-¿Para cuándo crees que estarán reparados los motores de la nave, Anakin?

-Si todo va bien para mañana ya habré terminado, Maestro.

- Eso sería muy alentador de no ser porque ayer me dijiste esa misma frase.

-Paciencia, amigo mío- le dijo Anakin imitando el tono de voz de Obi-Wan, a lo que este le contestó con una mueca- a veces para avanzar, hay que dar un paso hacia atrás.

Las cosas entre Anakin y Obi-Wan habían vuelto a la normalidad tras su reconciliación hace tres días, lo que quería decir que habían vuelto a su habitual dinámica de enzarzarse en pequeñas riñas por las cuestiones de lo más absurdas. Un sentimiento de felicidad y satisfacción invadió a Anakin tras recordar las palabras de Obi-Wan. Conocerte es lo mejor que me ha podido pasar en la vida, le había dicho su amigo y mentor, mientras le miraba con esos ojos que tanto cautivaban a Anakin. Oh, no empieces otra vez, se quejó para sí mismo Anakin. Había estado tan distraído estos días preocupado por Tatooine y por su discusión con Obi-Wan, que Anakin no había tenido tiempo para analizar los extraños pensamientos que habían empezado a rondar por su cabeza respecto a Obi-Wan desde hace unos días, concretamente desde aquel paseo mientras se dirigían a Dex. Por alguna razón que Anakin no alcanzaba a entender, su mente presentaba últimamente una fijación por los ojos de su amigo. Bueno, supongo que simplemente me parece interesante el color de sus ojos, no hay nada de raro en ello, ¿verdad? se intentó auto convencer inútilmente el joven Jedi. Esos mismos ojos estaban ahora mismo analizando exhaustivamente cada movimiento que Anakin realizaba mientras reparaba los motores, lo que por alguna otra extraña razón estaba afectando a su concentración seriamente.

-¿Dirigiendo mis propias palabras contra mí, Anakin? Es una lástima que solo recurras a mis consejos cuando te interesa- le contestó Obi-Wan en tono jocoso.

Anakin puso los ojos en blanco, algo que parecía hacer muy a menudo cuando se encontraba con su Maestro.

-¿No tienes otra cosa que hacer, Obi-Wan? ¿Tal vez observar los planos del metamorfo una vez más?

- Ah, no, lamentablemente creo que no puedo sacar más información útil de ahí por más que le dé vueltas.

Ya te ha costado darte cuenta, pensó Anakin divertido.

-¿Y qué hay de otra cosa? ¿Qué tal si te pones a meditar?

- ¿Por qué, Anakin? ¿Es que te has cansado ya de mi presencia?- le preguntó Obi-Wan fingiéndose el ofendido.

Anakin suspiró mientras consideraba qué piezas tendría que colocar a continuación.

-No puedo concentrarme bien teniéndote al lado observando cada movimiento que hago- se quejó Anakin.

Aquello pareció divertir a su Maestro, que sonrió maliciosamente.

-¿Es que acaso mi presencia te pone nervioso?- comentó Obi-Wan en tono de broma, ajeno a la verdad que encerraban esas palabras.

No sabes cuánto, pensó Anakin sorprendiéndose a sí mismo. Sí, por alguna otra extraña razón que Anakin no podía, o no quería entender, la observación minuciosa de su Maestro le estaba poniendo muy nervioso. ¿Pero qué mosca me ha picado? Se quejó Anakin para sus adentros.

-Maestro, creo que a cualquiera le costaría concentrarse teniendo al lado a alguien que cuestiona cada movimiento que realiza- contestó Anakin consciente de que tenía que responder algo. Bueno, me ha salido una excusa bastante decente.

-No estoy cuestionando nada, Anakin, al fin y al cabo tú eres el experto en máquinas y confío plenamente en tu criterio- empezó Obi-Wan- No obstante, me gustaría vigilar que no se te olvida añadir ninguna pieza-terminó su Maestro con un brillo malicioso en su mirada.

Otra vez con eso, realmente me lo va a recordar toda la vida, pensó Anakin a la vez que soltaba un quejido.

-Como iba a olvidarlo, Obi-Wan, me lo has repetido unas veinte veces ya.

Obi-Wan rió por lo bajo ante la desesperación en el rostro de su amigo.

-No solo eso, también me gustaría controlar que R2 no se equivoca al unir ningún cable.

Ah no, por ahí sí que no paso.

-Eh, menos bromas con R2, hace lo que puede- defendió Anakin a su pequeño amigo droide, lo cual pareció divertir aún más a Obi-Wan.

Anakin se dio la vuelta y siguió manipulando la maquinaria de la nave, cuando algo punzante se clavó en su muñeca reabriendo una herida que se había hecho en ese sitio hacía unos pocos días. Anakin empezó a maldecir.

-Cuida ese lenguaje, Anakin- le reprendió Obi-Wan, que en un instante se encontraba junto a él para examinar su herida.

-No es nada, solo un corte- le dijo Anakin a su amigo mientras este examinaba su muñeca.

Obi-Wan lo ignoró. Se sacó un vendaje que guardaba en los bolsillos de su túnica (siempre tan preparado) y lo aplicó sobre su herida rápidamente.

Anakin lo observaba mientras tanto. Estaba cerca, muy cerca. Anakin podía ver como se formaban pequeñas líneas en la frente de su amigo debido a su gesto de concentración mientras le atendía, y como esos ojos que tanto le gustaban (ya estamos otra vez) solo estaban centrados en Anakin y su herida. El joven Jedi notó un pequeño hormigueo en las tripas al sentirse el único foco de atención de su Maestro. Obi-Wan ya casi había terminado, y a Anakin el corazón le dio un vuelco al darse cuenta de que no quería que Obi-Wan le soltara la mano. ¿Pero qué me pasa?

-Ya está- indicó Obi-Wan, que milagrosamente no le soltó la mano al instante- tienes que tener más cuidado, Anakin- le reprochó suavemente mientras le miraba a los ojos.

Esos ojos que le mantenían hipnotizado, pues Anakin no era capaz de apartar su mirada hacia otro sitio. Obi-Wan aún no le había soltado la mano. ¿Había mencionado ya que estaban muy cerca? No lo suficientemente cerca, sonó un pensamiento en alguna parte de la mente de Anakin. El joven Jedi sintió de repente el deseo de acortar la distancia entre ellos, tal vez de abrazarlo como habían hecho el día que se reconciliaron, o tal vez de algo más. No sé qué me está pasando. Solo que en realidad sí lo sabía, y las excusas para no reconocérselo a sí mismo se le estaban acabando ya. Esto no me puede estar pasando.

-¿Anakin? -Obi-Wan lo miró con curiosidad y solo entonces Anakin se dio cuenta de que llevaba tiempo sin decir nada- ¿estás bien?- Obi-Wan entonces le soltó la muñeca pero colocó su mano sobre su hombro- me estás preocupando.

Anakin pareció entonces salir de su trance y se sacudió la cabeza.

-Ah, sí estoy bien. Pero me duele mucho la cabeza-mintió el joven Jedi esperando que su amigo no pudiera ver a través de él. Estoy metido en un lío.

Obi-Wan lo miró con compresión y dijo:

-Normal, llevas muchas horas seguidas trabajando en esto. ¿Por qué no te vas a tomar el aire y vuelves cuando estés más despejado?

A pesar del caos que reinaba en la mente de Anakin en esos momentos, el joven Jedi aún sacó energías para bromear.

-Hace solo unos instantes me estabas metiendo prisa para que arreglara los motores, Maestro.

Obi-Wan puso los ojos en blanco y le contestó:

-Por unas horas más de retraso no va a pasar nada. Vete a descansar un rato- le dijo su Maestro con finalidad- Mientras tanto, voy a estar meditando en el compartimento central. Si necesitas cualquier cosa, avísame.

Anakin asintió y salió de la nave; al instante fue reconfortado por una leve brisa que le sacudió sus cabellos. A pesar de las quejas de Obi-Wan, lo cierto es que a Anakin este planeta no le disgustaba demasiado. Había algo cautivador en la vasta extensión de vegetación que se abría ante sus ojos, solo interrumpida por los numerosos lagos y pantanos. No obstante, también era cierto que la eterna noche en la que se encontraba sumido el planeta daba un aspecto lúgubre e inquietante a sus alrededores, por no hablar del hecho de que aparentemente no había nadie más que ellos dos en medio de toda esa vasta extensión. Bueno, si está Obi-Wan no necesito a nadie más, resonó una voz en su cabeza. Anakin soltó un quejido y se llevó las manos a la cabeza, dejando su melena revuelta por el movimiento.

Anakin intentó pensar en qué momento había empezado a ver a su Maestro de otra manera. Porque ciertamente lo veía de otra manera, después de lo de hoy era inútil intentar auto convencerse con excusas y justificaciones absurdas. Desde muy joven, Anakin había admirado y respetado a Obi-Wan como un modelo a seguir, intentando conseguir su aprobación y que este estuviera orgulloso de él. Hasta ahí no había nada fuera de lo normal, cualquier Padawan habría admirado de forma similar a su Maestro, si bien es cierto que por la tendencia natural de Anakin este había empezado a sentir un mayor apego por su mentor del que sería recomendable según los dictados de los Jedi. Esto no era ningún secreto: los Maestros Jedi lo sabían, Obi-Wan lo sabía. Los primeros consideraban que este rasgo de la personalidad de Anakin era peligroso, mientras que Obi-Wan lo aceptaba como era y Anakin sospechaba que sentía un similar apego hacia él, a juzgar por las palabras de este cuando se habían reconciliado. Pero había una línea entre el apego que Anakin había sentido inicialmente por su Maestro y los sentimientos de los que ahora estaba empezando a percatarse. En algún momento de su relación, tal vez durante las Guerras Clon o puede que incuso antes, Anakin y Obi-Wan había empezado a tratarse como iguales (aunque Anakin siempre seguiría admirando a su Maestro y Obi-Wan le regañara a veces como si aún fuera su Padawan). Anakin había empezado a encontrar satisfacción en las cosas más pequeñas, como el conseguir hacer reír a su amigo. Obi-Wan era habitualmente una persona calmada y serena, pero cuando estaba a solas con Anakin perdía gran parte de la compostura y seriedad de las que hacía gala cuando se encontraba con otros Maestros Jedi. A Anakin no se le había escapado que cuando estaban juntos, Obi-Wan sonreía muchas más veces que de normal. Cada sonrisa que Anakin conseguía sacarle a su amigo contaba como una pequeña victoria para él, y siempre sentía una felicidad indescriptible al saberse el causante de dichas sonrisas. En algún otro momento que no conseguía recordar, las miradas entre Anakin y Obi-Wan habían empezado a durar más de lo estrictamente necesario, y Anakin tenía que hacer un gran esfuerzo para poder apartar los ojos de los de su amigo. Además, cada vez que Obi-Wan le tocaba (normalmente para atenderle alguna herida), Anakin sentía un hormigueo en las tripas y deseaba que el contacto no acabara nunca. Anakin tragó saliva. No, no había ninguna duda, Anakin estaba… Anakin albergaba sentimientos por Obi-Wan. Sentimientos que están prohibidos para cualquier Jedi. Ni qué decir del hecho que el objeto de esos sentimientos fuera otro compañero Jedi, nada más ni nada menos que su Maestro. A Anakin se le hizo difícil respirar al imaginarse qué pasaría si el Consejo Jedi se enterase de esto, si Obi-Wan se enterase de esto. Bueno, nadie tiene por qué enterarse, se intentó tranquilizar a sí mismo Anakin. Todo seguiría como hasta ahora, y Anakin tendría que aprender a convivir con ello. A pesar de lo complicado de la situación, Anakin encontró paz en el hecho de haberse admitido por fin la verdad. A fin de cuentas, hay pocas cosas que resulten más agotadoras que intentar engañarse a uno mismo, y esto es algo que Anakin llevaba demasiado tiempo haciendo.

Tan perdido estuvo durante mucho tiempo en sus pensamientos, que dio un brinco instintivamente al notar a una presencia a su lado, a pesar de que lógicamente no podía tratarse de otro que Obi-Wan, la única persona que se encontraba con él en ese planeta. La única persona que necesitaba a su lado.

-¡Obi-Wan! Tienes que dejar de darme estos sustos- se quejó Anakin recuperando la compostura.

-Mis disculpas, Anakin, aunque no entiendo por qué te sobresaltas, hemos comprobado ya que estamos solos en este lugar. Lo cual es muy conveniente, ya que no sé cómo te habrías defendido si te hubiera sorprendido un atacante- le dijo Obi-Wan mirándole como si supiera algo que él no sabía y con un gesto de reprobación.

¿Pero qué le pasa ahora?, se quejó Anakin para sus adentros. Naturalmente que habría podido defenderse de un posible atacante con su espada láser, como siempre lo había hecho. Al pensar esto se llevó instintivamente la mano hacia su cinturón donde se encontraba dicha espada láser. O donde debería encontrarse, porque ahora mismo no había nada allí.

Oh no. La he perdido. Otra vez. Parece que esto lo dijo en voz alta, ya que Obi-Wan le contestó:

-Así es, Anakin. Otra vez. Afortunadamente para ti he sido yo quien ha dado con ella; te la habías dejado en la zona de reparación de los motores- le dijo su amigo al tiempo que sostenía la espada láser de Anakin.

El joven Jedi alargó la mano para recogerla, pero Obi-Wan la apartó dejándola fuera de su alcance.

-Tienes que ser más cuidadoso, Anakin- comenzó a decir su Maestro-Esta espada láser es…

-La espada láser es mi vida, me lo sé de memoria- interrumpió Anakin con un suspiro, pues había oído esta frase más veces de las que podía recordar.

-Algo debe de fallar entonces, pues para sabértelo tan bien no aplicas la práctica como es debido- dijo Obi-Wan con sorna mientras esta vez sí le devolvía su espada láser.

Anakin pensó que realmente tenía un problema, ya que Obi-Wan le gustaba incluso cuando se reía de él. Ahora no es momento de pensar eso, se reprendió a sí mismo.

-No volverá a pasar, Maestro- le concedió el joven Jedi. Ahora era el turno de Obi-Wan de suspirar.

-Eso también me lo sé yo de memoria- contestó finalmente Obi-Wan con una media sonrisa.

Mientras se dirigían a la zona de los motores de la nave, Obi-Wan a su lado para, según sus palabras, seguir comprobando que no se te olvida añadir ninguna pieza, Anakin no pudo evitar pensar que, puestos a ir contra los dictados del Código Jedi, era simplemente apropiado que lo hiciera enamorándose de alguien como Obi-Wan. No podía ser de otra manera, se dijo Anakin para sus adentros.