Capítulo 7 La vida con agenda
Umbridge por fin se fue. Harry escuchó cerrarse la puerta de seguridad, y se le vino a la mente la imagen de un calabozo. Había tenido la ilusión de que la dejaría entreabierta, como cuando lo fue a buscar en la mañana. El lugar no tenía el aspecto de una cárcel, por supuesto. Pero, considerando que no podía salir, no dejaba de ser una prisión.
Tomó el diario. Se puso de pie. Se dio el gusto de patearlo hasta el otro lado del cuarto de trabajo. Luego tomó la lista que había quedado olvidada sobre la mesa.
Miércoles 3 de julio
-Una hora de lectura del libro Teoría de magia defensiva avanzada de Wilbert Slinkhard (Parte desde el principio, hasta dónde alcances).
-Una hora de lectura del Libro reglamentario de hechizos, nivel 6 de Miranda Goshawk (lo mismo).
-Una hora de lectura del libro Pociones Avanzadas de Libatius Borage (idem).
-Dibuja un sentimiento positivo.
-Haz al menos dos actividades del libro Pasatiempos de Hilton Hilarans (escoge las que quieras).
Harry miró la lista, incrédulo. ¿Dibuja un sentimiento positivo¿Qué se proponía Umbridge exactamente? Se imaginó de vuelta en la escuela, con Dudley, y le dieron ganas de vomitar. En fin... Decidió que más tarde se preocuparía de eso. Fue a la estantería a buscar los libros. Notó que había una copia nueva del libro de pociones, y lamentó no haber ido a recuperar la del Príncipe Mestizo a la sala Multipropósito. Recordó a Snape, y sintió odio. Sus anillos vibraron. Si no fuera por él, Dumbledore seguiría vivo. Si no fuera por él, Dumbledore hubiera podido impedir que cambiaran la edad de mayoría. Si no fuera por él, Dumbledore hubiera impedido que el Ministerio lo secuestrara de ese modo. Si no fuera por él, en ese momento, podría estar ya dónde los Weasley...
Presa de la ira, lanzó con todas sus fuerzas el volumen de Pociones Avanzadas. El libro atravesó la sala, pasó por la puerta que había quedado abierta, y fue a caer al pasillo. Harry se extrañó al ver volar el libro. Parecía que tenía las páginas pegadas.
Fue al pasillo, y lo recogió. Efectivamente, no todas sus páginas se podían leer. Había muchas que estaban pegadas. Intentó despegarlas, pero era imposible. Notó que las pociones que si se podían leer eran de muy poca utilidad, y supuso que se trataría de alguna clase de censura.
Dejó los libros sobre la mesa, y recordó la mosca. Volvió a su cuarto, la llamó.
-Pst… mosca. ¿Estás por ahí? –preguntó en un susurro.
La mosca apareció de alguna parte, pero Harry no alcanzó a distinguir de dónde.
-Que bueno que estás –dijo Harry sentándose en la cama-. La bruja me dejó un montón de cosas que hacer. No tengo ganas de hacer nada. Tengo sueño...
La mosca voló contra la ventana, a pesar de que ya no hacía falta (había luz). Escribió "obedece". Harry la contempló, y soltó una risa amarga.
-No me des la lata... -contestó fastidiado-. Ya bastante han hecho con secuestrarme. ¡No tienen ningún derecho a decirme qué tengo que hacer con mi tiempo!
La mosca escribió varias palabras. El mensaje que logró formar Harry fue "bajo perfil muestra sumisión evita problemas".
-¿Problemas? –respondió Harry con amargura-. ¿Todavía más? No me vengas con...
Harry no siguió. La mosca había desaparecido. Lo había dejado solo. Harry se puso de pie, la llamó, y la buscó. Pero el ruido de la puerta de seguridad al abrirse lo distrajo. Salió al pasillo, a tiempo para ver a Amelia aparecer.
-¡Harry! –lo saludó-. ¿Y¿Le gustó el pastel?
-Si. ¿Usted lo hizo? –preguntó Harry.
-Si –le contestó con una gran sonrisa.
-Gracias, estaba muy rico –contestó por cortesía. Luego recordó lo que Umbridge le había dicho-. ¿Me vino a buscar para salir al jardín?
-No. -contestó riendo-. Es muy temprano todavía. Ahora vine a hacer el aseo.
Y diciendo eso entró al dormitorio, y sacó la varita. Harry pensó en la mosca, y temió que la señorita Amelia la encontrara y la matara. Se quedó mirando, preocupado. De un movimiento de varita su cama comenzó a tenderse sola, y de otro movimiento recuperó la ropa que Harry había dejado tirada.
-¿Usted no debería estar haciendo lo que le encargó la señorita Umbridge, Harry? –le preguntó la bruja. No parecía enojada, ni mandona. Simplemente extrañada de verlo parado ahí, mirándola desde el umbral de la puerta.
-Si, ya voy... –contestó Harry con pesar. Suponía que no tenía mucho sentido buscarse problemas, y se fue arrastrando los pies hacia el cuarto de trabajo.
Harry se sentó medio resignado. Abrió el libro de Slinkhard, esperando que no fuera tan aburrido como el que habían usado en quinto. Si al menos pudiera leer el texto que realmente habían usado el año anterior, en defensa... ¿Por qué se sentía tan fastidiado de tener que leer libros del colegio? Era extraño, nunca antes le había molestado leer libros de magia en las vacaciones. ¡Al contrario! Se sentía afortunado si podía hacerlo... Supuso que no era leerlos lo que le molestaba, sino el echo de que Umbridge se sintiera con derecho a obligarlo. ESE era el problema.
Escuchó cómo Amelia se trasladaba al baño. Al poco rato salió llevando, además de la ropa sucia, las toallas mojadas. Se detuvo en el umbral del cuarto de trabajo, y se quedó mirando a Harry.
-¿Por qué no usa las túnicas nuevas que le dejó la señorita Umbridge? –preguntó extrañada.
Harry la quedó mirando, preguntándose de qué túnicas estaría hablando. Notó que Amelia miraba la ropa que tenía puesta. La playera no estaba mal, se la había comprado él mismo. Pero llevaba unos pantalones que habían sido de Dudley, y que no le quedaban muy bien.
-¿De qué habla?
-La señora Umbridge le dejó unas túnicas nuevas en el armario. ¿No lo sabía? Para que no tuviera que andar usando esa ropa muggle –explicó Amelia, indicando la ropa que había recogido en su cuarto, y que llevaba apilada con las toallas.
Harry fue a su cuarto, y miró por primera vez dentro del armario (no lo había usado, pues no se había resignado a sacar sus cosas del baúl todavía). Efectivamente, adentro, había varias túnicas. Las miró con curiosidad. Las encontró bien, hasta que recordó quién se las había regalado. Las volvió a mirar, con odio.
-¿No le gustan? –preguntó Amelia, que lo había seguido y lo contemplaba sin entender.
-Si. ¿Está seguro que la señorita Umbridge quiere que use estas? –preguntó extrañado. ¿Por qué Umbridge no le había dicho nada?
-Si. O sea... Dijo que eran para usted cuando prepararon su cuarto –contestó Amelia, algo desconcertada.
Harry se encogió de hombros, y cerró el armario. No es que le gustara tanto la ropa que tenía. Era más bien que no pensaba darle en el gusto a Umbridge, si podía evitarlo.
Amelia no insistió. Después de ver que no había nada que limpiar en la sala de trabajo, se fue. Harry volvió a llamar a la mosca. Esta apareció, pero tras escribir "obedece" volvió a desaparecer. Y, aunque Harry la llamó y la buscó, no volvió a aparecer. Resignado, Harry volvió al cuarto de trabajo y se puso a leer nuevamente.
El libro de Slinkhard era sumamente aburrido, a pesar de ser "avanzado". No tenía nada que ver con Enfrentando lo Desconocido, el que habían usado con Snape el año anterior (y que le habían confiscado, por supuesto). Se quedó dormido. Amelia lo despertó cuando lo vino a buscar para salir.
El jardín se veía bonito, ahora que era de día. Amelia se fue a sentar sobre un banco. Harry miró disimuladamente hacia la salida, pero había dos aurores desconocidos cuidándola. Resignado, se tiró de espaldas sobre el pasto. Miró el cielo. Costaba creer que fuera falso. Costaba creer, mirando las nubes blancas que atravesaban el plano celeste, que todo aquello no fuera más que una ilusión. Costaba creer que estaba mucho metros bajo tierra. Cerró los ojos. ¡Costaba creer que tuviera que pasar un mes entero enterrado ahí!
El segundo recreo tuvo un pequeño inconveniente. Amelia hizo aparecer una pelota, con la intención de enseñarle un juego. Pero Harry se rehusó a jugar a la pelota con Amelia. Eso era lo último que le faltaba. ¡No necesitaba una niñera¡Tenía 17 años! Se imaginaba lo que dirían sus amigos si lo vieran jugando a la pelota en el primoroso jardín, con una bruja en delantal. ¡De ningún modo!
Amelia pareció ligeramente decepcionada, pero hizo desaparecer la pelota. Finalmente, se sentó en un banco, hizo aparecer una revista (Bruja Actual), y se puso a leer. Harry se sentó nuevamente en el pasto, cerca de ella. Notó que del bolsillo del delantal sobresalía la varita de la bruja. Con un poco de habilidad, y si la bruja estaba concentrada en su revista, podría conseguir sacársela. Miró la salida. Tendría que enfrentarse a dos aurores para escapar... Pero existía la posibilidad de que resultara...
Miró de vuelta a Amelia, que seguía leyendo. Iba a estirar la mano, cuando justo Amelia soltó una carcajada y lo miró.
-¡Mira! –le dijo mostrándole una página en la que había un chiste-. Para que te rías.
Harry se sobresaltó. Sintió su corazón haciendo "dum dum dum" muy cerca del cuello. ¡Por poco y lo descubría! Miró el chiste, sin siquiera fijarse, y soltó una risa forzada. Amelia, por suerte, no se dio cuenta de su predicamento, y volvió a concentrarse en la revista. Harry, en cambio, dedicó el resto del descanso a calmarse. Mirando las nubes, practicó vaciar su mente hasta que Amelia lo sacó del trance para llevarlo de vuelta.
El resto de la mañana transcurrió sin incidentes. Harry leyó lo que se le había encargado. Afortunadamente, los libros de encantamientos y pociones no eran tan aburridos como el de defensa. Sintió incluso un poco de gusto al leer cosas que había visto a principios de 6º curso, pero que había olvidado.
El almuerzo estuvo tranquilo. Harry comió solo. Amelia le recordó que la señorita Umbridge había dejado instrucciones de que durmiera siesta, y le dijo que no se preocupara, que ella misma lo iría a despertar para que alcanzara a terminar lo que le habían encargado para ese día. A Harry no le hacía mucha gracia de que lo mandaran a dormir siesta, como si fuera un niño pequeño. Pero no dijo nada. Después de todo, tenía sueño. ¿Para qué reclamar?
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Amelia llegó a despertarlo, cómo había prometido. Pero Harry todavía tenía sueño. Recordó que tenía que hacer un dibujo estúpido, y volvió a la cama apenas sintió cerrarse la puerta de seguridad detrás de ella. Se quedó dormido al instante.
La mosca intentó despertarlo, pero Harry no le hizo caso. La mosca insistió, hasta que Harry intentó golpearla con la almohada. Después de eso, no volvió a molestarlo. Y Harry, por supuesto, siguió durmiendo.
Más tarde, cuando Amelia volvió a buscarlo para el recreo de la tarde, lo encontró roncando, en la cama. Lo remeció suavemente.
-¡Harry¡Despierte! –le dijo.
Harry gruñó, desconcertado. ¿Dónde estaba¿Quién lo intentaba despertar? Se puso lo anteojos, y reconoció a Amelia.
-¿Se siente enfermo? –preguntó la bruja, preocupada, tocándole la frente.
-No, estoy bien, no se preocupe –le dijo incorporándose-. Me quedé dormido.
-¿Está seguro de que se encuentra bien? –insistió-. ¿No prefiere que llame a la señorita Umbridge?
¡Noooooooooooooo! Lo que Harry menos quería era ver a esa bruja.
-No. Estoy bien. De veras –respondió levantándose-. No se preocupe. ¿Qué hora es?
-Las tres y media –respondió la bruja alegremente. Ya no parecía tan preocupada. Agregó en un tono entusiasta-. ¡Hora del recreo de la tarde!
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A las cuatro en punto Amelia dejó a Harry de vuelta, en el cuarto de trabajo.
-Mejor apúrese –le recomendó preocupada-. ¿Le queda mucho para terminar lo que le dejó la señorita Umbridge?
-No –aseguró Harry. Sólo le quedaba un estúpido dibujo, y hacer un par de actividades de algún tipo. Eso no podía ser muy complicado. ¿O si?
-Está bien –le dijo la bruja sonriendo-. Cualquier cosa me llama.
Harry se quedó un momento pensando, y tuvo una duda.
-¿La llamo¿Me va a escuchar desde allá? –preguntó extrañado.
-Si grita¡claro! –dijo riendo-. Pero lo más simple es que toque el timbre.
-¿El timbre?
Amelia lo llevó al pasillo. Junto a la puerta de seguridad, había un timbre muy disimulado.
-Si lo toca, alguien vendrá rápidamente –explicó-. Yo, si estoy aquí, la señorita Umbridge, si está aquí. Puede estar tranquilo –le aseguró con voz tranquilizadora, cómo si creyera que el chico frente a ella estaba asustado-, si ninguna de nosotras estuviera, entonces vendrían aurores de inmediato a ayudarlo. De eso puede estar seguro.
-Pero... ¿Puedo salir? –preguntó Harry, sin deseos de que se armara todo un simulacro si llegaba a tocar el timbre-. O sea, en caso de incendio por ejemplo... ¿Puedo abrir esta puerta?
Amelia lo miró estupefacta, por unos segundos.
-¡Por supuesto que puede abrir la puerta! –respondió cómo si la sola idea de que no pudiera fuera inconcebible-. Pero es preferible que usted no salga de su cuarto sólo, por su seguridad. Pero nunca ha estado encerrado con llave. ¡Dios mío!
Harry se sintió un poco estúpido. ¡Había estado todo el día suponiendo que se encontraba encerrado con llave¡Y en ningún momento se le había pasado por la mente intentar abrir la puerta!
-Está bien –le dijo ella, condescendientemente-. Usted no se preocupe por nada. Pregunte todo lo que quiera, cuando quiera. Si necesita algo, sólo pídalo. ¿Está bien?
Harry asintió con la cabeza y la bruja, tras sonreírle, salió. La puerta de seguridad se cerró sonoramente y Harry, en un impulso, la volvió a abrir. ¡Era verdad! Se había abierto sin ningún problema. Amelia se volvió, sonriendo, y negó con la cabeza.
-No me creyó ¿verdad? –le dijo con algo de reproche.
-¡Si! Sólo quería... preguntarle a qué hora llegará la señorita Umbridge –inventó Harry, algo avergonzado.
-Suele llegar a las cinco –respondió ella con paciencia-. ¿Alguna otra duda?
-No, ninguna. Gracias.
Amelia le hizo signos de que volviera a entrar, y le recordó que no saliera solo, a menos que fuera una emergencia.
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Harry, no teniendo deseos de dibujar tonterías, abrió en cambio el libro de Pasatiempos. Tras mirar algunas páginas al azar, resopló con burla.
-¿Encuentra las siete diferencias¿Sopas de letras¿Laberintos¿¿¿Une los puntitos?
No lo podía creer... Era demasiado fácil. ¡Lo más desafiante parecían ser los crucigramas! Era una burla... ¡Eso era! Umbridge se quería reír de él.
Aunque, viéndolo por el lado positivo, hacer las actividades le tomaría poco tiempo.
¡O eso pensaba Harry!
Escogió un "Une los puntitos" al azar. Intentó adivinar cual era el dibujo, pero no se parecía a nada. Se encogió de hombros, y untó la pluma en el tintero. Confiado, la apuntó al puntito número 1... ¡Oh sorpresa!
El punto número 1 escapó de la punta de la pluma justo a tiempo, y la página del libro comenzó a contraerse y estirarse, emitiendo una risita.
-No podía ser tan fácil... –murmuró Harry, divertido.
Tocar el primer puntito requirió varios minutos de paciencia, de astucia, y hasta de su habilidad para atrapar la snitch. ¡El puntito no se dejaba atrapar, no!
Cuando por fin logró marcarlo con la tinta de la pluma, todos los otros puntitos comenzaron a reírse. Harry intentó trazar una línea hasta el puntito número 2, rápidamente para sorprenderlo. Pero, obviamente, escapó. Harry temió que dejaría toda la página rayada persiguiéndolo, pero no. La tinta entre el puntito número 1, y la punta de la pluma, formó una especie de línea elástica, que se desplazó sin manchar la hoja. Pero, cuando Harry alcanzó a marcar el puntito número 2, quedó la línea fija en el papel.
Varios puntitos más tarde, Harry ya estaba más perito. Pero, cómo eran más de cuarenta, de todos modos se tardo mucho tiempo en terminar. Cuando por fin lo consiguió (), el libro dio un salto y emitió una sonora carcajada (era similar al Monstruoso Libro de los Monstruos, pero en versión amigable). Contempló el dibujo, en la vibrante página: un dragón echando fuego, sobre una montaña.
Miró la hora, en el reloj que había en la pared. ¡Eran casi las cinco! No podía creer la cantidad de tiempo que le había tomado unir los puntitos.
Buscó otra actividad, y decidió intentar con la sopa de letras. Nueve nombres de frutas... ¡No podía ser muy complicado!
Error, nuevamente.
Las letras no se querían estar quietas. A cada instante, la página emitía unas risitas, y un par de letras intercambiaban puestos. Cuando por fin acababa de lograr encerrar la palabra "pera" sin que lograra escapar ninguna de las letras, sintió abrirse la puerta de seguridad, y se preguntó si sería Umbridge.
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() Se me ocurre que esta clase de "pasatiempo" es programable como juego-broma para PC Une los puntitos... ¡SI PUEDES!
AN¿Es Umbridge la que llegó¿Qué creen? Menudas vacaciones. ¿Se imaginan a Harry dibujando¡Ja¿Alguien cree que Umbridge sea una persona paciente¡Ja! Más torturando a Harry por venir muahahahahaaaaaaaaa. A lo mejor ese podría ser un mejor título para esta historia que Argg que pesadilla :(
