Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia es de samekraemer, yo solo traduzco con su autorización.
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Capítulo siete
—Isabella, me alegra que hayas aceptado venir. Ordené comida de "Bella Italia". Yo, em, no fui capaz de cocinar nada porque sigo tratando de… Oh, por favor, entra —saludó Edward dulcemente.
Lucía bien. No había evidencia alguna de la cojera, y su cabello era el lío sexy que había sido la primera vez que lo vi. Parecía nervioso, pero podría haber sido yo. Me encontraba muy asustada, y no sabía qué decir.
Entré en nuestra casa, viendo que estaba igual, pero al mismo tiempo completamente diferente.
—¿Puedo tomar tu abrigo? —preguntó tímidamente.
—Gracias, Dr. Cullen —respondí por costumbre. Me lo quité y enderecé mi vestido antes de poner mi bolso en la misma mesa que siempre lo había colocado. La única cosa faltante era el ruido de las llavees en el cuenco. Vi las suyas allí, y sonreí.
—Por favor, Bella, después de todo esto, llámame Edward —instruyó suavemente. Asentí y tiré mi cabello sobre mi hombro, siguiéndolo a nuestra cocina, en donde se habían creado tantos buenos recuerdos.
—¿Te gustaría una copa de vino? —preguntó. Noté que tenía una bebida clara, y por mucho que quería señalar que si seguía con medicación no debería estar tomando, caí en la cuenta que ese ya no era mi lugar.
—Por favor. Eso estaría bien —respondí mientras me acomodaba en el taburete en el cual solía sentarme los domingos en la mañana con su camiseta y lo miraba bailar alrededor de la cocina en sus bóxers mientras que escuchaba música. Ese era su día libre y siempre dormíamos hasta tarde… o nos quedábamos en la cama hasta la tarde. No dormíamos, eso era jodidamente seguro.
Me sirvió una copa de Pinot Grigio, y tapó la botella.
—Luces bien —comentó.
No era cierto. Él solo estaba siendo amable, y yo estaba usando un kilo de maquillaje para ocultar mis ojeras. Al menos se había reincorporado a la humanidad en donde se esperaba las sutilezas. Yo había perdido aún más peso desde que estaba en Nueva York, pero allí, se consideraba deseable ser de la talla de un lápiz. Ni una sola parte de mí se sentía deseable.
—Gracias. Tú luces muy bien. ¿Cómo estás? ¿Estás viendo a alguien? —pregunté ansiosamente. Realmente quería saber. Solo quería que fuera feliz. Pero el haberle hecho esa pregunta no era bueno. No quería su respuesta en absoluto.
Él rió como "antes". Levanté mi vista de mis muslos y vi esa sonrisa sexy de la cual me había enamorado. La única diferencia era una pequeña cicatriz sobre su ceja, pero era y seguiría siendo el hombre más guapo del mundo en lo que a mi respecta.
—Eso es un poco extraño para preguntar muy pronto, ¿no? —preguntó con aire de suficiencia. Esa era la voz del Edward que no amaba.
—No lo creo. Siempre esperé que encontraras la felicidad, y la ultima vez que hablamos, si se puede decir así, me aseguraste que te atraían las rubias, así que espero que tal vez una rubia pechugona haya puesto esa sonrisa satisfecha en tu rostro. No tenemos que comer, ¿sabes? En Nochebuena, y estoy segura que tu amiga preferiría verte antes que después. Firmaré los papeles. El arreglo se pasa de justo. Nunca quise tu dinero, lo sabes. Tengo un buen trabajo, y tu madre me pagó bien después de mudarme a Nueva York —respondí.
—No hay ninguna rubia pechugona, y deberías saber mejor que escuchar a un loco lleno de sedantes. Las rubias nunca fueron mi preferencia, y lo sabes —comentó mientras tomaba un sorbo de su bebida. Tomé el mío y copié su acción.
Recordé la discusión que habíamos tenido cuando estábamos en nuestra segunda cita en la pizzería y la camarera, una rubia, había empujado su amplio pecho en su rostro mientras entregaba la pizza.
—Hey, puedo ir a casa con Alice y Jasper si quieres ir tras eso. Parece que la mujer está más que dispuesta —espeté, dándole una buena risa a Alice y Jasper.
Edward se giró e inclinó hacia delante, besándome en el medio del pecho.
—No me gustan las rubias, me gustan las morenas inteligentes, especialmente cuando están celosas.
—Bueno, eso nos lleva a la pregunta, ¿no? ¿Qué recuerdas? —hice la pregunta del millón de dólares.
—No mucho como esperaba, pero cuando Carlisle y Esme me permitieron mudarme de su casa y volví aquí, pasé algún tiempo revisando los estantes de libros. Tengo algunas preguntas. Oh, y encontré un álbum de fotos en nuestra cama, cosa que me trae más preguntas —explicó.
—Pregunta —ofrecí. Él tomó mi mano, enviando un escalofrío por mi espalda de inmediato. Lo seguí hacia la sala, viendo un árbol de pino con luces y adornos en la esquina. Las cajas estaban allí, y el ornamento estaba en la mesa de café junto con muchas notas y fotos sueltas de nosotros. Inmediatamente me quité mis zapatos porque iba a ser una noche larga.
Me senté en el sofá donde habíamos hecho el amor más de una vez, y traté de bloquear esas visiones de mi cabeza. No pude mantener mi boca callada, sin embargo.
—Esta foto fue tomada después que me pediste casamiento —declaré mientras apuntaba al portarretrato de cinco por siete al final de la mesa.
Se quitó sus zapatos y se sentó frente a mí, poniendo su copa en la mesa.
—Tengo flashes de eso. ¿Qué pasó? —preguntó.
—Bueno, habíamos estado viviendo juntos por unos meses, y una tarde fuiste al lugar donde trabajaba. El tipo para el que trabajaba era una plaga de primer grado, y seguía invitándome a salir incluso cuando le dije que tenía novio. Lo viste coqueteando, le dijiste que había una emergencia al cual debía asistir, a lo que él aceptó de inmediato.
»—Nos llevaste por cuatro horas hasta Space Needle y me hiciste entrar. Después que llegamos a la plataforma de observación, me jalaste a un rincón solitario… —expliqué.
—¿Y te dije que llevé lo más cerca del cielo que podía porque si le iba a proponer a un ángel, debería estar cerca de su casa? Dios, que cursi de mierda que era —se mofó.
—Tú dices cursi… yo digo el hombre más romántico que he conocido en mi vida. Te pusiste sobre una rodilla y me pediste casamiento. Habías ido a la estación a las tres de la madrugada cuando saliste del hospital ese día. Le pediste a mi padre su bendición y permiso, y él te dijo que si no te ibas de su maldita oficina, yo sería una viuda antes de casarnos. Nos casamos tres días después porque no querías esperar —expliqué más.
—Diablos, o era el hijo de puta más cursi del mundo o tenía mucho más juego que nadie en la ciudad —bromeó.
—Estabas en algún punto intermedio, pero me encantaba —comenté con una sonrisa.
—¿Qué es esto? —preguntó mientras me entregaba unas tiras de notas. Las leí y sonreí. Ellas eran realmente la esencia de nuestra relación, y era un testamento de lo bien que nos conocíamos, incluso en un corto periodo de tiempo.
—Ah, solíamos dejar notas en nuestros libros preferidos. Por ejemplo, este es posiblemente lo encontraras en tu vieja copia de "El Guardián entre el centeno". Ese es tu libro preferido. Te sientes reflejado en Holden más que en ningún otro personaje porque él tuvo dificultades encontrando su lugar en el mundo, y tú parecías estar de acuerdo con él, me lo dijiste una vez. Dijiste que fue cuando estabas decidiendo entre ir a la escuela de medicina o perseguir otra cosa que finalmente entendiste a Holden. "Elmer, ven a hablar conmigo. Dime que te tiene mal." Esa era mi forma de hacerte saber que si estabas leyendo a Salinger, sabía que algo pasaba —expliqué. Hojeé algunas notas y encontré una con su letra para mí.
—Esta es una que habrás encontrado en una de mis novelas obscenas. "Bugsy, si estás caliente, ven a despertarme. Sabes que estoy para complacer. Nunca estoy muy cansado para ti, nena." Esta era la forma en que nos apoyábamos. Sabíamos cuándo darnos espacio, pero siempre había una nota de apoyo. Si solo encontraste todas estas, no pasaste por todos los libros —bromeé, recordando las fotos e incluso algunas notas escritas en algunos libros. Ambos éramos ávidos lectores, y esos libros eran testigos de la fuerza de nuestro compromiso.
—Esto haría una gran película —comentó. Él no sabía la razón que tenía.
—Así que, ¿qué más? —preguntó.
—¿Qué es esto? —preguntó mientras me daba la caja con el ornamento que preparé para dárselo la noche de su accidente.
—Esto… esto es —comencé antes de comenzar a sollozar. Seguía siendo tan hermoso como lo recordaba, y recordé cuando perdí el bebé. Era demasiado horrible que quería morir.
Mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas, me preparé para sentir el dolor de nuevo.
—Este es el regalo que tenía que darte antes de irnos a la cabaña para Navidad con mi papá. Veras, habíamos decidido comenzar una familia, y me había enterado que estaba embarazada un día antes de Nochebuena. Fui al doctor y… espera —respondí mientras sacaba el álbum de fotos de la mesa y buscaba hacia el final donde estaba el ultrasonido de nuestro bebé pegado en una página en blanco.
—Este era nuestro bebé. Mandé a hacer este ornamente para decírtelo. Estaba tan emocionada porque sabía que te volverías loco. Perdí el bebé el 26 de diciembre. Se supone que tendríamos que estar en Hawái, pero en cambio, yo estaba en un hospital preguntándome si el amor de mi vida iba a sobrevivir. Comencé a tener calambres y cuando fui al baño, estaba sangrando. Tu mama y papa estaban contigo, y los doctores te tenían en coma, así que salí, encontré a mi ginecóloga y ella me dijo que había perdido a nuestro bebé. Lo siento mucho. Lo sien… —comencé a llorar, sintiendo el dolor otra vez.
Sus brazos alrededor mío fueron más que bienvenidos. Sentí sus lágrimas en mi cuello mientras me sostenía, y al fin lloramos la pérdida de nuestro bebé juntos. Había hecho luto demasiado, pero nadie lo sabía porque pensé que era demasiado que compartir en el momento, así que lo soporté sola. Realmente se sentía bien, tan malo como suene, compartirlo con mi marido… el padre de mi bebé.
Él me dio un pañuelo para secar mis ojos y cuando lo vi, reí con las lágrimas todavía cayendo. Tenía un bordado parecido a Elmerr Fudd en él. Existían solo tres, por lo que yo sabía. Yo los había hecho cuando él estaba de guardia en el hospital, y se los había dado como un regalo de Halloween.
—Dios, no he visto esto en mucho tiempo —comenté mientras me secaba los ojos.
—Lo encontré en mi cajón cuando estaba empacando mis cosas en lo de mamá y papá. Parecía hecho a mano, así que estaba seguro que significaba algo para mí. Lo guardé. ¿De donde salió? —preguntó.
—Después de conocernos, teníamos este pequeño numerito. Yo te saludaba con un "¿Qué onda, Doc?" y tú me respondías con un "Conejo pícaro". Después de eso, comenzaste a llamarme Bugsy, y yo te llamaba Elmer. Yo bordé estos cuando estabas en el hospital y yo no podía dormir. Te los di para Halloween —expliqué, viendo lo horrible que realmente eran. Nunca fui buena con la costura.
—Está bien, ¿es esto real o un sueño? Recuerdo, o eso creo, una noche que estaba en el hospital porque había estado en cirugía por horas. Recuerdo estar tan cansado, pero me quedé en el hospital en caso que haya complicaciones. Era algún tipo de día festivo. Tú apareciste con un montón de comida, y después que comí, dormimos juntos en la sala de guardia. Recuerdo el pastel de calabaza —comentó.
Mi corazón voló. Era increíble que estuviera recordando cosas, y quizás haya esperanza. Tal vez no me quisiera a mí, pero si recuperaba sus recuerdos, tal vez podría ser feliz. Eso era todo lo que quería para él, después de todo.
—Nuestra primera acción de gracias juntos. Tuve que hacer pasteles porque tu mamá seguía enojada con que nos habíamos casado en el juzgado, así que me dio recetas y me dijo que tenía que hacer los pasteles. El video que le diste al chofer era de unos días antes. Estaba intentando encontrar la manera de hacer las cortezas porque nunca había hecho un pastel en mi vida.
»—Como sea, estábamos en lo de tus padres, yo estaba ayudando a tu madre y Katie a cocinar mientras ustedes chicos… tú, Jasper, Carlisle y mi padre, estaban en la sala mirando futbol. Alice estaba viéndonos con una revista por supuesto.
»—Te llamaron por una emergencia. Hubo un accidente, y era un chico de catorce años de la reserva que sufrió una lesión en el pecho horrible. Creo que Jacob lo conoce. De todos modos, fuiste al hospital y te encargaste de él, faltando a la cena. Yo te preparé un gran plato y te lo llevé.
»—Tú estabas en la sala cuando llegué. Calenté tu comida y hablamos, y luego me rogaste que me quedara hasta que tengas que levantarte para chequear tu paciente. Lo hice. No era la primera vez que te llevaba la cena al hospital. Pero sí era la primera vez que me hiciste el amor en la sala de guardia. —Recordé. Fue malditamente genial porque cualquiera pudo haber entrado. Él necesitaba liberar energía, y yo lo necesitaba. Era un recuerdo que me encantaba.
—¿Qué tal…? —comenzó a preguntas sobre los fragmentos que habían venido a lo largo de los meses que habíamos estado separados. Le expliqué cada uno lo mejor que podía, y después de cansar sus recuerdos dispersos, decoramos su árbol.
Me preguntó acerca de los adornos y le expliqué por qué los habíamos elegido, y después de todos hayan quedado esparcidos sobre el árbol, era momento que me fuera a mi hotel.
Papá no sabía que iba a venir a la ciudad, ni ningún otro aparte de Edward, así que reservé en un hotel.
—Toma —comenté mientras sacaba los papeles de mi bolso y los firmaba en las líneas apropiadas donde mi nombre estaba escrito. Después de terminar, se los di.
—Estoy muy feliz por ti. Estoy feliz que hayas encontrado tu camino de vuelta El hombre amargado que traté de curar no era tú. Este eres tú… o algo cercano a ti. Eres un hombre maravilloso, Edward Cullen, y no dejes que nadie te diga lo contrario —instruí mientras me paraba en la puerta y le sonreía.
—¿Por cuánto tiempo estás en la ciudad? —me preguntó mientras me ayudaba con mi abrigo.
—Bueno, estoy aquí, así que tal vez sorprenda a mi papá y Katie mañana. Probablemente me vaya el jueves. Dejé a mi jefe sin decir nada, así que tengo que volver porque tengo una gran fiesta de Año Nuevo que organizar en el Plaza. Gracias, Edward, por darme este cierre. No tienes idea de lo que significa para mí —confesé honestamente.
—Llevaré esto a la corte tan pronto como sea posible. Gracias por venir, Bella. Significa mucho para mí que me hayas dado esto, especialmente después del infierno que te hice pasar. Sí, recuerdo cada palabra desagradable que te dije, y sé por qué no me dijiste la verdad, pero deseo que lo hayas hecho. Nunca entendí por qué lo soportabas. Te puse a prueba casi todo el tiempo, ¿sabes? Honestamente pensé que cuando me dijiste que habías perdido un bebé que habíamos hecho juntos esa noche, era tu manera de herirme que yo lo te herí. Supongo, que es agridulce saber que no era una mentira.
—Solo para que sepas, te amaba demasiado como para dejarte recuperar solo, independientemente de cómo me trataste. Por favor, cuídate —pedí. Se inclinó y rozó sus labios contra los míos recordándome de los muchos besos que habíamos compartido.
Me aparté con lágrimas en los ojos, pero con una sonrisa en mi rostro. Él estaba bien y aparentemente feliz. Eso era todo lo que siempre había querido para él, así que me fui. Me subí al ascensor por la última vez, y cuando llegué al vestíbulo, realmente sentí que tal vez, solo tal vez, podía estar completa de nuevo con el tiempo. Solo el tiempo dirá la historia.
