La mañana los sorprendió en las costas de Gijón. Francisco despertó a Emma y a los demás por órdenes del capitán. La tripulación se levantó desorientada y una vez que subieron a la cubierta, pudieron observar el puerto a lo lejos.
-Preparen la mercancía para descargar- ordenó el Imperio Español y todos bajaron a las bodegas para atar los barriles de joyas y especias antes de subirlos a la cubierta. El jefe del puerto les dio la bienvenida cuando atracaron el barco y varios hombres los ayudaron a bajar la mercancía para llevarla al mercado más cercano-Bien, ustedes pueden ir a explorar y buscar reclutas, los quiero aquí al anochecer.
Antonio se marchó con pasos autoritarios seguido por el maestre. Francisco les dijo que él vivía en Gijón antes de unirse a la tripulación del Imperio Español, así que los guió a su casa. La casa era pequeña pero muy bien cuidada. El pirata entró y los invitó a pasar. Era un hogar humilde pero bastante limpio. Un olor a comida inundaba el lugar.
-¡Katrina, ya regresé!-anunció el hombre y una mujer salió de la cocina antes de lanzarse a los brazos del recién llegado. Era una mujer de largo cabello castaño y piel morena. Era muy bonita.
-¡Francisco, mi amor!-exclamó animada antes de que ambos se unieran en un beso-Oh, trajiste a tus amigos-la mujer los saludó con una amplia sonrisa- ahora preparo el baño, siéntanse como en casa.
Antonio caminaba por las calles rumbo al mercado siguiendo muy de cerca a los hombres que llevaban los barriles con su botín. El Maestre de Calatrava observaba pensativo al capitán, los otros perdedores no buscarían nuevos reclutas así que estaba en sus manos hacerlo y encontraría a los mejores de todo Gijón.
-Capitán-dijo el hombre acercándose al menor- Deseo ir a los bares del puerto a buscar novatos. Lo veré en el barco al anochecer- El castaño asintió antes de entrar al mercado donde inmediatamente comenzó a conversar animadamente con los comerciantes tratando de vender las joyas y las especias. El maestre dio media vuelta para regresar al puerto. Había varios bares y tabernas en el lugar así que buscaría en cada uno hasta encontrar la tripulación perfecta.
El sol comenzaba a ponerse cuando la tripulación volvió a reunirse en el barco. El capitán iba a repartir el dinero que había conseguido cuando vendió el botín. Antonio comentó que ya había invertido parte del dinero para comprar las provisiones que utilizarían en su viaje a Barcelona, pero aún quedaba suficiente para repartir un poco entre todos. Fahim y Noah sonrieron satisfechos al recibir su bolsa de tela con sus monedas al igual que Francisco y el Maestre.
La rubia miró el dinero que había recibido, notando que tenía algunas monedas de más. El Imperio Español les permitió que se fueran a algún hostal a pasar la noche pero que volvieran al amanecer porque a esa hora partirían. Los cuatro tripulantes asintieron y bajaron corriendo del barco, dispuestos a gastar su dinero, pero Emma se quedó, llamando la atención del castaño.
-¿Uh? ¿No vas a ir a gastar tu pago en algún bar o burdel?-la joven negó con la cabeza- los otros ya se fueron, ya puedes hablar.
-Disculpe, capitán, pero me dio unas monedas de más-comentó ella sencillamente- no me parece justo si todos trabajamos en equipo- el castaño la miró sorprendido y no pudo evitar desviar la mirada, avergonzado. Claro que había puesto monedas de más en la bolsa de Emmett.
-¿Siempre tienes que ser tan honesto?-gruñó el Imperio Español cruzándose de brazos- te di más monedas porque… porque me ayudaste a vencer al cejotas.
-Oh cierto jaja no puedo creer que no sepa nadar-rió Emma sin poder evitarlo y Antonio se unió a sus risas, esa mirada de pánico en los ojos ingleses debió ser guardada para la posteridad. Ambos rieron un momento antes que un silencio incómodo se instalara entre ambos,
-Ehm… bueno, deberíamos irnos a descansar- dijo la rubia jugando con un mechón de su cabello.
-Ehm… si, ya vete-comentó Antonio antes de que ella le preguntara por qué él no la acompañaba- Yo debo quedarme en el barco para cuidar las provisiones. Cuando la menor comentó que nadie se atrevería a robarle al Imperio Español, el castaño rió suavemente- he conocido a muchos locos en estas aguas dispuestos a morir por tocar aunque sea una moneda de oro.
-Entonces me quedaré con usted-exclamó ella. Era peligroso, muchas cosas podían salir mal si se quedaba sola con él, pero no le importó. El español se quedó callado, pensando la situación. Era peligroso que ambos se quedaran solos cuando Emmett le llamaba tanto la atención y, como buen pirata, no le importó meterse a la boca del lobo.
-Bien, vamos a la bodega-el mayor dio media vuelta y comenzó a bajar las escaleras. Emma tragó nerviosa antes de seguirlo. El mar hacía que el navío se balanceara suavemente. La bodega estaba llena de cajas de alimentos y barriles con agua fresca. La rubia notó que el moreno ya había preparado una hamaca por lo que pidió permiso para ir por la suya. Antonio asintió y ella salió. Cuando regresó, casi le da un infarto al notar que el mayor se había quitado la túnica, la chaqueta y la camisa al igual que las botas. Pudo ver a la espalda desnuda el español que tenía varias cicatrices. Un sonrojo atacó las mejillas de la joven, su corazón latía desbocado al notar lo guapo que era.
¡¿Cómo podía pensar eso del Imperio Español?! ¡Él era casi su hermano! Mientras la ayudaba a poner la hamaca, la rubia temblaba con solo mirarlo, una cicatriz bajaba por su cuello hacia su pecho… ¡¿Por qué demonios estaba mirándolo?! Para él, ella era tan solo la hermanita de Lars. Siempre había sido así.
-¡Emma baja!-gritó Lars cuando la pequeña niña de 5 años se subió a uno de los árboles del jardín- ¡Te vas a caer!
-¡Mira hermano!-la menor lo saludaba agitando una mano- ¡Soy una ardilla!- Lars, que entonces aparentaba los 12 años, comenzó a escalar el árbol. Emma rió al verlo y se distrajo. Entonces un crack hizo que el corazón del mayor se detuviera.
-¡Emma!-gritó el neerlandés y trató de agarrarla, pero la niña escapó de entre sus dedos- ¡NO!-entonces unos brazos la atraparon antes que cayera al suelo.
-¡Vaya! ¿Pero qué tenemos aquí?-dijo Antonio mirando a la pequeña-Creo que un angelito me cayó del cielo- él siempre estaba ahí cuando ella lo necesitaba.
-Bueno, ya está…-el Imperio Español sonrió satisfecho cuando terminaron de poner la hamaca y rápidamente se subió a la suya- y dime ¿por qué decidiste unirte a mi tripulación cuando obviamente tienes cero experiencia pirata?
-Ehm…-la chica trató de hacer la voz más ronca que pudo mientras subía a su hamaca- pues la verdad es que siempre quise viajar y conocer el mundo
-Yo igual…-Antonio la miró y sonrió débilmente. Casi podía verse reflejado en Emma cuando tenía 16 y había viajado por primera vez al nuevo mundo. Tenían tanto en común que parecían hechos el uno para el otro. Las mejillas del capitán se tiñeron de rojo ante ese pensamiento- Bien, vamos a dormir-y apagó la vela.
-¡¿De dónde sacaste estas monedas?!-le espetó Lars al pobre panadero mientras agitaba una bolsita de tela, haciendo tintinear las monedas en su interior
-¡Me las dio un chico que era tripulante de El Fénix! ¡No las robé! ¡Lo juro!-el panadero dio una descripción del joven. Era Emma sin lugar a dudas.
-No escaparás, Antonio-Lars le estaba pisando los talones al Imperio Español- En cuanto te atrape, te despellejaré vivo si te atreviste a tocar a mi hermana… lo juro, así sea lo último que haga…
Espero que les haya gustado y gracias por sus comentarios
Annsmi: Jajaja si lo haría, sin duda, no por nada Antonio es el país de la pasión
NocheAmada: Sé que son cortos, pero así actualizo más seguido, creo jeje
Klan: Jeje en el fondo, Antonio es un tomate xD Holanda ya les viene pisando los talones.
Gracias por leer y no olviden comentar
