Capítulo 7
-¡¿QUIÉN FUE?! ¡¿QUIÉN ES EL RESPONSABLE POR EL ENCUENTRO QUE ACABA DE TERMINAR?! -grité a todo pulmón al cruzar las enormes puertas del Instituto de Guerra.
-Señor, le pido que modere su voz dentro de… -dijo uno de los guardias de la entrada, tratando de controlar la situación.
-¡Demando hablar con los Invocadores a cargo en este instante, y no me tranquilizaré hasta haberles gritado lo que pienso de sus estúpidas peleas arregladas para acabar con mi-!
-¡Soren! -una exclamación desde la parte superior de la escalinata frente a mí llamó mi atención. Era una voz conocida, pero mi enojo no me permitía ponerle nombre.
La voz era de un hombre en sus treinta años, de piel blanca, cabello castaño corto y vistiendo una túnica morada con costuras y bordados dorados, atuendo clásico de los Invocadores, que bajaba lentamente los peldaños. Su figura, aunque de estatura promedio, revelaba una presencia noble pero intimidante, lo suficiente para distraerme de mi enojo.
-¿Quién te crees para entrar a este Instituto y crear semejante escena? El solo hecho de ser un Campeón no te da derecho a entrar en donde te plazca y gritar como un animal rabioso ante la menor provocación. -Su voz retumbaba por todo el vestíbulo y me hizo consciente de mi posición, aunque por alguna razón también alimentaba la ira dentro de mí.
-¿Hmm? ¿Qué es esa cara de confusión? ¿Acaso no me reconoces? No cabe duda de que tu cabeza está vacía, aunque eso explica el eco que escucho dentro de ella.
-Espera, reconozco ese tono y esas burlas. ¿Acaso eres…?
-Edward Baltimore, Invocador de primera clase del Instituto de Guerra, participante de los enfrentamientos en la Grieta del Invocador y tu Invocador, Soren -respondió, con una sonrisa de satisfacción ante mi cara de sorpresa.
-Y-yo pensaba que tú eras… -farfullé mientras mi cerebro por fin le ponía un rostro a la voz que tanto había resonado en mi mente los últimos dos días.
-¿Más viejo? ¿Menos atractivo? ¿Maquillado de blanco y con un disfraz de payaso, como tu imagen mental de mí me reveló? Ahora puedes ver que la realidad es, a veces, mucho mejor que la ficción. -dijo Edward, con un tono de petulancia.
Algo irritado tras su presentación, pero más calmado de como había llegado, empecé a subir la escalinata en dirección al Invocador.
-Bueno, si tú eres mi Invocador, entonces debes ser parte del grupo de personas que decidieron montar ese teatro barato que llamaron encuentro el día de hoy -exclamé mientras subía, tratando de tomar las riendas de la conversación.
-Me temo que no es así Soren. Al igual que a ti, se me informó ayer, a última hora, que participaríamos en un nuevo encuentro el día de hoy, algo que no había ocurrido con algún otro nuevo Campeón en la historia de la Liga, y algo en verdad…
-"Peculiar", sí sí, lo sé. El enano que me dio la noticia dijo lo mismo. -interrumpí, evitando que desviará el tema. -Pero entonces, ¿quién está a cargo de decidir ese tipo de cosas?
-Esos seríamos nosotros, Protector del Portal.
Un grupo de Invocadores, todos vestidos con la misma túnica que Edward, pero con bordados más extravagantes y una capucha que ocultaba sus rasgos, bajaban desde la parte superior de la escalinata. Al frente iba un hombre de mediana edad de pelo blanco y barba recortada, con la más ostentosa túnica de todos. Su aura emitía un aire de excelencia y superioridad que empequeñecía a todos a su alrededor hasta el punto donde se sentía casi como una fuerza mágica atrajera tu atención.
Al verlos acercarse Edward se agachó e hincó una rodilla, al igual que el resto del vestíbulo, lo que me impulsó a lentamente hacer lo mismo antes de que el líder de los Invocadores hiciera un gesto para detenerme.
-No hay necesidad de que se arrodillen. Todos, levántense por favor -dijo, con una leve sonrisa en su rostro.
La sala se puso vuelta de pie, pero su atención estaba fija en nosotros, lo que, aunado con la presión del recién llegado, me puso aún más nervioso que en mi primera batalla en la Grieta.
-Ahora, Invocador Edward, ¿a qué se debe todo este altercado en la entrada del Instituto? Sus voces se podían escuchar hasta Ionia -dijo el Invocador, con un tono de seriedad en su voz.
-Lamento el escándalo su eminencia. Es un simple malentendido con el Campeón Soren respecto a su participación en el enfrentamiento en los Campos de la Justicia que ocurrió el día de hoy, nada de que preocuparse -respondió Edward, su tono pomposo reemplazado por uno completamente solemne ante el hombre frente a él.
-¿Y se podría saber qué problema encontró con su batalla del día de hoy, señor Soren? -dijo, esta vez dirigiéndose a mí, lo que empujó mi nerviosismo a nuevas alturas.
-N-no s-s-eñor, no hubo pr-proble- bueno, más bien son como dudas pero nada de que preocuparse en realidad porque yohhg -me había atragantado con mi propia lengua y comencé a toser, tratando de recuperar mi compostura.
-Tranquilo Soren, una palabra a la vez. Y estoy seguro de que simples dudas no fueron la razón por la que irrumpió aquí gritando con todas sus fuerzas, así que trate de ser sincero conmigo -dijo el Invocador con un gesto tranquilizador en su cara que me ayudó a relajarme.
-Sí, perdón por eso -mascullé, antes de recobrar mi postura y tratar de poner mis ideas en orden. -El día de hoy me enfrenté a Caitlyn, Sheriff de Piltover, que el día de ayer fue mi compañera de equipo y tuvo la amabilidad de mostrarme la ciudad alrededor del Instituto, y a Kassadin, el Caminante del Vacio, con el que tuve un encuentro muy cercano a media batalla con circunstancias muy extrañas. Verá, yo tengo la habilidad de…
-Estoy al tanto de sus poderes Soren, no hay necesidad de explicármelos -interrumpió el Invocador. -Aún más, también conozco sobre su pelea con Kassadin y le puedo asegurar que las estamos investigando para saber qué ocurrió y qué acciones debemos tomar al respecto dentro de los Campos de la Justicia.
-¿Y sobre lo de Cai-?
-Y respecto a su situación con la señorita Caitlyn -continúo el Invocador después de mi interrupción -temo decirle que tendrá que acostumbrarse a que anteriores aliados se vuelvan enemigos de un encuentro a otro dentro de la Liga y viceversa. Tenemos un número limitado de Campeones y nacionalidades, afiliaciones o amistades no se toman en cuenta en la mayoría de las batallas dentro del Instituto. Familiares, amigos y parejas muchas veces se encuentran en bandos opuestos y se espera que cumplan con sus responsabilidades como Campeones cuando se les pide, y usted no es ninguna excepción. Cabe recalcar que la participación de Caitlyn en el enfrentamiento de hoy se debe simplemente a que era el tirador más a la mano para nosotros, y un excelente oponente para sacar lo mejor de nuevos integrantes como usted.
Aunque sus respuestas me molestaban, no tenía argumentos para responderle, y poco a poco mi enojo se iba reemplazando con vergüenza ante mi comportamiento tanto dentro de la Grieta como al haber causado tantos problemas por algo tan simple.
-Ya veo -dije, mientras bajaba mi cabeza en resignación. -Lamento mucho haberlos molestado, supongo que todavía no me acostumbro a todo esto de ser un Campeón.
-No se preocupe, eso vendrá con el tiempo. Además, usted no es el primero y ni el último nuevo Campeón en causarle problemas a los Invocadores. Si supiera lo que estos pasillos han visto, se daría cuenta que esto no fue más que un día más en la vida del Instituto de Guerra. Solo trate de no hacerlo algo habitual, ¿ok? -dijo el Invocador, con un semblante más relajado que en su primer sermón. -Vaya, ¿dónde están mis modales? Estoy predicándole sin siquiera haberme introducido. Mi nombre es Moswen Iusvortis[CSP1] , Invocador Superior y líder del Instituto de Guerra.
-Mucho gusto. Soren, Protector del Portal -dije mientras hacía una reverencia para ocultar mi asombro al estar frente al jefe de todos los Invocadores. Sorprendentemente, Moswen estiró su mano para estrechar la mía, gesto que devolví sin saber cómo sentirme con un saludo tan casual de su parte.
-Soren Rustshard, si no me equivoco.
La mención del apellido envió un escalofrío por mi espalda, pero traté de mantener mi postura.
-Yo… ya no me manejo por ese nombre -mi voz revelaba mi incomodidad, y tanto Moswen como Edward lo captaron enseguida.
-Lamento haber traído memorias pesadas con ese nombre. Solamente Soren entonces -dijo Moswen, tratando de aligerar la atmósfera.
-Gracias. Bueno, fue un placer conocerlos, perdón por el alboroto señor Moswen, y Edward…
-Nos vemos en los Campos de la Justicia, Soren -respondió él, con una pomposa sonrisa como la que había mostrado antes de la llegada de Moswen.
-Eso espero.
Con una última reverencia ante todos los Invocadores, me di la vuelta y comencé a bajar la escalinata. El silencio dejado por nuestra conversación se vio reemplazado por el cuchicheo de todos los que habían presenciado la escena, la mitad observando a los Invocadores y la otra con sus ojos sobre mí. Pero al llegar al último peldaño, noté la mirada de una persona sobre las demás; la última persona que hubiera querido que escuchara lo que acababa de ocurrir.
-Caitlyn…
INTERLUDIO 01
Observé como Soren bajaba hasta llegar al vestíbulo, y allí se encontró con la recién llegada Caitlyn. Se observaron unos segundos hasta que Soren decidió acercarse, sin duda para preguntarle cuánto tiempo llevaba allí y muy probablemente disculparse por una u otra cosa.
-Parece ser que nuestro nuevo Campeón acaba de saltar de la sartén para caer en la flama, jo jo. Ah, las dulces contrariedades de la juventud -dijo jubiloso Moswen, observando cómo Soren trataba y fallaba de mantener su poca compostura frente a Caitlyn.
-Usted no es tan viejo como para ese tipo de comentarios su eminencia, si me permite decirlo -dije distraídamente mientras procesaba cómo plantearle mis pensamientos sin sonar irrespetuoso.
-Y usted no pierde esa mala maña de disculparse después de hacer las cosas. Y aunque tal vez no sea tan viejo, tampoco estoy en la flor de la juventud como esos dos y usted, Edward. Con la edad viene la experiencia, con la experiencia, el conocimiento, y con el conocimiento viene la intranquilidad y la pesadumbre -dijo Moswen con un tono solemne, como si hubiera impartido ese discurso cientos de veces. -La única constante de la vida son los problemas, y estos, por desgracia, solo se complican más con el paso del tiempo. Se comienza con simples asuntos del corazón, banales en naturaleza, para ser reemplazados por las complejas interrogantes del ser ante la sociedad, que a su vez tienen su espacio ocupado por aterradoras incógnitas del valor propio ante un mundo necesitado en constante expansión.
-¿Y en qué etapa se encuentra en este momento su eminencia? -dije con curiosidad, tratando de leer entre líneas para entrever las motivaciones del nuevo Invocador Superior.
Moswen se limitó a sonreír mientras seguía observando a la pareja de Campeones en la entrada. Era una de las pocas personas que no podía leer después de conversar con ellas, y esto me molestaba en gran medida, tanto que no podía contener mi incomodidad al estar en su presencia, ni mi malestar cuando nos entregaron la noticia de su nombramiento como líder del Instituto. Aún así tenía que preguntarle un par de cosas, y ahora que todas las demás personas del vestíbulo habían dejado de prestar atención a lo que decíamos, era el momento perfecto para ello.
-Si me lo permite, me gustaría plantearle un par de dudas que me han rondado desde que se me asignó como el Invocador de Soren, su eminencia. Todo el proceso desde su reclutamiento ha sido, digamos, peculiar en naturaleza.
-No tengo problema con responderlas Edward. Pero me temo que el Consejo y yo tenemos una junta pendiente y ya vamos retrasados gracias a este capítulo con el nuevo Campeón, así que tendremos que dejarlas para otra ocasión.
-Oh, son dudas pequeñas su eminencia. Puedo planteárselas de camino a la sala de reuniones, si no es mucha molestia -Moswen frunció el ceño, al parecer descontento ante mi insistencia.
Sabía que presionar de más podía terminar mal, tal vez hasta el punto de ser reemplazado como el Invocador de Soren, pero odiaría dejar pasar una oportunidad tan buena como esta para confrontarlo ante todas las irregularidades del caso, así que era necesario un acercamiento diferente y continué con mi mejor voz de lacayo fiel y servil que pude armar.
-Estás dudas son simples astillas que impiden un mejor análisis del nuevo Campeón, su eminencia. Estoy seguro de que si fuera tan benévolo en responderlas podría hacer un mejor trabajo como Invocador y traerle los resultados de mi investigación más rápido a usted, Invocador Superior -desgraciadamente él no se creía la actuación de empleado servicial, así que arremetí con la vieja confiable. -Sin mencionar que así ya no tendría que molestarlo de nuevo con ellas en otra ocasión.
-Está bien, solo porque veo que estás ansioso por realizar un buen trabajo, Edward -dijo, al parecer finalmente resignado ante mi persistencia. Pero luego añadió- Responderé todo lo que esté dentro de mi conocimiento.
Básicamente una forma cortés de decir "responderé lo que me parezca pertinente". Era de esperarse que Moswen no iba a revelar información que no considerará pertinente para mi cargo, pero cualquier indicio de luz era mejor que seguir en completa oscuridad.
Empezamos a avanzar en dirección a la sala. En el camino varias personas hacían una reverencia mientras otros hincaban una rodilla. Después de todo, no todos los días el Consejo y el Invocador Superior paseaban por los pasillos del Instituto. Algunos estudiantes dirigían miradas de interés en mi dirección, probablemente preguntándose qué hacía su maestro con el grupo de Invocadores más importantes de Runaterra. Saludé a distancia a un par de ellos antes de dirigirme a Moswen.
-Mi primera duda es el por qué no se me reportó por completo sobre la extensión de las habilidades del Protector del Portal. El reporte que recibí contenía lo más básico sobre sus poderes. No mencionaba la amplitud de su arsenal de armas, su habilidad definitiva o tan siquiera su historia personal.
-Eso se debe a dos factores principales. El primero es que simplemente no conocemos casi nada sobre sus capacidades, al igual que él. Tenemos vagas ideas del funcionamiento de sus portales, pero cada una igual de ambigua e improbable como la anterior. El segundo fue el corto periodo entre su afiliación a la Liga y su primer enfrentamiento, que no ayudó a menguar el anterior factor.
-Hm, ya veo -musité, pero enseguida seguí con las preguntas. -Comparto mi segunda inquietud con Soren; ¿por qué se le requirió dos días seguidos en los Campos de la Justicia, siendo él un nuevo integrante del cuerpo de Campeones? Nunca se había puesto a un novato tanto baja presión como a él.
-Porque una de las mejores maneras de investigar sus habilidades es hacerlo participar en la mayor cantidad de encuentros que podamos. Mientras más tiempo pase bajo nuestro comando en un Campo de la Justicia, más información podremos recabar de él y sus portales, y sabremos mejor con qué estamos lidiando. Por eso mismo se le invitó a mudarse a esta ciudad, para mantenerlo cerca para poder realizarle más estudios.
-Tiene sentido, aunque no me agrada mucho lo que eso va a implicar para él -dije mientras pensaba cómo reaccionaría Soren si se le revelaba esa información. -Mi tercera pregunta es más personal, si me lo permite su eminencia. ¿Por qué yo? ¿Por qué fui asignado como su Invocador? Hasta donde yo sé, Soren es humano y la probabilidad de que se presente corrupción mental es mínima. Cualquier Invocador de tercer grado podría ser cumplir con esta tarea.
Moswen sonrió antes de darme su explicación.
-Porque cualquiera podría cumplir con dicha tarea, pero nadie lo haría de la misma manera que tú lo lograrás. Pocas personas estarían aquí, hablando con el Invocador Superior para obtener más información con la cual trabajar. Por eso eres el Invocador de primer grado más joven de la actualidad, porque te comprometes a entregar resultados y, aunque muchos no compartan tu filosofía de trabajo -dijo, viendo de reojo a uno de los miembros del Consejo que se limitó a toser y fingir que no había escuchado nada -tu rendimiento habla por si mismo. Queremos que nuestra investigación sobre Soren dé frutos lo antes posible, y tú eres el hombre indicado para ello. Además, por lo visto, se llevan bien entre ustedes. Han pasado dos días, pero parece que ustedes llevan conociéndose por mucho más tiempo. Las pruebas de compatibilidad han mostrado niveles muy prometedores, de los mejores que he visto.
Sus agasajos no hacían mucho más que incomodarme, pero al menos apreciaba que reconociera mis habilidades, por mucho que estuviera abusando de ellas para sus propios fines. Estábamos por llegar a la sala donde se efectuaría la junta, así que me apresuré a hacer la última pregunta que podía antes de que Moswen se me escapara.
-No soy digno de semejantes halagos de su parte, su eminencia, pero estoy profundamente agradecido por ellos -dije, haciendo una rápida reverencia. -Mi última interrogante es mera curiosidad de mi parte, así que perdone semejante atrevimiento. ¿Por qué tanto interés en Soren?
Nos encontrábamos frente a la puerta que llevaba salón donde el Consejo se reunía para deliberar, y durante un momento Moswen miró la puerta, probablemente pensando si era apropiado contestarme. Finalmente se dio vuelta y me miró de forma seria. Ambos sabíamos que esa era la pregunta más importante, y Moswen probablemente sabía que tarde o temprano la haría y él tendría que enfrentarla.
-Porque Soren -Moswen levantó la mirada al techo, como si mirara al cielo que este cubría -es la prueba de que existen más universos conectados al nuestro que el Vacío. Más dimensiones, más civilizaciones, y un número infinito de posibilidades. La dimensión a la que accede a través de sus portales es muy diferente a la nuestra, y las reglas que la rigen son igual de diferentes y difíciles de definir, al punto que no creo que él las conozca. No sabemos quién o qué creó las armas que la habitan, o si responden a alguien más en nuestro mundo. Todo alrededor de Soren es una enorme incógnita, y mientras más rápido consigamos más información sobre ello, más rápido podremos descartar el posible riesgo que representa. Por eso te necesitamos en esto, Edward -concluyó, mirándome directamente a los ojos. -Eres la mejor opción que tenemos para descubrir sus secretos.
La intensidad de su mirada y la cantidad de información que estuvo dispuesto a revelarme me dejaron atónito, pero enseguida recuperé la compostura, le agradecí su confianza en mí y me despedí de él y los miembros del Consejo.
En el camino de vuelta a mi oficina saludé a varios estudiantes, algunos felicitándome por mi nueva asignación o mi participación en los últimos combates, mientras pensaba en todo lo acontecido en estos dos días y lo que Moswen me había dicho. Pero más importante, lo que no me había contado, o qué partes eran verdades o mentiras, como cuando le dijo a Soren que Caitlyn había sido el tirador más a la mano que tenía la Liga cuando Ashe se encontraba en una misión diplomática en el Instituto por el próximo mes y Ezreal se estaba tomando un largo descanso entre exploraciones, disfrutando las amenidades de la ciudad con la última recompensa que había recibido, ambos oponentes más simples de enfrentar para un novato. Ella había sido elegida por una razón, y era para sacar al fácilmente irritable Soren de sus casillas. Su encuentro con el Invocador Superior no había sido una simple casualidad; Moswen claramente tenía un interés personal en el Protector del Portal y sus poderes.
