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Capitulo 7

Reencuentros

-Veamos ¿Dónde se encontrará la puerta L-04? – miró para todos lados – Yo no sé porque los aeropuertos se tienen que complicar tanto con eso de las enumeraciones – dejó caer sus hombros con desanimo y exhaló con pesadez – No me queda de otra que preguntar a… – volteó a ver una de las puertas cercanas a ella. En estas halló a un guardia de seguridad. Se dirigió hacia él – Disculpe, ¿Sabe dónde es la puerta L-04?

-Claro, señorita – dibujó una dulce sonrisa – la puerta que busca esta a dos puertas hacia la derecha, luego dobla a la izquierda. Sigue el pasillo hasta el final y la primera puerta que vea…

-Esa es ¿Verdad? – se aventuró a decir.

-Cerca, pero no – comentó divertido. Sakura hizo una mueca de no entender – Entre en ella, sigue derecho hasta toparse con una glorieta, – se acercó al oído de la castaña – en donde se encontrará todos los locales de comida del aeropuerto, – su mirada se embelezó como si estuviera imaginando un platillo de comida en frente a él. Sakura lo miró confusa. ¿Qué le ocurría a aquel hombre? El guardia carraspeó la garganta, en señal de que había regresado a la realidad, y prosiguió con su explicación – Se encontrará con seis puertas – Sakura ya no lo escuchaba. Su mente divagó en dos problemáticas. La primera que consistía en no poseer una buena memoria. La segunda carecer de sentido de orientación. Tal vez otra se puede agregar: no poner atención – No hay pierde.

La castaña tuvo que parpadear varias veces de manera incrédula. "No hay pierde" fue lo último que alcanzó a oír. ¿Cómo decir que no había prestado atención a tal erudición? Lo único que hizo ella es quedarse callada. Se propuso repasar mentalmente la ruta que le había descrito que siguiera para llegar a la dichosa puerta L-04. Sólo recordaba que debía ir a… la izquierda y luego a la derecha, para después… Está bien, lo admitía por fin. No se acordaba de nada. Azorada pidió un favor al guardia el cual radicaba en que uno de los guardias la guiará hasta aquel lugar. Sin embargo, el hombre se ofreció el mismo a guiarla. Ella se negó rotundamente. No iba a dejar que dejara su puesto. El guardia en cambio sonrió. Con suma paciencia le comentó a la castaña que su turno ya había acabado. Se encontraba ahí meditando a donde iría a comer cuando la muchacha se acercó para preguntarle por la puerta L-04. Después de esto, emprendieron la marcha hacia allá. El trayecto para los dos no fue aburrido, ya que pronto se vieron enfrascados en una amena conversación que no se fijó cuando llegaron a la dichosa puerta.

-Muchas gracias, señor – le extendió la mano. El guardia la estrechó cariñosamente – Por haberse molestado en traerme hasta acá.

-El placer es mió señorita – sonrió de nuevo – Usted es una persona muy simpática. Pasé un rato muy grato a su lado.

-Bueno, yo… – no hallaba las palabras para poder protestar a lo dicho por el hombre.

-¡Sakura! – alguien gritó. La aludida buscó a la dueña de aquella voz.

Una bella joven de ojos amatistas venía cargando dos pequeñas maletas, junto con un pequeño bolso. A la castaña le extrañó que trajera su amiga sólo dos maletas. Pero, al observar bien el panorama. Atrás de ella le seguía un chico manejando un carrito el cual tenía encima más de 20 maletas de puro equipaje. Sakura suspiro y dejó caer los hombros mientras negaba con la cabeza. Esa prima suya nunca cambiaría.

-Eso si es llevar mucho equipaje – la voz del guardia interrumpió sus pensamientos.

La muchacha se exaltó de susto. No se acordaba que el hombre siguiera a su lado. El guardia no se dio cuenta de ello. Estaba entretenido con la escena. ¿Cómo no estarlo? Sakura vio como el muchacho estaba casi morado por el gran esfuerzo que hacía al empujar el carrito. Resoplaba, sudaba y mantenía una cara de vivir un gran martirio. La castaña pudor ver que Tomoyo la había identificado porque ahora sonreía de oreja a oreja. Además de prácticamente se echó a correr en dirección hacia ella. Por la cara del chico, que llevaba el equipaje, parecía a punto del infarto cuando se percató que la clienta rápidamente desaparecía de su visión. No le quedaba de otra que correr con todo y equipaje para alcanzarla.

A unos centímetros de llegar con su amiga. La amatista se despojó de las maletas para poder abrazar a la castaña fuertemente. Mientras que Sakura frunció el ceño. Sintió que si no se apartaba de los brazos de Tomoyo tendría dos que tres costillas rotas.

Mientras tanto el muchacho del equipaje se encontraba en cima del carro que iba a toda velocidad. Había pasado por alto la bajada que había en el lugar, en su afán por alcanzar a la amatista, que sin querer tomó un gran impulso. No tenía control del carrito sólo gritaba con desesperación. Vociferaba de vez en cuando un "cuidado" cuando estaba a punto de atropellar con una persona.

-Tranquila. Casi me afixias –comentó a modo de regaño.

-Lo siento – se disculpó sin perder la alegría – Ha pasado tanto tiempo desde que nos vimos que me emocioné al verte de nuevo.

-Si, – afirmó melancólica – han sido seis largos años desde que te marchaste.

-Dejemos atrás al pasado. Vivamos el ahora – tomó una de las manos de Sakura – ¡Arriba corazones! – sonrió con el fin de que la castaña la imitara.

La muchacha sonrió nerviosamente. Parecían unas muchachas carentes de sus cinco sentidos. Toda persona que pasaba a su lado se les quedaba viendo con cara de desconcierto. A las espaldas de las muchachas se escuchó a alguien decir "Señorita Daudoji" con gran desesperación. Sakura volteó a ver quien era. El muchacho del equipaje iba a una sorprendente velocidad y se dirigía a un muro de contención. La castaña solo atinó a cerrar los ojos por instinto. Luego oyó maletas caer con estrépito al suelo. Al abrir los ojos observó que el muchacho se había caído a un lado antes de estrellarse, se encontraba distante a donde había quedado el carro estrellado.

-Ahora dime – dijo Tomoyo. Al parecer no se había dado cuenta de lo ocurrido. Se acercó más a su amiga. Puso una mano en su boca a modo que las palabras que dijera solo fueran directo a su prima y no se desviaran a otro lado, mientras miraba con recelo a un lado de ella – ¿Quién es ese cuerazo? – susurró pervertidamente – Esta como quiere, Sakura.

-¿Quién? – preguntó mientras parpadeaba sin cesar. Tomoyo cambia su expresión pervertida por una mueca de fastidio.

-¿Cómo que quien? – preguntó escéptica.

Sakura asintió. La amatista se colgó de uno de sus brazos de la castaña. La hizo girar un poco para que viera más a su izquierda.

-Ese cuerazo – señaló con la mirada lo más discreto que pudo.

Al fijarse bien de quien estaba hablando su amiga, la joven enrojeció de la cara en segundos. Cuando decía sobre "ese" se refería al guardia que la guió hasta la puerta.

-¿Él? – preguntó ingenua, señalando al hombre. Su prima gruñó frustrada – No, te equivocas – se puso nerviosa – Él es el guardia que me acompañó hasta aquí – Tomoyo se entusiasmo – porque no encontraba la salida – recalcó con el fin de dejar las cosas en claro. Sobretodo para que su prima no empezara a imaginar situaciones o relaciones en donde no existían.

-Si tú lo dices – encogió los hombros como si me diera por mi lado.

-¿Cómo que "si tú lo dices"? – preguntó molesta mientras volteaba para mirar a Tomoyo. Sin embargo, ya no estaba a su lado. Sakura la buscó y la halló a un costado del guardia.

-Dígame ¿Cómo se llama? – preguntó coquetamente. El hombre solo sonrió levemente.

La castaña frunció el ceño. ¿Qué no sabía hacer otra mueca, más la que de sonreír? Su sonrisa parecía tatuada porque en ningún momento la dejaba olvidada. Para nada le molestaba esta acción. Pero, le preocupaba lo que Tomoyo tenía en mente.

-Tsukishiro Yukito – contestó

-Yo me llamo Daidouji Tomoyo – comentó picara. Se acercó al hombre y susurró – Esa muchacha de ojos verdes de allá es mi prima – lo obligó a fijarse en la castaña – Ella se llama Kinomoto Sakura.

-Son muy bonitos – apuntó – Ustedes, señoritas, le hacen honor al significado de sus nombres. Igual o más hermosas que las flores.

-¡Que amable es! – sus ojos se iluminaron al instante. Para la castaña era demasiado de para evitar lo que se avecinaba – Usted es perfecto para ser el novio de mi amiga.

-¿Qué dices? – preguntó Sakura a punto de un infarto.

-¿Me da su teléfono? – preguntó sin hacer caso algo de las protestas de la muchacha. Buscó en su bolso una pluma y un papel en donde apuntar – ¡Prepararé todo lo que sea necesario para un perfecta cita de amor!– aquel comentario parecía más un pensamiento en voz alta que dirigirse en alguien en específico.

Exhaló con desánimo. ¿Qué podía hacer al respecto? Nada. Por esa razón le había tenido algo de resentimiento a su pariente. Siempre era lo mismo. Por supuesto que estaba conciente que llegaba a esos extremos, su familiar, sólo por su bien. Se esmeraba tanto que a veces solía ser un verdadero fastidio. ¡Mandarlo a Japón! ¿Cómo fue capaz de ello? Él vivía en China.

Sin embargo, no podía odiar a esa persona. Era una hermosa mujer. La cual le había enseñado, lo mejor que pudo, a dar frente a la vida. No negaba que resultaba ser seria, esa característica había heredado de ella, aunque no ocultaba lo bondadosa y buena que es con las personas. Estaba escéptico ante la forma de ser de esa persona: su madre. ¿De dónde había heredado esa forma de ser? Porque en cambio su abuela… ni hablar. Mientras que su madre era lo blanco, su abuela era lo negro. Su abuela lo quería demasiado, de ello no se quejaba. Sólo que había un pero, y ese consistía en hacer la vida pesada a todas y cada una de las chicas que se le han acercado, que no sea familia, a lo largo de la vida. Pensándolo bien, la mejor idea que ha tenido su madre para su futuro fue enviarlo a la Universidad de Japón. Al menos estaría lejos de su abuela.

-Señor… – alguien interrumpió sus pensamientos. Regresó a la realidad de golpe. Sintió que lo miraban fijamente. Para su mala suerte no se equivocó. El hombre que había hablado se encontraba al lado de él. Se agachó un poco para mirarlo directo a la cara – Señor… – volvió a decir una vez obtenida la atención del muchacho. Este frunció el ceño en señal de no entender ¿A que venía tanto con "Señor"? El hombre que lo había llamado se impacientó – Su apellido – agregó con molestia.

El castaño arrugó aun más el ceño. Hasta que cayó en cuenta. Hoy precisamente era su primer día de clases. Se hallaba en la cuarta clase del día y ya andaba pensando en cosas sin importancia. En cuanto al hombre que le habló era ni más ni menos que su profesor.

-Lee, profesor – contestó un tanto desconcertado.

El profesor resopló en señal de desaprobación, cruzó los brazos y agregó.

-Bueno, Señor Li – el aludido puso cara de ofendido. ¿Li? – Espero que para el futuro no este pensando cosas estúpidas acerca de su vida, poco interesante, en mi clase. Mejor aproveche su "tiempo" Señor Li – su tono de voz era pegajoso y más al usar la frase "Señor Li" – salga afuera. Salga con sus amigos. Tenga sexo con su novia. Dróguese y emborráchese. Yo que sé. Cuando haya terminado, si le interesa venga a mi clase sino para ¿Qué seguir desperdiciando el tiempo conmigo? Aquí se viene a poner atención en mi clase. Yo le hago un gran favor. Dándole clase a usted o no, me pagarán de igual manera. Así que Señor Li tiene acceso libre a la salida – balanceó su mano con elegancia hacia la puerta, como si fuera un empleado que muestra un majestuoso producto a su cliente para convencerlo de comprarlo –Usted decide.

Por orgullo lo mandaría al diablo. Saldría por la puerta. Se daría de baja en esta materia Estudiaría duro para después pasar el examen especial y aprobarla sin tener que soportar por casi todo un año al hombre que lo llamaba "Señor Li". Pero, no. No lo haría. No le daría ese placer. El profesor Kitsumo lo miró desafiante. En lugar de enojarse, el muchacho esbozó una sonrisa.

-Profesor Kitsumo – comentó tranquilamente – si de todos modos le pagan por dar o no clases. Le pagarán igualmente si me voy o no. Así que ¿Para que irme? No le afecto en su sueldo.

A lo largo de la conversación entre profesor y alumno, el resto de la clase se dedicaba a susurrar, hacer comentarios y pronunciar signos de sorpresa.

-Entonces ¿Para qué quedarse? – contraatacó con enfado.

-Estoy en mi derecho – dijo como si fuera obvio – En ningún lugar del instituto dice que puedo asistir a clases o no asistir. Estoy en la libertad de venir a su clase. No obstaculizo en nada en su labor de profesor.

-Simplemente me fastidia su presencia – soltó secamente.

-Como dije antes "No obstaculizo en nada en su labor de profesor" – recalcó – más nunca dije sobre lo personal. Si en esas vamos – la cara del profesor estaba roja de ira – ya somos dos. Usted tampoco me cae bien – agregó con descaro.

El hombre iba a responder a semejante comentario cuando sonó un timbre que marcaba el final de la clase. Mientras se escuchaba el ruido de bancas arrastrándose en el suelo, ocasionados por los alumnos, el castaño y el profesor Kitsumo se miraban desafiantes. El profesor pensaba que una guerra entre ellos dos empezaba. El muchacho pensaba en salir de inmediato de ese lugar. No era por miedo. Es más ni si quiera tomaba en cuenta los ojos amenazadores del hombre. Lo que le dijera o hiciera a él le daba lo mismo. Claro, que había límites para ello. No valía la pena seguir con eso, así que arregló sus cosas y se levantó de su silla. Cuando estaba por poner un pie fuera del aula…

-No crea que esto se quedará así – vociferó – Señor Li.

Fastidiado por el comportamiento un tanto infantil del profesor salió finalmente del salón.

-¿Me escuchó? – gritó enloquecido – yo me encargaré que no pase mi materia.

No detuvo su andar, sólo encogió los hombros.

-Va ser un hastío soportar a este tipo – murmuró.

-Me alegra saber – expresó una voz familiar a espaldas del trigueño – que a pesar de los años no has cambiado casi en nada, Xiao Lang.

La expresión del aludido, que se había mantenido seria, cambio a una sorprendida. Pero, lo disimuló. No quería que se enterara de lo ocurrido, para que después le hiciera ciertos comentarios. Volteó a ver a la persona.

-¡Hermano! – expresó felizmente. Se acercó a él. Lo abrazó solemne – Cuanto tiempo sin ver esa cara perversa.

-Lo que pasa es que sigues siendo tan inmaduro como siempre – dijo sin ofenderse – Con esa cara de niñato inocente que te cargas no dudo ni por un instante que no tienes a una novia…– se interrumpió – ¿Cómo había dicho? – Se llevó una mano al mentón como si recordara algo interesante – ah, ya. Una novia con la que tener…

Shaoran empalideció. Ese Eriol se había enterado sobre lo sucedido. Maldijo su mala suerte. Decidió despejar sus dudas de una vez por todas.

-Por favor – rogó – dime que te enteraste porque los rumores corren rápidamente en esta Universidad.

-Tan distraído como siempre – una gran sonrisa apareció en los labios del muchacho. El castaño susurró algo que su amigo no alcanzó a escuchar – Por eso eres mi hermano – le dio una tremenda palmada en la espalda – porque me divierto en grande a costa tuya.

- Mi instancia en Japón va ser más difícil de lo que pensé ­– se dio por vencido.

-Es cuestión de tiempo – comentó Eriol alegremente – Esas cosas se dan por sí mismas – encogió los hombros – No las presiones.

- No las estoy presionando – lo contradijo indignado.

-Pedir matrimonio prácticamente el día que la conociste –cruzó los brazos sin perder el júbilo – ¿No es estar presionando?

-Me esperé tres meses para pedirle matrimonio de manera correcta –se quejó. Por supuesto era de quejarse. Esperar tres malditos meses para pedirle matrimonio y luego quien sabe cuantos otros más para que se casaran… Estaba fuera de su capacidad de paciencia. De haber sido él, el mismo día que la conoció se hubieran casado. Pero, ella se negó. Rogando que se hicieran las cosas como "debieran" porque su padre le gustaría llevarla a al altar como Dios manda. El recordar semejante hecho lo ponía de mal humor. Resopló para tranquilizarse –no sé de que te quejas, tu no te vas a casar conmigo.

Su mente divagó lejanamente hasta llegar a una imagen poco agradable. Se imaginó a Eriol feliz de la vida llevando un vestido de organiza blanco y pomposo con muchos encajes al vuelo, sin olvidar, una exótica "cola" que arrastraba en el piso. Además de un velo en su cabeza. En contra partida, Shaoran portaba un frac de color negro con un sombrero de copa del mismo color. Los dos iban caminando lentamente. Su amigo se apoyaba en su brazo. Shaoran sacudió su cabeza para alejar esas terribles ideas. Insultó a su subconsciente traicionero.

-Paso – dijo jovial. "Este comentario le voy a sacar jugo para mortificar a Xiao" pensó malévolamente – Si fuera gay créeme que pondría mis ojos en ti, –se quitó los lentes para limpiarlos un poco. Terminada la tarea se los puso de nuevo – porque no soy tan ciego como para no ver que guapo eres – Abrazó un brazo de su amigo como si fueran unos acaramelados novios – Aunque conociendo tu carácter… te pediría la separación definitiva al año – su expresión cambio a una de dolo.

-Aléjate de mí – replicó tratando de zafarse de las garras de su amigo, que ahora quería besarle.

-No seas tan tímido Xiao –esa última palabra la pronunció tan embelesado que al castaño le dio escalofríos – ¿No te acuerdas todo los momentos maravillosos que hemos vivido?

Habían pasado unos cuantos minutos después de haber terminado el juego de "fastidiar a Xiao Lang" Los dos amigos se habían quedado callados. Cada uno estaba sumergido en sus pensamientos. Bueno, sólo uno de ellos. El trigueño miraba suspicaz a Eriol. Al recapacitar detenidamente, no le había conocido a ninguna novia. Ni cuando se conocieron, ni en todo el tiempo que llevan de amistad. Jamás le comentó acerca de un acercamiento con una bella joven. Sabía de antemano que él es un casi Don Juan con las mujeres. Si, casi ya que conquistaba los corazones de las chicas pero, hasta ahí. No salía con ellas por más que le demandaran. Era de esperarse que ellas se enojaran y no quisieran volverlo a ver o dirigirle la palabra. Se sentían utilizadas para la simple diversión.

-Bueno, ¿No piensas hablarle por celular? – sugirió rompiendo el silencio –Tal vez sucedió algo –consultó su reloj de pulsera – ya se retrasó 20 minutos.

-No – negó sin pizca de preocupación –Si ya pasaron 20 minutos eso significa que esta a punto de llegar.

-¿Siempre se retrasa? – se sorprendió. Conocía a su amigo. No era la clase de persona que esperara por tanto tiempo a otra que se retrasara por 20 minutos. Ni por 5 minutos esperaba a su familia. "Esto si que va en serio" pensó sin aun creérsela.

-Si, lo que pasa es que se confía al tener un poco de tiempo de sobra. Como es tan despistada… – dejó escapar todo el aire de sus pulmones con pesadez –se le termina olvidando a que hora quedamos para vernos o se entretiene haciendo otras cosas.

-No me extraña – su amigo lo interrogó con la mirada – Ustedes son unos despistados – la sonrisa volvió a su rostro – tal para cual.

-Yo no soy despistado – se enfureció. No precisamente por lo dicho por Eriol. Más bien porque de eso se iba a agarrar para burlarse de él.

-¿Cómo me dijiste que se llama? – prefirió cambiar de tema. Si su novia ya venía en camino mejor esperarla para burlarse de su hermano en frente de ella. Así sería más divertido ver la cara de vergüenza del castaño.

-Kinomoto Sakura – respondió desconfiado. ¿Qué tramaba?

No sabía porque pero ese nombre le recordaba a una persona. A ciencia cierta él no llegó a preguntarle a la señorita su nombre completo. Quizás era otra persona con el apellido Kinomoto o tal vez resultaran parientes. No tenía sentido seguir cuestionando si era o no. Sólo había hablado con ella una vez cuando la encontró llorando desconsoladamente. Se veía tan alterada que no pudo evitar brindarle su ayuda sin saber por lo que había pasado…

-Tiene un nombre hermoso – atinó a decir en medio de sus pensamientos.

A lo lejos Shaoran vio a la persona que esperaban aproximarse a ellos con gran velocidad tanto como sus piernas le permitían. Cuando llegó ante ellos se dobló y posó sus manos en sus rodillas para sostenerse. Respiraba con dificultad. El castaño se le acerco preguntado si se sentía bien. Ella solo asintió con la cabeza. Eriol tenía curiosidad por ver a la chica. Sin embargo, no logró verla. La mujer traía su pelo castaño claro suelto lo que causaba que su cara se mantuviera oculta tras la cabellera.

- Perdón por el retraso – dijo con dificultad sin erguirse todavía.

-No te preocupes – restó importancia su prometido – se nos pasó el tiempo hablando.

-Menos mal – se llevó una mano al pecho en señal de alivio.

-Mira, Sakura – esperó a que su novia se levantara dejando al descubierto su rostro – Te presento a mi mejor amigo – ella fijó su mirada al hombre desconocido – Él es Hiragizawa Eriol.

Ambos jóvenes se miraron por unos instantes. Casi al mismo tiempo fruncieron el ceño. ¿No se habían visto antes? Se observaron a detalle de arriba a bajo. ¿A caso era…? ¿Si? No, Imposible.

-¿Eriol? – preguntó realmente estupefacta.

-¿Sakura? – preguntó dudoso a tiempo que la castaña.

Sin poder esconder el sentimiento de felicidad que había nacido en ellos. Se saludaron como lo hacen viejos amigos en un reencuentro. Shaoran en cambio echó un vistazo con recelo.

-¿Ya se conocían? – preguntó atónito.

-Si – afirmo arrebatada sin dejar de contemplar a Eriol.

-Pero, que grata sorpresa volver a verte – reconoció mientras se acercaba para rodearla con sus brazos.

-Si, nunca pensé volver a verte desde aquel día tan terrible – reflexionó sin expresión.

-Lo que más me alegra es ver que estas bien – la estrujó más hacia él – que no te pasó nada malo a pesar… – contuvo su comentario cuando cayó en cuenta que se amigo estaba al pendiente de lo que decían – ya sabes que.

¿Qué bueno que no le había pasado nada malo? ¿Por qué? ¿Ya sabes que? ¿Qué sabía Eriol de Sakura y que él desconocía? Es más ¿En que parte de la conversación quedó relegado a solo ser un espectador de esta? Los únicos que hablaban tan amenamente eran su amigo y su novia. Sabía que Eriol no era capaz de arrebatarle a su prometida. Pero, la forma en que conversaban… como si compartieran un secreto que el castaño ignoraba, ya que ahora cuchichiaban entre si. Sintió una punzada de celos.

-¿Cómo es que ustedes dos se conocen? – intrigado interrumpió el emotivo encuentro.

Su amigo detuvo su murmuración de inmediato se puso serio. Lo hizo tan repentino que al castaño le dio mala espina. Sakura pronto se encontró carente de palabras. Empezó a temblar sin control. Se puso de igual de pálida que una hoja de papel blanca. Ambos jóvenes compartieron un significativo contacto visual de complicidad. Shaoran pudo apreciar el nerviosismo de su prometida. Parecía muerta de medio. En cambio Eriol se mantuvo calmado. La tranquilizó mandándole una señal con la mirada.

-Que les parece si los invito a comer para celebrar su compromiso – prefirió evadir la pregunta del trigueño. No le correspondía a él hablarle acerca de aquel terrorífico día. Sería ella quien le contara la historia. Sólo ella, nadie más. Ella tenía la decisión de confesar o callar lo que realmente pasó ese día. Soltó a la mujer – y de paso que nuestros caminos se han vuelto a cruzar, Sakura.

-Me parece perfecto – apoyó Sakura juntando las palmas de sus manos causando un sonoro golpe.

-Pues, vamos – le ofreció su brazo para que ella se sujetara de él.

Aquí había gato encerrado. Ellos no lo podían engañar. ¿Por qué esa inquietud de Sakura? ¿No será que antes habían tenido una relación y se lo están ocultando? Pero, no tenía sentido con lo dicho anteriormente "Si, nunca pensé volver a verte desde aquel día tan terrible" ¿Terrible? ¿Qué le había pasado a su novia que ella se empeñaba, junto con Eriol, a ocultarle?

-Shaoran – le llamó su prometida

-¿Qué pasa? – preguntó divertido – Si te quedas ahí como tarado aprovecharé la oportunidad – rodeó la cintura de la castaña – para quitarte a tu novia y quedármela. Ella es muy hermosa como para ser tu esposa – acarició la mejilla femenina. Sakura se sonrojó ante el acto del hombre – Mejor que sea para mí.

-¡Quítale las manos de encima! – gritó iracundo a su amigo – por más que seas mi hermano no te perdonaré si la vuelves a tocar con esas intensiones.

Shaoran los siguió con rapidez. Aun así, él no quitaba el dedo del renglón. Buscaría respuestas a sus preguntas costara lo que costara. Tarde o temprano descubriría lo que esos dos le estaban escondiendo. No creía que fuera tan grave. Además ¿Qué podía ser tan terrible del pasado de Sakura para que ella y Eriol se negaran rotundamente a decirle nada al respecto? Ni que ella hubiera matado a alguien y su amigo la estuviera encubriendo. ¿Cómo si quiera considerar tal cosa? Sakura no mataría ni a una mosca.

Continuará…

Notas de la autora:

Primero que nada soy feliz!!! Porque ya acabé mi trimestre, al fin. Ya no hay más trabajos, investigaciones y exámenes. Para ser sincera ya llevo semana y media de vacaciones. No crean que no he ido avanzando en la historia. Tengo finalmente estructurados todos los capítulos de la primera parte. Así actualizaré más rápidamente y también podré definir la siguiente historia que empezaré a mediados del próximo año a subir a fanfiction (eso espero).

Sólo les pido paciencia. No es fácil estar en la Universidad, hacer otras actividades y buscar inspiración para una historia en la que mezcla pasado, presente y futuro en un mismo capítulo y acordarse lo que uno puso para no regarla en la lógica (u-u) solo a mí se me ocurre hacer semejante cosa.

Agradezco infinitamente a:

Lina-san: Me pones roja por las felicitaciones que le haces a la historia. Gracias

gabyhyatt Si también me da ganas de acomodarle un buen zape a Sakura por ciega.

Celina Sosa Agradezco que estés al pendiente de las actualizaciones.

whiteratreturns Sobre los instintos asesinos, ya verás que en otro capitulo… bueno estate pendiente de las actualizaciones te llevarás una sorpresa.

Por sus comentarios. Gracias, para mí sus reviews valen oro (figuradamente). También te doy las gracias aunque no dejes comentarios. Cuídense, nos vemos y hasta luego!