Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de mi propiedad.


"MY SADISTIC LOVE"

Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad

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Summary:

Una sádica vampira llega como estudiante de intercambio al instituto de Forks, un tímido chico llamará su atención y deberá elegir entre saciar su sed de sangre o protegerlo de todos los peligros que conlleva ser humano.

. . . . . .

Edgar cada vez se sentía más tranquilo, Isabella ya no parecía tener ese deseo de matar a Edward, más bien ahora trataba de interesarse por él y eso era muy raro en ella.

Ambos se encontraban de caza, primero lo hizo Linton en el bosque de Forks y luego acompañó a Isabella a Port Angeles, en donde encontró a una drogadicta tirada en un callejón, prefirió saciarse con ella y no ir a asesinar a cualquier otro transeúnte.

—Asqueroso —dijo Isabella bebiendo hasta la última gota de sangre de la chica, que no se enteró del momento en que su vida acabó—. El sabor es repugnante, pero es lo que hay —razonó ella tirando el cadáver unos metros más allá.

—¿Terminaste? —preguntó Edgar, sintiendo lástima por la chica que quizá tenía familia.

—No la tenía —dijo Isabella respondiendo a la pregunta no formulada de Edgar—. Leí su mente, estaba pensando en convertirse en prostituta de un cabaret no muy lejos de aquí, así que realmente no era importante para nadie —explicó encogiéndose de hombros.

—Aún así… Es una persona, es pecado quitarle la vida a alguien —sentenció Edgar saltando hasta la azotea del edificio e Isabella lo imitó.

—Es estúpido que seas tú quien lo diga, somos vampiros, ¿de verdad crees que a Dios le interesa nuestra especie? —le preguntó incrédula—. Vamos Edgar, nosotros le valemos mierda a tu Dios, somos asesinos naturales, necesitamos matar para alimentarnos.

—Lo sé Isabella, es sólo que a veces pienso que alimentarse de sangre de animales es un punto a nuestro favor, pero en el fondo sé que no hay salvación para nuestras almas, todos estamos condenados, nuestras almas lo están.

—A ese Dios al que quieres agradar no le importó nuestra vida humana, ¿por qué mierda dejó que me hicieran eso?, ¿qué clase de Dios es él, que permitió que masacraran a mi familia? Eso que tú admiras es sólo tu necesidad de aferrarte a algo, de agradar a alguien, de justificar tus actos, pero la verdad es que no hay un Dios, ni lo hubo antes ni lo hay ahora —le dijo Isabella con los dientes apretados.

Edgar no respondió, pues comprendía las palabras de la chica.

—Creo que debemos regresar ya —cambió de tema, visiblemente incómodo.

Isabella asintió y de un salto bajaron de la azotea.

—Espera.

—¿Qué pasa? —preguntó él asustado.

—Debo comprar algo —le informó.

A velocidad humana se dirigieron a un supermercado que estaba abierto las veinticuatro horas del día, Isabella ignoró la mirada que le dio el chico de caja y se encaminó a los estantes que quería.

Encontró las galletas que –gracias a Alice- sabía que eran las favoritas de Esme, tomó todos los paquetes que allí habían, también agarró los dulces favoritos de Alice y las gomitas que a Emmett y Rosalie les fascinaban, pensó en comprar algo para Edward, pero no tenía ni la más remota idea de qué le gustaba al chico, por lo que compró todo lo que encontró en la sección de dulces.

Cuando fue a caja ignoró la mirada que Edgard le dirigía.

—¿Tendrás una fiesta? —preguntó el cajero para hacerle la conversación.

—No, es para mi hijo y sus amigos —respondió sin prestarle atención al muchacho, que se limitó a pasar las cosas por la máquina y no volvió a intentar hablar con ella.

En total, todos los dulces que compró, costaron cuatrocientos noventa y ocho dólares con diez centavos, le aventó un billete de quinientos al muchacho y con la ayuda de Edgar- que no era necesaria- salieron de aquél lugar.

—¿Hijo? —cuestionó sonriendo.

—Estaba mirando mis pechos, ¿que querías que hiciera? —tomó varias bolsas en una mano y lo mismo hizo con la otra.

Se dirigieron a Forks, no muy rápido, ya que no querían que las bolsas se rompieran.

—¿Qué vas a hacer con todo esto?

—Me las comeré —dijo irónicamente—. Se las daré a Alice, ¿no es obvio?

—Creí que querías matar a Edward.

—Y aún quiero —aclaró y Edgar se tensó levemente, por lo que Isabella se apresuró a hablar—. Pero estuve pensando en que una vez que beba toda su sangre, esta se acabará y realmente no quiero pasar toda la eternidad sin ella —dijo encogiéndose de hombros.

—¿Eso no es un poco masoquista?, deberías irte —le sugirió.

—Rompes mi corazón Linton, creí que te agradaba, pero tú solo quieres echarme —lloriqueó con fingida indignación, Edgard río un poco—. Es que tengo la… Necesidad de sentir su aroma, no lo mataré ahora que su familia está como la mierda, pero si no voy a beberla, al menos quiero olerla. A veces creo que puedo controlarme, ¿sabes? Pero viene una pequeña brisa que hace que su aroma llegue directamente a mí y tengo que usar todo mi autocontrol para no lanzarme sobre él.

—Te entiendo, sentía lo mismo cuando mi esposa era humana.

—¿No lo extrañas?, su aroma, la calidez de su cuerpo y todo eso.

—Claro que sí, pero los peligros de ser humanos son demasiados, la vejez, enfermedades, accidentes… Y pensar en una eternidad en donde ella no esté no es una opción para mí.

Isabella sonrió con nostalgia.

—A veces hablas como mi padre, él siempre era tan atento, romántico y bueno con mi madre, el amor que le profesaba era…

—Es el mismo amor que tú podrías sentir si tan solo...

—¡No, de ninguna manera! El amor te hace débil, estúpida y manejable. Ya probé una vez lo que es estar enamorada y no quiero sentirlo nuevamente, él me dejó, nunca me buscó, no me interesan ese tipo de sentimentalismos, para ti están bien porque eres… Tú, pero yo soy yo y no lo necesito, no quiero ser frágil —dijo en murmullo.

—Cielo, sé que lo que te pasó fue horrible, pero ya han pasado años, ¿no crees que es momento de dejar el pasado atrás?

—No es tan fácil Edgar, a veces miro el bosque y los recuerdos se filtran en mi mente, se reproducen y no tengo la fuerza suficiente para sacarlos y sólo dejo que me inunden, que me lastimen, pero ese dolor me hace recordar que los humanos no son tan perfectos como dicen.

Edgar suspiró frustrado.

—¿Entonces qué es lo que quieres?, ¿pasarte unos cuantos siglos más asesinando humanos porque hace cientos de años hubo algunos que no te ayudaron, que te abandonaron a tu suerte?, lo que te pasó no es culpa de nadie que viva aún Isabella, date cuenta de que eso sólo daña a una persona y esa eres tú. Eres una amiga preciada para mí, pero el daño que te haces no me afecta ni a mí ni a nadie, eres tú la que se está conduciendo al camino del odio y eso no es…

—¿Crees que deba darle todo esto mañana? —le preguntó cortando abruptamente su pequeña discusión.

—Mejor llévalas a su casa —aconsejó, ya sabía que su charla no les llevaría a ningún sitio.

Se despidieron al cabo de unos minutos, Isabella se quedó allí parada, queriendo cambiar su pasado, quizá ser inmortal no le caería tan mal si su familia estuviera con ella o si esos infelices no la hubieran dañado como lo hicieron.

Un temblor la recorrió por completo al recordar lo que sucedió hace ya tantos años y corrió al baño como hacia siempre. Se desvistió por completo y se metió a la ducha agarrando la esponja y llenándola de jabón corporal, empezó a frotarlo en su cuerpo con toda la fuerza que tenía hasta que de este no quedara nada.

Pero mira que cuerpo hermano, ¿quién pensaría que detrás de esa ropita de señorita se encontraría toda esa belleza?

Yo voy primero, la encontré yo y quiero ser el primero en tirármela.

Oh Dios, está tan malditamente estrecha, la quiero para mí cuando la transformemos.

Uno tras otro… Una y otra vez.

Hubo gritos, arañazos, golpes, hubo de todo y esos animales no sintieron pena por esa pobre niña.

La venganza no le quitó ese odio, sólo aumentó y aumentará cada día más.


Espero no haber tardado mucho chicas y espero les guste; también quería invitarles a leer un Nuevo O-S que subí recientemente, les dejaré el summary:

Nuestro pequeño Infinito

Summary: Él titubeó un momento pero sabía que debía ser sincero y nunca en su vida había sido un cobarde por lo que con todo el tacto posible le explicó la situación, cuando su relato finalizó ella no lo miraba, mas bien no mirara a nada, tenía sus mejillas humedecidas por la caída constante de lágrimas, su labio inferior temblaba como siempre que lloraba, abrió un par de veces la boca pero sin emitir ningún sonido en realidad, ella se levanto con torpeza de la cama y salió de su habitación y entonces él también se derrumbo.