergó su entrada a Hogwarts. A pesar de que le preguntó varias veces a Makoto sobre esa decisión tan inusual, nunca recibió una respuesta satisfactoria. Y él, francamente, no podía encontrar una razón que justificara entrar tarde a Hogwarts.
Haruka cerró los ojos. Una de las prefectas les recomendó a los de primer año que aprovecharan las horas de la tarde para dormir, el día que tenían la clase de Astronomía. La profesora castigaba severamente al estudiante que bostezara. Kisumi consciente de la situación lo dejó a sols. Poco a poco el sueño fue llegando a Haru.
Aun así, antes de caer totalmente dormido, le dedicó algunos pensamientos a las posibilidades de volar en un equipo, con desconocidos, sin Makoto. Le costaba tranquilizar a su espíritu ante ese dilema: Volar era lo más mágico que había en su vida; las posibilidades de elevarse, de alcanzar el cielo, de tener esa increíble vista; cuando volaba se sentía libre, seguro de sí mismo, olvidaba sus preocupaciones y problemas, y solo pensaba en qué tan lejos podría llegar, cuánto podría abarcar, cuándo su espíritu se echaría a volar, también.
Sin embargo, ansiaba volar con sus amigos: descubrir nuevos escenarios con Rin, jugar con Nagisa, regresar a los brazos de Makoto…
Y horrorizado por el rumbo de sus pensamientos cuando llegaban a ese punto, se obligaba a detenerse.
Ese mismo día volaría con sus amigos, si la experiencia era positiva, sentía el suficiente estímulo como para atreverse a volar con desconocidos.
El movimiento de estudiantes alistándose lo despertó. Se sorprendió de que durmió casi cinco horas, pero estaba bien. Después de todo, le esperaba una larga noche. Recogió su mochila, que tenía lista desde el día anterior, con todo lo necesario para volar, y chocó con Kisumi, en la escalinata que llevaba a los dormitorios.
—Ah, la clase de Astronomía—dijo Kisumi, con un tono divertido, mirándolo de pies a cabeza—. No deberías combinar zapatos deportivos con tu uniforme, llamarás la atención. Te aseguro que no eres el primer estudiante de este Colegio que pensó en una excursión nocturna después de la clase de Astronomía.
La respuesta de Haruka fue un giro sobre sus talones para volver a su dormitorio y cambiarse los zapatos.
Kisumi le gritó un alegre "Me dio gusto ayudarte", pero él lo ignoró.
.O.o.O.
—Perdón el retraso, Profesora—dijo un estudiante de Hufflepuff cuando entró al aula, diez minutos tarde, junto con cinco compañeros más—. Tachibana tenía miedo de las escaleras que se mueven.
La profesora los examinó por la mirilla de su telescopio.
—Cinco puntos menos para Hufflepuff, por su retraso—Les concedió.
—La próxima vendremos sin ti, Tachibana.
—Lo siento.
Por su retraso, debieron acomodarse en una esquina cerca del armario de materiales, bastante lejos de Haruka. Los compañeros se quejaron por la pérdida de puntos y Zaki le estrechó la mano a Makoto y le susurró algo al oído. Haruka simuló que necesitaba más pergamino y caminó hacia ellos, quienes armaban rápidamente sus telescopios. Sin llamar la atención de la profesora, les ayudó y le prometió a Makoto que para la próxima clase, iría a recogerlo al Comedor.
—No hace falta, Haru. Zaki y yo subiremos juntos.
—Está bien si Nanase nos acompaña, si a él no le molesta bajar hasta el Comedor—intervino ella—. A mí tampoco me gustan las escaleras que se mueven…
Haruka asintió. No aceptaría un no, y sabía que Makoto se rendiría, no podría cargar con la culpa de ser el causante de la pérdida de puntos para sus compañeros, dado lo duro que trabajaban para conseguiros.
—Gracias, Haru.
.O.o.O.
—Señor Nanase, me temo que su telescopio no apunta a las coordenadas que le solicité. Ni siquiera está apuntando al cielo—dijo de pronto la profesora, acercándose a Haruka, esquivando la veintena de telescopios—. ¿Qué se supone que está viendo?
La clase soltó una carcajada.
—El lago—respondió Haruka.
Y antes de que cualquiera pudiera decir algo más, Makoto, desde el otro lado del aula, intervino:
—El reflejo de las estrellas en el lago.
—Oh, ya veo—exclamó la profesora—. Eso es fantástico. La luz de las estrellas que alcanzamos a ver viajó cientos de años luz… Lo que vemos no es más que el reflejo de un pasado, que en algunos casos, ya no existe en esta época. Por ejemplo, no es lo mismo observar Alfa-Centauri que la constelación de Andrómeda…
Al final, los deseos de Haruka por conocer el terreno que sobrevolaría dentro de unos minutos, resultó en dos puntos más para Ravenclaw y el mejor comentario de la noche:
—Hoy es una noche perfecta para estar bajo las estrellas—La voz ilusionada de la profesora lo hizo inflar el pecho, de emoción.
.O.o.O.
Al terminar la clase, Haruka se percató de que algo extraño sucedía entre Zaki y Makoto. Ella tenía una expresión asustada y Makoto trataba de asegurarle que todo estaba bien. Cuando Haruka se acercó, ella se alejó, uniéndose al resto de sus compañeros de casa, pero no dejó de mirar hacia atrás, con su rostro preocupado. Sus compañeros la apuraron.
Makoto soltó un suspiro cansado.
—No me dan miedo las escaleras que se mueven—dijo en voz baja—. Fue lo único que se me ocurrió para que ella no me acompañara de regreso.
Oh.
Haruka no dudó del miedo de Makoto a las escaleras, se sintió un poco mal, por considerarlo tan cobarde. Recordó que quien había sufrido un ataque de vértigo había sido él y no Makoto, quien mantuvo la calma cuando cayó al río. Además, ¿a caso no había escuchado que Nagisa y Makoto jugaban a corretear por el Castillo? En fin… ya tendría tiempo para disculparse después.
Con sigilo, se escabulleron de sus compañeros. Escucharon tararear a su profesora una canción, mientras ordenaba, y esperaron tras un armario que se fuera. Sus cuerpos muy juntos, aunque quizá había espacio de sobra; pero las ansias por la espera, les mortificaba y buscaban refugio en el otro.
En todo caso, nadie sospecharía que en la segunda semana de clases, apenas obnubilados por todo el esplendor de Hogwarts, alguien se atreviera a escaparse o romper las reglas. Fue extremadamente sencillo quedarse en el Aula y llegar a la azotea, sin ser descubiertos.
No debieron esperar mucho.
—¡Lo lograron!
—Silencio—Los calló Rin, bajándose de su escoba con un salto ágil.
Traían el cabello despeinado por el viento y en sus escobas traían atadas dos escobas, la caja con las pelotas y suficiente comida para morir de indigestión.
Sin embargo, en la escena de dos de sus mejores amigos, aterrizando en la Torre más alta del Castillo, a media noche, hacía falta algo: les hacía falta el brillo en los ojos y las sonrisas en sus rostros.
Por un instante, Haruka pensó que él y Makoto tenían suficiente brillo e ilusión como para contagiarlos, pero realmente estaba equivocado.
—Primero un tentempié nocturno—dijo Nagisa, como si de pronto quisiera postergar el vuelo.
Nagisa se esforzaba demasiado por centrar su atención en cualquier cosa menos en Quidditch, y ciertamente lo que Makoto y Haruka más querían era hablar de Quidditch. Se dieron cuenta que se evadía el tema principal, a pesar de que que era un elefante en frente de ellos. Comprendieron que las pruebas para el Equipo de Quidditch de Slytherin habían salido mal.
En todo caso, a Haru no se le daba bien considerar los sentimientos ajenos.
—¿Te eligieron?
No bien soltó la pregunta, la oscuridad de la noche se volvió densa.
Rin bajó el rostro y negó con la cabeza. La luz de las estrellas, lejanas, brilló en la lágrima que bajó por su mejilla.
—No debes darte por vencido… Puedes volver a intentarlo, el próximo año—le dijo suavemente Makoto.
—No qui… No quiero… Sousuke ya me dijo eso, no quiero escucharlo de nuevo—dijo Rin, su voz entrecortada.
Makoto asintió y escurrió su mano para tocarlo. Haruka pensó que Makoto nunca tenía dificultades para iniciar el contacto físico, y lo imitó. Acercó su cuerpo, para abrazar a Rin, quien dejó caer su cabeza sobre su hombro.
—Esta noche volaremos—le dijo, casi al oído.
—Sí. Eso haremos. Y mañana trabajaré más duro para entrar al equipo.
—¡Sí! Ese es nuestro Rin—exclamó Nagisa.
Unos minutos después, sacaron de sus mochilas los artículos que necesitarían y se cambiaron los zapatos por unos deportivos. Makoto sacó un abrigo extra para cada uno. Con sus gafas, sus guantes y espinilleras, subieron a las escobas.
Haru no esperó ninguna indicación, sino que se elevó, hacia el cielo nocturno.
La luz era poca, pero suficiente para guiarse. El viento era frío, pero en sus cuerpos se arremolinaba el fuego del deseo y la emoción. Un paisaje nunca antes visto se abría para ellos.
Pronto los cuatro se encontraron dando vueltas, mientras se discutían los pormenores.
—¡Listo, capitán!—exclamó Nagisa, después de soltar solo una blugder y darle un fuerte batazo que la mandó a las copas de los árboles—. Le tomará un tiempo salir de ahí, y estaré listo.
—Muy bien, Makoto, trata de anotar—gritó Rin y arrojó con fuerza y hacia arriba la quaffle, Makoto se posicionó para calcularla cuando cayera, y Rin utilizó unas copas de árboles especialmente altas como marco.
—¿Y la sntich?—gritó Nagisa.
—¡Hace rato la solté! —Le dijo con una sonrisa enorme Rin, mientras señalaba a Haruka que volaba alto.
El plan era jugar una hora a lo mucho; después de todo, no tenían la suficiente resistencia para soportar más tiempo; sin embargo, el tiempo pasó rápido.
El cielo se volvió gris, la niebla de la mañana se acercaba, esquivaron bandadas de pájaros que despertaban y descubrieron lo tarde que era.
—Deberíamos regresar—dijo Rin, con la blugder segura bajo su axila.
—No he atrapado la snitch—informó Haru.
—Haru, te hemos visto volar con ella, en vez de intentar atraparla—murmuró Makoto—. Y Rin tiene razón, debemos regresar.
—Sin la snitch, no termina el juego.
—Por favor, Haru. Solo atrápala.
Haruka se elevó un poco.
Dio vueltas hasta encontrar la snitch, voló un poco con ella, y, para presionarlo, Rin inició una peligrosa persecución y Nagisa le arrojó la bludger. Entonces, bajó en picada hacia donde estaba Makoto, quien apenas tuvo tiempo para esquivar a Haru y a la bludger que venía tras él; después Haruka lo utilizó para impedir que Rin lo alcanzara.
Debían esquivarse entre ellos, evitar la bludger que Nagisa les mandaba, alcanzar la snitch. Todo mientras se reían, se animaban, se daban empujones amistosos y se ceñían en acelerados giros y bajadas en picada…
Haruka estiró la mano, atrapó un rayo de sol… y también la snitch.
Se elevó tanto que dejó de escuchar los vítores de sus amigos.
Estaba tan lejos que no pudo darse cuenta de que el profesor de Herbología detuvo a Nagisa con un hechizo petrificador y que alertaba sobre estudiantes fuera del castillo.
.O.o.O.
Cuando Haruka ingresó al Despacho de la Directora, ya a Makoto y a Nagisa los habían sermoneado y rebajado cincuenta puntos a cada uno. Los dos estaban de pie, cabizbajos, en una esquina del enorme despacho oval, custodiados por los jefes de las tres casas, inclusive el Jefe de la Casa de Gryffindor estaba y todos los retratos estaban despiertos y en sus lugares, prestando atención.
En cuanto entró, la Directora dejó de sermonear a Rin, y a sabiendas de que las palabras no causarían mucha impresión en Haruka, de una vez, le restó cien puntos por volar en los jardines, antes del desayuno, con una escoba robada, y para atrapar una snitch robada. Dio tanto énfasis a la idea de robo que Haruka se preguntó si los enviarían a Azkaban, la cárcel de los magos, no ya por romper unas cuantas reglas del colegio, sino por cometer un delito.
Después, la Directora centró su atención de nuevo en Rin. El asunto con él tomó más tiempo.
—¿A caso quiere defraudar los logros de su padre en el Quidditch? ¿Quiere conseguir que lo expulse? Es la segunda vez que realiza tal estupidez… Al parecer el castigo del año pasado no dio ningún resultado.
Nagisa intervino de pronto, su voz se quebró levemente cuando se achacó toda la culpa, dijo que fue él el instigador; sin embargo, la Directora no había llegado a ese puesto creyéndole a las lágrimas de cocodrilo de los estudiantes.
—No se atreva a mentir, señor Hazuki. Conozco bien de lo que es capaz el señor Matsouka, y esto es una situación que esperaba no se volviera a repetir. Es inaudito que haya incluido más estudiantes. No me queda más remedio que prohibirle el uso de escobas, señor Matsouka, por lo que resta del año.
—No puede hacer eso—susurró Nagisa, asustado, pero los ojos sagaces de la profesora lo intimidaron.
—Son ciento cincuenta puntos menos para Slytherin. Además, los cuatro deberán reponer el dinero de los objetos que robaron y destruyeron. El Conserje viajará a Hogsmeade para obtener la cotización y haré llegar la respectiva cuenta a sus padres.
Nagisa palideció, su cuerpo dejó de temblar y Makoto lo miró preocupado, trató de tomarle la mano para darle apoyo, pero Nagisa estaba muy frío, sus dedos lánguidos, y no respondieron a él.
Haruka no tomó a mal el castigo: a sus padres ni les importaría y probablemente la señora Tachibana le enviaría un Vociferador a Makoto, pero nadie había muerto por culpa de uno, así que Makoto lo superaría.
Sin embargo, no tenía ni idea de cómo reaccionarían los padres de Nagisa o de Rin. Por lo que sabía la señora Matsouka era viuda y debía hacer malabares con los gastos para sacar adelante a sus dos hijos, mientras que la familia de Nagisa era acaudalada.
—Discul…—Empezó Rin.
—No se hable más. El año pasado, fui condescendiente con usted, señor Matsouka, y su madre no fue notificada de su mal comportamiento. Sin embargo, ese fue mi error, y no lo cometeré de nuevo.
—Mi madre… ella no podría entenderlo.
—Espero que pueda hacerse responsable de sus acciones a partir de ahora, señor Matsouka. Pueden retirarse.
.O.o.O.
—Haru, ¿estás bien? Estaba tan preocupado cuando los profesores no te alcanzaron—exclamó Makoto al salir.
Haruka asintió. Había volado casi veinte minutos, antes de que la profesora de Vuelo lo alcanzara y le exigiera que bajara, cuando lo hizo varios estudiantes madrugadores estaban en el patio observándolo, y más de uno se atrevió a aplaudirle a pesar de las amenazas de la profesora de expulsarlo si lo hacían.
—Trescientos cincuenta puntos en una noche—murmuró Rin—. Eso fue lo que logramos.
—Yo atrapé la snitch—dijo Haru, como si la regañada de la Directora no fuera más que un recuerdo lejano.
Rin trató de sonreír, pero había lágrimas en sus ojos, luchaba contra ellas.
—Mis compañeros no estarán contentos—murmuró.
—Oh, Rin. Sabes que lograrás recuperar los puntos—Lo animó Makoto.
—Ah, eso intentaré—dijo, esforzándose por sonreír, sus ojos cada vez más vidriosos—. Lo importante es que logramos volar juntos. En Hogwarts.
Makoto y Haruka asintieron emocionados, Nagisa tardó un poco más en reaccionar, pero cuando lo hizo, fue efusivo. Los abrazó con fuerza.
—Fue la mejor noche de mi vida.
—De la mía también—Coincidieron los demás y a pesar de los castigos, se sintieron bien consigo mismos. Nagisa trató de concentrar esa emoción en su interior, atraparla para que durara por siempre, para que le ayudara a enfrentar a su padre cuando se enterara de lo que había hecho.
En la entrada al Gran Comedor, se separaron. Makoto tenía hambre, Rin dijo que iría a su Sala Común, y Nagisa comentó que acompañaría a Rin, quien no se negó. Haruka quería un baño.
No había dado la vuelta a la esquina cuando pasó al frente de los relojes con los puntos de cada Casa. Había varios compañeros preguntándose por qué todas las casas tenían menos puntos que el día anterior. Sousuke estaba de pie, frente al puñito de esmeraldas.
No estaba en la naturaleza de Haruka esconderse, pero trató de hacerse pequeño y aceleró el paso. Pudo sentir los pasos de Sousuke tras él, siguiéndolo, y en cuanto llegaron a una sección solitaria del pasillo, Haruka se encontró arrinconado entre la pared y Sousuke.
—Aléjate de Rin. Por tu culpa, se metió en problemas.
...
Hola.
El primer castigo de Haruka, dado por la Directora, y a lo que realmente le tuvo miedo fue a Sousuke.
En este capítulo pasaron muchas cosas, que iré desarrollando más adelante. Estoy súper ansiosa por incluir nuevos personajes. Rei, Gou, Nitori: quiero escribir de ellos.
Gracias por acompañarme en esta aventura. Les agradezco mucho el apoyo a skyblue-san y Kutzi Shiro.
Y ojalá haya mucho MakoHaru en las nuevas películas que vienen de Free! :D
Nos leemos
nox!
