¿Amigos...o algo más...?

De nuevo abría los ojos en un lugar completamente diferente. Cada vez que despertaba en la mañana, se encontraba en un nuevo lugar. Ahora, levantaba la vista pesadamente para identificar su alrededor. Ya no estaba en la playa, ahora estaba en la habitación principal de aquella casita que había descubierto con Terry.

Terry...era justo el nombre que le había hecho conciliar el sueño a altas horas de la madrugada. Por más que trató de evitar recordarlo, su mente parecía no obedecerle.

Se levantó con desgano y vio su imagen reflejada en el pequeño tocador frente a la cama. Detectó en su rostro suaves señales de una noche de poco dormir. El tocador despertó la curiosidad en ella, y tras revisar sus compartimientos, descubrió un pequeño peine que usó para cepillar su cabello. La imagen que tenía de la habitación en el espejo llamó su atención. Un baúl de tamaño mediano que parecía contener varias prendas de ropa fue lo siguiente que registró.

Varios vestidos, seguramente de la mujer de la fotografía que había descubierto el día anterior. Eran prendas muy sencillas, acordes a la ropa que ella solía usar. Si bien no tenían la misma edad, ambas mujeres compartían el mismo gusto al vestir. Candy se ajustó una de las prendas por encima de su ropa y sonrió al ver que era de su talla. Era un simple vestido azul celeste, que dejaba al descubierto los hombros y terminaba al nivel de las rodillas. Tenía delicados bordes, y un escote que era ajustado pero muy breve.

La rubia dejó la prenda sobre el baúl y examinó su vestido. No estaba roto, pero las huellas de la arena y el desgaste de dos días de uso se dejaban ya ver. Pensó en usar el nuevo vestido, pero ver su camisón reflejado en el espejo le dio una idea.

Quiso relajarse, tomar una refrescante ducha para quitarse el peso emocional que había ganado en la noche anterior, y un solo lugar se le vino a la mente.

El agua de la cascada tal vez estaría fría, pero el agua de mar de la playa estaría moderadamente tibia para esa hora de la mañana. Se escabulló en silencio por el pasillo, tratando de hacer el menor ruido posible para no ponerse en evidencia. Afortunadamente, Terry estaría profundamente dormido para esa hora.

Y allí estaba, frente al mar, disfrutando la gama de colores que brindaba el sol anunciando que tomaría su lugar en el cielo. Breves rayos tocaban las olas, y una fresca brisa matinal le dio en el rostro. Llevaba puesto el camisón que usaba bajo su vestido, que bien le serviría como un traje de baño improvisado. Avanzó con cuidado hasta la orilla y las olas traviesas la invitaron a adentrarse en el mar.

No pasó mucho tiempo antes de que Candy se arrojara al agua. Emergió después de zambullirse entre las olas y sintió como la piel se le erizaba por el frío de la brisa y del agua. Se sentía viva, como un pez en el agua, y por vez primera desde que llegó a esa isla, se permitió despreocuparse completamente. Nadó libremente, jugueteando como una niña en el mar, sumergiéndose a ratos para humedecer su cabello.

Después de un rato, divisó una piedra no muy lejana y decidió nadar hasta ella para apoyarse. Candy se sentó sobre ella para alisar un poco su cabello. Los mechones que caían sobre sus sienes goteaban sobre su rostro y por breves segundos entorpecían su vista. Pero ni el agua salina impidió que su instinto actuara. Sus ojos buscaron ansiosos al dueño de la mirada que había sentido sobre ella, y cuando lo encontró, se sintió completamente aturdida...

& & &

Había dormido mal y muy poco. Estuvo tratando toda la noche de encontrar la forma de decirle a Candy lo que sentía por ella. Era muy difícil hacerlo cuando ella se mostraba tan lejana. Había experimentado su rechazo dos veces en un día.

"No quiero que me beses"..."Quiero saber donde dormirá cada quien"...

"Es evidente que quieres alejarte, que no deseas mi compañía, y lo que más temo...que has dejado de amarme..."

"Candy, por favor escúchame...dame la oportunidad de decirte lo que siento, de demostrarte que después de tantos años aún te sigo amando...aunque ya no sientas nada por mí, déjame intentar conquistarte..."

Terry se debatía en la duda y en la incertidumbre. Al salir de Nueva York estaba muy decidido, seguro de lograr volver con ella, pero ahora...

Cansado de su martirio, se dispuso a revisar por segunda vez los objetos de la habitación. Era ya muy entrada la madrugada, cuando descubrió algo que le sorprendió. Un objeto que podría servirles para salir de ahí...si pudiera encenderlo...

No pudo continuar con su revisión, porque el silencio se vio interrumpido por unas ligeras pisadas que Terry reconoció sin mucho esfuerzo. Pretendió no prestarle atención, pero cuando sintió que cerraban la puerta principal de la casa dejó los objetos en su lugar y decidió seguirla.

Las huellas en la arena le decían que había ido a la playa, pero al llegar allí se animó a disfrutar del espectáculo. Terry subió a una cómoda rama de un árbol muy cercano a la orilla del mar.

Candy chapoteaba en el agua como una niña, y aún así, se movía con la gracia de una sirena. El ligero camisón que la cubría se había pegado bastante a su cuerpo por el efecto del agua. Su figura estaba muy expuesta entonces.

Los ojos de Terry recorrían con cautela las suaves pero contundentes curvas de su cuerpo. Pensó en la única vez que la vio así de cerca, y se burló de si mismo entendiendo que la visión frente a él era mil veces mejor que la de aquel entonces.

El rostro angelical de Candy lo hizo titubear. A pesar de todo, ella era una niña, seguía siéndolo con su comportamiento y su actitud. Se sintió culpable por observarla a escondidas, por robar aquella parte inocente de ella sin su propio consentimiento. Pero ni sus sentimientos de culpabilidad le hicieron apartar la vista. Era demasiado tentador verla así, y él era un hombre muy débil frente a ella.

Su mirada tembló levemente cuando los ojos verdes se cruzaron con los suyos. Pero sentirse descubierto como un ladrón sólo le hizo retomar su irónica actitud.

La rubia sin pensarlo dos veces se cubrió con ambas manos a la altura de su pecho.

-¡Terry, estabas mirando! ¡Me viste mientras me bañaba!

-Tranquilízate, te vi pero no te miré-le dio la misma respuesta que años atrás usó para justificarse.

-¡Esta vez no te creo, Terry! ¡Lo estabas haciendo a propósito!-replicó ella regresando a la orilla.

-Bueno, entonces me has descubierto.-confesó bajando de su escondite para acercarse poco a poco hasta ella sonriendo cínicamente- ¿Hay algo más que quieras decirme al respecto? Porque no pienso pedirte disculpas.

-¡Eres un grosero y un maleducado! ¡No voy a gastar mi tiempo con alguien que no lo merece!-le respondió ofendida tomando la pequeña toalla que había llevado.

Terry la vio dirigirse a la casa, y antes de perder la oportunidad de hablarle, decidió seguirla.

No trató de hablarle, y ella se limitó a ignorarlo, avanzando con rapidez, intentando dejarle atrás, pero mantener el paso de la rubia no fue algo difícil para el actor.

-Candy, necesito hablar contigo-habló por fin, obteniendo por respuesta un fuerte portazo.

-¡Yo no quiero hablar contigo, Terry!-gritó ella desde la seguridad de su alcoba.

-Aunque no quieras tendrás que hacerlo. Es importante lo que tengo que decirte.

-Eso debiste pensarlo antes de espiarme mientras me bañaba-replicó ella después de reemplazar el camisón mojado por el vestido antes escogido.

-Por favor, Candy. No tienes nada que no haya visto antes-contestó él irónico.

-¡Eso no remedia lo que hiciste! ¡Sólo lo empeora!

-Vamos, Candy, no puedes enfadarte por eso. No era mi intención hacerlo. Te buscaba para hablarte.

-Sí claro. Imagino que buscabas a una de tus amigas, las sirenas, para que te cantaran una canción de cuna-usó ella el sarcasmo en su contra.

-De hecho, buscaba hablar con ricitos de oro, y me gustaría que ella saliera, si no te importa.

-¿Por qué no buscas a caperucita roja? Estoy segura de que ella te escuchará

-Es más difícil que el lobo se coma a caperucita. Por eso busco a ricitos de oro.

-Sigue con tu sarcasmo, Terry. No lograrás nada con eso.

-Tampoco tú usando esa actitud de niña malcriada.

-¡No soy una niña malcriada!

-¡Entonces abre la puerta y demuéstrame que tan madura puedes ser, Candy!

La rubia dudó por un momento, pero decidió que era lo mejor mostrarse como una mujer juiciosa, antes de darle otra razón a Terry para que la criticara.

-Tienes cinco minutos para convencerme de no cerrarte la puerta en la cara otra vez-sentenció ella después de abrir la puerta y dar la cara.

-De acuerdo. Nuestra relación no ha sido la mejor desde que llegamos a esta isla. Pero creo que podemos remediarlo.

-Cuatro minutos.

-Si te esfuerzas sólo un poco, podrías intentar tolerarme al menos.

-Si tú fueras más breve, podrías ayudarme a ahorrar mi tiempo.

-Escucha, Candy, ya me cansé de tu actitud. Te guste o no, estamos atrapados aquí, y ya es hora de que afrontes la situación.

-Cinco minutos justos, gracias por hacerme perder el tiempo, fue un disgusto hablar contigo-replicó ella dispuesta a cerrar de nueva cuenta la puerta, pero Terry fue más veloz que ella.

-¡Estoy hablando en serio, Candy!-advirtió serio evitando con su mano que la puerta se cerrara- ¡Quiero salir de esta isla tanto como tú, pero no quiero gastar mi tiempo en absurdas discusiones contigo!

-¡Entonces, ¿por qué no te alejas de mí?! ¡Así nos evitamos más problemas!

-Resulta, que los únicos humanos aquí somos tú y yo. Por ende, deberíamos tratar de sobrellevar esto juntos.

-No puedo sobrellevar nada contigo, cuando tú haces una fiesta por haber naufragado mientras yo me lamento por la misma causa.

-Entonces, ambos debemos cambiar nuestra actitud, y afrontar de una vez la realidad. Estamos solos aquí. Y a menos de que podamos soportarnos, seguiremos en la misma condición.

-De acuerdo, Terry. Tú ganas. Hagamos una tregua.

-Al fin dices algo sensato.

-Pero antes de hacerlo, hay que dejar clara una condición-lo frenó ella.

-¿Cuál?

-Tú y yo somos amigos, y como amigos, nos hemos de tratar. Ninguno irrespetará al otro, ni violará el espacio personal de su compañero. Por lo tanto, mantendremos las normas de cualquier civilización, comportándonos como una dama y un caballero.

-Dirás, como un hombre y una mujer-la corrigió tratando de darle un doble sentido a su afirmación.

-Llámalo como quieras, Terry. El caso, es que no olvidarás quien soy, así como yo no olvidaré quien eres.

-Esta bien. Seguiremos tus reglas. Pero antes, tendrás que aceptar una mía también.

-¿Cuál?

-Seremos amigos, pero como amigos, vamos a confiar el uno en el otro, y nos apoyaremos mutuamente, tal como solíamos actuar en el colegio de Londres.

-El pasado no regresa, Terry.

-No volveremos al pasado. Vamos a vivir el presente, y lo vamos a hacer juntos.

Por un breve momento, segundos tal vez, ambos se miraron fijamente, entendiendo por la mirada del otro que la empatía entre ambos se había restaurado.

Volverían a ser amigos, para mal, o para bien.

& & &

Varias horas habían ya transcurrido desde la que prometía ser la última discusión entre los únicos dos seres en esa isla.

Candy había ocupado su tarde en limpiar la que ahora era su habitación. Después de haber compartido el desayuno con Terry, se sentía levemente calmada.

Su presencia la seguía turbando, sí. Pero ahora, sabiendo que podía confiar en él, que ambos se mantendrían en su lugar, le daba una breve pero firme seguridad al tratarle.

Sin decir nada, Terry se retiró a su alcoba después de ayudarla a recoger la mesa. No quería decirle a la rubia de su hallazgo aún. Tenía que aprovechar las ventajas que significaban el estar solos en esa isla; una vez más se prometió a si mismo conquistarla, esta vez, antes de salir de ese desértico lugar.

La rubia terminaba de doblar la ropa que antes encontró cuando sintió que su estómago le recordaba que sólo había comido una vez en lo que iba de día. Miró el pequeño reloj de la mesita próxima a ella. Eran las seis de la tarde. Se había refugiado por mucho tiempo.

"Ya es hora de dar la cara otra vez" pensó fugazmente antes de terminar su tarea y decidir salir del cuarto. Bajó las escaleras con pesadez y al entrar a la cocina descubrió que no estaba sola allí.

-Tardaste mucho en bajar-le dijo él sentado frente a la mesa.

-Estaba arreglando las cosas que hay en la habitación. La mujer de la fotografía tenía muchas cosas valiosas-se excusó avanzando con cautela.

-Imagino que ese vestido que llevas era de ella.

-Tú también te cambiaste-notó ella antes de sentarse frente a él.

-Es una casualidad que coincidiera conmigo el muchacho de la foto. Se nota que prefería vestirse con algo cómodo.

Parecía cómodo, sí. Pero también se veía como todo un caballero de la nobleza. La simple camisa celeste claro con un pantalón blanco, hacía excelente juego con la actitud refinada que ahora mostraba Terry.

-¿Sabes?, te ves muy linda con ese vestido...aunque seguramente te verías aún más linda sin él...-la halagó haciendo inaudible su último comentario.

Pretendió hablarle como un caballero, pero sus pensamientos lo traicionaron. Por suerte, sus últimas palabras habían sido pronunciadas con una voz muy baja.

-Gracias-aceptó ella el halago con rubor producto de la mirada intensa que él le dedicaba en ese momento.

Un ambiente tenso se formó entre ellos, y Terry se apresuró a romperlo al comprender que ella empezaba a incomodarse.

-Imagino que bajaste para cenar.

-Pues...eso quería hacer.

-Yo también, pero estaba pensando en que podíamos hacer algo juntos, Candy.

-¿Algo juntos?

-¿Te gustaría salir a caminar conmigo?

-¿No es peligroso salir a esta hora?

-Es el mejor momento del día para recorrer el paraíso-aseguró levantándose.

-¿El paraíso?-repitió sin entender su última aseveración.

-Un lugar jamás tocado por el hombre, en el que sólo estamos tú y yo.

"Paraíso…creo que la última vez que escuché esa palabra fue en la clase de la Hna. Margaret. El paraíso del edén…si, ya recuerdo. Pero…". Aquel paraíso del que escuchase tampoco había sido tocado, pero también tenía dos habitantes: un hombre y una mujer, que Dios había creado para que formasen una unión.

Recordar esa clase, junto con la respuesta de Terry la hizo dudar. Ellos también eran un hombre y una mujer, propensos a la atracción natural. Pensó en decir que no, en negarse a salir con él, o en dar alguna excusa que pudiera redimirla, pero…

-De acuerdo, Terry. Pero me gustaría comer algo antes.

-Comamos afuera. Sería bonito comer mientras se pone el sol sobre el mar-sugirió él.

-Esta bien. Salgamos, entonces-aceptó al fin poniéndose de pie para seguirle.

La rubia decidió dejar de lado sus preocupaciones. Ambos eran parte de la creación de Dios, y como tal formarían esa unión para la cual fueron creados…aunque sólo fuese en calidad de amigos.

Se separaron un momento para buscar las frutas que comerían. Luego se reunieron a orillas de la playa, presenciando como la marea subía y el oleaje aumentaba.

-Tenías razón. Es un bonito atardecer el que se ve en la playa-reconoció ella con la mirada pérdida en el horizonte.

Candy yacía sentada sobre la arena, y junto a ella estaba Terry, recostado sobre una piedra cercana.

-¿Sabes? El breve tiempo que viví con los Andrew, Dorothy me dio a probar el coco-comentó ella al ver que Terry tenía la misma fruta.

-¿Dorothy?

-Trabajaba para los Leegan, y después la asignaron para ser mi mucama cuando me adoptaron los Andrew. Ella sabía preparar unos ricos pasteles de coco.

-Si con eso dices que has comido coco, estas equivocada.

-¿Por qué?

-Para disfrutar comer el coco, se debe comer así, de forma natural.

-Pero tiene agua adentro-señaló ella con inapetencia al ver que él le tendía la fruta.

-El agua de coco es muy deliciosa, no te vas a morir por beberla.-al ver la expresión en su rostro añadió- Te aseguro, que su sabor te va a encantar.

Después de pensarlo un par de segundos, la chica tomó el coco y lentamente se lo llevó a los labios para beber su contenido.

-Mmmm…! Esta muy rica!-concluyó después de lamerse los labios.

-…Candy… ¿por qué no vamos a caminar un rato?-se levantó de sopetón.

Terry era un excelente actor para fingir y controlar emociones, pero el simple hecho de ver a la rubia lamer sus propios labios le hizo perder varios terrenos de autocontrol que guardaba para tratar con ella. La erótica idea de ser él quien limpiara sus labios le hizo ser conciente de que debía poner algo de distancia entre ellos…al menos por un momento.

-…De acuerdo-asintió después de tratar de hallar una lógica explicación a su sugerencia.

Caminaron uno junto al otro en silencio…un silencio ensordecedor, intenso, penetrante…

-Y, ¿qué has hecho últimamente, Candy? ¿Todavía eres enfermera?-trató él de aligerar la tensión.

-Pues…le ayudo al doctor Lenard cuando me lo pide. Él vive cerca del hogar de Pony, y ayuda a todos los que no pueden viajar largos trechos.

-Entiendo… ¿y tus amigos?

-Ellos están bien. ¿Sabías que Archie y Annie se casaron?

-Sí, lo publicaron en los diarios. Igual que la gran revelación del Sr. Andrew.

-¿Te enteraste?

-Siempre pensé que Albert tenía demasiada clase para ser un simple "plebeyo". Por eso no me sorprendió tanto.

-Su verdadera identidad me tomó desprevenida…pero agradezco mucho que él fuera mi padre adoptivo…él es como un hermano para mí-confesó ella sintiendo nostalgia por el recuerdo.

-También supe lo que le pasó a Stear-le reveló con cautela- lo lamento mucho, Candy.

-Su muerte fue muy dolorosa para todos…pero prefiero recordar los buenos momentos que viví con él-le dijo mostrando una sonrisa que bien disfrazaba la tristeza contenida.

Terry entendió que había tocado un tema no muy conveniente, y optó por callar. Fue hasta que estuvieron frente a la laguna que volvió a hablarle.

-Creo que la luna ya empezó a salir.

-Tal vez deberíamos regresar a la casa-sugirió ella.

-¿Por qué no nadamos un rato primero?

-¿Nadar?-preguntó haciendo que la idea sonara a locura.

-Tengo la ligera impresión de que el agua no ha de estar muy fría.

-Aún así…no tengo un traje de baño para eso…

-No seas tonta, Candy, no lo necesitas. Será como bañarse en una piscina, pero con más libertad.-al verla fruncir las cejas decidió ser más explícito- No vamos a desvestirnos para nadar en la laguna.

-Pero…se mojara mi vestido.

-¿Y qué? Puedes usar algún otro de los que encontraste, o tu vestido propio que seguramente ya está seco.

Las excusas se le estaban agotando, y su cerebro no le ayudaba a maquinar alguna nueva creíble.

-¿No sabes nadar, Candy?

-¡Claro que sí!...Bueno, en realidad…no si es en aguas muy profundas…

-No creo que estas lo sean. Y si ese fuera el caso, yo te ayudaré.

-…De acuerdo…pero sólo un momento-aceptó con reticencia.

-Descuida, sirenita, el agua dulce te sentará bien-bromeó él avanzando primero.

-Muy gracioso, Terry.

-¿Eres buena con los clavados sin tu cola de sirena?

-Tanto como tú…no.

-Muéstrame.

Candy tomó aire antes de arrojarse al agua en un clavado simple.

-¿Qué te parece?-preguntó emergiendo del agua.

-Nada mal, para ser una sirena sin aletas-respondió burlonamente.

La rubia se limitó a enseñarle la lengua y a darle la espalda, pero se volvió al sentir que él entraba al agua.

-¿Y ahora qué?-le preguntó cuando estuvo a su lado.

-Debajo de la cascada hay una cueva pequeña. ¿Qué te parece si la exploramos?

-¿Y si hay un pulpo…o un tiburón?

-Esos animales están en el mar, Candy. Pero si tienes miedo…

-¡No tengo miedo, Terry!

-Entonces vamos.

-Esta bien, pero si la cueva es muy pronunciada regresaremos. No creo poder aguantar la respiración por tanto tiempo.

-Como quieras-fue lo último que dijo antes de sumergirse.

Candy lo siguió y así empezaron la exploración. Podían abrir sus ojos con facilidad, pero dentro de la cueva sólo breves rayos de luz producidos por la luna eran la única fuente de iluminación, por lo que ver debajo del agua era todavía más difícil.

Llegaron a un punto en el que sólo la oscuridad llenaba el lugar, y Candy le pidió con una seña que regresaran. Terry asintió y se dispuso a seguirla.

Cuando la rubia sintió que salía de la cueva, miró a su alrededor. Terry no estaba a su lado, y tampoco parecía estar en la superficie. La preocupación de no verlo cerca le hizo olvidar que aún estaba bajo el agua, y para cuando lo notó empezaba a ahogarse. Cerró los ojos con fuerza tratando de subir a la superficie, pero la presión del agua no la ayudaba.

Sin ninguna explicación, se sintió ligeramente impulsada hacía arriba, como si las aguas la mecieran. Cuando abrió los ojos descubrió el causante real.

Era Terry quien la tenía en brazos aún en el agua, estando los dos ya en la superficie.

-Terry…tú…

-¿Pensaste que me había ahogado?

-Sí…-su voz era entrecortada por la falta de aire.

-Debiste recordar, que no es la primera vez que nado en esta laguna, Candy.

-Creo…que lo olvidé…-reconoció ella.

Un momento de tensión nació entre ellos. Ella aún yacía en sus brazos, y Terry no parecía tener intención de soltarla. Contrariamente, permitió que sus ojos recorrieran la visión que tenía sobrecargada en su pecho.

El escote breve del vestido de Candy se había vuelto menos tentador que la adhesión de la tela a su figura. Estar así de cerca le permitió sentir su agitado respirar, que se hizo más violento al notar como él la miraba. Siguió el movimiento de su pecho y se cruzó con un indicio más de su agitación. ¿Era el agua fría la causante de la erección de sus pezones?... ¿o acaso…?

Obtuvo la respuesta cuando la sintió temblar y vio la nueva expresión de inseguridad en su rostro.

-No te preocupes, Candy…somos amigos… ¿verdad?-dijo él en voz baja, mirándola con intensidad, sintiendo su propia respiración agitarse.

No obtuvo respuesta, al menos no una audible, porque lo siguiente que pasó lo sorprendió completamente.

¡Ella lo estaba besando! Candy había unido sus labios y se aferró a su cuello aún más que antes. Sintió como su cuerpo se escapaba de sus brazos para acercarse de nueva cuenta al suyo.

Breves segundos pasaron antes de que Terry recuperara el control. Rodeó con un brazo la delgada cintura de la rubia mientras que usaba su mano libre para acariciar su mejilla, a la vez que empujaba ligeramente su cuerpo hasta recostarla sobre una roca.

Dejando que sus propios deseos surgieran, penetró en su boca con su lengua, buscando la suya, descubriendo que ella estaba más que dispuesta a responderle.

Estuvieron un largo rato así, besándose con pasión, con anhelo, con deseo…La temperatura iba en ascenso, y Terry sintió la necesidad de tocar su piel. Se atrevió a deslizar su mano por su cuello, dándose la libertad de continuar su recorrido. Presionó levemente uno de sus senos, y Candy gimió calladamente. El sonido de sus respiraciones se veía ahogado por el ruido del agua al caer de la cascada.

Siguió deslizando sus manos por su cuerpo, bajando por su talle, presionando sus costados, hasta que…

-¡¡Terry!! ¡¡No, no, basta, basta!!-le oyó decir cuando separó abruptamente sus cuerpos, después de sentir su mano en su entrepierna.

-¿Qué…por qué, Candy, por qué…?

-¡¡Por favor, Terry no sigas!! ¡¡No insistas, por favor!!-dijo ella con voz quebrada, antes de salir de la laguna.

-¡¡Candy, espera!!-trató de detenerla, pero ella ya se había alejado.

La vio desaparecer entre la maleza, y sintió la impotencia adueñarse de él, semejante a la que había sufrido en Escocia después de besarla y experimentar su rechazo.

"De nuevo me rechazas, Candy…pero esta vez, no te la pondré tan fácil" pensó antes de salir de la laguna, y tomar el mismo camino que usara ella.

Esta vez, estaban solos en una isla, esta vez, aunque no lo quisiera, tendría que darle la cara, tendría que explicar al menos su reacción.

Con esa idea rondando en su cabeza, Terry entró a la casa, dispuesto a hacerse oír, y a cumplir su palabra.

& & &

-¡Candy, por favor, abre la puerta!-era la tercera vez que gritaba frente a la puerta de su cuarto, pero no obtenía respuesta- ¡Si no abres, voy a tumbarla!

-¡No te atrevas a hacerlo!

-¡Entonces ábrela! ¡Necesito hablar contigo!

-¡Yo no tengo nada de que hablar contigo, Terry! ¡Ni ahora, ni nunca!

-¡Esta tarde, prometiste que volveríamos a confiar en el otro!

-¡Esta tarde, prometiste que respetaríamos el espacio personal del otro, y lo que hiciste hace un rato rompió tu promesa!

-¡Que yo recuerde, no fui yo quien comenzó a "violar" el espacio personal del otro!

-¡Pero si fuiste el primero en ir más allá de la línea, ¿verdad?!

-¿Esa es tu molestia? ¿Te enfadaste porque te seguí la corriente?

Fueron palabras dichas más no pensadas. Terry no coordinó bien sus pensamientos. Quería decirle que la besó porque la amaba, porque la deseaba, pero…otra vez se había equivocado…

-No. ¡Me enfadé porque estoy atrapada en una isla con el peor de los patanes del mundo!

-Noticia de última hora, sirenita: Tú besaste al peor de los patanes, y lo hiciste por tu propia voluntad.

-¡VETE DE AQUÍ, TERRY, DÉJAME SOLA!-sabía que había fallado, y dolía más que él se lo recordara.

"Te seguí la corriente…que tonta eres, Candy. No sé que te hizo pensar que él te correspondería por amor…"

-Muy bien, Candy, no pienso seguir discutiendo contigo. Mejor, hablemos de algo más trivial.

-¡¿Acaso no me escuchaste?! ¡Quiero que me dejes sola!

-¿Cambiarías de parecer si te digo que encontré algo que puede ayudarnos a salir de esta isla?

La rubia que yacía sentada sobre la cama, con la almohada entre sus brazos, se levantó lentamente y abrió un poco la puerta, lo suficiente para verle a la cara.

-¿Qué fue lo que encontraste?-preguntó recelosa.

-¿Ahora si te interesa hablar conmigo?-preguntó cruzándose de brazos.

-¿Lo dijiste para hacerme salir?

-Sí-pero al ver que ella se molestaba se apresuró a aclarar- pero no he dicho ni una sola mentira.

-Más te vale que no lo hagas ahora.-dijo antes de salir enfundada en una bata que la cubría de la exposición en la que su vestido la había dejado en la cascada- Muéstrame lo que encontraste, Terry.

El castaño le hizo una seña para que lo siguiera y en un par de minutos estaban en su habitación. Candy seguía aún reticente, pero todo temor desapareció cuando Terry levantó un viejo fieltro para descubrir su hallazgo.

-Terry…esto es…

-Un telégrafo. Es muy antiguo pero creo que podría funcionar.

-¿Crees que nos ayude a salir de aquí?

-Sí podemos repararlo y telegrafiar algún mensaje, seguramente nos servirá.

-¿Dices que no sirve?-interrogó ella estudiando el aparato.

-Ya lo probé esta mañana, Candy…y no sirvió. Seguramente le falta alguna pieza, o tal vez tenga alguna dañada.

-Pero… ¿hay alguna manera de hacerlo funcionar?

-Si no la hay, al menos vamos a intentarlo.-ella se sorprendió cuando el cubrió de nuevo el artefacto- Vamos a descansar, Candy. Creo que han sido muchas aventuras por un día.

-Pero…

-No creo que podamos repararlo en la oscuridad de la noche. Mañana buscaremos herramientas, o lo que sea que pueda ayudarnos a arreglarlo.

-De acuerdo-aceptó ella poniéndose de pie, dispuesta a marcharse, pero estando en el quicio de la puerta, escuchó su voz.

-¿Candy?

-¿Sí?-se volvió lentamente. Podía sentir su intensa mirada sobre su frágil figura.

-Gracias por acompañarme esta tarde. Me gustó que estuvieras a mi lado-le confesó él con una mirada que todo revelaba…pero no para Candy…

-Yo también me sentí bien contigo-agregó ella desviando la mirada, naturalmente ruborizada.

-Candy, yo…

-…Hasta mañana, Terry. Que descanses-lo interrumpió al presentir que lo que diría le afectaría a su ya lastimado corazón.

-Que descanses, Candy-aceptó él resignado- nos veremos por la mañana.

La rubia asintió y siguió su camino hasta la seguridad de su cuarto. Las esperanzas de Terry por confesarle su amor esa noche se habían esfumado ante la realidad: Había sido suficiente por una sola noche. Lo último que quería era experimentar otro rechazo de ella…no quería eso para cuando le confesara el amor que le tenía.

Algo le había quedado bien en claro: Candy seguía queriéndolo.

Ahora sólo faltaba la ocasión y el momento. De un simple querer, como en los tiempos del colegio, haría nacer el amor en ella otra vez.

& & &

Mientras tanto, Candy se debatía entre las almohadas, acurrucada cual niña triste por los eventos recientes.

"Los hombres siempre serán hombres, Candy…Terry no es la excepción. Te besó porque le gustas, tal vez por no rechazarte…pero no lo hizo porque me amara…él no me ama como lo amo yo…"

Sintió que las lágrimas ya empezaban a anunciar su llegada, y no quiso detenerlas. Esa tarde había probado sus labios otra vez, había sentido las caricias más deliciosas que nunca nadie le había dado, pero…

"Te fijas en mí por mi cuerpo… ¿Eso es lo que ves en mí, Terry? Yo podría darte mucho más…

Podría darte mi alma, mi corazón y mi ser entero…lo haría si supiera que me amas, tan sólo un poco…", dos gruesas lágrimas corrieron por sus mejillas, pero no fueron retiradas de su rostro.

"Sé que prometí dejarte, no estorbarte en tu nueva vida, pero…me duele tanto amarte, y tenerte tan cerca, Terry…". Candy no contuvo más el llanto. Sollozó en silencio, abrazada a una almohada, lamentándose por no haber escuchado sus deseos en la cascada.

Hubiese deseado seguir, continuar devolviéndole cada beso, pero más pudo su orgullo y su pudor, quedando ciega en el momento menos conveniente, incapacitada de ver que Terry con sólo una mirada le había profesado amor y adoración.

& & &

Fue un día nublado en Nueva York. La ciudad se había llenado de nubarrones y fuertes amenazas de una lluvia pronta. Aún así, en aquel día tan gris, se dio el "último adiós" a dos personajes muy especiales.

Eleanor Baker había acordado con el Sr. Andrew que se invitarían sólo los más allegados a la reunión.

No habían cuerpos que sepultar, pero decidieron todos juntos que lo mejor para despedirse de Candy y de Terry era hacer una ceremonia en su memoria.

Albert se conmovió al ver el sufrimiento de tantas personas en aquella iglesia.

La vida de un joven y talentoso actor se había apagado. Las noticias de los diarios habían afectado mucho a Eleanor, y optó por dejar de leer cualquier periódico.

Los rumores y habladurías se acallaron cuando el duque Grandchester arribó en la ciudad. Su influencia sin duda era la responsable de tal cosa. No era un misterio ya para nadie: El joven más talentoso de Broadway también era el hijo de dos personajes muy importantes.

"Que lástima que estén tan unidos por la muerte de su hijo…", pensó fugazmente el Sr. William al contemplar a ambos padres consolarse mutuamente mientras transcurría la tarde.

Los llantos de las mujeres era lo más hiriente. Annie, Patty, la Srita. Pony, la Hna. María, todas estaban sumergidas en un mar de lágrimas.

Los sollozos de los niños eran algo doloroso. Todos lloraban por su "jefa", y estrujaban sus ojitos tratando de secar las lágrimas.

El pobre Klinn yacía en sus brazos, extrañado de ver a todos los presentes tan melancólicos. Tendría que ocuparse de él ahora…no tenía corazón para decirle lo que a su dueña le había acontecido…

Al final de la tarde, el cielo lloró también por dos almas perdidas, las cuales el destino sabría encaminar, hasta el día de su retorno…

Notas finales:

¡Hola otra vez a todas! Chicas, no sé ustedes pero para este cap, tuve que hacer uso de mi viejo ventilador por el calor que sentía en el ambiente por la escena de la cascada entre Terry y Candy 0//0; es una lástima que no terminara como seguramente todas imaginaban al leerlo, pero bueno, ya merito veremos que pasa en esta historia.

Yelitza, Sakura, las comprendo a ambas, para mi fue difícil escribir la tristeza de Albert y los demás, y aunque este cap cierra enfatizando ese dolor otra vez, prometo que todo tiene su propósito.

Hi Elisa, es para mí un placer que te hayas animado a seguir mi historia. Confieso que yo también conozco a Candy desde hace varios años, y que fue por mi inconformidad con el final que me animé a escribir historias donde se les de a cada cual su justo final. Por cierto, si eres nueva en el mundo fanfiction, ¡bienvenida!

Bárbara, te aseguro que Robin Hood únicamente lo vi en la versión para niños, pero si has podido asociar la escena de la espiada con una escena de esa peli ¡es genial! Pues por la tensión sexual…creo que el cap habla por si solo, Jajaja. Y sobre la espiada de Terry, confieso que me divertí mucho escribiéndola, y la reacción que ambos tienen cuando se descubren mutuamente, confieso que es lo que yo desee que pasara en el festival de mayo 0//0.

Nashtinka, que bueno que te hayas animado a leerme. Fíjate que lo de las fantasías tiene que ver con los motivos que me llevaron a escribir esta historia. Y pues lo del reencuentro también jugó un buen punto para la idea que necesitaba plasmar en ese momento. Te advierto que si te gustan las historias excéntricas y poco comunes, las mías te gustarán, Jajaja.

¡Gizah! Tú lo has dicho, la imagen de Terry así es como colirio para los ojos de cualquiera, jajaja. No sabría decir quien comenzó a evidenciar que no aguanta, jajaja. Te confieso que no he visto la peli de la familia Robinson, pero ya me dirás luego que tiene en común la historia con ellos, jijiji.

Marlene, que bien que decidieras seguirme con esta historia. Confieso que el título no esta muy claramente asociado a la historia todavía pero ya merito verás por qué se llama la fuerza del mar (si todavía no lo entiendes completamente, claro está).

Diana, me encantó ese refrán 0-0 y creo que hasta de inspiración me sirvió (risa macabra, jajaja). Y como la pecosa se tomó el atrevimiento, pues Terry también se lo merecía, así que no lo juzgo en este nuevo cap, jajaja. La verdad es que no he leido tu historia, amiga, pero si crees que necesitas ayuda o que en algo puedo ayudar no dudes en enviarme un review y ya merito nos ponemos de acuerdo. Suerte con tu historia, a veces los problemas más complicados tiene una solucion muy simple, ¡Animo!

Avances del prox cap:

Terry comienza a reparar el telégrafo, lo que les da una esperanza más de salir de la isla. Candy es muy obvia con sus reacciones para con Terry y únicamente le queda una opción, pero ¿será capaz de tomar la única salida que tiene?

Como siempre, un placer escribir para ustedes. ¡Nos leemos en una semana!