disclaimer: Los personajes no me pertenecen. La historia en sí tampoco, pertenece al mundo de Skins.
Un segundo
Kimi, Lili & Angélica.
La luz del sol se coló por los huecos de la cortina, iluminando la habitación rosada.
La chica rubia se estiró todo lo que la cama —y la chica al lado de ella— le permitía y luego soltó un sonoro bostezo que intentó opacar con la palma de su mano. Sintió su aliento de la mañana e hizo una mueca de disgusto. Dios, ¿por qué no podía ser como en las películas y amanecer completamente perfecta?
Miró hacia su lado derecho, sin embargo, en vez de encontrarse con el rostro de la chica que debía estar a su lado, se encontró con la almohada, miró hacia abajo, en donde había un bulto escondido tras las mantas.
Angélica enarcó una ceja e intentó quitarle las mantas de encima, sin embargo, le fue imposible, ella mantenía las mantas completamente a su alrededor y firmemente sujetas para no ser destapada.
—No seas infantil —masculló la rubia a regañadientes.
Lo único que le llegó como respuesta fue un gruñido.
Rodó los ojos y entonces se metió esta vez ella debajo de las mantas. Entre el enredo de las sábanas pudo distinguir el cabello azulado de Kimi completamente despeinado, estaba con sus ojos oscuros mirándola fijamente y con los labios completamente apretados.
—Hey —saludó Angélica sonriéndole ligeramente.
Angélica Pickles sin duda alguna era un maldito cliché. Al menos, así toda su vida la han definido. Era la típica rubia de ojos azules y cuerpo despampanante, era la maldita chica popular y perra con todos, aquella quien molestaba a los chicos ñoños de la escuela y quien salía con el capitán del equipo de rugby o de fútbol o de bascketball —ella salió con los tres—. Era arrogante, presumida e intentaba mantener sus malditas calificaciones a raya para que nadie creyese que ella leía libros.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte ella había tenido un cambio radical. Los últimos meses se había mantenido a raya en la escuela y ya no había tenido citas con ningún chico, no había ido a fiestas ni la habían visto emborrachada por ahí. Angélica Pickles había pasado ya más de seis meses desaparecida.
—Hey —la voz de Kimi salió ronca y no parecía muy animada como para responder con voz energética.
Los ojos azules de Angélica se pegaron entonces —sin poder evitarlo— en el abultado vientre que se dejaba ver por debajo de la ropa del pijama de Kimi.
—Creo que ni aunque te pusieses la camiseta más grande del mundo podrías ocultar tu estómago —le dijo Angélica sin dejar de mirar el vientre hinchado de la oriental.
Kimi bufó.
—Dime algo que no sepa —masculló.
La rubia guio nuevamente sus ojos hacia el rostro cansado de Kimi y torció el gesto.
—Creo que alguien amaneció malhumorada —soltó Angélica.
La Finster entonces torció el gesto.
Era extraño. Todo lo que pasaba en ese momento era extraño.
Partiendo primero porque —maldita sea— que tenía ya tenía 27 semanas de gestación y obviamente el hecho de que estaba embarazada no pasaría desapercibido por nadie, segundo, porque de todos sus amigos la única persona que pareció brindarle una maldita mano fue Angélica, la prima del padre del bebé —quien no tenía ni idea de que en había dejado encinta a la chica—, y si ella en algún momento se hubiese imaginado que necesitaría un tipo de ayuda —cualquiera— en la última persona que había pensado era sin duda en la dueña de aquella rosada habitación.
—Iré a preparar el desayuno, Finster —le dijo la rubia—. Y será mejor que te marches a bañar ahora porque, sin ánimos de ofender, tienes olor a vagina y estás dejando mi cama con mal olor.
Kimi la miró con cierta ira en su rostro, la rubia se rió de manera burlesca y luego saltó de la cama.
Volvió a estirarse ya estando levantada y luego tomó una de sus almohadas para tirárselo en el rostro escondido bajo las sábanas de Kimi.
—Lo digo en serio, Finster.
—Púdrete —oyó la voz de la peliazul desde debajo del cubrecama.
Angélica se rió nuevamente y caminó por la habitación hasta la puerta.
*.*.*.*.*
Mantenía sus manos en los bolsillos de su chaqueta y miraba ansiosa la casa que se abría paso a través de sus ojos, masticó su labio inferior y pensó seriamente —otra vez— en las palabras que tenía pensado decir para su mejor amiga.
Aunque ya no sabía si lo eran. Después de todo, hace meses que no hablaba con Kimi, exactamente dos meses. Y es que la oriental siquiera había sido capaz de asomar su maldita nariz por la escuela y no contestaba ninguna de sus llamadas o mensajes y realmente, ella no había querido pisar la casa Finster por miedo a que podría realmente cagarla, sin embargo, ya se encontraba desesperada y aquello había sido la última opción que tenía.
Así que, infundiéndose valor y balanceando sus talones de adelante hacia atrás, repitió nuevamente las palabras de disculpa en su cabeza y comenzó a avanzar hacia la casa de su mejor amiga para poder arreglar de una maldita vez toda la mierda entre ellas.
Soltó un suspiró y golpeó la puerta de entrada tres veces.
Esperó paciente por unos minutos y cuando nadie le abrió la puerta, entonces Lili se dispuso nuevamente a golpear, sin embargo, sus nudillos quedaron en el aire cuando una Kira sonriente abrió la puerta.
La sonrisa de la mujer vaciló ligeramente y Lili antes de que ella le pudiese decir algo, la castaña preguntó.
—Hola, señora Finster, ¿está Kimi? —preguntó con las cejas alzadas.
La mujer esta vez borró por completo su sonrisa y miró a la adolescente con profundidad.
—Creí que estaba contigo —le dijo y añadió rápidamente—, ¿no se supone que estaban en una especie de campamento de caridad para niños huérfanos?
Lili palideció entonces. ¿Qué mierda había inventado Kimi?
Se rió ligeramente.
—Eh sí —se masajeó su nuca—, de echo ahora iba a ir hacia allá, es solo que Kimi… Verá, ella —tragó saliva pesadamente.
Kira juntó sus cejas.
—Lili… —dijo con voz demandante—, ¿dónde está Kimi?
La castaña tragó saliva en seco.
*.*.*.*.*
Kimi le dio una mordida a su tostada y la saboreó con gusto.
No tenía idea de porqué pero amaba comer tostadas en la mañana con miel. Odiaba la miel, siempre la odió con su vida y sin embargo, desde que se embarazó, que las amaba con todo su maldito corazón.
Por su parte, Angélica la miraba con repugnancia en cada una de sus facciones finas.
—Y bien —susurró la rubia en su puesto mirando a la hermana de Carlitos—, tienes cita con el doctor hoy —le dijo la muchacha—, y no —añadió antes de que Kimi abriera su boca— no hay opción de que la corras por más tiempo.
La oriental bufó.
—Bien —gruñó con cierta molestia.
Fue en ese momento entonces en que el teléfono celular comenzó a sonar. La peliazul miró la pantalla y cuando vio su remitente contestó intentando carraspear antes de saludar a su interlocutor.
—Hola, mamá.
—¡¿Dónde estás?!—fue su chillido, Kimi alejó el teléfono de su oreja.
—Ya te he dicho, en el campamento —respondió, vio a Angélica rodar sus ojos y ella le sacó la lengua.
—¡No mientas, jovencita!—Kimi palideció ligeramente—,creí que no había mentiras entre nosotras, Kimiko—la chica frunció el ceño ante su nombre completo—,¿con quién estás?
—Con Lili y Angélica —masculló Kimi, si quieres te pasó con Angélica que justo está…
—Lili está aquí conmigo, ¿por qué solo no me dices la verdad?—la voz de su madre sonó ligeramente cansada—, no te he visto en semanas, justo cuando llegas a casa yo no estoy y cuando yo llego no estás, ¿qué estás ocultándome, hija?
El mentón de Kimi tembló y soltó con voz ahogada.
—Nada, mamá —respondió con suavidad y sabía que su madre la había pillado.
—Vuelve a casa, cariño,tienesque hablar conmigo.
Y el teléfono se cortó.
La peliazul, sin embargo, se quedó con el teléfono aún en la oreja oyendo el pitido.
Tragó saliva.
—Mierda —masculló.
—Bueno —Angélica se encogió de hombros—, ya era hora de que te descubrieran.
—Cállate —bufó.
—Hey, no es así como deberías de agradecerme el estar tendiéndote una mano, ¿vale? —le dijo Angélica bebiendo un sorbo de su leche tibia—, además, de cualquier modo, ¿qué diablos pasa con todos tus amigos? Creí que eran un grupo unido, ¿cómo es que te dejan pasar por esto sola?
—Ya te lo dije —suspiró Kimi—, creo que ninguno de ellos quiere tenerme cerca.
—¿Por qué?
—Porque la he cagado.
—Sí, se nota que sí —dijo Angélica mirando el bulto debajo de la ropa de la peliazul, Kimi frunció el ceño.
—De cualquier modo, no los necesito —aseguró la chica.
—¿Y qué hay del padre del bebé? —preguntó la rubia.
Kimi tragó en seco.
No le había dicho aún a Angélica que el padre del maldito bebé era nadie más y nadie menos que su propio primo, y aunque estuvo tentada de decírselo variadas veces el miedo a que ella pudiese ir y contarle a Tommy era mucho mayor.
El timbre sonó. Salvándola de la pregunta.
Angélica achicó los ojos.
—Te has salvado por ahora, Finster —dijo la rubia levantándose para ir a abrir.
Kimi dio una mascada a su tostada y entonces oyó la puerta ser abierta. Escuchó la voz que en ese momento menos quería oír y se atragantó con su comida.
—Hey, Angélica, papá me dijo que tu padre tenía su maleta grande y venía a buscarla.
Tommy Pickles.
Con un demonio.
—Eh, claro, espera… —Angélica dijo desde la puerta—, creo que está en su cuarto, iré por ella.
Y cerró la puerta.
Kimi ya se había levantado de la mesa y estaba a los pies de las escaleras para salir huyendo a esconderse en el cuarto de la rubia.
—¿Qué hace Tommy aquí? —masculló Kimi.
Angélica enarcó una ceja.
—Es mi primo, ¿no es obvio que podría pasar por aquí en algún momento?
—Ustedes se odian —masculló Kimi subiendo las escaleras con la rubia pisándole los talones.
—Oh, claro que no, él me ama aunque lo niegue —aseguró la rubia—, de todos modos, creí que todos tus amigos sabían de tu embarazo.
—¡Menos él! —masculló Kimi.
Se oyó la puerta de entrada siendo abierta.
—¡Qué mal educada, Angélica! —la voz de Tommy se oyó desde abajo y Kimi corrió hacia a la puerta completamente asustada.
—¡Solo espera ahí, ¿quieres?! —le gritó de vuelta, mirando a Kimi completamente extrañada.
—¿Qué? —gruñó Kimi con voz baja.
Ella le hizo una mueca de extrañeza.
—¿Puedo prender un cigarrillo por mientras? —preguntó Tommy desde abajo.
—¡No! —le gritó Angélica sin dejar de mirar a Kimi, la oriental le hizo un gesto para que se apresurara en buscar la maldita maleta y así deshacerse de Tommy lo más rápido posible.
La rubia masculló algo entendible para sus oídos y entonces se fue a buscar la maleta, Kimi se escondió —estúpidamente, pero por si acaso— detrás de la puerta de la habitación de Angélica, suspiró sonoramente cuando la chica bajó con la maleta y luego de unos minutos más la puerta de la entrada se cerró.
Se acercó a la ventana con precaución y pudo ver como Tommy se marchaba caminando con la maleta azul entre sus brazos y un gesto molesto.
Los pasos de Angélica le dieron entender que se acercaba a ella.
La oyó cerrar la puerta de su habitación de un portazo y entonces le dijo.
—¡Es Tommy! —chilló.
Ella no se giró, siguiendo con su mirada al Pickles caminar por la vereda.
—¡Maldita seas, Kimi! —volvió a chillar la rubia—, mi maldito primo es el padre de tu bebé.
La oriental se giró con lágrima en sus ojos.
—Lo lamento —dijo con suavidad—, yo…
—¡¿Por qué me lo ocultaste, maldición?! —preguntó acercándose a ella hecha una furia—, ¿por qué no me dijiste que era él? ¡¿Y por qué demonios él no sabe que está esperando un bebé?!
Kimi se relamió los labios y se removió incomoda en su sitio.
—Lo siento —susurró—, es solo que…
—¿Que qué? —preguntó mirándola escandalizada.
—No estoy lista para eso —aseguró la peliazul.
—Demonios que deberías estarlo ya —le dijo—, mírate, Kimi, tienes ya casi seis meses y nadie te creerá que estás jodidamente hinchada, él tiene derecho a saber…
Ella bajó su vista hacia sus pies. ¡Mierda! Siquiera podía verse los pies con su panza.
*.*.*.*.*
Sus piernas tiritaban y sentía que en cualquier momento se desmayaría. Quería salir arrancando del lugar—maldita sea que ya había arrancado dos días seguidos con anterioridad— y ya no podía hacerlo más, debía ser valiente y afrontar su maldito problema para así poder al menos tener noción de lo que podría hacer.
Cuando entró a la sala blanca con unas manchitas celeste decorando la pared, sintió ganas de vomitar, y aun más cuando vio la sonrisa grande en el rostro de la enfermera quien la atendería.
Le hizo unas malditas preguntas que ella se apresuró a contestar con monosílabas y luego la acostó en esa maldita camilla, diciéndole que debía subirse la camiseta y bajarse los pantalones. Se sintió tan incómoda, tan expuesta, tan estúpida, que no pudo evitar lagrimear un poco.
Maldito bebé, maldita ella por haber olvidado un maldito día las pastillas.
Le untó un gel azul sobre su estómago, estaba frío y le incomodaba aún más. La maldita doctora pegó sus ojos en la pantalla que estaba a un lado de su cara y soltó con voz emocionada.
—Ahí está.
Pero Kimi no miraba la pantalla, ella solo miraba la maldita pared manchada con esa fea pintura azul que no hacía otra cosa que recordarle a Tommy.
—¿No quieres ver a tu bebé?—le preguntó la matrona mientras movía sobre la piel de su estómago aquella maquina fría.
—No—masculló—, es un maldito bebé, ¿qué importa?
Una lágrima resbaló por su ojo y por su nariz, cayendo por el otro lado de la mejilla.
—¿Quieres oír su corazón?—le preguntó entonces la matrona.
Y ella respondió con un "lo que sea" antes de que de pronto la habitación se llenara de un sonido bastante extraño, era como un zumbido rápido que llenó la habitación.
—Oh, escucha eso—le dijo la mujer—,¿no es hermoso?
—¿Qué?—la voz de Kimi sonó gangosa.
—Sus latidos, es un bebé muy sano, ¡mira!
Y ella entonces no pudo evitar girar su cabeza y pegarla en el monitor. Había manchas extrañas que ella no logró entender y luego, cuando movieron el aparato en su vientre plano, ella pudo distinguir una cabecita, una pequeña cabeza que de seguro no era más grande que una uva.
Y se rió, sin poder evitarlo, y fue ahí cuando entendió que no podría hacerse un aborto. Que no podría deshacerse de ese bebé.
Siempre recordaba su primer control cuando iba al doctor. Y no le gustaba, porque le recordaba que no había podido hacer nada para detener la cagada y porque ahora todo el mundo que la viera sabría que está embarazada y todo ese rollo.
—El bebé luce algo estresado —murmuró el doctor—, ¿por qué no habías venido a control antes, Kimi? —preguntó el hombre mirándola con profunda curiosidad.
Ella se encogió de hombros.
—Tienes que tener precaución —le dijo—, necesitas estar controlándote.
—Había estado ocupada —susurró con suavidad.
—Oh —murmuró el hombre y le sonrió ligeramente—, ¿te gustaría saber qué es?
—Eh, ¿un bebé? —preguntó la chica con el entre ceño fruncido.
El doctor rió.
—Está bien, creo que lo dejaremos en sorpresa —respondió.
Kimi no dijo nada.
Cuando salió de la sala miró a Angélica quien la estaba esperando, la rubia parecía molesta ante el hecho de que no le dijo que Tommy justamente era el padre del bebé, sin embargo, ella no pudo hacer otra cosa además de murmurar variados "lo siento" y rogarle no decirle nada, a lo que la rubia aceptó pero con la condición de que ella le contase pronto todo.
Kimi aceptó, aunque a regañadientes. No sabría cuándo podría reunir el valor suficiente que necesitaba para decirle a Tommy que serían padres. No sabía tampoco porqué esperó tanto tiempo, solo sabía que de un momento a otro ella ya estaba engordando y cada día que pasaba su vientre se daba a notar más y más y que hasta la ropa más holgada no era capaz de ocultarlo. No podía siquiera ver a Tommy sin sentirse malditamente infeliz, él no la veía a la cara luego de que estuviesen juntos aquella vez en que Lili le golpeó la cara, cuando ella despertó —se había dormido— el muchacho ya no estaba y luego solo le daba miradas dolidas que ella no podía evitar sentir en lo más profundo de su pecho.
Lo había arruinado todo, con Tommy sobretodo y no había vuelta atrás.
Angélica detuvo su auto justo en frente de su casa. Las manos de Kimi tiritaron levemente.
—Eh, estarás bien —aseguró la rubia mirándola fijamente.
Kimi seguía mirando hacia el frente, estaba aterrorizada y no sabía muy bien qué hacer. Estaba tentada a pedirle a Angélica que fuesen a su casa otra vez, pero no podía estar arrancando de la verdad por más tiempo, sus padres debían de saber lo que estaba pasando con ella. Debía de retomar el valor que ella creía perdido.
—Sí —susurró intentando controlar el temblor de sus dedos.
Angélica entrelazó sus dedos con ella con suavidad.
—Sabes mi número —le dijo Angélica—, puedes llamarme por cualquier cosa que necesites, ¿vale?
—Gracias.
—Ve —le instó la rubia.
Kimi asintió ligeramente y luego bajó del auto, se alejó unos cuantos pasos y se giró, Angélica le sonrió desde adentro y luego simplemente encendió el motor y se marchó.
La Finster soltó un suspiró profundo y volvió a girarse, esta vez para hacerle frente a su casa que se abría paso a través de su vista. Inhaló y exhaló aire y comenzó a caminar hacia la entrada.
Abrió la puerta aun sintiéndose temblar, metió sus manos a los bolsillos de su chaqueta luego de cerrar la puerta y se quedó allí, esperando que alguien llegase a hacerle frente. La primera en aparecer fue su madre quien estaba bajando las escaleras.
Kimi sintió sus piernas temblar levemente. La expresión de su madre fue cambiando al paso que ella iba bajando las escaleras, cuando la vio en primera instancia su rostro mostró una ligera mueca de felicidad que se fue transformando a una mueca de incredulidad para luego, al pisar con ambos pies la primera planta palidecer y abrir sus ojos sorprendida.
—Hola, mamá —susurró Kimi moviéndose incómodamente en su sitio.
—¿Estás haciéndome una broma? —fue la primera pregunta de Kimi Finster.
—Desearía que lo fuera —y sonrió.
Entonces Kira comenzó a hiperventilar.
—¿Mamá?
La esposa de Carlos Finster entonces cayó al suelo desmayada.
*.*.*.*.*
Kimi nunca se había sentido tan observada en toda su vida.
Se encontraba sentada en el sofá más grande de su salón, con su madre dando vueltas frente de ella, con su padre sentado en un sofá a un lado mirándola aún con incredulidad y con Carlitos en el asiento que daba al frente de su padre. También su hermano la miraba fijamente, aunque no sabía el porqué de aquello, después de todo Carlitos sabía hace meses de su estado.
Se sentía mareada y con una presión en sus hombros que le estaba incomodando realmente. Creía que luego de que su madre se desmayara las cosas se pondrían más simple, más no fue así. El primero en bajar fue Carlitos quien le gritó —como nunca antes lo había hecho— mientras le preguntaba lo que le había pasado a su madre, después llegó Carlos quien no dijo palabra alguna luego de verle su panza.
Y seguía en silencio mientras Kira asentía y ría en cada momento.
—Lo sabía —se pasó una mano por su cara —, lo sabía.
Su madre nunca había sido una mujer que se exasperara con facilidad, más bien Kira siempre había sido bastante razonable y tranquila, nunca había tomado una decisión apresurada y tampoco se había salido jamás de sus casillas. Siempre había sido una madre amorosa y comprensible, sin embargo, parecía que esta situación le había descontrolado de alguna u otra manera.
—Mamá… —la voz de Kimi sonó ahogada—, por favor.
Kira pegó sus ojos azules en los oscuros de ella, la miró fijamente y entonces relajó su expresión.
—Es solo que no puedo con esto —alegó su madre quitándose los lentes y masajeándose el puente de su nariz.
—Lo sé —susurró ella.
—¿Cuánto tienes, Kimi? —su padre se hoyó roto, como si algo dentro de su garganta no lo dejase hablar con claridad.
Kimi pegó sus ojos en los celestes de su padre adoptivo, tragó saliva ligeramente al ver su mirada cargada de decepción. Sabía que Carlos no le gritaría en ningún momento y que era muy probable que no le dijese nada, sin embargo, su padre era tan transparente como el agua y aquello era peor, el saber lo decepcionado que se veía en ese momento era el peor de su castigo.
—27 semanas —respondió.
—¿Estás bien? —le preguntó con voz ronca.
Ella asintió y le dio una suave sonrisa. Como siempre, su padre se preocupaba más que nada por su salud y cómo ella estaba, ojalá todos los hombres fuesen como él.
—¿Por qué no me dijiste antes, hija? —preguntó esta vez Kira acercándose a ella para sentarse a su lado, tomó sus dedos entre los de ella y la miró con profunda tristeza en su corazón.
—Porque estaba aterrada —respondió con voz ahogada y la miró fijamente a los ojos—, aún lo estoy mamá.
—Cariño —su madre apretó su mano—, debiste habérmelo dicho, pudimos habernos hecho cargo de esto con tiempo.
Kimi soltó la mano de su madre con rapidez.
—No quiero eso, mamá —susurró la oriental mirándola con incredulidad—, nunca pensé en un aborto —aseguró.
—No seas estúpida, hija —chilló su madre separándose de ella ligeramente—, esto arruinará tu vida, Kimiko, ¿qué es lo que harás?
La chica entonces se levantó como un resorte del asiento e ignoró olímpicamente el mareo que le produjo el haberse movido con tanta brusquedad. Miró a su mamá fijamente con los ojos vidriosos.
—¿Eso fui para ti cuando quedaste embarazada de mí, mamá? ¿Arruiné tu vida? —le preguntó y entonces decidió ignorar tanto las miradas de su hermano como de su padre e irse hacia la escalera para arrancar directo a su cuarto.
—¡Kimi! —le llamó Kira desde el sofá, sin embargo, ella hizo oídos sordos al llamado y se acercó a los pies de la escalera.
Se giró con los ojos llorosos y miró a su familia.
—Perdón —dijo con el labio tiritón—, perdón por todo —y miró directamente a Carlitos, quien la miraba aún con esos ojos que lo único que le demostraban era profunda tristeza.
Se giró para subir, sin embargo, antes de pisar el primer escalón sintió una profunda puntada justo en su bajo vientre, fue tan fuerte que le hizo afirmar su estómago con fuerzas y doblarse en dos para poder —en un intento vago— de detener el dolor.
—¿Kimi? —la voz de su madre se oyó rasposa—, ¿Kimi estás bien? —preguntó preocupada.
—Algo anda mal —fue lo único que pudo susurrar, elevó su mirada para buscar la de su mamá, pero lo único que pudo ver fueron siluetas borrosas.
Y se largó a llorar.
—¡Hay que llevarla a la clínica, mamá! —fue la voz de Carlitos y entonces ella escuchó un pito en su oreja, intentó mantenerse despierta, sin embargo, poco a poco sentía que estaba perdiendo la conciencia.
*.*.*.*.*.*
Cuando Lili llegó a la clínica, supo de inmediato que las cosas ahí no se pondrían para nada bien.
Estaba Kira sollozando sentada a un lado de Carlos, Carlitos parecía no poder dejar de moverse en frente de la ventana, también estaba Angélica ahí, sorprendentemente estaba sentada en una butaca al frente de los señores Finster y parecía hablar con alguien desde su teléfono celular. Frunció el ceño, ¿qué diablos hacía Angélica ahí de todos modos? Sin embargo, su asombro aumentó cuando vio a su hermano ahí —quien debía estar cumpliendo su sentencia—, y sin embargo, aún estaba sentado en una butaca mirando hacia el frente sin parecerle importar nada.
—Phillip DeVille, ¿qué diablos haces aquí? —caminó directamente a él y lo miró con profundidad—, si te descubren aquí…
—Tranquila, hermana —bufó Phil—, estoy con permiso.
—¿Con permiso de quién? —preguntó Lili.
—Con mi permiso —respondió y sonrió ligeramente, Lil le pegó un puñetazo en el hombro, él se quejó—, ¡ay! —masculló.
—¡Te meterán preso, Philli! —masculló con los dientes apretados la castaña.
Su gemelo sacudió su cabeza completamente sonriente.
—No lo harán —aseguró el chico y se acomodó en la butaca—, ¿puedes creer que Jace además de ser muy guapo es también jodidamente inteligente? —comenzó él hablar mientras su hermana se sentaba a su lado—, es todo un maestro en la computación, ¡pudo jaquear esta cosa y he salido ya casi todas las semanas en la noche y nadie se ha dado puta cuenta!
Ella volvió a golpearlo en el hombro con rudeza.
—Eres un idiota, Philli, ¿sabes lo que pasaría si…? —y su pregunta quedó al aire cuando se oyó la puerta de urgencia ser abierta de nuevo.
Desde ahí entró un Tommy que parecía realmente estar perdiendo la cabeza. Miró con sus ojos castaños a cada una de las personas en la sala y luego cuando sus ojos se pegaron en Philli los corrió con rapidez, como si no quisiese realmente ver al castaño en esos momentos, cosa que le produjo cierta extrañeza a ella.
Miró también a Carlitos y soltó un suspiro. Se acercó a él.
—Hey —dijo con suavidad, Lili lo miró fijamente y creyó que quizás en esos momentos Tommy quería estar en cualquier lugar excepto ahí—, ¿qué pasa?, ¿dónde está Kimi?, ¿qué mierda ocurre con ella? —bombardeó en preguntas al pelirrojo.
Carlitos pareció darle una ligera mirada, Lili se preguntó si es que él había sido quien había llamado a Tommy. Sin embargo, su amigo no respondió nada, solo se quedó mirando ahí.
El peliazul bufó frustrado y miró la sala, la DeVille supo entonces que él estaba buscando a alguien que le diera respuesta. Se sintió mal por su amigo, sabía que todos en esa maldita sala sabían lo que ocurría en la sala y sin embargo nadie era capaz de decírselo.
—¿Angélica? —Tommy se mostró asombrado de que la rubia estuviese allí, la chica soltó un suspiro y guardó su celular entonces en su bolsillo—. ¿Qué diablos haces aquí tú? —preguntó.
Ella se encogió de hombros.
—Kimi me llamó —respondió.
—Bien, bueno —respondió Tommy y se sentó a un lado de su prima—, ¿qué diablos pasa con ella de todos modos?
—Mira, Tommy —susurró la chica y entonces Lili pudo notar que la rubia prima de Tommy sabía todo, sintió una ligera pizca de celos ante aquello, realmente ¿por qué aquella chica podía saber todo lo que sucedía con sumaldita mejor amiga? La respuesta le llegó de lleno a la cabeza, claro, ella la había abandonado en el puto momento en el que más necesitaba apoyo—, es mejor que ella te diga todo, ¿vale?
—Vale… —él parecía sorprendido al igual que ella.
Lili suspiró y cruzó los brazos a la altura de su pecho.
Fue en ese momento en el que una enfermera llamó a los padres de Kimi y ellos entraron por un largo pasillo que era escondido por una puerta doble. Lili vio como Tommy movió su pie con nerviosismo y se sintió realmente mal.
Soltó un suspiro.
*.*.*.*.*
—Miren, lo bueno es que el bebé aún no se ha visto afectado por esto, pero, realmente tienes que cuidarte, Kimi —le dijo el doctor mirándola fijamente, sin siquiera dirigir una mirada a sus padres.
La chica asintió ligeramente.
—¿Cuál es el problema? —preguntó Kira.
—Bueno, creo que ella está muy estresada y aquello puede afectar el embarazo, necesita solo, relajarse, es como si su cuerpo… —las palabras del doctor quedaron en el aire cuando Kimi intervino.
—Mi maldito cuerpo está dañando al bebé —la voz de la peliazul salió ronca.
—Oh, no, Kimi, él está bien, solo…
—¿Él? —miró al doctor fijamente.
Él realizó una mueca que le dijo a la chica claramente que "la había cagado", sin embargo, ella rió ligeramente y sintió algo dentro de su estómago revolotear con suavidad, se llevó una mano hacía donde sintió el movimiento y acarició con suavidad.
Sintió la mirada de su madre encima de ella, sin embargo, en ese momento no le importó.
*.*.*.*.*
—Necesito entrar —susurró Tommy con suavidad.
—No puedes entrar —habló Carlitos por primera vez desde que llegó al hospital.
Lili sintió a su hermano moverse en su puesto, irguiéndose y supo entonces que las cosas en ese momento se pondrían feas.
—Sí, yo también creo que deberías entrar —le dijo con suavidad—, eres su esposo o algo así después de todo, ¿no?
El peliazul ignoró olímpicamente las palabras mordaces de su amigo. Lili pensó que desde el momento en el que el Pickles había ido a la audiencia de su hermano las cosas habían mejorado, sin embargo, eso no había pasado, aunque Philli pareció perdonar todo el drama con Tommy, parecía que no lo había olvidado por completo.
—Aunque —vio la sonrisa maliciosa en la cara de Philli y estuvo tentada a taparle la boca, sin embargo, Philli se levantó del asiento y miró a Tommy con una sonrisa en sus labios—, es mejor que te quedes aquí, me gustaría ver la expresión en tu cara cuando la veas.
—¿Qué estás hablando, Phil?
—Philli —gruñó la castaña en su butaca mirando a su hermano fijamente.
—¿Qué? —preguntó—, yo creo que ya es hora de que se entere.
—¿De que me entere de qué? —preguntó el peliazul con una mueca de extrañeza en el rostro.
—Cállate, Phil, Kimi es la que… —intervino Carlitos, sin embargo, Philli lo detuvo con una risa.
—Vamos, amigo —dijo el chico mirando fijamente al pelirrojo—, yo creo que tu hermana ya no se lo dijo.
—Eso no te incumbe a ti, DeVille —masculló Angélica en su puesto.
—Ni siquiera tengo idea de porqué estás tú aquí, Angélica —el DeVille hizo una mueca de extrañeza mirando a la rubia quien se encogió de hombros ligeramente.
—¿Qué diablos pasa? —preguntó Tommy mirando entonces a Carlitos—, ¿qué es lo que Kimi tiene que decirme?
—La cagaste medio a medio amigo —sonrió Phil divertido.
—¡Phil ya cállate! —gruñó Lili.
—¿Por qué nadie quiere decirme nada? —preguntó Tommy con el ceño fruncido.
—Porque parece que a ti como que no te importa mucho —aseguró Philli—, meses y ni cuenta te has dado, ¿en serio la amas? —preguntó.
—Philli te estás pasando otra vez —le advirtió Tommy mirándolo cansado.
—Sí, tú ya te pasaste un par de veces antes, Tommy —aseguró Phil.
—Olvídalo ya, Philli —masculló el peliazul con la mandíbula apretada.
—Nah —soltó el chico.
—Te lo advierto, Phil…
—¿Qué? ¿Vas a golpearme, Pickles?
*.*.*.*.*.*
—Tienes que descansar, Kimi —aseguró el doctor—, no pases por estrés ni nada por el estilo, ¿bueno?
Ella asintió.
Su madre le ayudó a ponerse la ropa nuevamente y luego la ayudó a levantarse de la camilla. Los tres salieron del box en donde ella estaba siendo atendida y comenzaron a caminar en dirección hacia la recepción.
—Sé que la cagué, mamá, perdón —susurró la peliazul con suavidad. Kira acarició su espalda con suavidad.
—Está bien, cariño, arreglaremos esto como familia, ¿bueno? —le dijo con suavidad.
La peliazul enarcó una ceja y estuvo a punto de preguntar a qué se refería con eso cuando oyó un disturbio en la recepción del lugar. Se apresuraron los tres en salir, Carlos salió primero empujando la puerta y después se quedó de piedra ante la situación.
Kimi salió después y palideció al ver a Tommy y Philli golpeándose en medio del salón, ambos tirados en el suelo, con Tommy encima de Philli, con Carlitos y Lili intentando separarlos.
—¿Qué diablos pasa aquí? —la voz de su padre llenó el lugar y todos dirigieron sus miradas hacía donde estaban ellos.
La chica quiso huir, arrancar del hospital y esconderse para siempre en una cueva. Sobre todo cuando los ojos castaños de Tommy se pegaron de lleno en ella y luego bajó su vista directamente hacia su estómago hinchado.
—¿Qué demonios? —susurró Tommy aún encima de Phil.
El castaño se rió debajo de él.
—Felicitaciones, Thomas —dijo.
Él chico miró nuevamente el rostro de Kimi sin mover ningún musculo.
—Vamos, Kimi —susurró su madre y empujándola por la espalda la comenzó a sacar del lugar.
Los ojos de Kimi se desconectaron del rostro desconcertado de Tommy y miró a Angélica quien la miraba fijamente con ojos triste.
Caminó con su madre sintiendo su mano en su baja espalda. Ella sentía en ese momento como el corazón le estaba taladrando los oídos y cómo sentía un nudo en su garganta que le imposibilitaba tragar la saliva, realmente jamás imaginó que Tommy se enterara de esa manera, tampoco era como si se hubiese imaginado otra manera en la que él se enterara, después de todo por eso no se lo había dicho aún, porque no sabía qué decir, cómo actuar, cómo dejarle en cuenta que serían padres. Claro, si es que él quería asumir junto con ella…
—¿Qué pasó ahí, Kimi? —preguntó su madre cuando estaban llegando al auto—, ¿por qué estaban peleando Philli y Tommy?, ¿no se suponía que eran amigos?
La chica abrió la puerta de atrás para sentarse.
—Kimi —le llamó su madre—, ¿uno de ellos es el padre? —le preguntó.
La chica asintió ligeramente. Kira abrió la boca completamente impactada, sin poder creer nada de lo que estaba ocurriendo. Aquel día sin duda estaba siendo surrealista. Sacudió su cabeza entonces y se subió al auto. La peliazul se subió también y se sentó en el asiento trasero mirando hacia el frente a la espera que Carlitos y Carlos llegasen al auto.
Después de unos minutos llegó solo su padre, se subió al auto y se giró para mirarla. Le dio una ligera sonrisa que Kimi no supo cómo interpretar y luego arrancó el auto, la chica no quiso preguntar en ese momento el porqué Carlitos no se iba con ellos.
Se sintió mal, peor aún de lo que ya se sentía.
Lo peor de todo aquello, sin duda, era el odio de su hermano hacia ella. Al menos hasta en ese momento.
*.*.*.*.*
—¿Por qué nadie me lo dijo? —gritó Tommy cuando Carlos desapareció del lugar, los miró a cada uno, desde Carlitos a su prima—, ¡¿todos ustedes lo sabían?!
—Ella era quien debía decírtelo, Tommy —susurró Lili en su puesto, realmente no podía evitar sentirse como una mierda ante toda la situación, y sobre todo porque ella aún no podía hablar con Kimi y poder decir de una puta vez perdón.
—Bueno, por si ustedes no sabían ella nome dijo nada —masculló con la mandíbula tensa, se pasó unas manos por su rostro y comenzó a respirar agitado.
—Hasta Angélica, sorpresivamente, lo sabía —comentó Philli sentándose nuevamente a un lado de su hermana, quien le pegó un codazo fuerte en las costillas—. ¡Ay! —se quejó—, ya deja de hacer eso, ¿quieres? —se tocó la mandíbula, la cual tenía ligeramente con sangre, se limpió con su chaqueta con suavidad.
—Dejaré de hacerlo cuando tu dejes de comportarte como un idiota, Phil —le regañó Lili.
—Soy un hombre con un maldito corazón roto, tengo derecho de comportarme así, ¿verdad Tommy? —miró a la chica con una sonrisa torcida en su boca hinchada.
Tommy le dio una mirada de reojos.
—Púdrete, Phil, estoy cansado de pedirte disculpa —susurró el peliazul sentándose al lado de su prima.
Philli se encogió de hombros en su puesto.
Angélica suspiró en su puesto y se levantó.
—Bueno, por si ninguno lo notó —habló la rubia de pie—, Kimi ya se fue.
—¿Cómo es que hasta tú lo supiste antes que yo? —preguntó Tommy mirando a su prima fijamente, la rubia se encogió de hombros y pasó sus ojos azules por todos quienes estaban en ese momento en la sala.
—Bueno —respondió cruzando sus brazos a la altura de su pecho—, no lo veo tan extraño en estos momentos, dándome cuenta cómo se comportan todos ustedes —comentó—. Sí, sabes, Kimi la cagó, pero ella no la cagó sola.
—Yo no he dicho eso —susurró Tommy mirándola dolido.
—Lo sé —respondió ella—, pero todos en esta puta sala parece que de alguna manera la han cagado, si ella acudió a mí antes que a cualquiera de todos ustedes debe haber sido por algo.
—No sabes nada de lo que ha pasado, Angélica —masculló Lili con la mandíbula tensa—, así que no hables como si lo supieras todo, porque la verdad es que no sabes nada.
—Sí quizás —se encogió de hombros—, pero he estado unos malditos veinte minutos con todos ustedes y se han comportado como unos idiotas, y realmente no creo que tenga que saber todo como para darme cuenta de que Kimi no tuvo la mano de ninguno de ustedes en el momento en que más lo necesitaba —se giró—, si eso es lo que hacen como grupo y se dan la espalda en los momentos más importantes, entonces siempre estuve malditamente equivocada —soltó una falsa carcajada—. Y yo que envidiaba su amistad.
Y se marchó de la sala sin decir nada más.
Lili en su puesto suspiró. Si ella ya se sentía como la mierda, después de las palabras dichas por quien había considerado su enemiga por tanto tiempo se sintió aún peor.
—Tiene razón —susurró Carlitos en su puesto mirando hacia el frente—, la he dejado sola en el peor momento de su vida.
—También yo —respondió Lili.
Philli soltó un ligero suspiro y se marchó entonces sin decir ninguna palabra. Su hermana lo miró marcharse y luego pegó su vista en los ojos de Carlitos.
—Quién diría que Angélica fuese a decirnos todas esas cosas, ¿no?
—Quién diría —estuvo de acuerdo Carlitos.
—Debo ir a hablar con ella —dijo Tommy levantándose de la butaca de un brinco—, necesito que me explique muchas cosas —susurró mirando a Carlitos—. Sé que por esto es porque no me hablabas y me evitabas todo este maldito tiempo, Carlitos, pero necesito que me lo explique de su propia boca.
El pelirrojo se encogió de hombros.
—Está bien —dijo—, pero no te he evitado, Tommy, solo que necesitaba tiempo para mí.
El peliazul lo miró fijamente.
—Sé que Clarissa se fue, Carlitos —le dijo el muchacho— he querido ayudarte con eso, pero no me has dejado ni mirarte en todo este último tiempo.
—Ya estoy bien con eso —respondió.
—¿Clarissa? —preguntó Lili enarcando una ceja sin saber muy bien de qué hablaban ambos amigos.
Carlitos se encogió de hombros.
—Vamos a casa.
*.*.*.*.*.*
Kimi se quedó profundamente dormida apenas llegó a la casa, estaba completamente cansada y no se dio cuenta del sueño que tenía hasta que su cabeza tocó su almohada y se quedó dormida.
Fue una siesta quizás de una hora, pero cuando ella despertó y se incorporó con suavidad en la cama, se dio cuenta de que no estaba sola en su habitación y dio un brinco en su cama asustada ante la silueta de Tommy sentado a sus pies.
—¡Mierda, Tommy! —masculló la chica llevándose una mano a su pecho—, me asustaste a morir.
—Lo siento —susurró el chico apartando su vista de ella—, Carlitos me dejó entrar, llegué hace apenas unos minutos.
—No, está bien —respondió ella y se pasó una mano por su rostro.
Miró al chico fijamente y tomó aire. No estaba lista para esta conversación y parecía como si él tampoco lo estuviese, sin embargo, ella podía sentir su molestia palpitar en cada uno de sus poros. Podía sentir lo incomodo que se encontraba él en ese lugar. Y después de todo lo entendía profundamente, le ocultó un hecho bastante importante y no lo hizo partícipe de ninguna clase de decisión.
Tommy entonces carraspeó ligeramente y se levantó de la cama.
Ella lo miró desde abajo.
—¿Por qué demonios no me lo dijiste? —le preguntó con la mandíbula tensa.
—Porque tenía miedo —respondió mirándolo con los ojos llorosos—, estaba aterrorizada, tan malditamente asustada… Aún lo estoy.
Él sacudió su cabeza.
Algo en ese momento pareció revolotear dentro de su estómago, fue como si él se hubiese movido dentro de su cuerpo.
—Tú siempre tienes miedo, Kimi —le dijo mirándola dolido.
Ella abrió la boca y la dejó así, ligeramente abierta sin saber muy bien qué decir ante aquello. Tommy parecía tener demasiados resentimientos en su contra y ella se sentía tan jodidamente expuesta, y tan vulnerable como nunca antes lo había estado.
—Lo siento —susurró.
Tommy corrió su vista de su rostro bajándola hacia sus pies, la peliazul pudo darse cuenta de que el muchacho estaba temblando levemente.
—Estoy harto de tus disculpas, Kimi —murmuró él con los ojos brillantes volviendo su vista hacia la chica—. Creo que tú no sabes lo que es amar a alguien o a algo… No tienes ideas.
—No es así —masculló con suavidad la chica sin apartar su vista de los castaños de Tommy.
—Desde el minuto uno tuviste miedo de amarme —soltó él elevando un poco el tono de su voz—, creo que incluso tuviste miedo de poder llegar a sentir algo por Philli —parecía ser que la mirada de Tommy quería penetrar sus ojos, eso la incomodó levemente—. Te aterró el hecho de que yo comenzara a tener sentimientos hacia ti, y te aterró aún más el hecho de que comenzaste a tener sentimientos hacia mí.
Ella no lo negó. Porque él tenía razón en todo lo que dijo y él lo sabía, incluso si aunque ella lo negara, sabía que Tommy podía en esos momentos leerla como un maldito libro abierto.
—Mierda, Kimi, ¿no tuviste ni un puto miedo cuando corriste a decirle a todo el mundo de que estabas…De que estás en este estado?
—No corrí a decirle a nadie, Tommy —masculló ella.
—¡Todos lo sabían excepto yo!, ¡hasta Angélica!
—¡Porque no me importa lo que piense ninguno de ellos! —elevó esta vez la voz, él corrió sus ojos hacia un lado y ella le buscó la mirada, sin embargo, el Pickles la esquivó—, me importa lo que tu pienses.
—Sí —susurró él bajando la mirada—, creo que te importó demasiado tarde, Kimi… Y si no es porque llamé a Carlitos para hablarle, yo nunca me enteraría de que estás en la clínica y jamás me hubieses contado nada.
—Lo iba a hacer en algún momento —respondió ella.
—Oh, ¿en serio? ¿En cuánto? ¿En unos quince años más quizás? —preguntó con sarcasmo.
Sus ojos nuevamente parecieron hacer corte circuito. Ella realmente no sabía qué hacer con todo aquello, se sentía tan mal, tan abandonada, tan jodidamente sola en aquel momento que el hecho de que Tommy estuviese tomando aquella postura —y aunque lo entendía completamente— le hacía sentir como la peor basura del puto mundo.
—Solo necesito que me digas que todo estará bien, Tommy —susurró y agachó su vista sin poder aguantarle más la mirada al Pickles.
Lo miró aún cabeza agacha y él sacudió su rostro de manera negativa, con los ojos brillantes. Sintió su corazón romperse en su interior.
—No puedo —dijo él con la voz quebrada—, no puedo hacerlo —susurró—. No estoy preparado para esto, Kimi.
Ella cerró sus ojos y sintió las lágrimas caer por sus mejillas. La puerta de su habitación entonces se abrió y la figura delgada de Kira se dejó ver en el marco de la puerta.
—Es hora de que te vayas, Tommy —dijo con la voz más dura que Kimi la haya oído en mucho tiempo, la voz dulce de su madre seguramente se había perdido quizás en qué lugar—, ahora.
Tommy sacudió su cabeza afirmativamente, le dio una mirada a Kimi antes de salir y luego sin decir nada se marchó.
Kimi entonces soltó un sollozo ahogado en su cama, su madre se apresuró a ir a abrazarla con fuerzas y apretarla contra su cuerpo.
—No te preocupes, Kimi —susurró Kira mientras acariciaba los cabellos de su hija—, ya pronto todo pasará, bebé, te lo aseguro.
La chica sollozó entre los brazos de su mamá.
—Hablé con una clienta del Java Lava —susurró su madre—, es una asistente social y ella puede ayudarnos…
—¿Ayudarnos? —Kimi se separó de los brazos de su madre y con un manotazo se limpió una de las lágrimas—, ¿ayudarnos para qué?
—Entiende, hija —Kira acarició sus cabellos—, aún eres una niña, no puedes mantener a ese bebé.
Entonces Kimi se alejó de las manos de su madre.
—¿Quieres que lo dé en adopción? —preguntó.
—Es lo más sensato, cariño…
—¡No! —soltó con brusquedad Kimi—, no quiero hacerlo, ¿no entiendes? —tragó aire y luego soltó con seguridad—, quiero mantener a este bebé, mamá.
—Pero no estás lista —intentó razonar con ella.
—¡Al demonio con eso mamá! —soltó Kimi levantándose de la cama—, sal de mi cuarto, por favor.
Kira soltó un suspiro y luego fue hasta la puerta, cuando estuvo en el umbral, se giró para mirar a su hija a los ojos.
—Nunca haría nada que te lastimase, hija, solo estoy haciendo lo que creo que es mejor para ti —aseguró la mujer y luego cerró la puerta tras de ella con suavidad.
*.*.*.*.*
Nuevamente Lili se encontró en la misma vereda, en la misma posición y con el mismo sentimiento de nerviosismo dentro de su cuerpo, mirando la dirección de la casa de su amiga. No sabía ahora muy bien qué es lo que le diría, ni cómo sería su respuesta a sus disculpas, después de todo, ella se había comportado como una perra con ella.
Soltó un suspiro.
Kimi tenía razón cuando le dijo que ella era un hipócrita, después de todo, lo que Kimi hizo con su hermano y con Tommy era —casi— lo mismo que hacía ella con los otros chicos. Y ella la abandonó en el peor momento de su vida y todo por orgullo, y porque, realmente, estaba también dolida ante toda la situación.
Cuando se infundió de valor para cruzar la calle e ir a tocar el timbre de la casa de su amiga la vio salir con un bolso grande colgando de su hombro.
Frunció el ceño.
Kimi le dio una mirada a su casa con los ojos brillosos y después caminó rápidamente hacia la esquina para doblar y continuar con su camino. Lili la siguió con rapidez y la llamó cuando se encontró cerca de ella.
La peliazul se giró y la miró con ojos asombrados.
—Lil —murmuró la chica llevando su mano a la correa.
La castaña pegó sus ojos en el abultado vientre de su amiga que se dejaba ver entre su vestido morado con vuelos, se dio cuenta entonces de lo cambiado que estaba el cuerpo de la Finster, ahora la chica tenía caderas más anchas y los pechos aún más redondos y aún más grandes. El embarazo sin duda estaba favoreciéndola.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Kimi recelosa. Ella soltó un suspiro.
—¿Hacia dónde vas? —le respondió con una pregunta, porque no sabía cómo comenzar con su disculpa.
Ella se encogió de hombros y miró hacia atrás de la castaña.
—No lo sé —murmuró—, debo irme de aquí, Lili —dijo—, necesito irme.
Lili se asombró ante las palabras de la oriental, la miró con sorpresa y luego miró hacia atrás de ella.
—¿Por qué? —preguntó.
—Quieren quitármelo, Lili —respondió con voz rasposa, la chica abrió sus ojos y miró el estómago abultado de su amiga. No sabía cuál era el pensamiento de Kimi con respecto a su propio embarazo, sin embargo, siempre se dio cuenta de que la chica no parecía estar del todo segura de lo que estaba pasando consigo misma, y en ese momento ella pudo darse cuenta que su amiga realmente quería mantener el bebé—. No quiero que eso suceda.
—Está bien —susurró la castaña con la mandíbula apretada—, vamos a mi casa.
—No puedo —negó rápidamente con su cabeza—, me encontrarán allí, déjame ir por favor.
—No —respondió ella—, iré contigo, Kimi —susurró mirándola directamente a los ojos—. No te dejaré sola, al menos, ya no lo haré.
—¿Y tú familia? —preguntó Kimi con los ojos brillantes, Lili pudo notar que cuando Kimi lloraba sus ojos se veían más azules que nunca.
Se encogió de hombros.
—Ni notarán mi ausencia —aseguró—, están más preocupados de salvar su matrimonio que de mí, así que, no importa mucho —sonrió.
Kimi entonces sonrió con ella.
Ambas chicas se tomaron de la mano y entonces siguieron caminando calle abajo sin decir ninguna palabra más. Aún faltaban las disculpas, pero Lili sabía que con esto era suficiente al menos por ahora.
*.*.*.*.*
Cuando Lili y Kimi llegaron a aquel lugar pasado las nueve de la noche, ninguna de las dos pareció muy convencida de entrar, sin embargo, el día había estado completamente frío y se notaba en el ambiente que en cualquier momento se pondría a llover, aunque estaba tan helado que quizás incluso podía comenzar a nevar.
La peliazul se abrazaba mientras tiritaba ligeramente, Lili podía oír el castañeo de sus dientes.
—¿Ahora qué? —le preguntó la castaña a la chica.
—Hay que tocar el timbre —susurró con suavidad.
—¿Estás segura de esto? —preguntó.
Kimi chasqueó la lengua ligeramente y se acercó con decisión hacia el timbre que estaba a un lado de la puerta. Lo tocó una vez y cuando pasaron unos minutos y no obtuvo respuesta alguna, entonces volvió a tocar.
Nuevamente pasaron unos minutos y de pronto la reja se abrió con un chirrido.
Kimi le dio una mirada a Lili y entonces empujó el portón y entró con su castaña amiga pisándole los talones.
Cuando llegaron a la puerta de la casa, del cielo comenzaron a caer gruesas gotas que mojaron de inmediato de pies a cabeza a ambas chicas que esperaban que les abriesen la puerta. Otra vez pasaron un par de minutos para que una mujer regordeta de piel oscura entreabriera la puerta de tal manera que solo se dejaba ver menos de la mitad de su cuerpo.
—¿Si? —preguntó la mujer.
Ambas chicas bajo el agua se dieron ligeras miradas hasta que Kimi dijo con suavidad.
—Necesitamos hospedarnos por esta noche —susurró con suavidad y se llevó una mano a su estómago abultado.
La mujer morena la miró de pies a cabeza y entonces abrió la puerta dejando que ambas adolescentes se pudieran refugiar de la intensa lluvia que comenzó a caer en la ciudad.
*.*.*.*.*.*
Cuando Angélica recibió la llamada de Carlitos preguntándole si sabía del paradero de Kimi se sintió ligeramente alarmada. Y aunque pensó seriamente que Kimi no tenía porqué ser problema de ella, no pudo evitar montar en su auto rosa y partir a su casa.
Estaba preocupada. Lo admitía.
Sobre todo porque durante el último tiempo que Kimi pasó en su casa le agarró un cariño inmenso tanto a ella como al abultado estómago que cargaba. Le parecía tan gracioso e irónico que no pudo evitar reírse ligeramente mientras estaba estacionada fuera de la casa de los Finster.
Luego de su risa forzada, soltó un suspiro profundo y bajó del auto para acercarse a la puerta y golpear.
Cuando Carlos Finster abrió la puerta apresurado, ella pudo notar la mirada de decepción en sus ojos celestinos al darse cuenta que seguramente, la persona que él esperaba que fuese no era.
—Ah, hola Angélica —forzó una sonrisa que se borró de inmediato de su rostro cansino.
La rubia, sin embargo, sonrió ligeramente y pasó por la puerta haciendo que el hombre pelirrojo se corriese hacia atrás.
—¿Dónde están todos? —preguntó la chica mirando la vacía casa.
El hombre pareció colocarse nervioso levemente.
—Están en busca de —sorbió por la nariz y en un suspiró soltó—, están en busca de Kimi.
—Carlitos me llamó, señor Finster —le dijo Angélica con suavidad—, me dijo que la han llamado y ella no ha contestado y que se marchó con algunas cosas.
El hombre se pasó una mano por su rostro y asintió con rapidez.
—¿No tienen idea de dónde podría estar? —preguntó la Pickles enarcando una de sus rubias y perfectamente delineadas cejas.
Él sacudió su cabeza negativamente y miró a Angélica.
—¿Podrías quedarte aquí? —preguntó entonces—, me han dejado aquí por si Kimi vuelve o llama, pero no puedo seguir estando quieto en este lugar sin saber nada de ella, por favor, Angélica.
Sin embargo, ni siquiera permitió que la chica respondiese, porque mientras iba diciendo aquellas palabras estaba acercándose al perchero para tomar su chaqueta, luego tomó las llaves de una mesita que estaba a un lado de la puerta y le dio una vaga sonrisa antes de salir por la puerta sin importarle la contestación de la chica.
Angélica bufó con molestia ante ser ignorada olímpicamente por el hombro.
Miró la casa de la chica y torció el gesto.
—¿Dónde diablos estarás Kimi Finster? —preguntó a la nada.
Sacó su teléfono celular y marcó el número de la chica en cuestión. Le mandó de inmediato al buzón y soltó un suspiro cargado de molestia. Bien, ella no se consideraría la mejor amiga de la Finster, sin embargo, realmente le molestaba un poco el hecho de que no le hubiese dicho de aquella locura.
Rebuscó entre sus pensamientos algún lugar en el que Kimi le haya dicho que había pensado visitar en su travesía cuando aún no sabía dónde ir antes de que Angélica la invitara a pasar días —que se transformaron finalmente en semanas— en su casa.
En ese momento se escuchó entonces el golpeteo de la puerta de casa.
Angélica se apresuró a abrir, pensando ligeramente en que quizás podía ser Kimi que se había arrepentido de su decisión de fugarse —aunque lo dudaba en el fondo—, sin embargo, cuando abrió la puerta, toda esperanza en su corazón se marchó al ver el cuerpo de su primo empapado por la lluvia justo en frente de la puerta.
Ambos fruncieron el ceño al mismo tiempo al verse.
La rubia chasqueó la lengua y se giró dejando la puerta abierta para que Tommy pudiese entrar.
El muchacho no dudo en pasar.
—¿Qué diablos, Angélica? —preguntó Tommy entonces cuando cerró la puerta—, ¿qué haces aquí?
La chica miró a su primo fijamente y se encogió de hombros.
—Esa boca —regañó con suavidad.
Tommy rodó los ojos.
—Como sea —chistó el chico con los dientes apretados—, ¿dónde están todos?
—¿Qué haces aquí, Tommy? —preguntó cruzándose de brazos a la altura de su pecho.
El de hebras lilas oscuras se removió incomodo en su puesto y sus mejillas se sonrojaron con fuerzas.
—Vine a hablar con Kimi —susurró con suavidad.
—Creí que ya hablaste con ella —Angélica se cruzó de brazos.
—Eh, sí, pero…
La rubia soltó un bufido.
—¿Quieres fumar algo y conversamos?
Tommy frunció el ceño extrañado ante eso. Angélica le dio una ligera sonrisa.
—Créeme, lo necesitarás —le aseguró dándole la espalda sin decir nada más y caminando hacia el salón para abrir el ventanal que daba hacia el patio trasero.
*.*.*.*.*.*
—Solo por esta noche —habló la mujer—, no pueden salir de la habitación hasta mañana en la mañana y luego se marchan, ¿bueno?
Ambas muchachas asintieron con rapidez.
La mujer morena salió entonces de la habitación y Kimi soltó un quejido mientras se movía ligeramente en su puesto. Lili torció las cejas y estuvo a punto de preguntarle qué diablos le pasaba para cuando la chica corrió hacia la puerta que estaba en una de las esquinas y la abrió con rapidez para luego volver a cerrarla.
—Mierda —masculló tapándose la nariz.
—¿Qué haces, Kimi? —preguntó con suavidad la castaña.
—Necesito hacer pis —habló atropelladamente.
Luego tomó aire, abrió la puerta del baño y entró con rapidez. Lili pudo oír el agua cayendo hacia el baño y después Kimi salió con el rostro más relajado.
—Dios —murmuró cuando salió y cerró la puerta del baño—, necesitaba hacer.
Lili rió.
—Hubiese preferido haberme hecho en mis pantalones —le dijo la castaña.
Kimi soltó un bufido.
—No si alguien está contantemente pegándote en la vejiga —aseguró la chica. La gemela de Phil soltó otra risa y luego se acalló cuando oyó un grito venir desde afuera.
Kimi rápidamente fue hacia la puerta y le puso pestillo. Se recargó en la puerta y soltó un suspiro.
—Lili —le llamó con voz suave, la chica pegó sus ojos pardos en el rostro de su amiga—, sé que no quieres estar aquí, realmente puedes marcharte si lo deseas, antes de que se haga más tarde… No es necesario que estés aquí conmigo.
La muchacha bajó los ojos hacia sus manos, mientras jugueteaba con sus propios dedos.
—Está bien, Kimi —respondió—, solo estoy un poco asustada, pero no te dejaré sola —aseguró.
La peliazul se encaminó entonces a la cama y se sentó a un lado de la chica.
—No me molestaré si te marchas, Lil, en serio —le dijo—, de cualquier manera me metí en esto sola y…
—Lo siento, Kimi —susurró entonces la chica y soltó un suspiró. Miró hacia el frente y continuó, sin esperar ninguna palabra por parte de su amiga—. Me siento como una mierda cada vez que te miro, realmente me siento tan mal por todo lo que ha pasado, por como he reaccionado y todo eso, ¿sabes? —la volvió a mirar, ambos colores colisionaron, el pardo y el azul profundo—. Creo que estaba celosa —admitió en voz bajita.
Kimi enarcó una ceja extrañada.
—¿Celosa? —preguntó—, ¿por qué estarías celosa de mí?
—Porque… —se relamió los labios y bajó nuevamente su mirada hacia el estómago abultado de su amiga—, todo el mundo parece amarte…
La oriental buscó la mirada de Lili.
—Todo el mundo también te ama a ti, Lili.
Ella sacudió su cabeza negativamente.
—No de la manera en que mi hermano o… Tommy te aman a ti —aseguró la castaña—. ¿Cómo es, Kimi? —preguntó—, ¿cómo es que alguien te ame de esa manera? Que alguien te ame tanto que hasta llegase a ser doloroso. ¿Cómo es el amor?
La chica entonces corrió su vista y miró hacia el frente. Se encogió de hombros ligeramente y soltó con una falsa sonrisa en su boca.
—Es una mierda —respondió y sintió como le hormigueaba la nariz. Putas hormonas, pensó.
—¿Lo amas? —volvió a preguntar Lili, esta vez, ella buscando su mirada.
Kimi le devolvió la mirada y asintió con lentitud. Porque ambas, sin nombrarlo, sabían a quién se referían.
—Sí —respondió con suavidad—, y es jodidamente doloroso —aseguró.
Lili entonces abrazó a la chica, llevándola hacia su pecho y besó con cariño su frente.
*.*.*.*.*
Tommy aspiró el humo de su cigarrillo. Angélica lo miró fijamente mientras él fumaba sin decir una palabra.
—Nadie sabe dónde está —murmuró entonces la rubia, llamando la atención del muchacho de inmediato, quien lo miró con sus ojos castaños y enarcó una ceja.
—¿Cómo? —preguntó con suavidad.
—Se fugó —le comentó entonces.
—¿Dónde?
Angélica se encogió de hombros.
—No lo sé —susurró—, y tampoco sé si te lo dijera si lo supiera.
Tommy tensó la mandíbula y la rubia entonces corrió su vista.
—¿Por qué te importa tanto a ti? —preguntó el peliazul frunciendo el ceño, Angélica lo miró con una ceja levantada y él continuó mirándola como si sus ojos fuesen dos dagas que quisiesen atravesar a su prima en ese momento—. ¿Por qué diablos te preocupas por ella si a ti no te importa nada más además de ti misma?
La rubia soltó una carcajada amarga.
—Lamentablemente Pickles, tú no me conoces —le dijo con suavidad.
Y corrió la vista hacia las gotas gruesas de lluvia que empapaban el patio de los Finster.
Él se encogió de hombros.
—Tampoco es como si me dejases hacerlo —le respondió.
—Mamá me obligó a abortar —soltó entonces.
Ella realmente no sabía porqué se lo decía a Tommy, especialmente a Tommy. Si bien su relación nunca había sido del todo asquerosa, no era muy cercana. Ella amaba a su primo, también a Dil, sin embargo, nunca le gustó el hecho de acercar gente a ella, siempre había sido muy cerrada y quizás en parte la culpa era de su madre por haberla criado de esa manera. Tan individualista, tan ella, ella, ella.
Ahora. Aquello no se lo había dicho a nadie además de a Susie, quien en ese momento la morena había sido su único talón de Aquiles en ese momento tan difícil, pero, sin contar a su mejor amiga, Tommy era la primera persona que lo sabía.
No lo miró en ningún momento, pero podía sentir sus lindos ojos cafés encima de ella, mirándola asombrado.
—¿Qué? —preguntó con suavidad—, ¿cuándo?
—Hace un año —dijo y bajó la vista hacia sus manos—, tampoco era como si supiera bien que hacer con la situación, pero, cuando mi mamá me dijo que lo hiciera —sintió un estremecimiento que le recorrió la columna vertebral al recordar ese día—. No estoy en contra de las mujeres que abortan, pero supongo que yo no era lo suficientemente fuerte como para sentir que algo crecía dentro de mí y que de un momento al otro no estaba —se encogió de hombros—, pero mi mamá obviamente no me escuchó, nunca me escucha.
El silencio reinó en la sala, siendo la lluvia lo único que quebrase el silencio en aquel momento. Sintió entonces la mano de su primo, vacilante, en su hombro. Ella lo miró y quitó su mano "consoladora".
—Está bien, Pickles —masculló—, no te lo digo porque necesito de tu consuelo —le dijo y agregó antes de que él dijese algo—. Nadie está preparado para ser papá o mamá, maldita sea, que es una mierda, sobre todo cuando se está comenzando, pero, joder… No puede ser tan difícil una vez que te acostumbras, ¿no? Quiero decir, tus padres contigo, al menos, han hecho un buen trabajo.
Tommy sonrió ligeramente, Angélica sabía que él había notado el alago que le había hecho.
—Gracias, Angélica —murmuró el muchacho. Lanzó la colilla hacia el patio y luego cerró el ventanal del salón, se giró sin decir ninguna palabra más y Angélica lo miró con los brazos cruzados y una ceja alzada.
—¿A dónde vas, Pickles? —le preguntó.
El muchacho no se giró a mirarla y mientras seguía su camino —raudo— hacia la puerta, gritó.
—Voy a buscar a mi hijo y a su mamá.
Entonces Angélica sonrió levemente y volvió su vista hacia la lluvia que parecía no querer dar tregua en esos momentos. Quizás la lluvia era Kimi, y en aquellos momentos, tal y como sucedía con el tiempo, la chica no iba a dar tregua hasta obtener lo que quería.
Y a Angélica así mismo se le imaginaba que era la chica oriental e internamente le hacía sentir jodidamente —y extrañamente— orgullosa.
Hola! Espero que les guste mucho este nuevo episodio! Muchas gracias a Sophia-chan por el comentario en el último capítulo. Les advierto que este capítulo fue muy largo, así que si están leyendo esto muchas muchas gracias por llegar hasta acá, porque son 10,509 palabras! Es el capítulo más largo que he escrito pero no podía cortarlo a la mitad porque creo que quedarían muchas cosas incompletas y que todo lo que esta en este capítulo es tremendamente importante! Bueno.
Creo que en el capítulo anterior les dije que este sería el penultimo capitulo y solo quedaría uno, sin embargo, ya no estoy segura (aunque puede ser que solo quede uno) depende todo de cuántas palabras salgan. O quizás queda solo un capítulo y el epilogo, bueno, ahí iré viendo.
Espero les guste este capítulo! Porque sé que hay gente que lee este fanfic (lo demuestra la página) así que muchas gracias a los lectores silenciosos que disfrutan de esta historia!
Nos leemos pronto.
EMilia.
