LO QUE VEMOS...

Se sentía feliz. No había otra manera de describirlo y, aunque la hubiera, no le parecía importante pensar demasiado en ello. Por fin, desde hacía mucho tiempo volvía a ser completamente feliz. Era otra vez un niño, sin más preocupaciones que lograr que sus hermanos jugaran con él. De hecho, en ese mismo instante, estaba jugando con su hermano preferido, Conrad, así que podía decir que era plenamente feliz. No podía evitar sonreír mientras chocaban sus espadas de madera y corría detrás de él. Una vez estuvieron totalmente agotados, se sentaron bajo un árbol a descansar, agradeciendo la fresca brisa que soplaba en ese oportuno instante. Nada podía hacer aquel momento más perfecto.

- Wolf-chan, he traído unos dulces¿quieres?- le preguntó sonriente mientras le mostraba una bolsa llena de todas las clases de caramelos que podía imaginar. Bueno, ahora ya si que no podía mejorar más.

- ¡Conrad, eres el mejor!- Wolfram se abrazaba a su hermano. Juntos empezaron a devorar el contenido de la bolsa mientras disfrutaban simplemente estando juntos. Ningún sentimiento oscuro se alojaba en sus corazones. Ni miedo, ni culpa, solo amor puro y una felicidad que brillaba como los rayos del Sol. Wolfram deseaba poder vivir eternamente ese momento.

- ¡Oh, Yuu-chan!- De repente, Conrad empezó a llamar a alguien. Un niño que tendría más o menos la edad del rubio caminaba distraído por el campo, aparentemente perdido. El pequeño lo miró con sus curiosos ojos negros y sonrió abiertamente. Corriendo, llegó a donde estaban sentados Conrad y Wolfram. El pequeño demonio lo miraba curioso pues nunca había visto a un niño con el pelo y los ojos negros; sin embargo, Yuri no parecía siquiera haber notado su presencia y tan solo tenía ojos para Conrad. En cuanto llegó se sentó a su lado, sonriéndole, hablándole y... acaparando toda su atención. Cuando Wolf quiso darse cuenta, Yuri le había quitado la bolsa de golosinas y la estaba compartiendo con Conrad, a quién estaba abrazado. Dándose cuenta de esto, el pequeño rubio decidió que no podía tolerar semejante comportamiento.

- ¡Devuélveme mis caramelos! – gritó mientras, de un salto, se abalanzó encima de él. Por supuesto, Yuri no iba a ceder tan fácilmente, y en seguida se vieron envueltos en una pelea de niños, revolcándose y tirándose del pelo, sin soltar ninguno de los dos la bolsa. Conrad intentaba separarlos como podía pero, a pesar de que era mucho más alto y fuerte que ellos, era como intentar separar a dos gatos enzarzados en una pelea.

- Vamos Wolfram déjalo, son solo caramelos, te traeré más luego.

- ¡NO¡Estos caramelos son míos!

- Venga Wolfram, despierta.

- ¿Eh? – Eso no tenía sentido. Pero al fijarse mejor en sus alrededores vio que Yuri ya no estaba y que la bolsa de caramelos era suya. Conrad le abrazaba y le susurraba esas extrañas palabras al oído. Solo que ese Conrad no era el Conrad de su infancia, sino el Conrad adulto. Pero esto no le importaba, simplemente cerró los ojos y se dejó embriagar por el calor y el aroma de su hermano mayor.

- Vamos Wolfram, el desayuno ya está listo.- Aunque había algo que le molestaba¿por qué era tan fría su voz? Normalmente podía hacerle sentir calor en pleno invierno con solo hablarle... ¿por qué ahora lo trataba así? Tenía que saberlo. Poco a poco, abrió los ojos...

Los rayos del Sol le impactaron directamente en ellos y tuvo que cerrarlos deprisa. Cuando consiguió acostumbrarse un poco, volvió a abrirlos y examinó la habitación en la que se encontraba. Nunca había despertado allí antes... claro, ahora lo recordaba, esa era la habitación del Maou. Había entrado en ella a hurtadillas y se había metido en su cama. Jamás olvidaría la cara que puso cuando lo encontró allí, casi desnudo, esperándole.

- Su Majestad ya ha bajado al comedor, no deberías de hacerle esperar.- Y sin darle tiempo a Wolf a digerir sus palabras, se fue. Normalmente Conrad era muy amable, siempre con una sonrisa en los labios y nunca decía otra cosa que no fuera exactamente lo que necesitabas oír. En cambio, esa mañana su tono había sido frío y cortante, sin ningún gesto que pudiera suavizarlo. Maldición, estaban solos y ni siquiera se había dignado a darle un abrazo. "¿Qué diablos le habrá pasado?". En cuanto consiguiera quedarse un minuto a solas con él le preguntaría, pero hasta entonces tenía muchas cosas que hacer... y tendría que hacerlas por mucho que quisiera aclarar todo con Conrad cuanto antes. Aún así, no pudo evitar pasar toda la mañana pensando en ello... ¿quién se creía que era para tratarlo así, sin darle ninguna explicación?

Conrad apreciaba a Yuuri. De verdad lo hacía, por muy diversas razones. Por una parte, poseía el alma de su gran amiga Julia. Por supuesto, también le ayudaba el hecho de que era el Maou que había devuelto las esperanzas a su país. Pero, ante todo, Yuri era un buen chico, y por eso lo apreciaba tanto. A pesar del cariño que sentía por el muchacho, no podía obviar el hecho de que, muy en su interior, también lo odiaba. Era un sentimiento fuerte y casi irracional, y se sentía horrible por odiar al pobre chico quién, después de todo, no había hecho nada. Sabía por qué le odiaba, tan bien como sabía por que lo apreciaba: Yuri podía tener fácilmente aquello con lo que él ni siquiera se había atrevido a soñar. Con solo un chasqueo de dedos, Wolfram sería suyo para siempre, sin que importara lo más mínimo lo que Conrad sintiera. Lo único que no sabía era que le enfadaba más: que despreciara la oportunidad de hacer al joven rubio suyo o la posibilidad de que, en cualquier momento, pudiera arrebatárselo para siempre. Con todo esto rondando siempre por su mente, le resultaba muy difícil encarar a Yuri. Mientras entrenaban, jugaban al béisbol o le ayudaba con sus problemas, Conrad tenía que luchar para que su sonrisa no flaqueara, para que nada en él mostrara sus sentimientos contradictorios hacia el rey. Después de tanto tiempo fingiendo esa misma sonrisa, ni siquiera tenía que esforzarse para esbozarla en su rostro cada vez que lo necesitaba. Pero Yuri insistía en pasar tanto tiempo con él que, a veces, temía cansarse y mostrarle su verdadero rostro. Ahora era uno de esos momentos. Tras haberle acompañado en su entrenamiento matutino, le había insistido (o más bien suplicado) en que fuera con él a practicar unos cuantos lanzamientos. El hecho de que Yuri hubiera elegido un lugar tan alejado del castillo le hacía sospechar que tenía algo que ver con Günter y ciertas lecciones de historia. Había perdido totalmente la noción del paso del tiempo, pero no le extrañaría que llevaran ya horas pasándose la pelota y hablando de todo y nada. Realmente no le importaba demasiado, después de todo no tenía nada que hacer y había conseguido distraerle de sus preocupaciones, aunque el propio muchacho fuera parte de ellas. Al menos había conseguido mirarle a la cara todo ese tiempo sin pensar en Wolfram.

- ¡Conrad, cuidado! – Pero la advertencia le llegó demasiado tarde. Para cuando regresó al mundo real lo único que pudo hacer fue ver como la pelota le impactaba en la frente, tumbándolo en el suelo. ¿Por qué diablos esa mañana tenía tanta tendencia a estar en las nubes? – ¡Lo siento, Conrad, tenía que haberte avisado! – En seguida Yuri estaba encima de él, mirando la herida para asegurarse de que no era nada grave. Por supuesto, Yuri solo quería asegurarse de que su padrino estaba bien, pero estaba tan cerca de él…

De repente se vieron interrumpidos por el estruendo de un grupo de caballos acercándose a ellos. En pocos minutos vieron a los soldados de uniformes azules que montaban en ellos, mientras se dirigían al castillo a paso ligero: el escuadrón de Wolfram. El joven rubio simplemente los ignoró, siguiendo su camino sin dirigirles siquiera una mirada. Tan rápido como llegaron, se fueron, y a los pocos minutos ya ni se les oía. Lo que Conrad no había visto, fue la mirada fulminante que les dirigió su hermano pequeño.

- Conrad¿estás bien? – Yuri le preguntó con cierto tono de preocupación en la voz. La mente de Conrad había abandonado durante unos minutos su cuerpo para perseguir al joven soldado que le quitaba el sueño. Al volver volvía a ser consciente de su situación: Yuri estaba casi encima de él, mirándole con sus ojos negros… y no podría soportarlo durante mucho tiempo.

- Disculpe, Majestad, pero tengo cosas que hacer.- Sin esperar ni un segundo se marchó tan rápido como pudo, dejando tras de su a un desconcertado Yuri.

- ¿Qué diablos le pasa hoy a todo el mundo?- Primero Wolfram había pasado junto a ellos y solo se había detenido a fulminarlo con la mirada, cuando normalmente habría bajado de un salto de su caballo para llamarlo "enclenque" y acusarlo de "engañarle". Encima ahora Conrad simplemente desaparecía de repente sin razón alguna. ¿Qué le faltaba por ver¿A Gwendal haciendo punto? La sola idea le daba escalofríos por alguna razón.

La noche estaba ya muy avanzada cuando Conrad regresó a su habitación. Estaba totalmente agotado y tan solo quería dejarse caer sobre su cama y dormir. En parte por eso le irritó tanto encontrarse a Wolfram sentado sobre ella, con su uniforme puesto y esperando pacientemente. Wolfram nunca esperaba pacientemente, lo que le hizo preguntarse para qué quería verlo tan desesperadamente. Cerró la puerta y se quedó allí, de pie, mirándole. Cuando finalmente el rubio decidió mirarle a la cara, sus ojos estaban llenos de reproche. Claramente le estaban gritando: "¡esta vez si me has hecho enfadar de verdad, Weller!". Por un momento Conrad intentó pensar que había hecho para merecer esa mirada, cuando de repente volvió a su mente la imagen de su hermano durmiendo en la misma cama que Su Majestad. Sin poder contenerse más ante ese recuerdo, sus ojos también fulminaron al jover rubio. Sus miradas luchaban entre sí, marrón contra verde. Sin previo aviso y sin romper el contacto visual, Wolfram se levantó y caminó hacía él rápidamente. Con rabia, le agarró por las solapas de su chaqueta.

- ¡Conrad tú…¡¿Cómo te atreves a engañarme?! – Jamás en toda su vida lo había visto tan furioso como en ese momento. Sin embargo, Conrad también sentía la ira en su interior, y lo estaba volviendo loco hasta el punto de no ser ni capaz de controlar sus palabras.

- ¡¿Tú me acusas de engañarme, cuando eres tú quién se a prometido con otro¡Tú eres quién pasa las noches con otro hombre! – Más tarde, pensaría en sus palabras y descubriría lo injusto que había sido. Se avergonzaría de dejar que sus celos enfermizos le hubieran controlado por completo. Ahora simplemente sentía el fuego de su cólera correr por sus venas. La expresión de Wolfram, aparte de rabia, mostró durante un momento lo traicionado que se sintió ante sus palabras.

- ¡Si realmente crees que me acuesto con Yuri ni siquiera debería estar aquí! – Y pasando por su lado se marchó dando uno de sus célebres portazos. Por pura rabia, Conrad golpeó con todas sus fuerzas la pared más cercana. Eso iba a dolerle más tarde pero, ahora mismo, el único dolor que lo estaba volviendo loco era el de su corazón.