Hola
Hola! Bueno éste chap. No es algo que se me ocurrió para hacer el fic un poco más hot. XD. No es necesario que lo lean, no afecta la historia. Y no es para nada ATP. Besos, y si lo leen no olviden dejar sus reviews :D, ¡por favor!
Capítulo 7: Secretos de alcoba
Se removió bajo las sábanas apreciando su calidez, al igual que cada mañana despertando a su lado. Casi sin poder moverse por una presión externa que la sujetaba con anhelo, abrió lentamente los ojos comprobando, gracias a un destello de luz que se colaba por la ventana, que ya había amanecido. Permaneció con los ojos cerrados por mucho más tiempo, sin querer despertar de ese sueño tan maravilloso. Unas manos fuertes y delicadas, tan grandes que casi podían cubrirle todo el abdomen, la tomaban con posesión. El muchacho llevaba un largo rato despierto admirando su belleza, el perfume que desprendía su pelo con cada movimiento y ese cutis perfecto. Recorría con sus manos aquel vientre tan conocido aunque nunca olvidado o reemplazado, esa piel cálida que era tan suya.
Al percibir los primeros movimientos de la joven, Rabastan, que la miraba con apreciación, le dio un suave beso en la mejilla a su novia y le acarició el contorno del rostro como queriendo dibujarlo y guardarlo en su memoria para siempre.
Andrómeda se giró con dificultad para poder besarlo en forma de saludo. Con los ojos aún entrecerrados le dedicó una dulce sonrisa. Le encantaba la forma que solo él tenía de despertarla, era la única forma de olvidar lo temprano que era y estar de buen humor el resto del día.
Rabastan se separó un poco de ella para dejarla respirar, y se acomodó contra el respaldo de la cama de forma tal que ella pudiese recostarse sobre su pecho.
- Eres tan bonita y dulce… Cuando duermes obviamente. – Se rió al ver el repentino cambio en el rostro de su novia, quien pasó de un estado de ensoñación a uno de realidad.
- ¿Así que solo soy linda cuando duermo? Bien, entonces me iré a desayunar así no te causo espanto, y me voy sin darte lo que tenía pensado. – Se movió para pararse, vestirse e irse. Pero eso no le fue permitido. El muchacho la tomo, no demasiado fuerte, pero a comparación de lo que era ella al lado suyo fue suficiente para inmovilizarla.
- Nunca me niego a recibir algo por la mañana, no importa de quién venga o si es fea. – Lo dijo tan serio que cualquiera le hubiese pegado una cachetada, pero ella lo conocía y sabía que lo decía en broma, sin embargo no lo iba a dejar pasar tan fácilmente un comentario como ese.
- Entonces tengo tu consentimiento para hacer esto… -
- ¡AY! Esto dolió – Dijo ofendido. – Siempre vives pellizcándome. – se lamentó con un dejo de sufrimiento. – Ya sea porque le cuente a mis amigos lo buena que eres en la cama, o por mirar a alguna de tus amigas. Siempre la termino ligando – dijo como recordando hechos pasados. - ¡AAWW AW! – Otros dos pellizcos más fuertes que los anteriores. – Después de las torturas que tengo que aguantar será mejor que me conviertan en mártir, de otra manera no me quedará otra opción que hablar seriamente con Merlín, seguramente él pensará que tengo que convertirme en Santo después de ver como sigo en pié soportando tus maldades.
Después de escuchar su largo discurso de incoherencias, queriendo reírse con cada palabra estúpida, una con menos sentido que la otra, lo observó haciéndose la malhumorada.
- Si no te callas yo misma te mataré para que comiences tu "camino santificador". – Se detuvo un momento como pensando en algo repentino. – Aunque no creo que te dejen entrar al cielo… Después de lo que me hiciste hacer anoche. – Terminó con picardía.
Ambos se rieron recordando las poses extrañas que Rabastan le había enseñado, sacadas de un libro muggle que encontró en una tienda del Callejón Diagon. Se habían pasado toda la noche despiertos disfrutando de las enseñanzas milenarias de aquel libro llamado "Kamasutra".
- Bueno para algo bueno tenían que servir esos seres repugnantes. Vale la pena perder el cielo por eso. ¿No lo crees? – Terminó. Rápidamente le saltó encima, tomándola como un lobo feroz que quería comerse a su presa. Jugueteó un rato mordiendo su piel en pequeñas porciones, dejando algunas marquitas.
- Ey Ey… Otra vez me vas a dejar como si me hubiese absorbido una sanguijuela de cuerno gigante. – El chico se rió en sus senos tirando su aliento sobre ellos. – Detente, o no podré salir nunca más de esta habitación.
- Bueno entonces no salimos. – Dijo como si fuese algo tan simple como comerse un chicle.
- Te olvidas que estamos en una institución educativa, por ende tenemos que asistir a clase. Y por cierto… tenemos amigos que ya nos odian por no pasar tiempo con ellos.
- Mis amigos no me odian… Te odian a ti. – Dijo como algo gracioso.
- ¿A mí? ¿Y yo que tengo que ver? – Era algo extraño para ella no pensó en que la culparían por alejar a su amigo de ellos. – Yo no te prohíbo que los veas ni nada por el estilo.
- Si bueno… Pero no es lo mismo de antes, obviamente ya no salgo de reventón con ellos y se viven quejando de que les falta mi rostro bonito para atraerles a las chicas. – Dijo acariciándose el rostro.
Andrómeda sabía que si lo dejaba seguir ablando el muy narcisista se la pasaría hablando de lo bello que era, así que revoleó los ojos y aprovechó la distracción del chico para escapar de aquella cama. Se dirigió al baño para darse una ducha antes de cambiarse para ir a desayunar. Pero no fue sola como lo esperaba, Rabastan la siguió y se metió con ella al baño.
- ¿Me ibas a dejar solo en esa habitación tan tenebrosa? – La tomó por la cintura mientras ella se encargaba de abrir la ducha y acondicionar el agua.
- Te quería dejar a solas con tigo mismo, ya te estabas poniendo meloso y creí que querías privacidad.
-Quizás en otra ocasión. Ahora tengo que encargarme de algo más urgente. – Dijo poniendo su expresión más sexy.
- Y cual se supone que es ese "asunto urgente". – Ya lo sabía, pero también sabía lo mucho que excitaba a su novio poniendo cara de niña inocente que no sabía que se estaba metiendo en la boca del lobo. Pero el chico tomó otro rumbo para vengarse por el comentario de que lo dejó a solas consigo mismo.
- Bañar a la sucia de mi novia.
- Bueno entonces comienza a limpiar lo que ensuciaste. – Le dijo olvidando el papel de niñita, bajando un poco el rostro y alzando una ceja, era increíble el parecido con sus otras hermanas cuando ponía esa expresión en su rostro, pero para Rabastan a ella era a la única de las tres que le quedaba bien.
Sin más tardanzas se metieron ambos bajo lo lluvia. Andrómeda besaba su pecho, acariciándole la espalda con las manos firmes. Con los ojos cerrados descendía por su abdomen hasta encontrarse con su erección. Apretó su trasero con las manos al sentir el contacto de su pene en los labios, y luego las trajo también hacia la erección. Aplicó presión firmemente y lentamente mientras ascendía con una mano con la otra descendía, separándose en los extremos y juntándose en el centro.
Elevando la vista desde el piso de la ducha pudo ver como Rabastan, apoyado contra la pared, se tensaba. Para más tensión, cuando él bajo la vista ella aprovechó y sin quitarle los ojos de encima recorrió la punta de su genital con sus labios carnoso. Escuchar los gemidos del muchacho la hacían entusiasmarse más, y con esa imagen que le acababa de mostrar incrementaron lo suficiente como para que ella decida dar rienda suelta a su lengua sin detener sus manos, que cada ves tomaban más velocidad. Rabastan no aguantó más y la levantó del suelo en un movimiento brusco, la elevó sobre sus caderas y comenzó a penetrarla con agilidad. Ambos entraron en clímax escuchando os gemidos del otro. Y Cuando Rabastan tomó uno de los pezones de Andrómeda con sus labios mordisqueándolo suavemente y absorbiéndolo con fuerza, no soportó más. La excitación que sentían era inmensa y al escuchar el último gemido de Andrómeda se dejó acabar dentro de ella.
Permanecieron unos segundos en la misma posición sin moverse descansando su agitación. Rabastan la besó con entusiasmo presionándola contra sí, y metiéndola bajo el chorro de agua comenzó a enjabonar cada parte de su cuerpo acariciando el rastro de espuma en su piel. Ella hizo lo mismo luego de besarlo rápidamente.
Era increíble la capacidad de Rabastan. A solas era la persona más cariñosa y graciosa que Andrómeda había conocido jamás, y en público se transformaba en lo más desenamorado y frívolo del mundo. Pero ya había aprendido a convivir con eso, después de todo ella también debía fingir ser egoísta, egocéntrica y altiva. Era lo que su familia y todas las familias adineradas, respetables y puras llamaban "cuidar las apariencias". Por eso lo comprendía a la perfección y se conformaba con disfrutar de su actitud cálida y dulce por las noches.
Luego de la ducha se cambiaron para ir a desayunar. Mientras Rabastan la esperaba, se sentó nuevamente en la cama, muy cómodo con los brazos tras su cabeza, la observaba divertido. Andrómeda lo miró de reojo con una expresión de desconfiada, y quiso saber en qué estaba pensando para sonreírse así.
- ¿Qué te sucede?
- Estaba pensando… Algo que me contó Lucius ayer… Pero no tiene importancia. – Por la expresión de su novia se dio cuenta que ella no sabía nada al respecto.
Si que había metido la pata hasta el fondo. Decidió rehuir su mirada olímpicamente, rezando porque no le hiciese preguntas al respecto. De repente observar la punta de sus zapatos se convirtió en algo muy interesante. Era tan obvio que escondía algo que a Andrómeda le dio gracia, aunque la disimuló tras un gesto interrogante.
- ¡Habla! – Le dijo poniéndose firme y poderosa frente a él, obligándolo así a que suelte toda la información que tenía.
- No estarás esperando que te diga lo que hablo en intimidad con mis amigos, ¿o si? – Hizo una pausa indicando que no pensaba hablar. – Déjame recordarte que fuiste tú quien puso la regla de "privacidad" el día que no me querías contar porqué tu hermana estaba tan enojada con Lucius. – Arqueó una ceja y se cruzó de brazos haciéndose el indignado por querer romper sus propias reglas.
- ¡Habla ya, Rabastan! A menos que quieras que le cuente a todos tus amigos quién fue el que provocó el incidente de las tijeras en sus cabellos en tercer año. No creo que les haga mucha gracia saberlo, los pobres tuvieron que esperar meses a que les crezca nuevamente el pelo.
- Esta bien… ¿Juras no decir nada? – La chica se sonrió afirmando con su cabeza. – ¡Hablo muy enserio, Andrómeda! No puedes hablarlo con nadie en absoluto, eso incluye a Narcisa y Bellatrix. – Aclaró para que luego no haya excusas de que sus hermanas son la excepción.
- Si, Rabastan. Te lo prometo que no hablo con nadie, pero cuéntame de una vez. – dijo impaciente.
- Bueno resulta que Lucius llegó de muy buen humor ayer por la tarde a nuestra habitación. Obviamente le pregunté a qué se debía aquella felicidad que invadía toda la habitación asfixiándonos a todos. Y…
Se tocaba las manos algo nervioso no sabía cómo iba a reaccionar frente a lo que tenía para decir. El que ella se sentara a su lado no mejoró su situación, ahora se preocupaba pensando en que si no le gustaba la idea lo tendría más a su alcance para ahorcarlo, así que se alejó un poco hacia atrás disimulando que era para que ella tuviese más lugar para sentarse y prosiguió.
- ¿Y…? – Lo incitó a seguir entusiasmada por llegar a la verdad.
- Y… Él nos reveló que estuvo con tu hermana esa mañana. – Rápidamente se cubrió la cabeza por si la chica le revoleaba algo que estuviese a su alcance.
- ¿Que, que qué? ¿Me estas diciendo lo que yo creo que me estas diciendo?
- Drome… No te vallas a enojar… Yo no tengo nada que ver. Tu hermana ya no es una niña. – Cada vez tomaba más distancia y se ponía más nervioso, pero ella sin embargo no se movía estaba congelada mirando un punto fijo en la alfombra. – A demás cuando cumpla años se comprometerá con Lucius, no es algo malo, es natural. Nosotros también lo hicimos antes de comprometernos, ¿lo recuerdas?
- Claro… - Estaba atónita, porqué su hermana no se lo había contado, ella siempre le dio confianza para contarle esas cosas y a demás en varias ocasiones le aclaró que ella no estaría en contra de lo que hiciese. – No estoy enojada Rabastan, deja de alejarte, eres un exagerado. – Le dijo mirándolo extrañada.
- ¿Por qué Cissy no te dijo nada? Creí que tú serías la primera en saberlo. – dijo acercándose y tomándola de la cintura.
- Eso mismo quisiera saber yo… Pero bueno, quizás simplemente no tuvo tiempo, o estaba ocupada haciendo deberes. – No lo dijo muy convencida pero se consoló pensando que se lo iba a contar en el momento que ella creyese indicado. – Bueno, que tal si vamos a desayunar… me muero de hambre.
Y tomando de la mano a su novio lo llevó hasta la puerta para salir de ese cuarto.
Espero que no se hayan impresionado mucho y se queden con una imagen pervertida de mí XD. Jajajaja. Vamos yo se que estaban esperando esto!! ¬¬ jeje
Besos.
C.A.
