Capitulo 7

Los pájaros trinaban con fuerza mientras que la luz del sol resplandecía y hacia ver más vivido el color verde de los arboles, anunciando así la llegada del verano a la vecindad. Caminando por la acera de la vía principal de esta, se encontraba una pareja de jóvenes que andaban muy relajados mientras disfrutaban el ambiente.

Ikki caminaba a paso lento por la calle Magnolia, memorizando durante todo el camino de regreso del restaurante, todas las acciones que ella realizaba con su agraciado cuerpo: De cómo andaba con soltura e inocente sensualidad, de cómo se alisaba su cabello cada vez que lo miraba de reojo, de cómo a veces respiraba profundamente y cerraba los ojos con una expresión como si estuviera soñando y también de cómo de vez en cuando le sonría con gran felicidad en su cara de tanto en tanto, cosa que hacía que el fénix se volviera loco debido al mar de confusiones que ese simple gesto provocaba en él.

Él no sabía con exactitud lo que estaba creciendo en su interior, pero también sabía (En lo más profundo de su ser) que aquel sentimiento tal vez no se volvería a repetir de nuevo, pues hacia tanto tiempo que él había dejado de sentirlo que incluso llegó a pensar que su corazón se había vuelto inmune, tal y como la mangosta al veneno de la cobra.

Con algo de tristeza y dolor en sus pensamientos, el fénix recordó a Esmeralda en los días que estuvo en la Isla de la reina de la muerte, de cómo ella lo cuidaba y lo atendía cuando más lo necesitaba en aquellos momentos en que casi no podía ni seguir debido al dolor tan insoportable que afrontaba su cuerpo y espíritu, días que simplemente no podía borrar de su memoria por más que quisiera, ya que estaban grabados en ella como un tatuaje en su piel, pero que a pesar de todo lo hicieron el gran hombre que era ahora.

Su conciencia hacia que se sintiera algo culpable respecto a todo este asunto, debido a que una parte de él todavía amaba a Esmeralda y simplemente su cuerpo estaba todavía en muy mal estado (Emocionalmente hablando) como para permitirse dejar entrar a alguien más por el momento en su corazón, así como también su capacidad de amar, la cual creía haber perdido hacer mucho, a excepción del amor fraternal que sentía por su hermano y sus hermanos, aunque esto último no lo admitiera en voz publica.

Mientras que la otra parte de él (La cual estaba más cerca de su corazón y no de su cerebro), luego de los últimos eventos vividos con la chica a su lado aquel día de locos y en los últimos días, le suplicaba que tomara este chance como nunca antes lo había hecho, ya que esta le gritaba que las segundas oportunidades no siempre se repetían y que por lo menos valdría la pena intentar trabajar en una relación con la pelirroja antes de arriesgarse a vagar solo por el mundo de nuevo.

Parecía mentira que el rudo fénix estuviera cayendo en la redes de Eros otra vez, quizás en el pasado si hubiera prestado más atención a la pelirroja ya tendría mucho más claro sus sentimientos hacia ella, pero a veces el mismo se sorprendida de lo torpe que podía ser en esos aspectos sentimentales.

Saliendo de sus pensamientos, Ikki notó que ya estaban a punto de llegar a casa de Seika, por lo que pensó un poco en como entablar aquella conversación con la chica, pues sabía que iba a ser todo un reto tratar de plantearle la situación luego de ver su actitud para con él ese día.

— Oye… Ikki —llamó Seika al santo conforme se acercaban a su casa.

El peli azul volteó su mirada a la chica, la cual estaba un poco nerviosa pues notaba que se agarraba fuertemente las manos mientras llegaban a la puerta de su hogar, cosa que hizo que el fénix también comenzara a sentirse nervioso ante la inminente llegada.

— ¿Si?

¿Desde cuándo tenia la voz tan ronca? Ikki aclaró un poco su garganta al notar que iba a hacer un gran ridículo si no controlaba sus nervios un poco, a final de cuentas aun era un Leo y no por nada dicen que los Leo son bien orgullosos en cuanto se refiere a su reputación.

— ¿Quieres entrar? —preguntó Seika con un tono nervioso en su voz que delataba sus intenciones ocultas.

Si fuera sido otra mujer, probablemente el fénix hubiera tomado esa pregunta de una manera más normal e indiferente y simplemente hubiera dicho que no a la oferta, pero por alguna extraña razón, la forma en que Seika pronunció esas palabras se le hizo extrañamente e irresistiblemente sugestiva, por lo que no pudo hacer otra cosa que asentir en silencio a la sorprendida chica.

La casa de Seika era realmente acogedora, luego de que la chica le abriera la puerta, el fénix dejo sus zapatos en la entrada con un gesto de sorpresa en su rostro después de que ella lo hiciera, pues no estaba acostumbrado a las tradiciones japonesas desde que sus hermanos y él nunca fueron acogidos en una verdadera familia que se las enseñara, pero aparentemente Seika trataba de mantener viva esa parte de su cultura, pues Ikki notó varios adornos y pinturas tradicionales del país conforme se adentraban más en la vivienda de la chica.

Al llegar a la sala Ikki vio que estaba ambientada igual que el resto de la casa, con una alfombra que cubría el piso y una mesa de madera en el centro de la habitación, también complementaban el ambiente una televisión de tamaño mediano, una estantería con platos y algunos adornos tradicionales, que por su aspecto, el fénix supuso que eran hechos a mano.

— Si quieres espérame aquí, voy a traer algo de tomar… ¿Te gusta el café? —comentó Seika dubitativa y mirándolo con una sonrisa amable.

— Café está bien —dijo Ikki de manera indiferente mientras se sentaba en suelo y cruzaba sus pies debajo de la mesa.

Claro está que Seika no sabía que durante su jornada en el trabajo, Ikki tomaba más de cuatro litros diarios de café, pero el fénix pensó que no sería conveniente revelar ese detalle, principalmente luego de que se recuperara hace no mucho del asunto del riñón, además de que no quería estropear el momento con una charla por parte de la chica de cómo tenía que cuidarse, que ya bastante tenía con su hermano de este tema.

Ikki miró a su alrededor con algo de curiosidad en sus ojos, ahora que estaba más tranquilo en aquel entorno tan natural, debía de admitir que la habitación resultaba bastante agradable, sin mencionar que el ambiente que presentaba era realmente refrescante gracias a las plantas que Seika había colocado en la habitación y en la ventana.

Por alguna extraña razón el fénix se sentía relajado, casi como si estuviera en un sitio que estaba buscando hace tiempo, pero que nunca había hallado hasta ahora.

El peliazul miró hacia la estantería y notó que había muchas fotos de Seika y sus hermanos en varios momentos que compartieron juntos en el pasado, mientras más miraba las fotos Ikki comenzaban a sentirse más y más culpable, perdiendo así la sensación de felicidad que había sentido hace unos momentos, principalmente porque en ninguna de ellas aparecía él.

¿Cuántos momentos había desperdiciado con sus hermanos? Esa era la pregunta que el fénix se hacía mientras miraba lo felices que eran estos en cada una de las imágenes.

Un ruido a sus espaldas le indicó que Seika ya había terminado de preparar el café, por lo que el fénix trató de recobrar la compostura un poco para no despertar sospechas en la pelirroja con su rostro.

— Espero no haberte hecho esperar mucho, es solo que no decidía si te gustaba negro o con azúcar, por lo que traje ambos —comentó Seika sentándose en frente de Ikki y señalando las tazas que estaban sobre la bandeja que dejo en la mesa.

— No te preocupes, negro está bien —comentó Ikki en tono casual y tomando una tasa.

El silencio que siguió luego de la respuesta del fénix fue bastante tenso, por alguna extraña razón ninguno de los dos se atrevía a dar el primer paso en aquella conversación, que estaba comenzando a resultar más difícil que enfrentarse con los propios dioses según Ikki.

— Escucha… Seika… —comenzó a decir Ikki pero Seika lo interrumpió levantando su mano.

— No Ikki, primero déjame empezar a mí —comentó la pelirroja con calma—. Escucha, se que en los últimos días hemos tenido nuestros diferencias en varios aspectos (Por no mencionar que casi nos matamos el uno al otro), lo que me lleva a pensar que tu y yo somos diferentes en varias cosas, quizás demasiado —explicó la chica de manera seria.

Ikki sentía que comenzaba a dolerle mucho el pecho, por alguna extraña razón las palabras de la chica le hacían daño, pero no un daño cualquiera, sino un daño que era mucho peor que el físico y le llegaba al corazón.

— Entiendo —dijo él bajando la mirada dolido.

El peli azul estaba a punto de irse para que la chica no viera su cara derrotada y así tener que ahorrarse la humillación que sentía en esos momentos y salvar quizás un poco de su orgullo, pero una mano cálida hizo que levantara su mirada hacia los dulces ojos castaños de la chica.

— Pero a pesar de todo, me doy cuenta de que en realidad eres un gran chico y (Aunque lo quieras aparentar) que muy en el fondo quieres mucho a todos los chicos —aseveró ella de manera muy empática y acercándose a él.

El Fénix se sonrojó un poco ante la cercanía de la chica y volteó la vista para evitar afrontar el comentario, que aunque era muy cierto, no podía permitirse admitirlo por su imagen de "chico malo".

— ¿De qué estás hablando? —soltó Ikki con voz ronca y tratando de hacerse el loco.

Seika se carcajeó un poco al notar la vergüenza del fénix, pero decidió no seguir molestándolo por el momento, ya que quería seguir aclarando varios puntos con él antes de que se fuera.

— No importa, lo que quiero decir con esto; es que me gustaría conocerte un poco más, por lo que me agradaría mucho la idea de que me consideraras tu amiga por el momento.

"Por el momento" a Ikki esa frase le dio muchas esperanzas, ya que indicaba que Seika pensaba que había una posibilidad entre ellos así como él, solo que la chica había decidido ir más despacio antes de asegurar nada en aquella relación que apenas estaba floreciendo. Al fénix esto le alegró bastante, ya que la presión de su pecho desapareció como por arte de magia al saber que todavía tenía oportunidad con ella.

— Esta bien —fue la única respuesta del peli azul.

Seika sonrió, pues sabía que esa era la máxima información que obtendría del orgulloso fénix, quien había demostrado ser un compañero realmente interesante durante aquella mañana tan rara.

A decir verdad ella durante el camino había estado meditando la posibilidad de que Ikki y ella pudieran estar juntos como pareja, destruyendo así sus aspiraciones de ser amigos de la noche anterior, pero luego de pensarlo mejor, concluyó que no le serviría de nada estar apresurándose con el peli azul, pues apenas si sabia uno que otro detalle de este y una relación inmediata con el joven no parecía muy viable que digamos por los momentos, sin mencionar que su hermano mataría a Ikki de lo celoso que era con ella si se enteraba.

Así entonces Seika comenzó a hablar con Ikki de varios detalles de sí misma, tratando con esto de volverse más cercana al fénix, quien por muy extraño que sonara, escuchaba con atención cada uno de estos en silencio absoluto, limitándose a quedarse callado o a preguntar uno que otra cosa de vez en cuando.

Con esta especie de análisis psicológico, Seika también pudo notar que a Ikki no le gustaba hablar de su pasado como caballero, negándose a contestar varias preguntas que la chica le hacía acerca de su lugar de entrenamiento o simplemente contestaba con un "Si" o un "No" a secas.

Esto le llamó mucho la atención a Seika, ya que si la experiencia no la engañaba, esto significaba que al fénix le había ocurrido algo en el pasado que lo había lastimado mucho, probablemente relacionado con una mujer, pues el fénix se puso pálido; cerró los puños con fuerza y se limitó a contestar con un "No" rotundo, cuando Seika pregunto si había tenido alguna relación sentimental en el pasado.

El dolor de Ikki y sus reacciones la atraían demasiado, cosa que tal vez le terminara haciendo daño al fin de cuentas, pero como buena doctora ella nunca desistía ante un reto y se propuso averiguar más sobre el fénix costara lo que costara.

Seika miró el reloj y notó que ya eran la una, por lo que la hora de almuerzo se acercaba y necesitaba comenzar a preparar la comida, así que con un gran pesar decidió interrumpir la conversación entre Ikki y ella para que este partiera a su casa.

— Disculpa Ikki —dijo la pelirroja con calma e interrumpiendo una explicación de cómo Ikki trataba de justificar que fumara de vez en cuando.

— ¿Qué pasa? —preguntó el fénix confundido.

— Perdón por interrumpirte, pero necesito decirte que ya es hora de almorzar y tengo que preparar la comida —comentó la chica algo avergonzada.

Ikki permaneció en silencio unos segundos, casi como si su cerebro hubiera tardado en recibir la información, pero después de un rato terminó por darle a la chica una media sonrisa y a levantarse del suelo para dirigirse a la entrada.

A la final sabia que aquel momento llegaría, siempre todo lo bueno tiene un final. Completamente mudo Ikki se dirigió a la entrada, en donde Seika lo escoltó también en silencio y en una atmosfera muy extraña que se erguía entre los dos, casi como si las tinieblas comenzaran a esparcirse entre el humor de ambos y tumbaran abajo sus defensas más firmes.

Al llegar a la puerta de la casa esa amargura que comenzó a sentir en su pecho cuando se levantó del piso (La cual aparecía muy a menudo aparentemente), se expandió por su cuerpo de forma asombrosa, haciendo que su temperatura se redujera algunos grados por debajo de lo normal mientras veía a la pelirroja abrir la puerta con una lentitud francamente insoportable. Luego de tanta espera, Seika abrió la puerta para después voltearse a ver al fénix con una mueca en su rostro muy particular que Ikki no supo identificar pero se le hizo muy familiar.

— Adiós —se despidió la chica con voz aguda.

— Adiós —dijo el fénix sintiendo como si sus tripas se llenaran de plomo por decir esa palabra.

Cuando por fin salió a la luz del día y sintió la puerta cerrarse a sus espaldas, el fénix pensó en voz alta:

— ¿Qué diablos pasó? —preguntó mirando hacia el cielo con una mueca extraña en su mirada como si este le fuera a dar la respuesta.

— ¡Ikki! —gritó una voz que lo sacó de sus sueños y lo hizo mirar al frente.

El fénix vio que Seiya y Saori se dirigían hacia la entrada con una mirada de preocupación muy grande en sus ojos, cosa que llamó mucho la atención de Ikki quien no estaña acostumbrado a ver a sus amigos en esas condiciones.

— ¿Qué sucede? —preguntó el moreno algo extrañado por la intromisión de la pareja.

— ¿Qué haces aquí a estas horas? —demandó saber Seiya con tono celoso de hermano mayor y recibiendo un codazo de Saori.

— Si, normalmente te quedas en tu casa el resto del día ¿No? —comentó Saori algo curiosa también pero con tono respetuoso.

Ante tales comentarios, nuestro valiente amigo no hizo más que ponerse de los mil colores al recordar todas las escenas que vivió aquel día, pero aun así encontró el valor suficiente para poner a funcionar su cerebro y maquinar una excusa lo suficientemente creíble con tal de salirse de aquel incomodo interrogatorio.

— Estaba dando una vuelta por el vecindario ¿Algún problema? —replicó el fénix con tono de chico malo no muy convincente.

Saori y Seiya se miraron uno al otro y luego voltearon su vista a Ikki con una mueca de incredulidad, pues la actitud del Fénix era muy extraña en comparación con la que usualmente mostraba, pero decidieron no darle atención al asunto al recordar a que habían venido.

— Bueno… en realidad íbamos a hablar contigo cuando nos reuniéramos con Shun, pero ya que estas aquí creo que sería conveniente que te enteraras.

— ¿De qué estás hablando? —cuestionó el fénix extrañado.

— Si Seiya ¿De qué están hablando?

El trió dio un respingo cuando vieron que se trataba de Seika (Sobre todo Ikki), quien tenía un aspecto confundido en su rostro al ver a sus amigos y a su hermano en el frente de su casa.

— Seika ¿Qué haces aquí? —preguntó algo asustado Seiya.

— Vivo aquí —contestó ella con tono irónico y una ceja levantada.

— ¡Ah, sí! ¡Cierto! Jajaja.

— …

— ¿No estabas adentro? —dijo el fénix algo nervioso.

— Si, pero escuche unas voces y como vi que eran ustedes me asome a ver qué pasaba —respondió la chica un poco contrariada por la actitud del peli azul.

— ¿Y tu como sabes que ella estaba adentro? —replicó Seiya mirando con los ojos entrecerrados al fénix.

Ante aquella observación al fénix y a nuestra amiga se le subieron los colores al rostro y el muy querido Seiya no hizo más que empeorar la situación para ellos dos con su mirada amenazante de hermano sobreprotector.

— Creo que lo mejor será que entremos y nos contemos todo con más calma —dijo Saori mientras suspiraba derrotada ante la actitud de los presentes, quienes aceptaron en silencio retirarse a la casa de la chica.

Palacio de Siningrado, Rusia (En esos momentos)

Se levantó con algo de pereza, pues a pesar de que el sol golpeó sus ojos con fuerza, su cuerpo se negaba a responder al llamado del astro solar que anunciaba un nuevo día. Estiró con fuerza sus brazos y piernas mientras trataba de desemperezarse, abriendo por fin los ojos luego de que sentara en la cama con todo el esfuerzo del mundo.

Tanteó a su lado para abrazar a su esposa, pero su mano solo agarró aire. Volteó la vista para ver si se había arrimado hacia el borde de la cama, pero descubrió que no estaba compartiendo el lecho con él.

Hyoga observó alrededor y notó que Natasha se encontraba sentada sobre el pedestal de la ventana, mirando el horizonte nevado que se mostraba en esta con una mirada oculta por sus rubios cabellos.

Extrañado por el comportamiento de la chica, el rubio decidió levantarse e ir hasta donde se encontraba ella. A pesar de que su cuerpo sentía la temperatura del suelo con claridad, Hyoga caminaba descalzo sin ningún problema, aunque para cualquier otra persona, el solo contacto con el suelo y la piel había sido suficiente para soltar una maldición de los labios de alguien.

Al llegar hasta donde la chica se encontraba, Hyoga colocó sus brazos alrededor de su hermoso torso en forma protectora mientras hundía su rostro en el cabello de ella.

— ¿Cómo esta mi reina esta mañana? —preguntó el ruso besando la mejilla de la chica.

Natasha simplemente permaneció inerte ante el contacto de los labios de Hyoga con su piel, la cual estaba mucho más fría que lo usual según este, ya que en ese ambiente era normal que una persona que no estaba adaptada al frio estuviera así, pero no en el caso de Natasha, quien había permanecido su vida entera en ese lugar.

Hyoga alejó su rostro lo suficiente para apreciar el rostro de Natasha, el cual tenía una mirada impasible e indiferente ante la vista del rubio, Hyoga comenzó a preocuparse, pues su esposa estaba actuando de una manera que no se esperaba, normalmente era muy cariñosa a sus arrumacos por la mañana, pero había algo en su trato que le decía que debía detenerse.

— ¿Qué te sucede cariño? —la muchacha simplemente no respondió—. ¿Te pasó algo malo, tuviste una pesadilla? —preguntó el rubio con preocupación evidente en su voz.

Natasha permaneció en silencio por un momento, hasta que por fin sus hombros comenzaron a temblar violentamente ante los ojos de un sorprendido Hyoga, quien segundos después tuvo a su esposa llorando en sus brazos con fuertes espasmos. El rubio no sabía qué hacer, pues no se esperaba ese tipo de comportamiento de su chica, actitud por lo que solo atinó a abrazarla con fuerza mientras la mecía contra su pecho.

Fueron varios los minutos que pasaron, en los cuales no se oía nada más que los gemidos de la chica mientras lloraba; hasta que por fin, luego de lo que al rubio le pareció una eternidad, Natasha se termino su lamento y se secó sus lagrimas ante la mirada de su esposo, quien se limitó a cruzarse de brazos y ver con una ceja levantada a su mujer luego de que notar que estaba plenamente recompuesta.

— ¿Entonces, me vas a decir que pasó o no? —preguntó Hyoga de manera altiva y haciendo que Natasha se encogiera un poco por la vergüenza que sentía en ese momento.

— Si… lo siento Hyoga —se disculpó ella haciendo que el ruso la mirara aun mas extrañado.

— ¿Por qué? —Natasha solo atinó a ponerse más roja ante la pregunta.

— Bueno… lo que pasa es que…

15 minutos después…

— ¿QUEEEEEEEEE? —gritó Hyoga con todas sus fuerzas, Natasha por su parte solo atino a suspirar por lo bajo.

— Sabia que te ibas a poner así —comentó la rubia haciendo que su esposo la mirara indignado.

— ¿Y cómo quieres que me ponga? —preguntó exaltado y asustándola por la fuerza de su tono de voz—. ¡No tenias porque meterte en esto Natasha! ¡Lo que tu hermano y yo nos hayamos dicho ayer no era de tu incumbencia!

Natasha bajo la cabeza en señal de abatimiento, pareciendo una niña que era regañada por su padre, puesto que no tenía manera de rebatir ese argumento. Hyoga por su parte se limitó a mirarla con algo de resentimiento en su mirada, fue después de unos segundos de silencio por parte de ambos que el rubio se colocó las manos en sus sienes, con tal de masajearlas un poco y así relajar la presión que sentía su cabeza en esos momentos.

— ¿Estas molesto conmigo? —preguntó Natasha haciendo que Hyoga la mirara feo.

— No… debería estarlo, mas no puedo —contestó frunciendo el entrecejo.

El silencio hacia evidente la incomodidad del momento, logrando que Natasha se sintiera aun peor de lo que estaba cuando dejo la habitación de su hermano, si es que eso era posible, amargando los pensamientos de la pobre muchacha, quien se preguntaba si al final de cuentas había valido la pena pasar por tantos problemas con tal de defender a su marido.

Hyoga observó ó las expresiones de Natasha y de repente le vino a la mente un recuerdo que creía perdido desde hace tiempo, por lo que decidió tratar de brindarle un poco de apoyo para no hacerle más difícil este momento.

— Relájate —dijo Hyoga colocando una mano en su hombro—. Es tu hermano, no te odia ni te odiara nunca.

Natasha miró a Hyoga con perplejidad, pues parecía que el rubio podía leer sus pensamientos como un libro abierto con solo mirarla a los ojos, cosa que hizo que la chica se sintiera un poco mejor, más aun así curiosa por la forma en que el rubio pronunció esas últimas palabras, pues parecía como si hubiera vivido en carne propia lo que ella estaba pasando cuando observó sus ojos al decirlas.

— ¿Cómo sabes eso? —preguntó ella queriendo sacarse esa duda de su corazón.

Esa era una muy buena pregunta, una que Hyoga no entendía muy bien de como contestar. Él no entendía por qué, pero su corazón hizo clic hace unos segundos cuando pronunció aquellas palabras, haciendo que su cerebro se sumiera en un extraño halo de Deja vu que le confundía pero al mismo tiempo le hacía ver claras muchas cosas.

Después de hacer un poco mas de memoria y buscar en aquellos recuerdos que recibió hace unos momentos, llegó a una conclusión más o menos convincente para sí mismo, solo esperaba que Natasha no se espantara con esta, que incluso el mismo ya lo había hecho en sus pesadillas en el pasado.

— Pues porque también he peleado con mis hermanos y no me refiero al tipo de peleas en que te dices cosas feas y ya, estoy hablando de un daño mucho más grande Natasha, un daño que va desde lo físico hasta lo psicológico —Natasha se sorprendió al ver a su esposo hablar de esa manera tan melancólica, lo que la motivo a seguir preguntando.

— ¿De qué estás hablando Hyoga? ¿Qué paso entre tú y los chicos que no me hayas contado ya? —comentó la chica con tono de preocupación, haciendo que su esposo tomara su mano con firmeza y la mirara a los ojos.

Natasha se asustó un poco con la mirada de su marido, pues estaba llena de nerviosismo, miedo y un montón de emociones que no había visto en él desde hacía mucho tiempo, haciendo que su subconsciente se prepara para afrontar cualquier noticia que se avecinara de los labios de este.

— Hyoga, se supone que yo soy la que debería estar asustada no tú, dime que paso cariño —el rubio se quedo estático por un momento mientras procesaba la petición en su cabeza.

— Creo que… tengo que pedirte perdón Natasha —replicó el ruso con melancolía, haciendo que su esposa empezara a temer lo peor.

— ¿Por qué?

— Por molestarme contigo hace rato, no tenía derecho moral para hacerlo… la verdad es… que te he mentido —Natasha abrió con fuerza y el miedo apareció en sus ojos—. No me refiero a nuestro matrimonio —Se apresuró en aclarar Hyoga y provocando un alivio en la chica—. Me refiero a que te he ocultado una parte de mí pasado durante mucho tiempo.

— ¿Qué quieres decir?

El joven ruso tomó respiró con fuerza y cerró los ojos por un momento mientras se concentraba en las palabras adecuadas para decir a su esposa acerca de la batalla que tuvieron sus hermanos contra Ikki hace tiempo atrás en aquella montaña en la que casi mueren todos ellos.

— ¿Hyoga? —preguntó su esposa sacándolo de sus pensamientos.

El ojiazul observó como la chica de sus sueños lo miraba con algo de miedo y expectación en sus ojos, por lo que expulsó el aire que había tomado hace unos momentos y dejo que la sangre fluyera por su cerebro con más tranquilidad, pues tenía que tener la cabeza bien pues si no quería decir cualquier cosa que pudiera espantar a su mujer.

— Estoy bien… espero que no te sorprendas demasiado cuanto te lo cuente… bueno, ahí va…

En un hotel de Tokio.

En una habitación bastante modesta de uno de los tantos hoteles de la capital de Japón, se encontraba Shunrei leyendo algunos papeles que Shiryu le había facilitado luego de que había terminado de leerlos durante su estadía en Tokio, los cuales eran un grupo de documentos y trámites legales que la compañía tenía planeado usar para hacerse con la región de Bluegard y tomar posesión de la ciudad de Siningrado y el dragón había recibido por parte de Hyoga la noche anterior mediante correo expreso desde Siningrado.

Aunque Shunrei se preguntó cómo fue que Hyoga hizo para hacer llegar tan rápido aquellos documentos al hotel donde se hospedarían, Shiryu dijo que esa era una de las ventajas de ser caballero y miembro de la fundación Kido, por lo que no le dio mucha importancia al asunto luego de esta explicación, ya que después terminaba aun mucho mas confundida.

Shiryu había pasado la noche en vela tratando de dar con un cabo suelto que le permitiera ayudar a su amigo en contra de la empresa, basta decir que fue una tarea imposible para el joven, ya que esta había inventado hasta lo último con tal de evitar cualquier negación.

Claro que aunque parecía más que increíble a primera vista, ya que cualquiera que conociera al santo, sabía que se caracterizaba por ser muy minucioso cuando se trataba de algo importante, pero aun así había siempre una posibilidad de que el mismo se equivocara ¿No? Tal y como habían discutido él y Shunrei antes de que este le diese los papeles, quien con todo su intelecto no había encontrado ninguna falla en los documentos que la empresa había hecho y dudaba que su chica lo pudiera hacer, o al menos eso fue lo que Shunrei interpreto cuando leyó sus ojos en el momento que le entregó los papeles.

Shunrei desde hacía unos minutos se había concentrado en un párrafo muy particular, el cual se encontraba en la sección de clausulas del contrato de compra de la empresa. Estos artículos en cuestión, mencionaban varios detalles que establecían como podría anularse el contrato, si se cumplieran algunas de las circunstancias mencionadas en aquel papel.

Las más relevantes trataban de la muerte de alguna de las partes o destrucción de la cosa que se iba a vender para que se concediera la anulación del contrato, claro que estas estaban fuera de discusión, ya que por razones más que obvias, ninguno de los compañeros de Shiryu quería llegar a esos extremos.

Más había una en particular que la intrigaba profundamente y era una de las últimas que tenía el contrato, Shunrei pensaba que con todo el cansancio y el estrés de haber llegado a Tokio, Shiryu obvió esa parte.

El sonido de la puerta del baño abriéndose, hizo que Shunrei se distrajera un momento de su lectura y volteara a ver a su marido, cosa que hizo que se quedara sin aliento por un momento, pues Shiryu ante sus ojos se veía realmente guapo con sus cabellos mojados y solo un albornoz puesto mientras se pasaba una toalla por el cuello.

— ¿Terminaste de leer los documentos Shunrei? —soltó él sin previo aviso y sacándola a ella de su ensimismamiento.

— Este… ¿Qué? —preguntó la pelinegra sin entender muy bien porque se sentía tan abrumada y causando que Shiryu la mirara extrañado.

— Que si terminaste con los documentos, es que quiero revisarlos otra vez antes de reunirnos con Saori mas tarde —explicó Shiryu con calma mientras se sentaba en la cama.

Shunrei cerró los ojos por un momento y respiró profundamente con tal de calmarse un poco ante la presencia arrebatadora de su marido. Después de un rato, por fin encontró la fuerza suficiente para responderle a Shiryu, quien la estaba mirando con una mirada expectante en su rostro.

— Bueno… la verdad es que si y por eso quería esperar a que salieras de la ducha, tenemos que hablar Shiryu —dijo ella sentándose a su lado en la cama mientras le daba los documentos a su esposo.

— ¿Ah sí? —cuestionó él con un tono escéptico y una mueca divertida que hizo que ella se molestara.

— Si —respondió ella desafiante y molestándose por la manera en que ponía en duda su inteligencia.

— Ya, ya Shunrei —comentó Shiryu colocando una mano en su hombro para tranquilizarla—. Venga, discúlpame por favor ¿Que es lo que encontraste?

— Bueno, la verdad es que estaba leyendo el contrato con bastante detenimiento y he podido notar que una de las clausulas de este tiene algo particular —explicó Shunrei mientras pasaba las páginas del contrato hasta llegar a la de las clausulas—. ¿Ves esta?

— ¿Qué pasa con esa clausula? —comentó Shiryu mientras leía lo que establecía el pequeño párrafo.

— Según la clausula Shiryu, la empresa que creó este contrato, no tiene derecho a utilizar la cosa establecida como surgimiento de la obligación si esta es declarada como un bien patrimonial para la nación o el mundo —dijo ella como toda una sabionda del derecho y haciendo que él la mirara boquiabierto.

— ¿En serio? —replicó Shiryu leyendo de nuevo el párrafo y confirmando lo que decía su esposa.

— Si —el caballero solo atinó a abrazar inmediatamente a su esposa con fuerza, al punto de que ella empezó a quejarse de que no podía respirar.

— No tienes idea de lo maravillosa que eres ¿Verdad? —comentó Shiryu mientras le repartía besos en su cabeza y aflojaba su agarre.

— Lo sé, pero me gusta que me lo digas a menudo —respondió ella con picardía y dejándose querer.


N/a: Disculpen la tardanza, pero es que ya comencé a trabajar y de paso tengo que preparar mi trabaja final de grado desde ahora. Ha sido un tiempo muy difícil para mí, he tenido que tomarme un tiempo libre antes de volver a escribir, pues para mí la inspiración no venia por ningún sitio, solo espero que me puedan perdonar y tenga mucha paciencia, pues tendrán que esperar un tiempo antes del siguiente capi, ya que las cosas no se van a calmar hasta que consiga unas vacaciones, así que muchas gracias por leer y espero sus criticas o comentarios.