Así es la vida, de Glup!

Gerald miraba a su amigo y movía la cabeza. Sí, estaba feliz por él, aunque aún no entendía que era lo que había encontrado en Pataki. En Helga, nada menos. Pero aunque extraño, parecía que los dos eran felices. Y Helga estaba más amable. Un milagro, realmente. Tal vez se podría acostumbrar a esto. Aunque si terminaban, no quería estar cerca de Helga…ni de Arnold. Con lo perdidamente enamorado que se veía, serían monólogos de quejas interminables.

-"¿Gerald?"- una voz preguntó a sus espaldas.

El aludido sonrió a una chica oriental-americana. Sorprendente, pero ¿qué podía hacer? Estar feliz por su amigo y disfrutar de las ventajas.

-¿Quieres que te acompañe a casa, Phoebe?