Estados Unidos estaba muy ocupado, había surgido la posibilidad de que pudiera hacer un tratado de libre comercio con China el cual le abría sus puertas a muy pocos países.

Se sentía afortunado y había aceptado las reglas que Yao le había propuesto para dicho intercambio, sin embargo, no tomó en cuenta que debía leer un enorme libro de reglas en los aranceles y lo peor era que debía hacer un informe sobre eso.

-Ay no puede ser…-dijo cuando su presidente le dio el libro enorme- esto es muy malo-miró a Anthony

El niño había crecido durante esos días. Lo miró andar en una pequeña andadera de metal que había mandado hacer.

-¿Cómo te voy a cuidar y a leer este libro infernal al mismo tiempo?-se preguntó el mayor mientras acariciaba el cabello del texano.

De pronto la respuesta llegó a él y una sonrisa iluminó su rostro. Corrió y se sentó en la silla frente a su telégrafo.

-Hi. Arthur. Puedo. Pedirte. Un. Favor?-escribió el americano golpeando con las uñas el mueble cuando llegó la respuesta afirmativa del mayor- puedes. Venir. A. Cuidar. A. Anthony?

El ojiazul se mordió el labio inferior mientras cruzaba los dedos. Si el inglés aceptaba, él podía fácilmente trabajar y no se tendría que preocupar por el pequeño ojiverde.

Texas caminaba por la habitación, ajeno a lo que estaba pasando su padre y trataba de agarrar un tintero.

-¡Tony, no!-gritó el americano cargando al menor. De pronto escuchó la respuesta del mayor y gritó de júbilo para rápidamente sentarse en la mesa y escribir- Thanks. Te. Recogeré. En. El. Muelle. Pasado. Mañana.

El pequeño ojiverde notó lo que hacía su padre y rápidamente comenzó a golpear el telégrafo enviándole un mensaje al británico

-¡No pequeño, no hagas eso!-le dijo Estados Unidos alejándolo del aparato pero ya era tarde, muchos sonidos comenzaron a llegar de Inglaterra y no eran precisamente buenas palabras- Lo. Siento. No. Fui. Yo. Fue. Anthony.

-Deja. De. Echarle. La. Culpa. A. Anthony. Bloody. Bastard.-le contestó Arthur muy enojado

-Uff para que me preocupo si nunca me crees-se dijo a sí mismo.

Inglaterra llegó a territorio americano un par de días después.

-Thank you very much-le dijo Alfred cuando llegaron a la casa- de verdad te lo agradezco.

-Lo sé, lo sé-dijo el inglés bajando una pequeña maleta que traía ya que iba a quedarse una noche- ¿qué harías sin mi?

El americano lo miró antes de poner los ojos en blanco

-Fingiré que no escuché eso, en fin-puso al pequeño texano, que estaba dormido, en los brazos del europeo- Te debo una, bye.

Y dicho esto el estadounidense salió de la casa hacia la biblioteca para buscar un condenado diccionario para poder entender el condenado libro escrito en chino.

-Espera, Bloody emancipated, no te vayas…-murmuró el ojiverde pero el menor no miró atrás- ¿y ahora qué hago?

Caminó hacia la sala y se sentó mirando al niño que parecía tener nueve meses de nacido cuando en realidad solo llevaba dos. Acarició su cabello distraídamente mientras sacaba un libro de su maleta.

El pequeño comenzó a moverse en los brazos de Inglaterra cuando había pasado una media hora. Comenzó a llorar entre sueños pues tenía una pesadilla.

-Oh, don't cry…-dijo Arthur arrullándolo para calmarlo- I'm here…

Texas se calmó poco a poco y abrió lentamente los ojos, despertándose.

Las dos miradas esmeraldas se cruzaron y una sonrisa apareció en la boca del europeo. Le agradaba que su nieto tuviera su color de ojos. El bebé sujetó la corbata del mayor jalándola levemente y mirándola con curiosidad.

-Awww eres adorable…-dijo el británico y rápidamente miró a su alrededor para asegurarse de que nadie lo había oído- ehm…

Un gruñido se escuchó en el estomago del menor y Arthur puso los ojos en blanco

-Tenías que ser el hijo de América, ¿verdad?-se puso de pie y caminó a la cocina donde sentó al niño en una silla alta y tomó un plátano. Le quitó la cáscara y con ayuda de una cuchara, comenzó a alimentar al menor con pequeños pedazos.

Anthony comía alegremente y el angloparlante no pudo evitar sonreír

-Awww en verdad eres muy lindo…-murmuró- me pregunto si te gustaran los scones como le gustaban a tu padre…

Su mirada se dirige a la alacena donde sabía que el americano guardaba la harina y otras cosas. En la puerta había una nota.

Si le das scones a mi hijo, te regresaré a tu isla de una patada ¿entendido?

-¡Maldito mal agradecido!-exclamó el inglés indignado- ¡Después de que te estoy ayudando! ¡Bloody emancipated!

El pequeño ojiverde sonrió al ver gritar de exasperación al cejón y aplaudió como si estuviera viendo un espectáculo.

-Oye, no es para que te pongas a aplaudir-dijo Arthur tirando la cáscara del plátano a la basura- te pareces al spaniard…

Cargó al menor y lo recargó en su hombro mientras le daba de golpecitos en la espalda sin dejar de murmurar maldiciones contra el estadounidense. Cuando el menor eructó, Inglaterra lo acomodó en sus brazos para dormirlo.

Tony jugaba con los dedos del británico y luego se incorporó para acariciarle la mejilla.

-Ar… Ar…-murmuraba el pequeño y le dio un beso en la nariz. El mayor se sonrojó y lo abrazó tiernamente

-Ay Bloody hell, eres demasiado lindo-comentó el inglés acariciando el cabello del pequeño y caminó hacia las escaleras para acostarlo en su cuna. Entró en la habitación del niño y lo acostó. Lo arropó y comenzó a mecerlo.

El pequeño hizo una burbuja de saliva y cuando esta se reventó, rió igual que el americano. Inglaterra puso los ojos en blanco.

-¿Por qué eres tan parecido a tu padre?-preguntó negando con la cabeza.

Alfred llegó a la casa un par de minutos después y buscó al mayor. Al no encontrarlo subió las escaleras escuchando como cantaba el británico.

-¿No estás cantándole tus canciones satánicas a mi hijo verdad?-comentó mientras subía y Arthur se quedo callado en el acto

-Ehm… ehm… no, of course not…-respondió nervioso al darse cuenta de que lo habían descubierto- jeje


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