Aquí traigo un especial,
pues me enteré ayer, gracias a mi querida SofiaLugo, de que el plazo se había extendido xD,
Para ampliar un poco esta historia con un momento divertido.
¡Besos & Abrazos!
Disfrutad.
Los duendes de París.
Todo había sucedido una tarde en la que la noche casi caía, en aquella época en la que esperaba a su segundo hijo y se encontraba tranquilamente leyendo un libro sentada en el acomodado sillón a los pies de la gran ventana de la enorme biblioteca en el ala este de Cair Paravel.
Skandar se encontraba acostado sobre la suave moqueta de terciopelo rojo mientras garabateaba en una libreta en blanco que Caspian le había regalado para que se entretuviera por las tardes mientras Lucy descansaba.
- Mamá – le llamó.
La joven Reina de 25 años desvió la vista del libro y la clavó en el pequeño niño rubio de apenas 2 años de edad.
Sonrió al ver que su hijo se había manchado con las ceras de colores los mofletes sonrojados por la pureza de su niñez.
- Dime, amor – cerró el libro.
Skandar se dejó ayudar por su madre para subir al sillón, sentándose en el regazo de ella mientras miraba la creciente barriga de embarazada en la que crecía su próxima hermana o hermano.
- ¿De dónde vienen los bebés, mamá?
Lucy dejó caer el libro asombrada por la pregunta.
Ya había pensado en la probabilidad de que Skandar le hiciera aquella pregunta algún día, pero desde luego no había pensado en que lo haría con dos años.
…
Bueno, de por sí Skandar había roto sus esquemas cuando al cumplir los dos años les había pedido un hermanito.
- 'Está sacando la vena sabionda de su padre' – pensó Lucy La Valiente, recordando aquellos días lluviosos en los que Edmund se sentaba en el salón leyendo un complicadísimo libro que no soltaba hasta que terminaba y que ella nunca había logrado comprender.
- Mami, ¿de dónde vienen los bebés? – volvió a preguntar, pensando que su amada madre no le había escuchado.
Los colores carmines subieron hasta el rostro de Lucy al recordar las noches de pasión que habían hecho falta hasta que ella volvió a quedarse embarazada… Y las que aún continuaban de vez en cuando.
Se obligó a volver a Narnia al ver cómo los mofletes de su hijo se hinchaban de pura indignación al sentirse ignorado por ella.
- Pues verás… Cariño… - comenzó, sintiéndose perdida, ¿dónde estaba Caspian El Navegante cuando se le necesitaba?- Existe una planta en un lejano, pero lejano lugar llamado París…
- ¿París? Nunca he oído hablar de él – replicó, escéptico.
- Es un lugar del mundo en el que viene mamá, querido Skandar – sonrió triunfal, nadie más que ella conocía realmente su mundo así que Skandar no tenía manera de saber si era o no verdad.
- ¿Algún día podré ir a tu mundo? – los ojos negros brillaron.
- Quizás sí, quizás no – le acarició los rubios cabellos.- Todo depende de Aslan.
- No le veo desde mi cumpleaños – volvió a inflar sus mofletes.
Lucy sintió que la alegría subía hasta su garganta.
- ¡Es que eres tan lindo, Skandar! – exclamó en un arrebato, abrazando a su hijo y llenándolo de besos.
El niño parpadeó sorprendido mientras los suaves labios de la Reina le hacían cosquillas en los mofletes.
Recordó que su padre le había dicho que no se asustara ante los repentinos cambios de humor que viera en Lucy ya que era normal por el embarazo.
Aun así, Skandar pensó que eran demasiado repentinos.
- Mami, estabas hablando de la planta de París… - le recordó.
La bella y honorable mujer dejó de frotar sus mejillas contra la de su hijo y, con ánimos recobrados, lo sentó de nuevo sobre sus rodillas.
- ¡Ah, sí! – Juntó las palmas, con una sonrisa.- E sa planta produce unas semillas mágicas que recogen unos duendecillos muy graciosos – hace el gesto de las largas orejas y la baja estatura.
Skandar subió ambas cejas y la observó con los ojos abiertos.
- ¿Y cómo llegan esas semillas hasta tu barriguita? – preguntó.
Lucy parpadeó.
- Creo que eso deberías preguntárselo a tu padre – respondió, sonriendo nerviosa y depositando a Skandar sobre la moqueta de nuevo.
El niño infló los mofletes y salió de la biblioteca bajo la curiosa mirada de su madre, que instantes después le estaba siguiendo por los largos pasillos de Cair Paravel en rumbo a la Sala del Trono de Caspian X.
- ¡Papá! – llamó el niño, atravesando la puerta que en comparación con él parecía la de la casa de un gigante.
La voz del niño resonó en toda la Sala y provocó que Caspian diera un salto y soltara el compás con el que estaba trazando la próxima ruta de navegación. Observó con horror la gran raya que surcaba el mapa de lado a lado debido al sobresalto, decidió que terminaba antes tirando el mapa y volviéndolo a hacer que intentando borrar la línea.
Lucy se tapó la boca, escondida detrás de la puerta, para no dejar escapar una carcajada.
Se dio la vuelta y observó al hijo que había tomado como propio y que fruncía el ceño de tal manera que los ojos apenas se le veían.
- ¿Skandar? ¿Qué sucede? – se agachó y cogió al niño en brazos.
- Papá, ¿de dónde vienen los bebés? – preguntó, sin ningún tipo de tapujos.
Caspian tuvo que permanecer en silencio y dejar que la información penetrase en su cabeza para poder entender la pregunta que había salido de los labios del infante.
Se vio obligado a sentarse en el Trono.
- ¿Se lo has preguntado a tu madre?
El niño de dos años puso los ojos en blanco.
- Sí.
- ¿Y qué te dijo? – una sonrisa nerviosa se adivinaba en sus labios.
- Que había una planta en París que daba unas semillas y unos duendecillos las recogían.
¿París? ¿Planta? ¿Duendecillos?
Caspian empezó a cuestionarse los límites de la imaginación de su esposa.
- ¿Y qué más quieres saber?
- Cómo llegan las semillas a la barriguita de mamá.
¿A quién había salido ese niño? Pensó escandalizado.
- Pues… - buscó en los lagos de su mente una explicación fantástica que su hijo no pudiera refutar para aquella pregunta.- Verás, esa semilla se mete dentro de un bombón que la cigüeña deja en la ventana de cada casa para que el marido se la regale a su esposa cuando quieran tener un hijo – respondió, triunfal.
Skandar parpadeó muchas veces.
- ¿Le regalaste bombones a mamá para tener a mi hermanito?
- Sí – sonrió, orgulloso.
Skandar se quedó en silencio.
- ¿Ocurre algo?
- Las flores y los bombones son muy típicos, ¿verdad? – ahora quien parpadeaba era Caspian.- Porque le he preguntado a varios habitantes de Cair Paravel y todos han respondido algo así – sonrió ampliamente, enseñando los dientes de leche que ya se le empezaban a caer.
Skandar descendió de las piernas de su padre hasta llegar al suelo.
- Bueno… Os creo.
- '¿Qué nos crees, criajo sabiondo?' – pensó Caspian, con una sonrisa nerviosa y la gota de sudor resbalando por su sien.
- Le diré a mamá que dentro de unos años le regalaré bombones – exclamó divertido, saliendo de la Sala del Trono.
- ¡Tú! ¡Enano! ¡Tu madre es mía! – Respondió, viendo como el niño le sacaba la lengua y salía corriendo de la Sala.- Será posible…
Una encantadora y dulce risa se oyó por toda la sala.
Subió la mirada para encontrarse con la mujer que amaba.
Una mujer que estaba esperando un hijo legítimo de él, el futuro hermano o hermana de Skandar.
- ¿Estabas escuchando?
- Un poco nada más – llegó hasta él y le dio un suave beso en los labios.
- Tu hijo te quiere robar – murmuró, a regañadientes.
Ella rió más fuerte.
- Dicen que el primer amor de un hijo es su madre – sonrió, divertida por la situación.
- ¿Y el de las niñas?
- Su padre.
- Más vale que seas una niña – le dijo a la criatura que crecía dentro del vientre de la Reina.
- Celoso – dijo, riendo.
Y él la atrajo hasta su propio cuerpo y la besó, poniendo todo su amor y su pasión en ello.
Fin del Especial.
Espero que os haya gustado
Me resultó bastante gracioso hacer esta escena ^^
Espero que os haya gustado.
¡Besotes!
