Mírate… en esto has quedado— se escucha la voz, pero él solo tenía sus ojos cerrados.

Se suponía que la protegerías… y ahora mira quien pide auxilio— se escucha ahora con risas, pero él solo tenía sus ojos cerrados.

Pusieron su confianza en ti, y ahora Hina murió por tu culpa— nuevamente se escuchó la voz, esta vez como si de un fuerte e irritante siseo se tratase.

Pobrecito… ¿Quieres a tu mamá?, no puedes… está muerta— dijo cruelmente, mientras que las leves carcajadas seguían siendo escuchadas.

Pero bueno… supongo que ahora dejarás que ella también muera; al fin y al cabo, tú no harás nada para evitarlo, y… ¿Estás dispuesto a escuchar como la torturan?

Fueron sus últimas palabras

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El día comenzaba… Takeru junto con Harumi guardaban las mantas, mientras que yo ayudaba a Hanako a levantar algunas de las cajas que teníamos en la carreta, para que así la Lopunny pudiera observar las medicinas que estaban más al fondo de la misma.

Pasaron así los minutos, hasta que finalmente terminamos de prepararnos, por lo que casi al instante, y sin necesidad de decírselo, Renzo simplemente se levantó del lugar donde pasó sentado toda la noche, para después comenzar a caminar en dirección hacia el sector en cuarentena.

—Comiencen a moverse… ya tuvieron su descanso, es hora de partir— decretó con una firme voz Renzo, a la vez que nosotros simplemente fruncíamos levemente el ceño ante aquella actitud tan acostumbrada.

Ya con el mero hecho de seguir tratándonos igual me impulsaba a llevarle la contraria, sin embargo, la mano de Harumi en mi hombro me sacan de mis pensamientos.

—Es mejor así, Ryo…— dijo Harumi en una tenue voz, mientras que yo simplemente la observaba— tenemos que movernos rápido si queremos curar a esas personas, no sé cuánto tiempo más tengan las medicinas luego de que fueron calentadas ayer— decretó mi esposa, recordándome dicho acontecimiento, a lo que yo simplemente asiento un poco apesadumbrado, para después sentir como Harumi daba un pequeño tirón a mi pelo en señal de juego, para después sonreírnos mutuamente y comenzar a su vez a caminar en la misma dirección de Renzo.

Y así… con la tenue y helada brisa de invierno acompañándonos, tardamos aproximadamente unas dos horas hasta que finalmente comenzamos a presenciar recién la existencia de aquel sector de cuarentena; sin embargo, Harumi… Hanako… e incluso Renzo… no eran capaces de saber que nos encontrábamos a pocos kilómetros de llegar a aquel oscuro lugar…

Ya que, en el momento en el que nos encontramos lo suficientemente cerca, Takeru y yo fuimos capaces de sentir aquellas auras a nuestro alrededor…

Aquellas auras… portadoras del infierno en su sentir.

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El dolor… los gritos ocultos en aquella oscuridad lejana… nos perturbaron casi al instante en el que Takeru y yo estuvimos a la distancia adecuada.

No podíamos negarlo; pero no podíamos advertirlo… nuestro silencio e inexpresión fue el único resultado de aquella percepción.

Era extraño… el infierno no es como uno lo imagina… uno piensa en gritos, en dolor, en penas y muertes; sin embargo, me atrevería a decir que las "llamas eternas" apenas si serían una sombra de lo que sentimos en aquel sector.

Ya que… no eran llantos y sufrimiento lo que Takeru y yo sentimos en aquellas auras…

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Solo fue silencio.

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Como si la cruel lágrima de un niño recorriendo silenciosamente su mejilla se tratase; como si el tenue aliento congelado de un hombre en sus últimos momentos de conciencia fuese, la vida a pocos momentos de esfumarse era lo que más se demostraba en aquellas auras.

Y cuando una vida sin esperanza comienza a esfumarse… los gritos que antes con tanto esmero se emitían, dejaron de hacerse presente para ser reemplazados por un silencio tal, que incluso al más fuerte era capaz de perturbar...

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Pasaron solo minutos luego de que Takeru y yo nos percatáramos. Renzo lo esperaba, sin embargo, su actitud ya de por si no hubiese cambiado en lo más mínimo inclusive si hubiese sido la primera vez que hubiera visto aquel lugar.

Pero… los rostros de Harumi y Hanako se deformaron completamente en el momento en el que sus ojos percibieron lo que mi amigo y yo habíamos sentido hacia minutos atrás…

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Estaba nublado… y el helado clima no ayudaba a que aquella vista se tornara mejor…

No existían muros o cercas, el bosque estaba apenas separado a unos cuantos metros de las pequeñas y deplorables casas de aquel "pueblo", sin embargo, aquello de lejos si era dar una descripción de como en realidad era la vista de aquel lugar.

Ya que… al fin y al cabo, incluso me atrevería a decir que las imágenes que nos mostró Narue en mi hogar tenían un mejor aspecto que lo que nuestros ojos observaban en aquel momento…

Eran muchas auras… muchas personas que la gran parte se encontraban en los caminos de tierra que separaban las casas de aquel sector.

Takeru y yo no pudimos detectar el número de auras cuando nos las topamos por primera vez a las lejanías, pero incluso en el momento en el que nos encontramos lo suficientemente cerca como para contarlas, nos era difícil.

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No entramos… apenas si estábamos de pie una vez que logramos apreciar el deplorable estado de aquel lugar, Hanako se llevaba las manos a su boca, mientras que Harumi tenía un rostro completamente estupefacto, al igual que Takeru y yo.

No eran solo niños y niñas, no eran solo mujeres y hombres… cada una de las auras que alcanzábamos a detectar y separar del resto estaba imbuida en una pena y dolor ante la enfermad tal, que con el simple hecho de detectarla hacía que me horrorizase el pensar que esta proviniese de un niño o un anciano…

Pero venía de todas…

Incluso de un bebé… cuyo único pensamiento debería ser el de duda e ingenuidad, incluso el instintivo pensamiento de dolor y temor a la muerte se encontraba incrustada en lo más profundo de su aura, a pesar de siquiera tener conocimiento de lo mismo.

Ancianos deseando su muerte… hombres y mujeres careciente del alimento suficiente para ellos o sus propios hijos; niños susurrando deseos de venganza y muerte hacia sus apresadores; el llanto continuo de algunos de los infantes malnutridos que nacieron antes de la peste, y otros que nacieron después…

—Bienvenidos…— dijo Renzo, girándose levemente hacia nosotros, solamente para mantener su seria actitud luego de ver en nuestro rostro el impacto de haber observado aquel pueblo— este es el sector de cuarentena, les deseo éxito en su labor— decretó con un toque de sarcasmo, extrañándonos al notar su ahora levemente inexistente actitud fría e insensible de siempre.

Ryo…— dijo Harumi, a la vez que se giraba hacia mí, intentando preguntarme como era la "real" situación, ya que estaba al tanto de que Takeru y yo podíamos ver la condición de aquellas personas mediante su aura.

Pero no se escuchó nada de mi parte…

Estábamos estupefactos… ya de por si estábamos mal cuando recién comenzamos a detectar sus auras, pero por cada paso que dábamos era como un golpe hacia nuestra consciencia, como si el dolor creciera por cada metro que nos acercábamos hacia aquellas personas…

Y solo fue cuando pudimos verlas, cuando la pureza de aquellos sentimientos se sintió al máximo.

S-Son… muchos— dije en susurros, mientras que Harumi y Hanako solo podían preocuparse más luego de escuchar aquello.

Sin embargo, Harumi simplemente frunció el ceño luego de unos segundos, girándose hacia Renzo, para notarlo con la misma seriedad y frialdad de siempre.

—Necesito un lugar donde tratar a estas personas— decretó seria y decisiva Harumi, extrañando y a la vez sorprendiendo a Renzo y a nosotros luego de notar la obvia seguridad en sus palabras— debe ser lo más amplio posible, y también que esté bajo techo— decretó mi mujer, mientras que Renzo simplemente alzaba una ceja en son de la prepotencia de la misma.

Pasaron los segundos, hasta que finalmente Renzo comenzó a hablar.

—¿Tú crees que si existiese un lugar así en este pueblo, estas personas seguirían a la intemperie? —preguntó con normalidad el hombre, mientras que Harumi simplemente no parecía cambiar su actitud, a la vez que ella de igual manera comenzaba a acercarse hacia Renzo, extrañándolo nuevamente.

—No me tomes por tonta… Teijo dijo que este era un pueblo agricultor, y que los más afectados fueron los granjeros… sería estúpido para ese hombre el transportar a los enfermos a un lugar más apropiado por lo insensible que es— decía, comenzando a esbozar una pequeña sonrisa desafiante.

—Apuesto a que deben tener más de un granero por acá— declaró astutamente Harumi, mientras que Renzo simplemente lanzaba una tenue mueca luego de que mi esposa descubriera un posible lugar para comenzar a curar a los enfermos.

—Pierdes tu tiempo… el señor Teijo ordenó que los quemaran todos, o bueno… los de este sector, por temor a que las pestes se siguieran propagando en las cosechas que ahí se guardaban— declaró, luego de unos segundos Renzo, preocupando un poco a Harumi, pero extrañándola cuando este comienza a fruncir el ceño levemente.

—Pero… hay uno que Teijo no quemó— declaró nuevamente el hombre, haciendo que Harumi abriera un poco más sus ojos ante aquello, mientras que Renzo simplemente tenía una actitud un tanto desanimada de tener que dar esa información, ya que su principal orden era "ayudarnos"— No se guardaban cosechas ya que en si era un viejo granero y este se encontraba en pésimo estado, casi al punto de temer el que se cayera en cualquier momento, se iba a destruir para crear uno nuevo, sin embargo, las pestes llegaron poco después, y ese lugar se mantuvo así a partir de entonces… pero la verdad, no hay garantías de que siga en pie ahora— terminó de decir finalmente el hombre, mientras que Harumi asentía levemente.

—Ryo… tenemos que ir a verlo, necesito tratar a estas personas en un lugar bajo techo y climatizado como mínimo, no podemos perder más tiempo— dijo Harumi a la vez que se giraba hacia mí, a la vez que yo simplemente la miraba levemente decaído luego de que toda aquella pena nos abordaran a Takeru y a mí, sin embargo…

Bueno… la esperanza que irradiaba el aura de Harumi también la podíamos sentir.

—Necesito que nos lleves a ese granero— declaró Harumi, girándose nuevamente hacia Renzo, el cual simplemente vuelve a fruncir el ceño luego de que la chica volviera a mencionar aquel lugar, a lo que este simplemente asiente, para después volver a girarse, dándonos la espalda.

—Está del otro lado— sentenció finalmente Renzo, a lo que todos nosotros nos quedamos estáticos luego de escuchar aquellas palabras, notando lo obvio que significaban las mismas.

Tendríamos que pasar al lado de aquellas personas, observando de cerca su estado.

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Eran muchas… no podíamos hacer nada; ayudar solo a uno equivaldría el tener que ayudarlos a todos, y el tiempo era algo que no teníamos a nuestro favor, las medicinas no durarían tanto, y Harumi sabía que primero se necesitaba de un lugar adecuado para comenzar a tratar aquellas personas.

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Nosotros pasábamos a su lado… pero sus miradas ni siquiera se percataban de nosotros, nadie nos observaba, simplemente mantenían la frialdad en sus ojos.

—Pensaba que habrían guardias…— decía Harumi, a la vez que observaba a algunos niños que reposaban en un pequeño sector donde la nieve no alcanzaba a llegar, mientras que los padres de los mismos simplemente estaban despiertos al lado de ellos, sentados en la nieve a la vez que unas delgadas mantas eran lo único que cubrían sus cuerpos.

—Los únicos que existen son los que vimos en el puesto de control, evitan que la gente escape… pero no se arriesgan a que esta gente los contagie— declaró con total normalidad Renzo, mientras que Harumi y Hanako fruncían el ceño hacia el mismo, ante tal muestra de desinterés.

—Y… ¿Qué hay de ti? — preguntó nuevamente Harumi, mientras que Renzo aún nos daba la espalda, dejando un momento de silencio luego de que mi esposa le preguntara aquello.

—Simplemente… concéntrense en su tarea— declaró en voz baja Renzo, haciendo que todos nosotros nos extrañáramos luego de escuchar aquello, pero no parando nuestro andar de igual manera.

Ninguno de nosotros podía evitar el ver a aquellas personas… si bien ellas nunca se fijaron en nosotros, estas no se inmutaban en prestarnos atención, ya que en sus propias auras se apreciaba el hecho de que estos sabían que nosotros estábamos caminando al lado de ellos.

Sin importarles en lo más mínimo quienes éramos

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Nuestro camino seguía, nuestros pasos no se detenían… Harumi y Hanako estaban decididas en su andar, mientras que Takeru y yo continuábamos observando a nuestro alrededor…

Las pequeñas y maltratadas casas, el constante castañeo presente en los niños que aún no se habían acostumbrado ante las temperaturas de aquel día y la continua tos de más de algún hombre cada tantos segundos nos hacía imposible el desear poder ayudarlos al instante.

—"Harumi…"—empezaba a hablar por telepatía, a lo que todos comienzan a ponerme atención de igual manera, a excepción de Renzo, claro.

—"¿Crees que tengamos suficientes medicinas?" —pregunté, mientras que Harumi simplemente se giraba hacia mí, como si ya estuviese esperando aquella pregunta.

—"Depende del tipo de enfermedad y también del tiempo en el que ha estado presente, es muy relativo" — declaró Harumi, a la vez que esta simplemente fruncía nuevamente el ceño al observar otra vez a aquellas personas en lamentables condiciones.

—"Pero no dejaré que ninguno muera…"— declaró con un tono completamente serio y decisivo Harumi, a la vez que Takeru y Hanako se exaltaban levemente ante aquello, mientras que yo simplemente la observaba a la vez que pensaba, para después esbozar una pequeña sonrisa…

Diablos… como podría no estar enamorado de ella.

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Y fue en aquel momento… ese mensaje de seguridad, ese ánimo por parte de Harumi, aquel pequeño instante de esperanza en su actuar, cuando de un momento a otro todos quedamos estáticos y completamente paralizados…

Cuando aquella piedra chocó con la cabeza de Harumi.

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Era grande… casi como si de una taza se tratase, una piedra paró directo a la cabeza de Harumi pasados unos cuantos segundos luego de que esta dijera aquellas palabras por telepatía.

Todos estábamos atónitos, a la vez que yo abría por completo mis ojos ante aquel suceso, mientras que Harumi se llevaba las manos a su cabeza como respuesta al golpe.

Renzo se dio cuenta de aquello de igual manera, girándose hacia Harumi una vez que esta lanzó el gritó por el dolor causado ante lo obvio, mientras que la sangre comenzaba a brotar de su frente.

—¡Harumi! —grité preocupado, a la vez que corría hacia la misma, mientras que esta tenía sus ojos completamente cerrados, frunciendo el ceño a mas no poder debido al dolor del golpe, comenzando a encorvarse por lo mismo.

Harumi no decía nada, el dolor la callaba, mientras que Renzo se acercaba hacia nosotros, a la vez que comenzaba a recorrer con su mirada el sector, intentando ver quien había lanzado la roca, al igual que Takeru y Hanako, con la preocupación enmarcada en sus rostros ante lo sucedido.

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—¡Váyanse de aquí! — se escucha un grito, a lo que todos nosotros lo seguimos, para después observar a un pequeño niño de pelo castaño y ropas harapientas que nos observaba con sus ojos llorosos y enfurecidos, a la vez que tenía otra piedra en mano…

La cual arroja nuevamente, esta vez hacia Hanako.

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Era más que obvia su reacción… no se quedaría parado después de que aquel niño tirara esa piedra, y menos cuando este observase su dirección.

Por lo que Takeru, con un suave pero a la vez veloz movimiento detiene la piedra con su palma derecha, sosteniéndola, aún con su seria actitud, observando directamente a los ojos de aquel niño.

Y asustándolo completamente, cuando este trisa y después destruye la piedra con el simple apretar de su puño.

—Espera un poco Harumi… siéntate— dije a la vez que ayudaba a Harumi a sentarse en el suelo al lado de la carreta, mientras que sus ojos lagrimeaban por el dolor punzante en su frente— Hanako, trae unas toallas, por favor— pedí, a lo que Hanako asiente con la misma prisa, para después traer lo pedido, envolviendo un poco de nieve con los mismos, y pasármelos para después colocarla lentamente en la frente de Harumi.

—"Sé lo que piensas… pero no lo hagas Ryo… sería muy sospechoso"— dijo casi al instante por telepatía Harumi, en el momento en el que comenzaba a llevar mi mano a su frente con intenciones de curarla con mi aura—"Estaré bien… solo… espera un poco, quizás haya que suturar maldita sea" —declaró enojada Harumi, más que nada por el dolor que le causaba su herida.

Simplemente fruncí el ceño levemente enojado ante aquello, sintiéndome impotente de no poder usar mi aura para curar la herida de Harumi, a lo que, casi en el momento en el que intento encontrar con mi vista a la persona que había tirado la roca.

Pude ver como Renzo le daba la primera patada a su cabeza.

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Nada se escuchaba… las personas a nuestro alrededor estaban conscientes de lo que ocurría, mientras que los más "sanos" empezaban a levantarse una vez que el llanto del niño luego de la patada que recibió de Renzo empezaba a hacerse presente.

Su impotencia y rabia se acumulaban, comenzaban a caminar hacia Renzo con intenciones de detenerlo, pero estos se quedan completamente estáticos cuando el joven saca su arma cargada y comienza a apuntarlos.

Ni se les ocurra… dar un solo paso más— dijo fríamente, y sin ni una gota de rabia en sus palabras Renzo—Recuerden su lugar… y recuerden que este niño se buscó el suyo— reconoció, a la vez que ahora preparaba la culata de su arma, dejando a todos completamente asustados ante lo obvio que aquello significaba.

Ahora aprenderás tu lugar…— declaró nuevamente Renzo, a la vez que con sus dos manos agarraba con fuerza su arma, dando entender que golpearía nuevamente al niño con aquello.

Las personas a nuestro alrededor no podían hacer nada… ya de por sí era extraño el que alguno de ellos no tuviera fiebre, y la debilidad ante el miedo de una sola persona armada, les era suficiente como para no entrometerse en el actuar de Renzo…

Y menos sabiendo lo que haría Teijo si se llegaba a enterar de una posible "rebelión"…

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Y así… la culata de aquella arma se dirigió hacia la cabeza de aquel niño, cuyas lágrimas y llantos resonaban hasta en la cabeza del último ser cuyos oídos eran capaces de escuchar.

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Aunque bueno… ninguno de ellos se esperaba el que yo le diera a Renzo una patada directa a su rostro, a la vez que tenía el estado aural activado.

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No hubo contacto con aquel metal… su rostro era lo único al descubierto, y solo podía atacarlo en el momento adecuado para así poder actuar finalmente con normalidad en aquel lugar.

No quería atacarlo de esa manera y brusquedad, pero era la única manera de hacerlo para así evitar el que siguiera dañando a aquel niño el cual, a pesar de que fuese el que lanzara aquella roca, solo era eso… un niño carente de responsabilidad y madurez, y que solo había lanzado aquellas piedras por el único y llano motivo de pensar que todos nosotros éramos hombres de Teijo.

Y fue el único que tuvo el valor para hacer aquello, a pesar de saber que eso le traería consecuencias.

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Luego de dada la patada el silencio reinó…. Renzo quedó completamente inconsciente luego de aquello, y a una velocidad tal que apenas si fue consciente de que yo lo había atacado, antes de cerrar finalmente sus ojos.

Por otra parte, las personas a mi alrededor quedaron completamente estupefactas luego de lo presenciado, sin saber siquiera que sentir hacia mí, al verme de pie delante de aquel niño, mientras que la capa de aura del estado aural brotaba de mi piel, provocándoles el miedo ante lo desconocido, llegando a pensar incluso que los dañaría a ellos también.

—Hola…—saludé al niño—por cierto, como "tip", para la próxima vez… no vuelvas a lanzarle piedras a la gente— declaré con una actitud normal a la vez que desactivaba el estado aural, ya habiéndome girado hacia el infante que aún reposaba en el suelo, pero que se negaba a ponerse de pie debido al mismo miedo luego de casi presenciar el golpe que Renzo tenía pensado dar.

Y más aún… luego de ver como mí golpe sacó al mismo Renzo del lugar, quedando echado en el suelo a un par de metros de nosotros.

—Soy Ryo— me presenté, a la vez que me agachaba y levantaba al niño, el cual aún estaba prácticamente paralizado ante lo que observó.

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Luego de aquello, simplemente comienzo a observar a mí alrededor, para ver como todas las personas tenían puestas sus incrédulas miradas sobre mí, mientras que el miedo y la inquietud los abordaba a todos por igual…

Ya que había golpeado a un subordinado de Teijo.

—Bueno… supongo que no fue una buena "primera impresión" ¿Verdad? — dije, un poco avergonzado, a la vez que esbozaba una pequeña sonrisa, girándome nuevamente hacia el pequeño niño.

—Debo admitir que lo que hiciste fue muy valiente, niño— volví a decir, ignorando de momento a las personas aún incrédulas que me observaban— pero te digo desde ya: nosotros no somos los malos, venimos a ayudar— expliqué, mientras que el silencio era la única respuesta de aquel joven.

—¿Cómo te llamas? — pregunté luego de notar que no había respuesta por parte del niño, a la vez que los aún llorosos ojos del mismo se encontraban completamente abiertos hacia mí, mientras que yo ya me hacía una idea de lo obvio que ocurría…

Tenía miedo de mí.

No dije nada… en el momento en el que pregunté su nombre, el niño al instante se aparta de mi lado, para después salir corriendo hacia la primera dirección que encontró, mientras que yo simplemente me quedé estático y levemente desanimado ante lo obvio a lo que, como si de un suave barullo se tratase, las pisadas de la gente a nuestro alrededor también comenzó a escucharse, las cuales comenzaban a retirarse del lugar ante el mismo miedo que les causó mi actuar, y por sobre todo…

Por el miedo ante lo que Teijo haría… cuando supiera que ataqué a uno de sus guardias.

—Ryo…— se escucha ahora la voz de Takeru llamándome, a lo que yo me levanto nuevamente con normalidad, para después girarme hacia mi amigo, viendo como este estaba al lado de Harumi, mientras que esta aún estaba sentada y apoyada en la carreta, intentando controlar sus quejidos ante el dolor de la herida en su cabeza.

—Ya voy…— dije, aún levemente desanimado por como terminó todo, para después caminar hacia Harumi y posar mi mano en su ensangrentada frente, curando su herida sin problemas, mientras que la misma sangre se secaba con el mero contacto de mi aura.

—Lamento el no haberlo hecho antes…— dije preocupado, a la vez que tomaba los paños húmedos luego de que la nieve tocara la frente de Harumi, para después limpiar la sangre seca de la misma.

—No importa Ryo… al menos ya no tenemos que preocuparnos por ese cretino— declaró mi esposa, a la vez que la ayudaba a levantarse, para después fijarnos en Renzo, el cual aún permanecía recostado inconsciente en la nieve.

—Sí… será mejor que lo atemos de momento; no quiero arriesgarme a que haga alguna tontería cuando despierte— declaré, a la vez que me giraba hacia Takeru, el cual ya suponiendo lo que quería decir mi mirada, me ayudó a atar a Renzo, teniendo cuidado a su vez de no tocar la armadura.

—¿No sería mejor quitársela? — preguntó Harumi, refiriéndose a la armadura, a lo que yo simplemente me quedo pensando por unos momentos su pregunta.

—No quiero que ustedes la toquen… a este punto ni siquiera estamos seguros si fue la armadura la que desestabilizó mi aura cuando Renzo me pegó, prefiero prevenir antes que lamentar— reconocí, mientras que a su vez terminábamos de atar de manos y piernas a Renzo, comenzando a tirar de él mediante las mismas cuerdas, dejándolo sobre un espacio vacío en la carreta.

—Entonces… ¿Qué hacemos ahora? — preguntó Takeru, a lo que nuevamente nos quedamos en silencio luego de dicha aquella pregunta.

—Creo que este pueblo no nos querrá mucho luego de que les mostré el estado aural… pero pienso igual que Harumi, no podemos permitir que sigan enfermos— empezaba a decir, mientras que el resto me escuchaban atentos— cubran a Renzo de momento, e intenten ver si pueden lograr hacer entender a esta gente que no somos los malos aquí, yo iré a ver el granero que él mencionó, y cuando vea que tal volveré con ustedes— decidí, a lo que habiendo obtenido la aprobación de todos, nos separamos.

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El camino se tornaba cada vez más desolado por cada paso que daba… no tardé mucho en alejarme lo suficiente del resto hasta no poder verlos más, sin embargo, todos estábamos decididos en cumplir con nuestro objetivo, y no nos molestaba el tener que separarnos en esos casos.

Conforme daba los pasos, menos personas veía… de a poco lo único que quedaban eran las maltrechas casas separadas unos cuantos metros una de otra, mientras que las calles o caminos de igual manera comenzaban a dejar de ser uniformes, transformándose en sectores tan anchos como para albergar varias de las casas antes mencionadas, como estrechos a tal punto de que apenas si cupiese una persona.

De a poco… el pueblo se transformaba cada vez más en un llano paraje, mientras que algunos árboles comenzaban a ahora hacerse presente en lugar, como si el mismo bosque estuviera intentando apoderarse lentamente del mismo.

Las personas desaparecían, y con ellas también lo hacían las casas, mientras que de a poco el tenue pensamiento de estar perdiendo mi real objetivo comenzaba a abordarme, luego de notar como de a poco prácticamente abandonaba el pueblo para nuevamente adentrarme al bosque.

¿Dónde estás?... — pensaba, mientras que nuevamente otro llano paraje se hacía presente luego de caminar unos cuantos metros más, mientras que la forma de la tierra que pisaba daba señales de haber sido utilizado para siembras, debido a los relieves y otras cosas.

Sin embargo, aquel granero seguía sin poder verse, era hasta incluso frustrante el simple hecho de ver aquel enorme y a la vez mal cuidado campo sin poder ver nada más que un desolado terreno, donde los arboles del bosque aledaño era lo único que se podía ver.

Sin embargo, a pesar de que Renzo fue el que mencionó la "posible" existencia de un granero, no me rendía en tratar de encontrarlo de igual manera, por lo que no detenía mis pasos a pesar de todo.

Los minutos así pasaron, tenía pensado el alejarme de aquel terreno para así poder ver la posibilidad de encontrar el granero oculto entre los arboles del bosque, sin embargo aquello de igual manera sería contraproducente, ya que obviamente el granero no estaría en condiciones como para utilizarse si es que unos pequeños arboles fueran capaces de ocultarlo… el campo era grande, y si se guardaban las cosechas, dudaba que el granero fuera tan pequeño como para poder pasar desapercibido en el bosque.

Nuevamente cambié mi rumbo, por lo que, habiéndome tardado solo unos cuantos minutos, comienzo a acercarme hacia uno de los costados de aquel sector, quedando a pocos metros del bosque; sin embargo, una vez que llegué a esa distancia, me detengo repentinamente, como si de un tenue cosquilleo recorriese mi espalda, la pisada que di antes de llegar me dejó completamente estático, por lo que, sintiéndome completamente estúpido ante lo que aquello significaba, bajo la mirada, únicamente para confirmar lo que el sonido de aquella pisada confirmaba.

El sonido de estar pisando cenizas acumuladas, junto con el trisar de la madera en mismas condiciones… digamos que el sonido es difícil de olvidar, cuando pisaste las de tu casa, pensando además que tu padre y madre fallecieron bajo el fuego de la misma.

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Bueno… no di un monólogo emotivo ante los recuerdos de antaño que provocó en mí el pisar aquellas cenizas, cosas como esas se superaron años después, y se explicaron cuando conocí la real historia de mis padres y los de Takeru; sin embargo, el haber pisado aquellas cenizas únicamente hacía en mí recordar aquellas simples palabras que Renzo mencionó, y que yo torpemente olvidé, ya que pensaba que aquel era el único campo que existía en el sector.

Existían muchos graneros que habían sido quemados, y yo solo andaba buscando en uno de los campos donde antes existía uno.

No dije nada, ya sabía yo lo estúpido que fue el seguir estando en aquel lugar… había perdido tiempo intentando encontrar el "único" granero del lugar, por lo que simplemente me doy una palmada en plena cara, para después llanamente y ya sin paciencia activar el estado aural, no habiéndolo utilizado antes por el simple hecho de pensar que "sería una fácil tarea".

Luego de aquello, no fue muy difícil saber que hacer después, si bien la velocidad que adquiría con la primera fase del estado aural era alta, no quería molestarme en seguir recorriendo los otros campos con la esperanza de encontrar el dichoso granero, por lo que una vez que activé el estado aural, simplemente me sujeto del suelo con dos brazos de aura para después alzarme entre los cielos, teniendo así una vista más amplia del sector.

Lo sé… ya en ese momento no era difícil de comprender lo idiota que me sentía al no haber usado "aquel" método antes.

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Una vez en los cielos, los campos eran fácilmente apreciables, mientras que el bosque, al igual que en el pueblo, comenzaba a "apropiárselos" lentamente; sin embargo, aquello no era lo que buscaba, y no pasaron muchos segundos hasta que finalmente logré dilucidar en las lejanías el granero que tanto buscaba.

No estaba lejos… de hecho estaba bastante cerca del pueblo, pero este se encontraba al lado de otro sector del mismo, por lo que ya sabiendo donde se encontraba, desciendo para después correr hacia aquel sector, llegando en pocos segundos hacia el mismo.

El sector no cambiaba… los campos seguían estando igual de abandonados, mientras que la deteriorada estructura de aquel granero era lo único que resaltaba en el lugar.

Ya a lo lejos se notaba como algunas de las tablas que conformaban aquella estructura ya se encontraban podridas… apenas si resaltaba el color blanco de sus paredes, a la vez que incluso una parte de su techo resaltaba por su ausencia, habiéndose caído con el tiempo lo más probable, dándome posibles señales de la presencia de termitas.

La simple imagen me desanimaba, sin embargo sabía que aquello a pesar de todo se mantenía en pie, y aunque lo hiciera apenas, aún había esperanza de intentar repararlo con la madera de algunos de los arboles aledaños, aunque claro, aquello solo significaría tener que entrar nuevamente al estado aural, y obviamente no era un ser con energía infinita, tenía un límite a pesar de todo, pero para aquel entonces, creía tener la suficiente como para al menos dejar decente aquel lugar.

Necesitaba herramientas… sin embargo, preferí primero entrar para así poder echar alguna mirada en el interior de aquella estructura. Las enormes puertas parecían haber sobrevivido con el pasar de los tiempos, o al menos eso creía, ya que cuando comencé a abrir una de ellas, esta se desplomó casi al instante, desanimándome nuevamente ante la tarea que me deparaba el destino con aquel granero.

—Bueno… al menos no fue por las bisagras…— dije un poco esperanzado, al ver que estas simplemente se habían desprendido debido al mismo pudrimiento de las puertas, sin embargo, el marco parecía haber sobrevivido por suerte.

Me quedé observando por unos momentos el estado de la puerta, cuando de repente me exalto completamente en el momento en el que comienzo a escuchar sonidos provenientes de adentro del granero.

—¿Hola? — fue lo primero que se me ocurrió decir, pero era obvio el que no había nadie en el lugar, ya que no detectaba ningún aura a mi alrededor; sin embargo, eso no evitaba que la curiosidad me carcomiese, por lo que empecé a caminar lentamente dentro del granero, observando con cautela y silencio.

He de admitir que por dentro lucía bastante mejor a como era por fuera, el granero era bastante amplio, y por lo que notaba, incluso la madera del interior estaba mucho más sana a como era en las afueras, extrañándome bastante por obvias razones.

Los segundos pasaron, y por cada uno mi ceño se fruncía un poco más, ya que por alguna razón me sentía observado en aquel lugar; sin embargo, en aquel momento no sentía ningún aura, preocupándome al pensar lo obvio…

Pensando que uno de los hombres de Teijo, teniendo puestas unas de aquellas armaduras, estaba en aquel granero de igual manera.

Mi mirada recorría todo el interior de aquel granero, era aproximadamente el tamaño de unos veinte metros cuadrados, mientras que en el interior únicamente existían cajas y más de algún montículo de heno, a la vez que de igual manera se podía observar un amplio espacio en el entretecho.

Si bien la estructura, como también el nuevamente notar el deterioro de algunas de las tablas, me parecían mantener "distraído", todo aquello era una mera distracción; sí, realmente estaba viendo el lugar, para así notar claramente las posibles cosas que tendría que reparar a futuro, pero eso no evitaba el que no estuviera atento…

De la persona que se encontraba detrás de mí, con intenciones de enterrar un cuchillo en mi espalda.

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Fue un rápido movimiento… si bien no podía detectar su aura, eso no evitaba el que no pudiese escucharlo; la madera crujía, sus pasos intentaba sincronizarlos con los míos para así evitar el que yo notase su presencia, pero al fin y al cabo los sentidos de un lucario eran mucho mayores que los de un humano común, y por sobre todo el oído y el olfato, y aunque yo no fuese Takeru, mi aura y la suya… bueno, ya saben la historia.

Y, como el mismo sorpresivo movimiento del cuchillo dirigiéndose hacia mí, también lo fue mi cuerpo dándose vuelta, haciendo chocar mi muñeca con la de la mano que empuñaba aquel afilado objeto, provocando además el que mi mirada chocara con la de la persona que quería acabar con mi vida…

Viendo solamente a un anciano delante de mí.

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Eran demasiadas revelaciones las que afrontaba mi mente en el momento en el que observo a aquel enfurecido hombre, a la vez que el tiempo prácticamente se detenía para mí en el instante en el que intercedí el cuchillo.

Las arrugas en su rostro, su cabellera corta y encanecida, daban indicios de una avanzada edad, pero su contextura física era otra historia… brazos, torso, piernas, todos estos representaban fácilmente un cuerpo de unos treinta años, a la vez de entrenado, mientras que las venas se enmarcaban en sus músculos debido en parte a que a pesar de todo poseía una delgada piel característica de su edad.

Pero aquello no era todo… sus ropas eran simples y harapientas telas, dejando al descubierto algunas partes de su cuerpo; sin embargo, aquello era lo único que aquel anciano poseía…

Y aun así no era capaz de ver su aura

Me costaba concentrarme… a la vez que un extraño debilitamiento comenzaba a abordarme luego de que parara su intento de herirme, para no decir matarme.

Las palabras no existían… mi esfuerzo se notaba cada vez más ante cada segundo que transcurría luego de que nuestras muñecas chocaran.

No sabía qué hacer, estaba completamente estupefacto ante toda la nueva información que abordaba mi cabeza en aquel instante, sin embargo, el debilitamiento era cada vez mayor…

A tal punto que ni siquiera pude evitar que el anciano me golpeara el rostro con su mano libre, para después enterrarme el cuchillo a un costado de mi torso.

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Su envejecido rostro, sinónimo de su edad, no simbolizaban en lo absoluto a su fuerza… podría decirse que incluso era más ágil que yo, mientras que su fuerza no paraba de asombrarme, sin embargo, era obvio que no pude evitar el lanzar un doloroso grito luego de que enterrara aquel cuchillo en mi cadera, pero, por desgracia, aquel hombre no se detuvo ahí… solo pasaron unos segundos, hasta que nuevamente me da una patada directa a mi estómago, empujándome algunos metros, para después caer al suelo irremediablemente ante aquellos golpes.

Separándome finalmente… de cualquier tipo de contacto que tuviera con ese hombre.

—Ya me estoy hartando… ¡Me cansé de esconderme! — decía el anciano, a la vez que nuevamente comenzaba a caminar hacia mí— Y si Teijo se atreve a venir otra vez con ustedes a causar el terror a este pueblo… ¡Acabará igual que tú! — declaró en otro grito, mientras que ahora tenía intenciones de darme un fuerte pisotón en la cabeza, lo más probable para así aplastarla, ya que no dudaba de su fuerza luego de lo que presencié.

Aunque claro… mi mano deteniendo su pie a centímetros de mi cabeza lo exaltan, a la vez que varias venas azules en mi rostro comenzaban a enmarcarse, a lo que simplemente asusto al anciano, cuando me giro hacia él… mostrando unos enojados ojos, los cuales resaltaban luego de entrar al estado aural evolucionado.

—"Así que por eso era…"— dije por telepatía, al no poder hablar en aquel estado, a lo que el anciano casi al instante saca su pie, para luego salir corriendo del lugar, notando en sus pensamientos (los cuales a ese punto, ya no me contenía en observar debido a la situación) el obvio miedo luego de notar aquel "poder" emanando de mí.

Sin embargo, cuatro gruesos brazos de aura salen de mi cuerpo, para después apresar por completo al anciano, inmovilizándolo al instante.

—"Sí que pegas fuerte viejo…"— declaré nuevamente, mientras que sacaba bruscamente el cuchillo que aún estaba enterrado en mí, regenerándose al instante la herida—"y me sorprende que te muevas así…"— declaré nuevamente, girando el cuerpo del anciano, para que así quedara frente a mí—"Supongo que no todos en este lugar están enfermos..." — volví a declarar, solamente para observar la furia reflejada en los ojos de aquel hombre.

—"Tsch…"— bufé inconscientemente—"Te digo desde ya que no tengo nada que ver con Teijo, vine aquí con mi familia para intentar ayudarlos, y estaba buscando un lugar para poder tratar al pueblo" — declaré sin más preámbulos, notando obviamente una desconfianza casi inmediata en el aura de aquel anciano.

—"Mira… te lo pondré en simples palabras" — volví a decir, ahora un poco más molesto— "Quiero ayudar a estas personas tanto como tú, así que… o coperas conmigo, o tendré que mantenerte apresado con estos brazos para que no cometas ninguna tontería" — declaré nuevamente, provocando que aquel hombre frunciera el ceño ante tales palabras.

Obvio no era capaz de mantener activado la evolución del estado aural por tanto tiempo como para apresarlo con mi aura, sin embargo, eso no significaba que él lo supiera.

No había respuesta por parte de aquel hombre, sin embargo, mi vista no se apartaba del mismo, y tampoco de su aura, la cual…

Ahora era capaz de observar claramente, causándome únicamente curiosidad ante lo obvio.

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No llevaba puesto nada… ninguna ropa o tela que pudiera bloquear su aura a como era en el caso de los hombres de Ryuji o de Teijo, pero sabía que algo lo debía estar causando, hasta que… habiéndome cansado de buscar alguna "fuente de bloqueo" en su ropa, me doy cuenta de la única opción viable.

Dentro del mismo.

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Cuando se está buscando un "bloqueo" en el momento en el que uno pasa a la segunda etapa del estado aural, se busca una perturbación en el aura del individuo ya que, a pesar de que sea lo que fuese que tenía aquella persona no era capaz de bloquear ya fuera la percepción como la misma concentración del aura en el estado aural evolucionado (no así a como era con las ropas que usaban los hombres de Teijo), no significaba que no disturbase de cierta manera el aura a esas concentraciones.

En simples palabras, y de una forma más informal para explicarlo, el aura generalmente se percibe como un suave y tenue arrollo, pero cuando se encuentra en contacto con un material que si bien no es capaz de bloquear el aura en esas concentraciones, pero en sí bloquea el aura como tal, se ve como pequeñas "ondas" o "perturbaciones" en el arroyo, pero sin detener su curso de igual manera.

Aunque claro… una vez que comencé a introducir levemente mi aura en su cuerpo… esa pequeña "perturbación" que buscaba encontrar, pues…

La encontré en todas sus venas.

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Ya en sí el sentimiento era extraño… sentir toda esa perturbación en cada rincón del hombre era algo de por sí desagradable, tanto que el sentimiento incluso lo hacía propio, pensando lo detestable que sería si fuese yo el que cargara con lo que fuese que fuera aquella cosa que se encontraba dentro de aquel anciano.

Desvié mi mirada luego de aquello… eran demasiadas incógnitas, de las cuales algunas a pesar de ser respondidas, solo las reemplazaban otras diez.

—"Ya ni si quiera sé si quieras cooperar…"— reconocí finalmente luego de unos segundos de silencio—"Pero… por lo que veo…"— decía serio, a la vez que comenzaba a recorrer con la vista aquel lugar— "Creo que fuiste tú el que mantuvo el interior de este lugar en estas condiciones" — declaré finalmente, exaltando nuevamente el hombre, mientras que este a su vez se fastidiaba al notar claramente lo obvio.

—L-Lo he estado arreglando desde hace unas semanas… pero no he podido terminarlo a pesar de todo— dijo finalmente el anciano luego de pasar nuevamente otros segundos de silencio, aliviándome en parte de que me dirigiera la palabra.

—"Yo te ayudaré… mi familia y yo no dejaremos que Teijo siga con lo que está haciendo, pero antes estas personas son nuestra prioridad… ¿Cuento contigo?" — pregunté de manera seria, soltando al anciano nuevamente, el cual simplemente se quedó de pie delante de mí, sin moverse en lo más mínimo, mientras que a su vez simplemente me observaba aún con dudas.

El silenció continuó… mientras que ninguno de los dos movía un solo músculo, como si intentásemos juzgarnos mediante las miradas.

—Dime… ¿Cómo quieres que confíe en ti… luego de todo lo que mostraste ser capaz? — Empezó a hablar finalmente el anciano— ¿Cómo sé que no es más que una simple mentira para arruinar aún más nuestra ya de por sí deplorable condición? — volvió a preguntar, mientras que a su vez fruncía cada vez más el ceño ante cada palabra, dejando nuevamente un crudo silencio en el ambiente.

El cual fue quebrado cuando comencé a retirarme con normalidad del lugar.

—Fácil…— respondí, dándole la espalda— porque no me importa si me quieres ayudar o no, o si confías en mí… voy a ayudar a estas personas sea cual sea el caso, simplemente te estoy dando la oportunidad de ayudarme, pero si no lo haces… entonces impedirás que estas personas se recuperen, y obviamente no te dejaré— recalqué nuevamente, a la vez que comenzaba a salir de aquel granero.

No dije nada después de aquello, a lo que sabiendo que el pueblo no se encontraba tan lejos, camino con normalidad hacia el mismo, sin querer entrar al estado aural para ello.

Ya que… luego de notar lo que ese hombre tenía dentro de sí, lo único que tenía en la cabeza respecto a aquello era que quizás lo necesitaría para más adelante.

Y no me equivoqué.

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El silencio recorrió el sector luego de que yo me hubiese separado de ellos, a lo que Takeru, con la misma seriedad en sus ojos, simplemente comenzó a tirar otra vez de la carreta mientras que el cuerpo aún inconsciente de Renzo reposaba sobre la misma, completamente cubierto por nuestras mantas.

—Creo que será bastante complicado…— reconoció Takeru, mientras que Harumi y Hanako comenzaban a seguirlo de igual manera— ahora esas personas nos temen por lo que hizo Ryo… vayan a saber si la voz se corre lo suficientemente rápido…— declaró ahora un poco desanimado mi amigo, pensando en las dificultades que se avecinaban.

—Pues los convenceremos de lo contrario si es así— reconoció firme Harumi, sin parar su caminar al igual que Hanako, mientras que Takeru simplemente la observaba fijamente, a la vez que mi esposa no desviaba su mirada del camino, al igual que la Lopunny…

Era obvio que para Takeru no era la primera vez que veía esa determinación reflejada en los ojos de cierta Lopunny, al igual que de cierta Riolu…

Takeru simplemente esbozó una tenue sonrisa luego de observar a Harumi y a Hanako, para después fijarse plenamente en el camino, en el cual las personas dejaban de estar presentes, pero que cuyas auras podía sentir a lo lejos, como si se hubieran conglomerado en un sector del pueblo.

La voz se corrió luego de que yo atacara a Renzo… mientras que las personas intentaban correr aún en sus estados.

Todos se horrorizaban al escuchar que una persona había atacado a uno de los hombres de Teijo, y aquello era un más que justificado fundamento para intentar el tener el menor contacto con nosotros.

Sin embargo, estaban enfermos… muchos con suerte si tenían una temperatura normal; algunos apenas si podían mantenerse de pie por algunos minutos, mientras que otros con suerte si podían estar conscientes.

Pero no podían quedarse quietos… el miedo era más fuerte.

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El bullicio era cada vez más fuerte… las voces desesperadas de la gente de aquel pueblo se hacían presentes con mayor volumen por cada paso que mi familia daba hacia ellos.

No tardaron mucho en observarlos a las lejanías, mientras que aquellas personas simplemente se asustaban más luego de darse cuenta de lo mismo…

Sus débiles piernas se sobre esforzaban… sus ya cansadas mentes se debilitaban, mientras que sus energías ya de por sí escasas continuaban siendo exprimidas hasta incluso pasado el límite de las mismas.

Harumi no se detenía, seguía con su simple caminar, mientras que el resto incluso prácticamente intentaba desesperadamente huir ante aquel lento avance de mi esposa.

Casi todos lograban apartarse… Padres cargando sus hijos, ancianos siendo ayudados por jóvenes… cada uno se apoyaba en otro, casi siempre familiares.

Pero bueno… hay casos en los que no se pueden pedir milagros.

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Era un conjunto de desesperanzadores hechos los que Harumi junto con mi amigo y Hanako observaban… las personas se habían ido, e intentaban ayudarse mutuamente para así alejarse lo más posible de ellos; sin embargo, no pudieron darse cuenta de un padre de unos treinta años de edad, cabello castaño y tez blanca, mientras que una pequeña niña de cabello castaño y ojos azules de no más de cinco intentaba tirarlo con todas sus fuerzas, debido a que el hombre no mostraba señales de siquiera estar consciente de lo que ocurría, a la vez que la palidez en su rostro era el único síntoma apreciable que hacía entender a Harumi la mala condición en la que se encontraba.

Harumi sabía lo que tenía que hacer… no se inmutó en lo más mínimo ante la actitud de aquellas personas, a la vez que comenzaba a caminar sin rechistar hacia aquel padre e hija, siendo estos los únicos que se encontraban en el sector, a la vez que el resto del pueblo observaba bien a lo lejos, ya habiéndose dado cuenta que habían dos personas que no lograron sacar a tiempo de las "garras" de mi familia.

La niña tenía miedo… observaba como Harumi se dirigía con normalidad hacia ella, mientras que en sus ojos solo el miedo se reflejaba, temiendo lo peor luego de todas las cosas que le hicieron creer que mi mujer causaría.

Solo podía esconder su rostro en el torso de su padre, mientras que este tenía sus ojos apenas abiertos, sin siquiera reaccionar ante lo que ocurría a su alrededor.

Harumi estaba a pocos pasos… la gente la observaba, pero su miedo a actuar, y a sus "consecuencias", los inmovilizaba por completo.

¡P-Papá! — se escuchaban los llorosos gritos de la niña aún oculta en el torso de su padre, dejando apenas sobresalir uno de sus ojos de vez en cuando para darse cuenta de que Harumi estaba cada vez más cerca de la misma.

Hasta que… cuando finalmente se encontraba delante de ella, mi esposa simplemente se agachó, para después alzar sus manos hacia ellos.

La niña simplemente comenzó a temblar luego de que su mente le jugara malas pasadas al pensar que Harumi les haría daño, o las usaría por cualquier tipo de situación que tuviera relación con Teijo, o en este caso, con los "malos de armaduras negras" de los cuales era consciente que eran malas personas.

La tensión llegó a su punto máximo, y a la vez al de mayor declive, cuando Harumi simplemente posa su mano sobre la frente de la niña y su padre.

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Solo hubo silencio luego de aquello, Harumi tenía sus ojos completamente cerrados luego de que esta posara sus manos en aquellas frentes, a la vez que la pequeña niña abría completamente sus ojos ante ello, habiendo dado por hecho segundos antes de que Harumi le haría daño, sin poder evitar el sentir la agradable sensación de las frías manos de mi esposa puestas en su tibia frente.

—El padre tiene más de cuarenta grados, la niña está por los treinta y ocho; Hanako, ya sabes que hacer, busca los antibióticos, tenemos que comenzar de inmediato— declaró completamente seria Harumi, a la vez que comenzaba a sacarse la chaqueta que traía puesta para después ponerla en el suelo, exaltando nuevamente a la niña cuando esta intenta separarla de su padre, notando al instante su negación ante aquello.

—Por favor, debe recostarse… necesita atención— pidió Harumi, mientras que a su vez chocaba sus ojos con los llorosos de la niña, mientras que esta se negaba a pesar de todo a soltar a su padre inconsciente; sin embargo, la mirada de Harumi era más que convincente, incluso para una niña la cual, pasados unos segundos, comenzó a soltarlo delicadamente, inclusive ayudando a Harumi a recostarlo sobre la chaqueta de la misma, para que así no quedara en contacto con la nieve.

—Esto será complicado…— reconoció mi esposa, a la vez que empezaba a abrir la ropa del hombre, dándose cuenta de la enorme cantidad de moretones que se marcaban en el centro de su pecho principalmente, mientras que en el resto de su cuerpo también existían, pero en menor cantidad.

En aquel momento Hanako ya comenzaba a traer algunos medicamentos que sabía que servirían para bajar la temperatura, junto con un fonendoscopio, el cual Harumi empezó a utilizar de inmediato.

—Es muy débil, no podemos dejarlo aquí, tenemos que llevarlo a una de las casas— reconoció nuevamente Harumi, refiriéndose primero a los latidos de su corazón, a la vez que se giraba hacia Takeru.

—¿Sabes algo de Ryo? — preguntó casi de inmediato luego de reconocer la situación real del hombre, mientras que Takeru simplemente se entrecruzaba de brazos, ya sabiendo mi condición actual.

—No te preocupes, van a estar al lado tuyo en poco tiempo…— reconoció Takeru, extrañando de sobremanera a Harumi ante lo obvio, mientras que esta instintivamente se gira hacia su derecha.

Únicamente para notar como el mismo niño que antes le había lanzado la piedra a su cabeza se abalanzaba hacia la misa, a la vez que ahora sostenía un largo y oxidado fierro en sus manos, con claras intenciones de atacar a Harumi.

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Ya no le importaban las consecuencias… aquel niño estaba más que consciente de lo que yo era capaz, pero ello no evitaba el que nos tuviera miedo a mí y a mi familia.

No cuando eran su padre y hermana las que "corrían" peligro…

Pero, como bien dijo Takeru, en el momento en el que el niño alzó el fierro para después intentar golpear a Harumi, mi cuerpo y el del anciano que me encontré en el granero se hacen presentes, a la vez que yo tenía el estado aural evolucionado activado, recibiendo el golpe con total normalidad, y sin inmutarme en lo más mínimo, a la vez que yo y el anciano le dábamos la espalda a aquel niño.

Mientras que el fierro se quebraba luego de entrar en contacto con mi cabeza.

—Hola amor— dije alegre y tiernamente, ya habiendo desactivado el estado aural, mientras que a mis espaldas se escuchaba el cuerpo del atacante tambaleándose hasta caerse, debido a la abrupta aparición que hicimos— creo que ya sé lo que les pasa a estas personas— reconocí, adoptando una actitud un poco más seria, mientras que Harumi simplemente suspiraba ante mi actitud luego de lo que acababa de ocurrir, a lo que, una asustada voz comenzaba a resonar.

—¡¿A-Abuelo?! — se escucha las incrédulas palabras del niño a mis espaldas, mientras que el anciano, al igual que yo, comenzaba a girarse hacia el mismo.

—Hola Naoto…— respondió el hombre, mientras que en su mirada únicamente se veía el arrepentimiento, luego de notar lo obvio al ver el fierro ahora roto que Naoto tenía en sus manos.

—¡¿Qu-Qué estás haciendo con estas personas?! — preguntó entre asustado y enojado el infante, mientras que ahora comenzaba a levantarse, aún con intenciones agresivas a pesar de todo, intentando al instante separar al hombre de mi lado, pero exaltándose completamente cuando este se reúsa ante lo mismo.

—Hay mucho de qué hablar, pero primero tenemos que llevar a tu papá al granero…— reconoció el anciano, mientras que Naoto no sabía que decir ante aquello, a la vez que me observaba, intrigado y preocupado ante lo que había ocurrido, a la vez que él era plenamente consciente de que aquel fierro se quebró cuando chocó con mi cabeza.

—No pienses que confiaré en ti… —declaró ahora molesto Naoto, mientras que yo lo observaba con total normalidad.

—Me vale….— asumí, para después volver a girarme hacia Harumi, exaltando a Naoto luego de que lo pasara a llevar de tal manera— Harumi, tengo un montón de cosas que explicarte— declaré, a la vez que Harumi me asentía, un tanto fastidiada ante mi obvia actitud…

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El resto, como dicen, es historia… aquel anciano, en el momento en el que me retiré del granero, poco antes de que Naoto intentara atacar de nuevo a Harumi, fue de inmediato en mi búsqueda, y una vez que me volvió a encontrar, decidió ayudarme de igual manera a curar a su pueblo el cual, si bien no tenían la confianza en nosotros, sí la tenían en él.

El hombre me explicaba la situación… decía que él, por alguna extraña razón, era el único que no se había enfermado de tal "extraña" enfermedad por lo que, siendo el único en condiciones a pesar de su avanzada edad, intentaba reconstruir aquel dañado granero, para así dar refugio a las personas que carecían de hogar en el pueblo.

El trabajo había comenzado hacía unas semanas… las personas se rendían, y de apoco Yosuke también; sin embargo, cuando vio lo que yo era capaz de hacer en el momento en el que este me atacó, sabía que conmigo tendría una oportunidad para hacer que su gente mejorase, confiando en que con mi ayuda podrían ponerle finalmente un alto a Teijo.

Trasladar a las personas fue la parte fácil, a pesar de ser un pequeño pueblo, las personas contaban con algunas herramientas (las cuales no utilizaban por obvias razones), por lo que Takeru y yo las utilizamos para al menos reconstruir el techo del granero con madera obtenida del bosque, y también algunas paredes para así dejarlo lo más "utilizable" posible, contando también el marco podrido de la puerta.

Las personas estaban más que conscientes de lo precario de su situación… y una vez que Yosuke admitió estar del lado de mi familia, no les quedó más que aceptar nuestra oferta, temiendo a pesar de todo al mal que podría provocar Teijo en ellos, pero ya aceptándolo de igual manera a pesar de todo.

Al fin y al cabo… ya no sabían si el mal de la enfermedad sería menor, que la provocada por Teijo si se llegase a enterar de que ellos recibían nuestra ayuda.

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Los más enfermos eran los principales… fácilmente en total eran unas trecientas personas las que habitaban aquel sector, incluyendo también los que se encontraban dentro de las pequeñas casas, las cuales descubrimos que también estaban repletas, dejándonos en claro que en aquel lugar cualquier espacio era sagrado.

Las mantas escaseaban… pero al menos eran suficientes para las personas que se encontraban en peores condiciones, mientras que el resto al menos podían darse el agrado de encontrarse en un lugar bajo techo, y hasta inclusive temperado por la gran cantidad de personas que se encontraban en el granero.

Harumi y Hanako, con mi ayuda y la de Takeru junto con la del anciano, se debieron haber tardado a lo menos unas cuatro horas en alcanzar a dar los remedios necesarios para al menos disminuir la temperatura de las personas que se encontraban en los peores casos, tales como la padre de la niña que se había mencionado en anterioridad, a lo que, ya cansados por obvias razones, salimos tanto ella como Takeru y yo, junto con Hanako y el anciano, ya que les había dicho que ya era hora de conversar.

—Entonces… ¿Me pondrás al tanto? — me preguntó Harumi, a la vez que se sentaba y se apoyaba a la pared al lado de la puerta del granero, acompañándola Hanako, mientras que el resto nos manteníamos de pie.

Los segundos pasaron luego de aquello, yo guardaba silencio, mientras que inclusive el anciano estaba curioso ante mis palabras, ya que tampoco le había dicho la razón del cómo había encontrado el porqué de la enfermedad de estas personas hasta que, finalmente, comienzo a hablar.

—Creo… que no podremos curar a estas personas con medicamentos, Harumi— declaré, exaltando y preocupando al instante al resto, los cuales inclusive me observaban incrédulos, a excepción de Takeru, el cual ya sabía lo que pensaba— Porque… y esto lo digo solamente como una idea— dije a la vez que me cruzaba de brazos.

—No están enfermos— revelé.

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Era obvia su reacción… nadie excepto Takeru me creía en lo absoluto, a pesar de la seguridad en mis palabras, quedaron completamente estupefactos luego de escucharlas, sin saber cómo o qué decir ante aquello.

—Será mejor que des una explicación mejor, ¡¿No crees?! — preguntó levemente fastidiado el anciano, creyendo que mis palabras eran mentiras ante el mero hecho de haber pasado varios meses con su pueblo afrontando sus obvias enfermedades.

—No me malentiendas… yo sé que estas personas tienen muchos problemas, la fiebre y los moretones que misteriosamente se concentran en el pecho junto con el debilitamiento de los músculos y articulaciones son síntomas que muchos padecen en distintas medidas— recalcaba, mientras que Harumi simplemente alzaba una ceja, sin saber a qué quería llegar.

—Ya… ¿Y que hay con eso? Sabemos que la peste los puso así, no es de extrañarse que los síntomas sean similares— reconoció Harumi, mientras que yo asentía.

—Pero el problema radica… en que creo que esos síntomas no se provocaron por una enfermedad— volví a exaltar al resto nuevamente.

—¿Entonces…?— preguntaba Harumi, ya deseando desde hacía bastante rato el que yo dijera lo que creía era la causa de la condición en la que se encontraba aquel pueblo, sin embargo, extraño a todos cuando comienzo a señalar amigablemente al anciano que estaba a mi lado.

—Les presento a Yosuke— dije con una sonrisa, fastidiando levemente a mi familia ante mi actitud inadecuada en aquella situación, pero extrañándolos de igual manera cuando mi rostro se torna más serio.

—El hierro de su sangre está compuesto por el metal que bloquea el estado aural— revelé finalmente.

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—¡¿Qué?! — exclamó en seguida y por obvias razones Harumi, mientras que yo simplemente pedía calma y paciencia para así explicarle el porqué de mi pensar, mientras que la sorpresa proveniente de Yosuke era más que apreciable, al igual que en el rostro de Hanako.

—Sé que la medicina no se me da como a ustedes o a Hina, pero de lo que sí estoy seguro, es que Yosuke es capaz de bloquear por completo la primera fase del estado aural— explicaba a la vez que comenzaba a contarles mi "experiencia" con el anciano en el granero.

—Intentó atacarme al pensar que era uno de los hombres de Teijo, y fue ahí cuando me vi obligado a usar la segunda fase del estado aural para retenerlo, dándome cuenta con ello de cómo su cuerpo en sí rechazaba mi aura— expliqué, mientras que Harumi simplemente se llevaba la mano derecha a su cabeza, intentando entender lo que le explicaba.

—Por alguna extraña razón, pienso que todas estas personas tienen un poco de ese "metal" en su sangre— declaré pensativo, mientras que el resto simplemente escuchaba.

—Solo… imagínenselo por un minuto; una persona capaz de inhibir el estado aural por sí mismo, el metal no solo aportaría una mayor capacidad de bloqueo, bloquearía su aura completamente del exterior, y con ello no se vería afectado ante ninguna enfermedad o anomalía de la misma… resistencia, vitalidad, energía; Yosuke es el caso perfecto que nos demuestra lo que ocurre con un humano cuando su cuerpo acepta el metal en el hierro de su sangre— reconocí, mientras que Yosuke simplemente me seguía observando asombrado.

—Y… cuando no el cuerpo no lo acepta…— empezaba a decir preocupada Harumi.

—Debilitamiento… propenso a las enfermedades y con ello las altas temperaturas… la gente de este pueblo es víctima de lo mismo— decía serio, mientras que Harumi comenzaba a comprender.

—"Pero eso no explica los moretones" — empezaba a hablar ahora en un gruñido Hanako el cual Takeru se encargaba de explicar para que así Harumi y Yosuke supieran a lo que se refería— "Casi todos tenían, y más aún en entre su pecho y estómago" — reconocía la pokémon, volviendo a hacernos pensar, a lo que Harumi, luego de unos segundos, comienza a sospechar…

—Quizás… no sean moretones— digo Harumi al aire, mientras que nosotros escuchábamos— aunque si bien cuando me dicen algo acerca del hierro empiezo a pensar en la falta del mismo, ello nos podría conducir hacia la anemia, pero de igual manera no es un síntoma principal… no deberían ser tantos los moretones, no sería normal si solo dijésemos que fueran por la anemia— explicaba Harumi.

—Entonces… si no son moretones— empezaba a decir yo, mientras que Harumi alzaba su vista, chocando con la mía.

—Tengo que ver al padre de Naoto— declaró seria mi esposa, a lo que todos asentimos, para después comenzar a dirigirnos hacia la entrada del granero; aunque claro, no pudo ser en el momento más preciso…

Cuando el pequeño Naoto sale completamente aterrado del lugar, llamando a su abuelo entre sollozos.

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Las lágrimas fueron lo primero en notarse, mientras que los alaridos y las suplicas de Naoto hacia Yosuke los acompañaban, casi en el mismo instante en el que nosotros comenzamos a entrar al granero Naoto salió, chocando incluso sin querer conmigo, pero ignorándome para después dirigirse hacia su abuelo, mientras que apenas si podía modular unas simples palabras…

—¡M-Mí papá! — era lo que se entendía entre sus sollozos.

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La tensión se sentía… aún más luego de que todas esas personas enfermas se reunieran en aquel granero, a lo que Harumi casi al instante, y sin saber con lo que se iba a encontrar, comienza a correr hacia el padre de Naoto, mientras que todos los demás comenzábamos a seguirlos de igual manera.

Para después ver, luego de que llegáramos finalmente… cómo aquel hombre estaba convulsionando.

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Nadie sabía qué hacer en esos casos, la impotencia e impaciencia de a poco abordaba a la gente que se encontraba al alrededor de aquel hombre, mientras que la espuma salía de su boca en grandes cantidades, por lo que Harumi rápidamente lo gira aún en sus bruscos movimientos, para que así no se ahogase con la misma.

Los temblores no paraban, Harumi bien sabía el remedio que debía utilizar, sin embargo, ese tipo de medicamento ya de por sí era escaso en nuestro pueblo, y bastante difícil de hacer la verdad… fue un error por parte de ella el pensar que no se vería obligada a utilizarlo, y ahora su error comenzaba a verse reflejado en el tener que observar como una persona convulsionaba en sus brazos, sin poder detenerlo por cuenta propia, esperando únicamente que los mismos se detuvieran por si solos…

Naoto y su hermana simplemente observaban, estaban completamente choqueados ante lo que presenciaban, sin embargo, Yosuke casi al instante en el que se percata comienza a sacarlos de ahí, sin haber podido evitar por desgracia el que hubieran visto aquella escena en un principio…

Sus gritos fueron lo primero en escucharse… Harumi estaba atenta a eso de igual manera, y no podía evitar apretar sus dientes ante aquellos desesperanzadores sonidos, a la vez que el hombre no daba señales de parar de convulsionar…

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—Oye niño…— dije a la vez que posaba mi mano en la cabeza de Naoto, mientras que este junto con su hermana aún eran sujetados por Yosuke, a lo que este simplemente se gira hacia mí, completamente en lágrimas, sin poder demostrar enojo o rabia hacia mí debido a lo que experimentaba.

Solo para quedar completamente estático, cuando ve como le estoy dando una simple y a la vez segura sonrisa.

—Deja las lágrimas para otro momento, tu hermana y tu abuelo te necesitan ahora— declaré con total firmeza, mientras que Naoto simplemente fruncía el ceño ante aquello, empezando a intentar decir nuevamente otras palabras, pero quedándose estático cuando comienzo a sacudir su pelo, con brusquedad.

—Creo que ya fue suficiente análisis— dije nuevamente, para después comenzar a caminar hacia Harumi, mientras que Takeru me seguía— ya tengo la información que necesitaba— declaré, a la vez que exaltábamos a todos a nuestro alrededor, cuando Takeru y yo entrabamos a la primera fase del estado aural.

No se dijo más luego de aquello… Takeru y yo simplemente nos sentamos en el lugar, a la vez que ambos apoyábamos la espalda sobre la del otro, entrecruzando las piernas, para después comenzar a concentrarnos mutuamente.

A lo que Takeru… sin previo aviso comenzaba a entrar a la segunda fase del estado aural, mientras que yo hacía lo mismo de mi lado…

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Aquel hecho no pasó desapercibido… Harumi y Hanako creían estar bien al tanto de nuestras habilidades y el máximo que podíamos dar, y luego de ver como en los ojos de Takeru unas venas más oscuras que el pelaje que los recubría comenzaba a emerger, estas quedaron completamente sorprendidas ante lo obvio.

—"Takeru puede entrar a este estado con mi ayuda" — se escucha por telepatía mi voz, mientras que todo el pueblo se encontraba estático ante aquello—"Ahora estoy completamente seguro de "qué" es lo que tienen estas personas Harumi… aunque solo podré quitárselos, no tengo la suficiente energía como para sanarlos" — declaré nuevamente, a lo que, tan pronto se escuchan esas palabras, una enorme cantidad de brazos de aura comienzan a emerger de nuestros cuerpos, pasando y prácticamente atravesando, el torso de todas las personas, ya fuesen de bebés hasta ancianos, que se encontraban a nuestro alrededor.

—"Lo lamento… pero no hay otra alternativa" — declaré serio nuevamente, mientras que mi voz a la vez se escuchaba en las mentes de todas las personas que se encontraban en aquel granero, ya que mi aura y la de Takeru estaban conectadas con las mismas, quedándose un tanto perplejas al no entender a lo que me refería.

Pero entendiéndolo completamente, cuando fueron sus mismos gemidos de dolor los que empezaron a resonar en aquel granero.

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No estaba seguro de como aquel metal era capaz de recorrer las venas de aquellas personas a como era en el caso de Yosuke, no sabía de qué manera podría sacarlos de su cuerpo, sin embargo, todo cambió cuando toqué la cabeza de Naoto.

Ya que pude darme cuenta… de que el niño se encontraba en la misma condición que su abuelo.

No hice más que insertar en el una pequeña pero a la vez concentrada cantidad de aura, capaz de viajar hacia el cuerpo del mismo, hasta dar con el punto que necesitaba para así corroborar lo que desde un principio sospechaba.

Su hígado almacenaba el hierro que aquellos consumían en sus alimentos, y a partir de ahí, el hierro emergía mezclado con aquel metal.

Todo encajaba… sus hígados producían aquel metal, pero eran dosis tan bajas, que apenas si pasaban desapercibidos en sus cuerpos; sin embargo, con el pasar de los días y con ello las semanas, las consecuencias de hacer circular aquel metal en su cuerpo comenzaba a hacerse presente, trayendo consigo el malestar, y por sobre todo… el metal se acumulaba inadecuadamente en distintas partes de su cuerpo, y era aquello lo que nosotros confundíamos como "moretones"; el metal salía del hígado a través de la sangre, pero este no se mantenía en los glóbulos rojos de la sangre a como era en el caso de Naoto y su abuelo, el metal comenzó no solo a sedimentarse en la piel, sino en varios sectores en el interior del cuerpo, tratándose en un principio como si de un tumor benigno se tratase, pero cuando ya comenzaron a pasar las semanas, lo que parecía ser una simple e inapreciable molestia, se convirtió en lo que ahora se apreciaba.

Obviamente los gemidos de dolor se debían a que estaba prácticamente sacando aquel metal del cuerpo de las personas.

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Nuestra aura no era invasiva… si bien no podía sanar todas las heridas (ya que aquello además significaría una disminución aún mayor de mi esperanza de vida), lo que si podía permitirme hacer era curar cualquier tipo de daño interno que se pudiese provocar en una arteria u órgano, aunque claro, debido a los cuidados que Takeru y yo tomamos (eh ahí la razón del porqué entramos al estado aural evolucionado), las heridas internas fueron las mínimas.

Las personas no se movían, no podían hacerlo… Takeru las inmovilizaba, siendo necesario para que así pudiese extraer minuciosamente aquel metal, requiriendo una concentración tal que… debido a la masiva cantidad de personas, junto con la enorme cantidad de metal que se debía extraer, fácilmente nos tardamos una hora en poder finalmente separar, a pesar de estar Takeru y yo dentro de la segunda fase del estado aural.

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Era la única forma… yo estaba más que consciente de que el tiempo no estaba de nuestro lado, y debido a que Takeru estaba conmigo, nuestra experiencia y costumbre al estado aural nos permitió poder realizar aquel esfuerzo sin mayores consecuencias para mí y mi vida, estando incluso "bien" luego de estar con el estado aural activado por más de una hora.

Había terminado… todo aquel oscuro metal se encontraba arriba de nosotros, aún rodeados por nuestra aura, a la vez que los jadeos escuchados por el resto de las personas era más que apreciable….

Mientras que Yosuke y Naoto estaban completamente perplejos, al notar que ellos fueron los únicos que no fueron tocados por nuestra aura…

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—Ya se los explicaré más tarde…— dije serio, mientras que una gota de sudor recorría por mi frente— Harumi… estas personas tiene ahora demasiadas heridas, no son mortales, pero necesitan tratamiento; ahora las medicinas funcionarán— reconocí, girándome hacia mi esposa para decirle, mientras que ella asentía, extrañándose nuevamente cuando nota como un brazo de aura emergía de mí, para después unirse a la misma.

—No puedo darte mucho… pero será suficiente para que puedas tener las energías necesarias, no tenemos mucho tiempo, y además…— empecé a decir, mientras que Naoto comenzaba a asomarse desde el torso de Yosuke el cual aún lo abrazaba.

Luego de escuchar como su padre comenzaba a despertar.

—Tienes a uno menos que tratar…— declaré con la misma seriedad, comenzando a levantarme, separándome de Takeru mientras que ambos aún teníamos el estado aural activado, para después retirar del lugar aquella enorme masa de metal que aún se encontraba sobre nuestras cabezas.

Takeru y yo nos movíamos en silencio, mientras que las demás personas simplemente lanzaban leves alaridos tras las pequeñas heridas que quedaron en sus cuerpos luego de que retirara aquel metal, mientras que ahora se comenzaban a escuchar nuevamente otra clase de gritos…

Siendo estos los de Naoto y su hermana, los cuales casi al instante se abalanzaron hacia su padre, el cual, apenas si sabiendo lo que ocurría a su alrededor ante lo atontado que estaba luego de todo lo experimentado, simplemente abrazó instintivamente a sus hijos, los cuales hipaban y sollozaban por obvias razones.

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Simplemente jadeábamos, a la vez que ya una vez afuera, Takeru y yo soltábamos aquella pesada esfera de metal hacia la nieve, desactivando nuestro estado aural, para después ser nosotros los que caímos a la nieve de igual manera, muy agotados a pesar de todo.

Y además… de que hasta para nosotros era más que sentible la temperatura en la cual nos encontrábamos… debido a que incluso la nieve comenzaba a sisear ante el contacto con nuestra piel, mientras que aquel metal que arrojamos hacía el mismo sonido.

—Esto… ¿No nos hará muy mal? — pregunté irónicamente, mientras que Takeru se mantenía en sus leves jadeos.

—Nuestra temperatura aumenta porque hacemos circular mucha aura por nuestro cuerpo… para nosotros cosas como estas no nos hacen mayor daño— reconoció Takeru, mientras lanzaba un último suspiro, sintiéndose bastante bien de igual manera aquella nieve (o más bien ahora agua) en contacto con nuestra piel.

El silencio perduró por unos cuantos minutos, Takeru y yo nos sentíamos a gustos en aquella nieve, e incluso era un buen momento para descansar, sabiendo que Harumi ahora si era capaz de poder curar a aquellas personas, mientras que, gracias a la pequeña porción de aura que le dejé, no tenía remordimiento si es que lo hacía sola por unos momentos, sabiendo que no tendría cansancio de momento por lo obvio.

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Y así… los minutos se transformaron en horas, hasta que, habiendo pasadas unas cuantas, el anaranjado cielo clásico del atardecer cada vez se hacía presente, mientras que Takeru y yo aún permanecíamos acostados en la nieve, sin importarnos en lo absoluto de la temperatura, habiendo incluso quedándonos dormidos sin querer ante lo agotados que quedamos.

Eran más o menos las siete de la tarde cuando comencé a despertarme… simplemente me estiré luego de aquella merecida siesta, mientras que Takeru aún parecía estar dormido por lo que, una vez que me percaté del estado de mi amigo, sabiendo por nuestra conexión que no estaba durmiendo por la fatiga sino por lo flojo, lanzo delicadamente una pequeña bola de nieve en su cabeza…

—¡¿Qué demonios te pasa imbécil?! — gritó casi al instante Takeru luego de que su cabeza terminara enterrada ante la enorme bola de nieve que con tanta brusquedad le arrojé, a lo que este casi al instante arroja una de mismo tamaño como venganza, la cual recibí sin mucho enojo y más como risa.

—Vamos… me daba flojera el ir a levantarte— reconocí, a la vez que sacudía los rastros de la nieve de mi cabeza, mientras que Takeru me observaba completamente encabronado— Por cierto… ¿Cómo irán? — pregunté, a lo que mi amigo cambia su rostro por uno más serio, a la vez que ambos observábamos la entrada de aquel granero, cuyas puertas estaban obviamente cerradas.

Pero exaltándonos completamente, cuando cierta voz se escucha a nuestras espaldas.

—Estamos atrás de ustedes tarados…— se escuchó la voz de Harumi a nuestras espaldas, a lo Takeru y yo nos giramos al instante, para después notar como Harumi, junto con Hanako y Yosuke estaban sentados sobre unas mantas, a la vez que una pequeña fogata estaba encendida al lado de los mismos.

—H-Harumi…— dije un poco sorprendido, luego de no haber notado su aura debido a que aún estábamos despertando literalmente— Lamento el no haber ido…— dije luego de unos segundos de silencio, obviamente disculpándome por haberme quedado dormido sin querer, no pudiendo de esa manera ayudar a mi esposa, sin embargo, me extraño cuando esta simplemente suspira, para después lanzar unas cuantas carcajadas.

—Tonto… Takeru y tú se esforzaron mucho, merecían un descanso— declaró Harumi, mientras que apuntaba levemente hacia donde estábamos nosotros— ¿Acaso aún no se dan cuenta en donde están acostados? — preguntó mi esposa, a lo que Takeru y yo simplemente bajamos la mirada, para notar como ahora unas mantas estaban entre nosotros y la nieve, sorprendiéndonos bastante debido a que no lo notamos, obviamente por lo profundo de nuestro dormir.

—Una cosa es ser tarado y otra es dormir en la nieve Ryo, es peligroso… no quiero también tenerlos a ustedes enfermos cuando regresemos— declaró entre risas y levemente fastidiada Harumi, mientras que yo simplemente me llevaba la mano a la cabeza un poco avergonzado, a la vez que Takeru simplemente se cruzaba de brazos a la vez que se sonrojaba, dando a entender por fuera que no era necesario dormir sobre una cómoda y tibia manta, mientras que por dentro el blandengue no podía negar que era mucho más placentero así.

—Y… ¿Cómo está todo? — pregunté, a la vez que entrecruzaba mis piernas al igual que Takeru, esperando escuchar buenas noticias por parte de mi mujer.

—Las cosas se calmaron después de unas horas…— explicaba Harumi— las personas no estaban tan heridas luego de que les sacaran aquel metal… usamos toda la gaza que trajimos, pero no era suficiente, por lo que tuve que usamos las gazas para los que estaban peor, y en el resto de los casos cubrí sus heridas con una pasta de hiervas que por suerte encontré en el bosque— relataba Harumi, mientras que Takeru y yo escuchábamos atentos y curiosos.

—después de eso simplemente tuvimos que encargarnos de tratar las enfermedades que ya de por sí tenían… pero luego de que sacaron ese condenado metal, incluso me atrevería a decir que muchas de las personas mejoraron más por sí solas que por gracia de nuestra medicina— declaró alegre mi esposa, mientras que Takeru y yo asentíamos con una pequeña sonrisa de igual manera.

—Pero…— empezaba a hablar ahora Yosuke, llamándonos la atención por lo obvio— aún hay algo de lo que no me han puesto al tanto— decía el anciano, mientras que la seriedad en su rostro contagiaba al nuestro, dejando unos cuantos segundos de silencio luego de dichas aquellas palabras.

—¿Por qué no nos sacaron ese metal a mí y a Naoto? — preguntó finalmente el hombre, mientras que ahora se dirigía única y plenamente a mí, a la vez que ambos chocábamos nuestras miradas.

—Pues… la verdad es por temor— reconocí luego de unos segundos, mientras que Yosuke alzaba una ceja sin poder comprender, a lo que yo empiezo nuevamente a hablar.

—Todos los del pueblo tenían algo extraño en sus hígados… como si de un pequeño tumor se tratase— comenzaba a explicar— y… si bien esto es solo una suposición, creo que ese tumor segregaba el metal que después se pasaba a la sangre; pero en su caso… no existe ningún "tumor" —declaré finalmente, extrañando a Yosuke y a Harumi junto con Hanako.

—No hay nada… es como si su mismo hígado produjese el metal por su cuenta… no hay ninguna anomalía, es por eso que no quisimos quitarle el metal, si lo hubiéramos hecho le habríamos quitado prácticamente el órgano— reconocí, mientras que Yosuke incluso temía ante mis palabras.

—No te preocupes…— comencé a decir nuevamente luego de notar aquel miedo reflejado en su rostro— ese metal por alguna razón se acopló a la perfección con su cuerpo y aura… y eso más que una desventaja es incluso un beneficio para ustedes dos— reconocí, mientras que Yosuke me escuchaba atento— me atrevería a decir que tienes la fuerza y movilidad de alguien de mi edad, Naoto es solo un niño, pero ya empezará a notar su verdadera fuerza cuando crezca, y después… es fácil imaginarse lo que ocurrirá— empezaba a decir, a lo que me exalto levemente al recordar su nombre.

—Por cierto… ¿Cómo están ellos? — pregunté, especificando indirectamente al padre de Naoto junto con el mismo y su hermana.

—El padre está bien… somi tenía un poco de temperatura, pero se le fue bastante rápido luego de que le di algunos remedios después de que le sacaste el metal de igual manera— empezó a decir Harumi, a lo que se extraña cuando soy yo el que levanta una ceja en son de duda.

—¿"Somi"? — pregunté, mientras esbozaba una pequeña sonrisa burlona, mientras que Harumi simplemente me observaba con una mezcla de vergüenza y fastidio.

—Nozomi… es mi nieta— reconoció ahora con una sonrisa Yosuke, ya que este de igual manera sabía el porqué de la reacción de mi pareja, a lo que yo simplemente abro levemente mi boca, intentando aguantar una pequeña risa ante el obvio y tierno hecho que ocurría.

—Parece que alguien se hizo una nueva amiga~— declaré en un infantil tono…

Únicamente para recibir una enorme bola de nieve en la cabeza por parte de Harumi.

—Empieza a ponerte más serio en la situación… aún no sabemos cómo llego ese metal a los hígados de todas esas personas, así que ahórrate las bromas para después— declaró, intentando mantener la compostura Harumi, mientras que una pequeña vena se enmarcaba en su cabeza y mano en señal de no poder contener todo su encabronamiento hacia mí por lo obvio.

—Está bien, está bien…— dije entre algunas carcajadas sueltas, a la vez que volvía a recomponerme para después sacudirme nuevamente la nieve de mi cabeza.

—Aunque… no hay mucho que deducir… es más que obvio quien está como principal sospechoso en todo esto— declaré sin más rodeos… mientras que Harumi simplemente fruncía el ceño, intentando a su vez explicarse cómo podría haber ocurrido todo.

—Desde un principio sabía que Teijo mentía— declaré finalmente, mientras que el resto simplemente se enfadaban levemente al escuchar el nombre— debió usar la falsa faceta de la enfermedad, para ocultar… digamos… ¿un "experimento" quizás? — decía suposiciones, a la vez que todos los puntos parecían conectar luego de notar aquello.

—Imagínense…. Un soldado que no necesite llevar armadura para poder contrarrestar el estado aural, y que más encima tenga una resistencia y fuerza tal, que incluso a una avanzada edad seguiría pareciendo a la de un joven; es… interesante ¿no? — decía al aire, mientras que mi familia y Yosuke simplemente escuchaban y pensaban.

—Pero…— empezaba a hablar Harumi— ¿Cuál puede ser la razón de necesitar a esas personas? O incluso… a ese metal, los únicos que saben respecto a eso son…— Harumi se calló, luego de pensar lo obvio, mientras que la seriedad en mi rostro y en el de Takeru se agravaban.

—Ryuji…— dijimos Takeru y yo simultáneamente, mientras que mi amigo simplemente lanzaba una mueca ante el desagradable nombre.

—Teijo debe tener alguna relación con él… pero… él no sabe aún quienes somos, eso nos da la ventaja— reconocí, mientras que a la vez que me llevaba la mano al mentón, intentando pensar en una solución a la situación.

—Esto es serio Ryo… Renzo te dejó mal con un golpe, y estamos hablando de cientos como él— empezaba a decir Harumi, mientras que yo pensaba, sin embargo, todos nos extrañamos cuando Yosuke se exalta luego de que Harumi dijera aquellas palabras.

—E-Espera… ¿dijiste Renzo? — preguntó completamente estupefacto Yosuke, mientras que Harumi simplemente no sabía cómo reaccionar ante la brusca reacción por parte del anciano— ¡¿Cómo era?! — preguntó ahora completamente alarmado el hombre, mientras que todos nosotros estábamos más que extrañados ante lo obvio.

—Esto… cabello castaño y ojos cafés… era un poco más bajo que yo, ¿Quizás unos veinte años? — me decía a mí mismo, mientras que Yosuke no podía estar más sorprendido ante esas descripciones— ¿Lo conoces? — volví a preguntar, cuya respuesta era más que obvia ante todas las reacciones que tenía Yosuke, sin embargo, nunca pudimos esperar a que este mantuviera su sorprendido rostro…

A la vez que varias lágrimas comenzaban a recorrer sus mejillas.

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—E-Es…— intentaba decir Yosuke, mientras que nosotros simplemente intentábamos no mantenernos expectantes de las siguientes palabras que diría el hombre.

—Mi nieto— declaró finalmente el anciano, a lo que todos nosotros nos exaltamos completamente luego de escuchar aquellas palabras— él y mi hija… Teijo se los llevó, pensaba que estaba muerto…— declaró ahora en susurros el anciano, mientras que se llevaba la mano a su boca en son de las emociones que le abordaron luego de escuchar que al menos Renzo estaba con vida.

—Así que… él es hermano de Naoto y somi— dije al aire, encabronando un poco a Harumi de que llamara a la niña con el apodo que ella le había dado (obviamente a propósito) — bueno… tendrás que ahorrarte esos sentimientos viejo, supongo que aún hay un cabo suelto en la carreta todavía— reconocí, a lo que comienzo a levantarme, para después activar el estado aural e ir rápidamente hacia la carreta, y traer con normalidad un enorme bulto envuelto aún en mantas, cuyo contenido era más que conocible para mi familia, no así para Yosuke.

—Sí que nos ha dado problemas tu nieto, Yosuke— declaré un poco fastidiado a la vez que desactivaba el estado aural, para después dejar el cuerpo de un aún inconsciente Renzo en la nieve…

Mientras que Yosuke no tenía palabras ante lo que sus ojos observaban.

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Nadie dijo nada luego de que dejé a Renzo en el suelo… todos manteníamos el silencio, mientras que el anciano ni siquiera era capaz de levantarse… solamente gateaba hacia donde estaba el chico, a lo que, cuando ya se encontró a la distancia suficiente, simplemente abraza con todas sus fuerzas la cabeza del mismo, sin poder expresar nada más que pena y agradecimiento, a la vez que las lágrimas caían ahora en las mejillas de Renzo.

¿Qué te hicieron….?— decía en apenas entendibles susurros el anciano, a la vez que observaba la notable palidez en el rostro de Renzo, siendo sus facciones lo único que le recordaba al mismo, ya que su pelo había sido completamente rasurado.

—Era un hombre de Teijo… — dije un poco triste ante la escena que veía— le dio unos cuantos problemas, y así lo encontramos al día siguiente; luego de eso nos trajo hasta acá, y atacó a Naoto después de que este le arrojara una piedra a Harumi, luego de eso interferí— declaré, mientras que Yosuke simplemente lloraba ante lo que escuchaba, sin separar su frente con la de su nieto.

—Creo… que deberíamos verlo igual Harumi— dije, mientras que mi esposa asentía, comenzando a su vez a sobar la espalda del anciano, indicándole que necesitaba que se separara de Renzo, a lo que, sabiendo lo que haríamos, simplemente se aparta unos cuantos centímetros.

—No creo que hubiese sido un hombre de Teijo por voluntad, debe haber algo que aún no sabemos— reconocí, a la vez que Harumi junto con Hanako comenzaban a sacarle la armadura que aún traía puesta, sin embargo, Harumi comienza a tambalearse levemente luego de tocar la misma, extrañándose y preocupándose.

—Es porque te di un poco de mi aura… — declaré un poco desanimado, mientras que Harumi simplemente asentía, pero asumiendo el cansancio de igual manera, sacando rápidamente la armadura del cuerpo de Renzo, arrojándola lejos de igual manera.

No era de esperarse el desafortunado estado en el que se encontraba el cuerpo de Renzo una vez que le sacamos aquella armadura… su piel seca, sus desnutridos músculos en sus piernas y brazos, a la vez que las remarcadas costillas en su torso nos daba cuenta de la realidad por la que aquel hombre pasaba.

Yosuke ya no tenía otra expresión más que la de una profunda pena, a la vez que ya no sabía cómo actuar ante lo que sus ojos observaban, temiendo cada vez más por la salud de su nieto

—Cómo es posible esto…— decía Harumi, a la vez que casi al instante apoyaba su oreja en el pecho de Renzo, intentando escuchar su respiración junto con sus latidos de igual manera— como fue capaz de siquiera caminar— decía mi esposa, a la que vez que ahora se giraba hacia mí— ¿Puedes verlo? — me preguntó, a lo que yo asiento con la misma seriedad, para después sentarme al lado del chico, y apoyar mi mano sobre su pecho… comenzando así a insertar un poco de mi aura en su cuerpo.

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Ya con todas las cosas que había visto… no estaba seguro si encontraría algo que me sorprendiese en el cuerpo de Renzo; sin embargo, nada se veía…. su torso estaba completamente "sano" por así decirse, no existía ningún tipo de metal en su hígado o sangre, mientras que la debilidad y las heridas internas eran lo único que perduraba, debido a todos los golpes recibidos durante nuestra estadía.

Mi extrañeza aumentaba… a la vez que de a poco mi aura comenzaba a esparcirse más allá de su torso.

Y es ahí… cuando finalmente mi aura alcanzó su cerebro.

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—Lo encontré…— dije un poco desanimado luego de notar lo obvio, a la vez que activaba el estado aural, dejándolos aún más expectantes e impacientes, ya que aquellas palabras fueron las únicas que mencioné antes de volver a cerrar los ojos, comenzando a su vez a concentrarme nuevamente.

Como dije antes, ya para ese punto era difícil encontrar algo que me sorprendiera luego de ver aquel metal oculto en la sangre de aquellas personas, y no me era muy difícil imaginar la clase de dispositivo que se encontraba adherido entre el cráneo y la piel de aquel chico…

Como si de una araña se tratase… cuyo cuerpo se encontraba en la nuca de Renzo, mientras que el sin fin de "patas" se propagaban por todo su cráneo, enterrándose en puntos estratégicos del cerebro.

Aquellos sectores… que se encargaban de los movimientos de su cuerpo.

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No puedo negar que aquello me entristeció y enfureció… lo notaba en su aura; todas sus acciones y movimientos no eran de "él", ya que aquella máquina lo controlaba; sin embargo, aquello no era todo, ya que Renzo estaba al tanto de todo lo que estaba haciendo… como si su conciencia hubiese estado encerrada dentro de su propio cuerpo, sin poder hacer nada para evitar el que él hiciese todas las cosas vistas hasta ese punto.

La rabia e impotencia en grandes cantidades era lo que más se apreciaba en su aura, sin embargo, no era mi intención el seguir sintiendo aquella ira, ya que ni si quiera yo sabía si era capaz de continuar sintiéndola sin verme afectado por la misma.

A lo que, separando aquel dispositivo cuidadosamente con mi aura, retiro las "patas" de la misma, para después sacarla lentamente desde la nuca de Renzo, librándolo así finalmente del control que le habían autoimpuesto.

El silencio siguió luego de que sacara aquel dispositivo, a lo que lo lanzo hacia el centro para que así los demás lo vieran, quedando completamente absortos en la forma espeluznante del mismo.

—Controlaba todos sus movimientos…— decía, a la vez que desactivaba mi estado aural— y aún así era consciente de todo lo que hacía— expliqué, un tanto desanimado, mientras que Harumi y Takeru comenzaban a entender…

—Lo siento… no pude dejar mucha aura en su cuerpo, pero ahora es solo cosa de que descanse— declaré ahora un poco más alegre hacia Yosuke, el cual estaba aún en silencio luego de todas las cosas que recibió de golpe— lo más probable es que mañana despierte— reconocí, a lo que Yosuke simplemente asiente, solamente para volver a formarse un silencio en el ambiente, a la vez que yo solamente observaba el cuerpo de Renzo, el cual respiraba con normalidad, ya pudiendo finalmente descansar.

Sin embargo, todos nosotros nos exaltamos cuando Yosuke comienza a alzar su mano hacia mí.

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Fruncí levemente el ceño, sin comprender de momento, pero Yosuke aún mantenía su mano alzada hacia mí, mientras que me miraba con total seriedad, por lo que, de igual manera alzo mi mano para después estrecharla con la suya, dándonos un apretón de manos, a pesar de que no supiera la razón.

Muchas gracias Ryo…— dijo en un triste susurro Yosuke a la vez que yo simplemente lo observaba con seriedad— lamento lo que te hice antes— reconoció finalmente su culpa el anciano, mientras que yo simplemente me quedaba en silencio.

Para después posar mi mano libre sobre su hombro…

—No te preocupes por esas cosas— dije con una sonrisa, mientras que Yosuke abría por completo sus ojos ante mi actitud— lo importante es que ahora finalmente las cosas van a mejorar— declaré, mientras que Harumi y Takeru junto con Hanako simplemente sonreían hacia mí, ya acostumbradas a esa clásica actitud mía.

—Aunque… ahora que lo pienso, ¿Por qué no entramos? — dije nuevamente a la vez que dejaba de apretar la mano de Yosuke, para después abrazarme a mí mismo debido al frío que comenzaba a sentir— Ya mañana nos encargaremos de los otros "asuntos", hay que descansar— reconocí, a lo que Yosuke simplemente asiente aún un poco sorprendido, para después ayudarnos a cargar a Renzo hacia el granero.

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La noche así pasó… Naoto y Nozomi ya estaban dormidos para cuando nosotros entramos, por lo que simplemente dejamos a Renzo a su lado, mientras que Yosuke también se quedó con los mismos…

Por otro lado, nosotros continuamos revisando alguna que otra persona que decía tener algún problema o incomodidad, para después, cuando finalmente terminamos, todos nosotros nos dispusimos finalmente a dormir, Takeru y yo apoyados en una de las murallas, junto con Hanako y Harumi respectivamente.

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Los rayos del sol comenzaban a hacerse presentes en aquella mañana de invierno… de a poco el calor comenzaba a propagarse por la pared de aquel granero, comenzando a despertarnos a Harumi y a mí, mientras que Takeru y Hanako aún estaban dormidos.

Buenos días…— dijo Harumi aún abrazándome, a lo que yo la escucho para después responderle con un beso en su frente.

—Buenos días…— dije después del beso, mientras que ambos nos manteníamos en la misma posición.

Aunque claro, exaltándonos completamente cuando notamos a cuatro presencias delante de nosotros, observándonos…

Para ver que eran Nozomi, su padre y abuelo, y un avergonzado y fastidiado Naoto.

—Hola…— dijo el padre de los niños, a la vez que alzaba su mano hacia mí— tú debes ser Ryo… lo lamento, pero no tuve el tiempo para agradecerte en persona… mi nombre es Kaito— dijo amablemente el hombre, a lo que yo simplemente vuelvo a alzar mi mano para después estrecharla con la de aquel hombre.

Y después exaltarme cuando este me levanta bruscamente y me da un fuerte abrazo, tomándonos completamente desprevenidos a mí y a Harumi.

—No sabes cuánto te agradezco por todo lo que has hecho por mi familia y mi pueblo…—reconoció con bastante pena Kaito, mientras que yo simplemente estaba un poco choqueado de recibir tal afecto tan de repente… por lo que simplemente esbozo una sonrisa un tanto incomoda, a la vez que daba varias y amables palmadas a la espalda de aquel hombre, el cual se separó de mí luego de unos segundos.

—¡Y también! — dijo ahora un poco más molesto Kaito, a lo que comienza a dirigirse hacia su hijo y comenzar a empujarlo hacia mí, mientras que Harumi también se levantaba y colocaba al lado mío— ¡Naoto les quiere decir algo! — reconoció ahora más molesto el hombre, a la vez que Naoto simplemente mantenía su compostura avergonzada y fastidiada.

—¿En serio? — dije en un tono burlón, a la vez que me hincaba quedando frente a frente con el pequeño infante que no superaba unos seis años de edad— Pues… soy todo oídos— declaré con una sonrisa, mientras que Naoto simplemente inflaba sus mejillas, sabiendo que todo aquello era porque sabía que debía disculparse conmigo y Harumi por las cosas que había hecho antes.

Lo siento…— dijo finalmente Naoto luego de unos segundos de vergüenza, a la vez que se giraba hacia Harumi, la cual de igual manera lo miraba con una pequeña sonrisa.

—¡Oiga señor! — se escuchó de sorpresa la voz infantil y animada de Nozomi, a lo que esta literalmente empuja a su hermano mayor, para quedar delante de mí— usted es un señor muy fuerte ¿cierto? Dicen que va a machacar a los malitos ¿No es verdad? — decía animada, alegre y bastante rápido la pequeña niña, mientras que yo simplemente esbozaba una sonrisa nerviosa, al igual que Harumi, ya que no estábamos muy acostumbrados a aquella apresurada actitud, pero no negándola de igual manera.

—Pues… verás pequeña somi— empezaba a decir, mientras que comenzaba a posar mi mano sobre la negra cabellera de la niña.

—Por supuesto que lo harem…—

Me detuve…

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El sonido de las gotas cayendo estrepitosamente al suelo era lo único que se escuchaba… nada se veía, mientras que en su mente un montón de pensamientos lo abordaban…

Todos sobre a ella…

Había perdido… su hogar fue invadido… dejó a mis hijos a su voluntad, y él, a pesar de dar todo de sí…

Perdió…

Su mente le jugaba malas pasadas, un infierno dentro de otro en el cual ni siquiera podía huir para así no sentir la desesperación de escuchar el crudo silencio del exterior.

Ya que… solo un encadenado Zoroark se observaba… mientras que en cada extremidad, un sinfín de delgadas barras metálicas estaban enterradas, siendo el goteo antes mencionado el de su propia sangre la cual emergía ante todas las heridas.

Con su ojos apenas abiertos… perdiendo la consciencia por cada segundo que pasaba.

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Ya no se emitía ninguna palabra desde mi lado… la madera trisándose fue lo último en escucharse, mientras que todos los que se encontraban a nuestro alrededor apenas si podían creer lo que sus ojos observaban.

Ya que una enorme y gruesa lanza de metal atravesó mi estómago y el pecho de Nozomi.

—Déjame adivinar… tú eres Ryo ¿No? — se escuchó ahora la voz de Teijo a nuestras espaldas, luego de que aquella lanza destruyera gran parte de la pared…

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Aquí amigos míos termina el capítulo, espero les haya gustado ^^, este mes fue bastante ajetreado, pero siempre se encuentran momentos para escribir sin importar que jajaj

Lord fire 123 A no pues si que has sobrevivido a varias cosas la verdad Xd, y referente a esos "momentos fail" pues sí, ya tengo pensado en hacer algo… digamos "parecido" luego de que "Yo elijo proteger" termine, antes de empezar de lleno con la continuación de lazos de aura.

Nuevamente reitero las gracias por lo de antes, fue un error muy feo u-u, y si no hubiera leído tu comentario quien sabe por cuanto tiempo habría estado ahí T-T, supongo que con esto aprendí a siempre revisar el cap luego de publicarlo jajja, te debo esa enseñanza Xd.

Las cosas se vienen bastante escabrosas para nuestros personajes a partir de este punto, y eso que aún no llegamos al clímax real de esta pequeña trama e-e, como sea, muchas gracias nuevamente por tu comentario, se aprecian bastante ^^

Eso sería todo chicos, y sin más que decir…

¡Nos vemos en el siguiente capítulo! :D