Hola! Aquí estoy otra vez, dad gracias a mis musas y a ciertas personas que van a colocar mi cabeza en una pica si no actualizo. Fuera bromas, muchas, muchísimas gracias por todos vuestros comentarios y vuestro apoyo, o sabéis lo feliz que me hacéis al leeros y ver que os está gustando la historia, casi tanto como a mi escribirla para vosotros, no tengo palabras para expresar como me hacéis sentir.
Como cada día quiero detenerme un momentito en agradecer a esas personitas especiales que hacen que mis días sean maravillosos por tenerlas a mi lado. A Sara porque conocerla ha marcado un antes y un después, he ganado una hermana con ella, a Andy porque sé que no va a dejarme caer y, si lo hago, estará a mi lado para recogerme, a Leti por escuchar día a día sin juzgar y demostrarme que la familia no la une solo la sangre, a mis niñas del #Squad Yure y Zori porque ya no imagino mis días sin fangirlear con ellas cual posesa, a Natalia porque es una amiga maravillosa, a mis hijas adoptivas Jenny y Sylvia porque de verdad no las puedo querer más y a todas mis chicas del whatsapp, Ana, María, Marta, Erika, Irene, Manuela, Alex, Mis chicos favoritos Fran y Pascu y a todas las del grupo Swanqueen que durante años me han acompañado día tras día en mis aventuras. A todos ellos gracias de corazón por formar parte de mi vida y hacerla cada día un poquito mejor.
Sin más recordar que los personajes, por mucho que me duela, no me pertenecen.
Disfrutad de la lectura, mañana más y mejor!
CAPÍTULO 7
Estaba nerviosa, llevaba días dándole vueltas a todo y nada y al final una única idea poblaba mi menta, una necesidad imperiosa que no sabía cómo definir, necesitaba sentir a Emma, sentirla en un nivel mucho más intimo que algunos besos robados para entender cuan profundo había arraigado dentro de mí.
Quizás, de saber mis intenciones, el mundo juzgaría… Voy deprisa, apenas la conozco y sé pinceladas de su vida, quizás me tachasen de loca mas yo sabía lo que quería, lo que necesitaba… Quería que los te quiero estallasen en mis labios, quería vivir la vida como Emma me estaba enseñando a hacerlo, quería ser niña y mujer a su lado, necesitaba perderme en el azul de sus ojos y sentir que todos mis tropiezos habían tenido un sentido, una meta, llegar a ella y dejarme envolver por su carisma, su sonrisa, su aroma a canela, dejar que cambiase una a una mis rutinas, que rompiese con mis barreras… Necesitaba tanto dejarme querer por alguien como Emma que estaba lista, convencida de que dar el siguiente paso pondría todo en su lugar, como en un maravilloso libro de cuentos, encontrar junto a ella mi felicidad.
La cité en mi casa con las ideas demasiado claras, necesitaba hogar, intimidad, que nuestras manos encajasen en un gesto cotidiano del que ya no podría prescindir. Observarla degustar mi lasaña con los ojos brillantes y esa eterna sonrisa en sus labios llenó mi pecho de calor, de orgullo… Sin duda no había invitada más agradecida que Emma, la velada junto a ella me transportó a una burbuja de calidez, de seguridad, reafirmando mi convicción, necesitaba a Emma, necesitaba que se perdiese entre mis sábanas, que sus manos descubriesen rincones prohibidos y sus labios encendiesen mi alma. Me puse nerviosa, yo nunca había sido así, nunca había sentido tanto por alguien a quien no conocía… Le ofrecí sidra, en parte para poder alejarme unos instantes y respirar, también porque sabía que el alcohol quemando en mis venas me daría el impulso necesario para verbalizar mis anhelos.
Bebimos en silencio, con mis ojos perdidos en su perfil perfecto, en su piel blanca cubierta por pequeñas pecas apenas perceptibles, en sus labios rosados que me invitaban a besarlos…
Con los vasos vacíos sobre la mesa nuestros ojos se encontraron unos instantes, antes de que los suyos bajasen a mis labios con la clara intención de acercarse a besarlos cuando las palabras salieron sin poder detenerlas.
-Emma, quiero que te quedes, que pases la noche aquí conmigo.
Silencio, mortífero y helado entre nosotras, mientras Emma se quedó bloqueada unos instantes con los labios entreabiertos, mirándome sin terminar de entender mis palabras, hasta que finalmente soltó un suspiro y empezó a tantear sus bolsillos hasta dar con lo que buscaba, su cajetilla de tabaco.
-¿Puedo fumar?
-Claro, espera que te busco algo para la ceniza.
-No hace falta, saldré al balcón.
-Bueno, como desees.
Ella se levantó y yo la seguí, saliendo ambas al balcón donde encendió uno de sus cigarrillos, aspirando el humo lentamente y dejándolo escapar como vaho de entre sus labios, con la mirada perdida en el tráfico que, lejano, pasaba a nuestros pies.
Fumaba y yo la observaba, con los nervios devorando mi estómago y esperando una respuesta que parecía no querer llevar. Finalmente y haciendo gala de mi impaciencia natural, agarré su hombro obligándola a mirarme, sus ojos, antes cálidos y llenos de vida, se presentaron ante mi cargados de tormento.
-Emma, lo siento si me extralimité, no quería hacerte sentir incómoda
Ella no respondió, sus ojos perdidos más allá del balcón, observando las pocas estrellas que la contaminación lumínica nos dejaba ver… Poco a poco fue consumiendo su cigarro y con el mis propias ilusiones hasta que, finalmente, lo lanzó al vacío con un suspiro mirándome una vez más.
Supongo que en esos instantes debió leer en mi mirada mi tormento porque, suavemente, acarició mi rostro con tanta ternura que me estremeció por completo, sujetándome por la cintura mientras unía nuestros labios en un beso tan amargo como necesario.
Sabía a ceniza, a tristeza infinita, a dolor… su toque tan suave, cargado de misterios sin resolver, de sentimientos a flor de piel… Por primera vez desde que Emma Swan se había cruzado en mi vida me permití pensar que quizás yo no era la única que se sentía rota de las dos.
Se separó de mi, su rostro serio por primera vez desde que la conocí, me observó unos instantes mientras me abrazaba por la cintura, buscando mi contacto, penando qué decir, cómo responder, mientras tímidamente apoyaba su frente en la mía.
-Es…Algo pronto Regina
-Bueno, contigo siempre ha sido todo o nada Emma, yo no creo que sea pronto, pienso que por alguna razón estabas en ese puente y, por locura que parezca, fue la misma razón que me empujó a buscarte después de esa noche.
-Yo no duermo en casa de nadie Regina… Nunca
-¿Por qué no?
-Por motivos personales
Nuevamente bailó el silencio entre nosotras. Emma no me soltaba, no apartaba de mi su mirada mientras yo no dejaba de darle vueltas a sus palabras y al hecho de que en ningún momento me había parado a pensar en las inquietudes de Emma, demasiado cegada por las mías.
Ella no dejaba de observarme, mordiendo su labio inferior y en su mirada aguamarina una batalla entre sus anhelos y su razón.
-Es importante para ti ¿verdad?
-Bueno… Sí pero no es más importante que tu bienestar, puedo esperarte Emma.
Ella no dijo nada, sus labios buscaron los míos una vez más, su beso arrasó mi interior como solo ella era capaz de hacer y entonces supe que había tomado una decisión y no pude evitar sonreír.
No hubo palabras, no eran necesarias, entre besos la fui guiando a mi habitación, tanteándola, acariciando su piel por debajo de la camiseta, gimiendo en sus labios cuando eran sus manos las que se aventuraban más allá de la tela.
Durante unos instantes tomamos aliento, observándonos entre jadeos, con las mejillas encendidas y el corazón desbocado en el pecho cuando, delicadamente, me tumbó sobre el colchón sin dejar de mirarme, de gritarme con sus orbes aguamarina que yo era la mujer más hermosa del mundo, que yo era perfecta porque ella me veía así.
Sobraba la ropa, escapaban los gemidos mientras sus labios recorrían mi piel, mientras me acariciaba con las yemas de sus dedos tan lentamente que creí morir. Las prendas fueron cayendo, sintiendo por primera vez su piel caliente contra la mía sin barrera y sin frenos. Entonces supe que no solo había desnudado mi cuero ante ella, que mi alma entera estaba en sus manos, que el amor platónico que creía sentir se volvió físico con cada roce, cada caricia, cada beso, con la ternura que ponía en sus gestos…
Me entregué por completo a la pasión desgarradora que nacía en mi interior solo con mirarla a los ojos.
Sus húmedos besos recorrieron mi cuerpo acelerando mis latidos, cortando mi aliento, erizando mi piel y arrancándome suspiros, mis uñas marcaban su espalda cada vez que sentía sus dientes en mi piel, devorándome como si yo fuese un manjar exquisito. Ella fue bajando y mis manos se enredaron en sus sedosos cabellos, guiándola ahí donde tanto la necesitaba mientras ella me torturaba, besando y mordiendo mi piel, evitando adrede mi centro completamente expuesto y húmedo, necesitado de sus cálidas atenciones.
Grité, no pude evitarlo, cuando su lengua se perdió en mis pliegues, haciéndome el amor de una manera exquisita, con la ternura y la pasión arrolladora que caracterizaba a Emma Swan. Gotas de sudor perlaban mi cuerpo a medida que aceleraba o ralentizaba sus atenciones sobre mí, mis gemidos se volvían gritos cuando sus dedos acompañaban a su legua llevándome al límite una y otra vez.
No quería estallar tan pronto pero ella no me dejó opción, un gemido ronco escapó de mis labios y su nombre, como una mantra mientras mi cuerpo se tensaba y liberaba todo mi placer con una descarga eléctrica que me recorrió, tensando todos mis músculos y apretando los dedos de Emma en mi interior.
Poco a poco mi aliento volvió, mi cuerpo se relajó liberándola y ella, entre besos, subió a mis labios, degustándolos con ternura haciéndome gemir al reconocer en ellos mi propio sabor.
Antes de perder por completo la capacidad de raciocinio, la agarré tumbándola provocándole una bella risa al colocarme sobre ella, gimiendo sin poder evitarlo al constatar lo húmeda que estaba sabiendo que yo era la causante de semejante excitación.
Nuestras miradas se encontraron y mis manos tomaron vida propia, recorriéndola, memorizándola, poniendo nombre a mis ilusiones y anhelos, a esos te quiero que crecían en mis labios y aun no me veía capaz de liberar.
La besé, intentando demostrarle con mi beso cuán importante era para mí, nuestras lenguas entraron en combate mientras mi mano recorría su piel buscando esa húmeda zona que necesitaba mi atención.
La acaricié con cuidado, sin saber muy bien qué estaba haciendo más guiándome por los gemidos que se escapaban de sus labios. Entré en ella, maravillada por todo cuanto podía provocarse simplemente acariciándola, mis labios probaban sin cansarse su salda piel, deteniéndose en sus pezones erectos, mordiéndolos y deleitándome con sus gritos, con sus uñas en mi espalda, sus manos en mi pelo.
Descubrí que si mordía su cuello no podía ocultar sus gritos de placer, que variar la velocidad de mis embestidas aumentaba sus gemidos… Poco a poco fui descubriéndola, provocando en ella gritos y jadeos que me enloquecían hasta que su cuerpo se tensó, atrapándome en su interior mientras me abrazaba con fuerza y mordía mi hombro dejándose llevar por el intenso clímax que estaba sintiendo.
Caímos las dos, arrastradas por la pasión desenfrenada del momento, tumbadas entre jadeos sobre el colchón. Su cuerpo enredado en el mío y nuestros corazones desbocados mientras intentábamos recuperar el control.
Ella me miraba a los ojos, recuperando el aliento y sin soltarme, buscando mi piel, mi cercanía, como si yo fuese un sueño y ella temiese despertar y perderme. Acaricié lentamente su rostro, regalándole una sonrisa cansada. Para finalmente romper el silencio susurrando sin poder evitarlo.
-¿Te quedas conmigo? ¿Romperías tus normas Emma?
Ansiosa, espere su respuesta, sabiendo que una negativa me destrozaría. Ella me miró, analizando en su mente qué respuesta debía dar, hasta que simplemente cogió la sábana que había quedado hecha un desastre, arrugada y tirada por el suelo de cualquier forma, cubriendo nuestros cuerpos, suspiró mientras yo, sin poder ocultar mi alegría, me acomodaba en sus brazos. Besó mi cabeza con cariño llenando mi alma de una ternura infinita y simplemente susurró.
-Buenas noches Regina.
Yo aun no lo sabía, pero esa noche descubriría que no todo era luz y color en la vida de Emma Swan, esa noche descubriría que, cuando caía la noche, la cubrían las más temibles pesadillas.
