Affection
Capítulo 6: Moonlight
Viernes diez de la mañana con seis minutos
La mañana en Japón seguía cubierta por un manto de nubes grises, la lluvia caía con intensidad dejando las veredas cubiertas con una brillante cubierta de agua. Yuuri miraba impaciente por la ventana del taxi que había tomado desde su hogar para ir al aeropuerto, junto a él estaba el caniche que movía la cola emocionado mientras tenía recostada su cabeza en las piernas del japonés, era como si supiera que iría a ver a su amo.
El auto llegó y el pelinegro se apresuró a abrir su paraguas, bajó junto a su acompañante canino y comenzó a caminar hasta las puertas del aeropuerto, el interior estaba repleto de gente a pesar de la hora, usualmente la gente a esa hora estaba en sus trabajos o en la universidad. Yuuri también debía estar en su universidad pero se saltó una de sus clases para ir a verle, quería poder verle; habían pasado 3 días pero aun así se sintió como si fueran muchos más.
Se acercó hasta la zona de espera y con ansiedad miraba por el ventanal como los aviones comenzaban a llegar, Makkachin se volvió inquieto por lo que lo tomo como una señal de que esa el avión donde venía Victor; sus manos temblaban al igual que su cuerpo, su corazón latía con fuerza y su respiración estaba agitada.
No se había encontrado en una situación así desde esa vez que Mari, su hermana, se había accidentado mientras atendía las aguas termales y la llevaron de emergencias al hospital. Ahora, él estaba así al darse cuenta de lo desesperado que estaba por estar cerca de ese hombre.
La puerta que daba a la sala donde Yuuri estaba se abrió dejando ver a algunos de los pasajeros que comenzaban a llegar, su vista estaba fija en ese punto buscando a Victor, estuvo así unos minutos hasta que pudo divisarlo; Victor que también buscaba a Yuuri entre el montón de gente que salía y a la vez entraba en busca de sus familiares una vez que pudo localizarle corrió hasta este.
Ambos corrieron en busca del cuerpo contrario, una vez lograron unirse en aquel abrazo impregnado de puro amor y dejando de lado las miradas indiscretas de las personas, los comentarios y el hecho de que Makkachin estaba corriendo alrededor de ellos; ambos se miraron a los ojos con aquel brillo que solo logras crear una vez que tienes frente a ti a la persona que amas.
Victor llevó su mano a la mejilla de Yuuri acariciándola, estaba perdido en esos ojos color chocolate que a la luz del sol se volvían color vino, rozaron sus narices cerrando sus ojos para luego acercarse lo suficiente para besarse, fue algo pequeño pero tan lleno de amor que incluso el can paró un momento para quedarse viendo aquella escena.
- Te extrañe tanto, Yuuri -Habló en voz baja una vez el beso paró, apoyó su frente con la de Yuuri manteniendo el contacto con él. El abrazo era aparte, el mundo lo era también, estaban disfrutando el momento que la vida les había regalado.
¨Me arrepiento de pensar de que sería mejor que no me hubieras conocido, eres lo mejor que me pudo ocurrir, gracias por existir¨
- Yo también te extrañe tanto, Makkachin era víctima de todas esas horas en que le hablaba de ti –Comentó entre risas para luego abrir sus ojos y encontrarse nuevamente perdido en aquel mar que eran los ojos de su novio
Si, por que luego de aquellas tontas negaciones ahora lo eran y todo gracias a su amigo que entro en la habitación gritando mientras él hablaba a larga distancia con Victor. Phichit era realmente un gran amigo.
- ¿Si? Makkachin ha sido un buen chico ¿Cierto? –Habló emocionado con una voz un tanto chillona mientras se agachaba y comenzaba a acariciar a su amigo de la infancia, el canino movía la cola y lamía la cara de su amo con evidente emoción.
Yuuri se unió a la escena agachándose para darle caricias en la cabeza y lomo, no dudaba ningún segundo que era una gran mascota y amigo de la infancia.
Ambos estaban sentados en el suelo acariciando a aquel feliz perro, cualquiera que los mirara hubiera pensado que era un niño disfrazado por sus padres por la forma en que le hablaban, acariciaban y mimaban con golosinas que Yuuri había traído en uno de sus bolsillos.
Pasaron unos momentos antes de que ellos se dignaran a levantarse del suelo, ir por las maletas de Victor y caminar a tomar un taxi, Yuuri se sorprendió al ver solo cuatro maletas cuando su novio fue a recogerlas, dos negras, una café con detalles dorados y otra de color burdeos a diferencia de cuando se fue.
Victor llamó a unos de los taxis que estaban pasando por el lugar y subió las cosas en la parte trasera, Yuuri por su parte se preocupaba de sujetar la correa de Makkachin quien tenía la intención de seguir a las personas que pasaban comiendo, a pesar de que le había alimentado antes de venir a buscar a Victor y darle golosinas el seguía con hambre.
- Listo, ya que faltaste a tu clase de la mañana creo que iras a la de ahora ¿No es así? –Le reprochó, aun así, él estaba agradecido que este fuera a buscarle.
- Lo hice para poder verte, tonto –Hizo una mueca causando una leve risa en su novio.- Mi próxima clase es en la tarde, tengo ventana además hablé con mi profesor ayer
- ¿Le dijiste que estabas enfermo? –Siguió hablándole mientras le abría la puerta de auto para que este entrara.
- Algo así, le dije que tenía medico con un sexy ruso que casualmente es mi novio –Le sacó la lengua y luego entro al auto.
- ¿Es en serio? –Preguntó un tanto perdido mientras se quitaba el gorro que llevaba en modo de protección contra el sol, aunque ahora tenía junto a él un quitasol que había sacado de una de sus maletas antes de colocarlas atrás, de esa forma al bajarse podría cubrirse bajo la sombra de esta, agradecía a todos los dioses de que Yuuri no preguntara por su rara forma de llevarse con el sol.
- No tonto, pero si le mentí sobre que tenía que ir al doctor –Se acomodó junto a este, Makkachin había acomodado su cabeza en el regazo de él; él por su parte aprovechó que estaban en la parte trasera para llevar su mano derecha a la de Victor tomándola.- ¿Nos veremos en la noche? Te prometí cocinar mi comida favorita
- Claro, aunque tenía pensado pedir comida llegando a casa, así podemos comer juntos antes de que vuelvas a tus clases ¿No te molesta? –Preguntó mientras acariciaba la mano de Yuuri, estaban heladas debido a que no había traído guantes.- Toma -Victor se sacó sus propios guantes para dárselos a él.- Son grandes pero por lo menos tus manos no estarán frías.
Yuuri le miro unos segundos tratando de que su alma volviera dentro de sí, ese hombre era realmente dulce y él estaba tan feliz de que fuera suyo y no de otra mujer u hombre. Llevó su mano involuntariamente a su pecho y luego rio sonrojado.
- Eres como una taza de chocolate caliente –Dijo lo primero que se le vino a la mente a la vez que tomaba los guantes de Victor comenzando a colocárselos, realmente le quedaban grandes pero estaban abrigados por la piel de su novio y ahora sus manos comenzaban a tomar aquel calor.- Gracias Victor
Antes de que Victor pudiera decir algo Yuuri se acercó hasta su mejilla y le dio un tierno beso.
¨No me puedo resistir a ti¨
El trayecto fue tranquilo, ambos hablaban sobre diferentes cosas que les ocurrieron durante el tiempo que estuvieron separados, obviamente, Victor omitiendo aquel gran detalle de la verdad que se descubrió tras el accidente del avión.
Victor sentía mucha pena dentro de sí, sumado a esto estaba la culpa y los miedos; hubo muchos momentos mientras iban en el auto en que Victor giraba su rostro al de Yuuri que estaba concentrado mimando a Makkachin, en esos momentos podía ver lo hermoso del alma de su amado, lo especial de su piel, de sus labios tenuemente marcados de un color rojizo y su nariz roja por el frío que hacía a esas horas.
Ya eran cerca de las once de la mañana y el cielo estaba nublado, parecía de noche; la lluvia caía sin tregua mojando el ya húmedo asfalto de las calles, el petricor de ese día era especial, estaba mezclado con el olor del aun presente luto de la gente que murió en el accidente y el de las flores que estaba en las puertas del aeropuerto haciendo memoria a todas esas almas que fueron arrebatas por el odio de otros, de aquellos quienes nunca supieron perdonar.
Victor nuevamente estaba perdido en su propia tormenta, en sus miedos y su mirada lo decía; tenía los ojos levemente cerrados, la luz de las farolas fueron prendidas por la falta de luz en las calles y estas se reflejaban en los ojos celestes del vampiro, estaban repletos de dolor, se sentía culpable de todo lo que había ocurrido y por lo que eventualmente pasaría.
La gente se ciega y muchas veces continua haciendo daño sin mirar que el tiempo sirve para cambiar. Él lo sabía, él y los demás habían cambiado para poder permanecer en este mundo, prometieron, juraron, hicieron un pacto con la raza humana suplicando perdón y pidiendo un espacio para ellos.
La humanidad les permitía vivir entre ellos si prometían no matar. A cambio de saciar su sed de sangre, se les daba una ración a la semana de una bolsa de plasma que era lo necesario para que ellos vivieran, luego de eso ellos podían alimentarse de comida humana sin problema.
Pero el problema radicaba en algo tan simple: era sumamente importante, si en esa semana ellos no consumían sangre se debilitarían, no podrían levantarse, no podrían hablar, no podrían pedir ayuda cuando sintieran que morían eternamente, rogarían por probar aquel veneno que era la sangre de un muerto solo para quitarse ese dolor.
Muchos lo hacían cuando veían que su vida ya no valía la pena o simplemente que habían causado un daño irreparable.
Yuuri llevó su mano al rostro de su amado para llamarle, no tuvo necesidad de escuchar una palabra de parte del peli-plata para saber que estaba sufriendo, se acercó abrazándolo en un cálido abrazo acompañado por una caricia en la espalda.
Definitivamente Yuuri era la canción de cuna que Victor necesitaba cuando las tormentas venían hacia él; cuando ambos se separaron se quedaron viendo a los ojos, Yuuri no paraba de darle caricias, él quería calmarle y verle feliz.
- Falta poco para llegar a casa, cuando lleguemos te haré una taza de leche con chocolate; eso siempre pone feliz a todos –El japonés le dio un beso en la frente y luego miro el camino donde iban, según sus cálculos faltaban unos minutos para llegar.
- Gracias Yuuri… -Casi no tenía voz, sin embargo se sentía más calmado al sentir a la persona que más amaba junto a él.
- ¿Qué es lo que tanto te pone triste? –Preguntó con una suave voz.
El que te pueda perder
Los recuerdos
Mi familia
La vida
- Cosas del pasado, estaré bien –Mintió, tenía que mentir aun si su corazón le decía que tenía que decirle la verdad. Él sabía que si hablaba lo perdería, tenía que esperar.
Yuuri solo guardo silencio, sin embargo, mantenía ese cariño constante en la persona junto a él, quería que su novio estuviera bien, no quería verlo en tan triste estado.
Al llegar a casa la lluvia aun caía, Yuuri estaba temiendo seriamente en que quizás cancelarían sus clases debido a lo complicado que era manejar en tales condiciones, de todas formas él podía mandar los archivos de sus trabajos por correo o la plataforma que tenían asignada para su carrera. Victor se acercó a dejar las cosas en su cuarto y luego fue hacia Yuuri que miraba por la ventana con la mirada perdida, pudo darse cuenta que no era el único con tantos pensamientos dentro de su cabeza.
- Yuuri –Le llamó.
- ¿Mh? Lo siento –Llevó su mano a su mejilla cerrando los ojos, estaba tratando de volver en si.- Iré a hacer chocolate caliente… ¿Tienes chocolate?... Y leche, lo lamento, hablé antes sin pensar en que quizás no tenías esas cosas
- Oh mi Yuuri –Se acercó abrazándolo por atrás.- Tengo las cosas, relájate, estas tenso –Apoyó su frente en la nuca de Yuuri.- Si ocurre algo puedes decirme, estoy aquí para ti
- Yo… -Guardo un momento silencio y luego habló.- Tenía mucho miedo, tengo miedo –Se giró quedando frente a frente al peli-plata.- Cuando supe lo del avión pensé que te perdería, recuerdo que había este mismo clima el día que te fuiste, sentía una presión en mi pecho desde mucho antes y luego de que ocurrió me di cuenta que eras tú el causante de ese sentimiento. No quiero perderte Victor, no quiero que te vayas de mi lado
Pequeñas lágrimas comenzaron a caer por el pálido rostro del japonés, si bien cuando hablaban por cámara ambos estaban tranquilos ahora, ahora ellos estaban cerca y esto era un momento completamente íntimo.
Victor aferró contra su cuerpo el tembloroso cuerpo de su amado tratando de calmarle, comenzó a llenarle de besos el rostro limpiando las lágrimas que caían por su rostro de paso. Victor llevó hasta el sofá a su novio y se sentó junto a él brindándole caricias en la espalda, brazos y rostro, sin embargo el japonés seguía llorando.
- No moriré, no me iré de tu lado – Tampoco es como si pudiera, estoy unido a ti, pensó.
- Es fácil decirlo, pero no hay certeza de que nunca te pasara algo, no te quiero perder –Su voz estaba casi extinguida, sus manos estaban aferradas con fuerzas a las ropas del peli-plata.
- Te lo prometo y si llego a morir viajaré a las entrañas del infierno, haré un trato con un demonio y volveré por ti para cuidarte –No mentía, era capaz de todo para volver a estar con su amado.
- No digas tonterías Victor –Rio, por lo menos eso ultimo le puso sacar una pequeña risa aliviando la amargura que estaba en su corazón.
- Te haré chocolate caliente, espérame un momento –Se separó de él dejando un último beso en la frente de él.
Al llegar a la cocina el vampiro se apoyó en la mesa mirando por la pequeña ventana que había frente a él, daba directo frente a la mesa donde siempre cenaba solo, esta vez con Yuuri en casa realmente se sentía como un hogar, las sillas y cada elemento doble en aquella casa tenía otro significado.
Se apresuró en preparar dos tazas de chocolate no sin antes correr a su refrigerador y esconder las dos bolsas de plasma que había dentro de ella, su refrigerador tenía un compartimiento secreto en la parte superior de este para que pudiera esconder las bolsas de plasma por si alguien que no fuera un vampiro le visitaba y ponía sus manos sobre este.
Una vez escondió las bolsas se dirigió al mesón donde había colocado las tazas y se encaminó hasta la sala, al entrar encontró a un acurrucado Yuuri sentado en el sofá cubierto entre su abrigo y el de Victor que había colocado a su lado, era cierto, debido al clima que en estos momentos había en la ciudad la temperatura había descendido considerablemente.
El peli-plata dejó las tazas en la mesa de café y se dispuso a prender la chimenea que tenía dentro de su casa, de verdad ese hombre vivía con todos los lujos.
- Gracias –Musito suavemente Yuuri mientras se hacía un poco más al lado dándole espacio a su novio para que se sentara junto a él.
- No te preocupes, hace frío, tienes que cuidarte de no coger un resfriado –Pronunció a la vez que tomaba las tazas y le alcanzaba una a Yuuri.- Ten cuidado, está caliente
Lo acomodó entre sus brazos brindándole el calor que su cuerpo emanaba, Yuuri era un pedazo de cielo, tenía los ojos como la noche y la piel como la luna, su cabello era como una galaxia que quería explorar todos los días con sus manos y sus palabras, sus palabras eran las estrellas que adornaban las noches más añoradas por el vampiro.
Cuando ambos terminaron de beber de su taza se recostaron abrazados en el sofá, Victor tenía su brazo izquierdo sobre la cintura de Yuuri aferrándolo contra sí mientras le susurraba palabras dulces, el japonés por su parte tenía los ojos cerrados y una sonrisa dibujada en su rostro mientras le escuchaba.
La hora había pasado, entre todo el tiempo que habían compartido y aún seguían compartiendo habían dado la dos de la tarde con dieciséis minutos; el peli-plata se dio cuenta que su novio se había quedado dormido entre todas las caricias y palabras que le había dicho por lo que se dispuso a levantarse y preparar algo para comer.
Él como vampiro podía comer comida humana pero por obligación tenía que beber sangre al menos una vez a la semana, esta vez había bebido en Rusia una de las raciones y las otras las tenía ahora escondidas en su refrigerador así que no tenía la necesidad de beberla ahora.
Medito unos momentos antes de poder levantarse que podía preparar para comer; al final se decidió por preparar algo que siempre preparaba –A pedido de su hermano- Borsh y de segundo Pelmeni. Cuando intentó levantarse para poder ir a la cocina la mano de Yuuri lo detuvo, su mirada se encontró con la de él.
- No te vayas –Le susurró mientras acercaba su rostro al pecho de su novio.
- Iré a preparar algo para comer, además tienes clases; aunque sería algo tonto que las siguieran con este clima –Mencionó mirando hacia la ventana, la lluvia caía con aun más fuerza que la mañana, no tenía intenciones de parar.- Puedo aumentar la temperatura aún más si quieres –Le dio un beso en la frente.
- No, te quiero a ti –Se aferró más a él.- Estoy bien así, aún hay tiempo
¨Este chico me va a matar¨
Pensó Victor mientras se acomodaba sobre el japonés para besarle, la tormenta se había desatado, Victor comenzó a acariciar el rostro del pelinegro y Yuuri, Yuuri entre vergüenza, amor e inseguridad. Llevó su mano al rostro de su amado invitándole a que se acercara.
Fue el mayor quien se acercó a los labios cálidos del chico bajo él, el beso fue suave, tierno, impregnado con un amor que pocos conocían, un amor que dejaba de lado la lujuria, que dejaba de lado todas las inquietudes que en la vida podían existir. La principal razón de esto era, ni más ni menos, que el amor que ellos mismos creaban.
La magia del amor puro
El sonido del celular de Yuuri les hizo volver a la realidad, ambos giraron en dirección a la mesa de café que estaba frente al sillón donde estaban; siguiendo con la mirada el aparato que les había interrumpido. Yuuri tomó el celular entre sus manos contestando sin dejar de mirar en los ojos a Victor que se mantenía sobre él.
- Phichit –Le llamó.
- ¿Y? ¿Estuvo buena la visita con el doctor? Pregunto por la hora que es y porque no te he visto volver a casa –Parecía más una madre preocupada por su hijo.
- Oh si, la visita fue buena, justo ahora estábamos en un chequeo médico –Le habló mientras con su mano llevaba algunos de los mechones del cabello de Victor detrás de la oreja de este.
- … OH POR DIOS ESTABAN HACIENDOLO, LO SIENTO MUCHO –Gritó por el mismo teléfono, tan audible para Victor y Yuuri que estaban desde el otro lado del teléfono, ambos soltaron una gran risa.
- No, no me refería a eso –Continuo.- ¿Me perdí de mucho de la clase por ir a mi médico?
- No mucho, solo nos hizo un repaso de la materia y una típica charla de cómo conoció a su esposa –Yuuri pudo jurar que pudo imaginar la cara que debió poner Phichit en ese momento, rodando los ojos.- ¿Te quedaras con él o vendrás a casa?
- Tengo que ir a clase en dos horas, te veré en clases
- ¿Acaso no tienes internet en tu celular? Cancelaron las clases, mandaron un correo, salir de la primera clase fue un caos, los autos derrapaban fuera de la universidad; el cruzar al edificio fue realmente demoroso –Confesó en un suspiro.- Quédate con él, está muy peligroso andar en las calles. Hay al menos 4 accidentes de tránsito por culpa del mal clima y han cancelado el transporte público por peligros con la electricidad
- Por mi está bien –Se escuchó a Victor hablar y luego de eso un sonoro beso que causo más de un grito de parte del amigo del Tailandés.
Victor había besado el cuello del azabache sacándole un quejido más parecido a un gemido suave, por otra parte, Phichit se encontraba gritando emocionado por el teléfono.
- Victor, para –Le habló el menor a su novio para poder seguir hablando con su amigo por teléfono.
- Bueno, bueno, pero en verdad no es un problema que te quedes aquí –Le regaló una sonrisa.
- Me quedaré aquí, cuídate mucho, si ocurre algo llámame –Estaba preocupado por su amigo, después de todo era una de las personas más importantes en su vida.
- Lo haré, ahora ve con tu futuro esposo, yo los dejo tranquilos. ¡No se olviden de darme lindos nietos! – Les dijo emocionado, no le dio tiempo a su amigo para responder ya que había cortado la llamada inmediatamente.
Yuuri tiro el celular y se llevó sus manos a su rostro totalmente avergonzado, a veces su amigo podía ser muy inapropiado cuando se trataba de relaciones.
- Lo voy a matar cuando llegue a casa –Podía jurar que estaba rojo como un tomate, no quería ver a Victor a la cara por ningún motivo.
- Pero si serias un hermoso esposo –Comenzó a besar las manos del chico bajo de si para que las quitara y lo viera.- Tendríamos hijos muy lindos –Si fuera posible- sé que tendrían tus ojos y tu cabello, también tu piel, tu piel es perfecta –Seguía diciéndole.
- No digas eso, no soy así –Trataba de evitar la conversación.
Victor se detuvo y guardo silencio ¿Cómo era posible que ese ser tan perfecto no se diera cuenta de lo magnifico que era? ¿Cómo no era capaz de darse cuenta que quizás era el ser más perfecto existente?
- Me gustaría que pudieras verte a través de mis ojos, eres perfecto, no sé por qué te dices a ti mismo que no lo eres cuando cualquiera que te vea diría que eres lo más dulce que pueda existir, estoy seguro de ello –Habló desde su corazón el hombre de pelos plateados.
Yuuri se quitó las manos de su rostro mirándole, sinceramente no se esperó que él le dijera algo tan dulce ni menos que lo estuviera viendo de aquella forma tan dulce cuando volvió a encontrar su mirada con la de él.
- Victor… -Llevó sus brazos detrás de la nuca de este acercándolo y besándolo.- Eso lo sacaste de un libro
- Creo que lo he debido de haber leído en algún momento, pero en esta ocasión de verdad lo dije de corazón –Confesó.
Yuuri hizo una mueca, sacó su lengua y luego rio, sabía que lo decía de verdad pero le gustaba molestarlo. Victor luego de unos momentos se levantó para ir a la cocina, la hora pasaba y quería que Yuuri comiera algo.
El tener que criar a un hermano pequeño y vivir con el miedo de que alguien pudiera colocar algo en sus comidas y matarlos le había permitido perfeccionar sus habilidades culinarias, aunque al no cocinar siempre; muchas veces se olvidaba de colocar algunas especias o ingredientes terminando viendo videos de recetas en internet o en alguno de los libros de cocina que había comprado.
- Huele delicioso –Mencionó Yuuri entrando a la cocina con el abrigo de Victor puesto sobre sus hombros y los ojos entrecerrados.
- Gracias, hubieras continuado durmiendo, te puedo despertar cuando la comida este lista –Le habló mientras picaba algunas verduras en uno de los muebles de cocina.- Sé que no dormiste bien por esperar el vuelo, ve a dormir, puedes ir a mi cuarto
- E-Estoy bien así, de verdad –Se sonrojó al pensar en la idea de ir al cuarto del mayor.- Además te puedo ayudar, quiero ayudar
- No me harás caso ¿No es cierto?
- Estas en lo correcto –Se acercó hasta llegar hasta donde estaba el peli-plata y apoyo su rostro en la espalda de él.- ¿Qué puedo hacer?
- Quedarte de esta misma forma toda la vida –Se giró dejando el cuchillo al lado de la tabla de picar, abrazó por la cintura a su novio besándole.- Con que te quedes así a mi lado es más que suficiente
- Que apasionado, todo se ve con el tiempo –Sonrió ante el beso.- llevamos poco tiempo, aún queda mucho por delante Victor, necesito conocerte aún más
¨Como el que tengo que decirte que soy un vampiro¨
Aquella frase cruzo la cabeza del vampiro cuando escuchó las palabras de Yuuri, sin embargo prefirió ignorarlas y centrarse en la dulce expresión que tenía dibujada en el rostro la persona frente a él.
- Tienes que conocer a mi familia y yo a la tuya, tienes que conocerme más y yo a ti, todo será a su tiempo –Continuó esto último con un tono más suave para luego volverle a besar.
Se mantuvieron unos momentos así, algo tan normal pero a la vez tan cargado de emociones, de palabras, caricias y gestos llenos de amor. Se demoraron más de lo esperado en cocinar y todo debido a que Victor se mantenía molestando de vez en cuando a Yuuri, manchándolo en la cara con pocos de comida para luego él también recibir gestos así por parte del azabache.
Cocinaron entre jugarretas y cuando la comida tuvo que ser dejada para que se cociera ambos se mantuvieron correteando por la casa molestando con algún objeto que encontraban en su camino, Makkachin también se unió al juego.
Un ejemplo de lo que ambos tomaban para jugar era aquel cojín que Yuuri había recogido del suelo del living donde anteriormente habían estado durmiendo, al despertar habían dejado todo tirado y ninguno de los dos se dispuso a levantar alguno de los objetos regados en el suelo.
Aquel cojín ahora se mantenía entre las manos de Yuuri en forma de escudo y luego de arma contra Victor.
El cojín dio directo en la cara del mayor con tanta fuerza que lo hizo caer hacia atrás, el quejido de este fue lo que alarmó al japonés que se acercó rápidamente hasta él, se agacho y quitándole el cojín de en sima se dispuso a revisarlo, sin embargo esto era una trampa, Victor le tomó de la cintura y dándose la vuelta quedó sobre él.
- Te tengo –Le sonrió con una tierna sonrisa en forma de corazón.
- Tramposo, creí que te había pasado algo más –Hizo un puchero cruzando los brazos.
- Me gusta hacerte un poco de drama a veces, me encantan tus pucheros –Dejó caer su cuerpo lentamente sobre su novio y comenzó a besarlo por todo el rostro.
- V-Victor, no, que no, me da muchas cosquillas –Movía sus manos tratando de detener al chico sobre sí.
- Soy un ¨Doctor¨ Tengo que chequear la salud de mi paciente, tengo que ver si con estos besos su rostro se vuelve rojo, hasta ahora está pasando el examen –Le quitó los lentes a su novio y se los colocó para luego guiñarle un ojo.
Yuuri dio un respingo y llevó sus manos a su rostro, realmente se veía muy sexy de esa forma.
- Yuuri~ -Le llamó, y al no recibir respuesta se quitó los lentes y se dirigió al cuello de este rozando su nariz por todo el largo de este.
Un escalofrió recorrió el cuerpo del más joven, quito sus manos de su rostro y las llevó a los hombros de Victor, no se lo quitó de en sima, pero entre vergüenza y ganas de sentir a su novio movió su rostro dándole espacio a que el ruso pudiera estar un poco más cómodo en ese sector.
No necesitaban palabras, el gesto simplemente dejaba entrever lo que ambos querían, tampoco era como si Yuuri quisiera ir más lejos, pero si dejaría que su novio dejara algo importante en él.
Y así fue, luego de unos segundos en que Victor se dio el tiempo de disfrutar del aroma que desprendía el cuello de su novio, comenzó a dejar pequeños besos y por ultimo una única pero importante marca en el cuello de este. Era símbolo de que él era suyo y él mismo le pertenecía al japonés.
Victor tomó el rostro de Yuuri para que le viera a los ojos, estos tenían un brillo especial, algo tan hermoso y delicado que él poseía, ese chico era perfecto con todo su ser, su alma, sus acciones, su voz, su cuerpo.
- Te amo Yuuri –Susurró mientras tenía apoyada su frente con la del azabache.
- Y yo te amo a ti mi hermoso Vitya –Le sonrió, más aun cuando vio el rostro de su novio sorprendido.
- ¿Dónde aprendiste eso? Me encanta que me digas así –Se abrazó a este con suavidad, y era que, de alguna forma eso había calado lo más profundo de él, solo tres personas en su vida le han llamado así, sus padres y ahora él, era algo muy íntimo y ni siquiera su propio hermano le había llamado así.
- Estaba en internet buscando algo para unos trabajos y en unos de los libros que leía el personaje se llamaba Victor y de cariño le decían Vitya, suena lindo, como tú –Le regaló un cálido beso en los labios.
- зайчик мой – Hablo en su lengua materna, cosa que extraño al japonés, no sabía mucho ruso y esta vez no entendía lo que decía.
- ¿Qué significa? –Preguntó mirándole a los ojos.
- ¨My bunny¨, es una forma tierna en que llamas a tu pareja en Rusia, es como el equivalente a honey, terrón de azúcar, cosas así, es algo bastante meloso y dulce, también como tú –Yuuri se puso rojo y se abrazó con fuerza del cuello de Victor, ambos eran muy dulces entre ellos.
Yuuri no paraba de decirle ¨Te amo¨ a Victor, quien por su parte no le desagradaba, amaba que le dijera cuanto lo amaba y él, desde el fondo de su corazón amaba decirle y demostrarle cuan especial era.
El olor a comida posiblemente a punto de comenzar a quemarse los despertó de su trance de amor, ambos se levantaron rápidamente para alcanzar a apagar la cocina y evitar que todo lo que habían hecho se fuera a la basura.
Las horas pasaron, habían comido el almuerzo y se habían distraigo con películas, juegos y momentos entre mimos y palabras dulces; no era como si les aburriese estas así, estaban cómodos aun si no podían pisar la acera de las calles. Makkachin había estado alrededor de ellos en todo momento, aprovechando alguno que otro descuido de sus ahora amos, para robar pocos de comida.
El reloj había dado las diez de la noche y era hora para prepararse y comenzar a preparar la cena. Yuuri se giró para ver a su novio que le tenía tomada la mano mientras ambos estaban cubiertos por una manta de polar y el hermoso caniche en su regazo, en su mente trabajaba la forma de decirle que por la hora no había alcanzado a ir a comprar los ingredientes para la cena.
- Victor, sé que te había mencionado que iba a preparar la cena hoy, pero cuando salí se me hizo tarde y no alcancé a ir a comprar las cosas, si quieres podemos ir aquí cerca y comprar lo necesario, cuando veníamos vi una tienda a no más de dos cuadras de aquí –Le mencionó, la verdad tenía intenciones de salir por su amor a la lluvia pero también porque tenía en mente preparar su platillo preferido.
- ¿Uh? Si, cerca hay un mini mercado donde podemos ir a comprar lo necesario, tengo dos paraguas; pero de verdad no es necesario que cocine- -Fue interrumpido por aquel japonés que le tomó de las manos y le arrastró fuera del sofá.
-Con uno es suficiente lo podemos compartir –además es más romántico-, quiero que comas mi comida favorita, sé que te gustará –Estaba más emocionado de lo usual y era que esta vez lo prepararía para una persona especial, su pareja.
Victor no podía negarse a esa sonrisa, era su perdición después de todo. Ambos se dirigieron al perchero que estaba en la salida de su hogar y mientras Yuuri se colocaba Victor buscaba el paraguas en uno de los cajones cerca de la puerta de entrada.
- ¿Estás listo? –Preguntó mientras se agachaba a hacerle una última caricia a su perro antes de salir junto a su novio.
- Sí, estoy bien ¿Seguro de dejarlo aquí y que no venga con nosotros? –Le pregunto viendo cómo se aferraba a su perro.
-Está muy frío afuera, puede resfriarse y a sus años es algo bastante delicado, es mejor que se quede aquí con el calor de la casa –Luego de decir esto deposito un beso en la cabeza del caniche y tomando la mano de su novio abrió la puerta de su hogar.
El viento frío del exterior pegó directo en sus rostros causando una mueca por parte de ambos. Sin embargo nada los detuvo, se tomaron de las manos y comenzaron su camino hasta la tienda.
La lluvia caía y las calles se mantenían impasibles, a lo lejos se podían escuchar uno que otro auto pero predominaba el sonido de las gotas de lluvia golpeando el asfalto por sobre todo.
- Nunca imaginé que llegara a llover de esta forma –Mencionó el japonés mientras se apegaba más al cuerpo de Victor para no perder calor, habían momentos donde el viento soplaba tan fuerte que parecía que el paraguas saldría volando.
- En Rusia esto es algo normal, al igual que la nieve –Rio mientras llevaba su mano a la cintura de Yuuri aferrándolo.
- Si algún día voy, tendré que caminar con kilos de ropa en sima para no morir congelado –Dijo esto último entre risas.
- Conmigo no pasaras frio –Le habló de forma suave mientras depositaba un beso en la cabeza del chico.
Yuuri por su parte se sonrojo completamente, y es que, este malentendió y lo único que paso por su cabeza era que hablaba de algo más subido de tono.
- ¡V-Victor!
- ¿Hm? –Le miro, no entendía el porqué de su reacción, tuvo que pensarlo un poco antes de darse cuenta que el azabache creía que él mismo le había hablado de sexo.- Oh no, cariño no hablaba de eso –Se puso a reír, estaban tan metidos en su conversación que ni se dieron cuenta que ya habían llegado a la tienda.
Yuuri tenía ocultado su rostro entre sus manos mientras entraba, había quedado como un pervertido después de todo.
No demoraron más de diez minutos en comprar todo lo necesario, para ese rato ya el reloj daba cerca de las diez y media o quizás un poco más de la noche.
- Es como si por cada hora que pasa más intensa se vuelve la lluvia –Comentó el peli-plata mientras abría el paraguas.
Yuuri iba a responder pero en ese momento una ráfaga de viento hizo pedazos el paraguas que llevaban, ambos quedaron mirando lo que antes era la única salvación para que ambos no se empaparan con la lluvia, Victor comenzó a reír ante la situación mientras Yuuri soltaba un suspiro pesado.
- Bueno, tendremos que caminar rápido si no queremos mojarnos tanto –Le comentó tomándole de la mano.
- Te dije que era mejor traer dos –Le reprochó.
- No pensé que ocurriría esto –Hizo un puchero de esos que amaba tanto Victor.
Una idea se cruzó por la cabeza de Victor cuando habían comenzado a caminar a paso rápido hasta su hogar, detuvo el paso causando un tanto de sorpresa en Yuuri.
- ¿Qué ocurre? –Preguntó el azabache mientras se giraba para verle.
Victor se había detenido al comenzar a escuchar una canción conocida en la radio de la tienda donde habían ido a comprar a lo lejos, se le ocurrió la loca idea de ponerse a bailar en medio de la calle bajo la lluvia. No era tan loca la idea si tenían en cuenta que no había nadie en ellas.
- Bailemos –Le miro emocionado.
- ¿Qué? –Le miro extrañado.- ¿Estás loco?
- Si, mucho y por ti –Tomó las bolsas que tenía en las manos Yuuri y corrió a dejarlas en el borde de la acera y volvió corriendo a donde le esperaba expectante su novio.
- Victor, no –Le miro conociendo que cuando algo se le ponía en la cabeza a su pareja no se le quitaba hasta que lo hacía.
- Victor si –Le tomó de una de las manos y luego por la cintura.- Vamos, no hay nadie, de igual forma tendremos que llegar a casa y darnos un baño caliente
Yuuri suspiro resignado, de todos modos no podía negar que la idea le gustaba, más si era acompañada de una canción que hacía que su corazón latiera cada vez que pensaba con quien estaba.
La canción que sonaba de fondo era Thinking of Loud de Ed Sheeran, ambos no solo escuchaban música clásica, también habían ocasiones donde cambiaban un tanto su gusto musical.
Dejando de lado la vergüenza comenzaron a moverse a paso lento mientras la lluvia los envolvía en un manto mágico, sumado a la poca luz de las calles, lo solitario de estas y el trozo de luna que se asomaba entre las nubes como si quisiera averiguar qué cosas hacían ambos amantes.
Victor apoyó su frente en la de Yuuri mientras bailaban entre risas y caricias; Yuuri sintió como si su cuerpo hablara por si solo y comenzara a moverse, dar vueltas en un lugar para luego volver entre los brazos de su amado sin importarle el mundo, eran ellos dos en ese momento.
- Te amo tanto Yuuri –Susurró al oído de su pareja para que pudiera escuchar bien sus sentimientos entre todo el ruido que había a su alrededor.
- Y yo te amo a ti, Victor –Se sentía en su mundo, no, Victor era su mundo.
Y como si ellos causaran magia, a medida que bailaban el cielo comenzaba a despejarse, la lluvia comenzaba a detenerse y se comenzaban a ver las estrellas y la luna.
Ellos estaban bailando a la son de millones de estrellas
Cada una de ellas brillando para ellos
Sin embargo, para Victor solo había una que brillaba más que todas
Yuuri
La música comenzaba a llegar a su fin y ambos se miraron unos segundos, deteniéndose para poder perderse en su amor; acercaron sus rostros para besarse, el choque de sus labios, fríos por la lluvia pero con una tenue calidez creada por el roce de ambos era algo completamente sublime.
- Deberíamos de irnos ahora –Comentó en un suave susurro el menor mientras seguía besándole.
- Makkachin debe estar preocupado de que sus padres aun no lleguen –Le comentó entre risas, se separaron para ir a buscar las bolsas y luego volver a su hogar.
Ahora era su hogar, un hogar que entre amos crearon.
Después de todo, se conocieron de una forma bastante peculiar.
- Yuuri –Le llamó mientras caminaba tomado de la mano.
- ¿Si? –Le preguntó a la vez que se quitaba los lentes, no tenía con qué secarlos así que prefirió quitárselos.
- ¿Sabes? Hay una canción que me recuerda tanto a ti, al menos que siento que es tuya –Comenzó a hablar.- Cada vez que la escucho me hace pensar en ti
- ¿S-Si? –Preguntó un tanto avergonzado, la verdad que le dijeran algo así le llenaba de tantas emociones y estas lo confundían causando que no supiera que decir en realidad.
- Si, se llama Moonlight, sé que la conoces, es conocida –Le miró a los ojos.- Tu eres la luz de luna que ilumina mis noches, la que se cola por la ventana de mi habitación y no me hace sentir solo.
Yuuri pudo jurar que había dejado de respirar, que su corazón dejo de latir y que se iba a desplomar ahí mismo, sin embargo, su cuerpo seguía parado en el mismo punto de la acera donde hace unos momentos caminaban.
El cuerpo del joven habló por si solo y su corazón al estar cerca del contrario podía enviarle ondas a través de sus prendas al corazón de su novio para que pudiera sentir todo lo que estaba ocurriendo en su cuerpo y mente en ese momento.
Se abrazó del cuello de Victor para poder besarlo, tenían una diferencia de porte pero eso hacía que todo fuera un tanto más dulce, al menos eso pensaba Victor que se mantenía con una amplia sonrisa mientras lo besaba.
- Victor… Cuando lleguemos a casa quiero que me hagas el amor –Le habló por lo bajo mientras escondía su rostro en el pecho del mayor.
Victor clavó su mirada en su novio, que ahora avergonzado estaba ocultando su rostro entre las ropas húmedas que llevaba. El peli-plata tenía los ojos como plato por lo escuchado, sin embargo, dejando eso de lado se acercó besando la cabeza de él regalándole caricias y susurros para calmarlo.
- Esta bien, no te avergüences, mírame –Le llamó con la voz más suave que tenía, por que, dentro de sí estaba muriendo por llegar a casa.
Yuuri levantó su rostro y le miro entre lágrimas, sus mejillas estaban rojas y sus labios tiritaban. Victor tomó entre sus manos el rostro del japonés y comenzó a dejar besos por todo el rostro de él.
- Vamos a casa, no te olvides que vamos a hacer la cena, todo será con calma, no quiero que la persona que amo llegue y se sienta incomodo en algo tan especial –Su voz tenía un dejo de sensualidad y calidez, algo que solo avivaba más el deseo de ambos.
Yuuri asintió y volviendo a retomar el rumbo pudo sentir como Victor acariciaba su mano con el afán de calmarlo, puesto que, mientras más cerca estaban de casa más nervioso estaba el chico de risueña sonrisa.
Esa noche querían conocer el amor en su máximo esplendor, no querían algo simple, querían demostrarse entre ellos de una forma majestuosa como con caricias, palabras y besos podían decir palabras que no se conocían en un diccionario pero que el alma podía entender.
¡Hola! Mucho tiempo sin actualizar, lo lamento tanto... Pero la universidad ha estado complicada, tengo que hacer animaciones, informes y salir a grabar fuera de la ciudad por lo que me queda poco tiempo para escribir. Muchas veces llego a casa con la intención de escribir pero es tanto el cansancio que al final termino durmiendo.
Espero haya sido de su agrado este capítulo, quería que fuera un capítulo realmente meloso, de esos que te hacen vomitar corazones y creo que de alguna forma lo logré (?)
Quiero agradecer a quienes han dejado sus comentarios, me encanta leer las cosas que piensan, no duden en hacerlo. Gracias por todo y espero verlos pronto.
PDT: Estoy trabajando en una animación de una escena de este fic por mi carrera (¿Quién dijo que los homos no sirven para los trabajos de la u?) cuando lo termine adjuntaré mi trabajo aquí, bye 3
